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Full text of "Revista de los Progresos de Ciencias Exactas Fisicas y Naturales"



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REVISTA 



DE LOS 



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EX4CTAS, FimS Y MTllRALES. 



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^MWMi n%mA% Y MWMim. 



TOMO III. 




Mi/tbi\ilD: 

I'OIl AfiUADO, I.MI'RLSOIl J)i: CAMAIIA Iti; S. M. V DK SU riKAL CASA. 

1853. 



dc las K3i»tcrias contciBidas en este tonio. 



— »<IK^^^O■(^■0■eH^« — 



CIEIVCIAS EXACTAS. 



pAgi was. 

Matemdticas. Sobre el teorema de Pitagoras: por A. J. H. Vin- 
cent 1 

Noticia historica del calciilo de las variaciones, sacada de un tra- 
tado completo del cilculo de las variaciones, pubiicado en Zu- 
rich el alio de 1849, en 2 voliimenes en 8." 205 

De Ids sistemas de cifras usados por diferentes pueblos, y del ori- 
gen del valor de posicion de las cifras indias. Memoria leida en 
la Academia de ciencias de Berlin el 2 de marzo de 1829 por el 
baron A. de Humboldt 217 

Memoria de Leonardo Euler sobre la utilidad de las matemdticas 
superiores 6 sublimes 526 

Jstronomia. Noticla de las observaciones que ban dado a cono- 
cer la const itucion fi'sica del Sol y de varias estrellas: examen 
de las conjeturas de los filosofos antiguos; y de los datos positi- 
ves de los astronomos modernos sobre el puesto que correspon- 
de ocupar al sol en el portentoso numero de estrellas del firma- 
mento, per Mr. Arago 11 

Elementos principales de los planetas descubiertos hasta el dia en- 
tre Marte y Jupiter 27 

Telescopio gigantesco 142 

Noticia de los trabajos astronomicos mas recientes sobre las estre- 
llas dobles, por Gautier 144 

TOHO in. 



Descubrimiento de dos planetas nuovos, uno por Gasparis y cl otro 

por Chacornac ■^''** 

Sobrc ciurlas analogias del sistema solar, por el profcsor Daniel 

Kilk-wond ^^* 

Observacioiies del plancfa Salnrno y de sn anillo liechas en Wa- 
tcringbnry por Dawes, y en Valella, isla de Malta, por Lasell. 331 

Sobre la couslitucion fisica del planela Marie, por Arago 385 

Aerolitos y estrellas fiigaces.— I. Aerolitos 'i'iS 

Sobre los eclipses de Agatocles, dc Tales y de Jcrjes, per Mr. Airy. 47 6 

B61idas y estrellas fngaces. — II 513 

Jllecdnica aplicada. Erapleo del hierro en las obras de los ferro- 

carriles 

Reglas practicas para la coiistruccion de las maquinas locomotoras, 

per Mr. Le-Chatelier 394 

Kota sobre la resistencia que ofrecen los wagones con freno de los 

ferro-carriles ^^^ 

Geometria. Teorema del triangulo rcctangulo, por Colombier. . . 141 
Geodesia. Aparato para medir bases, ideado por Porro. ...... 336 

Estado actual de adelantos de la nueva carta topografica de Francia. 389 
Estadistica. Calculo de las tablas de mortalidad, por Mr. Quetelet. 479 



CIEIVCIAS FISICAS. 



Qui'mica, Informe dado a la Academia de Ciencias de Pan's, por 
una comision de su seno, compuesta de MM. Thenard, Regnault 
y Biot, y redartado por este ultimo, sobre una Memoria de Mr. 

Pasteur, relativa a los acidos aspdrtico y mdlico 28 

Kuevos hechos relatives a la bistoria del acido racdmico, carta de 

Kesnet a Biot 165 

Informe sobre las analisis de las aguas del Almendares y de Vento, 
presentado al Excmo. Sr. D. Valentin Cauedo, Gobernador y Ca- 
pitan General de la isla de Cuba, por D. Jos(5 Luis Casaseca. . . 257 
Trabajos sobre la composirion del aire atmosf^rico, por Regnault. 369 
Resultados de algunas esperiencias relativas i la accion quimica 

de la luz, por J. W. Slater 410 

Relaciones que pueden existir cntre la forma cristalina, la compo- 

sicion quimica y el fenomeno rotatorio molecular, por Mr. Pasteur. 493 
Ensayo del arcanum del Dr. Stolid en la elaboracion del aziicar, 
por D. Josd Luis Casaseca ; 536 



Vlf 

Meteorologi'a. Variaciones t(5rmicas de la almosfera desde 1729 

a 1849 inclusive, por Mr. Dove 48 

Resumen de las observaciones meteorologicas Iiechas en el ob- 
servatorio de Marina de S. Fernando en el. mes de octubre 

de 1851 55 

Id. id. id en el mes de noviembre de 1851 56 

Id. id. id. en cl mes de diciembrc de 1851 57 

Id. id. hecbas en la universidad de Santiago en 1851 58 

Id. id. hecbas en la universidad de Oviedo en 1851 60 

De las leyes pcriodicas que se pueden dcscubrir en los efectos me- 
dics de las grandes perlurbaciones magneticas, por cl coronel 

Sabine HO 

De los climas, y de la influencia que ejercen los terrenes poblados 

de bosques 6 sin ellos, por Becquerel 113 

Sobre cl calor del globo 117 

Metodo para determinar la temperatura exacta del aire, por Mr. 

E. Liais ". 184 

Resumen de las observaciones meteorologicas del aCo de 1852 en 

Oviedo 188 

Resumen de las observaciones meteorologicas becbas en el obser- 
vatorio de Marina de la ciudad de S. Fernando durante el auo 

de 1852 413 

Id. id. id. en la universidad de Santiago en 1852 425 

Conferencia celebrada en Bruselas para la adopcion de un sistema 
uniforme de observaciones meteorologicas que ban de hacerse 

en el mar 555 

Fisica. De las hipofesis relativas al eter luminoso, y de un espe- 
rimento que parece dcmostrar que el movimieuto de los cuerpos 
Gambia la velocidad de propagacion de la luz en el interior de 

los mismos, por Mr. Fizeau 101 

Accion quimica de la luz, por Draper 289 

Galores especificos delos fliiidos elasticos; por Regnault 346 

Esperimentos sobre la radiacion solar; por Mr. Volpicclli 357 

Sobre la permeabilidad de los melalcs por el mercuric, por Kickles. 364 
Rotacion de la lierra patentizada por la fijeza del piano de cscila- 
cion delpendulo. Kuevo aparato y nuevo modo de observacion, 

per Mr. Porro 366 

Densidad de la lierra, por Reicb 4f2 

De la trasmision del calor por las sustancias organicas, por Tyndall. 485 

Blejora de la maquina ncumatica, por Ereton 486 

Difusion del calorico, por MM. La Prevostaye y Desains 489 



VIII 

Obscrvaciones sobre el carbon y sobre la difcrencia de teuiperatu- 
ra de los polos lumiiiosos de induccion, por Dcsprelz 552 

Fi'sicaaplicada. Mcmoria sobre nnevos esperimontos para dar 
fuego ;i las iiiinas por medio de la clectricidad, por el corrcs- 
ponsal nacional D. Gregorio Verdii 159 

Electricidad. Sobre las corriciiles termo-el(5ctricas, por Mr. Mag- 
nus 176 

Motor eleclro-magtielico, por Mr. Duniont '''97 

Magnetismo. Mcdios adoplados en los observatories raagnc'licos 
do las colonias lirilauicas para dcterminar los valorcs absolutes, 
los cambios scculares y la variacion anual de la fiierza magnd- 
tica terrestre, por Mr. E. Sabine 242 

Optica. Do las ray as del espectro, por Mr. Caiicby 544 

Fotografta. Grabado folografico en acero, por Mr. Talbot 547 



CIEIVCIAS IVATIJIIALES. 



Geologia. Sobre la distribncion geografica del oro, y sobre el des- 

cubriuiiento del misnio melal en Aiislralia, por Eruiaun 05 

Aspecto general de la Espaiia, por Verneuil y Collomb 129 

Calalogo de terremotos, por Mr. Mallet 296 

Conchas fosiles, por Mr. Marcel 297 

Sobre las raareas, el lecbo y las costas del mar del Korte 6 do 

Alemania, por Mr. J. Murray 299 

Estado en que se encuenlran los trabajos de la revision geologica 

del reino unido de la Gran-Erelaila 300 

Ilierro native en madera pelrificada, por Eabr 303 

Distribncion de la foruiacion jurasica en la superficic de la lierra, 

por Mr. L. de Eurb 5C9 

Sistcma heersiano de Mr. Dumont. Ilechos que (ienden a probar no 

pertenerc a la serie cretacea sino al terrene lerciario, por Mr. 

E. Hebert 571 

Organografia vegetal. Mode de acrecentamicnlo de las raiccs. . . 08 

Jnalomia comparada. Analomi'a del Esrorpinn 7 

Mineralogia. Invcstigaciones sobre la crista lizacion por la via 

seca, por Mr. Ebelraen 76 

Fisica del glo'w. Observacionos en los seres vcgclales y animales 

comprendidos en una zona de media legua en circuilo de Oviedo, 



IX 

correspondienles d los meses de junio, jiilio, agosto y setienibre 

de 1852, por D. Pascual Pastor 81 

Variacion de los rcnoraenos periodicos de la vejetacion de los Alpes, 

por Mr. Schlar^intweit 193 

Amoniaco que rontienen las aguas, por Mr. BoussinganK 427 

Fisiologia. Sobre la coraposiciou de la Iccbe, por los Sres. Ver- 

nois y Becqucrel 132 

Causas de la vejez y de la muerte senil, por Eduardo Robin 135 

Inflnjo de la mcdiila espiiial en el ralor de la cabeza 137 

De la eslension de la siiperficie del cerebro, y de siis relaciones con 

el desarroUo de la inteligencia, por BIr. Baillarger, medico del 

hospital de la Salitren'a 374 

Del fosfato de cal en sus relaciones con la nnlricion de los aiiiraa- 

les y la mortalidad de los niuos, por Mr. Moiirics 435 

Kota sobre la multilud de fenomenos ocasionados por la destruc- 

cion de la parte cervical del uervio gran siinpalico, por Mr. 

Glaiidio Bernard 436 

Botdnica. Existencia do los espermatozoideos en ciertas algas de 

agua dulce, por el Dr. H. Itzigsolm 138 

Influencia de la temperatura en la epoca de la floracion 30 5 

I'ateontotogia. Invesligaciones fisiologicas sobre los raedios de 

existencia de los animales en las edades geologicas, por Mr. 

Alcides dOrbigny 197 

Kota sobre una ospecie de bu''aIo fosil descubierta en Argelia, ca- 

racterizada y descrita por Mr. Dnvernoy 200 

Teratoloqia vp/e(al. De la Atrofia, por Mr. Morren 202 

Fisioloijia comparada. Sobre las fnncioncs de la mcmbrana del 

timpano, de los huesecillos y miisculos del misrao y de la trom- 

pa de Eustaquio en el oido biimano, con la de=cripcion de los 

miisculos de la trompa de Eustaquio y su accion en las diferen- 

tes clases de animales, por Mr. J. Toymbee 307 

Toxicotoqia. Efeclos del eslramnnio, por D. Jose Luis Casaseca. . 308 
Econonn'a rural. Valor coraparalivo de los diferentw trigos bajo 

el aspccto alimenticio, segiin su nataraleza, peso y riqneza de 

gluten, por Mr. Reiset 433 

Memoria sobre los bancos de ostras del lago Fiisaro, por Mr. Coste. 502 
Cirujia. Sobre un nuevo medio de efcctiiar la coagulacion de la 

sangre en la? arlerias, aplicable a la curacion delos aneurismas, 

por el Br. Pravaz de Lyon 440 

Zoologia, Gcncro nuevo de crustaceo parasite (Pagodina robustaj, 

por Mr. Van-Beneden , 57 3 



VARIEDADES. 



Fallecimiento del academico de mimero D. Ventura Mugartegui. . 61 

Profundidad del mar id. 

Premios de la Academia de Belgica id. 

Premios de la Sociedad Real de Londres 62 

Sociedad meteorologica de Francia id. 

Historia fisica de Chile 63 

Magnetismo fcrreslre en los eclipses de sol id. 

Medida del Delta del Tiber 64 

Premio de la Aradeinia de ciencias de Madrid 120 

Del magnetismo animal, por Mr. Arago 121 

Premio de la Academia de ciencias, biillas letras y artes de Burdeos. 191 

La aurora boreal no prcsenta seual alguna de polarizacion id. 

Observaciones meteorologicas hechas en Kijue-Taguilsk 192 

Premio de la Sociedad Real de Gotinga id. 

Fallecimiento de Biich 254 

Satdlites de Jiipiter y Saturno id. 

Cometa de Wesphal 2 55 

Composicion de las escorias id. 

Premio de la Sociedad de Leipzig id. 

Falta de aparicion de eslrellas fugaces id. 

Nombramiento de D. Jose Diiro de individuo numerario de la Real 

Academia de ciencias do Madrid 309 

Aniversario de la recepcion de Mr. Biol ea la Academia de cien- 
cias de Paris id. 

Estrellas fugaces id. 

luflucncia del terreno en las especies vejetales 312 

Accion perturbatriz de cicrtas sales metalicas en los aceites se- 

cantcs 313 

Analisis de los trabajos de Gay-Lussac 314 

Tclegrafo eldclrico cntre Inglalerra y Belgica 382 

Observacion de un balo solar en Madrid el 29 de mayo de 1853. . 384 

Fallecimiento de Mr. Arago 443 

Adjndiracion de premios de la Academia de ciencias de Bladrid. . . id. 

Premio de la Academia de Amsterdam. . id. 

Comiinicarion entre los emplcados de un convoy do ferro-carril.. . id. 

Estrellas fugaces 444 



XI 

Carta geologica de Holanda 

Conservacion de las maderas 

Profundidad del mar 

Aceite esencial de las naranjas agrias * ^_„ 

Diamante de gran tamauo ' ' * . 

De la composicion quimica do los espejos en los telescopies "de re- 
flexion 

Aphcacion de las escorias de los altos homos de fundicion aJa cu- 

racion de las vides enfermas 

id. 



N.- l.-REVISTA DE CIENCIAS. - ^y/^/o 1853. 



CIENG14S EX4CTAS. 



IMATElilJLTlCAS. 

Sobre el teorema de Pifdgoras; por A. J. H. Vincent. 

(i\oiivellrs Annales de Malhematiquos. Enero i85'2.) 

OE proi)one el autor dar un resumen historico sobre el famoso 
teorema que Ueva el nombre de Pilagoras , que consiste en que 
el cuadrado construido sobre la hipotenusa de un tridnyulo recidn- 
gulo, es equivalenie d la suma de los cuadrados construidos sobre 
los otros dos lados. 

Muchos autores modernos ban tratado esta cuestion, dice 
Vincent, y asi poco tendre que anadir a sus escritos. 

Empecemos por decir que bay mucba exajeracion en el 
modo de contar los pormenores maravillosos de este celebre 
descubrimiento ; y la parte que en el tuvo el ilustre filosofo, 
debe reducirse mucho si se atiende a testimonios , dignos de 
lodo credito. 

Clavio, geometra de principios del siglo XVII [Euclidis 
elementorum libri 15, etc., Francofurli. 1607), parece haber- 
se formado una idea muy exacta de esto; empezare por fijar 
las ideas, Iraduciendo sus propias palabras con cuanla exac- 
titud me sea posible. ''La invencion (dice) de este bello, de 
))este admirable teorema, se alribuye a Pilagoras; quicn, como 
»escribia Vitruvio en el libro 9." de su Arquitectura, ofrecio 
»un sacrificio a las Musas en reconocimiento del brillante des- 
))Cubrimiento que le habian inspirado. Algunos autores pien- 



2 
))san que inmolo 100 buoyes (1); pero aleniendonos a lo que 
)Hlic'e Proclo. fiio solo iin buey el que ofrecio. So orec que el 
)iesludio do los m'inuM'os lue lo que condujo a Piliigoras a des- 
»cubrir su (eorema. Eslo es, que habiendo considerado con 
))mucha atencion las propiedades de los numeros 3, i, 5, y 
))obscrvado que el cuadrado numerico del mayor de ellos era 
wigual a la suma de los cuadrados de los olros dos, formo un 
wtrianpulo en el cual el mayor lado tenia 5 partes iguales , el 
))menor tenia 3 paries iguales a las primeras, y en fin, el lado 
))medio tenia 4 jjarles de las mismas. Heclio esto, examino el 
))angulo comprendido entre los dos liltimos lados, y hallo que 
))era un angulo recto. Nolo la raisma propiedad en otros mu- 
))chos numeros, como 6, 8, 10, 9, 12, 15, etc. ; y esto le con- 
"dujo a invesligar si en todo triangulo rectangulo, el cuadrado 
))del lado opueslo al angulo recto era 6 no igual a la suma de 
»los cuadrados de los otros dos lados; asi como sucedia que 
))todos los Iriangulos cuyos lados eran segun los numeros di- 
))chos ya, presentaban un angulo recto. Asi fue como a fuer- 
))za de investigaciones llego con una satisfaccion indecible a 
weste admirable teorema, cuya verdad demostro despues por 
wrazonamientos inatacables. Sin embargo, Euclides (2) (lib. 6, 
wpropos. 31) dio a esla misma propiedad una estension pro- 
wdijiosa , haciendo ver que pertenecia a figuras semejanles 
"cualesquiera." 

Respecto del pasaje en que habla Vitruvio, mencionado 
por Clavio, he aqui su traduccion tocante a la parte historica, 
unica que nos interesa. 

^'Pitagoras, dice este autor, ha heclio conocer un modo de 
wtrazar el angulo recto sin cmplear la escuadra de los artesa- 
)>nos; y este instrumento, que apenas llegan a construir exac- 
))tamente los arlistas mas habiles , el filosofo por sus metodos 
))de demostracion, nos explica uno para trazarle con loda per- 



il ) Por esto sc dice que el tcorenia fue conocido en la antigiiedad bajo 
el nom bre de Hccatombc, 6 teorema de los 100 hueyes; se le llanio tambien 
el teorema de PiWifjoras. 

(2) Celebrc ge6mplra de fines del IV siglo antes de Jcsucristo. 



3 
»feccion. Este metodo consiste en tomar tres reglas, una de 
»tres pies, otra de cuatro y otra de cincoj, etc. , etc." 

Vitruvio enuncia aqui las propiedades de los cuadrados de 
las areas construidas sobre los tres lados del triangulo rec- 
langulo formado por las tres reglas, diciendo que *'Pitagoras, 
))creyendo que su descubrimiento fuese una inspiracion de las 
»Musas, las dio las mas esprosivas gracias, y segun se dice 
»las sacrifico victimas." 

Tales son las palabras de Vitruvio. Pero pasemos mas ade- 
lante , y veamos lo que otros autores dicen de este descubri- 
miento de Pitagoras , e igualmente de otras invenciones atri- 
buidas a este lilosofo- 

He aqui la version de' Plutarco (que vivio un siglo despues 
que Vitruvio ) , en el libro en que manifiesta que no podria 
vivir dichoso siguiendo la doctrina de Epicuro. "Pitagoras, 
))dice, sacrifico un buey con raotivo de una figura de geometria 
»referente, bien a la proposicion del cuadrado de la hipotenusa, 
»bienal problema del area de ia parabola." 

Se menciona aqui, bajo el nombre de Pitagoras, la cua- 
dralura de la parabola. Diogenes de Laerte vivio un siglo 
despues de Plutarco, y refiere lo mismo; aiiadiendo "que 
»Tales de Mileto, despues de haber aprendido la geometria 
))entre los egipcios, fue el primero que demostro la inscrip- 
))cion del triangulo rectangulo en el semicirculo, y que en 
))tal ocasion sacrifico un buey; pero otros autores, en cuyo 
»numero se halla Apolodoro el Logistico, atribuyen el mismo 
»hecho a Pitagoras.*' 

Hay mucba analogia entre las dos cuesiiones de que tra- 
lamos, asi como la hay entre los dos hechos atribuidos por Dio- 
genes de Laerte hablando de Apolodoro , para que no exista 
confusion entre estos dos hechos , muy distintos, a pesar de su 
aparente analogia. Pero en compensacion, citaremos en gloria 
de Pitagoras un tercer descubrimiento geometrico, "cierta- 
. »mente mucho mas elegante y mas digno de las Musas ," como 
dice Plutarco refiriendolo, que el teorema relativo al cuadrado 
de la hipotenusa: "es el teorema, 6 mas bien el problema en 
«el cual, estando dadas dos figuras, se propone construir una 
»fercera que sea semejante a una de las dadas y equivalents 



i 
»;» la olra; cucslion por la ciial tambion se dice ((uo Pilagoras 
)>ofrcci6 un sacrificio/' 

Volviondo al looroina priinitivo (|iio iios ocupa, vomos quo 
ol testimonio mas aniigiio, ol dc Vilruvio, no menciona como 
perteneciente a Pitagoras mas que el descubrimiento del trian- 
gulo consfruido sobre los lados 3, 4. o; Iriangulo (pio rosulto 
celobro en la anligiiedad |)or siis propiodades notables, y el 
oaracter en algun modo sagrado que se le alribuyo. Asi pues, 
ademas de la propiedad comun a todos los triangulos reclan- 
gulos, su area es igual a 6 , y el cubo de esla area es igual a 
la sunia de los eubos de sns Ires lados. Platon en el 8.° libro 
de la llepublica, hace ver las relaciones mutuas de los nii- 
meros 3, 4, 5, 6, cuando en su ardor* mas poetico que filoso- 
fico, llega a atribuirles una influencia fatal en el destino de 
los imperios. 

Hay otro escrilo quenos aclarara aun nuestra cuestion. Es 
el comentario de Proclo sobre la proposieion 47 del libro 1.° 
de los Elemenlos de Euclides, que tiene por objeto el feore- 
nia que nos ocupa, pero considerado en toda su generalidad- 
Es cierlo que Proclo, que florecio hacia mediados del V siglo 
de nuestra era, estaba muy dislante del descubrimiento del 
iiecho que nos ocupa; pero como nosotros lo estamos aun mas, 
es incontestable que en su epoca las noticias debian ser mu- 
cho mas numerosas y mas seguras que las de hoy dia. He 
aqui, pues, como se espresa Proclo, en el citado comentario. 

^* Cuando se oye hablar de este teorema, dice, no es raro 
))hallar personas que, queriendo dar a entender los conoci- 
wmientos que tienen de los tiempos remotes, lo hacen subir a 
"Pitagoras, y hablan del sacrilicio que este filosofo ol'recio por 
))su descubrimiento. Por lo que a mi toca, despues de dar a 
))/os primeros sdbios que han reconocido la verdad de el todo el 
»honor que merecen, no dudo decir que profeso una admira- 
Mcion mncho mayor hacia el aulor de estos Elementos, no solo 
»por haber dado de el una demostracion de la mayor eviden- 
))cia, sine aun mas por haber hecho resaltar, con su rigor 
))analitico, otro teoreraamucho mas general: es el del libro 6.** 
))(prop. 31), donde se demuestra en general: En lo^ (ridngulos 
»rectdngulos. toda figura trazada sobre la hipotenusa es igual a 



5 

»/a siima de las (iguras irazadas solve los oiros ludos. con lul 
y)que scan semcjantes a la primcra, y esten seinejantcinente dis- 
npuestas. En efecio, observemos quo todos los cuadrados son 
Msemejanles ontre si, pero quo todas las iiguras semejantes en- 
))tre si no son cuadrados; puosto quo hay una seniejanza pro-- 
))pia para los triangulos y para los demas poligonos. Pero lue- 
»go que se ha demostrado que la ilgura construida sobre la 
"hipotenusa, sea cuadrado 6 cualquiora otra, es igual a la su- 
^)nia de las figuras semejantes y seraejantemente construidas 
»sobre los olros lados, resuUa de oslo mismo una demostra-- 
))cion mas general y mas cientilica para el cuadrado. Ademas, 
))se ve al mismo tiempo la razon do la generalidad de la pro- 
wposicion demostrada, y es que el ser recto el angulo lleva 
Mconsigo la igualdad del area de la figura construida sobre la! 
»hipotenusa a la suma de las areas de las figuras semejantes. 
»y semejantemente construidas sobre los otros dos lados; del 
» mismo modo que una aberlura mayor del angulo, cuando es 
))obtuso, lleva consigo la superioridad de la primera figura, \ 
wque una menor abertura, cuando es agudo, lleva consigo el 
))ser menor la primera figura. Pero no se trata de saber como 
))se demuestra ol teoroma del libro 6.°; esto se vera en ade- 
))lante. Por ahora limitemonos a examinar como puede ser 
))cierta la proposicion actual, sin tratar de genoralizarla, pues_ 
»to que nada hemos enseuado sobre la semejanza de las figu- 
))ras planas, ni nada demostrado sobre proporciones. Por lo 
wdemas, muclias cuesliones que hemos tratado parcialmente 
»de este modo, han podido generalizarse por ol mismo ine- 
»todo, mientras que el autor de los Elementos las demuestra 
wpor la teoria comun de los paralelogramos. 

))Como hay dos especies de triangulos rectangulos, a saber, 
))is6sceles y escalenos, hablaremos antes de los primeros. Es 
))imposible en esta especie de triangulos, hallar dos niimeros 
))enteros que convengan con los lados; porque no hay numoio 
))Cuadrado que sea doble de otro numero cuadrado , a menos 
wque no quiera decirse que io falta 6 sobra una imidad, como 
»el cuadrado de 7, que es doble del cuadrado de 5 disminui- 
))do de una unidad. En los triangulos escalenos, al conlrario, 
»es posible hallar numoros conveniontes; poripio honids (Ic- 



6 

»mostrado con evidencia que el cuadrado de la hipolenusa es 
wigual a la suma de los ciiadrados de los lados que compren- 
»den el angulo recto, y tenemos un ejeniplo de un liiangulo 
»en el Tratado de la Repuhlica, en que siendo 3 y 4 los dos la- 
»dos del angulo recto, vale 5 la hipolenusa. En efecto, el cua- 
»drado de 5 es 25, niimero igual a la suma de los numeros, 
))9, cuadrado de 3, y 16, cuadrado de 4. Pero la tradicion nos 
))ha conservado ciertos metodos para hallar semejanles trian- 
))gulos; uno de ellos es atribuido a Platon, y olro a Pilago- 
wras. En este, se empieza por tomar un niimero impar para 
))representar el menor lado del angulo recto; se le eleva al 
» cuadrado ; restando de este la unidad, y tomando la mitad, se 
))tiene por resultado el mayor de los lados del angulo recto; 
»al contrario, anadiendo una unidad al cuadrado y tomando la 
» mitad, se tendra la hipotenusa. Por ejemplo, tomo el nii- 
))mero 3, y formo el cuadrado 9, le resto 1, queda 8, cuya 
wmitad 4 es el lado mayor del angulo recto; al mismo cua- 
)>drado 9 anado 1, forma 10, cuya mitad 5 es la hipotenusa, 
»y tengo el triangulo rectangulo formado de los lados 3, 
»4, 5. 

»En el metodo de Platon se empieza por numeros pares. 
)) Tomando un niimero par, se le supone ser uno de los lados 
))del angulo redo; despues se le divide por 2, y se forma el 
»cuadrado de la mitad; anadiendo a esto una unidad, se ten- 
))drala hipotenusa; al contrario, quitandole la unidad, se ten- 
))dra el otro lado del angulo recto. Asi , pues, si se toma el 
))numero 4, y su mitad 2 se eleva al cuadrado, si a este cua- 
))drado 4 se le afiade la unidad, se tendra 5, que sera la hi- 
))potenusa, y si al cuadrado 4 se le quita la unidad, se tendra 
))3 para el menor lado, y el 4 es el olro lado del angulo rec- 
»to. En efecto, es lo mismo empezar por 3 6 por 4; pero esto 
»es eslrano a la cuestion, 

))Por lo que toca a la demostracion del Autor (la demos- 
»tracion de Euclides) , como es muy clara, pienso que seria 
wsupertluo anadir cosa alguna, no imilando en esto a Heron y 
)ia Pappus. Pasemos pues a lo que sigue." (Sigue el Comenlario 
sobre la |)roposicion reciproca.) 

Aunque este largo Comenlario conticne muchos pormeno- 



7 
res estranos a la cueslion actual, he creido deber citaiio por 
completo, aprovechando de esle modo la ocaslon de dar una 
idea del modo de pensar de Proclo. Pero presenta tambien 
ciertas circunstancias que me parecen resolver el debate en 
el sentido de Clavio. En efecto, se ve desde luego que Proclo 
esta distante de mirar a Piiagoras como siendo esclusivamenle 
el aulor del descubrimiento de que se trata, y sobre todo como 
habiendo establecido la proposicion de nuestro examen, con 
el grado de generalidad que tlene en Euclides ; porque aunque 
sea principalraente respecto al teorema del 6." libro, como el 
comentador alaba y admira al autor, no es menos evidente 
que aquel no se hubiera espresado como lo hace, si solo hu- 
biese creido poder atribuir a Pitagoras la equivalente a la 
proposicion 47 del libro 1." de Euclides. Mas no es esto todo: 
se ve aqui que Pitagoras se ha ocupado en la descomposicion 
de un niimero cuadrado en otros dos mimeros cuadrados, y 
que ha dado un metodo (metodo mm) particular) para hallar 
mimeros que satisfagan a esta relacion. Reflexionando un poco 
^,no deberemos creer que Pitagoras, despues de haber reco- 
nocido las propiedades notables de un primer triangulo rectan- 
gulo, hubiera querido (para ensayar la generalidad del resul- 
tado que habia obtenido) variar los ejemplos de triangulos que 
tuviesen entre si las mismas relaciones que los mimeros obte- 
nidos por el metodo que prescribe, con el tin de asegurarse 
empiricamente de que todos estos triangulos eran tambien rec- 
tangulos? Yo pregunto; este proceder ;, no es tan conforme 
a la marcha de la ciencia como lo es a la opinion de Clavio? 
Pero es muy dificil creer que, no habiendo hallado formula 
general para la descomposicion de los cuadrados, hubiese po- 
dido adquirir Pitagoras la conviccion matematica de la verdad 
del teorema de geometria de que se trata. 

De cualquier modo que se considere, la discusion que nos 
ocupa parece deber asegurar a Euclides el honor de haber 
dado la primera demostracion general y completa de la pro- 
posicion relativa al cuadrado de la hipofenusa; y ella nos ma- 
nifiesta, por un notable ejemplo , como se oscurecen los lie- 
chos con el tiempo. Y no es solo sobre el teorema sobre lo 
que ha recaido esa alteracion, sino tambien respeclo a esa Ira- 



8 

dicion do un pomposo sacrificio olVecido a los dioses; tradicioii 
que qnedo dotinitivamoiUe iinida al relate del descubrimiento 
(jiie lo ()casioii(>. Kn croclo, sogiin lo que dice Di6ii;eues, este 
sacrificio uo lue menor que un hecalonibe; pero sefi;un Plutar- 
co, mas anliguo que Diogenes en un siglo, debemos reducir la 
olrenda a un solo buey; y ultimamenlc, en olros relates mas 
circunspectos aim, no se emplean sino espresiones que solo sig- 
nitican un sacrificio cualquiera. En efeclo, '*;,c6nio se quiere, 
))dice Ciceron (de la Naturaleza de los dioses, libro 3), ha- 
))cerme creer que Pitagoras luibiese podido sacrificar un buey 
))en honor de las Musas, cuando por el contrario es constante 
))que rehuso inmolar una victima en el altar de Apolo, que- 
wriendo evifar de esle niodo el derramamiento de sangre?" 

Esta incredulidad del orador roraano, la justifica Suidas en 
esfoslerminos: "I'itagoras, dice, prohibia inmolar victimas a 
"los dioses: y no se debia prosternar sino delanle de un altar 
))sin mancilla." 

En medio de estas contradicciones, hay un medio de con- 
ciliar estos estremos; y este medio esta en Porfiro (1) (6 
Malchus, vida de Pitagoras, cap. 36); dice este autor: '*Los 
»sacrificios que ofrecia a los dioses, nada tenian de cruel. Pa- 
«ra apaciguar a los dioses les ofrecia panes, torlas, mirra, 
wincienso, pero jamas animales..... Los autores mas creibles 
))dicen que ofrecio un buey de pasta de harina de trigo, luego 
))que descubrio que el cuadrado de la hipolenusa del triangulo 
)>rectangulo era igual a la suma de los cuadrados de los otros 
»dos lados.*' 

Por lo deraas, esle genero de ofrenda 6 sacrificio era de un 
uso rauy comun en la anfigiiedad, principalmente entre lospi- 
tagoricos. Asi pues, en el Banquete de lossabios, libro 1, par- 
rafo 3, se refiere que "Empedocles de Agrigento (2), vence- 
))dor en los juegos olimpicos en las carreras de caballos, de- 
))biendo (en su cualidad de pitagorico) abstenerse de alimento 
« animal, mando preparar un buey facticio sazonado con mir- 



(1) Pnrliro vivio on la seguncia niitad del siglo HI de mipstra era. 

(2) Filosnfo que vivio liacia la mitad del siglo V antes de Jesucristo. 






))ra, incienso y otros perfumes preciosos, v lo hizo distribuir 
wa la multilud reunida de todos los puntos de la Grecia para 
wasistir al conciirso." 

Filostrato (1) (en la Vida de Apolonio (2), lib. 1, cap. 1), 
y despues de el Suidas, hablan en el mismo senlido: '*El buey 
))de pasta que hizo, segun se dice, distribuir en Olimpia bajo 
))lbrma de tortas, prueba que era de la secta de Pitagoras." 

Asi, pues, resumiendo se ve que el famoso hecatombe, so- 
bre el cual se ban hecho tantos comentarios , se reduce a un 

buey de pan de especia. 

P. D. Creo deber anadir una nota relativa a la descompo- 
sicion de un niimero cuadrado en otros dos niimeros cuadra- 
dos, de cuyo probleraa se ha hablado anteriormente. 

Hemos dicho que la solucion de Pitagoras eva muy partial- 
lar; la de Platon, (|ue bajo cierto aspecto la completa, lo es 
igualmente. Mr. Biot, en dos articulos sobre los Gromatici ve- 
teres (agrimensores romanos), insertos en los cuadernos de 
abril y mayo de 1849 del Diario de los sdbios , ha dado por- 
menores curiosos sobre la goneralizacion de esta solucion, que 
debemos recomendar a nuestros lectores. 

El ilustre geometra ha tratado igualmente de esta cuestion 
con mas pormenores en los Comptes rendus des seances de 
I'Academie des Sciences (7 mayo 1849). Ha recordado la pro- 
posicion 32 del libro 1 de Diofanto. que tiene un objeto analo- 
go, y la pag. 426 de la notable obra de Mr. Chasles, titulada: 
Apercu historique sur I'origine et le developpement des methodes 
en geomelrie. Este sabio matematico da en su obra una regla de 
Brahmegupta (3) que equivale a la de Diofanto, y comprende 
como casos particulares las dos reglas dadas por Pitagoras y 
Platon. En fin, Mr. Poinsot (en la misma sesion de la Acade- 
mia de Ciencias) ha dado, para la descomposicion de un cua- 
drado en otros dos, un metodo tan general como simple. 

Con este motivo me atrevere a indicar tambien un melo- 



(1) Vivio en fines del siglo II de nuestra era. 

(2) Apollonius de Tiano, celebre taumatiirgo, vivio en mitad del si- 
glo I de nuestra era. 

(:?) Geometra indiano del siglo VI 6 VII de nuestra era. 



10 
dn muy general, que no distinguiendo en el ni los numeros pa- 
i-c's ni inipares, ni cl nienor ni el mayor de los dos cuadrados 
parcialos, lione porfio misnio la ventaja de tralarlos simetri- 
camente. 

Para satisfacer a la ocuacion 

hagamos x=lc-\-a. y=k-\-b. z=k-\-a-]rb; 

la Irasformacion sera siempre posiblc (1), porque de eslasre- 

laciones se saca 

0=2 — y, b—z — X. k=:x-{-y — z, 
valorcs cnteros y positivos al misino ticmpo que x, y, z. Sus- 
tituyendo en la ecuacion propuesta, se muda en 
k'=<iab. 

Basla, pues, para tener todas las soluciones de la cuestion, 
V por lo mismo todos los triangulos posibles en numeros enle- 
ros, tomar para k todos los numeros pares posibles, y descom- 
poner /c' de lodos los modes posibles en dos faclores, de los 
cuales uno debera hacerse igual a 2rt (6 2ft), y el otro a 6 (6 
a). Como por otra parte puede limitarse a buscar los triangu- 
los /jrwuV/m'?, esto es, los triangulos cuyos lados estan repre- 
sentados por numeros primeros entre si (pues los demas se re- 
ducen a cstos) , se consideraran unicamente las descoraposicio- 
nes en que los factores de k"" son priraos entre si , y por lo 
mismo cl uno par y el otro impar. Con esta restriccion, uno 
de los numeros a 6 b, y por lo mismo uno de los lados del an- 
gulo recto x 6 y, tiene que ser siempre necesariamente par, y 
el otro impar; y por lo mismo s 6 la hipotenusa es siempre 
impar. 

Por ejemplo, sea A=2; de donde sale A''=4, a=%, 6=1; 
resulla x=i, »/=3, s=I). 

Si k=i, (ie donde ^-'=16, a=8, b=h resulta x=U, 

_^=:5, 2 = 13. 

Si/c=6, se tendrian los dos triangulos 8, 15, 17, y 7, 
21, 25. 



(1) Es igualmente aplicable a la ecuacion x"+)/'"= 



11 



AliTROHOmA. 



Noticia dc las ubservaciones que han dado a conocer la consfi- 
tucion fisica del Sol 1/ dc varias estrellas: cxdmen dc las 
conjeluras dc los filosof'os andguos. y dc los dalos posilivos dc 
* los astrdnomos modcrnos sobre el pucsto que corrcspondc ocu- 
par al Sol en cl portentoso numero dc estrellas del jirmamento. 
Poa Mr. Arago. = Discurso Icido on la sesion publica 
anual de las cinco Academias del Inslitulo de Francia el 25 
do octubre do 1852. 

[L^Inslitut, 14 y 21 encro iSSa.) 

A. mediados del mes do julio ullimo I'licron a Noriiega , Siie- 
cia, Aleraania y Rusia aslronomos de los observatorios princi- 
pales de Eiiropa , y so pararon on Ins pnntos dondo babia do 
ser total cl eclipse do sol do 28 del misnio mos. Los alonlaba 
la espcranza do (juo el osludio do csle fon/jmeno con inslru- 
mentos de mucbo alcance, daria esplicacionos plausiblos de 
las diversas apariencias notadas en los eclipses anterioros, y 
acerca dc las cualos no so liabia atrovido nadio a docidir. 
jC6mo! osclamaron cntondimiontos inez([uinos, poco ontorados, 
supongo, de la historia de la Astronomia. iC6mo! ;,La ciencia 
que so jacta do sor mas perfecta, tiene todavia problomas por 
•"esolver, y locantes al astro on cuyo derrodor so verilican to- 
dos los movimientos planetarios? ^Es verdad que no estemos 
mas adolantados en niucbas cosas que los filosofos do la Grccia 
antigua? 

Se ha croido que debian vonlilarso con soriodad ostas cuos- 
tiones. Tomo sobre mi rosponder a cllas, sin ocultarsomo cuan 
{irida habra de ser la contestacion, ni olvidar que por preci- 
sion habr^, do entrar en pormonores hoy elomentales ya ; pero 
cnliendo quo mcrcco indulgoncia aquci (pio cunipio un debcr. 

Demos una ojeada a los trabajos do los filosofos anliguos 
y de los observadoros modcrnos. para probar desdo luogo (|Uo 
si bicn hace dos mil anos que so ha estudiado el Sol , lo ha 



sitlo l):ijo ilislinlos y vaiiados aspcM los. y (|ii(' la cioncia ha dado 
iiiinonsos pasos en el iiiismo inlervalo. 

Anaxagoras pretendia que el Sol no eia mayor (|ue el Pe- 
loponeso. 

Eudoxio, tan esliniado en la anligiiedad, daba a dicho as- 
tro un diametro nueve veces mayor que el de la Luna. Ade- 
lanto era. coniparada esla valuacion con la de Anaxagoras; 
pero distaba todavia enorniemente de la verdad el niimero 
asignado por el lilosofo de (Jnido. 

Cleomedes, que escribia en tiempo de Auguslo , dice que 
los epiciireos conteniporaneos suyos, ateniendose a las apa- 
riencias. sostenian que el diametro real del Sol no pasaba de 
un pie. 

Parangonemos estas arbitrarias valuaciones con la deler- 
minacion que se deduce de los Irabajos de los astronomos mo- 
derno.s , ejecutados con suma minuciosidad, y valiendose de 
instrumentos delicadisimos. El Sol tiene 3o7000 leguas (de a 
i kilometros) de diametro: vese, pues, cuanto discrepa este 
niimero del que adoptaban los epicureos. 

Suponiendo esferico el Sol, su volumen es 1.400 veces 
mayor que el de la tierra. Numeros de esla enorniidad no se 
usan por lo regular en la vida comun , ni nos dan idea clara 
de las magnitudes a que aluden; por lo cual, recordareraos una 
especie que patentizara mejor la inmensidad del volumen so- 
lar. Imaginemonos que el centre del Sol este en el de la tier- 
ra: no solo llegara su superficie a la region donde la Luna 
circula, sino que pasara una vez casi mas alia. 

Estos resultados, notables por lo inraensos, son tan ciertos 
como los principios de geomelria elemental en que estriban. 

Teniendo bastante que decir, no me detendre a comparar 
los resultados, a lodas luces absurdos por lo diminutos, que los 
aniiguos asignaban a la distancia del Sol a la lierra, con los 
deducidos de las observaciones mbdernas. Me contentare con 
decir (jue esta demostrado, y de intento uso este verbo; que 
esta demostrado, repito, desde el paso de Venus, observado 
el ano de 1169, que la distancia media del Sol a la tierra es 
de 38 millones de leguas, y que del inviernoal verano se ale- 
ja a(iuel astro de nosolros mas de 1 millon de leguas. jTanIo 



13 

dista ol inmenso globo ciiya constilucion fisica ban logrado 
(lelciminar los aslronomos modernos! Nada dicen sobre este 
piinto los fdosofos anligiios, que merezca detenernos un ins- 
tanlo. Sus dispiitas acerca de si el Sol era un fuego puro 6 
groscro, un fuego eterno 6 capaz de apagarse, no se fundaban 
en observacion alguna; y por tanto, dejaban a oscuras el pro- 
blema que ban tratado de resolver los modernos. 

Los pasos dados en este camino dalan del ano de 1611. 
Por aquel tiempo, no inuy distante del de la invencion de los 
anteojos, el aslronomo bolandes Fabricius vio distintamente 
manchas negras en el borde oriental del Sol , que iban avan- 
zando hacia el centro, pasaban de el, llegaban al borde occi- 
dental, y desaparecian en seguida durante cierto niimero de 
dias. 

De estas observaciones , repetidas luego mil veces, se ha 
podido sacar la consecuencia de que el Sol es un globo es- 
ferico, que gira sobre su ceniro en 2S^ dias. 

Las manchas negras, irregulares y variables , pero de con- 
torno bien defmido, suelen tener dimensiones considerables: 
se ban visto que eran cinco veces mas largas que la tierra: 
las rodea por lo comun una aureola menos luminosa sin duda 
que lo restante del astro, llamada penombra. Esta penombra, 
que nolo primero GalUeo, y cuyos cambios ban observado 
luego con esmero los astronomos posteriores suyos, ha dado 
margen a sentar un supuesto sobre la constitucion fisica del 
Sol que a primera vista parece singularisimo. 

Seria este astro un cuerpo oscuro rodeado a cierta distan- 
cia por una atmosfera que se pudiera comparar con la terres- 
tre, cuando en esta reina una capa continua de nubes opacas 
y resplandecientes. A esta atmosfera primera seguiria otra, 
luminosa por si propia, y llamada fotosfera. El contorno de 
esta fotosfera, mas 6 menos lejana de la atmosfera anubarrada 
interior, delerminaria los limites visibles del astro. Segun esta 
hipotesis, presentaria manchas el Sol siempre y cuando ocurrie- 
sen, en las dos atmosferas concentricas, claras correspondien- 
tes que permitiesen ver al desnudo el cuerpo oscuro central. 

Las personas que ban estudiado los fenomenos con anteojos 
de mucho alcance, los astronomos de profesion, los jueces com- 



14 

petentes, reconocen que la hipolesis de que acabaraos de hablar 
sobre la constitucion fisica del Sol , esplica muy satisfactoria- 
mente los hechos. No esla adoplada por todos, sin embargo; 
en obras autorizadas se rcpresenlaban no ha mucho las raan- 
chas como escorias flotanles en la supeiTicie liquida del astro, 
y procedenles de volcanes solares, de los cuales son los ter- 
restres palida copia. 

De apetecer era, por lanto, que se consiguiera determinar 
mediante observaciones directas, la naturaleza de la materia 
candente del Sol. 

Pero pensando que nos separa de este astro un interval© 
de 38 millones de leguas, y que no podemos comunicarnos con 
su superficie visible sino mediante los rayos luminosos que de 
el proceden , parecia injustificable temeridad el proponerse 
problema semejante. 

Los recientes progresos de la optica ban proporcionado no 
obstante medios para resolverlo por corapleto. Disimiilenseme 
algunos detalles encaminados a poner en evidencia la solucion. 

Nadie ignora que los fisicos distinguen dos clases de luz, 
la natural y la polarizada. De iguales propiedades disfrutan 
todos los puntos del conlorno de un rayo de la natural: no asi 
la polarizada. Los diferentes lados de sus rayos no tienen unas 
mismas propiedades, manifestandose las desemejanzas en una 
porcion de fenomenos que no cabe citar aqui. 

Antes de pasar adelanle notemos cuan raras son las espe- 
riencias que legilimamente ban decidido a los fisicos a hablar 
de lados diversos de un rayo de luz, a distinguirlos entre si; 
la voz rara, que acabo de usar, parecera natural sin duda a 
los que entiendan que pueden pasar a un tiempo millones de 
millones de rayos tales por el ojo de una aguja sin estorbarse. 

La luz polarizada ha contribuido a los medios de inves- 
tigacion de los astronomos con ciertos curiosos instruraentos 
que ban sabido aprovechar, entre otros con el Ham ado anteojo 
polariscopo. 

Mirese directamente al Sol con un anteojo de estos , y se 
veran dos imagenes de igual intensidad y tinla , blancas am- 
bas. Mirese a la iraagen del misrao astro reflejada por el agua 
6 por un espejo de cristal ; en el acto de la retlexion, se pola- 



15 

rizan los rayos; no da eiUonces el anteojo dos iraagenes pare- 
cidas y blancas, sino que ostentan colores vivisimos sin alle- 
rarse nada sus formas. Si una es encarnada, sera verde la olra; 
si aquella amarilla, esta violada, y asi sucesivamente; siendo 
siempre las dos tintas lo que se dice complementarias 6 capa- 
ces de formar la blanca mezclandose. Polaricese por el melodo 
que se quiera la luz natural, se presentan los colores en am- 
bas iraagenes del anteojo polariscopo, como al mirar a los ra- 
yos reflejados por el agua 6 el cristal. 

Proporciona, pues, el anteojo polariscopo un medio senci- 
Uisimo para distinguir la luz natural de la polarizada. 

Por mucho tiempo se creyo que la luz procedente de cual- 
quier cuerpo candente llegaba al ojo en estado de luz natu- 
ral , cuando no sufria reflexion parcial ni refraccion conside- 
rable en el camino. 

No era exacto este aserto. Un academico ha demostrado 
que la luz que bajo angulo suficientemente reducido sale de 
la superficie de un cuerpo solido 6 Kquido candente, aun cuan- 
do no este brunido, presenta evidentes seiiales de polariza- 
cion; y asi es, que entrando en el anteojo polariscopo, se des- 
compone en dos manojos coloreados. 

La luz procedente de una sustancia gaseosa inflamada, de 
una sustancia como la que alumbra las calles y las tiendas, 
esta siempre por lo contrario en estado natural, haya salido 
bajo el angulo que quiera. 

El metodo empleado para decidir si la sustancia que liace 
sea visible el Sol es solida, liquida 6 gaseosa , sera ya una 
mera aplicacion de las especies precedentes , no obstante las 
dificultades que al pronto nacian de la inmensa distancia del 
astro. 

Los rayos que nos dan a ver los bordes del disco, ban sa- 
lido evidentemente de la superficie candente bajo un angulo 
muy chico. ^Aparecen coloreados los bordes de las dos iraa- 
genes mirados directamente, que el anteojo polariscopo da? La 
luz de dichos bordes proviene de un cuerpo liquido ; por- 
que la observacion del rapido cambio de forma de las man- 
chas, descarta cualquier supuesto de que la superficie este- 
rior del Sol sea un cuerpo solido. ;,Han conservado los bor- 



Ifi 

ties en el anteojo su blancura naliiral? Por precision son ga- 
seosos (1). 

Las obscrvaciones hochas mirando diroclamonte al Sol 
ciialquier dia del afio, con grandos anioojos polariscopos, no 
dejan percibii- senal ninguna de coloiacion. Liiego la siistancia 
inflaraada quo afecta el contorno del Sol es gaseosa, y pode- 
mos generalizar la conclusion, puesto que los diversos puntos 
de la suijcrficie del Sol , por causa del moviraiento de rolacion 
vienen a i)asar unos tras otros por el borde. 

Esta esperiencia saca del dorainio de las simples hipolesis 
a la teoria antes indicada de la constilucion de la fotosfera so- 
lar. Ni en las arbitrarias ideas, frulo de la iniaginacion fogosa 
de los filosofos antiguos de la Grecia, ni en los trabajos que 
conocemos de los astronoraos mas celebres de la escuela de 
Alejandria, se halla nada por supuesto capaz de compararse 
con los resultados que se acaban de espresar, aun cuando se 



(1) Los cuerpos candenles, cuya luz desped'ula bajo distinlos angulos 
se ha estudiado con un polariscopo , son los siguicntes : solidos , el hierro 
forjado y el platino; Uqiiidos, el hierro y el vidrio derretidos. Segun eslas 
esperiencias hahria razon para afirmar, se nos diria, que el Sol no es hier- 
ro ni vidrio derretido; pero i.quien nos autoriza a generalizar? Respon- 
do. Conforme a las dos unicas esplicaciones que se han dado de la pola- 
rizarion anormal que presenlan los rayos despedidos hajo angulos agu- 
dos, todo debe suceder lo mismo, menos la cantidad, sea cual fnere el 
iiquido, con tal que la superficie emergente lenga sensible facultad re- 
flectente. Solo ocurriria el caso de ser el cuerpo candente parecido a un 
gas, en punto a densidad; v. gr., el Iiquido de raridad ideal casi, que 
varios ge6melras han discurrido estar en los liltimos confines de nuestra 
almcjsfera, donde acaso desaparecerian los fenomenos de polarizacion y 
coloracion. No desconozco cuanto ganaria la esperiencia citada en el 
texto de discutirla bajo el punto de vista fotometrico. Poseotodos los ele- 
mentos para examinarla asi, pero no es lugar este de esplayarlos. 

Replicare sin embargo a una dificultad : debo adverlir (pie las luces 
procedentcs de dos sustancias liquidas pueden, segun la especial natura- 
leza de las mismas sustancias, no ser identicas en cuanto a numero y po- 
sicion de las fajas oscuras de Fraunhofer, que sin espcctros prisraaticos 
presenlan a la vista de los fisicos. 

Estas (lesemejanzas son tales , que podran aumentarlas considerable- 
raente las atmosi'eras de varia constilucion que hayan atravesado los rayos 
antes de llegar al observador. 



17 

violentara la asimilacion: ostos resullados, digamoslo en alta 
voz, se deben enleramenle a los esfuerzos reunidos de los ob- 
servadores de los siglos XVII y XYIII , y en parte tambien a 
los de los astronomos conteraporaneos nuestros. 

Consignemos en este higar una advertencia que no tarda- 
remos en aplicar, cuando tratemos de determinar la constitu- 
cion fisica de las esfrellas. 

Si la materia de la fotosfera solar fuese liquida, si los ra- 
yos procedentes de suborde estuviesen polarizados, se vcrian 
no solo colores en cada una de las dos imagenes que da el an- 
teojo polariscopo, sino que serian distintos en los diversos pun- 
tos del contorno. Si es encarnado el punto mas alto de una de 
las imagenes, tambien lo sera el diametralmente opuesto de la 
raisma. Pero ambos estremos del diametro horizontal presen- 
taran tinta verde, etc. Luego si se lograra reunir en un punto 
los rayos procedentes de todas las partes del limbo del Sol, 
aun despues de descompuestos en el anteojo polariscopo, seria 
blanca la mezcla. 

La constitucion del Sol, cual acabamos de fijarla, puede 
servir asimismo para esplicar la existencia de manchas no ne- 
gras sino luminosas en la superficie del astro. Llamaronse 
uoas fdculas, habiendo sido Galileo el primero que las obser- 
ve; las otras de mucha raenos estension, redondas casi todas, 
que vio Scheiner, y que llamo lucnlas , hacen parecer pun- 
teada la superficie del astro. 

Pudiera proceder, cosa singular, el descubrimiento de una 
de las causas principales de las faculas y las liiculas, de una 
visita adminislrativa de una tienda de fruslerias. 

'*Tengo quejas contra la compauia del gas, decia el ten- 
dero; deberia hacer que mirase a mis generos la parte mas 
ancha de la llama, y por descuido de sus empleados suele 
alumbrarmelos por ol canto.— ^,Estais seguro, replied un tes- 
tigo, de que la llama alumbra menos en esta posicion que en 
aquella?" Parecio al pronto infundada la duda, hasta absur- 
da; hicieronse no obstante esperiencias exactas, y quedo pro- 
bado, que igual canlidad de luz derrama una llama en un ob- 
jeto cuando lo alumbra de canto, que cuando lo hace presen- 
tandole su superficie mas ancha. 



18 

De a(|iii salia la consccuencia, tie ser mas luminosa una 
siiperlicie gasoosa candente y do oslension dolerminada mi- 
randola oblicua que perpendicularmenle. Por tanlo, si la su- 
perficic solar ])roscnfa undulaciones como nucsira alnuisfera 
cuando so cucapota de iiubes aborregadas, debe parecer com- 
parativamonle apajiada en aquellas partes donde miren per- 
pendicularmenle al observador las undulaciones, que donde lo 
hagan inclinadas, y scan de consiguiente mas brillanles; cual- 
quier cavidad conica nos debe parecer una liicula. No se ne- 
cesifa, pues, suponer que tenga el Sol millares de focos mas 
candentes que lo restanle del disco, 6 millares de puntos que 
se dislingan de las regiones proximas en eslar alii mas acu- 
mulada la materia luminosa, para darse cuenta de las apa- 
riencias. 

Probado ya que consta el Sol de un cuerpo oscuro central, 
una almosfera nebulosa resplandecienle y una fotosfera, debe- 
remos naturalmente preguntarnos si no hay nada mas alia, si 
acaba de repente la fotosfera sin estar rodeada de una atmos- 
fera gaseosa, poco luminosa por si propia 6 de leve resplan- 
dor. Esta tercera atmosfera desapareceria por lo regular en 
el oceano de luz que parece rodear siempre al Sol, y que 
proviene de la reflexion de sus propios rayos en las parlicula.s 
que componen la atmosfera lerrestre. 

Un medio ocurria de solventar esta duda, y era escojer el 
momento de cubrir completamente la Luna al Sol en un eclip- 
se total. 

En el instante mismo casi de desaparecer los ultimos rayos 
despedidos por el borde del astro radiante ante la pantalla 
opaca por la Luna formada, dejan de estar ihiminadas. nues- 
tra atmosfera en la region ([ue se proyecta en ambos astros, 
y las partes circunvecinas. 

Ya sabemos el objeto principal que se propusieron los as- 
tronomos que el ano de 1842 fueron al mediodia de Francia, 
a Italia, Alemania y Rusia, donde debia ser total el eclipse 
del 8 de julio. 

En cualesquier investigaciones entra siempre por mucho 
la parte imprevista; asi es que se quedaron singularmenle sor- 
prendidos los observadores cuando luego de desaparecer los 



19 

liltimos rayos direclos del Sol detras del borde de la Luna, y 
luego de desaparecer tambien la liiz reflejada por la atmosfera 
terrestre circunvecina, vieron algunas protuberancias rosaceas, 
de 2 a 3 minutes de altuia, que se lanzaban, digamoslo asi, 
del contorno de nuestro salelile. 

Cada astronomo, siguiendo la corriente oidinaria de sus 
ideas, tuvo una opinion particular acerca de la causa de tales 
apariciones. Atribuyeronlas unos a montaiias de la Luna; pero 
ni un minutode exanien aguantaba esta liipotesis. Vieron otros 
en ellas efectos de difraccion 6 de refraccion. Pero la piedra 
de toque de cualesquiera teorias es el calculp, y las citadas 
abundaban en vaguedad sunia respecto a sus aplicaciones a 
los fenomenos apuntados. Esplicaciones que no den cuenta ca- 
bal de la altura, forma, color ni fijeza de un fenomeno, no 
merecen ocupar puesto en la ciencia. 

Vengamos a la idea , muy preconizada un dia , de que las 
protuberancias de 1842 eran montanas solares, cuyas ciispi- 
des traspasaban a la fotosfera cubierta por la Luna, en el rao- 
mento de la observacion 

Segun las valuaciones mas moderadas, fuera de 19.000 le- 
guas la altura de una de dichas cuspides sobre el disco solar. 
Sobrado se que lo enorme de altura tal no es argumento con- 
Ira la hipotesis. Pero mucho se la podia debilitar notando que 
las supuestas montanas presentaban partes considerables des- 
plomadas , y que por tanto hubieran debido venirse abajo en 
virtud de la atraccion solar. 

Digamos cuatro palabras de otra hipotesis, segun la cual 
serian las protuberancias unas especies de nubes solares flo- 
tanles en una atmosfera gaseosa. 

Ningun principle de fisica nos impediria admitir en lal caso 
la existencia de masas nobulosas de 2o a 30.000 leguas de 
largo, con perimetros delerminados y afectando formas capri- 
chosisimas. Solo que llevando mas adelanle la hipotesis, ha- 
bria por que admirarse dc que nunca se hubicra visio entera- 
mente separada del contorno de la Luna nube solar ninguna. 

A justiticar esto se debian encaminar los trabajos de los 
astronomos cuando se presentara ocasion para ello- 

Conio no se puede sostener una jnontaua sin lener base. 



20 
Hobia baslar la observacion forliiila de una protuberancia al 
parecpr separada dol borde do la Luna, y do consip;uiente del 
borde real de la fotosfera solar, para ochar abajo la hip6tesis 
do las montanas solaros. 

Poro, cuidado, (|uo las investigacioncs astronomicas no son 
oomo las de los quiraicos y fisicos; esta al arbilrio do estos 
variar las rondicionos en que oporan , y que pucden canibiar 
la uaUiraloza do los resullados: on nada inlluyon los aslrono- 
uios on los i'onoiuonos que ostudian, teniendo a voces (|ue es- 
j)orar siglos a ([uo so los presonton los astros en las posiciones 
propicias para resolver una diticultad. 

Las diidas suscitadas por las observacionos de 1842 so ban 
podido oxaminar de nuovo osperimentalmente esia voz el ano 
pasado. Eslaba anunciado un eclipse de Sol para el 8 de a^iosto 
do 1850, y debia ser total on las islas do Sandwich. 

El capilan do navio Bonard, comandanlo del apostadero 
do Olaiti , tuvo la feliz ocurroncia de enviar al colador de 
puonlos y calzadas, Kulscyki, do la isla doTaili a Homolulu» 
capilal del Arcliipielago de Sandwich. 

La rolacion mandada por eslo habil observador contiene 
la frase siguionle. "El delicado y rojizo rasgo 6 lineamionto 
»que ostaba junto a la protuberancia norle, parecia completa- 
nmonto separado del borde de la Luna." 

Posteriormente, en el eclipse del 28 de julio de 1851, Mau- 
vais y Goujon desde Dantzig, y aslronomos estrangeros famo- 
sisiraos que fueron a divorsos puntos do Noruega, Suecia y el 
nnrte do Alomania, vieron todos una mancha rojiza tarabien 
que estaba separada del borde do la Luna. 

La observacion do Kutscyki y las conformes de 1851, con- 
fluyen sin replica con las esplicaciones do las protuberancias, 
fundadas en suponor ((uo tuvioso ol Sol montanas cuyas cus- 
pidos traspasaran mucho a la fotosfera. 

Cuando so pruebe con rigor que los fenomenos luminosos 
citados no puodon provenir do inflexionos que los rayos sola- 
ros osperimonlaran al pasar junto a las asperozas que fosto- 
noan el contorno de la Luna; cuando so demuestre que las tin- 
las rosaceas moncionadas no se puoden asemojar a simples 
aparioncias opticas, que existen real y electivamento, que son 



21 

verdaderas nubes solares, hahra que afiadir una atnuisfei-a mas 
a las dos de que llevanios liablado, porquc no se podrian sos- 
teuer nubes en el vacio (1). 

Sabido es ya, pues, lo que resta de incierto en ua punlo 
particularisimo de la constilucion fisica del Sol. Alondiendo a 
que por lo regular son invisibles los fenomenos capaces de 
solventar cualesquior dudas; a que solo se pueden percibir du- 
rante los eclipses lotales de Sol; a que los eclipses lolales de 
Sol son muy escasos; a que desde la invencion de los anteojos 
aca apenas habian tenido ocasion de observar corao es debido 
mas que seis los aslronomos de Europa y America, nadie ten- 
dra por que admirarse de que a mediados del siglo XIX este 
toda\ ia en estudio la cueslion suscilada por las misteriosas lla- 
mas rojizas de que lanlo se ha hablado. 

Pido disculpa de estas acaso largas dilucidaciones, y paso 
a indicar en breves palabras la serie de medidas y deduccio- 
nes por donde ha Uegado la ciencia a lljar el verdadero pueslo 
del Sol en el conjunto del universe. 

Arquelao, que vivia por los aiios 448 antes de Jesucristo, 



(1) Para que se sosluviesen en el vacio tales nubes, seria menester 
que la fuerza centrifuga resultante de su movlmiento circulatorio fuese 
igual en cada instante a la pesantez que propenderia a hacerlas caer en el 
Sol. Habria que trasformarlas en verdaderos planetas circulando en der- 
redor de este astro con sunia rapidez. Esta es, en sustancia, la espllca- 
cion que dio Babinet de las protuberaucias de 1842. 

En la memorla de este ilustrado academico se pueden ver las inge- 
niosas consideraciones en que funda su teoria, y c6mo se pucde referir 
al sistema cosmogonico de Laplace. Hoy, que esta observado minuciosa- 
mente el fen6meno, creo que tropezara Mr. Babinet con mas de una difi- 
cultad para conciliar la enorme velocidad que por fuerza tiene que atri- 
buir a la materia de las protuberaucias, con la respectiva inmovilidad de 
las que se ban observado el ano de 1851, y el cambio de altura que ban 
presentado. Desaparecen estas dificultades asemejando las manchas a nu- 
bes flotantes en una atmosfera solar dotada de movlmiento de rotacion 
poco veloz. 

Debo notar ademas, que la existencia de esta tercera atm6sfera esta 
justiflcada por fen6menos de otra clase, por las intensidades comparativas 
del borde y el centro del Sol, y hasla cierto punto tambicn por la luz zo- 
diacal, tan visible en nuestros climas al tiempo de los equinoccios. Pero 
asi mirada la cuestion, exijc detalles en que napuedo entrar ahora. 



fiK' el iiltinu) filosufo do la secla jonica. Decia del Sol: Es 
una cslrclla, solo mayor que lodas las dcmas. La conjelura, 
piles no merece olro nombre lo que no estriba en medicion ni 
espofioncia alfiuna, era i)or cierto atrovida y belllsinia. Ven- 
gamos dos mil anos aca, y hallarcMnos sentadas las conexiones 
del Sol con las estrellas, por los Irabajos de los modernos, en 
bases fuera de cualquicr critica. 

Siglo y medio hace que Irataban los astronomos de deter- 
minar la dislancia de las estrellas a la tierra; los repelidos 
desengafios parecian probar que era insoluble el problema. 
Pero ;,de cuales obslaculos no consigue triunfar el ingenio jun- 
to con la perse verancia? Conocemos desde pocos anos ha la 
distancia que nos separa de las estrellas mas proximas. Viene 
a ser de 206.000 veces la del Sol a la tierra, mas de 206.000 
voces 38 millones de loguas. El producto de 206.000 por 38 
millonos da un numero sobrado mayor que los acoslumbrados 
a considerar, y asi escusamos enunciarlo. 

Mas impreso quedara refiriendolo a la velocidad do la luz. 
La eslrella Alfa de la conslolacion del Centauro es la mas 
cercana a la tierra, si permitido fuera decir cercania Iratando- 
se de distancias como las que voy a manifestar. 

La luz de Alfa del Centauro tarda mas de tres anos en lie- 
gar a nosotros, de suerle que si se estinguiera la ostrella, la 
veriamos todavia Ires anos despucs de estinguida. Recuerdese 
que la luz corre 77.000 leguas (308.000 quilometros) por se- 
gundo, que el dia consta de 86.400 sogundos, el ano de 365 
dias, y se quedara uno pasmado de lo inmenso de tales niime- 
ros. Con estos datos ya, Iraslademos el Sol a la distancia de 
dicha estrella, la mas proxima de todas, y ese disco circular 
tan vaslo, que va saliendo poco a poro y elevandose mages- 
tuosamente por la manana sobre el horizonte , que tarda bas- 
lanle tiompo por la tarde en ponerse debajo del mismo piano, 
lendra solo dimensiones imperceplibles, aun mirado con an- 
leojos de sumo alcance, y por su brillo ligurara entre las es- 
trellas de tercera magnitud. jVease en lo que ha vcnido a pa- 
rar la conjetura de Arquelao! 

Acasa nos sintamos humillados ante un resultado que a 
Ian poca cosa reduce nucslro pueslo en el nnindo material; pe- 



23 

ro no se oh ide que el hombre lo ha delerminado con su cabe- 
za sola, elevandose asi al piniio mas cminente en el nuindo de 
las ideas. Aptas y mucho son, pues, las invesligaciones aslro- 
nomicas para disculpar algo de vanidad por niiestra parte. 

jFuerame dado acompafiar a los astronomos modernos en 
sus inmorlales i)ereiirinaciones por la muUilud de soles que 
brillan en el firmamento! 

Les veriamos fijando, auxiliados por sus instrumentos, las 
posiciones respeclivas de estos astros, formando calalogos de 
cien mil de ellos. Plinio el viejo se asombraba de que hubiese 
intenlado Hiparco observar 1022, y comparaba este trabajo 
al de una divinidad. 

En obras modernas se ponen lislas enleras de las estrellas 
visibles a simple vista en el hemisferio boreal solo, y no lle- 
gan a 3.000. Resultado cierlo, y que no obstante chocara por 
lo diminuto a cuantos examinen el cielo las noches claras de 
invierno. 

Pasemos a las. estrellas telescopicas, y lo ([ue antes solo 
chocaba, ahora asombrarii. Hagamos que alcance el censo 
hasta las estrellas de 14.* magnilud, que son las ultimas que 
se divisan con nueslros mejores anleojos, y sin pasar de una 
valuacion de limite inferior, sacaremos mag de 40 millones 
( i 40 millones de soles ! ) , y a tal distaneia las mas lejanas, 
que tardaria la luz 3 a 4.000 anos en correrla. 

Sobradamente facultados estamos, pues, para decir que los 
rayos luminosos, esos veloces correos, nos traeii, si permitido 
fuera espresarse asi, la historia antiquisima de aquellos leja- 
nos mundos. 

La esperiencia fotometrica que indico primero Huygens en 
su Cosmotheoros, y que verifico luego Wollaston poco antes 
de morir, nos manifiesta que seria menester juntar 20.000 mi- 
llones de estrellas como Sirio, que es la mas brillante del fir- 
mamento, para que reunidas dieran a nuestro globe tanta luz 
como el Sol. , 

Guiados por el penetrante ingenio de Guillelmo Herschel, 
examinariamos las estrellas que casi se tocan, y aquel insig- 
ne astronomo nos probaria que estos astros, pareados en cier- 
lo niodo, no parecen proximos entrc si por electo de perspec- 



24 

liva solo, sino que depeiulen rociprocamenlc y circulan en 
(lorredor do sii comiin coiiiro do fiiavodad on liorapos de 
baslanto breve duracion, quo oslan dolerminados \a en cier- 
tos cases. 

Obsorvando (juo las eslrollas doblos tionon diversisimos 
coloros, i)onsariamos naluralnionlo on los habilanlos de los 
cuerpos planolarios, oscuros y sobro si propios giiatorios, que 
tan verosimil es circulcn on torno de aquellos soles, y nota- 
riamos con ansia de ver las ol)ras (h^ los pinloros do aquellos 
uuindos lojanos, que a un dia iluniinado por luz oncarnada 
siga quizas, no la noche, sino olro dia tan brillanle como el 
anterior c iluminado i)or luz verdo. 

La comparacion de las posiciones de las estrellas delermi- 
nadas on distintas epocas nos probaria que con la mayor im- 
pro|)iedad so las apollida fijos; (pie so muevon por el espacio 
en diversos sentidos, de modo que a la larga so cambiara en- 
teramenlo la forma do las acluales conslolacionos; (pie son 
desiguales sus velocidades absolutas; que la de una, hallada 
con toda certeza, es de 20 leguas por segundo; que el Sol, 
parecido en eslo a lodas las denias estrellas, no esta inmovil, 
y arrastra consigo la coniiliva de planetas que le rodea. 

No choca menos lo desigualmente que se ven reparlidas 
las estrellas en la esfera celeste, donde se cuentan mas de 
20.000 en un espacio snpeiTicial como la 10." parte de la su- 
perficie aparente de la Luna; donde no se percibe un solo 
punto luminoso, ni aun con los mejores anteojos, en otra su- 
perficie de igual estension. 

En seguida de baber echado una ojeada delenida a la ma- 
teria luminosa diseminada por ospacios ininensos, y que aglo- 
merandose sin cesar siglos y siglos parece deber ocasionar es- 
trellas nuevas, disculiriamos los grandiosos pensamientos de 
Wrigbl, Kant, Lambert y Guillelmo Ilerschcl sobre la cons- 
titucion y dimensiones de la Via Laclea. Y dando algunos pa- 
sos mas en la aslronomia conjelural , esto es , en el ramo de 
la ciencia ([ue linicamenle se lunda en respetables probabili- 
dades y en goneralizaciones nalurales, columbrariamos fe- 
nomenos de indole tal , con numeros tan enormes midiendolos, 
(jue aun las cabezas mas tirmes se desvaneceriau. 



25 

Pero dejemos eslas especulaciones, por dignas de admira- 
cion que sean, y entremos en la cuestion principal que nos 
propusimos tratar; veamos si cabe conexionar la naturaleza 
fisica de las estrellas con la de nuestro Sol. 

Mediante el anteojo polariscopo hemos conseguido deter- 
minar la naturaleza de la suslancia de que consta la fotosfera 
solar, porque en virtud del gran diametro aparente del astro 
ha sido posible observar aparte los diversos puntos del con- 
torno de este mismo. Si se alejara de nosotros el Sol tanto que 
fuera inapreciable su diametro aparente , cual lo es el de las 
estrellas, vendria a ser inaplicable el metodo. Estarian inti- 
mamente mezclados los rayos coloreados provenientes de los 
diversos puntos del contorno , y dicho queda que su reunion 
daria color bianco. 

Asi parece que habra de renunciarse a aplicar a astro s 
sin dimensiones sensibles el metodo que tan perfectamente nos 
ha llevado al cabo cuando se trataba del Sol; los hay no obs- 
tante que obedecen a los recursos de investigacion. Hablamos 
de las estrellas cambiantes. 

Los astronomos han notado estrellas de brillo muy varia- 
ble; pasan algunas en pocas boras de la 2." magnitud a la 4.', 
y otras mudan mucho mas de intensidad. Estas estrellas, muy 
visibles en ciertas epocas, desaparecen luego totalmente, y 
vuelven a presenlarse al cabo de periodos mas 6 menos lar- 
gos y sujetos a cortas irregularidades. 

Dos esplicaciones ocurren de estos curiosos fenomenos: 
consiste una en suponer que no sean igualmente luminosos to- 
dos los puntos de la superficie del astro, y que gire sobre si 
propio, en cuyo caso estara brillante cuando mire a la tierra 
su parte luminosa, y oculto cuando la oscura. La otra hipo- 
tesis seria suponer un satelite opaco y no luminoso por si pro- 
pio, que circulando en derredor de la estrella la eclipsara pe- 
riodicamente. 

Consecuencia de uno ii otro supuesto es no haber saiido 
de todos los puntos del contorno del astro la luz que algun 
tiempo antes de la desaparicion 6 reaparicion nos ilumina, y 
asi no cabe neutralizarse completamente las tintas de que ha 
poco hablabamos. 



26 

Si examinada con el antcojo polariscopo una eslrclla cam- 
biante subsistc j)orreclamonle blanca en todas sus fases. se 
jmede asegurar que su luz emana do una sustancia parecida 
a nuestras nubes 6 a nuoslros gases inflamados. 

Asi resulta dc las pocas observaciones hasta el dia heclias, 
y que convendra complelar. El misnio medio invesligatorio, 
si bien exije mas esmero, prueba bien, aplicado a las estrellas 
que solo varian parcialmente de brillo. 

La cousecuencia que arrojan eslas observaciones, y que 
enliendo podemos generalizar sin escriipulo , se puede euun- 
ciar en los terminos siguientes. Nuestro Sol es una estrella , y 
su constitucioii fisica identica a la de los millones de soles que 
brillan en el firmamento. 

He procurado bos([uejar cuanto sabemos en el dia respec- 
to del voliinien, la distancia y la constitucion fisica del in- 
menso globo que nos alumbra. Aunque ceflido el bosquejo a 
reducidos terminos, bastara para desengafiar a las personas 
que creyeron ser cuestionables la importancia y certidumbre 
de los resullados oblenidos por los observadores modernos. 

Confesaran, si de buena fe estuvieren, ([ue no dejaran de 
ligurar los trabajos de los astronomos del siglo XIX en la his- 
toria de los progresos de nuestros conocimientos , progresos 
que seran sin duda indefinidos. 

En cuanto a los criticos que no esten inspirados por el 
amor a la verdad, no merecen ni un instante de atencion, y 
creo que estoy en el caso de despreciarles. 



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CIENCIAS FISIC4S. 

Informe dado a la Academia de Ciencias de Paris par una co- 
mision de su seno, compuesta dc MM. Thenard, Regnault y 
Biol, y rcdactado por este ultimo, sobre una Memoiua ok Mh. 
Pasteur, relativa a los acidos aspartico y malico. 

(Coinptcs rcndiis; 24 noviembre 1854,) 

Hl trabajo de que vamos a dar cueiita a la Academia es 
esencialmente un estudio de quimica molecular, como que en 
el se examina un caso de isomeria el mas estenso e intimo 
que se haya observado hasta aqui, y acompanado de particu- 
laridades constantes de genero enteramente nuevo. El feno- 
meno de la isomeria es de suyo de aquellos que mejor pue- 
den iluslrarnos sobre el mecanismo de las reacciones quimi- 
cas, proporcionandonos investigar por comparacion las condi- 
ciones moleculares, en virtud de las cuales sean tan dislintas 
en sustancias compuestas de unos mismos ingredieules, y re- 
unidos en unas mismas proper clones de peso. Pero estas abs- 
tracciones, que resumen loda la ciencia, no se pueden inferir 
de los efectos observables, sino siguiendo una serie de consi- 
deraciones fisicas y mecanicas cuyo primer lermino empieza 
en sus apariencias mas sencillas, y el ultimo acaba en sus 
realidades mas ocultas. Vemonos, por tanto, precisados a ma- 
nifeslar los eslabones principales de esta cadena logica , a fin 
de patentizar los elementos nuevos que los lieclios osludiados 
por Mr. Pasteur anaden. Si pareciese al pronto que la rapida 



29 
csposirion siguiente nos alejaba del objeto que se nos ha en- 
comendado, disculpenos la confesioii de que en vano heraos 
buscado otro caraino para llegar a el sin molestar demasiado 
a la Academia, pero sin sacrificar la severidad de raciocinio 
y de lenguaje q«ie el asunto prescribe. 

Lo priraero para resolver las cuestiones cientificas, es plan- 
tearlas con toda claridad. Apliquemos este preceplo a la que 
vamps a tratar. En la idea que generalmente se tiene de los 
fenomenos quimicos, y precise es mirarlos especulativaraente 
para coordinarlos en una ciencia, se consideran las sustancias 
entre las cuales se verifican como otros tantos sistemas cor- 
pusculares de distintas naturalezas, cuyas moleculas consli- 
tuyentes son mas 6 menos complejas. Las hay que por ahora 
salen intactas de cuantas operaciones se les hace esperimen- 
lar, y son las Uamadas simples. Otras, y son las mas, se pue- 
den subdividir, mediante procedimientos quimicos, en grupos 
moleculares de ordenes menos complejos , que al fm vienen a 
resolverse en moleculas pertenecientes a las sustancias sim- 
ples; y tales moleculas, quimicamente descomponibles, cons- 
fituyen las sustancias Uamadas compiiesfas. 

En todos estos sistemas son individualniente impercepti- 
bles a nuestros sentidos los corpiisculos constituyentes, por 
causa de su pequenez. No obstante su tenuidad, se les atribu- 
yen todas las cualidades de la materia tangible, figurandose- 
los por tanto estensos, de forma determinada, y compuestos a 
su vez de partes fisicamente congregadas en numero cual- 
quiera. Son en suma para nuestro pensamiento unos cuerpe- 
cillos distintos, dotados como los planetas mas abultados de 
fiierza atractiva proporcional a las masas, y reciproca con el 
cuadi-ado de las distancias, que en ellos se manifiesta en su 
peso cuando se congregan muchisimos ; acaso actuantes entre 
si a distancia, en virtud de fuerzas mas rapidamente decre- 
cientes, que ejercitarian juntamenle con la anterior, y que de- 
bemos distinguir por su aparente manera de actuar, aunque 
pudieran no ser en realidad sino derivadas complejas de la 
misma ley general. Definidos asi los corpusculos, conservan 
todas las citadas cualidades individuates en las masas sensi- 
bles formadas de su congregacion. Pero segun las nociones 



30 

quo la fisica general da sobrc las coiuiicionos de oxislencia de 
estos agregados , se los concibc manleniendoso sicmpre en 
cllos, no on conlacto mutiio, sea j)or causa do fucrzas repul- 
sivas que de olios onianen, sea por inlor|)oneise intermcdios 
sensiblemente imponderables que los imj)idan juntarse, resis- 
tieudoles 6 rechazandoles. 

Estas condiciones de estado son comunes a todas las sus- 
tancias de que trata la quimica, como que son la ospresion 
mecanica de su actual modo de existencia, tal cual so nos 
presenta. Pero el organismo de los seres vivos origina mu- 
chos compueslos cuyas partes, quimicamente similares, guar- 
dan enlrc si correlacion intiraa y como razonada, que pro- 
viene de su modo de gonoracion fisiologica ; llamaseles sus- 
tancias orgnnizadas. Los corpusculos quimicos que las com- 
pcnen, considerados aparte de cualquiera coordinacion res- 
pectiva, se llaman materias orgmicas, aludiendo a su origen 
natural; pero sin atribuir a sus elementos simples olras pro- 
piedades mas que las que manifiestan en la generalidad de las 
combinaciones en que entran. La delicadeza de los aparalos 
que confeccionan eslos invisibles corpusculos, ;,pudiera darles 
en ciertos cases un caracter de organizacion interior? Lo ig- 
noramos. Hasta hoy, solo en tal clase de sustancias, elabora- 
das por el organismo vivo, esla comprobada la facultad rota- 
toria molecular. 

Sin conocer la naturaleza de las fuerzas particulares que 
emanon de los corpusculos desunidos de quo cada sustan- 
cia consta, la esporioncia nos dice que las que principalmonto 
determinan los efeclos quimicos producen efectos cuya inton- 
sidad mengua rapidisimamente al paso do crecer la distancia. 
Porque todas las variedades de efeclos tales, suceden entre li- 
miles de distancia para nosotros inapreciables. Consisten en 
que las sustancias cuyas moleculas so entremezclan y se 
acercan respectivamente dentro de dichos limites, se reunen 
6 separan al acaso en sistemas corpuscularos distintos de los 
primitives, constituyendo estos actos mecanicos lo que se lla- 
ma combinaciones y descomposicionos quimicas. Dos nebulo- 
sas celestes que mutuamente se penetrasen, darian imperfecta 
idea do ello. 



31 

No obstante la complicacion escesiva de las reacciones, 
habremos de distinguir en ellas dos ordenes de fenomenos, que 
difieren en las condiciones mecanicas de verificarse. Sucede- 
ran unos cuando las mutuas distancias de los corpiisculos que 
entre si actiian sean tan grandes respecto de las dimensiones 
de los mlsmos, que todos los elementos de masa de naturaleza 
semejante de cada corpusculo ejerzan acciones igualmente in- 
tensas, sea cual fuere la respectiva situacion de aquellos en lo 
interior. Comenzaran a suceder otros cuando las distancias 
mutuas de los corpiisculos hayan menguado lo bastante para 
que las situaciones respectivas de sus elementos de masa, pro- 
duzcan desigualdades sensibles en las intensidades absolutas 
de sus acciones individuales. Aquella clase de efectos depen- 
dera solo de la naturaleza propia y la masa total de los in- 
gredientes diversos que contengan los corpiisculos de cada 
sustancia, asi como de las propiedades especiales que podra 
haber dado la naturaleza a cada uno de ellos, mirados en glo- 
bo. Bependeran los de la otra clase, ademas del sitio que 
cada ingrediente ocupe , de su respectiva colocacion, y de la 
configuracion del corpusculo entero. 

Entrambos ordenes de efectos de las fuerzas atractivas se 
realizan con toda evidencia en los movimientos do los cuer- 
pos que componen nuesfro sistema planetario, y se pueden 
distinguir con facilidad. Los movimientos generales de circu- 
lacion que los planetas ejecutan en sus orbitas, y los ocasio- 
nales trastornos que esperimentan, se verifican sin diferencia 
apreciable, como si sus masas estuviesen individualmente 
concentradas en un punto matematico que coincidiese con sus 
centres de gravedad respectivos. He aqui, pues, el primer 
orden de fenomenos. Pero las respectivas situaciones de los 
elementos de masa que componen el cuerpo de cada planeta, 
lienen influencia sensible y determinante en las oscilaciones 
de los fluidos que los recubren , y en los diversos movimien- 
tos que cada uno esperimenta al rededor de su centre de gra- 
vedad , fuera de su constante rotacion sobre si propio. He 
aqui el segundo orden de fenomenos. Matematicamente mira- 
dos, ambos deben verificarse con caracteres analogos en cua- 
lesquier sistemas de cuerpos libres dotados de reciprocas ac- 



32 

cionos que se ejerzan a distancia. Pero los efeclos piieden te- 
nor imiy (lislintas proporciones de las que vemos en miestro 
sislema planetario. Tan repentinas y tan revueltas podran pre- 
sentarse sus fases de simuUanea verificaoion , que sabiendo la 
observacion que existen no acierte a discernirlas. 

Cabalmenle es lo que sucede en las reacciones quimicas; 
y se concibe que asi deba ser, cuando se coniparan las con- 
diciones mecanicas de ambos problemas. Todos los cuerpos 
permanentes de nuestro sislema planetario, tienen formas casi 
eslcricas. Los intervalos entre ellos subsislen grandisimos res- 
pect© de sus tanianos. A distancias tales, la atraccion propor- 
cional a las masas e inversa del cuadrado de las raismas dis- 
tancias, es la unica fuerza que tenga influencia apreciable en 
sus movimientos. Muevense en un espacio que apenas resiste, 
y alii se mantienen constanles sus masas , pues en los siglos 
que van de observarlas ninguna alteracion se ha notado. Son 
pocos, y pequenisimas sus masas comparadas con la del cuer- 
po principal en torno del cual circulan. Semejante reunion de 
circunstancias simplifica el problema celeste cuanto cabe. 

En los fenomenos quimicos por lo contrario, nada sabe- 
mos de las condiciones mecanicas de los movimientos ni de 
sus mismas fases. Ignoramos la forma y la constitucion intima 
de los corpusculos que entre si obran. No los percibimos, ni 
los intervalos que los separan; de suerte que no podemos co- 
nocer la relacion entre sus dimensiones y sus miituas distan- 
cias, ni en que proporciones varian estas. Desconocemos las 
fuerzas propias que cada corpiisculo ejerza entre estos invisi- 
bles limites de apartamiento. No podemos discernir otro ca- 
racter, sino ([iie decrecen con tanta rapidez cuando aumenta la 
distancia, que son ineficaces a cualquiera distancia para nos- 
otros sensible. No son tampoco las linicas que determinan los 
fenomenos, 6 por lo menos no es absoluta su influencia en 
ellos, porque a cada paso vemos modificados sus efectos por 
intervencion de principios imponderables que empleamos co- 
mo agentes, sin saber en que consisten ni como concurren a 
los resultados. Y por colmo de complicacion sucede que las 
acciones asi ejerciladas son hasla tal punto prepotenles , que 
las masas de los corpusculos esperimenlan en virtud de ellas 



33 

cambios conviilsivos que las resuelven on ^'ciipos menos com- 
plejos 6 las obligan a congregarse en olros nuevos. Seniejan 
ies eonvulsiones nos represenlan lo que sucedoria a los fliii- 
dos que recubren nuestro esferoide lerrestre, si los asfros ((ue 
los levantan y suellan se acercasen lo baslanle a su nuclco 
solido para suslraerlos en Jodo 6 en parte a la prepondcian- 
cia de la aecion del mismo. 

A pesar de la piivacioii de dalos inmedialos para atacar 
un problema tan complejo, no se ha quedado estancada la 
quimica raoderna en mera ciencia de heclios; y aqui cifra su 
gloria. Al jiaso que sus operaciones le descubrian mayor nii- 
mero de estos , vi(') de conexionarios con arreglo a sus rela- 
eiones mas aparentes. Este trabajo de coordinacion dio de si 
leyes esperimentales, que dentro de la esfcra de aplicacion de 
cada una hacen prever inlaliblemente casi todos los resul- 
tados analogos que debeii verificarse, si no hasta delallarlos, 
cuando menos en las circunstancias generales de suceder. De 
aqui ha sacado conclusiones que en muehos casos manifieslan 
con suma verosimilitud cual modo de descomposicion, de re- 
composicion 6 de mutuo desalojamiento ha debido mecanica- 
mente ocurrir en las suslancias presentes, y cuales sislemas 
de grupos corpusculares se ban desunido 6 formado en suma 
al actuar estas entre si. Refiriendo entonces con el pensa- 
miento las acciones de estos grupos a los corpusculos invisi- 
bles que los componen , ha |)odido caracterizarlos con motivo 
y sin hipotesis individualmente en cada sustancia, concur- 
riendo a ello sus propiedades observables, la naturaleza y la 
cuota respectiva de los ingredientes ponderables que los cons- 
tituyen. 

El progresivo camino por la quimica seguido para llegar 
a tales abstracciones, presenta dos secciones, dos ramales dis- 
tintos, diriamos mejor: el de la coordinacion y el de la es- 
peculacion. En el primero se funda la quimica en si propia 
solo, sin esteuder sus miras todavia mas alia de sus resulta- 
dos inmedialos. Mejora sus analisis, descubre la ley de las 
proporciones multiples, funda el calculo de los equivalentes. 
De este parte la generalizacion, porque definiendo los resul- 
tados de las aualisis, no ya por sus detalles numericos one 

TOMO III i 



TOMO III. 



u 

las (lojaban aisladas, sino por las rospcctivas masas de los iii- 
^rcdienles simples divorsos que consliluycn cada siislancia, 
ha patent izado una dc las princi])ales condiciones niecanicas 
de su cxisleueia individual, pudiendosela espresar con una 
notacion literal senciliisima. Y como naturalmente se reali- 
zaba en estas espresiones la ley de las proporciones multi- 
ples, se vieron represenladas con simbolos por la asociacion 
de dos caracleres todas las sustancias analizadas, especifi- 
cando uno la naluraleza peculiar de cada ingrediente, y de- 
siijnando el otro el multiplo resuUante de su unidad conven- 
cional (pie entra en cada sustancia considerada. 

Estos dos caracleres resumian todos los datos que puede 
proporcionar la analisis inmediata. Pero segun llevamos es- 
puesto el problema quimico, debia ser insuficiente su reunion 
para sentar una calificacion completa, Porquc no delinen las 
relaciones de masa que podran guardar entre si los corpiiscu- 
los constituyentes de las diversas sustancias; porque nada d,i- 
cen acerca de las peculiares configuraciones de los mismos 
corpiisculos, ni de la distribucion interior de los diversos in- 
gredientes que los componen. Y son otras tantas particulari- 
dades determinantes de las acciones por ellos ejercitadas. 
Hanse hallado tambien muchas sustancias que estando com- 
puestas de unos mismos ingredientes simples, unidos con unas 
raismas proporciones en peso, poseen sin embargo propieda- 
des fisicas y quimicas diversisimas: llamaselas isomeras. Se 
ha necesitado buscar por tanlo fuera de la analisis inmediata 
caracteres generales de identidad 6 de desemejanza que pu- 
dieran incluirse en la formula simbolica como complemento 
de calificacion, en este caso como en todos. 

Resuelvese este problema por una analogia naturalisima, 
cuando puestas las sustancias consideradas en circunstancias 
parecidas, forman con otras sustancias combinaciones simila- 
res, cuyos productos constantes y claramente definidos no di- 
fieran en cuanto a composicion sino en las respectivas canti- 
dades de las masas estrailas que se asociaron respectivamente 
a un mismo peso de las sustancias isomeras que se comparan. 
IVoporcionanse enlonces los equivalentes de peso, y de con- 
siguiente las masas de los corpiisculos a dicJias cantidades 



35 
respectivas, lo ciial da el factor comun por que hayan de 
multiplicarse sus formulas simbolicas para sujetarlas a la pro- 
porcion (1). Asi se caracterizan, v. gr., con un factor dislinto 
las cuatro combinaciones isomeras del ciaiiogeno con el oxi- 
geno, llamadas dcido cidnico, dcido ciamrico, ciamMida, sus- 
tancia indiferente, y dcido fidminico. Aplicada de este modo 
la distinla notacion a estos cuatro cuerpos, es sin duda incon- 
trovertible cuando se la emplea como simbolo de los.hechos 
observados. Pero su interpretacion fisica lleva consigo una 
induccion que no pasa de verosimil; y es que en las esperien- 
cias, la desigual composicion de los productos probados debe 
unicamente atribuirse y proporcionarse a las respectivas ma- 
sas de los corpusculos isomeros cuyos ingredientes eslan alii 
combinados. Asi es que en tales casos se vale la quirnica de 
cualesquier analogias, capaces de confirmar la proporciona- 
lidad que admite. 

• El estudio de las sustancias organicas, tan generalizado 
en nueslros dias , presenta muchisimos hechos de isomeria 
mas dificiles de definir ni aun simbolicamente que el citado. 
porque las reacciones que en ellos suceden por lo comun des- 
naturalizan la sustancia que se quiere probar, y por tanto la 
caracterizan solo indirectamente por los productos que de su 
descomposicion resultan , y cuando no existe ya , digamoslo 
asi, lo cual propende a borrar los caracteres primitives de 
disparidad que resolverian las isomerias. A fin de salir la 
quimica de estas ambigiiedades, ha buscado, ha hallado en las 
ciencias que la jtocaban pruebas auxiliares que al aplicarlas 
no destruyen nada. Tomo de la fisica la ley de los voliime- 



(1) En dos sustancias de dislinta composicion, las masas de los cor- 
pusculos quimicos son entre si como los numeros que espresan los equi 
valentes de peso, respeclivamente multiplicados por dos factores enteros 
de valores desconocidos. Cuando las sustancias comparadas son isome- 
ras, dichos factores son iguales 6 multiplos simples de un mismo nume- 
ro, y las masas de los corpusculos son proporcionales a los equivalentes 
adoptados. 



3f. 
ncs; on soguida la valiiacion do la donsidad do los vapores de 
los cuorpos, lanio \ aporizablos conio no. y la niodida de los 
calores cspocilicos, quo lo han dado ordonos nuovos do equi- 
valentos quo juutar a los (\o peso, para caraclerizar las di- 
versas suslancias. La crislalografia le ha otrooido las condi- 
cionos dol isoniorlisnio ; y soguramonio os oosa Ian singular 
conio inslrucliva ol vor que una ciencia quo Ian solo Irala de 
forinas, haya podido prestar servicios a la que esclusivamente 
so ocupa on fonomonos nioloculares. Poro la soparacion que 
por convonioucia jjiopia hacomos do ostos esiudios no pasa 
de ser arlifuial , puoslo que on roalidad estan inliraamento 
conexionados. La palabi-a isomoifsmo, lal cual la aplican los 
(juimicos, ospresa tros propiodados analogas quo no siompro. 
|)oro con frocuoncia, presonlan las suslancias que tienon for- 
mulas quiniicas semejantos: oslo es, aquellas cuya unica dis 
line ion consislo en la naluraleza de los ingredientes sinq)les 
coraplojos (]uo designan sus simbolos litoralos. Muchas de 
eslas suslancias de formulas semejantes, cuando cristalizan 
aisladanienle so congregan por su propia accion en solidos 
goomclricos do formas idonlicas 6 poco dislinlas. Tambien 
crislalizan conjuntaniente por sus acciones reunidas, cuando 
se las ha disuelto juntas segun cualesquier proporciones ; y 
enlonces , si se conduce bien la operacion , los cristales que 
(Ian lienen estruclura continua , composicion horaogenea en 
loda la masa, y ofrecen ademas formas parecidas entre si y 
a las anleriores , esceplo algunas corlas dosigualdades on los 
angulos, como si los corpusculos de diversa naluraleza que 
consliluyon tales mezclas, al congregarse en identicos grupos 
crislalinos y de heterogenea composicion, se viesen obligados 
por sus miituas reacciones a tomar posiciones poco dislinlas 
siempre de las que hubioran tenido en sus grupos aislados. 
Facilmenlo se concibe que unas analogias Ian proximamenle 
dependienles de las fuerzas moleculares, hayan podido ser uti- 
les a la quimica. Dosdc luego la han proporcionado manera 
de esplicar y referir a la gran ley de las combinacionos de- 
finidas por mulliplos siraplos una porcion do productos natu- 
rales 6 arlificialos, cuya composicion complicada e inconslanle 
parecia constiluirlos en oscepcion grave a la ley. Debiendo 



37 
ademas acercarso o alcjarse eiilre si los cuer|)i)s conipiieslos 
conforme al raismo principio, y segiin se nianileslasen iso- 
morfos 6 no, se han sacado de aqui poderosas indiicciones 
para dislingiiir por comparacion los que deban referirse a iin 
mismo 6 a diferentes ordcnes de combinaciones aloiuicas, lo 
ciial ha dado a la teoria imevos puiitos de apoyo y luievas 
condiciones de eoordinacion. En fin, como siempre sucede en 
las alianzas de las ciencias, el principio del isomoifismo no 
ha aprovechado solo a la quiraica; lanibien la mineralogia Ic 
ha debido nuevas luces, como que ha podido concebir y deli- 
nir en formulas precisas los lipos abstractos de muchas espe- 
cies minerales que casi nunca las presenta puras la natura- 
leza, porque regularmenle estan mezcladas con suslancias 
isomorfas de sus elementos principales, las cuales han podido, 
y en general debido, estar presentes con ellos en proporcio- 
nes mas 6 menos al)undantes al formarse la combinacion. Los 
geometras lienen idea clara del circulo, aunque nunca se lo 
haya preseutado perfeclo la naturaleza ni el arte. 

Segun vaya avanzando la qoimica en el estudio inlimo de 
los cuerpos, y en el consiste su porvenir, no podra menos de 
ganar con el contacto de las ciencias que los esploran bajo 
punlos de vista y con procedimientos distintos de los suyos. 
Especialmente dos, la cristalografia y la optica, parecen ha- 
ber de servirle de auxiliares, no solo utiles, sino indispensa- 
bles para probar y justificar las teorias que sus investigacio- 
nes le sugieran. Verdad es que la primera no le dara carac- 
teres que sean inmediatamente aplicables a los corpusculos 
entre los cuales se verifican las reacciones quiraicas, Los pe- 
quefios solidos similarcs cuya congregacion compone cada 
cristal de dimension sensible, son verosimilisimamente agre- 
gados de muchos de los mismos cor])usculos, en virtud de sus 
reciprocas atracciones agrupados conlorme a cierto modo de 
colocacion en las circunstancias fisicas que tenian. La forma 
cristalina que se observa en las masas debe ser, pues, resul- 
tado complejo de las mismas alracciones, combinadas con las 
circunstancias que las modilican. Yariando de consiguientc 
estas circuustancias, y siguiendo con atencion las partirulari- 
(lades qiu> ocurran en el conjunlo y los detalles de la forma 



38 
bajo sus (liversas influencias. dcboran hallarsi; indicios que 
iiuarden conexion mas 6 menos proxiiua con las faerzas alrac- 
livas ejercitadas por los corpusculos quimicos cuyo agregado 
constiluye el ombrion crislaliiio. Eslos esludios podran facili- 
tarse y asegurarse racilnienle por la obsorvacion de la facul- 
tad rotatoria molecular, que en los muchisimos casos de su- 
ceder, nos descubre propiedades espcciticas inherentes a los 
corpusculos quimicos mismos; no a consecuencia de pruebas 
(pie bubieran podido moditicarlos. sino inspeccionando tan solo 
los efeclos sensibles que producen en la luz polarizada, en el 
estado de observarlos. Semejante facullad es en el dia el iini- 
co caracter observable, ademas de la pesantez, que se les 
pueda aplicar individualmente. Se ve, pues, poderoso ali- 
ciente a estudiar de preferencla las combinaciones en que 
pueda servir de guia. Y al propio liempo son las mas varia- 
das y las mas embarazosas de interpretar con seguridad por 
las unicas indicaciones (piimicas, a causa de su movilidad, 
junto con la pequenez, por lo coraun indecisa , de sus reac- 
ciones. 

La serie de trabajos tan nuevos como iecundos que hace 
cuatro afios prosigue Mr. Pasteur con exito digno de su per- 
severancia, contirma todas las consideraciones que van es- 
puestas. Los ba verificado concurriendo a ellos la cristalogra- 
fia, la quimica y la optica molecular; y de este concurso 
pende solo el exito, y es condicion precisa de lograrlo. Supri- 
mase con efecto uno de los tres aliados, sea cual fuere: los 
otros dos, aparte 6 juntos, no bubieran podido dar al talento 
mas despejado sino resuUados aislados, desunidos, cuya co- 
nexion, su merito principal, se ignoraria lodavia, y que solo 
tendrian en particular valor de un hecho de detalle, afiadido 
a lanlos otros. Pero gracias a la dicbosa union de todas las 
j)ruebas esperimenlales que Servian para esplorar el campo 
de investigacion en que se habia metido Mr, Pasteur, se le 
manifesto al descubierto ei coujunto de los fenoraenos que es- 
tudiaba. No solo el acido racemico, supuesto ser simple an- 
tes, se \i6 materialmente separado en otros dos molecular- 
menle distintos , dotados de facultades rotatorias iguales y 
c.ontrarias, sino (pie los caracteres cristalogralicos que distin- 



3!) 
giieii a eslos componentes del sistema neutio que su coiiibi- 
nacion Corma, se han biiscado , seguido y comprobado en los 
mismos cuerpos y en lodas sus sales crislalizables. Se han 
ballado estos mismos caracleres en otros muclios i)roductos 
organicos, dotados 6 no de facultad rotatoria, viniendo a ser 
indicios, no generales aun, pero muy comunes de diclios dos 
estados. Por primera vez se ha visto tambien manifestarse re- 
laciones observables entre las cualidades peculiares de las 
moleculas imperceptibles que componen los cuerpos, y la 
configuracion de las masas sensibles que resultan de su agre- 
gacion en cristales. 

El nuevo Irabajo de Mr. Pasteur esta ejeculado con igual 
suma de conocimientos y pruebas esperimentales que los pre- 
cedentes. Solo que ahora le dio materia y los primeros mate- 
riales del asunto una ocasion que no habia previsto. Parece- 
ria, pues, casual, si casualidad fuese ir tras un hecho que se 
presenta como resultado aislado en la ciencia, y cuya irapor- 
tancia divisa y cuyas consecuencias generales esplaya un en- 
iendimiento preparado para ello, conexionandolo con trabajos 
anteriores. Merecen citarse las circunstancias a que aludinios, 
porque plenamenle confirman la tesis que anunciamos al prin- 
cipio del presente informe. 

El ano pasado habia dirijido sus trabajos Mr. Pasteur a la 
iesparraguina, el acido aspartico y el acido malico. Estos dos 
acidos se derivan teorica y practicamente de la esparraguina, 
quiliindola 16 2 equivalentes de aiuouiaco; y por esto cabal- 
luente escojio estos tres cuerpos para asunto de estudio. La 
molecula de la esparraguina posee la facultad rotatoria. Que- 
ria saber si se conservaba esta facultad despues de la progre- 
siva sustraccion de los eleraentos del amoniaco, y siendo asi, 
que modificaciones esperimentaba. Le dijo la esperiencia que 
subsiste, y que solo cesa cuando se pasa del acido malico a 
los acidos piroxenados llamados maleico y paramaleico, diclio 
este tambien fnmurico, porque se le encuentra formado en la 
fumaria. Basta este breve resumen para nuestro fin. Mientras 
presentaba Mr. Pasteur su trabajo a la Academia, la anun- 
ciaba Mr. Dessaignes que ^habia logrado formar artificial- 
menle el acido asparlico, tralando el fumaralo acido de amo- 



40 
iiiaco por procediiiiionlos (|uc indicaba (1). Esia espocio puso 
a Mr. Pasteur en una allcrnaliva. cuya discusidu es|)erim(Mi(al 
(Icbia (lar do si algiin dosfubrimienlo importanle: o el acido 
aspiirlico dcrivado del t'uiuaralo poseia, conio el acido nalu- 
lal, la faciillad rotaloria, y en tal caso otVeceria el primer 
ejeniplo de un (•ner|)0 aciivo derivado ai'lilicialinonle de olro 
inaclivo; 6 ol acido asparlico artilicial era inaclivo, y en tal 
caso, no obstante la identidad de composicion (piiniica, dife- 
riria inoiecularmento del natural. Esto ultimo es lo que su- 
cede. Lo coraprobo inmcdialanienle Mr. Pasteur en cantida- 
des minimas del acido artificial que luvo la bondad Mr. Des- 
saignes de partir con el, luego de participarle aquel cuanto 
le interesaba, Advirtio tambien que algunos de los cristalitos 
tenian formas distintas que el acido natural. La concordancia 
de estos dos caracteres atestiguaba la especialidad del nuevo 
produclo , y el ingenioso quimico que lo liabia formado era 
mas acreedor al reconocimiento de la ciencia portandose con 
tanta generosidad, facilitandolo para esludiarlo bajo un punto 
de vista que no entraba en sus miras. Pero estos primeros 
apuntes no pasaban de indicar un asunto fecundo de investi- 
gaciones cora|)aralivas , (pie convenia proseguir por menor 
con industriosa paciencia. A ellas ha dedicado Mr. Pasteur 
un afio, y sus rosultados estan en la Memoria de que infor- 
mamos. Resumamoslos brevemente. 

Ha somelido los dos licidos asparticos, el activo y el in- 
aclivo, a lodas las pruebas fisicas y quimicas en que pudiera 
mauifestarse la identidad 6 desemejanza de su constitucion 
molecular. Considerandolos primero en si mismos en estado 
libre, ha determinado comparativamente su composicion ele- 
mental, sus formas cristalinas, su densidad, su solubilidad en 
imos mismos disolventes. Los ha combinado luego con bases 



(1) Mr. Dessaignes habia obtenido primero su acido aspartico arlifi- 
cial operaudo en el bimalato de ainoniaco. Asi lo anunci6 en una nota 
que se presenl6 a la Academia en .sesion del 18 do marzo de 1850. Pero 
-n nlra posterior, proseiitada el 1(» de seliend)re siguiente, anadi6 que 
liabia reprodiicido el misnio acido asparlico artificial , derivandolo del 
inaleato y del funiarato de amoniaco por los mismos proccdimientos. Esta 



41 

V acidos tie naturaloza parecida , y determinado la coinposi- 
cion de sus lesju'cliNas sales, hallaiulola conslanlemenlc iden- 
lica, por pares, con parliculaiidades de formas desemejantes 
(|ue esmeradamente ha fijado. Los ha estudiado en fin en sus 
derivados quimicos; y aplieandolos proeedimientos de modifi- 
cac'ion parecidos, ha sacado dos acidos malicos, uno dolado 
de facultad rotatoria molecular, y otro sin ella , como los 
cuerpos de que procedian. Somelio arabos productos a las 
misnias series de pruebas que sus generadores; esto es, deler- 
mino lo mismo sus caracteres cristalograficos, I'isicos y qui- 
micos, lanto en estado libre como combinados. De suerte que 
el inesperado problema que se le presento, lo ha estudiado 
eu todas sus partes, en todos los materiales que podia dar, y 
por todos los procedimientos de observacion como de espe- 
riencia que cabia aplicarles. 

Han resultado Ires ordenes de hechos generates, pertene- 
cientes a los tres puntos de vista de mirarlo. Son los siguien- 
tes, apuntando la clase de pruebas que los patentizaron , y las 
consecuencias que arrojan. 

1." Estudio opfico. La facultad rotatoria molecular que 
posee el acido asparlico natural, se comunica a todas sus sa- 
les, al acido malico que de el se deriva, y a todas las sales de 
este ultimo, Desaparece en los acidos piroxenados nlteriores. 

Es nula en el acido aspartico artificial , en todas las sales 
que se le hacen formar , en el acido malico que de el se es- 
trae, y en todas las sales de este ultimo. Tampoco la tienen 
los acidos piroxenados ulteriores que de el se derivan. 

Designaremos estas dos clases de cuerpos con los nombres 
de serie acliva y serie inactiva. La posesion 6 privacion de la 
facultad rotatoria molecular que los distingue atestigua que 
los terminos correspondientes de ambas series, sales 6 acidos, 
tienen diferentemente constituidas sus moleculas quimicas. 



segunda noUcia ctioc6 a Mr. Pasteur, porqiie las dos sales moncionadas, 
como generadoras, no poseen la facultad rotatoria. Ila comprobado re- 
petidas veces, que el segundo modo de derivacion indicado por Mr. Des- 
saignes es tan exacto como el primero, y da igual resultado. 



pueslo (|ue unas producen individualmenle efectos observa- 
bles on la liiz polaiizada (|iie olras no. 

2.° Estudio crislalofirafico. Disiieltos en unos misraos in- 
termedios los cuorpos correspondienles do la serio acliva y de 
la inacliva, y pucslos on circunstancias parecidas, dan gene- 
ralmcnle cristales de formas desemejantes, a voces poco dis- 
lintas, otras voces incorapatiblos. Los cases de incompalibili- 
dad so pudieran atribuir sin duda por suposicion a accidenles 
de diniorfismo. Pero su persislencia en producirso eniro cier- 
tos terminos correspondienles de ambas series, cuando todas 
las circunstancias son parecidas, junto con la constancia de 
las diferencias que esta misraa identidad de circunstancias 
promueve en los otros casos, baslan para demoslrar, fuera de 
cualquiera interpretacion, que las moleculas coniponentes de 
los cuerpos correspondientes que se comparan, deben eslar 
diferentemente constituidas en las dos series , lo cual es con- 
forme con la proposicion que la desemejanza de sus propie- 
dades opticas traia ya sentada. 

3.° Estudio quimico. La composicion elemental de los 
cuerpos correspondientes es identica en ambas series. Sus mo- 
leculas constan de unos mismos principles ponderables, uni- 
dos en unas mismas proporciones atomicas. Toda operacion 
que aplicada a uno de ellos lo funde, lo disuelve, lo descom- 
pone 6 lo determina a combinarse con otras sustancias, pro- 
duce en su correspondiente efectos semejantes, y da productos 
de identica composicion elemental. Pero suponiendo verificada 
la operacion comparativamente bajo condiciones y en cir- 
cunstancias parecidas, se advierten por lo general desemejan- 
zas en los detalles de su marcba y sus efectos. Son, v, gr., di- 
ferencias por lo comun leves, aunque constantes y apreciables 
en la fusibilidad, la solubilidad 6 el tiempo precise para que 
se veriQquen ciertas trasfermaciones , como si hubiera entre 
las moleculas de los cuerpos que se comparan cierta respec- 
liva aptitud mayor 6 menor a ponerse simultaneamente en tal 
6 cual cstado. Asi es que poniendo juntos en un aire hiimedo 
cristales de acido malice active y de acido malice inactivo, 
que son cemplelamente isomores, los inactivos absorven en 
dos 6 tres heras la corlisima canlidad de agua que pueden lo- 



43 

mar , y luego no cambia ya su peso. Los ciislales activos ab- 
sorveii al contrado el agua lenta y progresivamenle, liasla 
converlirse en un li([iiiclo viscoso. Igual genero tie deseme- 
janza, mas marcada aiin, presentan los clorhidralos de acido 
aspartico active e inactive. Los malatos de plomo activos e 
inactivos, cuando se precipitan de sus respectivas disolucio- 
nes, son amorfos, y al cabo de cierto tiempo crislalizan en 
agujas. Pero en circunstancias identicas , dicho tiempo no 
suele pasar de horas en el malato active , y ser de dias en el 
inactive. Todos los productes correspondientes de ambas se- 
ries se manifiestan desemejantes en lo que pudiera llamarse 
sus disposiciones individuales. En la practica habitual de las 
operaciones quimicas , apenas se atiende a disparidades de 
este orden, y con razon acaso se desprecian por lo comun, 
como que pueden depender de accidentes fisicos estrauos a la 
couslitucion molecular, 6 como sobrado minimas para haber 
de tomarlas por caracteres esenciales. Pero en las dos series 
de cuerpos activos e inactivos estudiados por Mr. Pasteur 
tienen otra importancia, porque vienen a ser signos sensibles 
y consecuencias naturales de la desemejanza que las pruebas 
opticas y cristalograficas traian manifiesta en la constitucion 
molecular de los cuerpos correspondientes en ambas series. 

Advierte Mr. Pasteur con razon, que se presenta ahora 
un ejemplo intimo de isomeria, y mas continuado y estenso 
que cuantos van observados en quimica , donde tanto abun- 
dan. La constante identidad de los efectos que unas mismas 
reacciones producen en los terminos correspondientes de las 
dos series de cuerpos, le induce a presumir que si se consi- 
guiera subir del acido aspartico active a la esparraguina ac- 
tiva, como se baja de esta a aquel, aplicado igual precedi- 
miento al acido aspartico inactive , daria una esparraguina 
inacliva, isomera tambien con la natural. Igual razon de ana- 
logia , correborada por otres ejemples conecidos , le parece 
dar margen a creer que muchas sustancias organicas , natu- 
ralmente dotadas de facultad rotatoria , pudierau tener asi- 
raismo sus isomeras inactivas, que debia tratar la quimica de 
formar. Como, por la inversa, un producte erganice obtenido 
artificialniente no se puede identificar con la sustancia natu- 



'\\ 

rill (|ii(' su comitosicioii y ;uiii siis rcaccioius icprcsciilaii . ix 
110 liabcrsc: coinpiobadd la idciilidad 6 por io iiicnos la o(|iii- 
valoncia dc las lormas ci'islalinas, \ sobrc lodo la cNislciicia 
do la lacullad rolaloria inolccular cuando la posco nalural- 
inenlo la suslancia (iiic so Irala dc rcproducir (1). 

CoiisidcrcMiios por iiii inomcnlo cslos mismos liechos dc 
isomcria hajo el piiiilo <l(> visia piiiamenlo (juimico, hacieiido 
abslraccion dc lodos los dalos (pic la crislalogral'ia y la optica 
pro|)orcionan para aclararlos. Siiponf,simos que sc hayan ob- 
(cnido a I acaso los dos acidos asjjarlicos, nialicos y sus sales, 
sin conoccrsc los caraclcrcs inolccularcs (pic los dislinpucn. 
Sc vcraii dos scries dc cuerpos cuyos pares corrcs|)ondicnlcs 
sc manilcstaran Idenlicos cntre si en composicion, reaccio- 
lies, cxprcsioiics aloinicas y produclos dc cllos dcrivados. y\si 
cs (pic scgun las rcfj;las y los liabilos piaclicos liasla ahora 
adoplados por los (piimicos , dcbcria decirse mas bicn (pic 
incvilablcniciil(> habrian dc conlundirsc cii una sola scrie dc 
('iicr|)os; y liic Io (|iic succ(li(') al princii)io, cuando so dcscu- 
brio el acido asparlico artificial ; ni podia ser otra cosa. Poro 
mirando mas dcsjiacio so advicrlcn diCeroncias, loves en ver- 
dad , pcro lijas y aprcciablcs, on la facilidad dc vcrilicarse 
las divcrsas Irasrorinaciones do los mismos cuerpos, en los 
liompos quo tardan on sucodor, en las temperaluras y las can- 
lidades de los mismos disolvontes que se necesitan para oca- 
sionarlas pariu-idas. Y castas particiilaridadcs, por Io comun 
despreciadas, eslan ahora cslrochamcntc ligadas con dosoino- 
janzas molecularc^s quo hubioran bastado para acusarlas. 1)1- 
ccnos osto por tanio, (pic por si misinas son mucho mas im- 
jjortanles dc Io quo liiibo ocasion do creer hasta aqui, y ({ue 
en general sc les debe mirar con mucha mas alencion (|uc la 



(1) l.a raciilUul rolaloria molecular os indiclo v(!heinciUe pcro no ab- 
solulo (l(^ ideiirulad, cuando cs nna iiiisma en scnlido, inUnisidad absolu- 
ta y niodo dc dispcrsarsc a igiialdad dc do.sis en disolventcs parecidos y 
tornados a i^nal teinpcralura. La falla dc una de cslas condiciones es 
prueba segura (U^ dcsciincjanza. Los accidentcs del diniorfisnio puedenha- 
cer dudar de la idcnliri(;acion de las formas crislalinas, y esle es el caso 
(Ic ainbigiicdad posiblc respccto de los cararleres erislalopraficos (pic 
heinos Iralado dc iiidicar en el infornic. 



4H 
acoslumbrada. Siicedo aqui en ([iilinica lo inisino que suce- 
(li6 en astronomia. En lienipo (l(! Toloineo se despreciaban di- 
lorencias <le observacion que no jiasasen de Ires 6 cualro mi- 
nulos, y se confundian sus resultados. Tycho hizo que los ins- 
Irunienlos las apreciasen, y distingnio desigualdades bien i\o- 
finidas. Bradley estrecho los limites liasia segundos de grado. 
y en estos segundos hallo dos de los lenomenos mas impor- 
tanles descubiertos en astronomia, la nutacion del eje terra- 
queo y la aberracion de la luz. Hoy, que la quimica ha lle- 
gado a conocer, a dirijir, a caracterizar comparalivamenle 
las resultanles de accion ejercitadas por las diversas susfan- 
cias, tomadas en masas sensibles, reconoce asimismo por ne- 
cesidad suya la mas imperiosa, la indagacion de las propie- 
dades especilicas de los corpusculos imperceptibles que las 
componen, abrigando esperanza de descubrimientos profundi- 
simos. Y no hay otro camino sino el trazado por las faculfa- 
des rotatorias para ver de hallar dates seguros, para reparlir 
las formulas simbolicas de los productos complejos entre los 
grupos parciales que realmente los constituyen , motivo hoy 
de tantas interpretaciones contradictorias. 

Indica Mr. Pasteur muchos detalles de observacion que 
solo ha |)odido columbrar, porque tenia cortisimas cantidades 
de las diversas sustancias en que operaba para comprobar 
sus distinciones fundamenlales. En cuanlo a esto es acabado 
su trabajo, puesto que patentiza con toda evidencia la dese- 
mejanza molecular de los productos isomeros que estudiaba. 
Pero bien sentado ya este hecho, le rogamos encarecidamente 
que estudie los detalles mismos de la cuestion, que en el es- 
lado de esta nos parecen de suma importancia. Con efecto, 
las dos series de cuerpos isomeros que ha obtenido presentan 
las particularidades de que los terminos correspondientes se 
forman por operaciones semejantes bajo condicioites fisicas 
parecidas, y ejei'cen reacciones cuyos resultados, a lo sumo 
variados, se pueden definir siempre con toda claridad. En tal 
similitud de formacion y de condiciones fisicas, no se ve olra 
razon de existir la desemejanza molecular que se comprueba 
entre los lerminos comparados, sino concibiendo que sucede 
en la masa de los corpusculos quiraicos, 6 en su configura- 



if) 

cion, 6 en la inteiior colocacion de los ingrodientes similaros 
que los conslitiiycn. Kl supueslo de la desigualdad de masas 
no tiene cabida por la prueba misma que la hace admisible 
entre los cualro productos isomeros del cianogono. Porque 
siempre salen iguales las capacidades de saturacion de los 
ferminos comparados, al paso que son desiguales en los cita- 
dos productos del cianogeno , entrelazandose con relaciones 
simples que se Irasladan a las masas de los corpusculos cons- 
tiluyenles. Reslan, pues, las otras dos causas de deseraejanza: 
diversidad de la configuracion y de la colocacion, solas 6 jun- 
tas. Y se presenta la ocasion de estudiar sus efectos , de po- 
der apreciarlas en infinitas combinaciones definidas todas, 
cristalizables casi todas ; y de no conseguirse distinguirlas 
bien, siempre se adverlirian los caracteres que consigo lle- 
ven, juntas 6 aparte. Ningun otro problema quimico presenta 
tantas esperanzas. 

Otro trabajo mas facil pudiera dar fruto. En el dia son 
poquisimos los acidos vegetales en que esfe deraostrada la 
existencia de la facultad rotatoria molecular, que son el dex- 
trotartrico y levotartrico, sus derivados tartrovinicos y tartro- 
metilicos, el canforico, el canforamico, el aspartico, el mali- 
co y el quinico. Es muy verosimil que la tengan otros, bus- 
candolos en jugos de plantas cojidas en diferentes epocas de 
crecer, y en zumos de frutas esprimidas en diversos tiempos 
de madurar. Poco importaban estos estudios cuando solo po- 
dian dar resultados sueltos que anadiesen una variedad mas a 
tal clase de movibles productos. Pero la existencia de la fa- 
cultad rotatoria en tales 6 cuales les daria otra importancia. 
Porque al estudiar las modificaciones de aquella en las sales, 
los eteres, los derivados quimicos y cualesquier combinacio- 
nes de estos, ganarian abundantes hechos nuevos la quimica. 
la cristalografia y la optica molecular, enriqueciendolas y 
dilatando sus ideas. Las ciencias esperimentales se mejoran 
apreciando mejor los resultados ya hallados , y descubriendo 
hechos nuevos que ensanchen el campo de las aplicaciones. 

Despues de haber llamado tanlo la atencion de la Acade- 
mia liacia la cuestion de isomeria, objeto capital de la Memo- 
ria de Mr. Pasteur, debemos resumir con mucha brevedad la 



47 

segunda parte, en la ciial en pocas paginas presenta conside- 
raciones coraparativas acerca de la conslilucion molecular de 
los acidos raalico y tartrico. Halla analogias muy verosimiles 
y hechos de observacion curiosisiraos, con razon menciona- 
dos. Ha comprobado que en los citados acidos inlluyen mucho 
la naturaleza y las proporciones de los disolventes en que se 
les observa; que lo mismo sucede al borico ; y todo con dife- 
rencias singulares en el modo y aun en el sentido de las dis- 
persiones. Mas para apreciar las consecuencias que estos re- 
sultados opticos pudieran sugerir 6 legitimar, seria menester 
esponer antes otras tocante a las particularidades de la ac- 
cion que el acido tartrico ejerce en la luz polarizada, y esto 
alargaria demasiado nuestro informe. Ademas de que las re- 
ducidas cantidades de acido malico de que ha podido dispo- 
ner Mr. Pasteur, no le ban permitido proseguir el estudio 6p- 
tico del mismo con todo el lleno de detalles que apetecia, e 
igual dificultad nos ha reducido a comprobar solo por la es- 
periencia los resultados generales que anuncia. Pero sabemos 
que Mr. Liebig ha tenido la bondad de proveerle de dicho 
acido en abundancia , proponiendose esludiarlo por completo 
con el celo que le distingue; y le dejaremos concluirlo sin an- 
ticiparnos a esponer lo que lleve ya descubierto. Ciuendonos, 
pues, a notar los procedimientos, la perspicacia y perseve- 
Tancia con que ha trabajado y estudiado Mr. Pasteur el im- 
previsto caso de isomeria que de antemano sospechaba, tene- 
mos a su Memoria por digna de aprobarse, y unanimemente 
proponemos a la Academia se inserte en la coleccion de las 
de sabios de fuera. 

La Academia lo acordo asi, y ademas, a propuesta de Mr. 
Arago, que el presente informe se imprimiese en las Memo- 
rias de aquella Corporacion. 



48 



METEOROl^OOIA. 



Varinciones termicas de la atmosfera desde 1729 a 1849 inchi- 
sivc; por Mr. Dove. 

(L'lnsliliit, 29 oclubre 4851.) 

Mr. Dove presento en 6 de marzo a la Acaderaia de Cien- 
cias de Berlin iin trabajo acerca de este piinto. como contimia- 
cion del que presento en 1846. Dice el autor que los liilos de 
la red termica ligan entre si en la tabla de temperaturas 900 
estaciones siUiadas en los conlinentes y las islas, pero que a 
pesar de esta multiplicidad de puntos de observacion, la re- 
gularidad de dicba red deja aiin mucho que desear. En algu- 
nos i)aises se ballan dicbos punlos muy proximos entre si. 
mienlras que en otros estan muy lejanos , siendo por esto im- 
posible unirlos por medio de un vinculo comun. En pocas pa- 
labras indica Mr. Dove las estaciones y paises en donde ban 
tomado las observaciones algun desenvolvimienfo en estos ul- 
timos tiempos, y aquellos en donde se carece aiin de obser- 
vaciones seguidas y fidedignas, y despues continua diciendo. 

Por muy numerosos e irregulares que parezcan los cam- 
bios atmosfericos, se ballan con todo encerrados entre ciertos 
limites que jamas traspasan, aun en los casos estremos. Osci- 
lan, pues, al rededor de un estado medio, que se puede consi- 
derar por tanto como invariable. Este estado medio no es sin 
embargo aparente, pues bay causas periodicas que se oponen 
a que se observe directamente. Estos primeros cambios pro- 
vocan, en un cuerpo tan movil cual es la atmosfera, un nu- 
mero tal de acciones secundarias, que al cabo de cierto liem- 
po no es ya el estado el mismo que al principio; pero no por- 
que sigan las diversas causas periodos variables. Cada causa 
actua, en sus acciones repetidas, sobre una atmosfera dis- 
linla; y es por lo tanto tan poco probable la necesidad de una 



49 

repelicion tie un eslatlo atmosferico identico y deterniinatio, 
que se ha abandonado sii biisca. Para llegar al conocimiento 
de los fenomenos atmoslericos, es pues necesario seguir una 
via doble: es por un lado preciso conocer los diversos estados 
atmosfericos durante varios anos, y por otro buscar las cau- 
sas periodicas que obran sobre dichos estados. Mr. Dove ha 
Iratado de seguir la priniera de dichas vias en su tabla de los 
cambios no periodicos de la tempei-atura, presentando la dis- 
Iribucion de dicha teraperatura nies por mes en el periodo de 
los 120 liltimos anos. El cuadro de esta distribucion a])raza. 
con el que hoy se preseuta a la Acaderaia relativo a los diez 
ultiraos, mas de 100 estaciones de observaciones simultaneas; 
perniite, pues, echar una ojeada mas comprensiva de lo que 
hubiera podido esperarse cuando hace doce anos se erapren- 
dio este trabajo. Para resolver el segundo problema, es decir, 
el conocimiento de las causas periodicas que actuau sobre la 
atmosfera, ha buscado el autor un punto de partida en los fe- 
nomenos fundamentales de la distribucion del calor, valien- 
dose de la construccion de isotermas mensuales, sin cuyo au- 
\ilio no es dable abordar fenomenos de semejante complica- 
cion. Hase observado que las desviaciones en direcciones 
opuestas, se liallan siempre simultaneamente las unas al lado 
de las olras; y do aqui ha podido deducirse que las condicio- 
nes de eslos cambios deben buscarse en la tierra misma, y no 
en causas cosmicas. El cambio de forma de las isotermas men- 
suales presenta en relieve con (anta evidencia la influencia 
de las causas debidas a los solidos y a los liquidos, que se ve 
servirse reciprocamente de llmite el campo de las acciones 
primarias y secundarias. Los trabajos anteriores del autor no 
ban sido, pues, mas que preparativospara investigaciones po- 
sibles hoy, puos que hasia ahora so habia carecido de docu- 
mentos adecuados para fijar la historia de la atmosfera, y ol 
conocimiento de sus priucipales moviles. Pero como estos mo- 
viles han dado lugar al osludio de dicha historia, esta hoy re- 
ducido ol problema a oscribir y lijar esta. 

Pareco que la marcha natural de las investigaciones debe 
consistir en roferir inmediatamente la forma observada de la 
distribucion periodica movil del calor en la superficie de la 
roMO III. ^ 



1)0 
liorra al esludio de lascorrientcs de aire que son su resulla- 
do, y por tanto de pasai' de las indicaciones del termometro a 
las del anemometro. Es, empcro, iin hecho viejo, pero desco- 
nocido con harla frecuencia, que no es posible emplear un 
Iratamiento direcio en cuanto a los fenomenos meteorologiros, 
y que en la apreciacion de los movimientos de la atmosfera, 
es el baromelro un guia mas seguro (|uc el anemometro. Asi 
es que las leyes del cambio de direccion del viento se de- 
muestran por el baromelro, y no por las revoluciones de la 
veleta, que contadas sin tomar en cuenta la amplilud del arco 
recorrido, nada significan, ningun valor tienen, y en general 
carecen de utilidad. Del mismo modo, no babria medio de 
medir con exactitud una corrienle de aire, a menos que se 
demuestre que la presion del aire en un punto determinado y 
en un raomento dado ha sido un niaximo , pueslo que en otro 
sitio, permaneciendo la misma la presion total de la atmos- 
fera, toraada en su conjunto, 6 a lo menos la de sus elemen- 
tos gaseosos permanentes, es preciso que haya habido en este 
caso una traslacion de la raasa atmosferica. Siendo asi que 
se nota que en verano el paso de la concavidad a la convexi- 
dad en las isotermas en el Asia hasta los mares glaciales, se 
halla acorapanada de una disminucion notable en la presion 
de la atmosfera, se pregunta uno naturalmenle hacia donde se 
dirijira la corriente en esta traslacion. La respuesta mas sen- 
cilia parece ser que debe existir entre los dos hcmisferios un 
cambio tal de las masas de aire, que en la epoca del minimo 
en el hemisferio boreal debe presenlarse un maximo en el 
hemisferio austral, y reciprocamente; y que los monzones se 
deben precisamente a este cambio periodico. Efeclivamente, 
nos ban dado a conocer esto mismo las distintas estaciones del 
hemisferio austral; pero la pequenez de la oscilacion anual en 
este ultimo habia ya justificado la hipotesis de semejante cam- 
bio, cuando el terreno sobre el cual se presentaba el feno- 
meno bajo el mismo meridiano, habia llegado a ser de mas cs- 
tension en ol hemi.sferio austral que en el boreal. Por lo de- 
mas, lo contrario no acontece; y segun las escelentes obser- 
vaciones hechas en Hobarttown, que acaba de publicar Mr. 
Sabine, no hay rastro en dicha localidad de cambios periodi- 



SI 

COS anuales regulares , que en una latitud mas boreal pero 
vecina , en Pekin entre otros, llegan a su maximo , y suben 
hasta Taimyr, y son aiin muy notables en Yakutzk. Si en se- 
guitla se comparan Port- Jackson, Mauricio, el Cabo, Santa 
Helena y Rio-Janeiro, se ve clai-amente que el fenomeno se 
estiende con bastante uniforniidad sobre el hemisferio austral, 
mientras que por el contrario en el boreal , en la epoca del 
mayor cambio en Asia, corresponde un aumento de presion en 
Sitcha y sobre la costa Nor-Oeste de America; aumento que 
no se puede alribuir a la interposicion del vapor de agua, 
puesto que la curva de presion del aire seco presenta en la 
misma epoca su rama convexa. Los limites de eslas dos re- 
giones caen en el mar de Ochotsk , pues tiene Udski eviden- 
temente una curva asiatica, mientras que Peterpaulhafen pre- 
senta ya cierta semejanza a la America. De este modo se 
halla demostrada una corriente 6 escape lateral del aire que 
sube en Asia en las partes elevadas de la atmosfera y hacia 
la America. Pero si se considera que los limites del terreno 
de la desviacion en Europa descienden de Arcangel para pa- 
sar entre Moscou y San Petersburgo dirijiendose liacia la 
Moldavia, de modo que la Siria y el Egipto quedan del lado 
Asiatico, se vera que la compensacion del lado de la America 
no basta, y como que no puede verificarse por la parte del 
Sud, debe por necesidad realizarse por el Oeste. La circuns- 
tancia de que en Europa baja el barometro desde marzo hasta 
abril, y que se eleva en los meses de verano, hecho que no 
parece haber llamado la atencion hasta estos ultimos liem- 
pos, a pesar de su importancia, muy superior a la de la os- 
cilacion diaria. apenas sensible en nueslras latitudes, no pue- 
de esplicarse solo por una compensacion por medio de la 
cual, efecto de un aumento de elasticidad del vapor de agua 
contenido en la atmosfera, se aumenta la presion total mas 
que disminuye por el pequeno movimiento termico; pero es 
mas bien la consecuencia de la reaccion del estenso conti- 
nente asiatico sobre nuestra atmosfera, y sobre todo del es- 
cape lateral de la corriente de aire que se eleva en Asia 
durante el estio. Resulta i[ue en nuestras latitudes europeas, 
v en verano, deben existir una sobre otra dos corrientes di- 



rijidas on opiiosliis dirorcionos, oaininando la inferior de Oesle 
a Eslo y la snperior dc Eslo a Ocste. El ascrlo do (jue estos 
vienlos occidenlales que dominan en la parte baja de la af- 
mosfera forman un anillo corrado al rededor de la tierra en 
la zona lemplada. aun(|U(' so asofiui'a con ropolicion , es del 
lodo orronoo, y aun puedo dooirse que antifisico, puos ol aire 
solo se oscapa sogun nn punlo delorminado al cual se eleva 
y sobre el cual vuolve por la parte superior; y no existe 
causa ali!;una do nioviuiioiilo (pio puoda producir diclia circu- 
lacion continiia al rododor de la licrra. 

Al referir los fenomenos de las leyes dc los tornados a 
la lliclia dc dos vientos opuestos en el punto de observacion, 
y que emi)njan el uno contra ol olro, Mr. Dove hizo ya no- 
lar en 1828 en los Anales dc Mr. Poggendoff (13, p! rj93), 
que los vientos que correspondon a la direccion de las dos 
corrientes y se hallan directamente opuestos segun la rosa de 
los vientos. deben on cuanto a su numero ser maximos. En 
aquellos puntos en donde se prosonta el fcnomeno en toda su 
pureza , se ve constantemente disniinuir el numero de los 
valores numoricos del viento dosde sus dos maximos a sus 
dos minimos; en aquellos en que la distribucion del calor en 
la rosa de los vientos cambia notablemente durante ol periodo 
anual, diclios puntos cambian de posicion. En consecuoncia, 
pucs, micntras que en inviorno una corricnte polar activa 
(N. E.) lucha contra una corrienle ecuatorial (S. 0.), la pri- 
mcra liene en verano una direccion del N. 0. al S. E.; estas 
corrientes, que se comprimen reciprocamente on direcciones 
opuestas, se hallan, pues, cuando se oncuentran (sobre todo 
on Inglaterra y Francia) casi a angulo recto la una para con 
la otra; pero al hallarse el del N. 0. reemplazado por el del 
S. 0.. es cuando se dirije al N. E., y tiene cerca de si la cor- 
ricnte S. 0. del lado del Ocste como corricnte paj-alela diri- 
jida en sentido contrario. 

En el prolongado valle situado entre los Alleghanys y las 
Rocky-mountains desde Natchez a Cincinati, existe una peque- 
na variacion periodica del barometro, variacion que llega a 
su minimum en los meses de vera\jp como en Asia. Dificil es 
decidir si osta circunslancia reconoce por causa los vientos 



!J3 

ineridionales opueslos, los cuales del mismo modo que en Eu- 
lopa, soplan con mas trecuencia en verano (|ue en invierno, 6 
si habra que buscar la causa en un lenomcMio priniario. En el 
primer caso corresponde al medio del espacio de una lempera- 
lura demasiado elevada, comprendida en la normal termica 
de Julio, pues no se la encuentra ya mas sobre la costa de 
Filadellia. 

Las circunslancias meteorologicas del hemisferio auslrai 
difieren de un modo en estremo notal)le de las del hemisferio 
boreal. Asi que las lineas de igual calor en la primera no 
liacen generalmente, en el intervalo de un ano , mas que dis- 
rainuir su curvatura y elevarse sin cambiar su inflexion con- 
cava en convexa, mientras que este fenomeno en el hemisfe- 
rio boreal es muy marcado en ciertos puntos ; la oscilacion 
periodica y anual del barometro en el hemisferio meridional 
es muy notable en todos los liraites de las zonas torrida y 
templada, aunque en conjunlo de poca consideracion ; por el 
contrario, en la zona boreal falla casi del lodo esla oscilacion 
bajo cierlas longitudes, mientras que en olros puntos llega a 
una magnitud insolita y sube hasta la zona arlica. La perma- 
nencia de los limites ecuatoriales de los vientos aliseos del 
S. E., comparada con la movilidad de los monzones del N. E., 
la debilidad de los monzones N. 0. en el Oceano meridional 
indio, comparada con la vasta estension de los monzones S. 0, 
en Asia, la presencia dominante de lempestades violentas y 
tornados en las aguas tropicales del hemisferio boreal, tales 
como los huracanes de las Indias orientales y los tifones , son 
las fases de un mismo fenomeno cuya verdadera esplicacion 
se halla en las oscilaciones periodicas del barometro, y las 
causas proximas en los cambios de forma de las isotermas 
mensuales, debidas a la forma de los continentes. 

Esta gran complicacion de las relaciones atmosfericas del 
hemisferio boreal, aleja por tanto aim mucho la esperanza de 
presentar por fm una esplicacion satisfacloria; pero debe te- 
nerse presente, que una dificultad reconocida en un problema 
es ya un paso hacia la solucion. 

El aulor ha ostudiado en una Memoria anterior la Europa 
y las costas de los grandes' continentes, y luvo que examinar 



54 

ol Oriente y el Occideiite para abrazar sus rclaciones meteo- 
rologicas. Pero no se haa tijado aim lus principios con ^siifi- 
ciente solidez, y para interpretar las curvas anuales barome- 
fricas, es indispensable conocer las de la Nueva-Holanda y de 
la tierra de Yan-Diemen. 



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58 



Besiimen de las observaciones meteorologicas hechas en la Universidad 
de Santiago en 1851. 



Enero. . . 



Febrero. 



Marzo. 



Abril 



Mayo. 



Junio. 



Julio. 



Agosto. 



Setiembrc. . 



9 de ia inauana 

12 deid 

3 de la tarde. . 

6 de id 

9 de la nianana. 

12 deid 

3 de la tarde. 

6 de id 

9 de la niaiiana. 

12 de id 

3 de ia tarde. 

6 de id , 

9 de la maiiana 

12 deid 

3 de la tarde. . 

6 de id 

9 de la maiiana 

12 de id 

3 de la tarde. . 

6 de id 

9 de la maiiana 

12 de id 

3 de la tarde. . 

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9 de la maiiana, 

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3 de la tarde. . 

6 de id 

9 dela mafiana, 

12 deid 

3 de la tarde. . 

6 de id 

9 de la manana. 

12 deid 

3 de la tarde. . 
6 de id 



BAROMETRO. 



738,3 
737,9 

737,5 

737,6 

738 

737,9 

737,5 

737,9 

"40,5 

740,3 

739,5 

740,2 

733 

733,3 

733,1 

733,2 

739,6 

739 

739,4 

739,8 

741,2 

741,3 

741,5 

741,3 

740,4 

7 39,5 

740 

739,8 

741,5 

741,2 

741 

741 

7 39,3 

739,1 

7 38,6 

739,3 



748 

748,3 

748 

748,8 

749 

749 

743 

749,3 

748 

748, 

747,6 

747,3 

742,6 

742 

742 

742 

745 

"44,8 

744 

744,7 

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747,8 

747,6 

747,4 

745 

744,9 
'44,9 
744,9 
744,6 

744,2 
744,7 

744,1 

745 

743,8 

742,2 

742,5 



21 , 

14 
13 
21,6 
17 
17 
17 
20 
25,4 
26,4 
26,8 
24,7 
25,3 
25,6 
25 
25 
26,1 
25,4 
25,4 
26,3 
36,6 
735,5 
735,8 
736 
735 
735 
735 
735 
737,3 
737,4 
738,5 
737,8 
732,5 
732 
7 30,5 
730,5 



9,1 
11,1 

10,8 
10,3 

8 
12,3 
11,9 

8,6 
11 

13,5 
12,3 
10 
15,6 
17,5 
16,1 
13,4 
17,1 
19,5 
18,4 
14,6 
22 7 
25 
23 
20,9 
2 2,8 
25,1 
23 
20,3 
21,6 
28 
26,7 

24,4 
21,6 
25,8 
25,3 



12 

15 

13 

12 

12 

16,5 

16 

13 

15 

18 

17 

13 

11 

25 
21,5 

17 

24 

28 

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32,5 

33 

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12,5 
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Noviembre. . 



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TMnperatura media 




Presion mayor del ano. ... 749,8 

Presion menor de id 713 

Presion media de id 7 39,2 

Tempera tura media de id.. 16,7° 



Agua caida durante el ano, 1,5 7 2 
6 67 pulgadas espanolas y 8 lineas; 6 
5 pies, 7 pulgadas y 8 lineas. 

, Hubo de Uuvia en enero 19 

j febrero H 

marzo 22 

I abril 21 

mayo 8 

: junio 4 

Julio 3 

i agosto 1 

j setiembre. . . - 

j " octubre. ... 10 

I noviembre.. 21 

j diciembre... 10 

132 

; En 153 dias reinaron vientos del 

S. al 0. 

Santiago 18 rfe febrero de 1852. 



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VARIEUADES. 



El 17 ae niarzo ultimo fallecio en esta cone el Sr. D. Ventura de 
Mugarlegui, catedr^lico de Quiniica del Insiiluto industrial , e individuo 
de numero de la Real Academia de Ciencias de Madrid en su seccion 
de ciencias lisicas. Segun los Estatutos de la niisma corporacion, art. 41, 
en el resiimen del ano corresponde indicar las circunstancias y los me- 
ritos del academico cuya perdida lanienta la Academia ; por cuya razon 
se omiien en este lugar. 

— Mr. de Humboldt traslada a la Academia de Ciencias de Pan's, el es- 
traclo de una carta del Coronel M. Sabine, en la cual le manifiesta que 
el Capilan Mr. Denbam, que manda el Heraldo, ha encontrado el fondo 
del mar a los 13645 ',25615 en el Oceano atlantico austral, 56°49' la- 
tilud S. y ST'S^ longitud 0. de Greenwich. El descenso del plomo duro 
9 horas y 25 minulos. 

Resulta, pues, que si la lierra, como sucede en la luna , no tuviese 
agua, el Hintscbinginga en el Himalaya, elevado 8587", 45522 sobre 
el nivel del mar actual, tendria 22250'",7H55 sobre el punto hallado 
por el Gapitan Denbam. La mayor profundidad que encontro con la 
sonda sir James Ross fue de 8412"',04195. 

— La Academia Real de ciencias, letras y bellas artes de Relgica pro- 
pone para temas de los premios que ha de adjudicar en 1855 las cues- 
tiones siguientes (clase de ciencias). 

1.* Esponer de una manera melodica el estado de nuestros conoci- 
mientos en la integracion de ecuaciones de las derivadas parciales de 
los dos primeros ordenes, y deducir de un melodo general losdiferentes 
procedimientos empleados en los casos particulares. 

2.^ Hacer un examen profundo del estado de nuestros conocimien- 
tos acerca de la lluvia y causas princi pales que niodifican este fenome- 
no, teniendo en cuenta las observaciones recojidas en diferentes puntos 
del globo. 

3.' Determinar la constitucion de los alcalis organicos. 

4.* Se desea una memoria, acompanada de laminas, sobre el desar 
rollo de un animal que pertenezca a alguno de los tipos siguientes del 
reino animal, articulados, moluscos, gusanos, equinodern\os, polipos, me- 
dusas o infusorios. 

5.* Otra acerca de la coloracion de los vegetales. 
El premio para cada una de las cuestiones consistira en una medalla 
de oro de valor de 600 francos. Las memorias han de eslar escritas en 



G2 
litlin, fraiiccs 6 aleinati, \ dcben dirijirse francas de porte, antes del 20 
de seliembre dp 1855, a M.Qiieielel, secreiario perpeluo. 

La Academia exije la mayor cxacliiud en las cilas , por lo cual los 
autnres cuidaran de indicar las ediciones y paginas de las obras citadas. 
Solo sc adiiiiliran laininas mamiscritas. 

— La Sociedad Real de Lend res , en la sesion anual celebrada el 30 
de noviembre uliimo, ha adjudicado en la forma siguiente las medallas 
que distribuye lodos los anos. La inedalla de Copley, i M. de Humboldt; 
'asdos medallas reales, a M. Joule y M. Huxley; y la de Ruraford, i 
M. Slokes. 

— Acaba de fundarsc en Francia una sociedad meteorologica, que lie- 
ne por objclo fomentar las observaciones meleorologicas, ydara lasper- 
sooas celosas que quieran consagrar a esto su liempo, por una parte lo- 
dos los medios apelecibles de publicidad, y por olra, las instrucciones 
que puedan series necesarias, y los medios decomparar susaparatos con 
inslrumentos-lipos comprobados perfectamenle. De esie modo la socie- 
dad espera Uegar a ser el cenlro en el cual se reunan los trabajos y 
series de observaciones hechas en Francia, y tanibien los casos aislados 
relalivos a feniMiienos accidentales, de los que no suele las mas vcces 
hacerse descripcion, 6 bien esian diseminados en los periodicos de 
provincias, ofreciendose despues para reuuirlos y coordinarlos dificulta- 
des que son casi insuperables. 

Proponese pnes, la Sociedad publicar lodos los anos y distribuir gra- 
tuilamente a sus miembros un Anuario, que comprenda las actas de sus 
sesiones; las nolicias 6 memorias que se hayan leido 6 coniunicado, esta- 
dos de las principales observaciones meleorologicas veriBcadas en Fran- 
cia en un gran niimero de punlos durante el aiio anterior; y por ulti- 
mo, las instrucciones y lablas que parezcan utiles para los meleorolo- 
gislas. Su deseo es reunir en sus archivos memorias manuscritas y ob- 
servaciones meleorologicas ordenadas melodicamenle, que formen colec- 
ciones dislinlas relativas a los diferentes ordenes de fenomenos, para lo 
cual apela a las personas, que tanto en Francia como en el estrangero, 
se interesan por la meteorologia. Ciento sesenta personas, sabios, profe- 
sores, medicos, ingenieros, de los cuales pertenecen 15 a la Academia 
de Ciencias, le ban prestado ya su apoyo, y se ban inscripto en el nii- 
mero de sus miembros. La Sociedad alentada por esta marcha r^pida, 
ascendenie, que prueba que satisface una necesidad real sentida gene- 
ralmente, tiene esperanza en el porvenir, y en el celo cientifico de sus 
miembros y de sus corresponsales. Su residencia es en Paris, rue du 
Vieux-Colombier, num. 54. 

Los articulos del reglamento de la Sociedad relalivos a la eleccion 
de miembros, son los siguientes. Art. i° Para ser admitido en la Socic- 



dad, es ticcesario scr prpseulado en una de sus sesiwnes por dos niieni. 
bFOS que (irnieij la prcseiilacion, ser pioclamado por ol Presidenle en la 
sesioii inmediata, y haber recibido el diploma de Socio. Art. 69. Cada 
miembro paga: i." Los derechos de entrada. 2.° Una ciiota anual. Los 
derechos de entrada se fijan en 20 francos, y la cuola anual en la can- 
lidad invariable de 50 francos. Esla cuota puede a voluntad del Socio 
reemplazarse, pagando por una sola vez la suma dc 300 francos. 

— M. de Jussieu ba prcsenlado a la Academia de Ciencias de Paris, 
en nonibre del aulor M. Claudio Gay, la conlinuacion de su gran pu- 
blicacion titulada: Historia fislca tj poliiica de Chile , cuya obra liene ya 
17 tomos, y un alias de 271 laminasy cartas geograficas. Algunos volii- 
menes mas baslaran para concluiria, y entonces sera la mas complela 
que la cieucia poseera acerca de aquel estenso pais de la America del 
Sur. MM. Edwards, Brongniart y Boussingaiilt estan encargados de ente. 
rarse de la obra, e informar sobre ello a la Academia dc Ciencias de Pa- 
ris. M. Gay ha teuido por principal colaborador de su inmenso trabajo 
al Sr. Noriega, Oficial espanol relirado. 

— iSe altera la intensidad del magnetismo lerrestre durante los eclipses 
del sol? En mucbas comunicaciones dirigidas a la Academia de Pan's e! 
ano ultimo y en los dos anteriores, M. Lion, profesor de fisica en el 
colegio de Beaune, participo las observaciones que habia hecho durante 
el eclipse solar del 28 de julio de 1831, de las cuales resultaba a su pa- 
recer que el magnetismo lerrestre habia aumcntado en intensidad mien- 
tras duro dicho feiiomeno, pueslo que el niimero de oscilaciones de la 

aguja hoiizonlal en iin tienipo dado habia sido proximamente -^^ mayor 

35 

durante el eclipse que antes y despues de el. Igual resultado manifesto 
haber oblenido cuando el eclipse solar del 21 de enero de 18S2, invisi- 
ble en Europa; probando esto al pareccr que la variacion de intensidad 
se verificaba aun en los eclipses visibles solamente desde el cenlro de la 
tierra. M Arago, con objeto de comprobar el hecho anunciado por 
M. Lion, dispuso que en el Observatorio, durante el eclipse invisible 
del 17 de junio del852, se hiciesen observaciones, de las que obtuvo 
restiltados negativos que no habia publicado lodavia; pero habiendo sa- 
bido que cierlas personas miraban el senalado por Mr. Lion como con- 
forme a lodas las observaciones, ha creido que debia poner en conoci- 
mienlo de la Academia los datos numericos anotados por MM. Laugier, 
Mauvais, Goiijon y Charles Mathieu con motive del eclipse del 17 de 
Junio de 1852, cuyos niimeros, repelimos, manifieslan que la aguja hc- 
rizontal en Paris no ha indicado ningun cambio brusco y apreciable de 
intensidad, ni al principio ni al fin del eclipse, ni en toda su duracion: la 



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aguja (le inclinacion, observada muy ateniamente, tampoco ha manifes- 
tado perturbacion alguna irregular acci'lental. Las observaciones se ban 
becho el 16, 17 y 18 de junio. Para la aguja horizontal se ha marcado 
el tienipo de la duracion de 100 oscilaciones, y ha sido constantemente 
el de o"' 51^ y una fraccion' de segundo. Las diferencias que se ban 
notado en las 40 observaciones hechas en los tres dias no ban escedido 
el limile de esa fraccion de segundo, cuyas diferencias, que ban variado 
de una observacion i otra sin pasar nunca de 7 decimas de segundo , no 
ban tenido relacion alguna con el raomento del eclipse; el case anuncia- 
do por Mr. Lion no debe, pues, considerarse como general. Si en las ob- 
servaciones, en virtud de las cuales creia reconocerlo, no ha habido er- 
ror, unicamenie deberia sacarse por conclusion que bay eclipses en los 
que se advierle una variacion de intensidad magneiica, mientras que no 
se nota en otros. El 6 de junio proximo, el eclipse anular del sol, que 
sera invisible en Paris, presentara la ocasion de comprobar nuevamentc 
si esta conjetura es fundada. M. Arago ba anunciado que se haran ob- 
servaciones con esie objeto en el Observatorio: de desear es que se veri- 
ficase lo mismo en otras partes con igual fin. 

—Medida del delta del Tiber, por Mr. Rozet. En todos tiempos 
se ha considerado como becho importante el medir el aumento de los 
deltas de los rios. En efecto, por este medio se puede venir en cono- 
cimiento del periodo de degradacion de los continentes, y esta es la 
causa por que se ha creido poder emplearlo como un cronometro 
para determinar el principio de la actual epoca. Mr. Elie de Beaumont, 
examinando las diversas medidas conocidas, ba sentado la proposicion 
de "que la actual epoca, que es A un mismo tiempo la era de las dunas 
y los delias, no se remonta a otra muy distante de nuestro periodo." 

Concretandonos a no bablar mas que de los rios que desembocan en 
el Mediterraneo, recordaremos que Mr. de Prony ha averiguado que el 
delta del Po habia avanzado 70 metros por ano en los dos liltimos 
siglos. El delta del Rodano avanza al parecer 50 metros por ano segun 
unos, y 68 segun otros. Por ultimo, Mr. Rozet, que recientemenle ha 
raedido el delta del Tiber, hallo que avanzaba S^DOS por termino medio 
cada auo, cuyo niimero tiene bastante analogia con el que presenta el 
Nilo, cuyas bocas no avanzan mas que A metros por ano. Mr. Rozet ha 
observado en la misma localidad tambieu, que la marea del Mediterraneo 
varia de 0",25 a O-.SO. 



N.» 2. — REVISTA DE ClEmiAS. - Febrero de Um. 



CIENCIAS N4TUR4LES 



Sobre la distribucion geogrd/ica del oro, y sobre el descubri- 
7niento del mismo metal en Australia, por Ermann. 

(Bibliot. univ. de Geneve, noviemhre ^85^.) 

JCiL alitor ha publicado una carta de la distribucion geogra- 
fica del oro, cual era conocida en 1849. Mirandola se ve ser 
tan comunes los distritos auriferos, que no se debe tener por 
epoca en la ciencia el descubrimiento de un nuevo pais donde 
hay a oro. 

Es probable que ni aun en Europa esten suficientemente 
estudiadas todas las montanas respecto del oro. Pruebalo el 
ejempio de ciertos paises que fueron recorridos largo tiempo 
por mineros , sin que advirtiesen los tesoros que pisaban : de 
1748 a 1824 se venia esplotando en el Ural la mina de Bere- 
sof, rindiendo poco aunque eran mineros alemanes los que 
dirigianlos trabajos conmucha inteligencia, yhasta este ulti- 
mo ano no dio cuarenla veces mas por efecto de haberse des- 
cubierto oro alii cerca. Para esclarecer la idea de Ermann, 
conviene citar la siguiente frase de Landrin [Del oro, Paris, 
1851, pag. 1): El oro es uno de los metales mas comunes; 
apenas hay tierras ni arenas que no lo contengan: pocos rios 
dejan de arrastrar algunas particulas del mismo metal: hasta 
en cenizas de vegetales se halla. Las preocupaciones de la 
edad media impidieron , entre otras causas, descubrir oro. No 
hace mucho tiempo se creia que lo habia solo en. el ecuador. 
Patin decia (Landrin, pag. 40): ''La patria verdadera de este 

TOMO III. 5 



f)6 
»melal osla cnlro tropicos. La naluraloza ha piicslo a la liorra 
))un ceflidor dorado y onfjaslado de diamanlos y loda clasc de 
))pio(lras prcciosas." So olvidaban del oro (|uo, sacaron ih la 
zona lemplada los anlii,uios, y no vino abajo scmojanto |)roo- 
cupacion hasta que los productos anancados a la tiena m el 
Ural cnlrc los lii" y fifl" do lalilud, y los procodenlos do las Ucr- 
ras hcladas do la Siboria, rivalizaron con los do la Aniorica 
ocualorial. El oro abiinda hoy mas on rogionos dislantos del 
ocnador, consisliondoacasooh oslarhabiladas pornnapoblaclon 
mas compacla, inloli}j;onlo y ardorosa en buscar oslo precioso 
melal. 

Una vez rofulada a(|uclla proocupacion, ocurrio la idea de 
que las cadenas meridianas eran las auriferas. Combale Er- 
niann osta opinion domostrando cpio las paries auriferas de las 
conlilloras y del Ural forman angulosmuy abiertos con el me- 
ridiano; y al propio tiompo destruye la idea de estar acumu- 
lado el oro eh la pendienlo oriental de las cadenas. 

El oro tiene dos dases de yacimienlos, que eslan ligados 
con el caracterdel pais donde so halla. 

1.° So encuentra el oro en fdones fi;ruesos pero aislados, 6 
en zonas parecidasa (ilones de considerable profundidad, y aso- 
ciados con plala 6 con las diferentes combinaciones nalura- 
les de este metal. 

2." Se encuentra el oro desparramado en lodos sentidos en 
lasrocas siliceas en esjjacios considerables, no asociado con la 
plala sino con minorales de hierro , y especialmcnic con el mag- 
nclico. Parece ligado este yacimiento con las rocas dioriticas 
(grunstein) y talcosas, que igualmente son gangas del plalino. 
En estos yacimienlos se ve economizado poria nalurah'za misnia 
el sudor de los Irabajadores , porque las rocas dosmoronadas 
por ol liempo se csparcieron en forma do aluviones aui'iferos 
en grandes espacios. Los dislrilos donde se encuentra asi el oro, 
y de donde se saca lavandolo, superan mucho on productos 
a los olros. Justllica el autor estos asertos coiT ejemplos saca- 
dos de las minas de Mejico y de Bobemia, examina luego la 
California , y piensa que este pais esccdera a lodos en dar oro, 
si bien cree (pie acaso llegara dia do echarse de menos alii la 
agricultura y los demas ramos do industria, hoy desculdados 



r>7 

por el afan del oro, porqiic pudicM-a suscitar temiblc conciuron- 
cia el descubrimienlo de otros terreuos auriferos. 

Y no ha lardado en roalizarse el pronosfico do Ermann, 
habieiidose presentado unpais nuevoy poco conocido, con in- 
tentos de rivalizar con la California en cuanto a modincar las 
relaciones comercialos con el mundo antiguo. 

Se ha descubierlo on la Australia un disfrilo auriforo do 
iniportancia y oslonsion desconocida todavia , pero que paro- 
ce riquisimo. El 11 do junio ultimo Uogo a Sidney por valor 
de 20000 libras esterlinas en oro. y hay en Inglaterra una 
pepita de oro do cualro libras liallada alii. 

Se han hecho eslos doscubrimiontos en la union del Sum- 
merhill Creek con el Macquarrie , a 33 millasal 0. de Bathurst, 
y a unas 170 al 0. do Sidney , y mas recientomenio aim se ha 
hallado otra localidad aurifora junto al rio Hunter, a 100 mi- 
llas al N. de Bathurst. Nadie es capaz de apreciar la extension 
del terreno aurifero. 

No carocodo inferos la historia do eslo doscubrimionto. Pro- 
nbsticaba Ermann quo se Uogarian a hallar otros torronos auri- 
feros importantos . sin dosignar pais ningnno ; pero Murohison 
avanzo mas, puesto que en una memoria leida el aiio 1846 a 
la sociedad goologica do Cornwall y publicada en las Transac- 
cioncs, dice que la colouia inglosa mas lojana da mucho (pie es- 
perar en punto a oro. Rocuerda , que al dar cuenta el ano de 
1844 de la obra del Condo Strzolechi sobre la Nuova-Holanda, 
insistio en la somejanza del Ural con la gran cadona quo corre 
por la parte oriental de la Australia. Hara treinta anos que un 
pastor oscoces. llamado Macgrogor, hallo podacitos do oro cor- 
ca do Bathurst , pero on tan corta cantidad quo no dojaba do 
ser atrevimionto en Murchison el docir a la Sociedad de Corn- 
wall, quo un rainoro habil pndiera convertir aquol pais on otro 
Eldorado. Fundaba su opinion en las conexiones de las rocas 
del Ural con las do la Nuova-Holanda. Tambion Ermann alir- 
ma que el oro californiano osta disominado en rocas do felspa- 
to y en cantidad enteramonte parocidas a las que sostienen oro 
en el Ural. En fin . dcscubriondo llargravos el oro corca de 
Bathurst el 6 do mayo de 18ol , ha confirmado los ponsamion- 
tos teoricos de los eeolosos ilustrados. Volvia de California . v 



68 

h indujo a biiscar oro la ronexion de los lorrcnos do la Nucva-llo- 
landa con los de aqiiolla parte de la America. 

Asi. pues. Ermann indicalas conoxionos de lasrocasauri- 
feras del Ural con las de Calilornia, a inniensas dislancias en 
nuestro globo; Murchison columbra igual conexion del Ural 
con la Nneva-Ilolanda ; y recorriendo Hargraves ambos pai- 
ses, cierra el Irianiiulo lormado por el Ural, la California y 
la Nueva-Holanda, pone en plania las consideraciones leoricas 
de la iieologia. y deseubre tesoros cnya imporlancia no es dado 
a nadie apreciar. 



aROi^MOORilFIA ^EJETJLli. 



MODO T)E ACRECENTAMIENTO DE LAS RAICES. 



(Iiislit. uum. 945, 11 fehrero i852.) 

En la sesion del 17 de enero de 1852 de la sociedad filo- 
nialica de Paris, Ernesto German de Saint-Pierre leyo la si- 
guiente nota. 

Una de las cuestiones de fisiologia vejetal mas dignas de 
inleres, es sin disputa el modo de estrnctnra de los tallos y 
de las raices. Dos opiniones opuestas dividen todavia a los 
observadores con relacion a este asunto, Unos se creen aiito- 
rizados para admilir que las fibras lenosas se organizan de 
abajo arriba; otros (enlre cuyo niimero me cuento) se creen 
en el derecho de admitir que las fibras lenosas se organizan 
en cada yema, y descienden desde ella a lo largo del tallo ma- 
dre y de la raiz, donde auraentan su diametro. Ya be dado a 
conocer varias observaciones que confirman este modo de 
pensar. Estas observaciones tienen por objeto la naturaleza 
de las co/eo/7n"zrts , la estructura de los ovarios adiierentes, y la 
germinacion de ciertos monocotiledones y dicoliledones ano- 
malos. He demoslrado: 1." Que las colehorbizas son prolon- 
gaciones celulares de la base de las hojas cotiledonarias, y 



69 
que estas emanaciones celulaies constituyen a cierta epoca la 
corteza de la raiz, mientras que el lejido vascular de las mis- 
mas hojas se dirije hacia el centro del tallo y de la raiz, don- 
de coDsliluye manojos lenosos. 2." Que el tubo, considerado 
en los casos de insercion perigiua y epigina como el resulla- 
do de la soldadura de las piezas del caliz, es el de la recur- 
rencia de estas piezas, y que estos tubos constituyen los ejes 
huecos 6 partes de tallos deprimidos en dedal. 3.° Que du- 
rante el primer i)eriodo de su vejetacion, el chcerophi/lum bul- 
bosun, constituido primero por uu meritallo primitivo termi- 
nado por dos cotiledones , en vez de produeir una yema ter- 
minal entre los dos cotibdones, arroja una yema a nivel del 
punto que he designado cmi el nombre de cuello organico, es 
deeir, en la base del meritallo primitivo; esta yema desarro- 
llandose separa las recurrencias prolongadas de las dos hojas 
cot iledonarias , lo que demuestra que el meritallo primitivo 
6 tallo primordial se compone en los dicotiledones. al menos 
en gran parte, de recurrencias prolongadas unidas de las ho- 
jas. cotiledonarias. 

La observacion que en el dia constituye el objeto de mi 
comunicacion conlirma mis ideas anteriores , y precede a la 
proxima esposicion de otros muchos hechos que conduzcan a 
resullados analogos. Esta observacion tiene por objeto un caso 
notable observado en el claucus carota. 

Durante el invierno poco rigoroso de 1850 , note en mi 
jardin que una planta de la zanahoria comun {daucus carota), 
en vez de perecer despues de haber llorecido y fruclilicado 
en el otono anterior, broto (del cuello de la cepa conservada 
en parte) nuevas yemas, las cuales llegaron a ser tallos que 
recorrieron todas las fases de su vejetacion. Esta umbiliCera, 
normalmente anua, vejelo como una umbilifera vivaz , el hi- 
nojo por ejemplo. 

Me cerciore desde el origen que las nuevas yemas se ha- 
bian desarrollado en la axila de las hojas destruidas el a no 
anterior en la base todavia viva del tallo desecado. Siguiendo 
el desarrollo de estas yemas accidentales , note que partian 
de sus bases raices cilindricas, al principio libres de adheren- 
cia con la cepa, y que en seguida se conlundian con el nabo 



70 
6 raiz profundizanlo i)rimiUva. Con objofo do conservar in- 
taclo estc heclio interosanlo , para hacer faclibic ol ostudio 
anatomico, arranque la planta y la espuse a una maceracion 
prolongada en agua comun. Este procediratento me dio los re- 
sullados mas salisfactorios: la parle carnosa, compuesla de te- 
jido celular, sc desf ruv 6 , y quedo al descubierto el armazon 
vascular do la copa. 

La inspeccion de esta pieza demuestra que mnchas raices 
(jue nacen de la base de una yeraa descienden libreraente des- 
de ella , y que el armazon vascular de estas raices, despues 
de un trayecto independiente, va a cubrir de una nueva capa 
la raiz formada el ano anterior. Los manojos vasculares cons- 
tituyentes de estas raices adherentes inferiormente y libres 
superiormente. no habian podido nacer de abajo para ir a jun- 
tarse en la base de la yema en el espacio 6 vacio, y unirse 
por una operacion sin ejemplar. Por lo tanlo debe deducirse 
que los manojos vasculares, pueslo que no ban podido ascen- 
der a la vema, ban salido y descendido de ella. 



»■#-« 

• ANATOMIA DEL ESCORPION. 

(Comptearendus, num. 2, i3 enero i85i.) 

Mr. Leon Dufour leyo en la sesion de enero de 1851 de la 
Academia de ciencias de Paris, una Memoria referente a la 
anatomia del escorpion, de la cual estractamos lo mas intere- 
sante y nuevo. El escorpion sobre que de preferencia hizo 
sus trabajos, fue el occitanus. 

Aparato SENSiTivo. Cerebro.—E\ cerebro, mal visto y peor 
estudiado hasla el dia, es casi sesil en la parte anterior del 
ganglio toracico, al ({ue se une por dos pilares anchos y cor- 
tos, constituyendo el collar esofngico. Es pequeno en compa- 
racion al voliimen del animal, lo cual es ya un dalo para su 
poca inleligencia \ limitada induslria. Es rcdondeado , len- 



71 

ticular, bilobulado por delante, con el horde libre y enlero 
posleriormente; sii piilpa es blanda, iiiiida y homogenea, cu- 
bierla por una membrana Una, verdadera aracnoidea, que se 
estiende sobre el vase dorsal. Los ojos y ocelos son simples 6 
sencillos y lisos corao los de los aracnoideos y los estematos de 
los inseclos. Los escorpiones son miopes: no hay mas que un 
par de ojos grandcs, medios y muy aproximados. Los nervios 
opticos oculares nacen de las prolongaciones anteriores del ce- 
rohro. El gloho del ojo es esferoideo, y he descuhlerto un 
musculo piramidal, que sospecho su-va para dirigir volunta- 
riamente los ejes visuales, a pesar die la inmovilidad de la cor- 
nea teguraentaria: una membrana barnizada de negro, coroi- 
des, envuelve al ojo de un casquillo 6 cubierta hasla el circu- 
lo gris y calloso que precede al iris, y en donde la cornea 
se engasla como el crislal de la esfera de un reloj. Los ocelos 
son laterales y muy pequefios, destinados para ver los objetos 
muy proximos. Los nennos opticos ocelatos salen del cerebro, 
un poco detras de los nervios oculares. No he podido encon- 
Irar mas que tres en cada lado, a pesar de lo que han dicho 
varios autores. 

El ganglia tordcico. Debajo del caparazon de esla cavidad 
se encuentra engaslado este grande centre nervioso, tan dificil 
de demostrarse en su totalidad: en la parte anterior se implan- 
tan los nervios mandibuiares y bucales, y esla ondulado por 
los lados en consecuencia de las inserciones de los cinco pares 
de nervios locomotores, entre los cuales se descubren peque- 
fios nervios. 

Ganglios abdominales . He creido con los anatomicos que 
me han precedido, que no exislian en el vientrc mas (jue tres 
ganglios; pero cuando veia que estos se dirigian y distribuian 
en los tres pares de pulraones correspondienles a los nervios 
pulmonales, tache de anomalia el supuesto origen , el mismo 
ganglio toracico del primer par pulmonal. He descubierto en el 
estremo posterior del gran centre nervioso toracico este pri- 
mer ganglio desconocido hasta el dia, que da el primer par 
de nervios pulmonales. Este ganglio, como los otros tres, da 
un par lateral do nervios en parte pulmonales, y un nervio in- 
ferior 6 impar. El cordon interganglional es siempre doble. So 



72 
aconipana en el trayecto del abdomen de sacos adiposos, ol)- 
longos, nuij unidos \ en ninnero variable, (jiie ban inducido a 
error a algunos zootomicos. 

Gamjlios cnudales. Hay solo ciiatro, aunqiie la cola liene 
seis arliculaciones: son mas rodondeados ([ue los del abdomen, 
y no dan mas que nervlos laterales. El cordon se divide hacia 
atras en dos gruesos Ironcos. ciiyas ramificaciones penetran es- 
pccialmonte en la vesicula venenifica. 

Sistema nervioso esfoniato-ydstrico. Hacia el origen del eso- 
t'ago se ve un ganglio pequeno, oblongo ovalado, independien- 
te de la cadena raquidea, que da origen por los lados y pos- 
leriormenle a nervios bastanle numerosos. 

Aparato muscular. Musculos del cefalo-torax. La nalurale- 
za, tan ingeniosa en sus medios, ha inventado aqui para abur- 
rimiento y desesperacion de los anaiomicos, un es([ueleto in- 
terior para la insercion de los musculos, una cubiorta 6 capa- 
razou corneo cartilaginoso, lleno de apofisis, y con un agujero 
para que pase el cordon nervioso raquideo. 

Musmlos abdominales. Los cuticulares doblan la cara in- 
terna del tegumento: sus fibras siguen varias direcciones. Los 
perforantes atraviesan al higado de parte a parte, en niimero 
de siete pares simetricos. Los curdiacos, desapercibidos 6 mal 
interpretados por mis predecesores, son en el mismo niimero 
que los perforantes, con la diferencia de ser fusiformes. Muscu- 
los caudales numerosos y potentes prolejen a los organos, y 
determinan los movimientos de la cola uudosa, la cual es de 
todas las partes del cuerpo la que liene una movilidad mas 
acliva. 

Aparato circulatorio. El vaso principal se dirije desde el 
cerebro al ultimo articulo de la cola, y es fusiforme. Porcion 
ahdominnl; es el verdadero corazon, y se apoya en la escota- 
dura media del higado. Tiene una cavidad indivisa, su con- 
traccion es de sistole y diastole, y la impulsion de la sangre 
ondulosa. Las arrugas Irasversales que presenta son un feno- 
meno cadaverico. Esta rodeado de dos membranas: una ester- 
na fibro-musculosa (pericardio); otra interna elastica, con fi- 
bras anulares espiroideas. La pardon cefalo-tordcica es del- 
gada, simple, coria y sin pericardio; se pierde en el cerebro, y 



73 

arbilrariamente se la lia llainado aorta. La porcion caudal os 
laiga, filifoirae, sin pericardio, da ranias nutrilivas simelricas 
on armonia con los nudos de la cola: se bifurca posteriormen- 
Ic para ramificarse en cl aparalo venenifico. 

Aparato respiratorio. Consiste en verdaderos pulmones, 
colocados en el vicnire y no en el peclio. Hay cuatro pares, 
simetricanienle colocados en cuatro segmentos legumentales 
abdominales. Se abren al eslerior por olras tantas bocas res- 
piratorias lineales 6 cstij^mas. Son ovales, semitriani-nlares, de 
iin hermoso bianco arrasado, de tesliira hojosa. y rodeados de 
una pleura. Cada bojuela esta formada de dos laminas en 
trorapetilla falciforme. Estas trompetillas 6 corneles, tonexos 
enlre si |)or sus bases, van a parar a una merabrana subve- 
siculosa, fija al estigma y destinada para la inbalacion y ex- 
halacion directa del aire. En los bordes de los corneles 6 trom- 
petillas bay una membrana contractu, (pie funciona en el actu 
respiratorio, Esta estructura tan curiosa como ingeniosa de 
los pulmones, habia sido hasta el dia mal vista y peor 
apreciada. 

Aparato digestivo. Los escorpiones son ins.^ctivoros, y n(» 
acometen mas (jue a las presas vivas. Estos cazadores noclur- 
nos, mal organizados y mal construidos para la agilidad, des- 
treza y habilidad, sorprenden a sus victimas interin estan en- 
Iregadas al sueno. Gldndulas salivates. Mal descritas y re- 
presentadas por los pocos anafomicos que las han conocido, se 
encuenlran una a cada lado como sepultada en la auiractuo- 
sidad posterior del cefalo-torax, donde esta fija por un pe- 
diculo grueso y muscular; es de consislencia media, con filetes 
interiores flexuosos; tiene dos membranas, una interna byali- 
iia, otra esterna fibrosa y resistente. El conducto escretorio 
loma origen de una mancha inferior centrica, le sostienen dos 
ligamentos muy linos, y termina en la boca por un hilo tubu- 
loso cast incoercible. Conducto digestivo. Es filiforme, delgado, 
fino, submembranoso, y seesliende directamente desde la boca 
hasta el penultimo nudo de la cola, donde esta el ano. El eso- 
fago es fino, fragiL engastado en el collar enceialico. El eslu- 
mago quilifero ocupa el abdomen, donde recibe los conductos 
hepaticos, y se distingue del inleslino por un rodete pequeno. 



74 
E\ infestino se cstiendc por toda la cola, coiUiene una pulpa 
let-al blanca de aspi'clo almidonado. lllrjado. Es muy grando, 
llena la cavidad abdominal, de la cpuios ol moldc, se cstiende 
por nuniorosos globulos digilifornies por las anfracluosidades 
del cefalo-lorax, penelrando en el origen de la cola por dos 
apendices alaigados. Esla reveslida de una li'inica inmediala 
llbro-menibranosa, ([ue se esliende por lodos los lobulos y sc 
oculta en los conduclos. Su composicion intima, consiste en 
ulriculos ovoideos (|ue segregan la bills, se reunen en grupos, 
en inanojos con conduclos sucesivos, imperceptibles, cpie se 
reducen a los conduclos hcpalicos 6 coledocos, que en niime- 
ro de cuatro pares simelricos y cortos vierlen la bills en el 
estomago 6 venlriculo quilifero. 

Aparato genital. Es doble en ambos sexos. Segun la 
colocacion de los organos esteriores , la union copulativa 
debe verificarse por supinacion de la hembra. Organos 
machos. Un tesliculo solo pai'a cada aparalo, compuesto de 
Ires grandes mallas unilalerales, anastoraosadas, lormadas de 
un vase espermi/ico tubuloso, delgado, y sumergido enlre los 
lobulos piramidales de la region inferior del higado. Los con- 
ductos deferenles son la conlinuacion del vaso esperniillco, y 
nacen del angulo eslerno de la priraera malla testicular. Las 
vesicidas son tres, la primera alargada, cilindroidea 6 en ma- 
za; la segunda mas larga, esla adherida al condnclo eyacu- 
lador; y la tercera mas anterior y ovoidea, recibe a las otras 
dos para terminar en dicho conduclo. Los conduclos cyaculalo- 
rios, colocados a los lados de la cavidad abdominal 6 ijares, 
son los receptaculos de las partes copuladoras, y terminan 
posteriormenle por un apendice delgado y replegado. El/jre- 
pucio 6 cubierta de la verga es un lallo tubuloso moreno cor- 
neo, con un garfio laminoso al lado , destinado para salir del 
cuerpo por una evolucion singular en el acto de la union se- 
xual, y encerrando un pene carnoso y elastico. Organos hem- 
bras. Los escorpiones son ovigeros y viviparos. La gestacion 
se prolonga mas de un ano. Los ovarios, organizados corao los 
lesliculos, son dos, reunidos cntre si por un conduclo medio, 
formado cada uno de cuatro grandes mallas cuadrilaleras. Las 
vainas ovigeras m\\\ numerosas. unilalerales, uniloculares y 



75 

monospermas, preexislen a la fecimdacion. Los cdliccs 6 tiibos 
uterinos constituyen las mallas deslinadas a la incubacioii de 
los hiievos, desaiTollo de los embriones, clc. Hay dos dileren- 
cias notables en el modo de gestacion; en el occitaims y con- 
generes los huevos fecundados caen en los tubos ulerinos, y se 
desarrollan prodigiosamenle para incubarse en embriones o 
letos imagenes perlectas de las ninias desnudas de los insectos. 
En el afer el liuevo se incuba en la niisnia vaina ovigera, y (d 
embrion adquiere un crecimiento enorme antes de introducir- 
se en el tubo uterine para la epoca del parto. Los omductos 
son continuacion del troneo de las mallas ovarinas. Hacen 
lambien el oficio de vaginas, y presentan una dilatacion cons- 
tante, comparable al reservatorio terminal de los insectos. La 
vulva es I'lnica para las dos vaginas. 

Ai'ARATo vENENiFico. Los archivos de la ciencia son pobres 
en hechos positives referentes a la analomia de este aparato. 
La vesicula con veneno presenta en su convexidad una especie 
de rafe, indicio esterior de la existencia de dos glandulas ve- 
nenilicas para los dos oriiicios del dardo. Hay en efecto un va- 
cio lineal entre las dos mitades de la masa carnosa interior 
de la vesicula. Cada una de estas mitades representa una cap- 
sula subhemisleroidea, fibro-cartilaginosa en sus jiaredes y U- 
bro-mucosa en su interior. La capsula ccrrada por un estre- 
rao, se prolonga por el otro en un cuello que penetra en el dar- 
do. Desgarrando la masa muscular se descubren unos cuan- 
tos vasos blancos segregadores, cuatro 6 cinco simples 6 divi- 
didos, que terminan en un troneo centrico 6 escretor que se 
adelgaza para ocultarse en el cuello de la capsula. 



76 
HllNKRALOeiA. 

Investigacionex sobrc la cristalizacion por la via seca. Pou Mk. 
Ebelmen. 

(Comptes r(.Midus, 17 novieinhic I80I.) 

En la scsion celebrada en este dia leyo Mr. Ebelmen una 
Memoria sobre la crislalizacion de los minerales por la via seca, 
la cual es de sumo inleres bajo todos conceplos, pues aparle 
del que presenla en la pieparacion de varias sustancias em- 
pleadas en las artes y en los adelanlos de la induslria, se en- 
laza naturalmente con uno de los grandes fenomenos, y con 
las leyes de la generacion de la coslra terrestre, puesto que 
las masas que constiluyen la parte solida de nuestro planeta 
deben en su mayor parte esta misma generacion a la accion 
disolvenle del calorico, auxiliado, a no dudarlo, por la efica- 
cia de los fundentes que en epocas diferentes determinaron 
las modificaciones de estado, y aun las proporciones de las 
formulas atomicas de su composicion. 

En este supuesto, creemos de imporlancia el trabajo del 
Sr. Ebelmen, que traducido inlegro es el siguiente. 

''En dos Memorias presentadas ya a la Academia, he te- 
nido la honra de manifestar la esposicion de un nuevo rae- 
todo de cristalizacion por la via seca, por el cual he logrado 
reproducir en estado de cristales perfectos muchas sustancias 
identicas de minerales, enlre las cuales figuran algunos que 
son piedras raras y preciosas. Los disolventes que habia em- 
pleado en eslas esperiencias eran de naturaleza acida , tales 
como el acido borico, el borax, y los fosfatos alcalinos; pero 
me ha parecido que este metodo podia alcanzar mayor es- 
tension, y conducir a olras aplicacioncs, empleando los disol- 
ventes de naturaleza borica, tales como los alcalis. 

Eslos cuerpos presentan la doble propiedad de liquidarse 
a temperaturas que pueden obtenerse iacilmente en nueslros 
hornos, y de volatilizarse complelamente en vasos abiertos a 
las mismas temperaturas; por consecuencia, todos losesperi- 



77 
menlos verificados en esle mievo camino ban consistido en 
di'solver los elemenlos del cuerpo que se queria crislalizar en 
UQ silicato cargado de iin grande esceso de alcali, y soraeter 
el todo a la accion de una alia lemperatura como la de los 
horuos de porcelana, 6 a la del horno de botones de Mr. Bap- 
terosses. La presencia de la silice se hace necesaria para dar 
al fundente una cierta fijeza, y tal que permitlese a los cris- 
tales desenvolverse con la lirapieza apelecida. 

Este procedimiento, cuyo principio indique a la Acade- 
mia en la sesion del 12 de mayo ultimo, me ha permitido 
preparar diferentes combinaciones cristalinas, enlre las cua- 
les cilare el peridoto, la perowikita (6 lltanato de cal), el ti- 
lano rulil, y la glucina. En mi comunicacion anterior sobre 
los dos primeros de estos cuerpos, he dado las indicaciones 
cristalogralicas y quimicas que me parecia deber hacer con- 
siderarlas como tipos de las especies mineralogicas a que se 
refieren. 

Los cristales de rutilo que he obtenido son Irasparentes, 
de un hermoso color rojo. Su crislalizacion es la misma que 
la del rutilo natural: su densidad es 4,26. 

He obtenido la glucina en cristales bastanle netos, y deun 
volumen que ha permitido medirlos por el goniometro. Se 
presenta bajo la forma de prismas de seis caras, terminados 
con una piramide de seis caras colocada sobre las aristas de 
la base. El angulo del apartamiento sobre las caras laterales 
del prisma es de 151° 22'. Se ve, pues, que el sislema crisla- 
lino de la glucina es el mismo que el de la alumina^ y aun las 
dos bases son isomorfas. Los cristales del corindo presentan 
en efecto con mucha frecuencia las caras de un dodecaedro 
isosceles, cuya nolacion es C^ y su inclinacion sobre las ca- 
ras laterales del prisma exagonal es de 151° 10'. 

La densidad de la glucina cristalizada es de 3,058, y su 
volumen alomico calculado por la formula Gl-0\ sera de 155. 
El de la alumina es casi el mismo, y de 160. 

La glucina cristalizada ticne la dureza comparable al co- 
rindo, y raya con facilidad al cuarzo, y con limpieza a la es- 
meralda. 

Es inatacable por los acidos, escepto el sulfiirico concen- 



IS 
Irado e hirviendo, que la disuelvo iin poco. El bisulfato de 
potasa la ataca con facilidad. , 

El isoraorOsmo de la gliicina con la alumina rae parece 
que es un dato baslanle para borrar las dudas que aiin se ad- 
milian acerca de la verdadera formula de esta suslancia. 

En la segunda parte de mi Memoria he indicado el prin- 
cipio y algunas aplicaciones de otro metodo de crislalizacion 
per la via seca; la crislalizacion por precipitacion. Se sabe 
que se obticnen por la via hiimeda un grande niimero de oxi- 
des metalicos, precipilandolos de una disolucion salina por 
una base mas energica; y que los oxidos se precipilan por lo 
comun en combinacion con el cuerpo precipitante, 6 con 
otros oxidos que se hallaban al propio tiempo en disolucion. 
He creido que podria eraplearse un procedimiento analogo 
en las operaciones por la via seca, sin olra diferencia que 
sustituir a las soluciones acuosas, los silicates 6 borates en 
fusion. Los primeros resultados obtenidos en esta nueva di- 
reccion me ban parecido de bastante interes, y dignos de po- 
nerse en conocimiento de la Academia. 

Haciendo obrar la cal en fragmentos gruesos sobre el bo- 
rate de magnesia, se precipita esta sustancia bajo la forma 
de cristales diafanos, que algunas veces son de un volumen 
que puede distiuguirse a la simple vista, y que presentan or- 
dinariamente las caras del cube y las del octaedro regular 
reunidas. Su densidad esde 3,636; su dureza es casi igiial a 
la del feldspato. Los acidos muy diluidos no los atacan, mas 
empleando el acido sulfurico he comprobado que estaban for- 
mados por la magnesia en un estado de pureza complela. 

Se sabe que la magnesia nativa se lia encontrado recien- 
lementc entre los minerales de laSommapor Mr. Scacchi, quo 
le ha dado el nombre de perildasa, y sus propiedadesson muy 
comparables a las de la magnesia cristalizada artificialmente. 
Crislaliza en octaedros regulares, y presenta tres cruceros en 
angulo recto. Su densidad es de 3,75. La periklasa es de co- 
lor verde, y conliene, segun las analisisde MM. Scacchi y Da- 
mour, 6 a 8 por 100 de protoxide de hierro, que le dan su 
color y que producen sin duda el corlo aumento que ofrece 
su densidad sobre la de la magnesia crislalizada. 



79 

Las propiedades de la magnesia cristalizada quitan lodas 
las diidas que pudieran lenerse aim sobrc la verdadera cons- 
liliicion quimica de la periklasa, y la cual considerabanalgu- 
nos raineralogislas como una combinacion definida del oxido 
de hierro y de la magnesia. 

El procediraiento que da la magnesia puede aplicarse 
igualmenle para obtener la cristalizacion de los proloxidos de 
nickel, de cobalto y de manganese. 

El protoxide de nickel se presenta bajo la forma de cris- 
lales cubo-octaedros de color verde, casi inatacables por los 
acidos. Su densidad es de 6,80. El volumen alomico del oxi- 
do de nickel es identicamente el raismo que el de la magnesia. 

El borato de nickel se descompone completamente por la 
cal, por la via seca. Los acidos pueslos en contaclo en frio 
con la materia resultante, disuelven el borato de cal sin traza 
de nickel. 

Los silicates de hierro pueden descomponerse completa- 
mente por la cal. Los acidos diluidos disuelven el silicate de 
cal, y dejan una arena cristalizada, cuya composicion es la 
del hierro exidulade Fe'0',ZeO. 

Si se hace obrar la cal sebre un silicate de oxide de tita- 
no y de alcali enteramente vitreo, la materia se hace cristali- 
na, y la accion de los acidos aisla una arena cristalina, iden- 
tica per su forma, densidad y composicion al titanato de cal 
TiOP,CaO, 6 perowskila. 

La misma reaccion aplicada a una combinacion vitriosa 
del silice, acido tantalice, oxido de hierro y potasa ha pro- 
ducido combinaciones cristalinas formadas de tantalato de 
hierro y de tantalato de cal, analogos ambos a los minerales 
conocidos con los nombres de lantalifa y de pyrocliloro. 

Me limito, dice el autor de la Memoria, a indicar eslas pri- 
meras aplicaciones del metodo de precipilacion per la via se- 
ca, pues deben considerarse como un punlo de partida para 
nuevas esperiencias. 

Concluyo mi Memoria seualando el interes que presenlan, 
segun mi opinion , los fenomenes de la precipitacion por la 
via seca bajo el punto de vista geologico. Las observaciones 
geologicas establecen, enefecto, que las masas de materias 



80 
eruptivas que han alravesado en diferentes epocas los lerre- 
nos eslralificados, han ejercido sobre eslos una accion de las 
mas energicas, y que no se puede esplicar por el calor solo, 
cuyos efectos se han espresado por la palabra metamorfismo. 
Se ha observado adenias, que la mayor parte de las especies 
miuerales de formacion ignea perlenecen a eslas zonas de 
contaclo enlre las rocas eruplivas y los terrenos entre los 
cuales se han insinuado. Criaderos melaliferosimportanles, y 
que no afectan la forma de los filones ordinaries, existen muy 
comunmeute en lo largo de estas lineas de contacto. Tal es 
el modo de los criaderos mas frecuenle del hierro oxidulado. 

Si las rocas calizas se han encontrado durante un largo es- 
pacio de lienipo en contacto con rocas siliciatadas en estado 
de fusion, han debido producirse, ademas de la fusion y de la 
cristalizacion del carbonato de cal , otras reacciones quimicas 
enteramente comparables a las que hemos indicado en esta. 
Los desprendimientos tan abundantes de acido carbonico que 
acompanan en todas partes a la actividad.volcanica, parecen 
indicar la reaccion reciproca de las rocas siliciatadas en fu- 
sion sobre materias calcareas, y por consiguiente la continua- 
cion de los fen6menos metamorficos en la epoca actual. La 
presencia del hierro oxidulado y del hierro titanado en los 
basaltos y en las rocas siliciatadas proximas al estado de sa- 
turacion, me parece puede atribuirse a causas analogas. Las 
reacciones de la precipitacion por la via seca deberan tomarse 
en consideracion para esplicar la formacion de un gran nu- 
mero de criaderos minerales y de minerales cristalizados, asi 
como tambien las relaciones de contacto existentes entre las 
rocas sedimentarias y las igneas que las han atravesado. 



^(£)^ 



81 



FIISICJl DEli OLOISO. 



Observaciones en los seres vejetales y animales comprendidos en 
una zona de media Iccjua en circuito de Oviedo , correspon- 
dientes a los inescs siguientes de 1852. 



JUNIO. 

Florescencia 6 antMsls. 



Heliolropium europeum 
Iberis linifolia. 
Membryanthemum le- 

nuifolium. 
Aloe verrucosa. (Lla- 

garto.) 
Delphiniim ajacis. 
Achillea magna. 
Aloysia cilrodora. 
Digitalis purpurea. 
Lonicera pericliuienum. 
Tilia europca. 
Lilium caudiduin. 
Daclyilis glomerala. 
Loiium tenue. 
Siipa Lagascat!. 
Phalaris cauaricnsis. 

— tuberosa. 
Delphinium siiiphysa- 

gria. 
Seseli glancum. 
Daucus muricatus. 
Slachys annua. 
Salvia coecinea. 
Liuaria gsenistefolia. 
Physalis alkekenigi. 
Anlhyllis hernianiaj. 
Coronilia varia. 
Dorycinium hirsulura. 
Poa pralensis. 
Lychnis calcedonica. 
Hyppericum hircinum. 
phacelia congesla. 

TOMO III. 



Peniestemon carapanu 

latum. 
Teucrium marum. 
Piantago vaginata. 
Rubus fructicosus. 
Dianthus coronarius. 
Scabiosa graminifolia. 
Dhalia variabilis. 
Aster spectabilis. 
Jasminum off. 
Amarantus sanguineus. 
Lilium crocceuui. 
Verbascum blataria. 
Chrysanthemum visco- 

sum. 
Nigella damascena. 
Tagetes patula eterecta, 
Hemerocallis fulva. 
Dianthus sinensis. 
Zinnia multiflora , vs. 

rubra. 
Gladiolus grandiflorus. 
Seseli elatum. 
Acanthus mollis. 
Scabiosa alropurpurea. 
Liguslicum pyrenseum. 
Ophrys apifera. 
Medicago apiculala et 

sativa. 
Asparagus off. 
Ulex europeus. 
Convolvulus arveusis. 
Lavandula off. 

Zoologia. 

Se sorprenden los in- 
sectos siguientes: 



Cicindela campestris. 
Leplura rufescens. 
Agrion virgo. 
Bombus italicus. 
Sphinx atropos. 
Tabanus hovinus. 
Hidrophilus piceus. 
Lucanus cervus. 
Coccinella septenipiinc- 

tala. 
Cordulia flavoniacuiata. 

Se ven el Tetrao co- 
turnix y el Merops apias- 
ter. 

Eiifermedades reinantes. 

Afecciones catarrales, 
erilemas y reumas. 

JULIO. 

Florescencia 6 anthesis. 

Centaurea aspera et o- 

rien talis. 
Panicum italicum. 
Atropa mandragora. 
Mercurialis annua. 
Cinoglosa off. 
Hibiscus siriacus. 
Cardiospermum halica- 

cabum. 
Phalaris arundinacea. 
Scutellaria albiJa. 
Hyssopus off. 
Mentha pulegium. 
Galega off. 
Gipsophyla altissima. 



82 



Reseda lutea. 

Glaucum luteum. 

Saponaria off. 

Lotus paluslris. 

Asler chiuensis. 

Matricaria iiiodora. 

Phacelia coiii^esta. 

Galium verum. 

Foeniculuni vulgare. 

Pulicaria vulgs. 

Daucus niauritanicus. 

Dipsacus laciniatus. 

Asler duniosus. 
Melisa patavina. 
Lychnis diosica. 
Silene longiflora. 
Cuscuta europea. 
Medicago saliva 
Zea maiz. 
Avena saliva. 
Paphirus polymorpha. 
Passioiiaria cerulea. 
Erica duboecia. 
Helianthus annuus. 
Inula bifrous. 
Madia saliva. 
Fagus casianea. 
Psoralea palseslina-. 
Eryngium aguifoliura. 
Galega off. 
Melilotus leucantha. 
Hieracium labandiim, vs. 

villosissimum. 
Mirabilis jalappa , vs. 
amarUla. 



Pimpinela anisum. 
Fuiiksia subcordala. 
Liliuui ligrinuni. (Flor 
del lazo.) 

Zoologia. 

Lanipiris nocliluca. 
Grillus lalpa. 

Enfermedades reinantes. 

Diarreas. 

AGOSTO. 

Florescencia 6 anthisis. 

Ricinus inermis. 
Cacalia ficoides. 
Solanum marginalum. 
Cephalaria lafarica. 
Gaura biennis. 
Poligonum orientale. 
Canabis saliva. 
Salureja hortensis. 
Hibiscus irionuni. (Au- 
rora.) 
Chriiniura maritiraum. 

Zoologia. 

Marcban los vencejos 4 
fines del nies. 



Enfermedades reinantes. 

Algunos ataques cere- 
braies, y diarreas de 
caractor benigno. 

SETIEMBRE. 

Florescencia 6 anthdsis. 

Solanum sodomreum. 
Cdnoihera graveolens. 
Bignonia requinoctialis. 
Chenopodium album. 
Cenlrantbus ruber. 
Amaranlus sanguineus. 
Cotyledon orbiculala. 
Chrysanlheraum indi- 

cum. (Luceros.) 
Melissa off., clinopodium 

el patavina. 
Verbena off. 
Solanum gracili. 
Mentha genlilis. (Sin- 

dalo.) 

Zoologia. 

Marcharon las golon- 
drinas. 

Enfermedades reinantes. 
Enteritis y catarros. 



Pascual Pastor. 



CIENCIAS EXACTAS. 



lIECAIlleA APL.lCJL»it. 



Empleo del hierro en las obras de los ferro-carriles. 

[/inn. des Fonts et CItaussees- mnrzo r abril dc -1851). 

El aflo de 1847 nombro el Gobierno ingles una comision 
encargada de investigar lo conveniente sobre el empleo del 
hierro y la fundicion en las obras de los ferro-carriles. Se 
componia del lord Wrottesley, presidente; Willis, profesor de 
la universidad de Cambridge; James, capitan de ingenieros, 
Rennie, Cubitt, Eaton Hodgkinson, y Douglas Gallon, teniente 
de ingenieros, secretario. La orden nombrandola, fecha 27 de 
agosto dc 1847, la encomendaba el trabajo siguienle. 

Investigar las condiciones que habian de observar los in- 
genieros cuando empleasen hierro en obras espuestas a sacu- 
dimientos violentos y a vibraciones. 

Ver de sentar principios y reglas que proporcionasen a los 
ingenieros y artesanos, en sus respectivas esferas, emplear el 
hierro con confianza. Aplicar las luces de la teoria y esperien- 
cia a los efectos mecanicos a que en varias circunstancias es- 
lan sujetos los puentes metalicos de los ferro-carriles. 

Se facultaba a la comision para consultar con cuantas per- 
sonas luviese por aptas por su posiciou, saber y esperiencia, 
para darla noticias exactas referentes al objeto de su investi- 
gacion. 

El informe de la comision es de 26 de julio de 1849. Se 
iraprimio, y se present© a las Camaras del Parlamento. Le 
acompanan: 



84 

1.° Trcs apondices oslonsisiinos, que contienen losdetalles 
de las muchisimas esperiencias hcchas por varios individuos 
de la comision. 

2." Las actas de las sesiones de la comision. 

3.° Los informes dados por cscrilo. 

4." Un lomo de laminas. 

Nos ceniremos a tomar del informe lo mas suslancial , y 
doiide se manifiesten los resultados principales oblenidos por 
la comision. Despues de la inlroduccion de pura formula, re- 
pitiendo el objeto de la comision, dice asi. 

Segun las not icias adquiridas, parece que las formas y pro- 
porciones hasla el dia adopladas en las obras de hierro, se 
fundan en esperiencias mulliplicadas y con esmerohechas, su- 
jelando barras de hierro forjado 6 de fundicion a diferentes 
cargas, y deduciendo por (eoria y calculo principles y reglas 
que Servian para estender y aplicar los resultados obtenidos a 
las construcciones mayores, y a las cargas mas pesadas que la 
practica exije. Pero estaban bechas las esperiencias con sim- 
ples presiones, y de consigulente no eran aplicables sus re- 
sultados sino a la accion de los pesos en reposo. Y por la in- 
dole de los ferro-carriles, las obras en ellos estan precisa- 
mente espueslas a sacudimienlos, a vibraciones, a torsiones 
y a enormes presiones momenlaneas, ocasionadas por los pa- 
sos rapidos y repetidos de ti-enes de considerable peso. 

Iguales causas de perturbacion se ban no! ado siempre, 
aunque en menor escala, en las obras defabricas y manufac- 
turas. Para evitar sus efectos no se ha hallado otro remedio 
sino aumenlar las dimensiones de las piezas, sin dedicarse a 
trabajo ninguno especial con objeto de conocer los principles 
exactos en que habian de fundarse tales aumentos. Asi es que 
a las viguetas de fundicion que soslienen pesos estacionarios, 
como depositos de agua y pisos, se les dan por lo comun di- 
mensiones tales, que el peso capaz de romperlas sea Ires y 
hasla cuatro y cinco veces mayor que el que estan destinadas 
k sostener. Y cuando son para puentes de ferro-carriles, y 
que de consigulente ban de aguantar muchos sacudimienlos 
y vibraciones, se les da mas fuerza mudando las proporciones 
acabadas de indicar, y haciendo de mode que no puedan rem- 



85 
perse sino por un peso mucho mayor respeclo tie la carga 
real: cierlos ingenieros lo fijan en su practica en seis veces 
esta carga, y olros llegan hasta tliez veces, aunque algunos 
tienen por suQciente la proporcion de 1 a 3 para dar completa 
seguridad en este corao en aquel caso. 

Nunca se liabian sujelado direclamenle a esludio alguno 
cientifico los efeclos de cuerpos graves moviendose con gran 
celeridad sobre puentes; y en concepto de los ingenieros, tanto 
practices como teoricos, eran mny de desear semejantes estu- 
dios. Por tanto, desde liiego encamino la comision sus espe- 
riencias a ilustrar este punto. 

Dos eran las cuesliones capitales que se presentaban, a 
saber: 

1.' /,Cuando ha estado sujeta por largo tiempo una pieza 
metalica a choques y vibraciones, sucede en la colocacion de 
sus moleculas alguna alteracion que disminuya su resistencia? 
2.* ^.Cuales son los efectos mecanicos de los choques y del 
paso de cuerpos graves para encorvar y romper las barras 6 
viguetas en que actuan? 

Muy discordes andan en pareceres los practices respecto de 
la primera de estas cuestiones. Muchos hechos curiosos prue- 
ban que las piezas de hierro forjado que estan espuestas a vi- 
braciones, como sucede a los ejes de wagones, a las cadenas 
de gruas que sirven para levantar bultos pesados, etc., sue- 
len romperse luego de muy usadas, presonlando entonces una 
fractura cristalina de caracter particular junto con mengua 
de tenacidad, que algunos ingenieros tienen por procedente de 
cambio gradual ocasionado por las vibraciones en la estruclu- 
ra interna del metal. Citanse en apoyo de esto diversos he- 
chos, V. g.: habiendose taladrado una pieza de hierro fibroso 
bueno por uno de sus estremos, segun el melodo comun que 
siempre lleva consigo un movimiento vibratorio considerable, 
y roto luego la barra trasversalmente, se vio que el trozo ta- 
ladrado estaba mucho mas ci-istalino que el otro. Unos atri- 
buyen esta conlestura particular a lalta en la fabricacion, ne- 
gando que pueda provenir de vibraciones; otros sostienen que 
el hierro fibroso se puede poner cristalino de varies modes, 
V. g., calentandolo muclias veces seguidas hasta el rojo, y 



86 

metiendolo luego en agua fria, 6 raartillandolo en fn'o por me- 
dia hora lo monos. 

Brunei opina que las diferencias noladas en el aspecto de 
la fraclura, piovienon principalmcnte del modo de verificarse 
esla. Una misma i)ieza de hierro puede presenlar fractura 
fibrosa rompiendola a golpes lentos pero fuerles, 6 crislalina, 
haciendolo a el'ecfo de un golpe seco y ^'ivo. Tambien inlluye 
mucho la (emperatura : roto el hierro en frio esta mas crisla- 
lino que cuando se le ha calenlado algo. 

Atribuyen algunos iguales propiedadesa la fundicion. 

Para estudiar este punto , se hicieron varias esperiencias. 

Se puso una barra de fundicion de 3 pulgadas (0°',076) de 
escuadria sobre pies derechos dislanles entre si 14 pies (4°',27). 
Se colgo nna bala del lecho con un alambre de 18 pies (5"", 48) 
de largo , de suerte que pegase contra el medio de uno de los 
costados de la barra. Apartando la bala dc la vertical y sol- 
tandola como un pendulo, se causaba un choque horizontal 
contra la barra, pudiendolo aumentar 6 disminuir variando el 
tamano de la bala 6 la distancia que recorria hasta pegar a 
la barra. Con este artificio se han sometido diversas barras, 
menorcs algunas que la citada, a muchos golpes sucesivos, a 
4000 cierlas veces; segun convenia se auraentaba 6 dismi- 
nuia la fuerza de los golpes en cada esperiencia. El resullado 
general fue, que cuando era bastanlefuerte el golpeparaocasio- 
nar en la barra una flexion igual a la mitad de la correspondiente 
a la fraclura con carga muerla, ninguna barra aguantaba 
4000 golpes seguidos ; pero que todas las barras , siendo sa- 
nas, resistian 4000 golpes de bastante fuerza cada uno para 
producir una curvatura igual a la tercera parte de la mayor 
flexion posible. 

Se han sometido otras barras de fundicion de las mismas 
dimensiones a la accion de una rueda dentada giraloria, pues- 
ta en movimiento por una maquina de vapor; consiguiendose 
asi producir lentamente una flexion enmedio de la barra , de- 
jandola recobrar luego su forma primiliva. Se repitioesta ope- 
racion hasta 100.000 veces seguidas en cada barra, a razon 
de 4 por minuto. Tambien se produjo una trepidacion violenta 
en la barra mientras estaba encorvada. El resullado de las 



87 
osperiencias fue , que con una flexion igual a la lercera parte 
de la maxima no se debilitaba la barra ; lo cual se justifico 
rompiendola por el nietodo comun con carga muerta aplicada 
enmedio. Pero cuando la flexion ocasionada por la maquina 
Uegaba a ser la mitad de la maxima, baslaban menos de 900 
depresiones para romper la barra; cuyo resultado concuerda 
con el anterior, y lo conlii-ma. 

Por medio de otra artificio se ha paseado con lentitud y 
continuidad , adelante y atras de un estremo a otro de una bar- 
ra de las citadas dimensiones , un peso igual a la mitad del de 
fractura. En una barra sana , no ban ocasionado ninguna debi- 
lidad perceptible 96000 paseos del peso. 

De todo esto se puede inferir, respecto de los efectos de 
una flexion reiterada, que se deben calcular las dimensiones 
de las viguetas de fundicion de suerte que a lo sumo tengan 
que aguantar la tercera parte de la flexion correspondiente a 
la fractura. Y como luego se demostrara que la flexion produ- 
cida por un peso dado , cuando este descansa sobre una vigue- 
ta , puede crecer considerableraente por causa de un choque 
6 de un movimiento dado a la carga, se sigue de aqui que re- 
duciendo el maximo de esta a la sesta parte del peso que ori- 
ginaria fractura , se tondra un limite apenas suficienle para la 
seguridad , aun cuando este bien sana la viguefa. 

En barras de hierro forjado no ha resultado efecto alguno 
perceptible de 10000 flexiones seguidas ocasionadas por una 
rueda dentada giratoria, proviniendo cada flexion de la mitad 
del peso que con presion estatica produciria una gran flexion 
permanente. 

En cuanto al segundo punto , a saber , los efectos mecani- 
cos ocasionados por choques 6 por movimiento de cuerpos pe- 
sados, se han hecho muchas esperiencias para ventilarlo. Su 
resultado fue que barras de fundicion de igual longitud y peso, 
chocadas horizontalmentc por una misma bala (valiendose del 
artificio arriba descrito para choques repelidos largo tiempo), 
presentan igual resistencia, tenga la forma que quiera su sec- 
cion trasversal, con tal que no varie la superficie. Una barra de 
6 pulgadas con 1^ de escuadria, puesta sobre pies derechos 
entre si distantes 14 pies, exigio un choque de igual fuerza pa- 



88 
ra roiiiperse enmeilio, bien sc diesc el golpe contra elladogran- 
de bien contra el pequeflo; e igual cheque se iiecesilo para 
ronii)er una barra del mismo largo, (jue tenia por seccion un 
cuadrado dc 3 pulgadas de lado, y por lanto la misma super- 
ficiede seccion y el mismo peso que la barra precedente. 

Ilechas olras esperiencias con el mismo artificio, dieron que 
las flexiones dc barrasde liierroforjado, ocasionadas por che- 
que de una bala , son casi proporcionales a la velocidad del 
choquo. En la fundicion crecen las flexiones con mas rapidez 
que las Aciocidades. 

Se emprendieron luego otras esperiencias a fin de saber 
hasta que punto, repartiendo unil'ormeraente pesos adicionales 
sobre una vigueta , la habililaban para resistir a cheques mas 
fuerles cuando caia vevlicalmente una bala sobre ella. Sevio 
que una vigueta de fundicion, cargada con pesos repartidosen 
todo su largo y puestos de modo que no la impidieran encorvar- 
se , resistio a cheques mas fuerles de un cuerpo que, sobre ella 
cayo, que cuando no estaba cargada; y esto asi en la razon de 
2 a 1. Pegaba enmedio de lasbarras una bala que caia ver- 
ticalmenle de diferentes alturas, y las flexiones eran casi pro- 
porcionales a las velocidades del cuerpo chocanle. 

Tambien se hicieron esperiencias con objeto de comparar 
los efectos mecanicos producidos por pesos que , con mayor 6 
menor rapidez, pasasen por puentes , con los que producen 
cuando simplemente estan sentados sobre los mismos puentes. 
Al efecto se construyo un aparato para que un carro de carga 
arbifraria cayese, en virtud de su propio peso, por un piano 
inclinado; las barras de hierre semetidas a la esperiencia es- 
laban fijas en lo bajodel plane en posicion horizontal, y el car- 
ro pasaba sobre ellas con la velocidad debida al descenso. Asi 
se pedian observar los efectos de las diferentes velocidades 
adquiridas por el carro en encervar 6 romper las barras, y 
compararlos con los que iguales pesos sentados simplemente 
sobre la barra hubieran producido. 

Se hizo el aparato de dimensienes bastante grandes para que 
los resullados tuviesen valor practice. La cuspide del piano 
inclinado estaba a 40 pies (IS^jSO) sobre la parte horizontal, 
y en todo su largo se pusieron dos carriles con 3 pies (O-jOli) 



89 
()e ancho de via, para dirijir la carrera del carro, cuya carga 
podia llegar liasta 2 toneladas (2031 quilogramos). Las barras 
sometidas a las esperiencias tenian 9 pies (2'°,74o) de largo, 
estaban piiestas en prolongacion del mismo ferro-carril, en la 
parte horizontal; la parte inclinada del ferro-carril se unia 
con la de nivel por medio de una curva de radio grande. 
Unos indicadores adaplados a las barras, daban a conocer las 
flexiones ocasionadas por los pasos del carro; se media lam- 
bien la velocidad de este, aunqiie natural mente estaba su- 
jeta a la altura del piano inclinado, y nunca paso de 43 pies 
(13", 10) por segundo, 6 unas 30 millas (48\28) por hora. 

Se hicieron muchas esperiencias con este aparato, a tin de 
coraparar los efectos de diferentes pesos y \ elocidades en bar- 
ras de diversas diraensiones: dieron por resultado general, ([ue 
la tlexion producida por un peso que pasa sobre una barra 
en sentido de su longitud, es mayor que la que el mismo peso 
produce cuando descansa en medio de la barra , y que crece 
la flexion con la velocidad. Por ejemplo: cuando cargado el 
carro con 1120 libras (o07\82) se le puso en reposo sobre 
un par de barras de fundicion de 9 pies (2°',743) de largo, 4 
pulgadas (O-^.lOl) de audio y H pulgada (0",038) de grueso, 

produjo una flexion de — de pulgada (0°',013); y cuando se 

le hizo pasar sobre las mismas barras con 10 millas (16\09) 

de velocidad por hora, subio la flexion a — de pulgada 

(0°",020), y continuo subiendo a medida que se fue aumentando 
la velocidad, de tal suerte que con 30 millas (48\28) por ho- 
ra, llego a ser de H pulgada (0°',039) , 6 mas de doble de la 
flexion estatica. 

De aumentar tanto la velocidad el efecto de un peso dado 
en la flexion de las barras, se sigue que se rompera una ban a 
por carga mucho menor cuando se mueva esta a lo largo de 
la barra, que cuando este en reposo sobre ella; v. gr., en el 
ejemplo recien citado, se necesita un peso de 4150 libras 
(1881 '',67) para romper una barra cuando esta sentado en- 
medio de ella y en reposo, raientras que bastaria fuese aquel 



00 
tic 1778 libras ^806^17) para rompcria si corriese sobre ella 
con 30 millas (iS\28) tic vclocitlail |)or hora. 

Se not(') tanihicn, (jiic ciiando so niovia la carga no esla- 
ban enmedio de la bana los pantos do la mayor flexion ni de 
los mayores eslucrzos, sino hacia los estremos. Cuando se roni- 
pia la barra ])or cfccio del movimicnto del pcso.sucodia siom- 
pre asi I'ncra del cenlro, y solia haccrse cnatro 6 cinco pcda- 
zos, indicando por tanto los grandes y eslraordinarios esfuer- 
zos a (pic habian eslado sometidas sus diferentes partes. 

Traloso de averiguar las leyes que entrelazaban cslos re- 
sullados eon la priictica, y para ello se hizo un aparato mas 
chico y delicado, a tin de examinar los fenomenos en sii lor- 
ma mas simple, particularmente en el caso de pasar un solo 
peso sobre una barra ligera y elaslica. Al pasar el peso por 
encima de la barra la dobla, y por tanto el camino 6 la tra- 
yectoria del centi'o del peso, no es una linea horizontal, como 
lo seria si fuese perfectamente rigida la barra, sino una curva 
cuva forma depende de la relacion que haya entre la longitud, 
elasticidad e inercia de la barra, la entidad del peso y la ve- 
locidad que se le comunique. Si fuere posible determinar con 
lodo rigor en cualesquier casos la forma de esta curva, se po- 
drian conocer rt ;9non los efectos do los pesos moviendose a 
lo largo de las barras; pero es tan complicado por desgracia 
este problema, que en el estado actual de la ciencia no parece 
posible resolverlo matematicamente por complelo, escepto en 
el caso mas sencillo y elemental, de estar dispuesto el peso de 
suerte que comprima a la barra en un punlo solo de contacto, 
6 sea cuando se considera al peso como un punto grave en mov i- 
mienlo. Pero en la practica, cada vehiculo de cuatro ruedas 
toca a cada carril 6 a cada barra en dos puntos, y una loco- 
motriz de seis ruedas y su tender en cinco 6 seis, y esto com- 
plica mucho el problema. 

El aparatilo meneionado satisface a la condicion de que cl 
peso oprima a la barra en un solo punlo; lleva ademas un in- 
dicador para apreciar los efectos que resulten de variar la 
masa de la barra respccto de la de la carga que aguante. 

Segun la indole del problcmn, coiivenia considerar desd(^ 
lne«o las formas de las Iravcclorias frazadas, \ las llf^xioncs 



91 
correspondientes tie la barra, ciiaiido la masa de esla fuese su- 
inamente pequefia respecto de la de la carga. 

Despues de obtener resultados, variando las relaciones en- 
tre la longilud del puente, sii flexion estatica y la velocidad 
del paso de la carga, se trato de coiiocer el efecto que una 
masa proporcionalmente mayor del puente 6 de la barra po- 
dia ejercer en las misraas flexiones. La suma dificultad del 
problema iiuposibililo resolverlo, escepto en los cases de su- 
poner may pequefia la masa del puente respecto de la de la 
carga, 6 al reves. Los ejemplos que se presenlan en la prac- 
lica estan comprendidos siempre enlre ambos cases eslremos: 
en las esperiencias que verillco la comision en Portsmouth 
con el piano inclinado arriba dicho, era el peso de la carga 
tres a diez veces mayor que el de la barra; pero esta razon 
es sobrado mayor que la que sucede en los puentes, tanto por 
la precision de emplear en las esperiencias barras muy 'flexi- 
bles para que puedan verse bien los cambios de curvatura, 
como por la gran diferencia de longitud; porque si en las es- 
periencias se empleasen barras cuyo peso eslu\ iese con el de 
la carga en la misma razon que en la practica, seria imper- 
ceptible la flexion. Pruebalo, que en un puente de 30 pies 

(Q",!^) de largo no se admite flexion que pase de -r- de pul- 
gada (0'°,006), que es j^ de la longitud, interin que en una 

esperiencia es indispensable ocasionar flexiones de 2 pulgadas 
(0'°,051) cuando menos. En puentes de 40 pies (IS", 19) de luz, 
como los hay, el peso do la locomotriz y su tender es igual 
casi al de la mitad del puente por donde pasan; y en puentes 
grandes pesa mucho menos la carga que el puente. 

Demucslrase que suponiendo pequefia la inercia del puen- 
te, las trayeclorias de la carga y la correspondiente flexion 
del puente dependen de cierta cantidad que Uaman B, la cual 
varia en razon directa del cuadrado de la longitud de la 
barra y en inversa del producto de la flexion estatica central 
(la que produciria un peso descansando en medio del puen- 
te) por el cuadrado de la velocidad con que paso la carga por 
el puente. Si es B pequefia, crece mucho la flexion debida a 



92 
la velociiiad de la ciu-ga; asi es (|iie se diiplican las floxiones 
cslaticas cuando es B igual a 1,30, sc Iriplican cuando /i='0.80. 
y lodavia miicho mas i)ara valoros mcnoros de //. Por el con- 
frario, valores mayores de esla canlidad corrcsponden a llexio- 
nes menores. De los Irabajos de la comision resuUa, que -en los 
puentesexistenles rara voz es B menor (pie li; ipie por lo ge- 
neral es mucho mayor; y (jiie por laiito el aumenlo mayor de 

llexion ocasionado por la velotidad no pasa nunca de — ; cpie 

varia de — a -^^, y que aim puede ser menor. Piieslo que va- 

ria U en razon direclade la longiUid del puente, es claro que 
las barras de 9 pies*(2°',743) de las esperiencias de Portsmoulh, 
corresponden a valores de B mucho menores que los 20 6 30 
pies (§",096 6 O^.lli) de longitud de los puenles existentes; 
que en el primer caso disminuyen todavia mas los valores de B 
por consecuencia de las mayores flexiones que hubo precision 
de realizar en las esperiencias, corao se dijo antes. Eslo mani- 
liesla, que los enormes aumentos de flexion producidos por la 
velocidad en las esperiencias de Portsmouth no pueden veri- 
licarse en los puentes existentes, puesto que aquel efecto crece 
mucho cuando menguan las dimensiones de la obra. Pero todos 
estos calculos estriban en el supuesto de ser muy reducida la 
inercia del puente; y las esperiencias hechas con el aparatito 
antes citado, dicen que cuando es B algo menor que la unidad, 
propende la inercia del puente a disminuir la llexion; al paso 
que si es B mayor que la unidad, cuyo caso coraprende clara- 
mente cuantos pueden ocurrir en la practica, propende la 
inercia del puente a aumenlar la flexion obtenida en el su- 
puesto precedents. En fm, el aumento total de flexion estatica 
cuando se atiende a la inercia del puente, es mucho mayor en 
los puentes pequefios que en los grandcs. Sean, v. g., iguales 
la masa de la carga en raovimiento y la del puente : el au- 
mento de flexion estatica, en virtud de las velocidades mayo- 
res, en un puente de 20 pies (6'",10) de largo y de rigidez co- 
mun, sera la mitad mas; al paso que en un puente de IJO pies 
(lo°',24) de largo no pasara de un septimo el aumento, y dis- 
minuira mucho en largos c\un mavores. Pero estando demos- 



93 
Irado que en igiialdad de cireiinstancias disminuye dicho au- 
inento cuando aiimenta la rijridez del puente, so liene siempre 
la lacullad de reducirlo liasia evitar todo riesgo. De aqui re- 
sulla. que al ostimar la resistencia de un puente de ferro-car- 
ril, se debe tener en cuenta el citado aumento de flexion esta- 
lica, calculandolo con arreglo a la carga mayor que hay a de 
pasar por el puente y a la velocidad mayor posible. Ni debe 
perderse de vista que esa misma flexion esla sujeta a aumen- 
lar por efecto de las sacudidas que produce el paso de los tre- 
nes por las junfas[de los carriles. 

Tambien hizo esperiencias la comision con barras curvas, 
y aguantaron pesos mucho mayores con velocidades grandes 
que las rectas, pero fueron grandisimas sus flexiones respecto 
de sus longitudes. Al llaniar la atencion hacia estas esperien- 
cias, advierte que en las construcciones actuales, de flexiones 
tan reducidas, seria poco importanle el efecto de arquear las 
viguetas 6 de poner curvo el camino, y aun podria traer in- 
convenienles en la practica. 

La opinion que generalmente prevalece entre los ingenie- 
ros parece discorde con los resullados dichos. Casi todos ellos 
creen que la flexion causada por el paso de un peso con gran 
velocidad sobre una vigueta, es menor que la que causaria el 
mismo peso en reposo; y aun cuando ban observado aumen- 
to, lo atribuyen unicaniente a las sacudidas que la locomotriz 
6 el tren producen al pasar sobre las desigualdades que pre- 
sentan las juntas de los carriles, 6 a otras causaspor el estilo. 

A fin de examinar esla cueslion, se sometieron a la espe- 
riencia los puentes de Ewell y Godstone, que estan aquel en 
la linea de Croydon a Epson y este en el South-Eastern, y que 
ambos se hicieron para que el ferro-carril pasase por encima 
de una carretera. Se levanlo un andamio descansando sobre 
la carretera, y que no podia parlicipar por tanto de los mo- 
vimientos del puente ; se puso un lapiz en la cara inferior de 
una de las viguetas del puente, de suerte que cuando cedia este 
al peso de una maquina 6 un tren, ya en reposo ya en movi- 
miento, trazaba el lapiz la estension de la flexion en una pi- 
zarra sujela al andamio. Se hicieron las esperiencias con una 
locomotriz y un tender , pasandolos sobre el puente con dis- 



94 

linlas volocitlados. o oslacionandolos cii el misino. El pupiilo 
do Ewell licno 48 i)ies (11-, 65) do liiz, y la llcxion ostalioa 

fuo do aliio mas do 4- do pulgada (0"',00I)). Cr(^ci6 un poco. 
poro sioinpro crecio cuaiulo pasaba la maquina sobre el puen- 
le; eon cosa de 50 millas (80\46) dc velocidad, fue — ma- 
yor. Como el esfuerzo ejercido en una vigneta es casi propor- 
cional a la lloxion. doberii inforirsc dc lo diclio que la veloci- 
dad de la carga habilila a esla para ejercer igual presion que 

si f,,e,se — mayor y estuviese on reposo en medio del puento. 

Pesaban maquina y lender 32 toneladas (32610 quilogramos), 
y la velocidad los ponia capaces de ejercer en la vigueta una 
presion igual a la de un peso de 4I> toneladas (45704 quilo- 
gramos). Iguales resuUados se obtuvieron en el puente de 
Godstone. 

Otras varias esperiencias hizo la comision con objeto de 
proporcionar datos ([ue completasen la leoria mecanica de las 
viguetas elaslicas. Cuando esperimenta cualquiera flexion una 
vigueta, se comprime su cara concava y se alarga la conve- 
xa. A toda teoria general buena de las flexiones, vibraciones 
y fracturas, dobo proceder conocimiento exacto de las leyes 
que rijen en aquella compresion y en este alargamiento. 

La ley que comunmente se admite en las investigaciones 
malematicas, y conforme a la cual se supone ser entre ciertos 
limites proporcionales las compresiones y dilataciones longi- 
tudinales a las fuerzas que las ocasionan, aunque casi verda- 
dera en ciertos cuerpos, no lo es quizas tanto en todos. 

Se bicieron por tanto esperiencias para determinar con ri- 
gor la dilatacion y compresion longitudinal de barras largas 
de fundicion y de bierro forjado. Se midieron los alargamien- 
tos sujotando una ])arra de 50 pies (15°",24) do largo, y 1 pul- 
gada (0°\025) dc escuadria en el tecbo de un odificio elovado, 
y colgando pesos de su estremo inferior. 



95 
Para metlir las compresiones se metio una barra de 10 
pies (3°',05) de largo y 1 pulgada (O^.OSS) de escuadria en 
una corredera 6 canal puesta en un baslidor 6 marco de fun- 
dicion, que permitla a la barra escurrirse libremente y sin 
rozamiento, pero que impedia cualquier flexion lateral. Se 
compriniio la bana niedianle una palanca cargada de pe- 
sos variables. Se loniaron lodas las precauciones imaginables 
para obtener resullados exactos. Las siguienles formulas, de- 
ducidas de las esperiencias, espresan la relacion existeule en- 
tre la dilatacion 6 la compresion de una barra de fundicion de 
10 pies (3'",0o) de largo y 1 pulgada (O^.OSo) de escuadria, y 
los pesos V que respectivamente las ocasionan: 

Dilatacion F=rll611 7 p -201905 e^ 

Compresion..... F=107763rf— 3631rf=: 

y es el peso en libras que obra en la barra, e la dilatacion 
y d la compresion en pulgadas. 

De estas formulas se deducen las siguientes para una bar- 
ra de 1 pulgada de escuadria (0°',025) y de cualquier largo: 

Dilatacion.. . 1^=^13934040 y -2907432000 ^, 

Compresion.. F===1 2931 560 y - 522979200 y: 

/ es la longitud de la barra en pulgadas (1). 

Estan calculadas estas formulas con arreglo a los resulla- 
dos niedios de las esperiencias hechas con cuatro especies de 
fundicion. 



(1) Para una barra de un milimetro cuadrado de seccion, y espresan 
do en quil6gramos el peso que produce la dilatacion y la compresion, se 
convierten diclias f6rniulas en 

Dilatacion V = 9770j -2043327-^, 

Compresion.... V=9088y-367S47 — . 



96 
La resisto.ncia media a la lousion quo do oslas c's|)ei-iencias 
rosiiKa es en la fiindioion, do 11)711 libras por pulgada cua- 
drada (1104 quilogramos por cenlimelro ciiadrado). y el liinilo 

del alargamienlo dc ^ de la longilud. Ese mismo peso com- 

primiria a una barra do igual seccion — de su longitud. En 

ol hierro forjado es casi exacta la ley ordinaria. 

Usanse comunmenle muchas especics de fundicion, cuyas 
propiedados no eslan lijadas con rigor suUcienle. ta comision 
esperimonio diez y siete, midiendo su rosistoncia tanto a la 
tension como al aplaslamienlo. Hizo lambien esperiencias so- 
bre la resislencia Irasversal de las barras de fundicion y de 
hierro forjado, sometiendolas a fuerzas, ya horizontales ya 
verlicales; y dieron a conocer conipletamenle las flexiones 
leniporales y permanentes de la fundicion, asi como su falla 
de elasUcidad. 

Las barras sometidas a presiones trasversales tenian de 
1 a 3 pulgadas cuadradas (de 6,45 a 19,35 centimelros ciia- 
drados) de seccion, y otras diversas secciones- Segun los pesos 
que las rompieron se ve que no se puede tomar por termino 
de comparacion una barra de 1 pulgada cuadrada al calcular 
la resistencia de olra barra mayor del mismo metal, aunque 
este sea el melodo que se sigue c% la practica, porque facil es de 
comprender quo en la parte de la barra que primero se enfrie 
debe oslar el grano reducido y apretado, al })aso que la cen- 
tral de una barra de 2 6 3 pulgadas cuadradas (13 a 19 cen- 
timetres cuadrados) consta do facetas comparativamente gran- 
des; y se halla que barras do 3 pulgadas cuadradas (19 cen- 
timetres cuadrados) de seccion, acepilladas todas sus caras 

hasla tener solo j de pulgada cuadrada (4,"- ""'■■• 84) de^sec- 

cion, oponon corta resistencia a la presion trasversal y al 
aplaslamionto. De aqui resulta, que al buscar un tipo para la 
resistencia de la fundicion que haya de emplearse en una obra 
grande, debera lomarse una barra de grueso igual al de la 
parte mas gruesa de la obra proyectada. 



91 

Difieren mucho las opiniones en puiito a las calidades y 
mezclas mejores de fundiciones; y en suma, parece que laelec- 
cion de las que se emplean en las obras depende lanto, prac- 
ticaraente hablando, de los respectivos precios , que rara vez 
se ven facuUados los ingenieros para escojer las mejores cali- 
dades. Se confiesa que ningun medio tienen de asegurarse de 
que el fundidor empleai*a realmente las mezclas eslipuladas en 
los contratos, y que no es posible reconocer con ensayo algu- 
no si una pieza dada de hierro se fabrico con aire caliente 6 
con frio. No cabe otra garantia sino que los ingenieros, al con- 
tratar la fabricacion de cierto niimero de viguetas, estipulen 
(dejando al fundidor la eleccion de los materiales) que no po- 
dran romperse estas con carga menor que cierto peso designa- 
do, y que hagan fundir una mas que dicho niimero. Entonces 
podra tomar una cuaiquiera el ingeniero para romperla. y si 
se rorape con carga menor que el peso convenido, tendra de- 
recho para desecliarlas lodas. 

Al principiar a construirse ferro-carriles, se hicieron los 
puentes conforme a los mismos principios que los de las car- 
reteras y que los acueductos. Se ha visto que algunos eran so- 
brado debiles para aguantar los enormes pesos y las vibracio- 
nes de los Irenes de ferro-carriles. Se ban reputado otros por 
demasiado costosos; y otros en fin, tales como los colgantes, se 
ha probado que eran del iodo impropios para ferro-carriles. 
La necesidad ademas de separarse lo menos posible del ni- 
vel en tales caminos, junto con la de pasar por encima 6 de- 
bajo de los canales existentes, de los rios 6 de las carreteras, 
obligo a dar a los puentes de que se trata la forma conve- 
niente para asentarlos todo lo mas baio que se pudiera con- 
servando debajo la debida altura para el paso: 6 sea haber la 
menor diferencia de nivel posible, entre la carrelera 6 cor- 
riente de agua que hubiera de salvar el puente y la que lu- 
viera que atravesar. 

Por estos motivos, y por las innumerables ocasiones que 
en los ferro-carriles ban ocurrido de construir puentes 
nuevos, y por los trabajos siempre encaminados a reducir el 
coste de su construccion, se ban discurrido y ensayado muchos 
sistemas nuevos, de los cuales algunos tienen verdadero me- 

TOMO III. 7 



98 

rito y valor , pero olros adolecon de oslabilidad miiy dii- 
(losa . 

En suma, ol arte do construir los puentes do los ferro-car- 
rilos, no se puedo ronsidorar como llogado al ostado de fijeza 
qno hal)ililaria al ingoniero para aplicar los principios con en- 
lera conlianza. Ponso por tanto la comision, (|uo debia osludiar 
los melodos (pie se emi)leaban en tales construccioncs, y con- 
signar las opiniones y la practica de los ingenieros mas acre- 
dilados en esle ramo, particularmenle en lo tocante a la for- 
ma y proporciones de las viguetas de iundicion, a los limiles 
praclicos de su uso, a los metodos para combinarlas con lodo lo 
demas de la obra, a las formas diversas de las viguetas com- 
puestas, a la conveniencia de las varias combinaciones que se 
pueden hacer del hierro forjado con la fundicion , a las res- 
pectivas ventajas, en fin, de las viguetas simples y de las de- 
mas formas encorvadas, 6 de cualquier otro medio de dar 
ri'udez. 

El puente mas sencillo, y el que da mayor altura de paso 
para un nivel determinado, es sin disputa el de vig-uetas rectas. 

La longitud de una viguela simple de fundicion esta su- 
bordinada solo a la posibilidad de hacer buenos colados y a la 
dificultad de mover grandes masas. Asi unos dicen que la ma- 
yor longitud admisible en la practica es de 40 pies (12°', 19), 
ofros de liO pies (15"°,24), y otros hasta de 60 (18'°,24). 

El abuso de los puentes oblicuos ha precisado a aumentar 
considerablemenle la longitud de las viguetas, siendo por tan- 
to de lamentar la tenaz oposicion a cambiar la direccion de 
las carreteras y de los canales cuaudo ha de atravesarlos un 
ferro-carril bajo un angulo agudo. Parte por esta razon, y par- 
te tambien por algo de gala de los ingenieros que Iratan de 
ostentar su habilidad, se ven puentes tan oblicuos con vigue- 
tas doble mas largas que lo necesario en uno recto. ' 

Cuando la luz li otras circunstancias precisan^a^renunciar 
a viguetas rectas simples, suelen usarse compueslas dejpiezas 
fundidas aparte y engrapilladas, 6 a veces combinadas con ti- 
rantes de hierro forjado, lo cual proporciona muchas varieda- 
des de construccion. Asi se puede estender el uso de viguetas 
hasta luces do mas de 120 pies (SG",!)?). 



99 

De combinarse el hierro forjado con la fundicion nacen di- 
licultades provonientes de la diferente dilatacion, y de lades- 
igualdad de las masas de ambos metales: un cambio repeiitiiin 
de temperatiira afecta mas pronto a piezas de hierro lorjado 
que a las de fundicion. El esfuerzo que aguanta el hierro 
forjado propende constantemente a producir alargamiento per- 
manente, resuUando de aqui la necesidad de aprelar de cuan- 
do en cuando las tuercas de los lirantes. Todos los dates re- 
cojidos por la comision prueban que se requiere suma habi- 
lidad y cuidado para usar sin riesgo semejantes sistemas. 
No se admite que la vibracion causada por el paso de trenes 
pueda aflojar 6 descoraponer los pernos 6 empalmes de las 
viguetas compuestas; sin embargo, su'elen meter tarugos de 
madera, fiellro u otras sustancias por el estilo entre las dos 
superficies, a fin de atenuar la comunicacion de las vibra- 
ciones. 

La opinion general de los ingenieros es scr el arco de 
fundicion la forma mejor que pueda darse a un puente me- 
talico, cuando uose esla sujeto por el coste 6 por la altura sobre 
el rio 6 la carretera que se haya de atravesar. Para puenfes 
bajos recomiendan muclio lambien la vigueta 6 cercha en 
cuerda de arco. 

Todos los ingenieros reconocen la necesidad de aumentar 
la fuerza de los puentes de los ferro-carriles , y de vigilar 
con sumo esmero su conslruccion, para darles cuanta resisten- 
cia quepa. Considerando, pues, que .estan suficientemenle 
atentos los ingenieros a dar esceso de resistencia a las obras de 
ferro-carriles, y considerando asimismo cuanto importa dejar 
libre el espiritu inventor de los inteligenles, para desenvolver 
una materia hasta hoy tan nueva y que tanto progresa, es 
de diclamen la comision que seria inoportuna cualquiera 
disposicion legislaliv a sobre las formas y proporciones de las 
obras de hierro , pero llama la atencion hacia las siguientes 
generales 

CONCLUSIONES. 



Convendra que al contralar obras de fundicion , estipulen 
los ingenieros que debera aguantar el metal cierto peso, mas 



100 

bien que tratar de obtener una mezcla de fundiciones especifi- 
cadas. 

Al calcular la resistencia de una especie particular de 
fundicion con la cual so hayan de hacer piezas do p:ran tama- 
no , convendra dar a las barras-modelos igual grueso que el de 
las partes mas gruesas de la obra proyectada. 

Eslando deniostrado quo para poder resistir a los efeclos 
de flexion repelida, apenas debe tomar el hierro curvatura 
igual a la tercera parte de la que pueda aguantar sin romperse, 
y estandolo lambien que la flexion ocasionada por un peso dado 
crece con la percusion , convendra que la carga mayor de los 
puentesde bierro no pase en ningun case de la sesta parte del pe- 
so que romperia la vigueta si estuviera sentado enmedio de ella. 

Estando observado que el efeclo de la velocidad que lleve 
la carga consisle en aumentar la flexion que la misma carga 
produciria si estuviese en reposo sobre el puenle , y estandolo 
tambien que el aumento dinamico en puentes de menos de 40 
pies (IS", 19) de largo es de sobrada entidad para dar lugar 
a recelar , y que en largos de 20 pies (G'-^O) basta puede esce- 
der, siendo grandes las velocidades, a la mitad de la flexion 
estatica, pero que cabe disminuirlo aumcntando la rigidez del 
puente , convendra calcular , en puentes pequenos princi- 
palmente , el aumento de flexion con arreglo al peso mayor y 
a la velocidad mayor que haya de aguantar el puente, y consi- 
derar, al calcular la resistencia del puente, el peso que produ- 
ciria estaticamente la misma flexion como el mayor a que pueda 
someterse el puente. 

La resistencia , en fin , que oponc una vigueta a los cheques 
varia con la masa de la vigueta, no variando el cuerpo cho- 
cante ; y si crece la inercia de la vigueta sin aumentarse nada 
su fuerza, crece tambien su resistencia a los choques hasta 
cierto limite; de donde se sigue que en construcciones espues- 
tas a sacudimientos 6 conmociones , es cosa que debe consi- 
derarse el peso. 



mmm m\m. 



De las hipdtesis relativas al eter luminoso, y de tm esperimento 
que parece demostrar que el movimiento de los cucrpos cam- 
bia la velocidad de propagacion de la liiz en el interior de 
los mismos. Pon Mr. Fizeau. 

(Couiples reutliis, 2g setiemiie iS5i.) 

Jljn el sistema de las ondulaciones son varias las leorias 
que se han propuesto acerca de la causa de la aberracion. 
Pueden reducirse a tres, que se refieren al estado en que de- 
be considerarse el eter que existe en lo interior de un cuerpo 
trasparente. Este eter se halla, bien sea adheridoy como suje- 
to a las moleculas del cuerpo, y participa por tanto de los mo- 
vimientos que pueden imprimirse al cuerpo; 6 bien esta libre 
e independiente, y no participa de los moviniientos del cuerpo; 
fmalmente, solo una parte del eter se balla en libertad, mien- 
tras que el restante esta fijo a las moleculas del cuerpo y par- 
ticipa solo do los moviniientos de este. Esta hip6tesis,debida a 
Fresnel, fue ideada con el fin de satisfacer a la vez el feno- 
meno de la aberracion y a un esperimento de Arago, por me- 
dio del cual se habia demostrado quo ninguna influencia ejer- 
ce el movimiento de la lierra sobre el valor de la refraccion 
que sufre en un prisma la luz de las estrellas. Por dicho me- 
dio se esplicaban con admirable precision ambos fenomenos; 
pero ya sea que la idea mecanica de Fresnel pareciese dema- 
siado estraordinaria para ser admitida sin pruebas mas direc- 
las, 6 que pareciese posible esplicarse tan salisfactoriamenle 
los fenomenos observados por una cualquiera de las ofras dos 



102 

liip6losis, 6 qiiizas que, como han crcidoalgunosfisicos, hayan 
[)arecitlo algiinas consocuoncias ck' la relVritIa looria contra- 
lias a la espcrioncia, es lo cierlo que on cl dia no se tiene por 
dcmostrada la hipotesis do Frosnel, y quo se tiene por muy os- 
curo el punlo do la relacion que oxistc enlie el elor y la ma- 
teria. Los liochos espueslos a continnacion han llovado a Mr. 
Fizoaii a tentar un esperimento que pudiese decidir esta cues- 
lion. 

En las tres hipotesis que anlecedon so puede notar, que si 
se supoue al cucrpo on movimiento podra ser diferente que en 
el caso de reposo la volocidad con que lo atravesara la luz, y 
en cada una do ellas sera distinta la influencia del movimiento 
sobre la volocidad ik' la luz. Asi que, si suponemos que el 
cuerpo arrastra consigo al eter en sus movimientos. se aumen- 
tara la velocidad de la luz de loda la del cuerpo, suponiendo 
que el rayo se dirija en el sentido del movimiento. Si se sui)o- 
ne libre al eter, ninguna alteracion sufrira la velocidad de la 
luz. Finalmente, si solo una parte del eter se deja arrastrar, 
se aumentara la velocidad de la luz, pero el aumento sera tan 
solo una fraccion de la velocidad del cuerpo y no de latotali- 
dad de esta. como en la primera hipotesis. No es tan evidente 
esta consecuencia como las otras dos, jjoro Fresnel hizo ver 
que puede apoyarse en consideraciones mecanicas muy pro- 
bables. Suponiendo pues, que se pueda determinar con exac- 
titud la velocidad de la luz en un cuerpo cuando esta en re- 
poso y cuando esta en movimiento, tendremos un resultado 
conforme con la hipotesis que antecede, si se halla que la ve- 
locidad que corresponde al estado de reposo se halla, efecto 
del movimiento, aumentada de loda la velocidad del cuerpo. 
Si OS una misma la velocidad en ambos casos, se hallara satis- 
focha la segunda hipotesis. Si el aumento de velocidad os solo 
una parte de la del cuerpo, el resultado estara acorde con la 
tercera. Verdad es que se propaga la luz con velocidad tan 
grande comparada con la que podemos comunicar a los cuer- 
pos, que el cambio de velocidad que puede presentarse es en 
general demasiado insignificante para que pueda observarse. 
Con lodo, lo ha parecido posible a Mr. Fizeau, renniendo to- 
das las circunslancias mas t'avorablos, somotor a una i)ruo- 



103 

ba decisiva dos medios, el aire y el agua, a los cuales es 
facil comunicar grandes velocidades, efecto de la movilidad 
de sus moleculas. 

A Mr. Arago se debe uii metodo de observacion funda- 
do en las inlerferencias, y que es muy a proposito para po- 
ller en e\idencia las mas pequeflas variaciones en los indi- 
ces de refraccion de los cuerpos. 

Los Sres. Arago y Fresnel, ban hecbo ver la cslraordi- 
naria sensibilidad de este metodo por medio de varias obser- 
vaciones en estremo delicadas, tales como la de la diferencia 
de refraccion que exisle entre el aire seco y el aire biimedo. 
Le ba parecido a Mr. Fresnel que un modo de observacion lun- 
dado en este principio era el linico capaz de bacer evidentes 
los cambios de velocidad debidos al movimiento. Consisle en 
producir franjas de inlerferencias con dos rayos de luz des- 
pues de su paso al traves de dos tubos paralelos, en los cuales 
puede correr el aire 6 el agua con gran velocidad y en opues- 
las direcciones. 

Indicareraos varias disposiciones nuevas que ba exijido el 
fin especial que se propuso Mr. F. 

Grandes dificultades debian enconlrarse relativamenle a la 
intensidad de la luz. La luz debia recorrer los tubos, que eran 
de vidrio, y de un diamelro interior de 5°"°, 3 en su centro 
cerca de sus bordes; habia pues que separar mucho mas de lo 
acostumbrado las dos rendijas, lo que daria lugar a que se de- 
bilitase mucho la luz en el punto donde nacen las franjas. Se 
hizo desaparecer este inconveniente colocando detras de las 
hendiduras una lente convergente, por cuyo medio se obser- 
vaban las franjas en el punto de concurso de ambos rayos, en 
donde la intensidad es muy grande. 

Siendo bastante grande la longitud de los tubos l^.iS?, ha- 
bia que temer que, efecto de alguna diferencia de temperatura 
6 presion entre uiio y otro, produjese una desviacion notable 
de las franjas, tal que ocultase la debida al movimiento. Se 
ha evitado esta dificultad haciendo volver ambos rayos ha- 
cia los tubos por medio de un anteojo que lleva en su foco 
un espejo. De este modo tiene cada rayo que atravesar su- 
cesivamente uno y otro tubo, de modo que habiendo recor- 



104 
rido ambos exactamente el mismo caniino pero en senlidos 
opuestos, resulta que se hallara compensado el efeclo de cual- 
quiera dil'erencia de prcsion 6 de lemperatura. Mr. F. se ha 
(;ercionado por varias priiebas de que efeclivamente la com- 
pensacion es completa, y de que, sea cual fuere el carabio 
que se efectue en la densidad 6 en la lomperalura del medio 
en uno solo do los dos lubos, las franjas conservan exactamen- 
te la misma posicion. En este eslado debian ser absorvidas las 
franjas en el mismo punio de parlida de los rayos; se admitia 
la luz solar lateralmente dirigiendola hacia los tubos por re- 
flexion sobre una espejo trasparenle; despues de su doble ca- 
minata al Iraves de los lubos volvian los rayos a interferir un 
poco mas alia del espejo, en que se observaban las franjas por 
medio de un ocular con divisiones. Tenia ademas la doble ca- 
minala de los rayos la ventaja de aumentar el efeclo probable 
del movimienlo, debiendo ser este efecto el mismo que si los 
tubos hubiesen tenido doble longitud. 

Esta disposicion permite ademas el que se pueda emplear 
un medio muy sencillo para hacer las franjas mas anclias que 
lo que debian ser con la distancia que separaba las dos hendi- 
duras (dicha distancia era de 9 miliraetros). Consiste este me- 
dio en colocar ante una de las hendiduras un espejo muy 
grueso, e inclinado de modo que aparezcan ambas hendiduras, 
por efecto de la refraccion, como si se hallasen muy proximas 
una a otra; son entonces las franjas tan anchas, como si las 
hendiduras se hallasen en efeclo Ian cercanas como aparecen; 
y no solo no se disminuye sensiblemenle la intcnsidad, sino 
que se puede aumentar mucho, dando mas anchura al origen 
de la luz. Haciendo variar la inclinacion del espejo se puede 
variar a placer la anchura de las franjas, dandoles de este mo- 
do la dimension que mas convenga para observar con exacti- 
tud su desviacion. Indiquemos ahora la disposicion de los tu- 
bos y del aparato deslinado a poner el agua en movimienlo. 

Los dos tubos puestos al lado el uno del otro se hallaban 
cerrados en cada estremo por un solo cristal pegado con goma 
laca en posicion perpendicular a la direccion comun. Cerca de 
cada estremo, una vama formando codo eslablecia la comuni- 
racion rnn un tubo de mavor diameiro sumercido en el fondo 



105 

de un fiasco; habia pues cualro fiascos en coniuiiicacion con 
los cuatro estremos de los tlos tiibos. Lleno de agua uno de los 
frascos se podia inlroducir por medio de un lubo do coniuni- 
cacion aire comprimido, tornado de un deposito provisto de 
una bomba de aire. El agua bajo la influencia de la presion 
se elevaba en el tubo, alravesando en toda su^longitud, y pa- 
sando al frasco opueslo. Este a su vez podia recibir aire com- 
primido y volvia el liquido al primer frasco recorriendo el tu- 
bo en sentido contrario. De este modo se obtenia una corriente 
de agua cuya velocidad pasaba de 7 metros por segundo. 
Existia a la vez la misma corriente en arabos tubos, pero en 
sentidos encontrados. Al alcance del observador se hallaban 
dos grifos fijos al deposito de aire; al abrir uno de ellos se es- 
lablecia el raovimiento del agua en los dos tubos , y abriendo 
el otro se invertia el raovimiento. El deposito, en que por lo 
regular se hallaba comprimido el aire a 2 atmosferas, tenia 
una capacidad de lo litres; la de los frascos era de 2, y estos 
estaban divididos en voliimenes iguales, deduciendosela velo- 
cidad del agua del tiempo empleado en desocupar medio litro 
y de la seccion de los tubos. 

El aparato, dispuesto como dejamos dicho, solo se empleo 
para liacer los esperimentos con el agua en raovimiento, a pe- 
sar de que serviria lambien para el aire con ligeras raodifica- 
ciones; pero habiase hecho con antelacion el ensayo en cuanto 
al aire en raovimiento con otro aparato algo diferente, y se 
habia deterrainado que el movimiento del aire no produce des- 
viacion sensible en las franjas. El agua, por ol contrario, da 
lugar a una desviacion ovidenle: se desvian las franjas lidcia 
la derecha cuando es lanzada el agua por delante del observa- 
dor en el tubo situado a su derecha, y hdcia el observador en el 
de su isquierda; se desvian lidcia la izquierda cuando las cor- 
rientes en cada tubo se dirijen en sentidos contrarios a los an- 
teriores. Mientras dura el raovimiento del agua, conservan las 
franjas gran viveza, se raueven paralelaraente entre si y sin 
la raenor confusion de una cantidad sensiblemente proporcio- 
nal a la velocidad del agua. Es ya muy sensible la desviacion 
con una velocidad de 2 metros por segundo, y se puede medir 
cuando las velocidades caen entre 4 v 7 metros.' En una fran- 



106 

ja (|iie ociipaba 5 divisiones del micromelro, se hall6 que la 
desviacion en iin esperiinenlo fue de 1,2 division hacia la dere- 
cha y do 1,2 division hacia la izquierda, siendo la velocidad 
del agua de 7,059 melros per segundo. La suma de ambas 

1 

desviacioncs 2,4 divisiones equivalia a — lianja proxima- 

menle. 

Para evitar objeciones conviene decir, que el sislema de 
los dos tubes y frascos en que se efectuaba el movimiento del 
agua estaba separado enteramente del resto del aparato, pre- 
oaucion tomada con el Iin de evilar que la presion y choque 
del agua no produzcan alguna flexion accidental en ciertos 
puntos del aparato, cuyos movimientos hubieran quizas podi- 
do ejercer alguna influencia en la posicion de las franjas. Se 
aseguro ademas Mr. F. de que los movimientos que exprofeso 
se comuniqucn al sistema de los dos tubos, ninguna influen- 
cia ejercen en la posicion de las franjas. 

Conocida ya la existencia del fenomeno, trato Mr. F. de 
determinar el valor con cuanta exactitud fuese dable; y para 
evitar una causa de error que creyo podria influir en los resul- 
tados, hizo variar lo ancho de las franjas, la velocidad del 
agua y hasta la naturaleza de las divisiones del micrometro, 
a tin de poder observar desviaciones diferentes, y cuyo valor 
no se podia conocer de antemano. 

Se hicieron las observaciones generalmente a la velocidad 
de 7°", 059 por segundo, cierto mimero a la de 5"°, 515, y al- 
gunas a la de 3°',7. Los valores observados se trajeron todos 
a la velocidad maxima de 7°', 059, y coraparados al ancho de 
una franja tomada por unidad. He aqui los numeros obte- 
nidos : 



107 

Valor de la desviacion de las {ranjaij para 

una velocidad media del agua igual a Difeiencias enlre los valores obseivados y los 

7"',059porsegundo. valores medics. 



0,200 


-0,030 


0,220 


-0,010 


0,240 


-}-0,010 


0,167 


-0,063 


0,171 


—0,059 


0,225 


—0.005 


0,247 


+0,017 


0,225 


-0,005 


0,214 


-0,016 


0,230 


0,000 


0,224 


-0,006 


0,247 


+0,017 


0,224 


-0,006 


0,307 


+0,077 


0,307 


+0,077 


0,256 


+0,026 


0,240 


+0.010 


0,240 


+0,010 


0,189 


—0,041 


Siima... 4,373 




3redia. . 0,23016 





Duplicando el valor medio se obtiene 0,46, numero muy 
proximo de la mitad de una franja, y que representa el va- 
lor de la desviacion que se obtiene cuando se invierte en sen- 
tido de la corriente en los tubos. En fa tabla que antecede se 
ha introducido al lado de los valores dados por la observacion 
la diferencia entre estos y el valor medio, con el fin de que 
se vean las desviaciones de uno y otro lado do la media. Se 
notara que generalmente represenlan una fraccion insensible 
del ancho de una franja; la mayor diferencia no pasa de 

1 

-jY de franja. Una dilicullad (jue no ha sido dado evilar. es- 



108 

plica eslas diferencias. El maximo dc desviacion solo duraba 
iin tiempo bast ante corto, y habia por tanto necesidad de ha- 
cer las observaciones rapidamenle. Si hubiese sido posible 
mantener conslanto la volocidad de la corrienle por mas tiem- 
po, las medidas habrian sido mas exactas; poro no parecio 
posible el conseguirlo sin cambios fundament ales en el apa- 
rato, cambios que habrian retrasado la conclusion de este tra- 
bajo hasta una epoca del ano en que los esperimentos que re- 
quieren la luz solar son casi imposibles. 

Mr. F. compara en seguida el valor hallado para la des- 
viacion de las franjas con el que resultaria de cada una de las 
hipotesis en cuestion. Basta que se desvien las franjas de una 
cantidad cualquiera por el movimiento del agua, para escluir 
la suposicion del eter enteramente libre e independienle del 
movimiento de los cuerpos. Calcula en seguida cual deberia 
ser la desviacion de las franjas en la suposicion de que el 
eter se halla unido a las moleculas de los cuerpos participan- 
do de sus movimientos, y bace ver que la segunda hipotesis 
esta en discordancia tambien con los resultados de la espe- 
riencia. Finalmente, hace ver que la tercera hipotesis, la de 
Fresnel, da valores de la desviacion muy poco diferentes de 
los que presenta la observacion, y que esta diferencia se es- 
plica con gran probabilidad por un error en la evaluacion 
de la velocidad del agua, error cuyo sentido cs facil de de- 
terminar, y cuyo valor bastante pequeno se puede sospechar 
por analogia. 

La teoria de Fresnel esplica, pues, de un modo bastante 
satisfactorio la desviacion de las franjas debida al movimiento 
del agua, y el valor de dicha desviacion 

Hemos dicho que cuando los rayos en lugar de atravesar 
el agua atravesaban el ifire, no se observa la menor desvia- 
cion de las franjas debida al movimiento de este, Diremos al- 
gunas palabras acerca del aparato que ha servido para probar 
esto. Un fuelle cargado de pesas y movido por una palanca, 
hacia pasar el aire con fuerza al traves de dos tubos de cobre 
cerrados por cristales en sus estremos, y de modo que el mo- 
vimiento fuese contrario en uno y otro tubo. La longilud efec- 
liva de estos era de 1°',595, y su diametro de 1 centimetro; se 



109 
media la presion de salida del aire por un luanometro situado 
a la enlrada de los tubos, podia ser de 3 centimetros de mer- 
curio. Se deducia la velocidad de la presion y de la dimension 
de los lubos con arreglo a las leyes del escape de los gases. 
Se verificaba el valor asi calculado por medio de la capaci- 
dad conocida del fuelle, y de la rapidez de los movimientos 
que era precise comunicarle para producir a la entrada de los 
lubos una presion sensiblemente const ante. Con facilidad se 
llegaba a obtener una velocidad de 23 metros por segundo, y 
aun a veces velocidades mayores, aunque inciertas. En nin- 
gun esperimento se pudo llegar a notar la menor desviacion 
de las franjas; siempre ocupan la misma posicion, ya se halle 
el aire sin movimienlo en los tubos, 6 ya se mueva con una 
velocidad de 23 6 mas metres por segundo. 

Hay un esperimento de Mr. Babinet, que parece hallar- 
se en contradiccion con la hipotesis de un cambio de veloci- 
dad con arreglo a la ley de Fresnel; pero considerando las 
circunstancias de dicho esperimento, ha notado Mr. F. la exis- 
tencia de una causa de compensacion que debio hacer insen- 
sible el efecto debido al movimiento. Es esta la reflexion que 
sufrio la luz en dicho esperimento. Se puede demostrar efec- 
tivaraente, que cuando dos rayos tienen en su marcha alguna 
diferencia, se altera esta por la reflexion sobre un espejo que 
este en movimiento. Calculando separadamente los dos efec- 
los en el esperimento de 3Ir. Babinet, se halla que tienen va- 
lores sensiblemente iguales y de signos contraries. Esta espli- 
cacion hacia aiin mas probable la hipotesis del cambie de ve- 
locidad, y un esperimento heche en el agua en movimiento 
debia ser muy a preposito para decidir el punte con teda 
seguridad. 

El exito de este esperimento parece que lleva consigo la 
adopcion de la hipotesis de Fresnel, 6 a lo menos de la ley 
que hallo el mismo para espresar el cambio de la velocidad 
de la luz por causa del movimiento de los cuerpos; pues 
aun cuando el ser verdadera esta ley sea una prueba muy 
fuerte en favor de la hipotesis , de que no es mas que una 
consecuencia, es posible que la idea de Fresnel parezca tan 
estraordinaria, y tan dificil de ser admitida bajo cierlos pun- 



no 

los (le vista, que sc exijan otras pruebas y un examen dele- 
nido por parte de los geometras, antes de adoptarla como es- 
presion de la realidad de los hechos. 



ilEVEOROL.OOIi!L. 



De las leyes periodicas que scpueden descubrir en los efectos me- 
dios de las grandes perlurbaciones magnelicas. Por el Coro- 
NEL Sabine. (Trans. Filos. de la Sociedad Real, 1.* parte 
de 1851). 

(Bibliolhuquc universclle de Geoeve, seticmhre \%^\.) 

El autor enuncio en una discusion de las observaciones 
bihorarias de la declinacion magnetica heclias en 1841 y 1842 
en los observatories de Toronto y de Hobarttown , y publica- 
das en 1843 y 1845, que las perturbaciones magneticas de 
gran estension, y que aparentemente se reproducen rara vez, 
llamadas de ordinario tempestades 6 sacudidas magneticas, 
debian hallarse sujetas si se las estudiaba en sus efectos me- 
dios sobre la direccion y la fuerza magnetica abrazando un pe- 
riodo de tiempo suficiente, a leyes periodicas que las ligaban 
a las eslaciones del ano y a las horas del dia , en las eslacio- 
nes particulares. 

Al preparar para la prensa las observaciones horarias de 
la declinacion en los afios de 1843, 44 y 45 en las mis- 
mas dos eslaciones , hallo el autor la confirmacion completa de 
la opinion que antes emitiera ; y figurandose que la prueba 
asi obtenida era dcmasiado sistematica , y se apoyaba en una 
serie de demasiada duracion para que pudiese presumirse que 
no haya de ser confirmada por la continuacion de las observa- 
ciones en afios poster lores , ha creido deber ponerla en cono- 
cimiento de la Sociedad Real , aun cuando sea de presumir que 
los periodos exactos y los valores numericos medios de los efec- 
tos producidos , 6 sus relaciones reciprocas en diferentes esta- 
ciones del ano y en las diversas horas, podran recibir modifi- 
caciones ulleriores. 



Ill 

Las perlurbaciones objeto tie esta investigacion presenlan 
dos caracteres distiiitos: 1." la irregularidad de su raarcha, 
pasandoa veces miichos dias sin que sea dado descubrir el me- 
nor rastro de ellas; 2.° la estension considerable de la devia- 
cion de la posicion media a que se hall a espuesta la aguja micn- 
Iras duran, Este ultimo caracter es el que ha conducido a su 
reconocimienlo general , y a establecer el heoho que , cuando 
lienen lugar, su iniluencia se estiende por lo regular simul- 
laneamente 6 casi simultaneamente por todos los puntos del 
globo en donde se han liecho observaciones. El mismo carac- 
ler OS lambien el que nos da el mejor indice para dislinguirlas. 

El autor, aprovechandose de dichos caracteres, ha entresa- 
cado de la masa total de las observaciones horarias hechas en 
los tres anos en una y otra estacion, una porcion suficiente 
de las observaciones afectadas , para formar una eslensa base 
de invi'stigacion. La porcion asi separada en Toronto , consta 
de 1650 de las mayores deviaciones de la aguja de declinacion 
de su posicion media , siendo 22376 el niimero total de las ob- 
servaciones horarias en el mismo periodo , siendo por tanto 
la relacion de la 13,6; y en Hobarltown de 1479 grandes 
deviaciones sobre un numero total de 21436, y la relacion de 
1 a 14,5. De las 1650 observaciones afectadas de Toronto, 
472 pertenecen a 1843, 612 a 1844, y 566 a 1845. De las 
1479 observaciones anormales de Hobarttown, 415 son de 
1843, 562 de 1844 y 502 de 1845. Apareceria pues que en 
estas dos estaciones, situadas en distintos hemisferios y casi 
en puntos opuestos del globo , ha sido 1843 el ano menos afec- 
tado, y 1844 el que lo ha sido mas de los tres. Tomando pues 
por unidad los niimeros de 1845 , las relaciones numericas en 
cada estacion son 

Toronto. Hobarllown. 



1843 0,84 0,83 

1844 1,08 1,12 

1845 1,00 1,00 

Esta concordancia, unida al liecho que las observaciones 
afectadas distinlas en dichos anos se han presentado en su ma- 



112 

vor parte en los niismos dias en una y olra eslacion, vieneii 
en apoyo de las conclusiones sacadas de las investigacionos 
precedenles, relalivas al caracter de estas perturbaciones que 
afeclan simullancamontc las partes mas dislanles del globo. 

El autor presenta en seguida algunas tablas que conlienen 
la distribucionde las observaciones distintas, 1.° entre los di- 
ferentes meses, y 2." en las diferenles horas de su reaparicion, 
siendo estas boras las del tiempo local. Esle Irabajo abraza en 
primer lugar el niimero de las observaciones afectadas en los 
diferentes meses y boras, tomando en cuenta con separacion las 
que presentan deviaciones al Este y las que las presentan al 
Oesle, y en segundo los valores mimericos medios de estas de- 
viaciones en las diferenles horas, distinguiendo las deviaciones 
orientales de las occideiitales, y lomadas de una media diaria 
durante todo el auo. Se hallan espuestos con lodo cuidado los 
resultados de este analisis, y en la opinion del autor revelan 
de un modo concluyente la existencia de leyes periodicas en 
las epocas de reaparicion y en los efectos de las grandes per- 
turbaciones; presentan estas leyes puntos de una analogia no- 
table en ambas estaciones, y dan a conocer una relacion de 
causa que subsiste entre las perturbaciones de un lado, y las 
estaciones del ano y las horas del dia del otro. 

Hace notar el autor la utilidad praclica que debe tener el 
conocimiento de dichas leyes para las investigaciones que han 
sido somelidas reciontemente a la Sociedad Real, por uno de 
sus individuos mas distinguidos, referenles a las causas fisicas 
de las variaciones periodicas del magnetismo terrestre, princi- 
palmente de la variacion diaria. Las actuales investigaciones 
hacen ver que este ultimo fenomeno debe considerarse hoy dia 
como debido a dos variaciones periodicas, sobrepuestas una a 
otra, sujetas a leyes muy desemejantes, yprobablemente tam- 
bien a causas inmediatas diferentes. Estas partes constituyen- 
les de la variacion presenlaran relaciones diversas una para 
con otra en los diferentes puntos del globo, y en varies de es- 
tos sera preciso, segun opina el autor, separar la variacion 
diaria total en sus elementos para estudiar sus causas fisicas 
respectivas. 

En Toronto v en Hobarttown la variacion diaria ocasionada 



113 

por las pertiirbaciones forma una parte que se distingue cla- 
ramente en la variacion diaria total; la mayor parte si no la 
totalidad de este notable fenomeno, llamado por Mr. Faraday 
episodio noclurno, parece poder atribuirse a esta causa. 

Concluye el autor haciendo notar que las investigaciones 
a que se refiere su escrito no podran considerarse complelas, 
sino cuando la influencia de las raayores perturbaciones sobre 
los fenomenos de la declinacion y de la fuerza magnetica se 
haya sometido a un examen parecido, lo que cree podra rea- 
lizarse en breve. 



De los climas, y de la influencia que ejercen los terrenos poblados 
de bosques 6 sin ellos; por Becquerel. 

(Couiptes reiidus: 3 enero •ISoo.) 

Al presentar a la Academia de Ciencias de Paris la obra 
con el titulo arriba espresado, dijo su autor Becquerel lo que 
sigue. 

"Encargado desde el ano 1848 por el Consejo general del 
Loiret de darle cuenta de los estudios encaminados a mejorar 
el territorio de la Sologne, hube de mirarlos bajo dislintos as- 
pectos. Yisto que estuvo poblado de bosques, tuve que inda- 
gar las principales causas de haber desaparecido estos, y los 
efectos resultantes para su clima. Tomo por tanto mayores di- 
mensiones mi trabajo, los materiales recojidos ban sido con- 
siderables, y he podido considerar de un modo general la in- 
fluencia que tienen en los climas los terrenos cubierlos de 
arbolado y los que no lo estan, cuestion de las mas dificiles e 
importantes de la meteorologiti. 

»Tengo probado con numerosos ejemplos, que la falta do 
arbolado en un pais cubierto de el antes con abundancia, es 
sefial muy segura del paso de grandes conquistadores, de una 
civilizacion adelantada, de conmociones poliiicas, 6 de vicios 
en la administraciou. El publico conoce los documentos his- 
toricos sacados de las fuentes mas autenticas y propias para 
hacerle conocer lo que fueron los bosques en los tierapos re- 
motes, las vicisitudes que ban esperimentado por causa de 



114 

las guerras y por los progresos dc la civilizacion, y lo quo 
son hoy clia; pueslo quo. he presenlado, disculicndo al mismo 
tiempo su valor , las observaciones recojidas en diferentes 
epocas, y con cuyo auxilio se ha Iralado de demostrar la es- 
labilidad 6 el cambio del clima de iin pais que en lo anliguo 
tavo arbolado, precediendo ademas a este relalo y discusion 
un Iratado elemental de los cliraas, con objelo de indicar las 
numerosas y variadas causas que influyen en su constilucion, 
y con el de demoslrar la naturaleza de los cambios que el des- 
cuaje y el cullivo pueden introduclr en ellos. 

»El orden que he seguido en este resumenhistorico se ha- 
lla indicado por la naturaleza de las cosas: colocada la cuna 
de la civilizacion en Asia, en la India, he partido desde alii 
para hacer mis escursiones selvalicas alrededor del globo, del 
Hindostan, esa vasta region que se estiende desde la verlien- 
le meridional del Himalaya hasta el mar de las Laquedivas 
y de las Indias. Uespues del Hindostan he recorrido la Persia, 
el Asia Menor, el literal de Africa y el del Mediterraneo, los 
diversos estados de Europa, dando a conocer los dales esla- 
disticos de las superficies pobladas de arbolado, y de las que 
no lo estan en cada uno de ellos; habiendo pasado en segui- 
da a las dos Americas, y de alii a las Anlillas, para ir al mar 
de las Indias, visitando las principales islas y archipielagos. 

))Despues he descrilo los desiertos, estepas, llanos, sabanas 
y pampas, indicando su influencia climaterica , y luego las 
principales landas y tierras inundadas de la Francia, como la 
Solofia, la Brenne, la Bresse, la Camarga y las Landas; aua- 
diendo un paralelo entre la campiua belga, que se cuida de 
mejorar en el dia, y la Soloua, con objeto de probar que pue- 
de regenerarse esta ultima, valiendose de los mismos medios. 
.»Como los efectos del descuaje se han mirado de tan di- 
verso modo aun por los sdbios mas distinguidos, he debido, 
antes de decidirme, reunir un gran niimero de datos y discu- 
lir su valor, haciendo abstraccion de toda idea sislematica. 

wDespues he probado, con gran copia de citas, que los 
reyes y gobiernos que se han sucedido desde Carlo-Magno 
hasta la epoca actual, han dado ordenanzas y decretos para 
impedir la destruccion de los monies y asegurar su conserva- 



ii;; 

cion; pero no hao diclado medida alguna para limpiarlos, re- 
planlarlos, y reparar, en una palabra, los dcsaslres causados 
en los monies por las guerras, los progresos de la civiliza- 
cion, y otras causas mas. Napoleon dispuso que se imprimie- 
rau en 1804 las estadisticas de los departamentos, en las cua- 
les se encuentrau las quejas de los antiguos distrilos, de las 
municipalidades y Consejos generales, relalivas a los funes- 
ios cfectos del descuaje; y lie sacado estraclos de esas esta- 
disticas, para demoslrar que las quejas eran generales en loda 
la Francia en dicha epoca. 

»Las principales cousecuencias que he deducido son las 
siguientes. Los bosques obran en el clima de un pais come 
causas frigorificas, corao abrigo contra los vientos, sirviendo 
para mantener las aguas vivas, y para oponerse a que se re- 
bajen las montaiias. 

»Todavia no esla probado que la destruccion del arbolado 
en una gran estension mejore la temperatura media, como 
lendian a demostrarlo las observaciones de Jefferson, hechas 
en Virginia y Pensilvania, puesto que Mr. de Humboldt, que 
ha recojido y discutido las observaciones hechas en diversos 
puntos de la America septentrional, saca una conclusion con- 
traria. Por otro lado,.las observaciones de MM. Boussingault, 
Hall, Rivero y Roulin, hechas en los tropicos, desde el nivel 
del mar liasta unas alturas en que se hallan climas templados 
y polares, prueban que la abundancia de bosques, y la hume- 
dad que de ellos resulta, tienden a enfriar el clima, y que la 
sequedad y aridez producen un efecto contrario. Para espli- 
car esta contradiccion, seria necesario admitir que las obser- 
vaciones mencionadas por Mr. de Humboldt no ban principia- 
do sino despues de las grandes lalas de arbolado. Ahadire sin 
embargo, que pudiera suceder que, permaneciendo la tempe- 
ratura media siempre la misma, se cambiase la distribucion 
del calor en el curso del afio, en cuyo caso se modificaria el 
clima. Los documentos historicos relatives a las variacicnes 
de cultivo en los siglos pasados, no bastan para resolver estas 
cuestiones. 

»La influencia de los montes como abrigo se halla hoy de- 
mostrada; pero esos abrigos no obran de un modo absolulo, 



116 

tlependiendo los efeclos que produceii de la allura de donde 
sopla el viento. Si esla no llega a la del monte, el aire se 
halla delenido a cada momenlo por los arboles, perdiendo asi 
cada vez raas su celeridad; de modo que si el monle es bas- 
tanle espeso , al llegar a su conclusion ha cesado complela- 
mente. Cuando viene de una allura superior a la de los arbo- 
les, el monte solo tiene accion en la corriente de aire infe- 
rior; pero pasado el bosque, 1a masa de aire superior, que 
no ha encontrado obstaculo alguno, continua su curso con la 
misma celeridad, conmoviendo al mismo tiempo la capa de 
aire inferior. A veces un sencillo parapeto de arboles obra 
como abrigo; asi que en el valle del Rodano, donde sopla 
el maestral , un simple seto de dos melros de allura preserve 
los campos cullivados hasta la distancia de 22 metros. 

»Un monle inlerpueslo al paso de una corriente de aire 
huraedo, cargado de miasmas pestilenciales, preserva algu- 
nas veces de los efeclos de esle a todo lo que esla delras de 
el , mienlras que la parle descubierla queda sujela a las en- 
ferraedades: el arbolado, pues, sirve como de tamiz al aire 
infecto, y lo purifica quilandole sus miasmas. 

»La influencia de los monies como causa conservadora de 
las aguas vivas de un pais, no puede ponerse en duda: gran 
numero de cases la afirman sobre este particular, hallandose 
corroborada ademas con las numerosas quejas consignadas 
en las esladislicas publicadas en 1804 por orden de Napoleon. 

»La presencia de bosques en pais de montanas evila la de- 
nudacion de estas, la formacion de lorrentes, los estragos 
que causan en los valles las Uuvias lorrenluosas, y que se 
obslruyan con las rocas deslrozadas, impidiendo lambien las 
inundaciones de los paises cruzados por rios caudalosos y 
otros que no lo son lanto. 

»Finalmenle, el clima de un pais se mejora rompiendo 
las landas, desecando los terrenos panlanosos, poblando de 
arboles las monlafias y lerrenos no laborables que no presen- 
tan la roca desnuda: de ello resulla un aumento de la rique- 
za publica, y recursos preciosos para las evenlualidades del 
porvenir.*' 



117 

Sobre el calor del ijlobo. 

(Cosmos; \o ftbreio ^.Sb3.) 

Dos hipotesis se ban senlado sobre el oiigen del calor 
propio del globo: una, la de Fourier, que es la de casi todos 
los fisicos y geologos, supone la fluidez ignea primitiva de 
nuestro planeta, y su enfriamiento progreslvo desde la su- 
perficie al cenlro; y en este caso es evidenle que la lempe- 
ratura se ha de haber conservado muy elevada en el nucleo 
terrestre, mientras que haya ido bajando poco a poco en las 
capas superficiales. Poisson, sin embargo, no se adhirio a es- 
tas ideas, y supone que al enfriarse la lierra radiando hacia 
la atmosfera que le rodea, las partes de la superficie que se 
soliditicaron las primeras se precipitaron muy pronto al cen- 
lro, y que una doble corriente ascendente y descendenle ha 
disminuido asi la gran desigualdad que hubiera resultado en 
iin cuerpo solido, cuyo enfriamiento se verifica parliendo de 
su superficie. En esta hipotesis, el fenomeno del calor cre- 
ciente con la profundidad no se estenderia a la masa enlera 
del globo, y solo sera una sencilla consecuencia del movi- 
miento de nuestro sistema planetario en el espacio celeste, 
cuyas diferentes partes gozaran en virtud del calor sidereo 
de teraperaturas muy diversas. Pudieran formularse olras va- 
rias hipotesis para esplicar el calor propio de la tierra; pero 
en este caso , como en los demas en que la esperiencia puede 
auxiiiar a la teoria, es bueno hacer observaciones y esperar. 
Dejando, pues, aparte la discusion de las opiniones de Fou- 
rier y de Poisson, nos limitaremos ahora a dar cuenta de los 
resultados obtenidos al estudiar la temperalura de algunos 
pozos artesianos, dejando a los lectores la facultad de seguir 
la opinion que mejor les parezca. El pensamiento de hacer 
este esludio se debe a Mr. Arago, y a Mr. Walferdin somos 
deudores de los mejores instrumentos para esta clase de ob- 
servaciones, y de los primeros resultados verdaderamenle 
admisibles: despues MM. Auguste de Larive, Marcet, Reich, 
Welter y otros ban seguido el mismo camino, obteniendo resul- 
tados bastante conformes enlre si. Lo que se ha Iratado de co- 



118 

nocer principalmente, ha sido el valor del auraento de la tem- 
peralura segun crece la profundidad: al final de cste articulo 
pondremos los resultados sabidos hasta el dia, para que pue- 
da tenersc seguridad de la conforraidad notable que exisle al 
parecer enlre los dlferentes dalos numericos; perp antes de 
resumir en un estado los conocimienlos adquiridos, dire- 
mos algunas palabras sobre el ultimo trabajo de Mr. AYal- 
ferdin relativo al pozo artesiano de Mondorff (en el gran du- 
cado de Luxemburgo), que Mr. Welter habia reconocido an- 
tes con termometros de simple inclinacion. Este pozo artesia- 
no, cuyo manantial ascendente tiene origen en la arenisca 
abigarrada, llega hoy a la profundidad de 730 metres, pa- 
sando mas abajo del nivel del nacimiento, que se halla a 502 
metres de la superficie del terrene : al hacer la perforacion 
se han encontrado dos manantiales superiores, uno de agua 
salada y el otro de agua dulce. Segun el parecer de Mr. Wal- 
ferdin, los puntos mas alto y mas bajo del banco de uivela- 
cion de la arenisca abigarrada del pozo de Mondorff, estan 
entre 150 y 430 metres sobre el nivel del mar; lo cual espli- 
ca la fuerza ascensional del surtidor de agua caliente de 
aquel eslablecimiento. Tres horas se han empleado para ba- 
jar los termometros bien conocidos de Mr. Walferdin a 720 
metres, y despues de haberlos tenido abajo por espacio de 
doce horas, se sacaron en dos y media: todos estos instrumen- 
los han dado acordes una temperatura de 27°, 63c. Aunque el 
pozo tiene 730 metres de profundidad, solo se ha podido llegar 
con los termometros a la de 720, porque hube un hundimiento 
en la parte no revestida de lubes del pozo artesiano. Es necesa- 
rio acordarsc que la temperatura obtenida asi no espresa 
el calor de la fueule, puesto que el agua salta a 218 me- 
tres mas arriba del lugar a que han bajado los termo- 
metros; de mode que alii sole debia haber agua eslanca- 
da , pero agitada por cerrientes variables que alteren el fe- 
nomeno. Verificado un sendee al nivel del manantial, ha 
dado 25°,65, y Mr, Walferdin ha obtenido 25°,13 a la profun- 
didad de 430 metres, y 26°,29 a la de 609 metres. En cuanto 
al agua que sube a la superficie, pierde 0°,08 per cada 100 
metres de ascension. El misme Mr. Walferdin, con objeto de 



119 

conocer la temperatura media del suelo de Mondorff, ba co- 
locado siis lermometros en un pozo cerrado que hay cerca 
del establecimienlo de bancs, cuya profundidad es de 7 me- 
tros, de los cuales i^.S son de agua; y 13 dias de observa- 
cion ban ofrecido una temperatura media de 9',7. Calcu- 
lando el aumcnto de la temperatura por eslos datos, ha- 
11a 1° por cada 31"°,04. Si adoplamos que la longitud del 
radio terreslre sea de 6.377.398 metros, y que la ley del 
aumento dado para los pozos perforados sea constante , se 
tendria que la temperatura del centro de la tierra sera 
205457%4. Ahora bien; si el carbono, que es el cuerpo mas 
refractario que se conoce, se volatiliza a la temperatura de 
nuestras pilas, que no escede ciertamenle de 2000° centesi- 
males del termometro puesto al aire libre, ^,en que estado se 
encontrarian los cuerpos sometidos a un calor 100 veces mas 
considerable? Esta reflexion nos hace dudar un poco del va- 
lor real de la ley del aumento, sentada de una manera ab- 
soluta; pero sea lo que quiera, no por eso dejamos de acep- 
tar con satisfaccion todo lo que enriquece nuestros conoci- 
mientos; y la nueva determinacion de Mr. Walferdin es un 
documento precioso para la fisiologia de la tierra. 

Atimentos obtenidos en diversos parajes y por diferentes autores. 

Paris, pozo de Grenelle (Walferdin y Arago). 1" por 31^09 

New-Sahverk (cerca de Minden, Prusia) 1° 29™,06 

Perigny , cerca de Ginebra (de la Hive y 

Marcet) = 1" 29-,06 

San Andres (Eure) (Walferdin). : V 30", 95 

Mondorff (Luxemburgo) (Walferdin) 1" 31",04 

Otros resultados. 
Segun la temperatura media del aire libre 

y de los sotanos del Observatorio de Paris. 1° 28°',00 

En los pozos de minas de Sajonia (Pieich). .. 1° 41"", 84 

En una mina de Newcastle (Philipps) 1" 32"',04 



no 
VARIEDADES. 



Real Academia de Cie'UCWs.— Programa para la adjudkacion depre- 
mlos en 1854. 

Articulo 1.° *'La Academia de Ciencias abrc concurso publico pa- 
ra adjudicar iin premio al autor de la Memoria que desempene salisfac- 
loriamcnte a juicio de la inisma Academia el tenia siguiente: 

"£.ra?jn'nar el fenomeno de la fermentacion alcokolica del zitmo de la 
ntiva, y circunstancias en que debe efectiiarse para la mejor calidad y 
nmaijor conscrvacion de los liquidos resullanles, con particular aplicacion 
nd Espafiu." 

2." Se adjudicara tambien un accessit al aulor de la Memoria cuyo 
ni^rito se acerque mas al do la primera. 

5." El premio consislira en seis mil realcs de vellon y una medalla 
de ore. 

4.° El accessit consistird en una medalla de oro enteramente igual 
i la del premio. 

5." El concurso quedard abierto desde el dia de la publicacion de 
cste programa en la Gaceta de Madrid, y cerrado en i° de mayo de 
4834, hasta cuyo dia se recibiran en la Secretaria de la Academia to- 
das las Memorias que se presenten. 

6." Podran optar al premio y al accessit todos los que presenten 
Memorias segun las condiciones aqui establecidas, sean nacionales 6 es- 
trangeros, esceplo los individuos nunierarios de esta corporacion. 
7." Las Memorias habran de estar escritas en casteliano 6 latin. 
8.° Eslas memorias se presentaran en pliegos cerrados, sin firma ni 
indicacion del nombre del autor, llevando por encabezamiento el lema 
que juzgue conveniente adopla;- ; y a este pliego acompaiiar^ otro tam- 
bien cerrado, en cuyo sobre esle escrito el mismo lema de la Memoria, 
y dentro cl nombre del autor y lugar de su residencia. 

9.° Ambos pliegos se pondran en manos del Secretario general de la 
Academia, quien dara recibo espresando el lema que los distingue. 

40. Designadas las memorias merecedoras del premio y del accessit, 
se abriran ado continuo los pliegos que tengan los mismos lemas que 
ellas, para conocer los nombres de sus autores. El Presidente los pro- 
claniara, quemandose en seguida los pliegos que encicrran los demas 
nombres. 

i J. En la sesion publica del mes de noviembrc de 1854 se leerael 
acuerdo de la Academia por el cual se adjudiquen el premio y cl accessit, 



121 

que recibiran los agraciados de manos del Presidente. Si no se hallasen 
en Madrid, podran delegar persona que los reciba en su nonibre. 

12. Ko se devolveran las Memoriasoriginalesa sus aulores, los cua- 
les sin embargo pueden sacar una copia de ellas.=Madrid 28 de marzo 
de 1853.=E1 Secrelario perpetuo, Mariano Lorente. 

— Del magnetismo animal,' por Mr. Fr. Jrago. — Estamos seguros que 
nueslros lectores veran con vivo interes el siguiente estraclo de la bio- 
grafia de Juan Silvano Bailly, escrila por Mr. Arago, y leida en 26 de 
febrero de 1844, pero que no se ha publicado hasta este auo de 1853 en 
el Jnnuaire du Bureau des Longitudes. Esta es la primera vez que uu 
sabio del siglo XIX, cdlebre entre los demas, discute la grande y delicada 
cuestion del magnetismo animal. 

**A principios del auo 1778 vino un medico aleman a establecerse en 
Pan's. Mesmer, pues es necesario nombrarlo, pretendia haber descubierto 
un agente descouocido complctamente hasta entonces a los hombres de la 
ciencia y a los fisicos; uu fliiido derramado por el universe, y que de es- 
te modo servia de comunicacion y ejercia su influencia entre los globes 
celestes: un fliiido susceptible de flujo y reilujo, que se introducia mas 6 
menos abundantemente en la sustancia de los nervios, afectandolos de una 
manera favorable; y por esta razon se dio al fliiido el nombre de magne- 
tismo animal. 

»BI magnetismo animal, decia Mesmer, puede acumularse, concen- 
trarse y trasladarse sin el auxilio de cuerpo alguno intermedio: reflejase 
como la luz, y los sonidos musicales le propagan y aumentan." 

»Unas propiedadcs tan raarcadas y precisas, debian ser aiparecer sus- 
ceptibles de comprobarse por medio de esperimentos; pero era necesario 
prever el case de que estos no saliesen bien , y Mesmer tuvo cuidado de 
no olvidarlo, como se ve por la declaraciou siguiente. ^*Aunque el fliiido 
sea universal, no todos los cuerpos animados le asimilan en el mismo gra- 
de, pues hay algunos, si bien en corto niimero, que destruyen con su 
presencia los efectos de este fliiido en los demas cuerpos.^' 

uAdmitido este principio, y tomandose la facultad de esplicar el mal 
exito de los esperimentos por la presencia de cuerpos neutralizantes, Mes- 
mer evitaba el peligro de hallarse cortado. Nada le impedia , pues, anun- 
ciar con toda seguridad **que el magnetismo podia curar inmediatamente 
los males de nervios y mediatamente todos los demas; que daba al nledico 
el medio de juzgar con certeza del origen , naturaleza y progresos de las 
enfermedades mas complicadas; y por ultimo, que la naturaleza presenta- 
ba, en el magnetismo, un medio universal de preserver y sanar a los 
hombres." 

» El publico se alucino, y su preocupacion llego a lo sumo: In f^o- 

fiedad franresa aparecio por un momcnto dividida en magnefizadorcs y 



122 

raagnetizados; y desde un estremo a otro de la nacioD se vieron agentes 
de Mesmer que, con carta de pago en mano, ponian a contribucion todas 
las personas pobres de espiritu. 

»Los magnetizadores tuvieron la sagacidad de dar a eutender que las 
crisis mesmerianas se manifestaban solamente eu las personas dotadas de 
cierta sensibilidad, desde cuyo momento el temor de scr clasificado entre 
los insensibles, hizo que hoinbres y mujeres tomasen al acercarse a la 
cubeta magnetica la apariencia de epilepticos. 

"Mesmer abandon6 la Francia por segunda vez hacia fines de 178 f 
para ir en busca de un gobieruo mas ilustrado, que supiese apreciar los 
talentos superiores, pero dejando en pos de si gran niimero de adeptos ar- 
dientes y tenaces, cuyas gestiones importunas determinaron por ultimo al 
Gobierno a someter directamente los pretendidos descubrimientos magn^- 
ticos al examen de cuatro profesores de raedicina de la facultad de Paris. 
Estos medicos solicitaron que se les agregasen algunos raiembros de la 
Academia de Ciencias, y entonces Mr. de Brcteuil nombro a MM. Le Roy, 
Bory, Lavoisier, Francklin y Bailly para formar parte de la Comision 
mista, dando a este ultimo el caracter de secretario encargado de esten- 
der el iuforme. 

»E1 trabajo de nueslro compauero salio a luz en agosto de 1784. Nun- 
ca se redujo uua cueslion compleja a sus rasgos caracteristicos con tanta 
delicadeza y tacto, ni en tiempo alguno presidio mas moderacion a un 
examen que las pasiones personales hacian imposible al parecer; ni tam- 
poco se trato jamas cuestion cientifica con estilo mas digno y elegante. 

»Los comisionados se trasladan inmediatamente al establecimiento de 
Mr. Deslon, examinan la celebre cubeta magnetica, la describen minucio- 
samente , refieren los raedios empleados para escitar y dirigir el magnetis- 
mo, y Bailly forma el cuadro variado de los enfermos, que era en verdad 
estraordinario; su atencion se fija principalmente en las convulsiones, que 
se distinguian con el nombre de crisis, notando que entre el uximero de 
personas que estaban en crisis hay siempre mas mujeres que hombres: en 
esto no supone que liaya engauo alguno, admite los fenomenos como com- 
probados, y pasa a la indagacion de sus causas. 

»Segvm Mesmer y sus partidarios, la causa de las crisis y de los efec- 
tos menos caracterizados residia en un fliiido particular; y los comisio- 
nados debieron en primer lugar consagrar sus esfuerzos para hallar las 
pruebas de su existencia. "Con efccto, decia Bailly, el magnetismo animal 
»puede existir muy bien sin servir de utilidad , pero no puede ser util si 
»no existe." 

»E1 fliiido magnetico animal no cs luminoso y visible como la electri- 
ridad , ni produce eu la naturaleza inerte los efectos seiialados y visibles 
que el fluido del iman ordinario; y por ultimo, no tiene sabor. Algiuios 



123 

inagnetizatiores sosteuiau que tenia olor ; pero los esperimentos repetidos 
varias veces demostraron que era un error. La existencia del pretendido 
fluido no podia, pues, comprobarse sino en los seres animados. 

»Los efectos curatives hubieran colocado a la Comision en un d^dalo 
insondable, porque la naturaleza sola, sin ningun auxilio, cura muchas en- 
fermedades, y en este sistema de observaciones hubiera sido necesario un 
grandisimo niimero de curaciones y ensayos repetidos por largo tiempo, 
para dar importancia al magnetismo. 

»Los comisionados hubieron, pues, de limitarse a los efectos momen- 
taneos del fluido en el organismo animal. 

)>Primeramente se sometieron ellos mismos a los esperimentos Los 

comisionados, magnetizados por Deslon, no sintieron efecto alguno. A las 
personas que gozaban de salud les sustituyeron enfermos sacados de las 
difereutes clases de la sociedad, de los cuales, que eran catorce, cinco es- 
perimentaron algunos efectos, pero la accion del magnetismo fue nula en 
los nueve restantes. 

)>E1 magnetismo, a pesar de los pomposos anuncios, no podia en lo su- 
Tesivo considerarse como indicador seguro de las enfermedades 

"Faltabadeterminar hasta que punto influye la imaginaciou en nnes- 
tras sensaciones, y averiguar si estas podian ser la causa, en todo 6 par- 
te, de los efectos atribuidos al magnetismo. 

»Nada hay mas claro ni tan demostrativo como esta parte del trabajo 
de los comisionados. Se dirijen a la casa del Dr. Jumelin , que , ?ea dicho 
de paso, obtiene los mismos efectos, iguales crisis que Deslon y Mesmer, 
magnetizando por un metodo enteramente diferente, y sin sujetarse a dis- 
tincion alguna de polos: elijen las personas que sienten al parecer mas 
fuertemente la accion magnetica, y engaSan su imaginacion tapandoles los 
ojos de tiempo en tiempo. 

»^Y que sucede? 

"Cuando las personas ven, el sitio de las sensaciones es precisamente 
la parte magnetizada? y cuando se les vendan los ojos, colocan esas mismas 
sensaciones al acaso, en partes muy distantes a veces de aquellas a que el 
magnetizador dirije su accion. El individuo que tiene los ojos abiertos, es- 
perimenta con frecuencia efectos marcados en ocasion que no se le mag- 
netiza, y por el contrario, permanece impasible cuando se le magnetiza sin 
que lo sospeche. 

»Todas las personas de cualquier clase que scan, presentan iguales 
anomalias. 

»Luego las sensaciones que se esperimentan sin estarse magnetizando, 
evidentemente solo pueden ser hijas de la imaginacion. 

"Los comisionados eran logicos demasiado severos para darse por sa- 
tisfechos con estas esperiencias. 



124 

»Habiendo llevado d un joveri al jardiu de Frankliu en Passy, sc le 
dijo que Desloii, su conductor, acababa de magnetizar un arbol : entonces 
rerorrio el jardin y cayo convulse, pero no bajo el arbol magnetizado; la 
crisis Ic sobrevino teniendo abrazado otro arbol que no lo cstaba , y muy 
distante del primero 

"Dcslon olijio entre los enfermos pobrcs dos mujeres que se habian 
hecho notables por su sensibilidad alrededor de la cubeta inagnelica, y las 
traslado a Passy: estas mujeres esperimentaron convulsioncs siempre que 
se creyeron magnetizadas, aunque en realidad no lo estuviesen. En casa de 
Lavoisier, la cek-bre prucba de la taza produjo efectos analogos: el agua 
natural causo algunas voces convulsioncs, y el agua magnetizada no. 

»Verdadcramente que seria preciso renunciar al uso de la razon para 
no ver en tal conjunto de esperimeutos tan bien ordenados, la prueba de 
que la imaginacion sola puede producir todos los fenomenos observados en 
torno de la cubeta mesmeriana, y que los procedimientos magndticos, des- 
tituidos de las ilusiones de la imaginacion, quedan absolutamente sin efec- 
to. Los comisionados , sin embargo, se ocupan nuevaraente de la cuestiou 
bajo este ultimo punto de vista, multiplican los ensayos, toman todas las 
precauciones posibles, dando asi a sus conclusiones la evidencia de las de- 
mostraciones matematicas , y sientan por ultimo que un juego de la ima- 
ginacion puede de la misma manera hacer cesar las crisis que producirlas. 

»Conociendo que las personas de espiritu debil 6 poco activo se admi- 
rarian del importante papel que los comisionados seiialaban a la imagina- 
cion en la produccion de los fenomenos magneticos, Bailly les pone como 
ejemplos: el desorden de las vias digcslivas causado por el sobresalto; la 
tristeza que produce la ictericia; el temor del fuego que vuelve a los pa- 
raliticos el uso de las piernas; la viveza de atencion, que contiene el hipo; 
el susto que hace encanecer instantaneamenfe el pelo, etc, 

»Los comisionados examinaron, por ultimo, si las convulsiones, electo 
de la imaginacion 6 del magnetismo, podian scr utiles, curar 6 aliviar a 
las personas que padecen. ^^Indudablemente, decia el informante, la ima- 
ginacion de los enfermos influye con frecuencia mucho en la curacion de 

sus enfermedades Hay casos en que es preciso trastornarlo todo para 

ordenarlo nuevamente ; pero la sacudida ha de ser linica mientras 

en el Iratamiento publico del magnetismo , el habito de las crisis no 

puede menos de ser fuuesto. *' 

»Este pensamiento afectaba consideraciones muy delicadas, y se des- 
envolvio en un informe dirigido personalmente al Key. Este informe debia 
permanecer en secreto, pero se ha publicado hace algunos auos y no es 
de sentir: el tratamiento magn^tico bajo cierto aspecto gusta nnicho a los 
enfermos, y ahora se hallan advertidos de todos sus peligros. 

wSiempre he sentido que los comisionados no creycsen oportuno el afia- 



125 

ilir a sii interesanle trabajo un capitulo historico, pues me figuro que al 
ver iisadas las practicas mesmerianas hace mas de dos mil alios, el pu- 
blico se hubiera preguatado si en alguna ocasion habia sido necesario 
un intervale de tiempo tan considerable para acreditar una cosa buena y 
Util. Circunscribi^ndose a estc punto de vista , con pocos hechos se hubie- 
ra llenado el objeto. 

uPhitarco, por ejemplo, hubiera mostrado a Pirro curando las enfer- 
medades del bazo por medio de fricciones dadas con el dedo gordo de su 
pie derecho; y sin pasar por espiritu exajerado de interpretacion, se 
hubiera podido ver en este caso el g^rmen del magnetismo animal 

"Vespasiano hubiera podido tambien figurar entre los predecesores de 
Mesmer, a causa de las curas estraordinarias que hizo en Egipto por la 
accion de su pi^; y remontandose mas, no seri'a dificil invocar igualmente 
los nombres de Homero y Aquiles. Joaquin Camerario pretendia efec- 
tivamente haber visto en un ejemplar muy antiguo de la Iliada, unos 
versos que los copiantes mutilaron por no entenderlos, y en los cuales 
el poeta hablaba de las propiedades medicinales que poseia el dedo gordo 
del pie derecho de ese mismo h^roe. 

»Lo que mas siento es la falta del capitulo en que Bailly hubiera nar- 
rado como algunos adeptos de Mesmer tuvieron la pretension de magne- 
tizar la luna , y hacer caer de este modo en un sincope, en un dia dado, 
a todos los astronomos dedicados a la observacion de dicho astro; pertur- 
hacion de que , sea dicho de paso , ningun geometra , desde Newton a La- 
place, se habia apercibido 

»Ya hemes advertido que los comisionados de la Academia y de la 
Facultad no pretendieron que las reunienes mesmerianas hubiesen sido 
siempre ineficaces; mas solo vieron en las crisis sencillos efectes de la ima- 
ginacion , sin descubrir en ellos ninguna especie de fliiido magndtico. Voy 
a probar que la imaginacien sola ha producide tambien la refutacion que 
Servan ha hecho de la teoria de Bailly. ^^jNegais, esclama el abegado 
general, se Bores comisionados, negais la existencia del fliiido al cual ha 
hecho Mesmer desempefiar tan gran papel ! Pues yo sostengo, no solo que 
existe ese fliiido, sine que es el intermedio con cuyo auxilio se escitan to- 
das las funciones vitales. Defiende que la imaginacien es uno de los feno- 
menos producidos por ese agente, y que su mayor 6 menor abundancia 
en tal 6 cual de nuestros organos , puede cambiar totalmente el estado 
iutelectual normal de los individuos." 

"Todos convienen en que un aflujo de sangre al cerebro, entorpece el 
pensamiente. 

»Un fluido sutil, invisible, imponderable, 6 una especie de fliiidos ner- 
vioses 6 magudticos , si se quiere , que circulasen per nuestros organos, 
pudieran evidentemente ocasionar efectes analogos 6 contraries. Per eso 



126 
los comisionados tuvieroa buen cuidaJo de hablar do imposibilidad en este 
particular. Su tesis era mas inodesta, contentandose con decir que no 
habia pnieba alijuna que indicase la cxistcncia de scmcjante fliiido: la 
imaginarion no tuvo, pues, parte en su informe. Todos los cuerpos se 
convirtieron, para los fanaticos, en focos de emanaciones particulares 
raas 6 menos sutiles, mas 6 menos abundantes, mas 6 menos disimiles. 
Hast a aqui la hipotesis tuvo pocos opnsitores aun entre los espiritus ri- 
gidos; pero bien pronto se supuso sin la menor apariencia de pruebas, que 
esas emanaciones corporales individuales estaban dotadas, las unas con 
respecto a las otras, ya de una gran potencia asimilativa, ya de un an- 
tagonismo pronunciado, 6 ya por ultimo de una completa neutralidad; y 
aun se quiso ver en estas cualidades ocultas las causas materiales de los 
efectos mas misteriosos del alma. ; Oh ! entonces la duda debio necesaria- 
mente apoderarse de todos aquellos a quienes habia enseiiado el progreso 
rigoroso de las ciencias a no pagarse de vanas palabras. En el sistema 
singular que acabo de esponer, cuando Corneille decia: '^Hay ciertos la- 
zos misteriosos y simpatias , cuya duke correspondencia une mutuamente 

las almas de igual naturaleza " y cuando el c^Iebre jesuita espaiiol, 

Baltasar Gracian, hablaba del parentesco natural de las almas y los co- 
razones, ambos aludian, y seguraraente sin sospecharlo, a la mezcla, 
penetracion y cruzamiento facil de dos atmosferas. 

»Sabino, no te quiero, le escribia Marcial, y no se por qu^; todo lo 
que puedo decirte es que no te quiero.» Los mesmerianos hubieran disi- 
pado con facilidad las dudas del poeta. 

wPlutarco nos refiere que el vencedor de Arminio se desmayaba a la 
vista de un gallo: la antigiiedad se admiro de este fenomeno, pero ^qu6 
cosa mas sencilla? Las emanaciones corporales de Germanico y el galla 
ejercian entre si una accion repulsiva. 

»E1 Mariscal d'Albret fu6 mas desgraciado aiin que Germanico: la at- 
mosfera que le hacia caer en un sincope, residia en la cabeza de un ja- 
bali separada del cuerpo. [Por que pruebas tan tristes deberian pasar los 
militares, si la teon'a mesmeriana de los conflictos atmosKricos lograse 
aceptacion!.... jTendrian que guardarse de los gallos, jabatos!.... 

»Y no solo suponian conflictos los mesmerianos entre las emanaciones 
corpusculares de los animales vivos, sino que hacian estensivas sus es- 
peculaciones a los cuerpos muertos, sin vacilacion alguna. ^Han imagi- 
nado los anliguos que la cuerda de tripa de lobo no puede nunca vibrar 
acorde con otra de tripa de cordero? Pues la diferencia de atmosfera hace 
posible el fenomeno. Ese mismo conflicto de emanaciones corporales esplica 
tambien el siguiente aforismo: ^el sonido de un tambor hecho con pellejo 
de lobo, quita la sonoridad a otro tambor hecho con pellejo de cordero?... 

>»E1 folleto de Servan, ingenioso, picante, escrito con gracia, era 



127 

digno bajo este triple aspecto de la acogida que el piiblico le dispens6; 
pero no destruia en ninguna de sus partes el trabajo claro, magestuoso 
y elegante de Bailly 

»La obra de Bailly dcstruyo completamente las ideas, sistemas y prac- 
ticas de Mesmer y sus secuaces; mas confesamos sinceramente que no 
debe invocarse ese trabajo contra el sonambulismo moderno , pues la ma- 
yor parte de los fenomenos agrupados alrededor de tal nombre no estaban 
conocidos ni anunciados en 1783. Un magnetizador dice seguramente la 
cosa menos probable del mundo, cuando afirma que tal individuo, en es- 
tado de sonambulismo , puede verb todo en medio de la mas profunda os- 
curidad; que puede leer a traves de una pared y hasta sin auxilio de los 
ojos.... La inverosimilitud de estos anuncios no resulta del celebre infor- 

me El fisico, el medico y el simple curioso que se dedican a hacer es- 

perimentos del sonambulismo-, que creen deber investigar si, en ciertos 
casos de escitacion nerviosa, ciertas personas se hallan dotadas realmente 
de la facultad, por ejemplo, de leer con el estomago 6 con el talon; que 
quieren saber claramente hasta qu6 punto los fenomenos anunciados con 
tanta seguridad por los magnetizadores de nuestra epoca no perteneceran 
al dominio de los truhanes y embaucadorcs; todos aquellos, decimos, no 
recusan en manera alguna la autoridad de cosa juzgada , ni se declaran 
en oposicion con los Lavoisier , los Franklin y los Bailly , sino que pene- 
tran en un mundo cnteramente nuevo, cuya existencia ni aun la sospe- 
chaban tan esclarecidos sabios. 

"Ko puedo aprobar el misterio de que se rodean los sabios graves que 
asisten en el dia a los esperimentos del sonambulismo. La duda es una 
ppueba de modestia, y rara vez perjudica a los progresos de las ciencias: 
no puede decirse lo mismo de la incredulidad. El que no tratandose do las 
matematicas puras, pronuncia la palabra imposible, tiene poca pruden- 
cia-. la reserva es sobre todo un deber cuando se trata de la organizacion 
animal. 

»Nuestros sentidos, a pesar de mas de veinticuatro siglos de estudio, 
observacion e investigaciones , distan mucho de ser un tema agotado. 
V^ase si no, por ejemplo, lo que sucede con el oido. Un celebre fisico se 
''cupa de 61, y al momento nos enseua que con igual sensibilidad relati- 
vamente a los sonidos graves , tal individuo oye los sonidos mas agudos y 
otro no oye nada de ellos; y resulta como veridico que ciertas personas, 
con organos perfectamente sanos, no oyeron nunca el silbido de las chi- 
meneas, ni supieron que los murcielagos lanzan con frecuencia chillidos 
muy agudos; y una vez despertada la atencion con tan singulares resul- 
tados, algunos observadores ban descubierto las mas raras diferencias de 
sensibilidad entre su oido derecho e izquierdo, etc. 

»La vision presenta fenomenos no menos curiosos, y un campode invea- 



128 

tigaciones infinitainente mas vasto todavla. La esperiencia ba probado, 
por ejemplo, quecxisten personas enteramente ciegascon respecto a cier- 
tos colores, tales como el encarnado, y que gozan de una vista perfecta 

relativamente al amarillo, al verde 6 al azul Si el sistema neutoniann 

de la cmision cs vcrdadero, es preciso admilir de un modo irrevocable 
que un rayo deja de ser luminoso luego que aumenta 6 disminuye la ce- 
leridad en un diezmil^simo. 

„ Entre las maravillas del sonamLulismo, ninguna suscitaria lanlas 

dudas como una asercion reproducida con frecuencia, relativa a la pro- 
piedad de que gozan ciertas personas en estado de crisis, de leer una car- 
ta a cierta distancia con el pid, la mica, el estomago, etc. En este caso 
parecia completamente legi'tiraa la palabra imposible,- sin embargo, no 
dudo que los bombres rigidos la retiraran, cuando reflexionen sobre las 
ingeniosas esperiencias en que Moser produce tambien, a distancia, ima- 
genes muy claras de toda especie de objetos sobre toda clase de cuerpos, 
Y en la mas completa oscuridad. 

wTeniendo presente ademas en que enorme proporcion aimientan las 
acciones electricas 6 magnelicas por el acto del movimiento, se sentira 
menor inclinacion a burlarse de los gestos rapidos de los magnetizadores. 
)>A1 consignar aqui esplanadas cstas reflexiones, be querido demostrar 
que el sonambulismo no debe desecharse a priori, principalmente por los 
que ban estado al corriente de los liltimos progresos de las ciencias fisi- 
cas. He indicado hechos, conexiones de las cuales pudieran los mag- 
netizadores sacar un arma contra aquellos que creyerau superfluo inten- 
tar nuevas esperiencias, 6 bien asistir a ellas. Por lo que toca a mi, no 
titubeo en decir que si bien no admito, a pesar de las posibilidades que he 
sefialado , la realidad de la lectura a travds de una pared ni de cualquier 
otro cuerpo opaco, ni por la sola mediacion del codo 6 del occipucio, cree- 
ria faltar a mi dcber de academico si me negase a asistir a sesiones en las 
cuales se me prometiese que presenciaria semejantes fenomenos, con tal 
que se me concediera la influencia suficiente en la direccion de las espe- 
riencias para estar seguro de no ser victima de una burla. 

oFranklin , Lavoisier , Bailly , no creian tampoco en el magnetismo 
mesmeriano antes de llegar a ser miembros de la comision de Gobierno; y 
sin embargo, se ba podido notar el cuidado minucioso y el escriipulo cou 
que variaron los esperimentos. Los verdaderos sabios han de tener siem- 
pre ante sus ojos estos dos admirables versos: 

Croire tout decouvrir est une erreur profonde- 
C'est prendre I horizon pour les bornes du monde. 



N.°3.-REVISTA DE CIENCIAS. - i/arso 1853. 



mmm natirales. 



Aspecto general de la Espana. Por Verneuil y Collomb. 

(l.'iDslitut, ^6 marzo 4853.) 

JlLn la sesion de la Academia de Ciencias de Paris del 14 
de marzo ultimo presento Prevost, en nombre de los mencio- 
nados Verneuil y Collomb, dos cortes geologicos generales da- 
dos en Espana de N. a S. y de E. a 0. 

Son producto de varies viajes verificados por diclios dos 
geologos en Espana estos lillimos auos. El uno, con escala 

de — ^, corre desde Santander a orillas del Oceano hasta 

Motril en el Mediterraneo, y en direccion de N. a S., se pro- 
longa hasta el literal de la costa de Africa, completando asi 
una longitud de 1000 quilometros: el otro atraviesa una par- 
te de Espana en direccion casi perpendicular a la precedente, 
es decir del E. al 0., parte de las islas Baleares, toca al lilo- 
ral mediterraneo en Castellon de la Plana, dirijiendose des- 
pues a Madrid para terminar ci la cadena granitica de Gua- 
darrama: su longitud es de 800 quilometros, y su escala 

de ;JU:. Al trazar estos cortes, los autores, para aproximar- 

553355 

se todo lo posible a la realidad, ban tenido en cuenta la 
curvatura del esteroide terrestre; y no ban exajerado la al- 
tura de las montanas, segun se bace generalmente en tra- 

TOMO III. 9 



130 

bajos de esta clase: la escala de las alluras es la misraa que 
la de las dislancias. Digamos ahora algunas palabras sobre 
los terrenos que atraviesan dichos corles , de acuerdo con 
una nola presentada a la Academia al raismo liempo que 
eslos por los autores. 

Ilacen observar primeramente, al principiar su examen 
por los terrenos anliguos, que los paleozoico que compreu- 
den el siluriano, devonlano y carbonilero, eslan muy desar- 
rollados al N. en la cadena cantabrica que sirve de conlinua- 
cion a los Pirineos, despues en el centro y al S. en los mon- 
ies de Toledo y Sierra-Morena, consliluyendo casi por com- 
pleto los terrenos antiguos esta ultima cadena, los cualesvuel- 
ven a aparecer en la falda S. de Sierra-Nevada, a lo largo del 
litoral del Mediterraneo. Han reconocido igualmente en la re- 
gion del E. la existencia del terreno paleozoico con sus fosiles 
y rocas caracleristicas, pero sin formar cadenas de montauas, 
y no se manifiesla sino en algunos puntos aislados, produ- 
ciendo isloles en medio de deposilos mas modernos. 

Algunos autores ban anunciado que el trias existia en el 
N. y S. de la Peninsula, y MM. de V. y de C ban comprobado 
su presencia en el E. en las proviucias de Cuenca, Valencia y 
Alicante. Los tres miembros que conslituyen este terreno se 
encuentran en condiciones proximamente analogas a las que 
tienen en otros puntos de Europa, con la diferencia de ballar- 
se completamente privados de fosiles: componese de una are- 
nisca micacea inferior, que MM. de Y. yde C. comparan a la 
arenisca abigarrada, y ademas de un sistema de deposilos 
calizos, por lo regular dolomilicos, que corresponde al borizon- 
te del muschelkalk; siguiendo despues unconjuntode deposilos 
margosos, yesosos y salinos, que ocupa el lugar del keuper 6 
de las margas irisadas. Este terreno se balla comunmente en 
el fondo de los valles de denudacion y rara vez en las cum- 
bres elevadas. Bajo la ultima forma solo lo ban visto ambos 
viajeros en el pico de Ranera, cuya altura es de 1500 metros 
proximamente, en la provincia de Cuenca, y en la Sierra de 
Espadan, al N. de Valencia. 

El terreno jurasico, que solo se encuentra con cierto de- 
sarroUo en el E. de Espana, no represenla sin embargo como 



131 

en Francia grandes depositos litorales ricos en despojos orga- 
nicos, presentase en fragmenlos prolongados, y consliluye el 
niicleo central de algunas sierras, como sucede en los alrede- 
dores de Albarracin, en el pico de Tejo cerca de Requena, y 
cerca del origen del Tajo y del Guadalquivir; los fosiles abun- 
dan bastanle, pero rara vez se hallan bien conservados. MM. 
de V. y de C. ban recouocido linicamente, salvas algunas es- 
cepciones, en dicha parte de Espana dos miembros principales 
de la serie jurasica, e! lias y el oxfordio, faltando al parecer 
las capas superiores. 

El terreno cretaceo no esta represenlado tampoco en el E. 
sino por Ires miembros de los principales de la serie, el neo- 
comio, la arenisca verde, y la creta tobacea. Los depositos 
crelaceos de esta region, considerados en masa, forman dos 
fajas de formacion literal, separadas por los terrenes jurasi- 
cos, en los cuales se apoyan; uno de ellos, por el lado del E., 
que es el neocomio, corre en sentido paralelo a la linea de la 
costa actual, prolongandose hasta las cercanias de Tortosa, 
el otro, volviendo al interior, se estiende en la direccion me- 
dia del N. 0., y forma una faja de 120 a 130 quilometros de 
longitud, cuyo centro ocupa Cuenca. La creta superior esta 
representada por dos dep6sitos distintos: uno, inferior, com- 
puesto de una arenisca blanca 6 amarilla con cantos de cuar- 
citas, pasando al conglomerado; otro, superior, compuesto de 
caliza blanquecina, muy dura, a veces sacaroidea como una 
dolomia: en este ultimo deposito es donde se ban recojido al- 
gunos fosiles caracleristicos. 

El terreno numulltico forma un pequeno sisfema que se 
estiende alrededor de Alicante, ballandose situado a unos 400 
quilometros al S. del gran deposito numulitico de la falda 
meridional de los Pirineos. Manifiestase claramente prime- 
ro en la llauura, distante 1 legua de Alicante, y despues 
forma algunas montanas calizas de 800 a 900 metres, de 
una estructura muy trabajada , que ocupan parte del pro- 
montorio avanzado en que terminan los cabos de San Anto- 
nio y San Martin. 

El terreno terciario es el que ocupa iodudablemente en 
toda la Peninsula mayor estension superficial, y ha sido tarn- 



132 

bien primero el objeto de los trabajos de los geologos espaiio- 
les, ofreciendo el hecho notable de hallarse casi enteramenle 
compuesto de depositos de formacion lacuslre. En lasgrandes 
llanuras de Caslilla la Nucva, en la cuenca del Duero y en la 
del Ebro, no se encuentran, en distancias de 200 quilometros 
proximamente, mas que depositos de esle origen. Las tres 
cuencas, restos de Ires grandes lagos, se ballan separadas en 
la actualidad por terrenes mas antiguos; pero es posible que 
se hayan comunicado en la 6poca terciaria. Los terrenes ter- 
ciarios se pueden dividir en tres grupos principales: el supe- 
rior, formado esencialmente de caliza silicea, que contiene a 
veces Helices, Palurinas 6 Planorbos; el medio, en que domi- 
nan los elementos margosos y yesosos; y el inferior, com- 
puesto de una serie de biladas de arenisca y conglomerado, y 
de cantos rodados analogos al nagelflue. Estos depositos con- 
servan generalmente una posicion horizontal; pero algunas 
veces se elevan un poco al lado de los terrenes cretaceos en 
que se apoyan; y MM. de Y. y de C. los refieren a la epoca 
miocena. 



FlSilOL.OC:iA. 

Sobre la composicion de la leche. Por los Sres. Vernois y Bec- 

QUEREL. 

(Cosmos, num. 'I.", 50 enero ^833. ) 

El conociraientp exacto de la composicion de la leche en 
diversos animates y en circunstancias diferentes, es de sumo 
interes, no solo para la industria, sine muy principalmente 
para la higiene; y los estudios y observaciones emprendidas 
con la mira de ensanchar y perfeccionar nuestros conoci- 
mienlos acerca de esta materia, son dignos de llamar la aten- 
cion de los hombres cientificos, que no tanto se ocupan de es- 
peculaciones esteriles, como de la aplicacion de las leyes na- 
lurales a las necesidades de la sociedad. 

Con satisfaccion sabran los amigos de las ciencias, que los 
Sres. Yernois y Alfredo Becquerel acaban de hacer uu gran 
trabajo sobre este objeto; y si bien es imposible dar aqui 



133 

una idea completa de el, estractaremos su metodo analitico, 
y ios estados 6 cuadros en que se resumen las conclusiones 
mas interesantes. 

Ed cuanto al metodo analitico, proceden estos seflores del 
modo siguiente. Se toman 60 gramas de leche , que se divi- 
den en dos partes iguales; se ponen a secar en una estufa las 
30 primeras gramas a una temperatura que no esceda de 60 
a 80° (centigr.); se pesa el residuo. La diferencia que re- 
sulte entre su peso y el peso primitivo da la cantidad de agua; 
el peso del residuo indica la cantidad de las raalerias solidas. 
El residuo solido se trata por el eter, de modo que d6 el peso 
de las materias mantecosas. Falta dar a conocer el peso de 
la caseina 6 sustancia caseosa, del azucar, de las materias es- 
tractivas, y de las sales. Para eslo se usa de la incineracion 
hecha en una capsuia de platina, la cual aisla inmediata- 
mente a estas ultimas. 

Las otras 30 gramas sirven para terminar la operacion. 
Primeramente se coagulan por medio de una 6 dos golas de 
cuajo y de acido acetico. Despues se fillra, y se somete el 
suero a la accion del polarimetro. El grado de desviacion del 
rayo polarizado da, por medio de una tabla formada de ante- 
mano, la proporcion exacta del azucar de leche. Estando ya 
determinados todos Ios elementos de la leche, escepto la ca- 
seina, basta sustraer del peso total de Ios elementos solidos 
la suma de Ios que se han obtenido para conocer el peso que 
se busca. De este modo se han evitado lodas las dificultades 
que van unidas a la estraccion directa de la caseina. 

Esta queda solamente unida a las materias estractivas; 
pero la naturaleza casi completamente indeterminada de es- 
tas materias, no altera la exactitud de Ios resultados. 

Las leches de mujer, de vaca, de burra, de cabra, de ye- 
gua, de perra y de oveja constituyen el objeto de las inves- 
tigaciones de Yernois y Becquerel, quienes han esludiado 
con parlicularidad el inQujo de todas las causas que pueden 
allerar la leche de mujer y de vaca , habiendo indicado el 
medio bastante facil de reconocer la falsificacion de la leche 
con el sacarimetro, que Becquerel llama polarimetro, y que 
ha hecho porlatil y de un manejo muy sencillo: despues , re- 



134 

sumiendo lodos los resullados oblenidos, formaron dichos se- 
nores los eslados siguientes, que espresan las relaciones y las 
diferencias de las diversas leches enire si; relaciones que pue- 
den presentar ventajas practicas dignas de consideracion. 

Constilucion de la leche en estado fisiolugico. 



CLASG. 


Deosiilades, 


Peso 
del agua. 


Peso 
de las raa- 
terias soli- 
das. 


Peso 

del 

azucar. 


Peso 
de la ca- 
seina y dc 
las male- 
riasestrac- 

tivas. 


Peso 

de 

la maa- 

teca. 


Peso 
dc las sa- 
les por in- 
cineraciou. 


Mujer. 


1032,67 


889,08 


110,92 


43,64 


39,24 


26,66 


1,38 


Vaca.. 


1033,38 


864,06 


135,94 


30,03 


55,15 


36,12 


6,24 


Burra. 


1034,57 


890,12 


109,88 


50,46 


35,65 


18,53 


5,24 


Cabra. 


1033,53 


844,90 


155,10 


36,91 


55,14 


56,87 


6,18 


Yegua. 


1033,74 


904,30 


95,70 


32,76 


33,35 


24,36 


5,28 


Perra. 


1041,62 


772,08 


227,92 


15,29 


116,88 


87,95 


7,80 


Oveja. 


1040,98 


832,32 


167,68 


39,43 


69,78 


51,31 


7,16 



Orden de importancia de los elementos de la leche en cada 
especie. 

i Azucar. 
Caseina. 
Manteca. 
Sales. 
(Caseina. 
1 Azucar. 
[Manteca. 
[Sales. 



1. 



2." Vaca.. 



4." Cabra. 



5." Yegua. 



3." Burra. 



^Azucar. 
I Caseina. 
j Manteca. 
'.Sales. 

7." Oveja. 



6." Perra.. 

Azucar. 
I Manteca. 
I Caseina. 
.Sales. 



Caseina. 
I Azucar. 
I Manteca. 
.Sales. 
'Caseina. 
I Manteca. 
Azucar. 
[Sales. 
Caseina. 
I Manteca. 
I Azucar. 
Sales. 



135 



Clasificacion comparativa de las leches segun el valor de sus 
elementos. 

1." Segun la densidad. Perra, oveja, burra, yegua, ca- 
bra, vaca, muger. 

2." Segun el' peso del agua. Yegua, burra, muger, vaca, 
cabra, oveja, perra. 

3." Segun el peso de las paries soUdas. Perra, oveja, ca- 
bra, vaca, muger, burra, yegua. 

4." Segun el peso del azucar. Burra, muger, oveja, vaca, 
cabra, yegua, perra. 

5.° Segun el peso de la caseina. Perra, oveja, vaca, ca- 
bra, muger, burra, yegua. 

6." Segun el peso de la manteca. Perra, cabra, oveja, 
vaca, muger, yegua, burra. 

7." Segun el peso de las sales. Perra, oveja, vaca, cabra, 
burra, yegua, muger. 



Causas de la vejez y de la muerte senil. Por Eduardo Robin. 

(Comptes reodus, num. 3, enero Kl, l8o3. ) 

La combustion, necesaria para el nacimiento y sosten 
de la vida, me parece ser, por su detritus, la causa que 
marca un terraino a la exislencia, y hace necesarias la 
vejez y la muerte senil. Animal 6 vegetal, el alimenlo, el 
combustible que los animates se ven en la presicion de to- 
mar, no se limita a sostener el mecanismo y facilitar los ma- 
teriales del acrecentamiento, sino que esta cargado de ma- 
terias minerales que trasporta, y que la combustion bace aban- 
donar en las diferentes partes del aparato. Las bebidas que 
los animales injieren, el aire que respiran, Uevan tambien 
a la economia mas 6 menos cantidad de materias minerales. 
El destino que tienen estas materias es de gran importancia 
en la vida de los animales, porque no solo sirven para la or- 
ganizacion y la nutricion, sino que con el tiempo, y sobre 



136 
todo desde cl momento en que no Uenen uso pnra la conso- 
lidacion del esquelelo, incruslan y mineralizan mas 6 menos 
las piezas del mecanisrao. La observacion auatomica, la ob- 
servacion vulgar, las invesligaciones quimicas concurren a 
demostrar esta incrustacion , esta mineralizacion , parlicu- 
larmente en el hombre y animalesde sangre caliente. El mo- 
do como la mineralizacion determina la vejez en el hombre, 
me parece perfectamente indicada por hechos bien comproba- 
dos. Por una parte la osificacion de los cartilagos del eslernon, 
la mayor rigidez de los ligamentos posleriores de las costillas, 
originan una respiracion cada vez mas lenta, cada vez menos 
eslensa, que llega a ser casi diafragmatica ; por otra parte la 
osificacion de los vasos y de sus valvulas, la disminucion del 
calibre delas arterias, la obliteracion de los capilares, la di- 
latacion de las vesiculas pulraonares , y la disminucion en nii- 
merode sus vasos capilares, hacen que la circulacion sea ca- 
da vez mas dificil, y que se disminuya la superficie respirato- 
ria. Poniendose el aire cada vez menos en contacto con la 
sangre, llega a ser este liquido menos arterializado, de co- 
lor mas oscuro. Ingurgita al sistema venoso como en el esta- 
do de asfixia, y los esperimentos referentes a la cantidad de 
acido carbonico exhalado, a la temperalura animal yal paso 
de ciertos elementos de la sangre a los riuones, no permiten 
dudar que se produce, desde cierta edad, una combustion 
gradualmente menos abundanle. 

Con la diminucion de la combustion y de la produccion 
del calor, disminuyen lambien la produccion de la electrici- 
dad y la del fluido nervioso , a que se sigue despues la sen- 
sibilidad y contractilidad, la fuerza y celeridad de todos los 
movimientos, la aclividad general de la vida , pues en los ani- 
raales la actividad de la vida se conserva en relacion con la 
aclividad de la combustion. Debilitada por estas diferentes 
causas, la accion nerviosa conlribuye a su vez a la diminu- 
cion de combustion; y ayudandose asi mutuamente en la obra 
de destruccion, los fenoraenos aumentan progresivamente 
de intensidad, basta que por ultimo un soplo ligero apaga 
la llama de la vida, privada poco a poco de su lucimiento y 
poder por los detritus insolubles de la combustion. 



137 

Tal es en el hombie y los mamiferos el modo corao la mine- 
ralizacion acarrea la vejez y la rauerte senil; segun esto se 
concibe como la misma causa Uega a producir los mismos efec- 
tos en los demas animales. 

lln hecho general me parece da una sancion importante a 
la manera de ver que acaba de esponerse. En los animales de un 
mismo orden, la estaturaes uno delos caracteres que mejor 
raanifieslan la intensldad de la combustion interior: cuando 
es pequeua , origina grande actividad de combustion , mayor 
consumo de alimentos, poca resistencia a la abstinencia; y 
cuando grande acarrea una combustion relativamente debil, 
poco consumo alimenticio, y mayor poder para resislir la abs- 
tinencia. 

He estudiado con cuidado , y en toda la serie de los anima- 
les , la relacion que hubiese entre la duracion de la vida y el 
desarrollo delaestatura, y juzgandopor los animales de san- 
gre caliente, la relacion que hay entre la duracion de la vida y 
la cantidad de alimentos necesaria para sostener su actividad; 
debiendo deducir, queen cada orden del reino animal, las 
grandes especies que queman menos, que viven mas tiempo, 
que consumen menos, que introducen menos materias minera- 
les que las pequenas, tienen tambien una vejez menos precoz, 
y Uegan a una edad mas avanzada. 

Terraina el autor su nota con varias consideraciones acer- 
ca de los medios que le parecen mas razonables para retardar 
loslimitesdela vida. 



Influjo de la medula espinal en el color de la cabeza. 

(Coraptcs rendiis, ntim. 9, 1% fehrero 1855. ) 

En una carta que Budge ha escrito a Flourens, dice lo si- 
guiente. He encontrado que en la medula espinal hay cierta 
region cuya estirpacion aumenta cousiderablemente el calor 
de la cabeza, la cual esta situada entre la ultima vertebra 
cervical y la tercera vertebra pectoral, y son el octavo ner- 
vio cervical y el primero y segundo nervio pectoral por los 



138 

cuales se trasraile este fenomeno. He aqui el esperimento 
practicado en los conejos. Despues de haber pueslo la region 
indicada de la medula espinal al descubierlo, he quitado la 
mitad desde el ullinio nervio cervical hasta el lercer nervio 
pectoral. Pasados de 10 a 15 minulos el calor de la oreja del 
mismo lado ha aumentadode lal raanera, que podia nolarse la 
diferencia al tocar las dos orejas. Cuando hace frio, las orejas 
de los conejos lienen por lo comun en su punla un calor de 29 
a 30 grades centigrados poco mas 6 menos. Del lado operado 
el termometro manifesto de 4 a 3 grados mas que en el opues- 
lo; las arterias latian, y se habian dilatado los vasos. 

Se sabe que Bernard ha notado el mismo fenomeno des- 
pues de haber corlado en el cuello el nervio gran simpatico; 
casi no se puede dudar que no sea por este nervio por el que 
el influjo de la medula espinal se trasmila a los vasos de la 
cabeza. 

La region de la medula espinal mencionada al principio 
es la misma de donde las fibras del gran simpatico, dirigidas 
hacia el iris, toman su origen. Como he encontrado que el 
nervio gran simpatico del iris sale de las raices anteriores 
(motrices) de esta region de la medula espinal, he observado 
el mismo fenomeno respecto al calor; porque si se cortan solo 
las raices posteriores (sensitivas), no se altera el calor de la 
cabeza, 6 si se altera es muy poco. 

BOTAMICA. 



Existencia de los espermatozoideos en ciertas algas de agua duke. 
PoR EL Dr. H. Itzigsolm. 

(Ann. dcs sciences naturellcs, loin, \T, niim. 3.) 

Hasta el dia, entre las algas cuyas esporas estan dotadas 
de movimientos esponlaneos (A. zoosporeas) , no se conocia 
mas que las cutlerias que poseyesen los anlherideos ; pero las 
algas de este genero pertenecen al grupo de las feosporeas 
(Thur.), mientras que las citadas por Itzigsolm, como presen- 
lando espermatozoideos, son todas las chlorosporeas. Por otra 



139 
parte, los corpusculos agiles que conlienen los anterideos se 
parecen a las esporas verdaderas de las algas , y no tienen 
analogia mas que por sus pestanas y su movilidad con los es- 
permatozoideos conocidos desde muy anliguo en algunos ve- 
getales. No obstante, he aqui lo que escribe a Mr. Tulasne 
ei indicado Itzigsolra. 

"No he olvidado el interes que habeis tornado en la cues- 
tion de la presencia de los espermalozoideos en los liquenes, 
como lo comprueban vuestras investigaciones sobre el apara- 
to reproduclor deestos vegetates y el de los bongos: esta car- 
ta no tlene mas objeto que anunciaros un descubrimiento que 
he hecho muy recientemente; os hablo de los espirozoideos de 
las algas de agua dulce. Me he servido en este caso de un mi- 
croscopic construido en Berlin , y se me figura he conseguido 
esta vez resultados mucho mas completos y mas salisfactorios 
que los anteriores. Mis investigaciones han sido principalmen- 
le en la Spirogyra arctea Kiitg, hacia la epoca que se observa 
en esta conferva el fenomeno bien conocido de la conjuncion. 
Las esferas condensadas de sus filamenlos son al principio de 
un hermoso verde, despues se ponen palidas , y por ulti- 
mo de un bianco gris ; por lo comun gozan en el interior del 
tpbo en que estan contenidas de un movimienlo muy palpa- 
ble, mucho mas cuando salen de la celula generatriz. Si se 
rompe con cuidado entre dos cristales este utriculo y su con- 
tenido, se ve salir una materia mucosa, del centro de la cual, 
pasado un cuarlo de hora 6 media bora de reposo , se des- 
prenden multitud de filamentos espirales , que cada uno es- 
laba primitivamente contenido en una celula madro. Estos 
espirozoideos estan casi sierapre agrupados 6 aglomerados en 
pequenas masas redondeadas, a las cuales doy el nombre de 
espermatosferias. Al cabo de echo 6 de quince dias, si se ha 
sabido conservarlos vivos, los espirozoideos han aumentado 
en longitud y grueso, al mismo tiempo que ban conservado 
la propiedad de moverse de la manera mas agil. Sin embar- 
go, hasta ahora no he podido descubrir pestanas ni abulta- 
miento terminal apreciable. El desarrollo de estos cuerpos en 
el seno de las celulas madres, es para mi un hecho indudable. 

He observado hace ya raueho tiempo la formacion de los 



140 

esperraalosferias en las vaucherias; habitan frecuentemente en 
las porciones cerradas de los Ulamentos constitutivos de la 
planta, y son muy gruesos. Mis observaciones sobre este pun- 
to no estan todavia terminadas; sin embargo, os puedo asegu- 
rar la exactilud de los resultados mencionados. En lo sucesi- 
vo OS comunicare los resultados que llegue a oblener ; pero 
no cabe la menor duda en que la generacion de los esperma- 
tozoideos en la spirogyra , vaucheria y otras algas analogas, 
iluslra mucho cuanto a este objeto se refiere de la historia de 
los liquenes y de los bongos. Por lo lanto se me figura que los 
hechos que os comunico mereceran llamar la atencion de los 
botanicos." 



-^'SM 



\Y 



CIENCIAS EXACTAS. 

OEOIIETRIA. 

Teorema del tridngulo rectdngulo. Por Colombier. 

(Nouv. Ann. do Mathem., diciemhre 1852.) 

Si se designan por x la hipotenusa y por ?/ y - los dos ca- 
lelos de un triangulo rectaogulo, sera 

segun que«ea to mayor 6 menor que 2. 
Primera demoslracion. Por hipolesis es 

Multiplicando ambos miembros por x"^-^, 

X^=y^X'^-^-\-Z^X"'-^ (1), 

Sea TO>2: como x es mayor que y y que z, 

y de consiguiente 

Sea w<2: escribiendo la (1) asi 

1 1 

y como evidentemente es 

1111 

J /c2-m <^ rffi-m c/ ^.2-?n ^^ jS-m 



142 

se sigue que 

Segunda demostracion. Sean a y b dos fracciones propias, 
y hagamos 

y=:ax , z:=bx ; 
(le a qui 

ym_^.,n_j.ni(^m_|.^n.^ (2). 

Si m—<i. 

Sea m>2: como av^ y 6'" seran respcctivamente menorcs 

que d^ y b'^, 

a'"+6"'<l, 
V por tanlo la (2) da. 

Sea m<2 : corao o"' y 6"' seran respeclivamenle mayores 

que a^ y 6^, 

a"'+i'">l, 
y por la (2) , 

Si m=Z, sera a;^>r/^4"-^» o el cubo construido sobre la hipo- 
tenusa de un Iriangulo rectangulo es mayor que la suraa de 
los cubos construidos sobre los dos catetos. 



Telescopio gigantesco. 

(L'institut, 6 oclubre ^852. — Cosmos, o diciembre 1So2.) 

Se ha montado en Wandsworth, Inglaterra, bajo la direc- 
cion de Mr. W. Gravatt y a espeusas del Rcverendo Mr. Craig, 
cura de Leamington, un telescopio de colosales dimensiones. 
Se compone de una torre de ladrillo de 20 metros de alto , y 
4'",5 de diamelro, con un tubo largo en un costado ; habien- 
dose tomado todas las precauciones imaginables para que no 
vibre lo mas minimo. El tubo es algo mas ancho por el medio 
que por los estreraos: tiene 23 metros de largo, y con el ocu- 



143 

lar y el lubo adicional 25 ; por t'uera esla bruuido , pero por 
denlro eunegrecido. Varia la dislancia focal de 23 metros a 
25,5. Donde se ensancha tiene 4 metros de circuuferencia 6 
1,3 de diametro, y el objetivo dista de alii 7 metros. Ha he- 
cho este en Birmingham Mr. Chance ; liene O^jGO de dia- 
metro, y no cabe nada mejor en punto a trasparencia y homo- 
geneidad de estructura; y no dauara notar que el hermoso ob- 
jetivo acromatico que dio el Emperador de Rusia al observa- 
torio de Dorpat , y con el cual verifico tantos y tan bellos 
descubrimientos Struve, no liene mas que 0™,24 de diametro. 
Se puede mover el instrumento, tanlo en cualquier azimut 
como hasla 80° en altura, y con toda facilidad y perfeccion. 
Se concebira de otro modo el alcance portentoso del telesco- 
pio de que hablamos, diciendo que con el se leen letras de 
6 a 7 milimetros distantes 800 metros. 

Begun los periodicos cientificos ingleses, es muy superior 
este gigantesco anteojo a todos los demas que se conocen, ya 
como aparato para medir, ya para examinar el espacio. No 
solo trasforma la Via Lactea en conjuntos de estrellas bien 
separados, sino que los descompone en conslelaciones re- 
gulares, como Orion, la Osa Mayor y otros, y con colores 
variadisiraos y brillantisimos. Son tan acromaticos el objetivo 
y los ocuiares, que se presenta Saturno perfectamente bianco. 
El astronomo americano Bond habia dicho que le parecia ver 
un tercer anillo 6 faja; pero ni el famo^o telescopic de Nor- 
thumberland, ni el magnifico de Lord Rosse habian bastado 
para discernirlo. El anteojo de Craig ha disipado las dudas> 
manifestando patentemente dicho tercer anillo de color gris 
baslante brillante; y mas, ha hecho ver el anillo de Satur- 
no, no como un circulo continuo 6 seguido de luz, sino co- 
mo compuesto de arcos 6 arcadas de perfecta forma geome- 
trica, de grueso desigual y no acanalados. 

Presentase la luna maguifica, perfectamente incolora, y 
dislinguiendose con tal claridad y precision las Cordilleras, 
que se pueden dibujar con la mayor facilidad. Es positivo 
que de haber en la luna un edificio de igual voliimen que 
la abadia de Westminster, se veria sin mucho trabajo en una 
noche favorable. 



144 



Noticia dc los trabajos astronomicos mas recientes sobre Ins 
estrellas dobles. Por Gautier. 

(BIbliot. iiiiiv. doGincbra, ni;'//1851.) 



Desde el memorable desciibrimiento que a principios del 
siglo XIX hizo Guillermo Herschel, de que existen sistemas 
de soles giratorios en torno de so comun centro de gravedad, 
Uamo singularmente la atencion y el interes de los aslro- 
nomos, aplicandose con la mayor eficacia, bien a indagar y 
determinar la posicion en la esfera celeste de lodos los grupos 
de estrellas dobles y multiples, 6 sea de dos, tres 6 mas estre- 
llas que realmenle estan muy proximas entre si, 6 que lo estan 
solo opticamente, y que no se pueden distinguir por lo 
comun sino valiendose de instrumenlos de sumo alcance; 
bien a estudiar con ahinco las respectivas posiciones de las 
estrellas de cada grupo , refiriendolas a la principal ; bien a 
calcular las orbitas trazadas por las estrellas que presentan 
cambios rapidos de posicion respectiva, a fin de comprobar si 
son regidos dichos movimienlos por la ley de la gravitacion 
universal , corao los de los cuerpos de nuestro sistema solar. 

Desde el auo de 1779 se habia dedicado Herschel a deter- 
minar, mediante sus grandes telescopiosde reflexion, las po- 
siciones en el cielo de mas de 500 estrellas dobles 6 multiples, 
en las cuales eran de menos de 32" las distancias angulares 
aparentes; de 1801 a 1804 advirtio cambios notables de posi- 
cion relativa en unos 50 grupos, habiendo trazado al parecer 
la eslrella mas apagada de cada grupo un arco de cierta es- 
tension alrededor de la estrella principal en el citado inter- 
vale de unos veinte auos, y esperimentando tambien con 
frecuencia ligeras alteraciones la distancia angular aparenle 
de ambas estrellas. 

El primer astronomo que se propuso seguir los pasos de 
Herschel fue Struve, director de los observatories rusos de 
Dorpal en Estonia, luego de Poulkova cerca de Petersburgo. 



us 

Desde el ano de 1813 comenzo susi observaciones sobre las 
estrellas dobles en Dorpat, prosiguiendolas con afan desde 
fines de 1824, cuando se puso en aquel observatorio un gran- 
de anteojo acroraatico de Faunhofer , de 9 pulgadas francesas 
de luz y 13^ pies de longitud focal, montado paralactica- 
mente, que era mas adecuado para reconocer muchos grupos 
y determinar su posicion en el cielo, y para efectuar medi- 
ciones mlcrometricas acerca de la posicion respecliva de las 
estrellas de cada grupo. El afio de 1827 publico Struve en 
Dorpat un catalogo de las posiciones en el cielo de 3112 es- 
trellas dobles 6 multiples, a distancias raenores de 32" en 
general, y de las cuales se conocia solo la sesta parte. Diez 
afios despues dio a luz en Petersburg© un tomo en folio con 
las mediciones mlcrometricas que habia verificado con e| 
grande anteojo de Dorpat en 2641 de diclios grupos de estre- 
llas. Ambas obras pasan per las mas importanles que se ban 
publicado sobre el asunto. 

Desde que se abrio en 1839 el raagnifico observatorio de 
Poulkova, y se puso alii el anteojo acromatico de Munich, 
de 14 pulgadas francesas de luz y 20^ pies de longitud focal, 
paralacticamente montado, se dedicaron Struve padre e hijo 
a revisar de nuevo el cielo boreal, y seualaron 512 estrellas 
dobles, de ellas 200 que no eslaban en el catalogo de Dor- 
pat; y Otto Struve prosigue las observaciones microraefricas 
de las estrellas de esta clase. 

Juan Herschel continiia tambien sin descanso los Irabajos 
de su padre de 1821 aca. Primero se asocio con South, que 
poseia una ecuatorial de Troughton, con un escelente anteojo 
de Dollond, de 31 pulgadas de luz y o^ pies de longitud fo- 
cal; con cuyo instrumento efectuaron en Londresambos astro* 
nomos de 1821 a 1823, mediciones mlcrometricas en 380 es- 
trellas dobles. Siguieron luego observando separados; v 
Herschel emprendio en 1825 con un telescopio de reflexion 
de 18 pulgadas de luz y 20 pies de longitud focal nuevas 
esploraciones de la parte del cielo visible en Ingla terra, cu- 
yos resullados se publicaron en las Memorias de la Sociedad 
astronomica de Londres. 

El deseo de completar cuanto cabe los trabajos de su 

TOUO III. 10 



146 

ilustre padre, lodeckli^a pasar a sii costa a fines dc 1833 
con su familia y sus inst rumen los al Cabo de Buena Es- 
peranza, donde estuvo cuatro anos. En 1841, 6 a los diez 
afios de su regreso , publico a espensas del Duque de Nor- 
thumberland, en un tomo en cuarlo abultado , los resullados 
de lodas las observaciones astronomicas que babia hecho en 
aquella eslacion austral ; y en dicha obra magnifica se ve en- 
tre olros el catalogo de 2196 estrellas dobles 6 multiples 
visibles en el Cabo , y de las mediciones micrometricas de 
ajgunas de ellas. 

Nos contentareraos con citar otros trabajos hecbos por 
Bessel en Koenisberg, por Dawes e Hind en Inglalerra, por 
Encke y Galle en Berlin, por Kayser en Leyden, por Mit- 
chell en Cincinnati, y por Dunlop y Jacob en el bemisferio 
austral , y especialmente por Maedler en el observatorio de 
Dorpat, que dirije en reemplazo de Struve desde 1842. Pa- 
seraos a la parte mas importanle , 6 sea a la concerniente a 
la delerminacion de las orbitas de las estrellas dobles, y de la 
ley que rije en sus movimientos. 

El astronomo frances Savary fue el primero que en 1827 
dio un sislema de formulas para calcular , segun cualro ob- 
servaciones lo menos de las respectivas posiciones sucesivas 
de una de las estrellas componentes de uno de dichos grupos, 
los elementos de la orbita aparente trazada por ella en tomo 
de la estrella principal, y el primero tambien que las aplic6 
con exito (1). Tomo para ejemplodel calculo la estrella do- 
ble E de la Osa Mayor, compuesta de dos estrellas de 5/ a 
6.* magnitud, de igual brillo casi , y cuya distancia angular 
media aparente es de unos 2", 4. Demostro Savary que se 
podian representar los movimientos de una de las estrellas en 
derredor de la otra comprobados por las observaciones , ad- 
miliendo que aquella traza en torno de esta en cosa de 58 
anos una orbita eliptica, cuyo eje mayor es la distancia media 
en segundos de grado antes referida , y la escentricidad unas 
cuatro decimas partes del semieje mayor. Las observaciones 



(1) V. las adiciones al Conocimiento de los tiempos, de 1830. 



in 

y los calculos posteriores han confirmado plenamenle estos 
resuUados, aunque babiendo de modificarse algo el valor de 
algunos de los cilados elementos. La duracion de la revolu- 
cion que parece mas probable, es de unos 61^ anos. Los nue- 
vos elementos representan , cuanto cabe en determinaciones 
de cantidades tan diminutas , el conjunto de las posiciones 
reciprocas de las estrellas del raismo grupo observadas de 
1782 a 1847. En este intervalo ha dado vuelta entera una de 
las estrellas en derredor de la otra, y a raediados de el 6 
en 1817 pasaron ambas a su periastro, 6 estuvleron lo mas 
cercanas posible. Se puede pues admitir como un hecho bien 
sentado, que los movimientos del referido grupo de estrellas 
obedecen exactamente a la ley de la atraccion neutoniana; 
resultado importantisimo, al cual han seguido otros de igual 
clase. 

Encke dio tambien, poco despues de Savary, un raetodo 
para calcular los elementos de la orbita de las estrellas do- 
bles (1), y lo aplico a p de Ophiuchus, compuesta de una 
estrella blanca de 4.= magnitud, y otra de 6.' a 7." de color 
palido, distando entre si las dos estrellas cosa de o". Pero 
este grupo dio margen a muchas mas dificultades que el otro 
para oblener elementos eliplicos que satisfaciesen al conjunto 
de las observaciones. La duracion de la revolucion de la es- 
trella pequeila en torno de la grande , obtenida primero por 
Encke, era de unos 74 anos; pero hallaba discordancias en 
ciertas epocas entre las posiciones resultantes de los elemen- 
tos calculados y las dadas por la observacion. Maedler deter- 
mino en 1842 una orbita que discrepaba menos, y que cor- 
respondia a una revolucion de cosa de 92 anos. Volvio a ha- 
blar del asunto en el tomo 1." de sus Trabajos sobre los siste- 
mas de estrellas fijas , publicado en 1847, aunque todavia no 
hallaba toda la conformidad apetecible entre las orbitas calcu- 
ladas y las observaciones. Ivon Yillarceau , astronomo ad- 
junto al observatorio de Paris, que se ocupo en calculos de la 
misma clase segun un metodo por el discurrido , dio por fin 



(1) V. las Efemirides de Berlin de 1832. 



148 
con una (irbila que no cUscrepaba mas que en dos 6 tres de- 
cimas de segundo de grado , 6 sea en los errores propios de 
tales observaciones hechas con inslrumentos de mediana po- 
tencia optica (1). Como son pequeuas las diferencias entre las 
raediciones de distancia de las dos estrellas del grupo obte- 
nidas por Bessel de 1830 a 1838 con el heliometro del obser- 
valorio de Koenigsberg y las efecluadas por Struve, calculo 
Yillarceau elementos corregidos de la orbita: refiriendo las 
dislancias sacadas por Bessel a las de Slruve 6 vice-versa, saco: 

Del primer rondo. Del segundo. 



Semieje mayor de la orbila 4'', 966 5",076 

Escentricidad 0,4145 0,4481 

Duracion de la revolucion 92,338 anos. 91,937 

Instante del paso por el periastro 1810,671 1810,367 

Cortisima es la discrepancia entre los re^ltados; y como 
tambien lo es entre las posiciones calculadas y observadas 
segun uno u olro modo , cree Yillarceau que no cabe decidir- 
se todavia por las mediciones de Bessel mejor que por las 
de Slruve; pero enliende que las observaciones de p de Ophiu. 
chus que se prosiguen en Poulkova, serviran para resolver la 
cueslion. 

J. Herschel dio tambien un metodo, grafico en parte, 
para determinar los elementos de la orbila de las estrellas 
dobles, aplicandolo k y de la Yirgen, conipuesta de dos es- 
trellas de 3.' a 4.^ magnitud, y que dislan entre si unos 4". 
En 1718 advirlio ya Bradley la duplicidad de esla eslrella, 
apuutando al margen de sus regislros de observacion la di- 
reccion de la linea de union de ambas estrellas entonces. Lo 
mismonoto Mayer en 1756. Segun los calculosde J. Herschel, 
fundados en el conjunto de observaciones, dura 171 anos la re- 
volucion de una de las estrellas en derredor de la otra, descri- 
biendo una elipse cuya escentricidad es 0,88 del semieje 



(1) V. las adiciones al Conotimiento de los liempos, de 1852. 



149 
mayor: Maedler sac6 169,4 anos. La mayor proximidad de las 
dos estrellas sucedio a mediados de 1836 , estando J. Hers- 
che! en el Cabo, de donde no podia verlas; pero se observaron 
con el anteojo grande de Poulkova y una lente que aunienla- 
ba mil veces, y todavia parecio a Siruve algo cuneiforme el 
disco de la estrella, y no redondo del todo. 

Igual circunstancia de dupiicidad nolo G. Herschel en la 
estrella E de Hercules, compuesta de una estrella amarillenla 
de 3/ magnitud y otra rojiza de 6,» a 7.^ Las vio distintamen- 
te en 1782; solo veia una en 1802, y lo mismo y por identi- 
co motivo se repitio en 1830 , consistiendo en estar entonces 
la estrella pequefia proxima al punio de su mayor cercania a 
la grande, y durando su revolucion en torno de esla 30 anos 
segun Maedler, 36 segun Villarceau, en una orbita de 1",2 
de semieje mayor y 0,4 de escentricidad. Es el periodo mas 
corto de estrella doble que se conoce bien ,. bastante menor 
que el de los dos planetas de nuestro sisteraa mas distantes 
del Sol , y poco discrepanle del de Saturno. 

La estrella n de la Corona Boreal, compuesta de dos es- 
trellas de S.^ a 6.* magnitud , de color bianco amarillento, y 
cuya distancia media aparente 6 el semieje mayor de la orbi- 
ta es de 1" y la escentricidad 0,47 del semieje mayor, pre- 
senta lambien una revolucion rapida , estimada de 42 a 44 
anos. Interpretando Villarceau de otro raodo las observaciones 
de la misma estrella heclias por G. Herschel en 1781 y 1802, 
demostro que era posible durase la revolucion 66 anos. Tam- 
bien probo que en rigor, en la mayor parte de cases de orbi- 
tas de estrellas dobles, no se poseen todavia bastantes dales 
precises para delcrminar exactamente todos los eleraentos ; y 
asi es que en su concepto no se puede tener aim por comple- 
ta la prueba de la universalidad de las leyes de la pesantez, 
aunque el mismo auade que ninguna duda liene de ella, y 
que no tardara en verse resuelta la especie de indetermina- 
cion hoy subsistente , cuando haya por lo menos echo dates 6 
cuatro posiciones completas a las cuales quepa satisfacer. 

Ademas de las cinco orbitas de estrellas dobles que van 
raencionadas, hay olras diez cuyos elementos est5n calcula- 
dos , de las cuales la de periodo mas largo es la hermosa es- 



150 
Irella Castor 6 a de Geminis, conipuesta de dos estrellas algo 
desiguales de 3.* magnilud, cuya distancia media aparenle 
viene h ser de 6". Los eleracntos calculados discordan bas- 
tante, como que varia de 232 a 632 anos la duracion de la 
revolucion , segun se atiende 6 no en los calculos a parte de 
las observaciones de G. Herschel. En 1719 y 1759 aprecio 
ya Bradley la respecliva posicion de las dos estrellas de 
este grupo. Segun los calculos de Maedler, seria de 520 aflos 
la revolucion mas probable de una de las estrellas en derredor 
de la otra, 5",7 el semiejc mayor de la orbita', y 0,219 la 
escentricidad ; este ultimo elemento valdria bastante menos 
que en las demas orbitas de estrellas dobles que eslau calcu- 
ladas. 

La estrella s de la Corona , de 6.'^ magnitud , presenla 
tambien una orbita de periodo bastante mas largo que los otros, 
como que segun Hind es de 737 anos, y segun Maedler de 
478, el semieje mayor 3'', 9, y la escentricidad 0,642 segun 
este. 

Dediquemos algunos renglones a la orbita de la estrella do- 
ble mas notable de todas por su brillo, que tiene considerable 
movimiento propio y que probablemente es de las mas proxi- 
mas a nuestro sislema solar, pero que no se ve en Europa. 
Hablamosdeadel Centauroenelbemisferio austral, compues- 
ta de dos estrellas de color rojo de uaranja, de brillo algo des- 
igual, y que algunos observadores las marcan como de 1.° 
magnitud, pero otros aprecian de 2.' a 3." la mas apagada. Las 
distancias aparentes mayores de ambas estrellas, observadas 
en 1751 y 1823, fueron de 23''; ahora es mucbo menor, y vie- 
ne disminuyendo hace anos cosa de medio segundo cada uno. 
Segun los elementos calculados por el Capitan Jacob, director 
del observatorio de Madras, dura la revolucion de una de las 
estrellas en torno de la otra 77 anos, describiendo una orbita 
muy prolongada de 15",5 de semieje mayor y 0,95 de es- 
centricidad. Por los tiempos acluales debe verificarse segun 
esto la mayor aproximacion entre ambas estrellas. 

Maedler, en la obra en dos tomos en folio que publico en 
aleraan por los anos de 1847 y 1848, inlitulandola Trabajos 
sobre los sistcmns de eslreUa.i fijns, cuyo tomo 1.° trata entera- 



151 
mente de las estrellas dobles y multiples, no se concreta a cs- 
ludiar con lodo delenimiento las pocas de movimienlos bas- 
tante rapidos para poder calcularse desde luego todos los ele- 
menlos de sus orbilas, sino que trala lambien de obtener, com- 
parando posiciones respectivas observadas en dislintas epocas, 
una vahiacion primera aproximada de la duracion de las re- 
voluciones de las eslrellas dobles que tienen movimientos 
mas lentos, pero que no obstante presentan, en el intervalo 
que abrazan las observaciones de ellas hechas, algunas dife- 
rencias perceplibles de posicion respectiva. 
De 480 grupos de estrellas, halla 

ARos. 

34 de presunta duracion de la revolucion de.. 100 a 500 

91 500 a 1000 

182 1000 a 2000 

66 2000 a 3000 

51 3000 a 4000 

22 4000 a 5000 

y 34 en los cuales pasaria de 5000 anos. 

El valor medio de estos periodos de revolucion seria de 13 
a 14 siglos. 

Tambien hay algunas estrellas triples de movimientos pro- 
bados, que parecen concordantes con la ley de la gravitacion 
universal. 

La E de Cancer consla de una estrella principal de 5." 
magnilud, a cuya inmediaciou (a cosa de 0",9) hay otra de 
6.' que gira en derredor suyo, segun Maedler en 58^ anos, en 
una orbita de 0,44 de escentricidad. Otra estrella de 6." mag- 
nitud, situada a 5^" de aquella, parece girar en torno de ella 
en 6231 anos 6 9 voces mas lentamente que la otra; lo cual 
concuerda bien con la relacion que debe haber entre ambos 
movimientos, segun la tercera ley de Kepler, y segun las dis- 
tancias medias indicadas de las dos estrellas a la principal. 
Cree Maedler haber notado en los movimientos de la 2." es- 
trella senales de efectos perturbadores provenientes de la 3/ 

La E de la Balanza, de 4.» magnitud, presenta tambien a 
1",3 de la estrella principal, otra, satelite de 5.^ girando en 
derredor suyo en 105| anos, y otra de 8.° situada a 6", 8 dc 



m 

aquella, y que da la vuelta en 1409 anos 6 14 veces mas len- 
taraenle que la anterior, lo cual concuerda asimismo con la 
lercera ley de Kepler. Pero sucede aqui y en olros casos 
una particularidad que solo ocurrc en nuestro sisleraa en al- 
gunos sateliles de iJ'rano, y consisle en que una de las eslrellas 
se mueve en senlido conlrario de la olra (1). A 4' de esle sis- 
tema hay una estrella doble, que acaso este conexionada tam- 
bien con la misma E de la Balanza. 

La estrella t de Casiopea, de 4." magnitud, tiene dos es- 
lrellas satelites de 7.^ y 9.% que se mueven en direcciones 
contrarias, por lo menos en proyeccion perpendicular al rayo 
visual a ellas dirijido; el primer satelite da la vuelta en der- 
redor de la estrella principal en 1065 anos, y el segundo en 
2786. Cree Maedler que debe ser considerable la inclinacion 
de la orbita del primero con el piano perpendicular al rayo 
visual, y que esto pudiera esplicar por que parece ser apenas 
triple su velocidad de la del segundo, auuque segun ia relacion 
de las distancias (1",9 y 7",S) debiera ser octupla. 

La estrella triple 12 del Lince, de 5.' magnitud, esta en el 
mismo caso que las dos anteriores en cuanlo a la oposicion 
de direccion de sus dos estrellas satelites: las presuntas revo- 
luciones de estas en derredor de aquella, en 389 y 8163 anos, 
son conforme deben ser, segun las distancias aparentes me- 
dias 1",5 y 8",7. 

La estrella doble i^- del Escudo consta de dos eslrellitas 
de 7." magnitud, entre si distantes 1",3, girando una en torno 
de otra en 146 anos. Distan 1'.48'' de f^ del Escudo, estrella 
brillante de 4." magnitud, con la cual guardan conexion pro- 
bablemente. Piensa Maedler que en esle caso, como en el de 7 
de Andromeda, giran dos soles pequenos en derredor uno de 
Giro, y ambos en el de otro mayor. 

Hay por ultimo estrellas cuadruples y multiples, que ve- 

(1) Igual singularidad ofrecen los moviraienlos de los sistenias bi- 
naries enire si romparados. EI movimiento de la estrella satelite suce- 
de, cuando en un seutido, ciiando en el opuesto; y bajo este aspecto, 
como el de la grande escentricidad de las orbitas, se advierte cierta 
analogia entre estos inoviniientos y los de los conielas de nuestro sis- 
tema solar. 



153 
rosiinilmeiite forman tambien sisteniiss parliculares , poiqiie 
ademas de su aparente proximidad, lienen casiun mismo mo- 
vimiento propio en el cielo. Asi es v. gr. la eslrelia s de la 
espada de Orion, sitiiada en medio de la gran nebulosa de es- 
ta conslelaciou. Consla de i eslrellas principales, de 5.% 6.', 
7.* y 8/ magnltud, formando un Irapecio deniro de uu circu- 
)o de 1" de radio, y en el cual hay otras dos estrellitas de 
11/ y 12." magnilud. Pero hace pocos anos que se ban princi- 
piado a estudiar sus posiciones respectivas, y todavia eslan por 
comprobar sus reciprocos movimientos. 

Menciona Maedler unos 50 grupos de eslrellas, cuyas coni- 
ponentes eslan a mutuas dislancias aparenles raucho mayores 
que las de las eslrellas dobles propiamenle tales, y que la 
igualdadde sus movimientos propios anuales parece indicar 
alguna trabazon real. En esle caso se balla el notabilisimo 
grupo de las Pleyades, que presenta en un espacio de 1° 
de radio una eslrelia de 4/ magnilud, seis de 5.% cinco 
de 6.' y treiuta y dos de 7.° En igual clase cuenta a Can- 
cer, que en un espacio de igual estension presenta identica 
acumulacion de eslrellas, pero no Ian brillantes. Indica asi- 
mismo baslanles pares de eslrellas dobles muy proximos en- 
tre si, de ellos trece que eslan a menos de 2', diez enlre 2' y 
3', seis enlre 3' y 4', siele enlre 4' y 5', etc. En el Caracol 
hay un grupo de 7 eslrellas dobles, 5 de ellas en un circu- 
lo de 10' de diamelro. Advierle Maedler que el atenlo es- 
ludio de los movimientos propios de estos grupos , decidira 
mejor que sus cambios de respecliva posicion si con efecto 
estan conexionados, atendida la suraa lenlilud de tales cam- 
bios. En el caso v. gr., de las eslrellas E y "6 de la Lira, de 
4.^ magnilud aquella y de 5.' esla, que dislan una de otra 3f', 
cada una tiene a 3" de distancia otra eslrelia salelite giran- 
do en derredor de la principal, una en 1079 anos y otra 
en 2091. Si estuviesen entrelazados eslos grupos por atrac- 
cion miilua, resultaria de los citados valores que el cambio 
de posicion del 2." grupo respecto del 1." no seria confor- 
me a la lercera ley de Kepler mas que de cosa de 1" en 
460 anos, lo cual daria 600000 anos para duracion de la 
revolucion de un grupo en lorno del olro. 



154 
llasla lujiii heiiios hablailo solo tie las distancias augulares 
aparentes de las eslrellas dobles entro si, porque interin lue- 
ra desconocida su dislancia real a nosolros, no sepodian apie- 
ciar de otro modo las dimensiones de siis orbitas. Pero se co- 
noce ya aproximadamente la paialaje aniial de algunas, y de 
consiguienle la relacion de siis distancias a la Tierra con la 
del Sol; lo ciial permile obtener una valoracion primera, no 
solo de la magnitud real del semieje mayor de sus orbitas, 
sino tambien de la relacion de sus masas con la del Sol, una 
vez admilido que sus movimientos obedecen a la ley de la 
gravitacion. 

La estrella doble ^ del Cenlauro, arriba naencionada, pa- 
recc tener segun las observaciones de Henderson y Maclear, 
una paralaje de cerca de 1", lo cual da de dislancia t la Tier- 
ra 206000 veces la media de la Tierra al Sol. Siendo de 15^" 
el semieje mayor de la orbila que Iraza una de las estrellas 
de este grupo en derredor de la otra, resuUa que la dislancia 
mulua entre ambas estrellas seria 13J veces mayor que la de 
la Tierra al Sol, 6 algo menor que la de Urano al Sol, que 
es 19 veces mayor que la de la Tierra al Sol. Pero es 
muy verosimil que sea algo menor la paralaje cilada, y 
que por tanto la dislancia de la estrella y el semieje ma- 
yor de su orbita sean algo mayores. Conocido el semi-cje ma- 
yor y la duracion de la revolucion, que es de unos 77 anos, 
se puede calcular, con arreglo a la tercera ley de Kepler, la 
relacion de la suma de las masas de la misraa estrella doble 
con la de las de la Tierra y el Sol. Suponiendo 1" de paralaje, 
sale 0,69 la reierida relacion; si fuere aquella 0",9, resulta 
esta 0,83. La masa, pues, de esa estrella doble tan brillante, 
la mas inmediala quizas a nueslro sistema solar, esprobable- 
menle algo menor que la del Sol. 

De otras dos estrellas dobles se conoce aproximadamente 
la paralaje anual; a saber, la 61 del Cisne y la Estrella polar. 
La de la 61 del Cisne, de cosa de un lercio de segundo (0",348), 
esacasolamejorconocida, porque se determino mediante dos 
series de mediciones micrometricas efectuadas con todo es- 
mero por el celebre Besseldc 1837 a 1840, con el grande he- 
liometro de Fraunhofer, del observatorio de Koenigsberg. 



155 

Pero no se conoce bien todavia la 6rbila descrita p(»rlacstre- 
11a pequeua dc esle grupo en derredor de la olra: es esta de 
6.' magnitud, y aquella de 7/ Su miilua distancia la eslimo 
Bradley en 1754 en 19", 6, y parece ser por termino medio 
15",8. Ambas estrellas caminan rapidamenle juntas por el 
cielo con un movimiento propioanualde 5",1: el de revolucion 
de la una en torno de la olra dura 515 afios, segun Maedler. 
Estosdatos arrojan para distancia media enlre ellas 45 veces 
la de la Tierra al Sol, y su masa cosa de la lercera parte de 
la del Sol. 

La Estrella polar, cuya paralaje no pasa de 0",076 por 
termino medio de varios valores hallados por diversos astro- 
Domos, tiene a 18i" de distancia otra acompauante de 9.° a 
10." magnitud, que si con efecto esta conexionada con ella por 
via de atraccion, como es de suponer segun algunas observa- 
ciones de posicion respectiva heclias por Struve y Maedler, 
daria la vuelta en derredor de esta en 6000 auos. Estos va- 
lores dan para su masa la tercera parte de la del Sol, y para 
distancia entre ambas estrellas, 243 veces la de la Tierra al Sol . 
Las estrellas dobles cuyas distancias angulares miituas 
y las duraciones de las revoluciones se conozcan, admitiendo 
que obedezcan a la ley de atraccion neutoniana, y suponiendo 
las masas iguales a la del Sol, tendran de paralaje el semi- 
eje mayor de su orbita, espresado en seguudos, dividido por 
la raiz cubica del cuadrado de la relacion de su revolucion 
con la de la Tierra. Asi se pueden sacar valuaciones aproxima- 
das de las paralajes de tales estrellas innumerables, no ha- 
biendo otro modo mejor de hallarlas. Son valores interinos, 
que pueden sin embargo convenir en muchos casos para dar 
idea de la distancia probable a que dichos grupos estan de la 
Tierra. Por este metodo se hallan paralajes de decimos de se- 
guudo de grado, y aun de centesimas. Segun calculos de Maed- 
ler, en 397 estrellas dobles, cuyas distancias miituas y revo- 
luciones estan determinadas aproximadamente, la paralaje in- 
lerina es: de 0",4 a 0",1 en 45, 

0,01 0,04 113, 

0,04 0,01 216, 

y de menos de una centesima de segundo en 23. 



156 

El valor medio de estas paralajes inlcrinasde eslrellasdo- 
bles, es 0",03. Si la masa de las misnias eslrellas individual- 
menle consideradas, sobrepujase por termino medio a la del 
Sol, serian todavia raenores las paralajes reales. Pero segun 
los valores de las masas antes apunlados, pocos cierlamenle 
lal cual conocidos, pareceria que mas bien son menores que 
la del Sol, y que por lanto serian mayores sus paralajes efec- 
tivas. 

Sabido es que G. Herschel buscaba y observaba las estre- 
Uas dobles con objeto de llegar a delerminar su paralaje anual: 
porque mirando como optica meramente su cercania eu cada 
grupo, y resultante solo de que estaban situadas en direccion 
de un mismo rayo visual casi, aunque en realidad dislasen 
mucho entre si, en tal caso la estrella de menor brillo estaba 
probablemente mucho mas distante de nosotros que la mas lu - 
minosa, y mucho mas adentroenlos abismos del espacio. Su- 
ponia que pudieran observarse en las dos estrellas de un mismo 
grupo, durante cada ano, ligeroscambios periodicosde posi- 
cion respectiva, procedentes de diferencia de paralaje enlre 
la estrella mas cercana y la mas lejana. Aunqiie se hayan pa- 
tentizado luego bastantes estrellas fisicamente dobles 6 real- 
menle proximas entre si respeclo de las demas, y iormando 
sistemas particulares, no por eso dejan de serolras muchas 
dobles opticamente solo , segun opinaba Herschel ; y poseyen- 
dose ahora aparatos micrometricos mucho mas exactos que los 
que uso, de esperar es se consiga determinar paralajes anuas. 
Por observaciones de esla clase hechas por Slruve de 1835 a 
1838 de las posiciones respectivas de la brillante estrella u de 
la Lira, y otra pequeiiita 43'' distante, saco un valor probable 
de la paralaje de la misma * de cosa deun cuarlodesegundo. 

Por no prolongar mas este arliculo , suprimiremos los por- 
menores interesanles que nos ocurrian decir sobre los diver- 
sos colores de las estrellas dobles, y sobre la suma pequeflez 
de los diametros angulares de las eslrellas fijas, que resulta de 
la teoria de las dobles, cuando se supone su densidad no me- 
nor que la del Sol , y porque no queremos desperdiciar la oca- 
sion de manifestar en breves palabras un i)eiisamicnto muy 
nuevo V nniy curioso de aslronomia estrellar. Parece hoy de- 



157 
moslrado, que los movimientos propios aniiales cle alguuas es- 
trellas fljas muy brillaiites tienen ligeras variaciones, de las 
cuales no se puede dar razon, hasla ahora al menos , por la 
ley de la gravilacion universal, a no admilirse que cerca de 
cada una de tales eslrellas haya algun abultado cuerpo oscuro, 
cuya atraccion combinada con la de la estrella ocasiono un 
movimiento de rcvolucion en derredor de su comun centre de 
gravedad. 

En setiembre de 1844 publico Bessel una memoria sobre 
la variabilidad del movimiento propio de las eslrellas fijas, 
demostrando que la ascension recta de Sirio habia aumentado 
5" en lOauos, como resultaba de comparar su valor entonces 
con el quedaban las observaciones de 1735 y 1825; y apun- 
16 ya la idea de que esto pudiera atribuirse a la atraccion de 
un cuerpo oscuro proximo a Sirio. Peters, profesor de Koe- 
nigsberg, contirma la especie en un trabajo concerniente a la 
variabilidad del movimiento propio del mismo Sirio, que ha 
dado a luz a principios de 1851; llegando a dar elementos de 
una orbita eliptica que describiria Sirio en 30 anos, y cuya 
escentricidad seria 0,8 del semieje mayor. Parece que Schu- 
bert ha Uegado a resultados identicos. La distancia media 
de esta estrella al cuerpo oscuro no se puede determinar direc- 
tamente, porque la inmensa de tal cuerpo a nosotros no ha 
permitido ver, hasta ahora a lo menos, el resplandor que la 
reflexion de la luz de Sirio en su superficie debe arrojar ; y de 
consiguiente no se puede llegar a conocer aproximadamente 
siquiera la relacion de las masas de arabos cuerpos con la del 
Sol, como se consigue con las eslrellas dobles de paralajes 
conocidas. Admiliendo sin embargo Peters que la paralaje de 

Sirio es menor que 1" (es -p de segundo, segun las observa- 
ciones de Henderson y Maclear), demuestra que el semieje 
mayor de la orbita, visto perpendicularmente al rayo visual 
y estimado en segundos de grade, debe ser mayor que 2",4; 
deduciendose de aqui que la masa del cuerpo oscuro debe es- 

ceder ~~ a la del Sol , 6 ser 6 veces mayor que la de Jupi- 



158 

ter. Si fiiesen iguales las raasas de Sirio y el cuerpo oscuro, 

deberian ser mayores que ~ de la del Sol. 

Schuberl ha observado en la Virgen cierta variabllidad del 
inovimiento propio, que esplica admiliendo una revolucion dc 
dicha eslrella en 40 aiios. Marth lo confirma, fundandose en 
observaciones de Bessel. 

Por ullirao, acaba de hacer Maedler un trabajo sobre la 
variabllidad del movimienlo propio de Procion, fundandola en 
observaciones de toda confianza, pero sin dar todavia los ele- 
mentos de la orbita de la eslrella. Adviertesolo que se pueden 
csplicar las cortas variaciones de posicion , admiliendo una 
revolucion de 50 a 60 auos hecha por Procion en una orbila 
de 2", 5 de semidiametro. 

Presenlase, pues, aqui un campo de indagaciones del 
mayor interes, como que podran patentizarnos la existencia 
y accion de cuerpos invisibles hoy, y que acaso lo sean siem- 
pre. 

Justificado queda, en nueslro concepto, lo que al princi- 
pio de esle articulo deciamos sobre el afan y dichosa venlura 
con que los aslronomos, asi observadores como calculadores, 
se habian dedicado y seguian dedicandose a estudiar las eslre- 
llas dobles. El hecho de que los habilanles de uno de los re- 
ducidos cuerpos oscuros del inmenso universe hayan logra- 
do a merced de las adrairables facultades intelectuales y de 
los escelenles organos con que plugo al Criador dolarles, ad- 
quirir en tan corto tiempo nociones posilivas de esos millares 
de sistemas siluados a enormes dislancias, y probar enlre 
otras cosas que probabilisimamente obedecen a la misma ley 
que el suyo, hecho es seguramente esle que constiluye una 
de las paginas mas gloriosas de la historia de las ciencias hu- 
manas. 



CIENCUS FISICAS. 



Memoria sobre nuevos esperimentos para dar fuerjo a las minas 
por medio de la eledricidad: por el Comandante de ingenieros 
D. Gregorio Verdu, corrcjponsal nacional de la Real Acade- 
mia de Ciencias de Madrid. 



E 



NTRE los efectos notables que puede producir la chispa 
electrica 6 la corriente de la pila, no es ciertamente elmenos 
curioso el de la inflamacion de la polvora a largas distancias, 
objeto de particular interes en la voladura de las minas mili- 
lares y en otras aplicaciones. 

Las esperiencias cuyo resultado tengo el honor de pre- 
sentar a la Academia de Ciencias, ban sido ejeculadas con apa- 
ratos empleados por primera vez para dicho objeto, y creo 
podran ofrecer interes, no solo porque dan un medio mas fa- 
cil, practico y seguro en mi concepto de inflamar la polvora 
a cualquier distancia, sino tambien considerandolasfisicamen- 
te, porque sirven para reconocer por un hecho de mas la po- 
derosa energia de las corrientes de induccion. 

Mas para que puedan apreciarse las diferencias que exis- 
ten enlre los nuevos medios, objeto de mis esperimentos, y 
los del raismo genero usados hasta el presenle, creo oportu- 
no hacer ver el eslado en que se hallaba esta cuestion tanto 
en Espana como en otros paises. 

Bien conocidos son los efectos que produce la chispa de la 
maquina electrica 6 de la botella de Leide: por su medio se 
consigue enrojecer, fundiry hasta volalilizar raetales, inflamar 
ciertas sustancias y particularmcnte la polvora. Pero esta lil- 



160 
liino electo a pesar de (jue fue previslo por Mr. Gillot en su es- 
celenle Iralado de forliricacion sublerranea, no ha sido apli- 
cado jamas en el objelo que nos ociipa, valiendose de seme- 
jantes aparalos, pues se opondrian aellosu mismadisposicion 
y naturaleza. Solamenle con la pila voltaica se ha tralado 
de emplear la cleclricidad para inflamarla polvora y producir 
la esplosion de hornillos, lanto en lierra, como debajodel agua 
para la demolicion de buques. 

El procedimiento usado generalmenle consiste en poncr 
iin alanibrito de plalino 6 de hierroenlrelasdoseslremidades 
de un conductor metalico que pueda coraunicar cuando se quie- 
ra con los dos polos de una pila. Si el hilo de plalino 6 hier- 
ro se halla rodeado do polvora, y dispuesto del modo conve- 
niente entre las estremidades del' conductor, la esplosion se 
verifica instantaneamento en el momento que se cierra el 
circulo vollaico; y esle efeclo es debldo a la ignicion del 
hilo de plalino, cuya longilud, como se supone, es proporcio- 
nadaa la del circuilo y a la energia de la pila. 

Esle medio, empleado con exilo para cortas distancias de 
100 a 200 varas, ha sido ensayado repetidas veces en la Es- 
cuela practica de Ingenieros de Espana. En 1838 y 1839 sir- 
vio para varias esplosiones submarinas en Inglalerra, y par- 
licularraente las que luvieron por objelo deslruir el Royal- 
Georges, navio de alto bordo que obstruia la rada de Spilhead. 

Se ha hecho uso de conductores de cobre descubiertos 6 
aislados ,- e indistintamenle de casi todas las pilas hidro- 
eleclricas conocidas, como las de WoUaston, Bunsen, Daniel 
y otros. 

En 1851, al inaugurar el telegrafo submarino entre Dover 
y Calais, se hizo en Inglalerra la curiosa esperiencia de dar 
fuego a una pieza de arlilleria desde una a otra orilla del ca- 
nal de la Mancha, valiendose del conductor permanente ya 
establecido entre aquellos dos puntos, pero perfeccionando 6 
modilicando de un modo tan favorable los medios anleriores, 
que no debe eslrauarse la gran superioridad del resullado ob- 
tenido. En vez del hilo de plalino 6 hierro se uso como siis- 
(ancia interpolar un tubilo de gutta-percha reveslido interior- 
menle de una capa delgada de sulfuro de cobre; se empleo 



161 
una pila de gran niimero de elementos, aunque estos de poca 
superficie, y por ultimo se practic6 la esperiencia en circuns- 
lancias de aislamiento casi perfecto. 

La bateria voltaica estaba compuesta de 12 pilas parcia- 
les, cuidadosamenle construidas y formadas cada una de una 
pequeua caja de gutta-percha con 12 separaciones que reci- 
bian igual numero de pares de cobre y zinc, de 4^ pulgadas 
de lado, formando en todo 240 elementos. En vez de liquido 
escitador se empleo arena cuarzosa humedecida con agua aci- 

dulada por — 6 — de acido sulfurico. 

Hallandome en Londres el ano anterior tuve ocasion de 
presenciar varias esperiencias de este genero, y aun repetir 
algunas por mi mismo, obteniendo la inflamacion.de la pol- 
vora a la dislancia de 50 millas inglesas , y aun raayores aumen- 
tando proporcionalmente la fuerza de la bateria galbanica. EI 
conductor, aislado con gutta-percha, no pudiendo quedar 
lendido en toda su longitud, se hallaba arrollado en diferen- 
tes puntos; circunstancia que senalo porque puede teuer in- 
fluencia en los resultados, mayormente tratandose de elec- 
tricidad dinamica 6 producida por la pila. 

Con el informe que di de estas esperiencias a mi superior 
gefe el General D. Antonio Remon Zarco del Valle, el Cuer- 
po de Ingenieros de Espaua ha podido repetirlas en su escue- 
la practica, obteniendo esplosiones de hornillos a 4000 varas 
de distancia, que era la longitud del conductor aislado de que 
podia disponer. 

El exito de este procedimiento, independientemente de las 
circunstancias de mas perfecto aislamiento, lo atribuyo a dos 
causas principales: 1.^ a la mayor tension en la corriente elec- 
trica que da la pila empleada; y 2.° a la naturaleza de la sus- 
tancia interpolar, al sulfuro de cobre, bien al efecto de su 
descomposicion quimica, bien simplemenle a la resistencia 
que opone a la corriente, en virtud de la cual salta la chispa 
entre las dos estremidades muy proximas de los conductores 
metalicos. 

Los medios de que acabo de hacer mencion eran los que 
se habian usado hasla el presente con mas 6 menos exito , se- 

TOMO in. ' 11 



162 
p;un el cuidado y precauciones observadas en la esperiencia, 
cuando he emprendido los nuevos cusayos, cuyo principal ob- 
jeto ha sido comprobar la posibilidad de los Ires hechos si- 
guientes. 1.° Si per medio de las corrienles dc induccioo, 
coinbinadas con las de la pila ordinaria , podria obtenerse la 
chispa electriea a distancias considerables con la intensidad 
6 laenergiasuticienleparainflainarlapolvora. Porconsignien- 
Ic , poder reemplazar las pilas 6 balerias galbanicas de gran 
poder, ya por la superficie ya por el niimero delos elemen- 
los empleados hasla ahora en csla aplicacion, por uno 6 dos 
elemenlos de una piiahidro-eleclrica comola de Bunsen, com- 
binados con un aparato de induccion. 2.° Si seria posible es- 
cluir enteramente el uso de la pila voUaica, que aunque ins- 
trumento precioso para la ciencia y para la industria, es sin 
embargo un aparato demasiado embarazoso en la aplicacion 
fisicomilitar que nos ocupa. 3.° Si podria obtenerse la inflama- 
cion de la polvora a grandes distancias directamente por la chis- 
pa electriea, esto es, sin el intermedio del hilo de platino 6 
hierro, ni de cualquier otra sustancia interpolar. 

El resultado de los esperimentos probara si se ban conse- 
guido cumplidamente los tres objetos indicados. 

El aparato de induccion de que me he servido es el per- 
feccionado por Mr. Rumkorff, de reducido voliimen, y cuyos 
efectos de luz observados recientcmente en el esperimento 11a- 
mado del huevo fdosofico, son tan notables bajo tantos concep- 
los. Yo dire aun que al presenciar esla esperiencia interesanle 
quise probar si podria utilizarse la energia 6 la tension elec- 
triea que da este aparato para producir efectos de otra natu- 
raleza como los que llevo mencionados. 

Habiendo sido favorables los primeros esperimentos que 
hice en pequeno con Mr. Rumkorff, he repetido otros mas 
en grande en la fabrica de conductores de cobre aislados 
con gutta-percha, cuyo director Mr. Eukman se apresurd gus- 
loso a proporcionarme toda la longitud necesaria para estos 
ensayos, que se verificaron el martes 5 del corriente. 

Se cargaron desde luego dos elementos de una pila de Bun- 
sen, y puestos en comunicacion con el aparato de induccion, 
se form6 un circuito de 400 metres de conductor de cobre ais- 



163 

lado de 1 milimetro de diametro. Hacia el medio de su longi- 
tud se dispuso iin pequeQo cebo-electrico, formado de dos Irozos 
de conductor aislado, cuyas estremidades despues de limadas 
en punta, quedaban a muy corla distancia una de otra, a 1 
milimetro proximamente, atravesando antes nn tubito de gut- 
ta-percha. Se puso polvora en contacto con las estremidades 
melaiicas, envolviendo el todo con gutta-percha. 

La inflamacion se verifico instantaneamente en el momen- 
to mismo en que se establecio la comunicacion electrica del 
aparato de iuduccion con los dos elementos de lapila. 

Sucesivameute obtuve esplosiones con el mismo exito res- 
pecto de longitudes de circuilo de 600", 1000, 4400, 4800, 
5000, 6400, 7600, y por ultimo hasta de 26.000 melros, co- 
locando siempre hacia el medio el pequeno cebo electrico dis- 
puesto como anleriormenle. 

A todas estas distancias se han inflamado tambien las mez- 
clas de fosforo, nitro 6 clorato de polasa con que se preparan 
las pajuelas fosforicas. 

El ultimo esperimento se repitio haciendo entrar la tierra 
hiiraeda en el circuito, obteniendose la esplosion instantanea- 
mente; y en esle caso, la distancia a que se inflamo la polvo- 
ra, medida en longitud de conductor, era realmente de 26.000 
metres. 

Para comunicar entre si las diferentes longitudes del con- 
ductor aislado con gutta-percha se juntaron y retorcieron por 
sus estremidades, quedando la union sin aislar 6 al aire libre, 
de modo que debio haber una gran perdida de electricidad 
por eslos diversos puntos, mayormente en un aire saturado de 
humedad, pues llovio durante todo el dia en que se hicieron 
estos esperimentos. 

Se procure estender el conductor en cuanto lo permitia la 
locaiidad, y no presume que las partes que quedaron arrolla- 
das pudieranproducir el efecto delmultiplicador, por la razon 
sencilla de que la intensidad de las chispas iba disminuyendo 
en proporcion a la longitud empleada. 

Queda pues probado, que con solo dos elementos de Bun- 
sen y un pequeno aparato de induccion de Mr. Rumkorff, se 
ha inflamado la polvora por lo menos a 26.000 metres de dis- 



164 
tancia, hecho curioso, que es aiin el primer esperimenlo fisico 
en que con la electricidad eslalica, 6 raodificada por el aparato 
de induccion, se ha producido la chispa con la energia suli- 
ciente para inflamar la polvora a tan considerables distancias. 

Se procedio en soguida a olra serie de espericncias reem- 
plazando los dos elementos de la pila por un aparalo de Clar- 
ke, construido igualmente por Mr. RumkorlT, y conservan- 
do como antes el de indaccion. Se empezo por una longitud 
de circuito de 440 melros, y se dispuso la esperiencia en las 
mismas circunstancias que antes. La esplosion se verifico en 
el momento que se puso en actividad el aparato de Clarke. 

Espericncias semejantes a distancias de 1000, de 1800, 
de 3000 y por ultimo de 5600 metres tuvieron lugar con el 
mismo exito. La ultima se repitio tambien colocando un pe- 
queuo hornillo debajo del agua. 

En este dia no pude continuar los esperimentos mas alia 
de este limite, de 5600 metros; pero la rapidez y energia con 
que se producian las chispas aunque muy pequenas me hacen 
creer que podran obtenerse esplosiones a mayores distancias, 
Mas aun cuando estas hubieran sido mucho menores que las 
indicadas anteriormente, la posibilidad y facilidad de pro- 
ducir la esplosion de los hornillos de mina por medio de 
un aparato mecdnico sin necesidad de pila, es un resullado cu- 
ya importancia en la aplicacion que nos ocupa podran com- 
prender facilmente las personas competentes en la materia. 

En otro trabajo mas especial me propongo dar todos los 
pormenores tecnicos que puedan ser necesarios para apli- 
car estos procedimientos en todas las circunstancias posi- 
bles.-=Paris 11 de abril de U^Z.=Gregorio Verdu. 



165 
4|^U11II€A. 

Nuevos hechos relativos a la historia del dcido racemico. Carta 
DE Kesnet a Biot. 

(Comptcs renJus, 5 cneio 1855.) 

Permitidme que aunque algo tarde, os de gracias por la ma- 
nera con que me habeis citado en vueslro interesanle inforrae 
leido en la sesion del 22 de octubre de 1849, sobre la memo- 
ria de Mr. Pasteur. Yuestras lisonjeras espresiones hubieran 
debido animarme a contribuir por mi parte al estudio del aci- 
do racemico, pero los trabajos industrialesabsorven demasia- 
do tiempo para permitir los cientificos. Una clrcunstancia fa- 
vorable ha venido en mi auxilio, y ereo que el mejor modo 
de corresponder al honor que me ha dispensadola Academia, 
es el de dirijiros una pequeua cantidad de acido racemico que 
hemos sacado en el curso de nuestras operaciones: os envio, 
pues, cuatro frascos en una cajita, rogandoos que guardeis 
una parte y pongais la restante a disposicion de la Academia. 

»Ved, caballero, el modo con que se ha oblenido nueva- 
menle este acido en nuestra fabricacion. 

»En 1850 compre a Mr. Praquin de Saint-Maixent (Deux- 
Sevres) cierta partida de tartrate de cal procedenle de la li- 
quidaciou de una fabrica de cremor de tartaro y de acido 
lartrico, siendo el espresado lartrato producto del precipitado 
de las aguas madres. Mr. Gundelach, agregado como quimi- 
00 a mi establecimiento, reconocio la presencia del acido ra. 
cemico, lo cual nos decidio a tratar solo este lartrato de cal, 
del que hemos sacado una centesima parte de su peso proxi- 
mamente. 

5)Recientemente hemos empleado una partida de tartaro 
de Toscana, en el cual es verdad que no hemos reconocido 
de un modo directo la presencia del acido racemico ; pero al 
muy poco tiempo de haberlo usado hemos visto pequefios 
cristales de este acido, sobrepuestos en pequenas cantidades 
a los cristales de acido tarlrico. 



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»En Dueslra opinion, el acido racemico que liemos saca- 
do con gran abundancia del tartralo de cal de Saint-Maixent, se 
ha debido acumularen las agnas madrcs durante una fabrica- 
cion prolongada, y patentiza la presencia de dicho acido en 
los tarlaros de la Saintonge que se emplearon. Tambien es 
nuestro dictamen que el acido racemico que acabamos de des- 
cubrir precede del tartaro de Toscana, pero contenido en tan 
pequenas canlidades, que es precise operar sobre grandes ma- 
sas para estraerlo. 

»He coraunicado estos resultados a Mr. Pasteur, cuyos tra- 
bajos importantes sobre el acido racemico ban side tan lumi- 
nosos, y sin duda llegara a resolver el problema de suforraa- 
cion: os los parlicipo igualmente, persuadido que la Academia 
los juzgara de algun interes." 

A continuacion de la carta de Mr. Ketsner, Mr. Biol da 
las esplicaciones siguientes. 

*'La opinion que Mr. Ketsner emile en su carta, respecto 
a la acumulacion casi total del acido racemico en las aguas 
madres que proceden de la purificacion de los lartaros en bru- 
to, y sobre la necesidad de buscarlo especialmenle en ellas 
para obtenerlo en abundancia; esta opinion , digo es entera- 
mente conforrae a la que se formo Mr. Pasteur el verano ul- 
timo cuando su viaje por Alemania, y que nos la comunico 
en dicha epoca a Mr. Dumas y a mi, en las cartas que toda- 
viaconservamos. La certeza y evidencia que presentan a nues- 
tro entender las conclusiones que ha sacado acerca de la mar- 
cha que conviene seguir para hallar nuevamenle ese precioso 
producto, que habia desaparecido hace tanto liempo de un mo- 
do tan estrafio, nos animaron a pedir confiadamente a la Aca- 
demia el que facilitara a Mr. Pasteur los fondos necesarios 
para terrainarsus investigaciones. La carta de Mr. Ketsner, y 
los productos que la acompauan, prueban que los designios 
de la Academia se han visto realizados brevemente, y que su 
liberalidad ha sido bien empleada, puesto que la cuestion que- 
da ya resuelta y conseguido el fin. Mr. Pasteur ha creido de 
su deber dar cuenta a la Academia de los resultados que ha 
obtenido, y asi lo ha verificado en una nota que nos ha dirijido 
para la corporacion, a la cual pedimos su perraiso para leerla. 



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QUIMICA. — Noticia sobrc el origen del dcido raceinico, por 
Mr. L. Pasteur. 

*'El acido racemico se descubrio en Thann por Mr. Ketsner 
hacia el aiio 1820. En los numerosos trabnjos de que lue ob- 
jeto por espacio de muchos afios, se considero generalmenle, 
sin que para ello hubiese prueba alguna, que existia formado 
completamenle en los tartaros de los vinos de los Yosgos; raas 
esto solo era una presuncion, nacida del lugar de la fabrica en 
en que se habia descubierlo. Esta opinion se repitio en todas 
las obrasde quimica, liasla en las publicadas moderuamenle, 
y lo que se creia mas bien era, que el acido no habia dejado 
de obtenerse en la fabrica de Thann: pero en 1849 supc 
todo lo contrario por Mr. Ketsner, es decir, que no.se habia 
vuelto a ver desde la epoca de su descubrimiento. Esta cir- 
cunstancia llamo vivamente la atencion de todos los quimicos, 
y Mr. Ketsner publico, a pelicion de Mr. Pelouze, en los 
Comptes rendiis de 1849, las modificacioncs que habia in- 
troducido en sus operaciones desde 1820. Mr. Pelouze es- 
cribio tambien a Mr. White, fabricante en olro tiempo de aci- 
do tarlrico, quien segun se aseguraba , habia obtenido el 
acido racemico. Mr. White contesto que efectivamente ha- 
bia recibido eu su fabrica un producto diferente del acido 
tartrico, que lo habia tenido por acido racemico; anadiendo 
que los tartaros que empleaba en aquella epoca procediau 
de Napoles, Sicilia y Oporto. Habiendo comunicado Mr. Pe- 
louze a Mr. Ketsner la observacion de Mr. White, se acor- 
d6 al memento Mr. Ketsner que por el auo de 1820 hacia 
traer de Italia una parte de sus tartaros. (Veanse las notas 
de Mr. Pelouze insertas en el tomo 29 de los Compies rcndus.) 

Ausente Mr. Ketsner, y obligado a permanecer en Paris 
por su cargo de representante, me apresure a escribir a Mr. 
Gundelach, habil quimico de su fabrica, rogandole que hi- 
ciese venir tartaros de Italia, principalmente de Sicilia yde 
Napoles. Diversas circuustancias independienles de la volun- 
tad de Mr. Ketsner, retardaron los esperimentos que eslos 
sabios debian hacer. 



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»La Sociedad de Farmacia de Paris tuvo la feliz idea en 
1851 de proponer como tema de premio las dos cuestiones 
sigiiienles. 

1." ;,Existen liirtaros que conlengan el acido racemico 
completamenle formado? 

2.^ Delerminar las circunstancias en que el acido tartrico 
pudiera Irasformarse en acido racemico. 

» Apenas se supo el anuncio del premio, un dislinguido sa- 
bio de Londres, Mr, Pereira, hizo publicar en el Diario de 
Farmacia, por mediacion de Mr. Guibourt, que el acido ra- 
cemico existia en gran canlidad en el comercio ingles. 

wEsta noticia me sorprendio mucho, causandome gran 
placer. No solo me habia ocupado conslanlemente del acido 
racemico por espacio de dos aiios, sino que acababa de des- 
cubrir tales relaciones enlre las potencias rolatorias del acido 
malico y del larlrico, y las formas cristalinas hemiedricas 
de los bitartralos y bimalato de amoniaco, que viendo por 
otra parte en la naturaleza que siemprc van unidqs los aci- 
dos malico y tartrico, creia, y creo todavia como muy proba- 
ble, que donde existe el acido racemico ha de hallarse el 
racemico malico; es decir, la combinacion de los acidos ma- 
licos derecho e izquierdo. Todas estas razones me hacian dar 
gran iraportancia a cuanto tenia relacion, proxima 6 lejana, 
con el origen misterioso del acido de Thann. Por otra parte 
debo decir, que a pesar de la incertidumbre que reinaba en 
este puulo, me parecia imposible en el estado actual de la 
ciencia la trasformacion del acido tartrico en acido racemi- 
co, fundado en esle razonamiento muy sencillo, el cual, si 
bien no es infalible, no por eso deja de tener un valor real. 
Siendo el acido racemico la combinacion en pesos iguales de 
los acidos tartrico derecho e izquierdo, es evidente que el 
problema de la trasformacion del acido tartrico derecho or- 
dinario en acido racemico, es el mismo que el de la trasfor- 
macion del acido tartrico derecho en tartrico izquierdo. Pero 
todo lo que se hace con el acido tartrico derecho, se puede 
verificar, en ifjualdad de circunstancias, con el tartrico izquier- 
do; por consiguienle, en una operacion cualquiera, princi- 
palmenle de la clase de las de la fabricacion de acido tartri- 



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CO, en que solo se emplean como agentes sustancias despro- 
vistas de poderes rolatorios, si el acido derecho pudiera con- 
vertirse en izquierdo, la misma operacion, aplicada al acido 
izquierdo, loconverliria en acido derecho. En olros terminos; 
la irasformacion es imposible al parecer, y todo lo mas que 
se puede obtener es el acido tartrico inactive. Mas adelante 
esplicare las objeciones que pueden hacerse a este razona- 
miento, pues ahora solo eniito estas ideas con objeto de que los 
quimicos puedan apreciar bien los motivos de la preferencia 
que daba yo a la opinion, de que el acido racemico era un 
producto natural. 

wEstos detalles daran a conocer ademas mi impaciencia 
de aclarar el hecho anunciado por Mr. Pereira. Yo le escribi, 
igualmente que a Mr. Hoffman, y ambos me sirvieron con la 
mayor deferencia: de este modo supe que la persona que 
vendia en Inglaterra el acido racemico era Mr. Simpson; que 
dicho abastecedor traia su acido de Alemania; y que la can- 
tidad que tenia en su almacen era de corta consideracion, 
porque Mr. Simpson no podia obtener de su corresponsal en 
aquel pais todo el que queria. Mr. Hoffman, por su parte, hi- 
zo el favor de escribir a los principales fabricantes de acido 
tartrico de Inglaterra y Escocia; resultando claramente deto- 
das las respuestas que se le dieron por escrito, las cuales 
conserve, que el acido racemico es enteramente desconocido 
en las fabricas de Inglaterra: sin embargo, no debe sacarse de 
aqui la consecuencia que no exista en aquellos paises, y 
hasta tengo la conviccion contraria, a causa del origen de 
los tartaros de las fabricas inglesas. 

»En tal estado se hallaba la cuestion, cuando tuve el ho- 
nor de ver en Paris a Mr. Mitscherlich a fines de agosto ul- 
timo, cuyo celebre quimico me informo que un fabricanle de 
Sajonia preparaba el acido racemico, y que le habia surtido 
de el. Pocos dias despues fui a visitar al espresado fabricante, 
con una carta de introduccion que tuvo la bondad de darme 
Mr. Mitscherlich. Mr. Fikentscher, persona muy instruida, me 
recibio con suma amabilidad , y me manifesto que el acido 
racemico se sacaba en su fabrica, pero en muy corta canti- 
dad, y que en otro tiempo sacaba mas; que poco despues del 



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descubiimiento de este acido habia preparado una gran can- 
tidad, de la cual le quedaban todavia algunas libras; que en la 
aclualidad lo dejaba pcrder; que la |)roporcion que resultaba 
era variable; y que no habiendolo oblenido con los lartaros 
de Austria, pensaba como yo quo esle acido no era en manc- 
ra alguna un produclo artificial; y linalmente, que cuando lo 
habia preparado en mayor cantidad, traia los lartaros de 
Trieste, pero que en el dia empleaba los de Napoles. En se- 
guida pase a visitar la fabrica, y quede sorprendido al ver la 
pequeiia cantidad de acido raceraico que obtenia M. Fikents- 
cher. Efectivaniente, figiirese cualquiera unas grandes cubas 
de plomo cubiertas con una capa espesa cristalizada de aci- 
do tartrico en gruesos cristales, y en las cavidades que for- 
man sus paries salientes poqueuos cristales en forma de agu- 
jas, destacandose por su blancura de los voluminosos y lim- 
pidos cristales de acido tartrico, y se tendra una idea del mo- 
do con que aparece el acido racemico en la fabrica de Sajo- 
nia; ademas, esos cristalitos no se forman nunca en las pri- 
meras crislalizaciones. Por otra parte, he comprobado quo 
el liquido acido que suministran dista mucho de conlenerlo 
en grandes cantidades, y casi no da ninguno en las crislali- 
zaciones subsiguientes, lo cual depende de que el acido ra- 
cemico es muy poco soluble en una solucion concentrada de 
acido larlrico. 

wQuede muy admirado, y me causo gran sentimiento el 
ver que el acido racemico se formaba en proporcion tan pe- 
quena. Yo sabia que Mr. Ketsner, por el ano de 1820, habia 
oblenido tales masas, que lo despacho por centenares de qui- 
logramas. Desesperaba ademas que pudiera llegarse a estu- 
diar con fruto el acido malico de las uvas para descubrir en 
el la presencia del racemico malico, pero una circunslancia 
me Iranquilizo sobre eslo. Efeclivamente, Mr. Fikentscher 
opera con fartralos medio rejinados, y creia yo, lo cual se con- 
firm© despues, que si Mr. Ketsner obtenia proporcionalraente 
en 1820 mayor cantidad de acido racemico, era porque habia 
operado con lartaros completamente en bruto. Es claro que 
si el acido racemico exisle formado en ellos, debe quedar su 
mayor parte en las aguas madres del refinado, sea cualquiera 



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el eslado que lenga en el tartaro bnito: el mismo racemato de 
cal es en realidad poco soluble en el bilarlrato de potasa. Ha- 
biendome enlerado Mr. Fikentscher que en Trieste y Yenecia 
habia grandes fabricas de refinacion de lartaros, resolvi dlri- 
girme a dichas dos ciudades para esUidiar en ellas las aguas 
madres de sus fabricas; pero al paso por Viena debia detener- 
me para visitar otras de acido lartrico, circunstancia que fue 
rauy feliz, pues en esta capital se aclaro del modo mas cum- 
plido la cueslion del origen del acido racemico, consideran- 
dolo conio un producto puramente natural. 

»Acompariado del sabio prol'esor Mr. Redtenbacher, que 
durante mi permanencia en Viena estuvo conraigo tan atento, 
que no puedo agradecerle cual se merecen los favores que me 
dispenso, visite diferentes fabricas do acido tartrico, sin que 
en ninguna se hubiese descubierto el acido racemico. Sin em- 
bargo, no tarde en reconocer, al examinar las diversas cuali- 
dades del acido tartrico almacenado en la fabrica de Mr. Nach, 
que muchos ejemplares tenian en su superficie pequenos cris- 
tales, que al momento conoci eran de acido racemico, mas en 
tan corta canlidad, que emplee mas de tres boras en recojer 
algunas decigramas. Entonces nos dijo Mr. Nach que esos cris- 
talitos se habian presentado hacia algun tiempo en su fabrica, 
y en ciertas cristalizaciones, en tal cantidad que esto habia 
desacredilado su acido tartrico, que los pintores calificaban 
de impuro. Yaliose de una espresion muy exacta, diciendome 
que se hubiera creido que el acicjo tartrico se habia cubierto 
con una cristalizacion de sal de estauo; y efectivamente, asi 
es como se presenta lambien en la fabrica de Sajonia ; pero 
Mr. Nach habia tornado los pequenos cristales por sulfato de 
sosa (el tartrato de potasa lo descompone con el sulfato de 
cal): vease ahora una circunstancia muy importante y deci- 
siva. Mr. Nach nos aseguro que dichos cristales en forma de 
agujas, solo se habian visto en su fabrica hacia un ailo proxi- 
mamente, y que hacia dos nada mas que empleaba los tarta- 
ros en bruto de Austria. Antes, cuando usaba los tartaros se- 
mirefinados , nunca se presento el acido racemico; de donde 
resulta: 

1." Que los lartaros en bruto, do Austria, contienen acido 



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racemico ya formado; pues es evidenle que si este acido fiiera 
un producto artificial, se hubiera manifeslado constantemente 
en una fabrica cuyo modo de operar no varia, habiendo cam- 
biado solamenle la calidad de los tarlaros que emplea. 

2." Que los tartaros en bruto, de Austria, ban de contener 
dicho acido eo menor cantidad que los de la misma clase de 
Napoles, puesto que estos, despues de refinados, todavia su- 
ministran el acido racemico, y cuando bace poco tiempo que 
los liquidos se ban puesto en accion. 

3)Ademas, como las aguas madres habian eslado en mo- 
vimiento mas de un afio antes que presentasen el acido ra- 
cemico, solo aparecio este cuando se bubo acumulado por las 
operaciones sucesivas que concentran poco a poco, en un pe- 
queuo voliimen, el acido contenido en una gran cantidad de 
materia primaria; porque las aguas madres de una operacion 
sirven para el procedimiento de otro nuevo tartaro en bruto. 
Este resultado se confirmo por lo que vimos en una fabrica 
que solo contaba algunos meses de existencia, que empleaba 
tambien los tartaros de Austria, y en la cual no se habia des- 
cubierto todavia el acido racemico. Por ultimo, las conclu- 
siones precedentes recibieron nueva confirmacion con espe- 
rimentos del mismo orden verificados en la fabrica de Mr. Sey- 
bel: bacia dos 6 tres afios que no se habia dejado de usar eu 
ella el tartaro medio-refinado, y en el invierno ultimo apare- 
cieron los pequenos cristales, que se rairaban como una im- 
pureza procedente de los tarfaros en bruto empleados nueva- 
mente. Es necesario advertir que los tartaros de que se hace 
uso en la gran fabrica deMr. Seybel, proceden principalmente 
de Hungria y Estiria; lo cual prueba que los tartaros en bru- 
to de estos paises conlienen el acido racemico como los tar- 
taros de Austria y Napoles. 

))llustrada asi la cuestion de que me ocupaba, no fui ya a 
Trieste, y porque ademas supe por Mr. Redtenbacher, que ha- 
bia sido profesor de Praga, que en esla ciudad existia una 
gran fabrica de acido tartrico: decidi, pues, visitarla, y en 
ella descubri tambien los cristales en forma de agujas de aci- 
do racemico, que se obtienen hace siete afios. El quimico de 
la fabrica, el Dr. Mr. Rassman, conocia ya dicho acido, y aun 



173 
me manifest6 que habia hecho algunos esperimentos, por me- 
dio de los cuales esperaba trasiormar el acido tartrico en aci- 
do racemico; asegurandome, sin embargo, que no habia con- 
seguido resultado alguno posilivo en esta Question, y que solo 
creia posible la trasformacion. 

»Apresureme a volver a Francia, y a dar cuenta de los 
resultados de mi viaje a Mr. Ketsner, con objeto de esplicar 
por una parte la ausencia completa en su fabrica del curioso 
acido desde mas de 30 auos, y por otra su presencia en can- 
tidad notable hacia 1820. Hallandose ausente Mr. Ketsner, ha- 
ble largamente con su hijo politico Mr. Rissler, y con Gunde- 
lach, de los ensayos que era precise hacer para que viesen 
aparecer nuevamente el misterioso acido, y sobre todo de la 
manera en que habian de dirigirse para obtener canlidades 
de consideracion que pudieran ofrecerse al comercio y a la 
ciencia. 

wSegun dejo dicho, Mr. Ketsner empleaba en 1820 los tar- 
taros de Italia; pero tengase muy presente que los usaba en 
bruto: y repito, que puesto que los tartaros de Italia una vez 
refinados dan el acido racemico, y que este es un producto 
natural, es claro que los tartaros en bruto de aquel pais ban 
de suministrar en las ultimas aguas madres de la fabricacion 
canlidades notables de acido racemico, cuyo resultado es pre- 
cisamente el acido obtenido en 1820. 

»Hoy, y desde hace muchos afios, Mr. Ketsner saca prin- 
cipalmente sus tartaros de la Alsacia y la Borgona. Estos tar- 
taros se emplean en bruto como los de Austria y Hungria, que 
se gaslan en Yiena. Las aguas madres permanecen hasta tres 
6 cuatro afios en movimiento; y por consecuencia, es necesa- 
rio admitir que los tartaros de Alsacia y de Borgona no con- 
tienen acido racemico, 6 al menos es en cantidad tan peque- 
na, que queda enteramente en las ultimas aguas madres, 
que se arrojan, de lo cual mereceria hacerse un estudio es- 
pecial. 

wCuando regrese a Estrasburgo, escribi estensamente a 
Mr. Ketsner los resultados de mi viaje a Alemania y Austria, 
rogandole ante todo: 1.° que hiciese traer tartaros en bruto de 
Napoles; 2.° aguas madres evaporadas de las fabricas de refi- 



n4 

liar el tarlaro, y operar luego sobre eslos residues del mismo 
mode que con los larlaros en bruto. Mr. Retsner, para quien 
no son nada los sacrificios pecuniarios en esta cueslion, que 
es esclusivamente suya, ha hecho ya los espresados pedidos; 
y aun ha ido mas alia: en una carta, fecha 24 de diciembre, 
me comunica los resullados que ha conseguido hace muy po- 
00, despues que luve ol honor de escribirle. Eslos nuevos re- 
sullados, uno deellosen parlicular, le dan un merilo particu- 
lar en la cuestion del origen del acido raceniico, sin contar 
la sefialada honra de haber descubierto en otra ocasion Ian 
raro producto. Efectivamente, Mr. Ketsner acaba de introducir 
en su fabricacion corriente los tarlaros en bruto de Toscana, 
y a la lercera cristalizacion se ha presentado ya el acido ra- 
cemico; nueva prueba de que es un producto natural, y de que 
existe en los tartaros en bruto de Italia en cantidad bastante 
apreciable: pero el resultado mas importante y confirmatorio 
de los que preceden es el siguiente. Mr. Ketsner ha tratado 
aparle cierta cantidad de tartrate de cal procedente de la preci- 
pitacion de las aguas madres de una fiibrica que liquido, y que 
empleaba los tartaros de Saintonge, habiendo oblenido muchos 
quilogramos de acido racemico. Esto manifiesla que los tarta- 
ros de Francia, al menos los de ciertos paises, contienen el 
acido racemico, lo mismo que los de Italia, Austria y Hun- 
gria: tal es el nuevo resultado que honra principalmente a 
Mr. Ketsner, y no dudo que muy pronto lo hara estensivo a los 
tartaros de otras localidades. 

»Porfortuna,aldia siguiente de recibir la carta de Mr. Kets- 
ner, es decir, el 23 de diciembre, Mr. Redtenbacher me escri- 
bia desde Yiena que Mr. Seybel, por satisfacer nuestros deseos, 
habia precipitado con la creta las ultimas aguas madres de su 
fabrica, que tenian Ires auos; que habia tratado aparte la sal 
de cal obtenida; y que el liquido acido habia depositado en los 
primeros dias de diciembre bastantes quilogramos de acido ra- 
cemico: serian 1400 quilogramos proximamente los del liqui- 
do en cristalizacion. Mr. Redtenbacher me ha enviado una 
muestra del acido de Mr. Seybel, y es un acido racemico muy 
bianco y muy puro. Este esperimento es exactamente el mis- 
mo que Mr. Ketsner acaba de verificar con el producto de las 



175 
aguas madres de la fabrica que Irabajaba con el tartaro de 
Saintonge. 

))Tal es la historia complela de la cuestion del origen del 
acido racemico. He creido necesario entrar en todos estos de- 
talles, con objelo de que la Academia pueda juzgar mejor acer- 
ca de los derechos respectivos de MM. Kelsner y Fikenlscher: 
este tiene el merito de haber conservado, en cierlo modo, el 
deposito del iicido racemico que se creia perdido enteramente; 
y a Mr. Ketsner pertenece la lionra de haber demostrado per 
primera vez su presencia en los tartaros procedeutes de uva de 
nuestro pais. 

» Acabo de recibir algunos quilogramos de tartaro semirefi- 
uado de Napoles, que me ba remitido Mr. Fikentscber, y muy 
pronto estare en el caso de probar que se pueden estraer de este 
tartaro cualesquier trozos de racemato de cal. Ya he verificado 
algunos ensayos durante mi viaje a Leipsick en el laboratorio 
de Mr. Erdmann, pero no me atrevere a publicar el resuUado 
hasta que lo confirmen nuevas esperiencias practicadas en ma- 
yor escala. 

NoTA. wTengo el honor de acompauar a esta noticia unos 
ejemplares de acido tarlrico, en cuya superficie se ven peque- 
nos cristales de acido racemico, que he recojido en las fabricas 
de Alemania y do Austria. Mr. Ketsner, a quien heenseuado los 
ejemplares, me ha dicho que exactamente y de la misma ma- 
nera se habia presentado en otro tiempo y muy recientemente 
el acido en su fabrica. Para obtenerlo en estado de pureza bas- 
ta echar agua en la masa: el acido racemico se disuelve al mis- 
mo tiempo que una pequena cantidad de acido lartrico; pero si 
se evapora el liquido, el acido racemico cristaliza primero y 
perfectamente pure en grandes cristales." 



EE.i:€TRl€IDA». 



Sobre las corrientes lermo-eUctricas; por Mr. Magnus. 

(L'Inslilut., uiim. 933.) 

Mr. Magnus presenlo a la Aeademia de Berlin una Me- 
moria sobre las corrientes lerrao-electricas. 

El autor, entre olras cosas, dice: que para averiguar si 
estas corrientes provienen del trasporte 6 de cualquiera otra 
accion del calor, es necesario examinarlas en su forma mas 
simple. Las esperiencias se ban limitado de consiguiente a 
observar estas corrientes en un metal unico. Conviene en esta 
circunstancia distinguir dos casos. 1.° Puede producirse una 
corriente en un conductor enteramente cerrado sobre el mis- 
mo, y que no consista mas que en un solo metal, 6 que por 
el contrario coraprenda un multiplicador en el circuito que 
'presente un pedazo del metal sometido a la esperiencia, bas- 
tante largo para que el calentamiento del punto esperimenta- 
do no haga temer un cambio de temperatura en las estremi- 
dades en que se verifica el contacto de los hilos del multipli- 
cador. 2.° Puede tambien obtenerse una corriente poniendo 
en contacto dos pedazos de un mismo metal, cuya temperatu- 
ra sea desigual. Las consecuencias en ambos casos son ente- 
ramente diferentes; y es claro que sirviendose de un conduc- 
tor que consista en dos piezas de un mismo metal, que se 
toquen solo en algunos puntos, sin que el de contacto se ca- 
liente directamente, deben preverse resultados de un orden 
complejo. A esto debe atribuirse principalmente la diferencia 
que se observa entre muchas inducciones del autor, y las de 
otros fisicos que se ban ocupado del mismo objeto. 

El autor empieza describiendo su multiplicador, y el mo- 
do como se ha procurado alambres de cobre puro precipitan- 
do una disolucion cobriza por el amoniaco, y en seguida por 
una accion galbanica. Solo asi pueden obtenerse multiplica- 
dores que carezcan de toda accion sobre una aguja doble muy 



177 

sensible, de modo que esla permanezca en el cero de la 
escala. 

Para las esperiencias del primer genero con un conductor 
de un solo pedazo, ha empleado un alambre de 0,4 hasta 2 li- 
neas de diamelro, cuya longitud para los menores diamelros 
era a lo menos de 4 pies. Como la dureza del alambre influye 
en la direccion e intensidad de la corriente, es preciso evitar 
con cuidado una fuerte elevacion de temperatura, que produ- 
ciria una variacion en la dureza del alambre. En general en 
estas esperiencias no se elevo la temperatura a mas de lOO^c, 
para lo cual se empleo un aparato calentado con agua hir- 
viendo. 

Mr. Becquerel demostr6 que haciendo un nudo en un alam- 
bre, y calenlando un punto a la inmediacion del nudo, se 
producia una corriente en direccion del nudo; pero como este 
fisico empleo una temperatura Uevada hasta el rojo, pudo su- 
ceder que la corriente fuese producida por un reblandeci- 
miento del alambre en el punto calentado, mientras que en 
el nudo conservaria toda su dureza. Es, sin embargo, mucho 
mas probable que se forme una corriente siempre que se ca- 
liente un punto de contact© entre un alambre fuerte y otro 
mas delgado. 

Con todo, Mr. Magnus demuestra que la diferencia de es- 
pesor no influye en la produccion de las corrientes termo- 
eleclricas cuando los alambres son identicos ([uimicamenle 
hablando, y de una misma dureza, puesto que en estas cir- 
cunstancias no ha podido obtenerlas variando el espesor de 
los alambres. El nudo de Mr. Becquerel en el alambre de pla- 
tina no pudo lener otra influencia que la de impedir que el 
metal adquiriese la temperatura roja en el punto en que esta- 
ba el nudo. Para convencerse de ello basta observar, que ha- 
ciendo una lazada con un alambre de cobre 6 lalon, y calen- 
tandolo en un punto inmediato a una temperatura que no 
pase de lOO'c, no se produce la menor corriente, ora sea 
duro 6 blando el alambre. Pero si se calienta un punto de un 
alambre duro hasta el rojo para reblandecerlo, y despues de 
baberse enfriado se calienta hasta 100°c. un punto inmediato, 
al momento aparece una corriente, y esto se observa a veccs 

TOMO III. 12 



178 

aim durante la elevacion de temperalura al rojo, sobre lodo 
cuando la llama no es completamente inmovil, pucs entonces 
calienla desigualmenle alguuos do los piintos del limite de la 
porcion dura y de la blanda. 

Si se cubre un alambre deplaquS [argantan) por la via gal- 
bano-plastica y sobre una parte de su longitud con una capa 
muy delgada de cobre, y se calienla el alambre en el punto 
inraediato al en que termina la capa de cobre, se ve formar 
una corriente. Esto podia provenir de que el poder radiante 
del calor ejerciese alguna influencia en la direccion de la cor- 
riente: pero no es asi, pues que otras variaciones en la super- 
ficie de los alambres, como por ejemplo el pulimento, el esta- 
do escabroso 6 el barniz de sustancias no conductoras, no ban 
dado lugar a ninguna corriente terrao-electrica. 

Respecto de los metales cuya dureza puede moditicarse 
facilmente, y que son susceptibles de laminarse 6 tirarse en 
alambres, Mr. Magnus ba determinado la direccion y relacion 
de la intensidad de la corriente, que proviene de una misma 
diferencia de temperatura para cada diferencia de dureza. 

Despues hizo esperiencias sobre la direccion e intensidad 
de las corrientes que resultan del contacto de dos pedazos de 
un solo y mismo metal, cuando el uno de ellos estando frio, 
se aproxima al otro, que se ha calentado. Estos pedazos se 
ban tomado siempre de un mismo alambre, porque las espe- 
riencias anteriores demostraron que la mas pequena variacion 
en la dureza 6 naturaleza quimica del metal, bastaba para 
producir una corriente. Poresta razon, aun cuando se emplea- 
ban estos pedazos de alambre, uno en el eslado blando y otro 
conservando su dureza, se cuidaba de cortarlos ambos de un 
mismo alambre en el estado duro, y se reblandecia despues 
uno de ellos por el calor. 

Si en estas esperiencias se ban de obtener resultados corn- 
parables, es indispensable que el contacto entre ambas pie- 
zas de metal se verifique siempre del mismo modo. Para con- 
seguirlo se ha servido el autor de un aparato particular, que 
aplicaba los dos alambres uno contra otro con una presion 
constante. 

La direccion de la corriente en la mayor parte de los me- 



179 

tales va del alambre frio al caliente, es d«cir, del duro al 
biando; en otros sucede la inversa. En algunos la inlensidad 
de la corrienlft que resulla de la dlferencia de densidad en el 
alambre, es mayor que la que provieue de la diferencia de 
lemperatura; por ejemplo, la corriente en la plala va del alam- 
bre biando al duro, ora se caliente mas el uno ora el otro. En 
otros metales sucede locontrario, tal como el platino, cuya cor- 
riente marcha siempre del mas caliente al mas frio, cualquie- 
ra que sea la densidad del uno 6 del otro. Mas esto puede 
provenir de que en la platina la corriente que resulta de la 
diferencia de densidad es muy debil (5° solamente), mien- 
tras que en la plata es muy fuerte, pues Uega a 46° para la 
plata fina y a 40 para la que esta aleada con 25 por 100 de 
cobre. 

En casi todos los metales es mas energica la intensidad 
de la corriente empleando alambres blandos que sirviendose 
de los duros; sin embargo, sucede lo contrario con algunos, 
especialmente con la plata fina y aun con el cadmio. 

En la plata se observaran anomalias notables: mientras 
que en la plata fina la corriente marcha siempre del alambre 
mas caliente al mas frio; en la aleada a 25 por 100 de cobre 
va del mas caliente al mas frio. 

Por otra parte, si se calienta la plata fina hasta una tempe- 
ratura de 250''c. para reblandecerla, y se la pone inmediata- 
raente en contacto con un alambre duro del mismo metal, la 
corriente que resulta al principio de la diferencia de tempe- 
ratura es la mas energica, y predomina en el momento en que 
la diferencia de lemperatura es la mas fuerte; pero poco des- 
pues la direccion de la corriente cambia, y mientras que la 
temperatura de ambos alambres tiende a unifonaarse, la di- 
reccion debida a la diferencia de densidad se hace dominante, 
y la corriente marcha del alambre biando al duro, todo lo con- 
trario de lo que sucedia al principio del contacto. 

La plata aleada a 25 por 100 de cobre se conduce dei 
mismo modo si se la calienta hasta 250", y se pone inmedia-^ 
lamente en contacto con un alambre duro del mismo metal. 
La corriente que resulta de la diferencia de temperatura es al 
principio la mas fuerte, y va del metal caliente al frio; pero 



180 
poco despues la diferencia de densidad se hace predominanle, 
y la corrienle sigue la direccion opuesla. 

El plaque [argantan] se conduce exactamenlc del mis- 
mo modo cuando se eleva la temperatura hasta 100°. 

Una causa analoga en la inversion delascorrientesse ve- 
rifica probablemente con frecuencia: y las enormes diferen- 
cias que presentan los resullados de los fisicos en la delermi- 
nacion de las direcciones de las corrienles terrao-eleclricas, 
provienen evidenlemente de no haber dislinguido con bastante 
cuidado la influencia de la densidad y la de la temperatura. 

El conlacto del mercurio caliente con el raercurio frio no 
da lugar a ninguna corrienle, como ya lo babia demostrado 
Mr. Henrici. 

Parliendo como lo ban hecbo muchos fisicos (y particu- 
larmente Mr. de Larive en su memoria sobre las variaciones 
diurnas de la aguja magnelica y las auroras boreales, inserta 
en los Anales de fisica y quimica, S."* serie, tomo25, pag. 310) 
de este becbo, a saber, que la sustraccion de la temperatura 
en un conductor da lugar a una corrienle, resultaria que cuan- 
do se calicnla un punlo de un alambre perfectamente homo- 
geneo y de igual diainelro en toda su longilud, en el cual de- 
crece la temperatura uniformemente en ambos lados, no apa- 
rece corrienle alguna, porque en ambos lados se forma una 
igual y opuesla, que se destruyen; pero que si se pone en 
conlacto un punlo caliente del alambre con una pieza fria del 
misrao metal, bajando entonces la temperatura mas rapida- 
menle de un lado que del otro, podria creerse que deberian 
formarse corrienles de intensidad diferente; sin embargo, co- 
mo la direccion en los metales no es identica con la direccion 
que proviene de la temperatura, esta hipolesis carece de fun- 
damento. Del mismo modo en un alambre mas grueso en un 
punlo que en otro, cuando se calienta a la inmediacion de es- 
te punlo, la temperatura decrece con desigualdad en ambos 
lados, y deberia de consiguiente formarse lambien en este 
alambre una corrienle, y con lodo no sucede asi, por las ra- 
zones arriba espueslas. 

Podria acaso, en vcz dc atribuirse la corrienle eleclrica a 
la diferencia de temperatura, considerarla como efecto de la 



181 
dil'erencia tie conductibilidad para el calor, adoiitiendo que 
la mas rapida propagacioii del calor, 6 sea la mayor conducti- 
bilidad, produce una corriente masinlensa. Pero en esle case 
el coeficiente de conduclibilidad para el calor no seria cons- 
tante para cada cuerpo , sjno que variaria con la temperalura, 
de suerte que el poder conductor, 6 sea el coeficiente de con- 
duclibilidad, seria el mayor unas veces en la parte mas fria, 
otras en la caliente, segun que la corriente variase de direc- 
cion, pues que ya se ha dicho no es una misma en esta cir- 
cunstancia para todos losmetales, ni aun para uno mismo. 
Pero esto es contrario a la hipotesis generalmente admitida, 
y que Mr. Poisson ha tornado como base de su tratado sobre el 
calor; y Mr. Langberg, en su memoria sobre la determinacion 
de la temperalura y de la conductibilidad para el calor en los 
cuerpos solidos, ha demoslrado que las observaciones cono- 
cidas hasta ahora justifican esta hipotesis, Segun Mr. Lang- 
berg, ei coeficiente de conductibilidad es una funcion de la 
temperalura. Sise quieren, pues, atribuir las corrientes lermo- 
electricas a una diferencia en el coeficiente de conductibilidad, 
seria necesario admitir que para algunos melales aumentabu 
con la temperalura, mientras que en otros sucederia lo con- 
trario; esto es, seria mas intensa la corriente en las tempera- 
luras bajas , y de consiguiente mayor en estas el coeficiente 
de conductibilidad; lo cual es cuando menos inverosimil. Por 
igual razon seria precise decir, que el coeficiente de conduc- 
tibilidad aumentaba en unos metales con la dureza mientras 
que en otros dismiuuia por esta causa, pues que las corrien- 
tes varian de direccion en estas circunstancias segun los me- 
lales; cuya hipotesis es igualmente inverosimil. 

Importabapor lo mismo asegurarse, en cuauto fuese posi- 
ble, si estan realmente estas diferencias en el poder conduc- 
tor; y con este objeto se ha medido el poder conductor de un 
alambre de lalon de 2,24 lineas de diametro, al que se habia 
dado una complela densidad pasandole por la hilera en el es- 
tado blando. Para ello se hizo uso de un metodo particular, 
por medio del cual podia esperarse que se harian sensibles 
las menores diferencias en el poder conductor del calor, y 
sin embargo no se ha observado la mas pequefia. Lo mismo 



182 

siicedi6 con dos alambres de arganlan del mismo diamelro, 
uno diiro y otro blando. 

Siguese de aqui la consecuencia raas importante de esle 
ti-abajo, a saber, que pues laconduclibilidad para elcalorno 
es la causa de las corrientes lermo-electricas, no pueden es- 
tas depender de la propagacion del calor, supuesto se ha de- 
inostrado lambien que era independiente de la sustraccion 6 
disrainucion de temperatura , y del poder radianle, la direc- 
cion do lacorriente. En este supuesto, esdiiicil deesplicar la 
causa eficiente de la corriente termo-eleclrica de otro modo 
que atribuyendola al contacto de elementos heterogeneos. 

Por el "contacto de dos metales, 6 simplemente de dos 
pedazos de uno mismo, en el estado blando el uno y du- 
ro el otro, cada uno de ellos adquiere un estado eleclrico. 
Debe suponerse que un cambio en la temperatura modifica 
la intensidad de esta electricidad: asi , por ejemplo, cuando 
una pieza dura toca a otra del mismo metal, mientras que la 
temperatura es la misma en los dos puntos de contacto, la 
electricidad es igual en ambos puntos, pero con direccion 
opuesta en ambos, de suerte que no resulta corriente alguna. 
Si por el contrario varia la temperatura en cada uno, la elec- 
tricidad varia igualmente, y la diferencia de estas dos accio- 
nes determina la direccion y la intensidad de la corriente. 
Podria demostrarse la verdad de esta hipotesis haciendo ver 
las modificaciones que esperimenta la electricidad a diversas 
lemperaturas, observando al mismo tiempo si estas variacio- 
nes eslan acordes con la direccion de la corriente; pero hasta 
ahora no se ha conseguido, sin duda porque la electricidad 
libre es muy debil para producir una accion sensible sobre 
el eleclrometro. 

Aunque no se haya dado esta demostracion , no por eso 
debe dejar de admilirse esta hipotesis, como la mas proba- 
ble hasta ahora. 

Esta presenta con todo una dificullad particular, que sin 
embargo desaparece despues de un examen detenido. Figu- 
remonos un conductor, en el que exista una corriente termo- 
electrica, dividido en una infinidad de capas en una direccion 
perpendicular a la de la corriente; estas capas tendran todas 



183 

ellas diferenle leniperaturu. Supongamos que sean Ian delga- 
das que la temperalura sea conslante en cada una; parece 
evidente, que si las capas de temperalura diferente puestas 
en contacto se conducen como conduclores heterogeneos, que 
por su contaclo se eleclrizan en sentido opuesto , debe suce- 
der, conforme a k leoria de la pila de Volta, que la eleclrici- 
dad en las dos capas 6 elementos estremos sea la misma 
exactamente que la que resullaria del contacto inmediato de 
estas dos capas, y por consiguiente en un conductor cerrado 
no podria existir corriente. 

Pero si materaaticamente considerada la cueslion puede 
admitirse la uniformidad de temperatura en una capa infini- 
tanienle delgada, no asi fisica y realmente considerada, por 
mas delgada que se suponga una capa; porque si la tempera- 
lura disminuye gradualmente de un estremo al otro, necesa- 
rio es que esla disminucion se verifique en todas sus capas 
por delgadas que sean. 

Bajo este punto de vista, el metal que da origen a una 
corriente termo-electrica guarda una analogia perfecta con 
el liquido escitador en una pila hidro-electrica. Ambas se 
apartan de la ley que Volta ha hallado para la produccion de 
la electricidad enlre dos conduclores melalicos. 

Respecto al liquido escitador, puede suponerse que se des- 
compone por el contacto de uno de los melales, y que uno 
de sus elementos se une a este metal, mientras que el otro se 
dirije sobre el seguudo metal. Cada elemenlo integrante del 
liquido se divide, pues, en otros dos elementos constitutivos 
diferentes, mientras que en los metales cada lado opuesto del 
elemenlo melalico es de la misma naturaleza. No es de con- 
siguiente su estado de fluido el que da origen a la electrici- 
dad, sino su descomposicion quimica. El eslado de fluido no 
liene otra influencia que la que resulta de su raovilidad en 
cuanlo le permite descomponerse, y pasar sin elementos hete- 
rogeneos a los dos lados opueslos, de cuyo contacto resulta ta 
corriente. 

La accion quimica del metal favorece tambien la cor- 
riente. Si suponemos, por ejemplo, una placa de zinc y olra 
de cobre puestas en acido sulfiirico diluido, el zinc descom- 



184 
pondra el agua, y al cabo de poco liempo se cubrira de una 
capa de sulfate de zinc. Pero como los dos melales no se en- 
cuentran ya enlonces colocados en el mismo liquido, resul- 
tara que la electncidad que desprenden al contaclo de este 
no seria ya la raisma que presentaban cuando eslaban en 
contaclo inmediato con el. Si se tocan aun fuera del liquido, 
nace una corriente, la cual descompone de nuevo el agua, y 
el hidrogeno con el oxido de zinc se dirijen sobre el cobre, 
mientras que el acido y el oxigeno se mueven hacia el zinc. 
Hay, pues, una nueva porcion de zinc disuelta, y se manilies- 
ta una accion quimica mas energica lodavia. Esta es el re- 
sultado inmediato de la corriente electrica, mientras que la 
priniera, formada antes de cerrar la pila, puede considerarse 
como la causa determinante de la corriente, en cuanto produ- 
ce la heterogeneidad del liquido. 

La heterogeneidad que presenta un metal cuyos estremos 
lienen una temperatura diferenle, produce exactamente del 
mismo modo la corriente termo-electrica. 

En resumen, puede decirse que cuando el autor empez6 
sus esperimentos, esperaba hallar la demostraciou de que las 
corrientes termo-electricas se debian al movimiento del ca- 
lor, cuya idea le habia sido sujerida por el fenomeno obser- 
vado la primera vez por Peltier de la produccion del frio 
por la corriente electrica. Esta esperanza no se ha confirma- 
do, y al contrario, sus investigaciones le ban convencido que 
la corriente termo-electrica, lo mismo que la hidro-electrica, 
no tienen otro origen que la electricidad que resulta de sus- 
tancias heterogeneas. 



iiie:te:orol.ooijl. 



Metodo -para determinar la temperatura exacia del aire: por 
M. E, LiAis. 

(Coraptes reodiis, 18 agosto 1851. Bibliolheqiie nnivcrscllc 
de Gcucve, seiicmbre -1851.) 

Es bien sabido que un termometro espueslo al aire libre 
siente siempre el efeclo del calor radiado por los cuerpos ve- 



185 
cinos, y que por lo tanto la lemperalura que indica debe solo 
rairarse como una aproximacion de la temperatura exacla del 
aire que lo rodea. Interesa mucho para la meteorologia co- 
nocer dicha temperatura exacta; y esta importaucia se- 
ria aiin mayor para la astronomia, eu vista de la influen- 
cia que ejerce el aire sobre las refracciones. Conviene, pues, 
mucho hallar un metodo para determinar la referida tempe- 
ratura exacta. 

Para ello tlguremonos tres termometros semejautes con 
sus escalas comparadas cou cuidado, y coloquense todos tres 
de un mismo modo y a un metro proximamente unos de otros 
contra una pared espuesta al Norte, y cubierta de un revesti- 
raiento uniforme; si ademas no existen a distancia de algunos 
metros otras paredes 6 arboles que puedan influir en la ra- 
diacion, y si finalmente se halla el suelo hasta alguna distan- 
cia de la pared tambien cubierto de una vejetacion uniforme. 
6 del todo desnudo, pero de una misma naturaleza, se podra 
considerar sin error sensible que dichos tres termometros re- 
ciben la misma cantidad de calor radiado. (Para mayor se- 
guridad se podran colocar cerca de cada termometro dos pan- 
tallas, una de cada lado, para destruir el defecto de regulari- 
dad que proviene de la posicion de los instrumentos. Podran 
tambien emplearse las pantallas para anular la desigualdad 
de accion de los cuerpos vecinos, en caso que no fuese dado 
realizar las condiciones que quedan sentadas.) 

Supuesto esto, figuremonos que se cubra con una sustan- 
cia de poder emisivo diferente el deposito de cada uno de los 
termometros. Sean f, f, f" los poderes emisivos de cada una 
de las sustancias empleadas, determinados con cuidado. Si to- 
dos los cuerpos susceptibles de enviar calor radiado a los 
termometros se hallasen a la temperatura del aire ambiente, 
cada uno de los tres instrumentos indicaria exactamenle esta 
temperatura; pero no es asi, y deberan, pues, senalar tempe- 
raluras distintas, Llamemos, pues. A, desconocida, la dife- 
rencia enlre la cantidad de calor radiado enviado por todos los 
cuerpos inmediatos a cada uno de los termometros, y la que 
les enviarian si se hallasen a la temperatura del aire que los 
rotlea. De esta cantidad A de calor radiado, el primer termo- 



186 
metro absorver^, por causa de la igualdad de las facullades 
emisiva y absoivenle, una cantidad Af, el segundo una can- 
lidad Xf\ y el tercero una cantidad Af". En vlrtud del esceso 
A/" del calor absorvido, el primer termomelro tomara un es- 
ceso /, que nos es desconocido, sobre la temperatura del aire 
ambiente. Llamando a y 6 las diferencias de temperatura del 
segundo y del lercer lermometro con el primero, diferencias 
que nos da la observacion, el esceso del segundo termometro 
sobre la temperatura del aire ambiente sera 1-\-a, y la del ter- 
cero t-{-b. Observemos ahora que, para el equilibrio, la canti- 
dad de calor perdida por efeclo del esceso t de temperatura 
por el primer termometro deberia ser igual a Af; la que ha- 
bria perdido el segundo, efecto del esceso t-\-a, deberia ser 
igual a Af; y finalmenle, la que perdera el tercer termome- 
tro, efecto del esceso t-\-h, debera ser igual a Af". Pero la can- 
tidad de calor perdida por cada lermometro se compondra de 
dos partes, una perdida por radiacion, y por el conlacto del 
aire que lo rodea la otra. Para una misma diferencia de tem- 
peratura, la cantidad de calor perdida por radiacion es pro- 
porcional a la facultad emisiva de la superficie radiante; y 
para un mismo poder emisivo, se puede sin error sensible 
suponer que la cantidad de calor perdida por radiacion es 
proporcional a los escesos de temperatura, cuando estos esce- 
sos no pasan de un pequeuo niimero de grades, lo que acon- 
tecera en el caso actual. Luego si llamamos mfl la cantidad 
de calor radiado perdida por el primer termometro en virtud 
de su esceso t de temperatura, la que perdera el segundo ter- 
mometro en virtud de su esceso t-\-a sera mf' it-\-a), y la que 
perdera el tercer termometro en virtud de su esceso t-\-h, 
sera mf" [t-\-h). En cuanto a la cantidad de calor perdida por 
el contacto del aire, es independiente de la facultad emisiva 
de la superficie, y sin error sensible se la puede suponer pro- 
porcional a los escesos de las temperaturas de los termome- 
tros sobre la del aire ambiente, cuando dichos escesos, como 
en el presente caso, no son sino de pequeno niimero de gra- 
des; esto resulta, como para el calor radiante, del desenvolvi- 
miento en serie de las espresioues del enfriamiento. De modo 
que si llamamos nl esta cantidad de calor para el primer ler- 



18T 
raometro, sera n{t^n) para el segundo, y n{t-^b) para el ler- 
cero. De esle Diodo tendremos las Ires ecuaciones: 

Af=mft-\-nt, 

Af'=mf'{t-{-a)-\-n{t-]-a), 

Af"=mf"{t-\-b)-\-n{t-^b); 

dividiendo la primera ecuacion por mf, la segunda por mf, 
y la tercera por mf, baciendo ^=K Y eliminando ^. ten- 
dremos las ecuaciones 

jt=b+jrM+b). 

Eslas dos ecuaciones solo encierran dos desconocidas, 
ky t, Y pueden tomar la forma 

k{f'l-ft-af)=aff', 
U{f"l-ft-bf)=bff". 

Dividiendo estas ecuaciones la una por la otra, se elimi- 
nara fc, y tendremos una ecuacion de primer grado en t, de la 
cual sacaremos 

abf[f"-f') __ _ 

bf"[r-n-af'{r-{)' 

Sustrayendo de la temperalura que seualaba el primer 
term6metro este valor de t, que sera positivo 6 negalivo se- 
gun esten mas calientes 6 mas frios que el aire los cuerpos 
vecinos, se obtendra la temperatura exacta del aire. 



188 
Hesumen de las observaciones meleo 



Enero. . . 
Febrero. . 
Marzo. . . 
Abril. . . 
IVIajo. . . 
Junio. . . . 
Julio. . . . 
Agosto. . 
Setiembre. 
Octubre. . 
Novicmbre 
Diciembre. 



Presiou atmosferica — Bar(Smelro i 
ratura. 



mm 

42,8 
47,3 
39,8 
40,0 
40,9 
40,8 
42,9 
41,6 
42,3 
40,7 
37,1 
42,0 



750,9 

7 57,7 
752,3 
748,4 
749,1 
752,8 
748,5 
748,0 
751,4 
748,6 
751,3 
750,1 



733,3 
729,0 
727,3 
732,6 
732,6 
730,5 
735,5 
733,2 
732,2 
7 29,4 
718,2 
726,1 



mm 
17,6 
28,7 
25,0 
15,8 
16,5 
22,3 
13,0 
14,8 
19,2 
19,2 
33,1 
2 4,0 



TEMPERA 



10°,3 
7,3 
11,8 
14,9 
15,9 
19,2 
22,3 
23,1 
19,0 
15,4 
13,8 
11,0 



17M 
12,5 
19,8 
22,1 
23,1 
25,8 
27,9 
28,0 
24,0 
24,0 
19,5 
16,5 



3'',2 

2,8 

3,5 

8,9 

8,9 

12,9 

14,8 

14,8 

12,0 

9,9 

5,0 

5,0 



Presion media del auo. . 7 41,5 
Presiones estremas id. . » 
Maximum (el 4 de fe- 
brero) 7 57,7 

Minimum (el 1 5 de no- 

viembre) 718,2 

Diferencia 39,5 



Temperatura media anual. 13°, 5 
Idem por la maxima y 

minima absolutas. ... 14,3 
Temperaturas estremas del 

auo n 

Maximum (el 3 de juIio). 29,0 

Minimum (el 5 de enero). — 0,5 

Diferencia. ... 29,5 



Humedad relativa anual 81 ",9 

Tension del -vapor correspondiente 8,98 

Idem calculada 8,22 

Tensiones estremas del aiio » 

Maximum en julio , 12,23 

Minimum en febrero 5,51 

Diferencia 6,72 



189 

rologicas del afto de 1852 en Oviedo. 



TURA DEL AIRE 





i 


MAXIMA 


a 




ABSOLUTA. 


1 


^o 


is^g 


8°, 8 


18°,0 


16 


9,7 


6,3 


12,7 


1 


16,3 


9,9 


20,8 


24 


12 2 


13,2 


22,1 


21 


14,2 


14,1 


23,8 


16 


12,9 


17,1 


28,7 


29 


13,1 


20,2 


29,0 


3 


13,2 


19,4 


28,6 


25 


12,0 


17,8 


27,7 


12 


14,1 


14,0 


24,2 


5 


14,5 


12,4 


19,5 


12 


11,5 


9,7 


16,5 


12 



M I M n 


^ 1 


ADSor.cTA. 1 


'■?. 


i 


-0",5 


5 


0,0 


24 


0,1 


2 


3,5 


11 


4,1 


7 


7,5 


12 


12,5 


18 


10,6 


5 


9,1 


29 


5,6 


26 


2,0 


30 


2,0 


1 



12°, 5 
19,7 
20,7 
18,6 
19,7 
11,2 
16,5 
18,0 
17,6 
18,6 
17,5 
14,5 



Eslado 
trico del aire. 



83",8 
84,9 
81,9 
82,9 
82,0 
80,4 
81,5 
80,4 
87,2 
87,7 
84,9 
85,4 



mm 

6,63 
5,51 
6,96 

8,47 

8,86 

9,94 

12,23 

11,84 

12,05 

9,76 

8,46 

7,05 



NOTAS. 



La tension esta 
calciilada por las 
tablas de Biot y 
Gay-Lussac. 



Por falta de ins- 
trumentos conve- 
nientes no se ban 
podido hacer las in- 
dispensables obser- 
vaciones elecfricas 
y magn^ticas para 
completar este tra- 
bajo. 



ESTACIONES 

METEOROLOGICAS. 



Invierno. . 
Primavcra. 
Esti'o. . . 
Otono. . . 



Temperalura 
mc'ilia. 



8°, 3 
12,4 
18,9 

14,7 



lUimcdad re- 
lativa id. 



8 4°, 7 

82,2 
80,8 
86,6 



Tension del 


Dias de 


vapor. 


lltivia. 


mm 




6,40 


40 


8,10 


34 


11,34 


33 


10,09 


32 



I.luvi» 



cents. 

58,1 
49,4 
49,1 
38,3 



SiTUAciON DE LA ToRRE DE LA CA-(Latitud. . . 43° 24' 5" N. 

TEDRAL JLongitud. . 0° 20' 32" E. 

Altura media sobre el nivel del mar 220 metros. 



Ha Uovido durante el afio 139 dias. 

Cantidad de Uuvia, id. en centimetros 194,9 

Dia de mayor lluvia, el 6 de julio 7,3 



Universidad literaria de Oviedo. — Lsov Salmean. 



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Rclampa^jds. 



Tiiicnos 
6 lumneslad. 



Dcspcjados. 



Niiblados. 



►^lOO»*»toS;»f»tOO~»3C^ 



OO^COOOO^GC^-^ 



Cubierlos. 



?5 s* < 



191 

V4RIEDADES. 



La Academia de Ciencias, bellas letras y artes de Burdeos, publica 
como asunto de un premio de 300 francos, que habrii de adjudicar en 
1853, el siguiente. aExamen critico y comparativo de las leon'as dua- 
h'sticas y unitarias de la qui'mica.)) Esplaya el prograraade este modo. La 
manera de formarse muchas de las sustancias salinas, y varias reacciones 
fundamentales que ocasionan, dieron margen a pensar que los acidos y 
las bases concurrentes a formar sales conservaban su predisposicion , aun 
luego de combinarse reci'procamente, a originar esta liltima clase de com- 
puestos. Esta opinion acerca de la constitucion de las sales, nacida en 
una epoca en que la quimica no bacia mas que librarse de las trabas que 
le habia puesto la falsa teon'a de Stahl, y cuando la cristalografia era 
desconocida completamente, ha sido sancionada per la creacion de la no- 
menclatura guytoniana, y la ban aceptado todos los quimicos, haciendo de 
ella la base de la ensefianza y de sus trabajos de laboratorio basta estos 
liltimos tiempos. Como el antagonismo que resulta de la presencia de un 
acido y de una base no esplica suficientemente la saturacion de ciertas sa- 
les, ni las formas que afectan en virtud de la cristalizacion, ni tampoco 
un gran niimero de reacciones importantes; y como por olra parte no se 
haya demostrado de una manera formal la teon'a atribuida a Lavoisier, 
se propuso otra nueva en 1836. Esta liltima teon'a, designada hoy con el 
nombre de unitaria, se ha adoptado por algunos quimicos, que la ban to- 
rnado por base de sus trabajos, dandole al mismo tiempo un gran desar- 
rollo. Tales opiniones y semejantes becbos no se ban admit ido sin discu- 
siones y sin oposicion; sin embargo, habiendose hecho un gran niimero 
de observaciones desde que se creo la teon'a unitaria de la quimica, im- 
porta someterla a nuevo examen. Para fijar la atencion en los hechos 
principales, los aspirantes habran de examinar especialmente: 1 .° la cons- 
titucion de las diferentes s(5ries de elementos quimicos. 2." Su modo de 
union al formarse los cuerpos compuestos. 3." La constitucion mas pro- 
bable de los principales tipos moleculares inorganicos y organicos; juz- 
gar, si es posible, qud sistema esta mas en armonia con los hechos obser- 
vados, y a cual convendria finalmenle dar la preferencia. Las memorias 
ban de estar en poder de la Academia antes del 30 de setiembre de 1853. 
El resultado del concurso se publicara en la sesion anual que se verifi- 
que en el mes de dicicmbre del espresado auo. 

— Una carta de Mr. W. J. Macquorn Rankine, publicada en el ultimo 
niimero del Philosofical 3Iagazine (correspondiente a dicierabrc), da a co- 
nocer el becho de que la luz de la aurora boreal, acerca de la cual lia 



192 

lierho obst'i'vacioncs iinifornies por espacio «le ocho meses, no le ha prc- 
st'Jitado senal aljjuna de polarizacion. 

"A posar de que los rcsnllados scan puramente negalivos, dice Mr. R., 
no dcjara do ser litil manifostar que, habiendo examinado en miichas 
ocasiones, durante los ocho liltimos meses, la luz de la aurora boreal con 
tin prisma de Nirhol, no ho visto nunca la menor sefial de polarizacion. 
Para demoslrar que este resultado no consistia en la debiiidad de la luz, 
dM que la ultima vez en que hice mi observacion, la polarizacion de la 
misma luz producida por reflexion en la superficic de un rio, sc dislinguia 
claramente, mientras que la luz directa se hallaba evidentemente falta de 
(oda polarizacion apreciable. Este hecho es contrario a la hipotesis de 
que la luz de la aurora boreal cs reflejada por cristales de hielo." 

—Mr. DcmidofT ha enviado a la Academia de Giencias de Paris los 
est ados de las observaciones meteorologicas hechas en Nijne-Taguilsk 
(Oural) desde enero a setiembre de 1852. 

Las temperaturas maximas , minimas y medias de cada mes , en grados 
del termometro de Reaumur, son las siguienles. 

MaNiiua. Minima. Media. 

Enero + 0,5 

Febrero — 0,5 

Marzo + 6,3 

Abril +14,8 

Mayo +21,4 

Junio +23,9 

Julio +20,6 

Agosto +21,9 

Setiembre +19,2 

— La Sociedad Real de ciencias de Gotinga propone un premio de 50 
ducados (230 rs.) a las mejores esperiencias sobre la elasticidad de los 
cuerpos solidos. Dcberan encaminarse a manifestar los cambios que esperi- 
mente la elasticidad por los de temperatura; no se limitaran a los cuer- 
pos sonoros, sino que deheran estenderse a cualesquier cuerpos sujetos a 
flexion, a torsion. La Sociedad desea que se hagan las esperiencias con 
esmero y precision, que scan muchas y variadas, y que se espresen sus 
resultadosen niimcros, a fin de poderse juzgar si es posible sentar algu- 
na relacion entre los cambios del coeficiente de elasticidad y los de tempe- 
ratura, entre cierfos limites cuando menos. Deberan remitirse las rae- 
morias a la Sociedad antes do setiembre de 1855. 



—31,5 


— 12,87 


— 29,0 


— 11,28 


— 16,5 


— 3,31 


— 13,5 


+ 2,80 


— 2,0 


+ 11,38 


— 1,75 


+ 11,79 


+ 4,0 


+ 13,71 


+ 2,5 


+ 12,46 


— 4,0 


+ 8,38 



N." 4. - REVISTA DE CIENCIAS. - Abril 1853. 



mmm n4tijrales. 



FIISI€A DEL. OL.OBO. 

Variacion de los fenomenos periodicos de la vejetacion dp los 
Alpes: por Mr. Schlagintweit. 

(I.'lnslitiit, 27 agnsto ^85^.) 

JtLn la sesion del 5 de abril de este aiio comunico Mr. Adol- 
fo Schlagintweit a la Academia de Ciencias de Bruselas los re- 
sultadosde las observaciones coraparativas hechas por el y 
por olros a diferentes alturas de los Alpes, con el fin de ave- 
riguar con precision los periodos y duracion de los fenomenos 
principales de la vejetacion. 

Presentan en los Alpes un inleres particular estas inves- 
tigaciones, en razon a que con frecuencia y a dislancias mini- 
mas se advierten en diversas montanas diferencias muy consi- 
derables, sirviendo como es consiguiente esta mismairregala- 
ridad de auxiliopara reconocer las circunstancias climatologi- 
cas, que serian dificiles de percibir por medio de las series 
ordinariasde observaciones meteorologicas. En orden a ciertas 
estaciones 6 sitios, y en especial a las poco elevadas y de los 
confines de los Alpes, pudo servirse de observaciones ya pu- 
blicadas. y que comprenden un periodo de muchos anos; mas 
para los restantes, de las cuales algunas esceden el limite de 
las cereales, las observaciones se contraen a los anos del848 
y 49, por lo que se ha visto el autor de la comunicacion en 
la necesidad de completarlas, buscando y fijando un termino 
medio en orden a los fenomenos principales de la vejetacion, 

TOMO III. 13 



194 
y combinando los datos que ha podido recojer direclamenle 
de los habilantes, las indicaciones de los anuarios de muchos 
agricultores entendidos, y las observaciooes hechas por el 6 
por otros en los silios en que durante dicbos dos anos habian 
hecho mas larga permanencia. Vamos a ver los resultados de 
esle trabajo , advirliendo que se ban reducido a melros las 
raedidas que se babian marcado en pies por el autor. 

La duracion del liempo de la vejelacion, es decir, el pe- 
riodo desde la conclusion del sueno hibernal hasla el princi- 
pio del siguiente invierno, decrece con la allura, y no escede, 
en la de 2300 a 2600 metres, de 95 dias; en los estremos li- 
mites de la vejetacion fanerogamica, mas arriba de los 3250 
raetros, se reduce a un mes; y en los anos mas desfavorables, 
las plantas de aquella categoria, las mas elevadas, permane- 
cen cubiertas de nieve todo el verano. 

El liempo que media entre la siembra y la recoleccion de 
las cereales de invierno aumenta con la allura, y llega a veces 
a ser de un ano enlero en los liltimos limites de las cereales, 
esto es, de 1650 a 1700 metres. 

El retraso de la vejetacion producido por la altura, es en 
general menor con relacion a la floracion que durante la fruc- 
tiQcacion: en el primer periodo y termino medio en los Alpes 
por 325 metres se advierte un retraso de 10 dias, de 12J de 
dias durante el segundo, y de 11 con respecto A la duracion 
total de la vejetacion. La temperalura media del aire decrece 
tambien por aquella misma elevacion en 2''c. , en especial 
durante el periodo de desarrollo de la vejetacion. La diferen- 
cia de la retardacion de los periodos de floracion y de fructi- 
ficacion es bien notable; puede deducirse por un termino me- 
dio, y comparando las estaciones botanicas diversas de un 
mismo valle. Parece debida principalmente a la disminucion 
mas rapida de la lemperatura en verano; las estaciones ele- 
vadas se enfrian mas entonces que las bajas, y de aqui resul- 
ta en ellas a la sazon mayor retraso que al principiar la vege- 
tacion. Como altura media para el descenso de Tc. se halla: 
en invierno de 217", de 165 en primavera, de 142 en verano 
y de 181 en otoiio. Parece ademas que la influencia de las tem- 
peraluras mas frias que sufren las plantas en las regiones 



195 
elevadas, como que aumenla por su continuidad, y que a cau- 
sa de este retardo progresivo las 6pocas de la fructificacion se 
afectan asimismo mas que las de la floracion. 

Las observaciones habian dado a Mr. Schubler un relraso 
de 10 a 14 dias en la vejelacion por cada 325", y una diferen- 
cia de 6 dias por la disminucion de Tc. Mr. Quetelel, por me- 
dio de un esludio bien entendido de estos fenomenos, hallo 
que en el clima de la Europa central, 100 metres de elevaciou 
producen un retraso de unos 4 dias, que corresponde a la in - 
fluencia de un grado mas de latitud. 

La temperatura del aire en que se verifica un fenome- 
no determinado, parece ser en la primavera bastante igual en 
general a diferentes elevaciones; el derretimiento de las nie- 
ves y la sacudida del letargo anual se veriflca no obstante en 
los silios elevados a una temperatura algo superior, pero en 
cuanto a la fructificacion es bien seguro que a grandes alturas 
se muestra a una media diurna bien inferior. Las diferencias 
son muy sensibles en cuanto a ciertas plantas: el cerezo, por 
ejemplo, madura en la Europa central segun Gasparin a la 
temperatura media diurna de 17'',8c.; en la Prusia oriental se- 
gun Dove a 17°,5c.; al pie de los Alpes hasta la altura de 650" 
la temperatura parece variar entre 17" y 18 c.; pero en los li- 
mites estremos, en los Alpes centrales, a 1460°", en que la 
maturacion de los frutos no comienza hasta el 20 de agosto, la 
temperatura a la sazon no escede de 11° 6 12''c. 

En cuanto al centeno de invierno, las diferencias de la tem- 
peratura llegan a esceder de 7° u S^c; respecto a la vid, la ma- 
turacion de sus frutos comienza en los limiles polares y en los 
de los Alpes a temperaturas muy inferiores a las de las si- 
tuaciones mas favorables. 

Si se compara la suma de las temperaturas 6 la suma de 
los cuadrados de las temperaturas en las diferentes epocas de 
la vegetacion, resultara de uno y de otro mode que muchas 
plantas no llegan a obtener en sus estremos limites de los Al- 
pes mas que un calor inferior al que reciben en el llano para el 
grado mismo del desarrollo: siendo esto evidcnte, y sobre todo 
respecto de las cereales, la cosecha consiguientemente sera 
siempre nada mas que mediana, y de calidad bien inferior. 



196 
La comparaciou de las diversas estaciones 6 sitios, hace v«r 
que muchos carabios de las epocas de vejetacion dimanan de 
la distribucion de la lemperalura entre los diversos meses, y 
aun entre periodos de menor duracion. Los puntos de iguales 
alturas y calor medio anual pero cuyo clima es mas eslremo, 
se adelantan mas en cuanto al desarrollo de las piantas, que 
los que esperimentan variaciones de temperatura mas limita- 
das. Pueden citarse en comprobacion las siguienles observa- 
ciones comparativas hechas en Innichen (Tirol) y en Heili- 
genblut (Carintia). 

Tera[ieratiirn. Fporns de la vijclaciiiii. 

18'i8_i8-i9. Iiinichcii. Dciligonblnt. llcdias. Innichen. lleiligcnblul. 

3 9 9 9 p. 'i 4 p. Foliacion. 
Invierno. . -r,« -<>M.. . . Fresno co-J^^ ^^^^ ^9 mayo. 

mun S 

Primavera. 4",7 3°,9. . . . Ftoracion. 

Verano... ^5^1 13°,0 Cerezo 20 mayo,. 26 id. 

Centeno de/ 

•„, • (ii iimio. . 1 7 id. 

mvierno.. ) •" 

Fructificacion. 

Otono. . . . .'»",« 5",6.... Cerezo 26,juIio.. 17 agosto. 

Centeno de ) 

invierno..} "" 'S^^t"' '" ''^• 

Anual 5", 2 5",1 Cebadas det 

2 y de 6/13 agosto. 22 id. 

carreras... ) 

El producto de las semillas en las cereales, la calidad de 
los frutos y la proporcion de su peso con relacion al de la 
paja, disminuyen segun la elevacion; la cosechaenlos limiles 
ultimos, 16S0, 1700 metres respeclo al centeno de invierno y 
a la cebada, hasta el punto de ser solamente de dos a tres y 
media veces superior a la sembradura, tomando por lermino 
medio alios bastante propicios. Un calor mas elevado durante 
el tiempo de la vejetacion, aumenta siempre los productos de 
los sitios elevados, acelerando tambien las epocas de la veje- 
tacion, y dando en fm por resultado que en tales situaciones 
los afios abundantes sean en general aquellos en que la raatu- 



197 
racioii de los cereales se ha veriQcado algo antes del tiempo 
regular 6 medio de este fenomeno. 



PAL.i:OIlTOL.OCilA. 

Investigaciones jisiologicas sobre los medios de existencia de los 
animales en las cdades geologicas: por Mr. Alcides d'Orbigny. 

(Comptes rendus, 4 noviembre 1 850.) 

A pesar de haber trascurrido bastante liempo desde que 
el aulor presento a la Academia de Ciencias de Paris el es- 
tracto de una Memoria suya con aquel tilulo, todavia dos pa- 
rece que sus conclusiones importantes podran presentar inte- 
res, permitiendo su insercion en nuestraREvisTA. Diceasien 
resumen. 

*^Existe en fisiologia una cuestion de la mayor importan- 
cia, y que el estudio de los animales fosiles puede uuicamen- 
te resolver. Tralase de averiguar si los diversos organos de 
los animales mas antiguos ban permanecido tales como fue- 
ron en un principio, 6 si por el contrario se ban modificado 
a causa de cambios sucedidos en los medios 6 circunslancias 
de su posterior existencia. 

Siendo el organo de la respiracion entre todos, por su na- 
turaleza y gran susceptibilidad, el mas apropiado, pues que 
siempre se halla en directa relacion con las indicadas cir- 
cunslancias, el autor le ba elegido de preferencia para formar 
la base de sus investigaciones. 

Esto supuesto, se ocupa primeramente de los animales 
marinos sin organo especial de respiracion, que se apropian el 
oxigeno necesario a su existencia por diversas partes esterio- 
res de su cuerpo. Todos ellos pertenecen al tipo de los radia- 
dos. En la edad primera del mundo, en los terrenes paleozoi- 
cos, tienen ya represenlantes de todas las clases, de los amor- 
fozoarios, foraminiferos, zoofitos y equinodermos, y no de ge- 
neros muy proximos, sine de los mismos que babilan boy 



198 

nuestros mares. De aqui infiere el autor, que habiendose pre- 
sentado bajo todas las formas en las primeras edades del 
mundo, sin cambio posterior en su organizacion, las condi- 
ciones de existencia ban permanecido identicas, y no resulta 
variacion sensible en esta serie de seres desde la primera 
animalizacion hasta el presenle. 

Respecto a los animales marinos que respiran en el agtia 
por branquias, observa D'Orbigny olro tanlo; pues que en los 
citados lerrenos paleozoicos, los primeros de la animalizacion, 
exislen, ademas de todas las clases de este gran grupo, y de 
muchos generos analogos, cuarenta y tres de estos del todo 
identicos a los de nuestra fauna actual. 

Tampoco ha debido haber cambio alguno en los elemen- 
tos de vitalidad respecto a los animales lerreslres de respira- 
cion aerea por traqueas, pues con la primera grande epoca de 
la animalizacion se hallan insectos coleopleros, orthopteros y 
nevropteros de los mismos generos 6 de otros sumamente afi- 
nes a los que hoy pueblan nuestros contineutes. 

Ni mas ni menos se deduce en cuanto a los de respiracion 
aerea por medio de pulmones, pues en los primeros lerrenos 
del mundo animado exislio un escorpion y varios reptiles 
saurios; y en el segundo periodo, 6 sea en los lerrenos triasi- 
cos, nacieron las aves, que son de todos los animales los de 
sistema pulmonal mas desarrollado, y vivieron con los repti- 
les. Y con esto las primeras deducciones quedan comproba- 
das con ejemplos de 18 clases de las 19 del reino animal. 

La escepcion iinica real a los resullados generales consis- 
te en la aparicion lardia sobre la tierra, y solamenle en la 
6poca de los lerrenos lerciarios que de cerca nos ban prece- 
dido, de los mamiferos, 6 sean los animales mas perfeclos. 
^Pero depende esto de la variacion en las circunstancias de 
existencia? En tal caso se hubieran adverlido cambios en las 
demas organizaciones zoologicas en los 300 generos de lodas 
las clases, de todos los diferenles modos de respiracion que 
existian ya, y que siguieron mostrandose en los lerrenos ler- 
ciarios. Es, pues, imposible do admilir como causa una mo- 
dificacion en la atmosfera; y siendolo igualmente cualquier 
otro fenoraeno fisico esclusivamente relacionado con el reslo 



199 

de los seres no queda mas arbilrio que atribuir esla ano- 
malia a la fuerza misraa creadora, que antes de esla epoca 
liabia ya repoblado tantas veces los mares y los conlinentes. 
Las conclusiones de la memoria indicada, y de olras dos 
anteriores de Mr. D'Orbigny, son en conclusion: 

l.» Que si existiese la perfeclibilidad progresiva, debie- 
ran hallarse animates desprovistos de lodo organo especial de 
respiracion en las primeras edades del mundo, y otros suce- 
sivameule mas y mas organizados en proporcion a la proxi- 
midad de aquellas mismas edades a la nuestra , cuando por 
el contrario, notamos lodos los medios de respiracion espar- 
cidos, por decirlo asi, de una vez sobre la tierra. 

2." Que ya se consideren entre si los periodos crecientes 
6 decrecientes del desarroUo de formas zoologicas, ya se com- 
pare el instante de la aparicion de los ordenes de los anima- 
les con la perfeccion de sus organos, 6 ya en Xin se adopten 
por base de investigaciones comparativas los datos fisiol6gi- 
cos deducidos de la respiracion de los animales, siempre se 
llega a los mismos resultados negatives sobre la sucesiva per- 
feclibilidad de los seres en las edades del mundo, los cuales 
de consiguiente deberan tenerse como definitivos. 

3/ No existiendo modificacion alguna apreciable en los 
organos de la respiracion de los seres desde las epocas mas 
remolas a la actual, y habiendo existido en todas un gran 
niimero de generos con los mismos caracteres desde la ani- 
malizacion primera del globo hasta ahora, se esta en el caso 
de creer que los elementos vitales no ban sufrido alteracion, 
y que las circunstancias de existencia ban permanecido sin 
ella en los mares y continentes. 

Y 4.* Que en este supuesto, ninguno de tales cambios ha 
podido influir en la estincion ni en la renovacion de las fau- 
nas sucesivas, que veraos reemplazadas tantas veces en la 
superficie del globo desde la primera animalizacion hasta la 
epoca actual, ultima conclusion de inmensas consecuencias 
para la hisloria cronologica del mundo antiguo, y de los se- 
res que le poblaron en las diversas epocas geologicas. 



200 



Nota sobre una especie dc bufalo fosil descubierla en Argelia, 
caraclcrizada y descrila por Mr. Duvernov. 

(Comples reoilus, \ .° diciembre 4831.) 

Mr. Duvernoy presento una nota acerca de una especie de 
bufalo fosil {Bubalus (Arni) antiquus) descubierta en Argelia, 
la que describe del modo siguiente. 

^'La familia de los bueyes en el metodo que he adoplado 
se compoue de cuatro generos, que son los bueyes propiamen- 
te dichos, los bisontes (bison), los bufalos (bubalus), y el ge- 
nero ovibos, Bl. 

wEstos cuatro grupos genericos, cuyos caracleres osteolo- 
gicos espongo en una Memoria delallada, comprenden cada 
uno en el eslado actual de la ciencia una especie fosil al me- 
nos, que se distingue de las especies vivas por caracteres mas 
menos pronunciados. 

))A1 genero buey propiamente dicho pertenece el buey de 
las turberas de Cuvier (1), bos primigeniiis de Bojanus, cuyos 
caracteres le distinguen muy bien de nuestro buey domesti- 
co. Los encuenlro sobre lodo en la forma del craneo, cuyas 
faces frontal y occipital se reunen en angulo muy agudo, y 
forman por su reunion un burrelete o rodete muy saliente 
entre los cuernos. Los cinco craneos de nuestra coleccion 
tienen esle caracter igualmente que la misma curvatura, y 
tambien iguales proporciones en los nucleos huesosos de los 
cuernos. 

))El genero bison 6 bonasus se compone de dos especies 
fosiles, que corresponden alas dos especies vivas, la una es 
de Europa y la otra de America. Se distinguen por sus gran- 
des proporciones, y por las demas prominencias huesosas. La 
especie de Europa es el bos priscus de Bojanus. 

))No se conoce bien hasta ahora sino una especie de bii- 
falo fosil. Nuestra coleccion posee un modelo de yeso de un 
craneo mutilado de esta categoria, que ha sido enviado de 



(l) Recherches sur les ossements fossiles, torn. i. 



201 

Londres, y en el cual se ve la forma de la frente, que es mas 
corla y mas estrecha en la parte superior que en la base, y 
rauy ligeramente arqueada en su longitud. 

))Los grandes troncos de los niicleos huesosos delos cuer- 
uos lienen las proporciones, la forma y la direccion un poco 
delras y hacia la parte de afuera que el ami de grandes cuer- 
nos. El original precede tambien del norte de la India. 

))En cuanto al genero ovibos, Mr. Cuvier cita tres cabezas 
descubiertas en Siberia, de las cuales las dos primeras ban 
sido indicadas por Pallas (1). Mr. Dekay ba dado a conocer 
una cuarta descubierta en America, sobre las orillas del Mis- 
sisipi, que refiere a la misraa especie, la cual distingue con 
el nombre de Bos Pallasii, Dek. 

))No hablo de los restos fosiles de esta familia que se ban 
descubierto en las brechas huesosas y en los terrenes tercia- 
rios. Se necesitaba un estudio comparativo para reconocersi 
las especies propuestas por MM. Harlan, Hermann de Meyer, 
Jober y Croizet, etc., pueden admitirse. 

»La que forma el objelo principal de esta nota ha sido 
descubierta cerca de Selif, en un terreno diluviano, a 1"° de 
profundidad, al abrir los cimientos de un molino que esta en 
actividad actualmente, y que es de la propiedad de Mr. Fa- 
bre de Ribauvillers. 

))Es un craneo mutilado, notable por sus grandes dimen- 
siones, que me ha revelado la existencia pasada de esta espe- 
cie. Todos los huesos de la cara faltan , asi como los dientes, 
esto es, los lacrimales, maxilares, intermaxilares y los palati- 
nes; pero subsiste el frontal en su parte orbitaria. 

))Los hordes orbitarios estan mas inmediatos que en nin- 
guna otra especie de biifalo, lo cual consiste en la direccion 
especial de estas prominencias huesosas, que se dirijen des- 
de su origen un poco hacia adelante en vez de hacerlo hacia 
atras. La base muy ancha de estas prominencias huesosas 
ocupa toda la altura de la frente hasta las orbitas. 

»Su cara superior esta aplastada, la inferior se halla un 



(1) Recherches sur les ossemenls fossiles, torn. 4, pag. 155. 



202 
poco redondeada, y piesenta fuertes acanaladuras. La frenle, 
un poco couvexa en su longilud, cnsancha enlre estas promi- 
nencias; se eslrecha mucho entre las orbitas. 

»Hay delras una superficie lisa que sobresale de los ciier- 
uos, y que pertenece al parietal; forma un angulo recto con 
el occipital propiamenle dicho, y esta limitada en los lados 
por las fosas leraporales. 

dEI bufalo brachycero {bos brachyceros, Gray) nos ha 
presentado este mismo caracter, con la diferencia de tener es- 
ta parte de la frente posterior aiin mas larga, pero mas estre- 
cha en proporcion. 

CONCLUSIONES. 

))Este craneo f6sil tiene todos los caracteres del g^nero bu- 
falo, y mas particularmente de la seccion de los Amis, sobre 
todo del Ami de grandes cuernos, pero es muy dislinto por los 
caracteres que se acaban de enunciar. Propongo designar esta 
especie bajo el nombre de bubalus (Arni) antiquus.'* 



De la Alrofia: por Mb. Mobren. 

(L'lustilut, -15 agosto ^85^.) 

Mr. Ch. Morren comunico a la Academia de Ciencias de 
Bruselas una nota de que se dio cuenta en la sesion del 5 de 
abril ultimo, cuyo titulo era: ''De la Atrofia en general, y 
wdemoslracion por medio del estudio de la organizacion mis- 
»ma de este hecho, que el polen de ciertos monstruos es in- 
))fecundo." 

Las atrofias vejetales son de dos distintas clases, unas del 
eje, otras de sus apendices. Solamente de una parte de las 
segundas trata esta nota. Habiendo tenido proporcion de una 
Amarylidea aiin no bien fijada en cuanto a su determina- 



203 
cion, la HymenocaUis americana, que presentaba los aparalos 
florales abortivos, la diseccion y analisis de sus flores ban 
guiado a Mr. Morren a consideraciones que le parecen bien 
basadas en aquel examen, y que reproducimos en las si- 
guienles proposiciones, sin enlrar en detalles. 

!.• Cuando la atrofia acomele al aparalo floral, se com- 
plica el fenomeno, y no observa unas mismas modificaciones 
en todas las piezas ni verticilos del aparato. 

2.* La atrofia de dicho aparato, indicada por una disrai- 
nucion de volumen del todo, puede Uevar en pos de si la 
exislencia normal de los organos protectores, y hacer admi- 
tir que la causa determinante del fenomeno de la atrofia mis- 
raa no proviene de las influencias esteriores, sino mas bien 
de una causa interna inherenle al organismo. 

3.* La alteracion atrofica se aumenla de fuera hacia den- 
tro, de suerle que los aparatos mas protejidos son los mas in- 
limamenle afectados. 

4," La atrofia calicinal puede complicarse con soldadura. 

5.* La del aparato floral puede tambien aunarse con la 
completa falla del elemento corolino, por su no existencia sin 
duda, en vez de admitirse sierapre un desarrollo incompleto, 
que supone la presencia del organo. 

6/ La del androceo se complica asimismo con la absor- 
cion completa de los elementos que normalmente hubieran 
formado un organo, la cual redunda en el aumento de olro 
organo similar, de modo que la hiperlrofia del uno sea con- 
secuencia de la atrofia del otro. 

7.' En los casos de atrofia del aparato estaminal, las an- 
leras podran Uegar a ser incapaces de dehiscencia, como por 
vicio de organizacion podran serlo las de una flor normal; si 
pues semejantes anteras llevan dentro de si polen, este lal 
polen quedara deslinado a no ser emitido. 

8.* En ambos casos el polen es ineficaz, pues que su 
membrana esterna, en vez de permanecer cerrada para con- 
servar, a pesar del aire que la rodea, la integridad de la 
membrana interna encargada de dar origen al tubo polinico, 
se abre, dando paso a la membrana interna, que simplemente 
se entumece formando hernia. 



204 
Y 9." Aun cuando la membrana interna del polen perma- 
neciendo cerrada no deje perderse la fovila, todavia es inefi- 
caz el polen de las anteras alrotiadas, 6 de las que lorman 
parte de las flores atacadas de atrofia general, pues que el in- 
terior, que debe estar resguardado de las influencias del aire 
atmosferico, se halla al descubierto. La ineficacia, pues, del 
polen de un organo raasculino es una consecuencia de su vi- 
ciosa conformacion. 



mmm imm. 



MATEIIATICJLS. 

Nolicia hislorica del cdlculo tie las variaciones, sacada de un 
trafado completo del cdlculo de las variaciones , publicado en 
Zurich el am de 1849 en 2 vol. en 8.* 

(Ann. de Matbem., noviembre 18i>2.) 

vjiertos problemas de geometria y mecanica originaron el 
calculo de las variaciones, que es el ramo mas sublime del 
analisis. Tambien se ve aqui una marcha particular del enten 
diraiento humano de lo dificil a lo facil, de lo complicado a lo 
simple, cuando parece que era de esperar la contraria. jCuan- 
tas disertaciones y meraorias ban debido escribirse antes de 
desembarazar la idea simple de sus accesorias, antes de sentar 
con claridad el punto esencial del asunto. 

El primer problema de esta clase lo resolvio Newton al 
determinar la forma de la superficie de revolucion que espe- 
rimenta la menor resistencia moviendose en un fluido, segun 
la direccion de su eje. 

Publico el resullado el ano de 1687, pero sin dar a cono- 
cerelmetodo queemple6.{Pn'nc. Philos. nalur. mathem., sec- 
cion 2, prop. 35, escol., edicion de 1687: en las posteriores 
es la prop. 34.) 

El segundo problema fue el de la braquistocrona. 

Galileo lo discurrio ya, y ballo equivocadamente que la 
curva era el circulo [Lihcr de motu et mech., dial. 2, prop. 34, 
escol., pag. 209). 

El ano de 1693 resolvio exactameute Juan Bernouilli 
el problema de la braquistocrona, descubriendo que era una 



206 
cicloide; y el de 1696 lo propuso a los geomelras en los 
lerminos siguientes. 

Problema novum, ad cujus soluHonem mathematici invi- 
tantur. 

Datis in piano verticali duobus pimctis A e< B, ossignarimobili 
M viam AMB, per quam gravilate sua descendens, el moveri inci- 
piens a puncto A, brevissimo tempore perveniat ad alterum punc- 
turn B. {Ada Eruditorum Lipsiensia, 1696, pag. 269.) 

Leibnitz, Newton, Santiago Bernouilli y el Marques del 
Hospital lo resolvieron. Newton dio lambien el lesultado, sin 
decir el metodo seguido. {Philosophical transaction de 1697, 
num. 224, pag. 384.) Lo mismo el Marques del Hospital. Reu- 
oio estos trabajos Leibnitz, y los public6 el ano 1697. {Act. 
Erud. Lips. 1697, mayo,) La solucion de Juan Bernouilli sa- 
lio lambien a luz el ano de 1697. {Ad. Erud. Lips., 1697, ma- 
yo, pag. 206.) 

Se puede mirar este problema como manantial de los pro- 
longados trabajos sobre los maximos y minimos de las inte- 
grales. 

Juntose luego a la condicion de los valores estremos, la 
otra de que la curva buscada luviese longitud dada. 

El primero que piiblicamente propuso semejantes proble- 
mas fue Santiago Bernouilli. Su hermano Juan envio a la Aca- 
demia de Ciencias un pliego cerrado, recomendando no se 
abriese hasla que Santiago publicase su solucion {Journ, des 
Savants, febrero 1701.) 

Santiago la publico aquel mismo ano con este titulo: Ana- 
lysis magni problematis isoperimetrici. (Basilea 1701.) 

Su solucion, fundada en un principio verdadero, es exacta. 
La de Juan no se inserto hasta 1706 en las Memorias de la 
Academia de Ciencias: es defectuosa la solucion, como el mis- 
mo autor lo confeso luego. En las Memorias de la misma 
Academia de 1718 publico otra solucion. El principio es el 
mismo que el de su hermano, pero simplificado. Lo mismo 
sucede a la solucion que dio Taylor en su obra Mdhodus in- 
crementorum direda et inversa. (Lond., 1715.) 

La igualdad de los periraetros dio margen a llamar a esta 
clase de problemas cuesliones isoperimitricas, y a la investiga- 



207 
cion de un metodo para resolverlas se le llam6 problema iso- 
perimetrico. 

MuUiplicadas considerablemente las cuestiones en que se 
trataba de hallar curvas que satisfaciesen a cierlas condicio- 
nes de maximo 6 minirao, se dio a aquellas denominaciones 
un sentido mas general, mas estenso que lo espresado por sus 
lilerales significaciones. Bajo el nombre de cuestiones isoperi- 
melricas se abrazaron cuantas se encaminaban a deterrainar 
curvas que disfrutasen ciertas propiedades de maximis et mini- 
mis, fuera cual fuese el niimero y la especie de condiciones 
accesorias. 

Las soluciones concordaban en principios, pero se carecia 
de un metodo general. Euler acomelio esta empresa, y la pro- 
siguio con afan. 

El ano de 1739 salio a luz la primera memoria sobre esle 
punto: Comm. Petrap., t. 6, 1739; Probkmatis isoperimetrici 
in latissimo sensu accepli solutio generalis, Los problemas di- 
versos eslan divididos en clases. 

Primera close. Hallar lodas las curvas en las cuales ad- 
quiera un valor estremo cierla propiedad A. 

Segunda close. De lodas las curvas de la primera clase, ha- 
llar las que disfrulen la propiedad B. 

Tercera clase. De todas las curvas de la segunda clase, ha- 
llar las que disfruten la propiedad C; y asi sucesivamente. 

Esta memoria necesitaba mejorarse y desenvolverse. 

La segunda memoria salio a luz el ano de 1741 {Comm. 
Petrap. tom. 8, 1741: Curvarum maximi minimive proprietate 
gaudentium inventio nova et facilis). Contenia partes defec- 
tuosas y poco claras. 

El ano de 1744 public6 una obra estensa inlitulada: Me- 
thodus inveniendi lineas curvas maximi minimive proprietate gau- 
dentes, seu solutio problematis isoperimetrici in latissimo sensu 
accepti. (Lausannse et Genevse, en 4.°, 1744.) 

Todos los problemas estan divididos en dos clases. La 
primera comprende las invesligaciones de maximos y minimos 
absolutos, y la segunda de los relatives. A los problemas co- 
nocidos anade Euler olros muchos que enriquecen su obra con 
toda brillantez. Las reglas que se dan son perfeclas, en cuan- 



208 
lo son generales, y llevansiempre a resultadoverdadero. Gran- 
de eslima merece especialmente la que proporciona referir las 
cuestiones de la segunda clase a las de la primera. Pero to- 
das se fundan en consideraciones gcoraelricas, y es de admi- 
rar la perspicacia y deslreia con que \ence todas las dificul- 
tades aquel iosigne geometra. La ciencia pedia no obstante 
un metodo mas perfecto. Y asi lo conocia Euler cuando ler- 
minantemente decia: Es de desear un metodo exento de cual- 
quiera consider acion geometrica, y capaz de esplicar por que en 
esta clase de cuestiones sea preciso reemplazar Pdp por — pdP. 
[Mefhodus inveniendi, etc.) Al fin de la pagina 56 se lee: Desi- 
deratur itaque, etc. 

Lagrange descubrio este metodo analilico tan deseado. El 
anode 1755 lo comunico a Euler, que tanto lo merecia (Msce/Za- 
nea Taurinensia, torn. IV, afios 1766—69, 2.^ parte, pag.163.) 

Desde luego aprecio Euler la suma importancia del nue- 
vo invenlo, y asi lo consigno en una carta del 2 de octubre 
de 1759, escrita a Lagrange, en la cual le decia: La solucion 
analilica del problema isoperimStrico no deja nada que desear, 
y me complazco en que este punto, en el cual me he ocupado tan- 
to tiempo casi solo, lo hayais subido al mayor grado de perfec- 
cion. La importancia del asunto me ha inducido a estender tam- 
bien una solucion analitica del problema, auxiliado por vuestras 
luces; pero nada publicare hasta que imprimais vuestros trabajos, 
a fin de no robaros ni la parte mas minima de la gloria que osper- 
tenece. (V. la misma pagina de la Miscellanea Taurinensia arri- 
ba citada.) 

El nuevo invento no salio a luz hasta el aiio de 1761. (Mis- 
cellanea Taurinensia, torn. II, 1760-1761, 2.* parte, pag. 173: 
Ensayo de un metodo nuevo para dcierminar los mdximos y mi- 
nimos de las formidas integrates indefmidas.) El invento consis- 
te en lo siguiente. Somcte Lagrange una espresion corapuesta 
de variables y de difercnciales a nueva dil'erenciacion, que de- 
signa, no con la letra acostumbrada d, sino con la ^; y cuan- 
do esta letra ^ esta delante del signo d 6 ^\ lo pone detras de 
los mismos. Verifica luego tantas integraciones parciales cuan- 
tas sean menester hasta que no haya dentro del signo / nin- 
guna variable afectada a un tiempo de las dos letras d y s^. 



209 
Las ventajas de este metodo son: 

1.^ Ser sencillo y general; esto es, poder estenderse a cual- 
quier numero de variables, y que asi es tan facil la investiga- 
cion de las curvas de doble curvatura y de las superficies co- 
mo antes lo era la de las curvas planas. 

2." No solo se obtienen las ecuaciones principales, sino 
tambien las de los limites; y fue ya posible por lanto sentar 
ecuaciones de condicion, e introducirlas en el calculo. 

No obstante estas ventajas, no se puede negar que todavia 
se notaba falta de cimiento cientifico en la citada memoria 
primera de Lagrange, porque pudiera preguntarse: 

1." ^Que diferencia hay entre la nueva diferenciacion J~ y 
la antigua d? 

2." ^Se esta autorizado 6 precisado a escribir S\ /> en lu- 
gar de ^d. ^f? 

3.° Si las integracioues parciales ulleriores no cambian 
el valor de la diferenciacion con J", ^por que se necesila sin 
embargo verificar tales integraciones? 

Euler creyo llegado el caso de publicar sus trabajos ana - 
liticos, y el ano de 1766 dio a luz dos memorias. Intitiilase la 
primera: Etementa calculi varialionmn ; y la segunda Analy- 
tica explicatio methodi maximorum et minmorum. Ambas es- 
tan en los Novi Comm. Acad. Petrop., torn. X, 1766. Trata.en 
ellas Euler de sentar principios capaces de dar cimienlos fir- 
mes al metodo de Lagrange, llamandolo Calculo de las varia- 
ciones, que es el subsistente. Al iin de la segunda memoria 
da por primera vez la ecuacion conocida con el nombre de 
eciiacion de condicion de infegrabilidad, 

Aunque reconocio Euler los derechos de Lagrange, no 
dejo este insigne inventor de lener que disputar desagrada- 
bles pretensiones. El ano de 1734 habia aplicado Fontaine 
un metodo nuevo y suyo propio para resolver el problema de 
la linea tautocrona. (iWew. de la Acad. Itealde dene, 1734.) 
En 1767 pretendio que se aplicaba el mismo metodo a cua- 
lesquier cuestiones de maximis y do minimis, pero que no se 
habia usado. Al efecto publico una memoria [Mem. de la 
Acad. , 1767), en la cuaS acusa a Lagrange de haberse es- 
traviado en el nuevo camino emprendido, porqnc no habia 
TOMo 111. 14 



210 
profundizado lo bastante la teoda, clc; y al mismo lienipo 
propone dos metodos, que da por nuevos y por mejores que 
cuantos iban publicados. Lagrange respondio el ano de 1170 
como sigue. Creo que nnda puedo alegar mcjor en jusllficacion 
mia, como rogar a los inteligentes que lean la memoria de Fon- 
taine. Se vera que nno de los mdlodos propiiestos es el mismo 
que publico Euler en su obra de 1744, y el oiro en el fondo cl 
mio, difiricndo solo en menos huena esposicion. {Misccll. Taurin., 
torn. IV, auos 1766—1769, 2.° part., pag. 164. Este tomo, 
sin embargo de su fccha, contiene la justificacion de La- 
grange, escrita el 28 de mayo de 1770, como se pucde ver 
en la pag. 187; tambien tiene una meraoria de 1771, pa- 
gina 250.) 

En otro caso creyo tambien Lagrange que se le queria 
dispular la honra del invento. Los dos ge6metras Jacquier y 
Leseur publicaron en Parma un Tratado de Cdlculo integral, y 
consagraron un capilulo entero del tomo segundo al nuevo 
melodo, pero sin mentar el autor. Dijo con este motivo La- 
grange: No me quejaria si se hiibiesen cenido a aceptar mi me- 
todo sin nombrar el inventor; en otros parajes de su obra pecan 
por igual concepto ; mas como citan la memoria de Eider , pa- 
receria que pretenden alribuirle el melodo, cuando soy yo el pri- 
mero que lo invento. [Miscell. Taurin., torn. lY, pag. 163.) 

El celebre Borda escribio tambien una memoria con objeto 
de demostrar que las ecuaciones con limiles, obtenidas por el 
metodo do Lagrange, no eran complelamenle ciertas. (Acad. 
Real de Cienc, 1767 y 1768.) Al electo, resuelve el proble- 
ma de la braquistocrona, del cual trato Lagrange en su pri- 
mera memoria. Llega Borda a un resultado exacto, pero que 
no concuerda con el de Lagrange. Nada prueba este hecho, 
sin embargo, contra las ecuaciones con limites. Lagrange par- 
tio de una formula no bastante general; dice 



{Miscell. Taurin,, torn. II, pag. 176), en la cual las x son las 
coordenadas paralelas a la direccion de la pesantez. Esta for- 



211 

mula solo cabe en el case de principiar el movimiento cuan- 
d'o x=0, y no conviene a los de comenzar en otro sitio. La- 
grange mejoro luego la formula {Miscell. Taurin., torn. IV, 
pag. 183), componiendola de suerte que pudiera principiar 
el movimiento en cualquier punto de la braquistocrona. Podia 
pretender, pues, Lagrange que bajo cierlos aspectos sus rc- 
sultados primitivos eran ciertos {Miscell. Taurin., torn. II, pa- 
ginas 179 y 180), y bajo otros tenia tambien razon Borda. 
Asi quedo sentada con toda brillantez la certeza de las ecua- 
ciones con limites. 

Euler publico el auo de 1770 otra memoria sobre el 
calculo de las variaciones, insertandola en el tomo 3.° de 
su Tratado de calculo integral (1), y la cual sobrepuja a todas 
las anteriores. No se habia conexionado hasta alii el calalogo 
de las variaciones mas que con cuestiones de maximis y de 
minimis. Rompe el autor las Irabas de una idea tan mezquina, 
y anuncia (§. US) que aquel calculo se podia generalizar, 
y que los problemas se dividen en dos clases. Comprende la 
primera aquellos en que la relacion enlre ?/ y a; se considera 
como dada, y se busca la variacion de la 'mlegrdi\/Vdx, dando 
^ X Q y cualesquier variaciones; en la segunda se busca la 
relacion entre x & y, que de cierta propiedad a la integral 
/Vdx, V, g.: que llegando al maximo 6 al minimo , sea nula 
la variacion primera <^/Vdx. 

Siguio dedicandose Euler, no solo a consolidar los princi- 
ples del calculo de las variaciones, sine a hacer mas intima 
la conexion del misrao con los demas ramos de la analisis. EI 
afio de 1772 dio a luz otra memoria inlitulada: 3Iethodus no- 
va el facilis calculum variationum tractandi. {Novi Comm. Pe- 
trop., torn. XYI, 1772.) No se habia aplicado todavia el me- 
todo mas que a espresiones integrales: el autor salta esta va- 
lla, y reune en Ires calegorias todas las espresiones que se 
pueden someter a variaciones; pertenecen a la primera las 



(l) Institutiones calculi integralis, 3 torn., Petrop., 1768 — 70. El 
profesor Salomon ha publicado una buena traduccion al aleman en 4 vol. 
en 8.°, Viena, 1828 — 30: el 4." vol. contiene memorias micvas de Eu- 
ler que no estan en, el original latino. 



212 

espresiones que solo contieneu I'ormas funcionales , a la se- 
gunda las que lambien lienen diferenciales, y a la tercera lafs 
que lambien inlegrales. 

En el parral'o 4." repile el principio en que Uevaba fun- 
dado el calculo de las variaciones, y que consiste en dislin- 
gulr dos clases de carabios en y: uno, designado por dy, pro- 
viene de converlirse x en x-\-dx; olro, llamado ^y, es enlera- 
raente arbitrario, y no depende de x. Mirado asi cl calculo de 
las variaciones, parecia nucvo; pero profundizando en la esen- 
cia del misrao, descubrio EuI't que se le podia referir eiile- 
ramente a la leona de las diferenciales parciales. En vez de 
conservar el cambio llamado variacion, reemplaza la eouacioa 
yz=(p{x), primei'o por la y-\-^y=<p{x)-\-t'^{x), en la ctial es 
/ infinitamenle pequena; y pasando luego a una forma mas 
general, consideva a y, no ya como funcion de x sola, sino de 
dos variables x y t, siendo t una nueva variable introducida. 
Lo esplica de la manera siguiente. Sea y=<(>{x) la ecuacion 
do una linea; y=(;,{x, t) represenlara todas las lineas infini- 
tamenle proximas si <p{x, t) es lal que haciendo ^=0, vuelva 

<i{x, t) a ser (p{x), y la formula ^^* ' reemplace a lo que 
se babia designado por ^y. 

La introduccion de una variable nueva dio sin duda al- 
guna al calculo de las variaciones su verdadera base. 

En ninguna memoria hablo Euler de variaciones de se- 
gundo orden, precisas para saber si bay maximo 6 minimo, 
6 ni uno ni olro. Los primeros trabajos de este genero los pu- 
blico Laplace el ano de 1772. {Nova acta eriiditonim, 1772, 
pag. 193.) Legendrc Irabajo luego en el mismo asunto, en 
una memoria de 1786 y en otra de 1787. (Acad, de Cienc, 1786, 
pag. 7, y 1787, pag. 348.) Pero en las Ires memorias se Irata 
solo de los cases de no ser y funcion mas que de x. 

Lagrange se dedico lambien a consolidar y estender su me- 
todo, como se ve en la Teoria de las funciones analiticas, cuya 
primera edicion es de 1797 y la segunda de 1813. Tiene Ira- 
bajos sobre las variaciones de segundo orden, pero lambien en 
los casos de no buscarse mas que una sola funcion y de una sola 
variable x (2.* part., cap. XII, nums. 64-70, ^.^ edicion); y no 



213 

se estiende siquiera el metodo ii los casos de ser y y ; funciones 
de X, 6 bien z funcion de las dos variables x e y: solo una cuos- 
tion se discute en que parecen y y s funciones de x (2.* part., 
cap. XII, num. 73, 2." edicion), pero es especial, y no se dan 
reglas para el caso general. Por primera vez se ve en diclia 
obra un problema en que se trate de liacer maxima y mini- 
ma una espresion que coutenga dilerenciales y no integrales 
(2.* part., cap. XI, nums. o9 y 60, 2.* edicion); pero sin pasar 
de leves indicaciones sobre la teoria necesaria para resolverse- 
mejantcs problemas. 

En la segunda edicion de las Lecciones del cdlcnlo dc las fun- 
ciones (1806), mejoro muchisimo Lagrange su metodo, enrique- 
ciendole con varies problemas interesantes (1). Imilando a Eu- 
ler, reemplaza la funcion ? {x) con la <p [x, t) tal, que liaciendo 
/=0, se convierla <p {x, t) en ? {x), desenvuelve luego a p {x,t) 
por el teorema de Maclaurin en la serie 

cp{x)+i-^ix)i-~x{x)i- 



Este camino, identico al de Euler, esta sujeto a iguales objecio- 
nes. Fundandose todo el calculo de las variaciones en el teore- 
ma de Maclaurin, posee todas las ventajas que este lleva 
consigo. 

Resumiendo lo dicho hasla aqui, resulta: 
1.° Que Euler adelanto tanto en el problema isoperimetrico 

por el metodo geometrico, que por precision liabia de descu- 
brir la ciencia otro metodo analitico. 

2.° Que Lagrange lo descubrio. 

3.° Que Euler trabajo en consolidar y desenvolver el me- 
todo de Lagrange, y que lo mejoro considerablemente, sobre 
todo introduciendo una variable nueva. 

4.° Que Lagrange reconocio que esta idea era lamasade- 
cuada al asunto, y que la adopto por base de su metodo. 
Olros geometras ban trabajado tambien en el mismo calcu- 



(l) La primera edicion constituye el cuaderno 12 del Diario de la es- 
cuela Polttecnica, 1804. La segunda, que publico Courcier en 1806, esta 
tan aumentada, que no se puede citar ya la primera. 



214 

lo, pero sin adelantarlo la mayor parte de ellos, content^n- 
dose COD reunir bajo siis maneras de ver las proposiciones co- 
nocidas. Algunos se atuvieron eslrictamenlo a la forma gene- 
ral que dio Euler por base, a saber: representar la variacion 
inmediata por una serie infinita. 

Dislinguese enlre estos Lacroix, quien recopil6 en su obra, 
y espuso claramente y con buen orden cuanto iba hecho. [Trat. 
del calc. dif. i int., 2." edicion, tom. 2, 1814, pags. 724, 744 
y751). 

Adoptaron olros una forma declarada ya por Euler como 
demasiado especial, a saber, la forma finita (p{x)-{-t-\.{x) (1); 
creyendo simplificar e ilustrar asi el metodo, lo plagaron de 
defeclos, puesto que para poder cambiarse una funcion <p{x) 
en la arbilraria (p[x,t), debe representarse el desenvolvimien- 
to de <P[x,t) en una serie infinita, exislente real, 6 cuando me- 
nos idealmente. Pretendiendose que la serie es finita, se nece- 
sita que la funcion <f'{x,t) goce ciertas propiedades que permi- 
tan parar la serie, y entonces deja de ser enteramente arbi- 
lraria la funcion. Semejante metodo lleva consigo ademas 
muchas contradicciones. 

El profesor Martin Ohm dio a luz en 1825, 1831, 1833 y 
1839 cuatro escritos que merecen mencion, pues enriquecie- 
ron y estendieron el calculo. Se intitulan: 

1." Teoria del mdximo y del minimo; Berlin, 1825. 

2.° Sistema de las matemdticas; tom. 5, Berlin, 1831. 

3.° Idem; tom. 7, Berlin, 1833. 

4." Teoria de las matemdticas sublimes; 2 vol., tom. 2, Ber- 
lin, 1839(2). 

La obra de 1825 contiene una teoria general del calculo 
de las variacioues completisima, y en la cual estan mejor tra- 



(1) Gergonne, Jnn. des Math., tom, 13, 1822; Dirksen, Esposic. 
analit- del calc. de las variac, Berlin, 1823; Poisson, Mem. de la Jcad. 
de Cienc, tom. 12, 1833, pag. 231 y 243; Tratado de 3/ecdnica, se- 
guntla edicion, 1833, torn. 1, pag. 199, 202. 

(2) Tarabien se pueden citar las trabajos de Jacobi (Liouville, torn. 3); 
de Canchy (Ejerc. de JnaL, torn. 3, 1844); de Delaiinay (Liouville, t. 6), 
y la Meraoria premiada de Sarrus (Savants etrangers, tom. 10, 1848). 



21S 

lados que se acoslumbra varios puntos dificiles. Tambien lie- 
ne una leoria estensa del maximo y del minimo. Siguiendo el 
autor a Euler, junta lodas las cuestiones en tres categorias: 
1.* Espresiones puramente funcionales, siendo baslanle com- 
pletos los trabajos. 'i^ Espresiones en que entran tambien di- 
ferenciales, que solo apunto Lagrange, y tratandolas por pri- 
mera vez y con sullciente estension. 3.* Espresiones que tam- 
bien contienen integrales. Muchos de estos trabajos son com- 
pletos, pero algunos defectuosos: se ve por primera vez una 
investigacion general de las variaciones de segundo orden 
cuando es simple la integral, con dos limites constantes y de 
dos funciones ?/ y s independientes entre si, y cada una fun- 
cion de x; pero cuando estan ligadas por cierta relacion yy z 
(v. gr., por una ecuacion algebrica 6 diferencial) apenas se 
indica lo que se ha de hacer, y sin embargo se necesita una 
regla especial en lal caso: si es doble la integral, se trata por 
primera vez el caso de ser la variable, respeclo de la cual se 
verifica la integracion primera, funcion de la otra variable 
respeclo de la cual se precede a la integracion segunda, ma- 
nifestandose corao se necesita trasformar entouces la variacion 
del primer orden; pero es engorrosisima esta Irasformacion en 
la practica. En las integrales dobles presentan infinilos cases 
que discutir las ecuaciones con limites, y no obstante solo se 
citan algunos cases parliculares. Falta por entero la variacion 
de segundo orden. 

En las obras de 1831 y 1839 se da una teoria del calculo 
de las variaciones, y ademas series elegantes, utiles y que 
Uaman la atencion. 

Las de 1833 y 1839 tienen tambien una teoria general del 
maximo y minimo, que viene a ser un estracto de la obra 
de 1825, 6 esposicion mas sucinta. 

^En que base estriba el autor el calculo? Tiene algo de 
particular. Desde luego sienta la variacion inmediala 



obien 






216 

sin decir una palabra de donde tome lal serie, ni de donde se 
pueda deducir. En la obra de 1825 dice: "Cuando una espre- 
»sion ij se desenvuelvc por si propia, indepeudientemente de 
»otra espresion, en una serie ascendente segun las polencias 
"enteras de ^, se dice entonces que la espresion y estd inme- 
ndialamente van'ada segun ^; pero si no se puede desenvolver 
5)una espresion !'en semejanle serie, sino en virtud de de- 
')pender de otra espresion desenvuelta segun la misraa serie, 
))se dice enlonces que V csid variada mediatamenle segun ■3-. 

wCuando t es infinitamente pequeuo, y —y, 6 V — Vson 

»las variaciones de ^ 6 de 7." 

Representaudo las variaciones inmedialas por series infi- 
nilas, no hace Ohm mas que dar a su calculo la verdadera for- 
ma. Pero se le pudiera preguntar de donde deduce tales series, 
y por que no toma un camino que nccesariamente lleve a ellas, 
y por que renuncia, sin decir la razon, a la base sentada por 
Euler y adoptada por Lagrange, 6:c. 

En el tratado complete de 1825 hay muy poco de integra- 
les dobles. Por esto publico Poisson en 1833 una memoria es- 
pecial sobre esle asunto. [Acad, de Cienc, t. 12. Se leyo la 
memoria el 10 de octubre de 1831.) Este insigne analista cree 
deber introducir un principio nuevo, para el case de ser varia- 
bles los limites de la integral doble; en vez de las dos variables 
X e y, pone dos funciones de dos nuevas variables u y v, etc., 
a las cuales refiere final mente las x e y. La investigacion, de 
suyo nada sencilla, se complica y dificulta sin necesidad con 
semejante metodo. Por esta razon trato Ostrogradsky del mis- 
mo punto en una memoria publicada el auo de 1834. (Acad, 
de Peiersb., 6.* serie, t. 3, y Diario de Crelle, 1. 15, 4.° cuader- 
no, 1836.) Manifiesta no ser necesaria la introduccion de dos 
nuevas variables, y que basta el principio fundamental del 
calculo de las variaciones para reunir toda la generalidad ape- 
tecible con sencillez suma. 

Mas parece que ni una ni otra memoria corresponden a lo 
que el asunto requiere, lanlo en teoria como en la praclica. 
No es praclica la espresion para la variacion del primer orden, 
y no esta acabada siquiera. En ambas disertaciones falta com- 



217 

pletamenle la variacion del segundo orden. No tienen un 
solo ejeraplo especial para dilucidar unas investigaciones que 
tan dificiles son en los detalles, etc. 

Este breve bosquejo presenta el estado actual del ramo 
mas sublime y elevado del analisis. Mucho se ha heclio, pero 
mucho queda que hacer. En cuanlo a la practica, las obras de 
Euler y Lagrange abundan en aplicaciones tan bellas como 
interesantes; sin embargo, en nada resta tanto per trabajar 
como en las aplicaciones. 



De los sistemas de cifras usados por diferentes pueblos , y del 
origen del valor de posicion de las cifras indias. {Diario de 
Orelle, torn. 4.°, pag. 206). — Memoria leida en la Acade- 
mia de Ciencias de Berlin el 2 de marzo de 1829, por el 
Sr. Babon Alejandro de Humboldt, traducida del aleman 

por "WOEPCKE. 

(Ann. de Mathem., octubre y noviemhre 4SSI.) 

En las investigaciones hasta el dia hechas acerca de los 
signos de la numeracion (unices geroglificos que en los pue- 
blos del antiguo continente se hayan conservado a la par con 
la escritura literal, anatomia fonetica de la palabra), se ha 
tratado mas bien de la forma individual de los signos, que del 
espiritu de los metodos por medio de los cuales ha consegui- 
do el entendimiento humano espresar cantidades con mayor 
6 menor sencillez. Tan mezquino ha sido el punlo de vista 
de mirar este objeto, como el que por largo liempo reino en 
la comparacion de las lenguas, cuando mas bien se conside- 
raba la frecuencia de ciertos sonidos y de ciertas terminacio- 
nes, 6 la forma delas raices, que la estructura organica de sus 
gramaticas. Llevotrabajando algunos aflos con objeto de pre- 
sentar en general los sistemas de cifras que usaron diferentes 
pueblos antiguos y modcrnos. El conocimiento de ciertas ci- 
fras de los Aztekas (Mejicanos) y de los 3Iuyscas (habilantes 
de la Uanura de Cundinamarca), que halle en mis viajes; el 
descubriraiento que hizo Tomns Young de la eifra egipcia, cu- 
yos signos saberaos que no todos espresan \\ov yiixtaposidon q\ 



218 
miiUiplo de los grupos; la cilra gobar (de polvo) de los arabes, 
poco notada aiin, descubierla por Sikeslre dc Sacy en un ma- 
nuscrilo de la Biblioleca de Paris; las comparaciones que ten- 
go hechas entre eslos liUimos signos de numeracion y las ci- 
fras mejicanas y chinas; la cerlidumbre que ban dado de si las 
gramalicas publicadas en la India, de que las cifras y letras 
empleadas como signos de numeracion aquende y allende del 
Ganges no solo son de forma enleramente distinta, sino que 
tambien son totalmenle dislintos los sistemas de cifras mismos, 
tengan 6 no valor de posicion; el metodo indio, en fin, desco- 
nocido del todo, que se halla en un escolio del monje griego 
Neofitos, lodo forma un conjunto de materiales que pueden dar 
alguna luz sobre nuestro sistema de numeracion Uamado ara- 
be. En una memoria que el auo de 1819 lei en la Academia de 
Inscripciones y Bellas Letras de Paris, me propuse demostrar 
como era que en pueblos que abreviaban el metodo de la simple 
yuxtaposicion, escribiendo (como los Mcjicams en sus ligadu- 
ras de 4 veces 13 6 52 auos, los Chinos, los Japones y los 7a- 
motdes) esponentes 6 indicadores encima de los signos de nume- 
racion; estos mismos indicadores, suprimiendo los signos de gru- 
pos colocados en serie horizontal 6 vertical, hubieran podido ori- 
ginar el admirable sistema indio del valor de posicion. El uso 
antiguo de cuerdas 6 cordones para ayudar la memoria y pa- 
ra conlar, debio favorecer a la propagacion de dicho sistema. 
Sueltos los cordones, como los quippos de los Tdrtaros, Chinos, 
Egipcios, Peruanos{\) y Mejicanos, se mudaban en rosarios cris- 
tianos, piadosas maquinas de calcular (2); tendidos en mar- 
cos forman el suanpan de toda" el Asia central, el abacus de los 
Romanos y de los Tuscios (3), y los instrumentos de la aritme- 
lica palpable de las razas eslavas (4) . Los sistemas de cordones 6 

(1) Para saber cl uso de los quippos con objeto de contar los peca- 
dos en el confesonario, V. Jcosta, Historia natural delas Jndias, lib. 6, 
cap, 8; cl Inca Garcilaso, lib. G, cap. 9; Freret, Mem. de la Jcad., torn. 
0, pag. 609. 

(2) Klaproth, Jsiat. Mag., t. 2, s. 78. 

(3) Ot fried MuUer, Elrusker, torn, 2, pag. 318. 

(4) El rosario se llama en riiso tschotkif la labia de calcular con cor- 
dones (el suanpan dc los Tartaros), tschalii. 



219 
dealambresdel simple sMflnjaanasialico, representangruposmas 
6 menos subidos de un sistema de numeracion, sean decenas, 
centenas y millares, sean grados, minulos y seguudos de la 
division sexagesimal. El espiritu del metodo es uno mismo. Las 
perlas de cada cordon son los indicadores de los grupos; un 
cordon sin ninguna indica cero, y dicen sunya (sanscr.) sifr, 6 
meior sifron sihron (arabe, segun 3Ieninski: prorsus vacuum). 
No puedo probar bistoricamenle que el origen del valor de po- 
sicion dado por los Indios a las nueve cifras fue realmente el 
que acabo de indicar, pero creo haber abierlo el camino para 
llegar a descubrirlo. Cuanto cabe esperar del estudio de la 
oscura historia del ensanche delas fuerzas del humanoenten- 
dimienlo, oscuridad que incita a aclararla, es llegar a colum- 
brar probabilidades por el estilo. 

En los Anales de Fisica y Quimica (torn. 12, pag. 93) se 
publico un breve estraclo de la Memoria que lei en la Acade- 
mia de Inscripciones. El manuscrito entero lo posee Cham- 
poUion, proponiendose publicarlo junto con otros descubrimien- 
tos mucho mas importantes por el hechos en Turin, concernien- 
les a los diferentes metodos de las cifras egipcias. De entonces 
aca he seguido completando de cuando en cuando mi primer 
trabajo; pero como no puedo esperar a tener descanso suficien- 
te para publicarlo en toda su estension, tratare de esponer si- 
quiera los principales resultados que arroja. En vista del nue- 
vo cuanto acertado vuelo que ha tornado el estudio de las len- 
guas, en vista del crecienle comercio con los pueblos del Asia 
meridional y occidental, quizas no dane discutir problemas 
que tan de cerca se rozan con la marcha que sigue el enten- 
dimiento humano y con los brillantes adelantamientos de las 
materaaticas. Uno de los geometras mas insignes de nuestros 
tiempos y de todos los tiempos, el ilustre autor de la Mecdnica 
celeste, decia (1): "De la India nos vino el ingenioso metodo de 
»espresar todos los niimeros con diez caracteres, dandoles a un 



(l) La-Place, Espos- del sist. del mund., lib. 5, cap. 1. Con csle jui- 
cio contrasta singularmenlc la opinion \ertida por Delambre en su po- 
Idmica sobre el merito de la antigua aritmetica india, tal cual aparcce 



220 
wliempo valor absoluto y de posicion; pensamiento delicado e 
wimporlante, tan sencillo hoy, que apenas percibimos su merito. 
»Pero esta misma sencillez, y la facilidad suma que en cuales- 
wquier calculos proporciona, ponen a nuestro sistema de aril- 
wmelica en priniera fila enlre los inventos utiles; y todavia se 
wapreciara mas y mas la dificultad de discurrirlo, consideran- 
»do que no ocurrio a ingenios como los de Arquimedes y Apo- 
wlonio, dos de los hombres mas grandes que honran a la an- 
wligiiedad." Las observaciones siguientes demostraran en mi 
concepto que el metodo indio podia derivar sucesivamente de 
olros anteriores, y que estan hoy todavia en uso en el Asia 
oriental. 

La lengua, hablando en general, determina la escritura; y 
la escritura, bajo ciertas condiciones examinadas por Sihestre 
de Sacy y por mi hermano, reobra sobre la lengua; lo mismo 
que las maneras de contar, tan distintas en los diferentes pue- 
blos, y los geroglificos numerativos, se iufluyen inlima y mii- 
tuamente. Sin embargo, no siempre es consiguiente en to- 
do rigor esta reciproca influencia; no siempre siguen los 
signos de numeracion los mismos grupos de unidades que la 
lengua; no siempre ofrece esta los mismos puntos de para- 
da (los mismos intcrvalos quinarios) que aquellos. Pero reu- 
niendo cuanto la lengua (nombres de numero) y la grafica' 
numerica presentan en las zonas mas apartadas, cuanto ha 
discurrido la inteligencia humana sobre las relaciones cuan- 
litativas, se hallan entonces en la escritura numirica de una 
raza las irregularidades, aisladas al parecer de la lengua de 
otra raza. Y debemos anadir, que cierta torpeza en las partes 
de la lengua y de la escritura tocantes a la numeracion no 
pasa de ser falaz medida de lo que pomposamenle se llama 
eslado de cultura de la humanidad. En este punto se ven en 
pueblos distintos, iguales complicaciones y contrasles que 
los que presentan en otros. Junto con variadisimos grades 
de cultura intelectual y de conslituciones politicas, cuando 



en la Zilawatide Shascara Jcharya. (^Hist. dela Astron. ant., torn. i°. 
pag. 543.) No es verosimil que la lengua sola llevo a suprimir los sig- 
nos de los grupos. 



221 

tienen escritura literal, cuando solo signos ideograficos ; ya 
riqueza abundante de formas gramalicales, de flexiones 
derivadas organicamente del sonido radical, ya lenguas ca- 
si faltas de flexiones, y de formas torpes, digamoslo asi, desde 
su infancia. Asi es que la accion reciproca del mundo in- 
terior y esterior (accion cuyas causas primeras determinan- 
tes subsisten ocullas en las linieblas de un liempo mitico) 
erapuja al genero humano mico de naturaleza en direcciones 
a cual mas divergentes, y lo suele hacer por lo comun ir- 
resistiblemente, y se conserva esta divergencia aun cuando por 
efecto de grandes revoluciones cosmicas se aproximen geo- 
graficamente familias de lenguas a cual mas heterogeneas. 
Pero ciertas semejanzas, ciertas conexiones que a inmensas 
distancias se encuentran en las formas gramalicales, en los 
ensayos graficos para espresar mimeros grandes, dan testi- 
monio de la unidad del genero humano, de la preponde- 
rancia de cuanto nace de la inteligencia intima y de la co- 
mun organizacion de la humanidad. 

Yiajeros que vieron que contando se junlaban cantos 6 se- 
millas en montones de a 5 6 20 , pretenden que muchas na- 
ciones no cuentan pasados 5 6 20. Asi pudiera pretenderse 
que los Europeos no cuentan pasados 10, porque 17 v. gr. 
consta de 10 y de 7 unidades. En naciones de las mas ci- 
vilizadas del Occidente, en los Griefjos y Romanos por ejem- 
plo, recuerdan todavia las lenguas la costumbre de formar 
montones 6 grupos, y de aqui las espresiones pseplnzein,ponere 
calcuhim, cakulum detrahere. Grupos de unidades presentan 
al conlar 7w«/os deparada; y pueblos muy dislintos, en virtud 
de comun organizacion corporal (cuatro estremos, y cada uno 
dividido en cinco paries), se paran bien en una mano, bien 
en las dos, 6 bien en las manos y los pies. Segun esta dife- 
rencia de los punlos de parada, se forman grupos de 5, de 10 
y de 20. Singular es que, tanlo en los Mandingas de Africa 
como en los Vascos y como en las razas kimricas (galicas) del 
anliguo conlinente, se hallen grupos de 20. En la lengua chib- 
cha de los Muyscas, 11, 12 y 13 se llaman: pie uno [quihieha 
ala), pie dos (quihieha bosa), pie tres (quihieha mica), com- 
puestos de quihieha 6 qhieha (piej y de las Ires primeras uni- 



222 
dades, ata, bozha 6 bosa y mica. El numerativo ;)j(? indica 10, 
porqiie se pasa al pie despucs de haber recorrido contando 
arabas manos. Yeintc de consiguicnte en el sislema de lenguas 
a que perlenece la de los Muyscas se llama j)/c dicz 6 casilla, 
(gueta), quizas porque contando se usaban granos de maiz en 
lugar de cantos, y nn montoncito de maiz recordaba un grane- 
ro. De la paiabra casa, yucta 6 veinte (los dos pies y las dos 
manos), se forman luego 30, 40, 80, del modo siguiente: 
veinte mas diez, dos veces veinte, cualro veces veinte , en un todo 
como las espresiones cellicas que pasaron a las lenguas roma- 
nas, cuatro veinte, quince veinte, y las mas raras seis veinte, siete 
veinte, ocho veinte. En frances no se usan dos veinte y tres vein- 
te, bien que en el dialecto galico 6 cellico de la Bretaila occi- 
dental, de ugent veinte se forman, daoii-ugent, dos veinte 6 40, 
tri-ugent , tres veinte 6 60 , y aun deh ha nao ugent, 190, 6 
diez con nueve veintenas (1). 

Pudiera citar otros ejemplos notables de analogia de la 
leugua con la geroglifica numeraliva; podria sacarlos de la 
yuxtaposicion, do la sustraccion de las unidades que se po- 
nen graficamente delante del signo del grupo, de grados in- 
termedios de b a 15, en pueblos que cuentan por grupos de 
10 6 de 20. En tribus americanas muy alrasadas to.davia, 
como los Guaranis y los Lidos, 6 , 7 y 8 se nombran cuatro 
con dos, cuatro con tres, y cinco con tres. Los Musas, algo 
mas civilizados, dicen veinte (6 casa) con diez por 30, como los 
Kymros del pais de Gales dig (diez) or urgain (con veinte) , y 
los Franceses sesenia y diez por 70. En lodas partes, enlre los 
Etruscos, Rornanos y Mejicanos, como entre los Egipcios, se ha- 
llan adiciones por yuxtaposicion; las lenguas ofrecen tambien 



(l) Davies, Cellic Researches, 1804, p. 321; Legodinec, Gramdtica 
celto-bretona, p. 55. En el dialecto c4Uico 6 kymrico del pais dc Gales, 
5 se nombra puvip, 'I deg, 20 ugain, 30 deg ar ugain (lO y 20), 40 den- 
gain, 60 trigain. (William Owen, Did. of ttie TFelsh language, vol. 1, 
p. 134.) Seguu el mismo sistema de veintenas se dice en vascuence: bi 1, 
tan i, amar 10, oguai 20, birroguai 40, lauroguai 80, berroguetamar 50, 
estoes 40 j(ata) diez. (Larramendi, Arte delalengua vascongada, 1729, 
pag. 38.) 



223 

formas sustraclivas 6 minorativas; entre los Indios se halla en 
el Sanscrit, unavinsali 19, iinusala 99; en los Eomanos, wide 
mgind {unus de viginti) 19, undc octaginta 79, duo de qiiadra- 
ginta 38; en los griegos, cikosi deonta henos 19, y pentekonta 
duoin deontoin 48, 6 sea dos menos de cincuenta. Esla misma 
forma minoraliva de la lengua paso a la grafica numerica, 
poniendo caracteres a izquierda de los signos de grupos 5, 
10, y aun de sus multiplos, v. g.: 50 6 100 (lY y IjV, XL 
y XT para designar 4 y 40 los Romanos y los Tuscios.) En 
ciertas inscripciones raras romanas, recojidas por 3Iarm(l), 
se ven cuatro unidades delante del 10, como IIIIX, para de- 
signar 6. Luego veremos que hay razas indias que tienen me- 
todos graficos en los cuales el valor de posicion, segun la po- 
sicion 6 direccion de los signos, indica adicion y multiplica- 
cion, al paso que en los Tuscios y Romanos la posicion es adi- 
tiva 6 sustradiva. En los citados sistemas indios (usando cifras 
romanas), IIX indica veinte, y XII doce. 

En muchas lenguas, los grupos normales 5, 10, 20 se 11a- 
man una mano, dos manos, mano y pie (los Guaranis dicen 
mbombiade). Recorridos contando los dedos de ambos estre- 
mos, se toma el hombrc enlcro por simbolo de 20; v. g.: en la 
lengua de los Yarcnos, pueblo que vive a orillas del rio Apace, 
que desagua en el Orinoco, 40 se nombra dos Iwmbres, noeni 
jemme, de noemi dos, y jemme hombre. En persa, penischa sig- 
nifica el pimo , y pendj cinco , derivado de la voz Sanscrit 
pantscha, Segun observa Bopp, de esta voz viene la latina 
quinque, como de tschatiir (sanscrit) viene quatuor. El plural 
de tschatiir es tschatvaras, que se acerca mucho a la forma 
dorico-eolia tettares; porque la ch india, pronunciada como 
en ingles tsch, se muda en t en las formas griegas, y asi tscha- 
tvaras se muda en tatvaras, y pantscha en penta (en griego 
pente, dialeclo eolio): pempe, de donde pempezein, contar por 
cinco 6 por los dedos. En latin corresponde la q al tsch indio, 
y asi tschatiir y pantscha se mudan en quatuor y quinque. La 
palabra j9an<sc/m, ni aun en Sanscrit significa nunca mano. 



(l) Iscrizioni delta villa di Jlbano, pag. 193; Herbas, Jrilmetica 
delle nazioni, 1786, pag. 11 — 16. 



224 
sino Ian solo el niimero b. Sin embargo, pantschasatcha es 
una espresion descriptiva que designa la mano como mierabro 
de cinco ramas. 

Asi como la palabra (con singular sencillez en las lenguas 
de la America meridional) designa como puntos de parada 
los grupos 5, 10, 20, lo mismo advertimos iguales grupos en 
la gerogUfica numeraliva. Los Bomanos y los Tuscios tienen ci- 
fras simples para designar 5, 50, 500. Se ha conservado el 
sistema ^Mi«ano junto con el denario. En la lengua [mejicana] 
de los Aztekas, se hallan no solo signos de grupos, v. g., para 
designar 20 una bandera, el cuadrado de 20 6 400 una phima 
liena de granos de oro (servia de moneda en algunas provin- 
cias mejicanas), el cubo de 20 li 8000, un costal {xiquipilli) 
con 8000 granos de cacao dentro (tambien servia para los 
cambios), sino lambien (porque la bandera esta dividida en 
cuatro cuarteles, y dada de color la mitad'6 las Ires cuartas 

paries) cifra para designar la mitad de 20 6 10, los -1 de 

20 6 15, 6 como si dijeramos dos manos y un pie. Pero en 
ninguna parte se presenta prueba tan notable de la reci- 
proca influencia entre escritura y lengua como en la india. 
En Sanscrit, el valor de posicion de las unidades entra hasta 
en la lengua: esto es, los Indies tienen cierto metodo figura- 
tivo de espresar numeros con objelos de los cuales se cono- 
ce un niimero determinado. Surga (sol), v. g. , significa 12, 
porque en los mitos indios se suponen doce soles que siguen 
el orden de los meses. Los dos Aswinas (Castor y Polux), que 
se hallan lambien entre los naklschalras y mansiones luna- 
res, espresan 2; manu significa 14. Para espresar 1214, di- 
cen siirgmanu, compuesto de los simbolos de 12 y 14. Pro- 
bablemente manusurga signifique 1412, y aswinimanu 214. 
La numeracion del Sanscrit es tan perfecta , que tiene una 
voz sola para diez millones, koti, lo mismo que la lengua 
qqiischna (peruana), que no cuenta por grupos de 20, tiene 
una voz sola [hunu) para espresar un millon. 

Si, como dice Ovidio, no conlamos por decenas quia tot 
digiti, per quos numerare solemus, tuviese el hombre los estre- 
mos con seis divisiones, hubiera discurrido una escala duode- 



225 
naria, grupos de 12 que presentan la gran venlaja de divisio- 
nes sin fracciones por 2, 3, 4 y 6, como los usan los Chinos 
desdc los tiempos mas remolos para medir y pesar. 

De eslas reflexiones acerca de la relacion existente entre 
la lengua y la escritura, enlre los numerativos y los signos nu- 
mericos, pasemos a habiar de estos lillimos. Repito que no ha- 
blare tanto de la formacion heterogenea de lal 6 cual elemen- 
to (cifra), como del espiritu de los metodos empleados por las 
diferentes naciones para espresar cantidades numericas: ha- 
blare solo de la figura y forma de las cifras en cuanto pue- 
dan influir en raciocinios tocanles a la identidad 6 heteroge- 
neidad do los metodos. Porque los modes de proceder para 
espresar multiples puros 6 mistos de grupos denarios funda- 
mentales (v. gr., in, 4n* 6 4n+7, in'-\-6n, in^-{-Qn-\-'^) son 
diversisimos; y los vemos usados, ya por ordenacion (valor 
de posicion) por varies pueblos indios, ya por simple yitxla- 
posicion, como en los Tuscios, Romanos, Mejicanos y Egipcios; ya 
por coeficientes puestos al lado en los habitantes del Mediodia 
de la peninsula India que hablan la lengua tamoul ; ya por 
cierlos esponentes 6 indicadores puestos enciraa de los signos 
de grupos en los Chinos , Japones y Griegos; ya al reves por 
cierlo numero de ceros 6 de puntos sobrepuestos a nueve ci- 
fras para indicar el valor relativo 6 de posicion de cada ci- 
fra, siendo, por decirlo asi, signos de grupos puestos encima 
de las unidades, como en la cifra gobar de los Arabes y en el 
sistema de cifras indias, esplicado por el monje Neofitos. 
Los cinco metodos que se acaban de citar son totalmente in- 
dependientes de la figura de las cifras; y a fin de que resalle 
bien esta independencia, no usare otros signos sine los emplea- 
dos comunmente en aritmetica y algebra, y asi se fijara me- 
jor la atencion en lo esencial, que es el espiritu del metodo. 
Con raotivo de otro asunto bien dislinto del presente, relativo 
a la serie regular y por lo comun periodica de las curvas geog- 
nosticas (adiciones al Ensayo geognostico sobre el lugar de las 
rocas), Irate de probar que las notaciones pasigrdficas pueden 
contribuir a generalizar las ideas. 

Se acostumbra distinguir en los metodos graficos de los 
pueblos: 1.° Signos independientes de las letras del alfabeto. 

TOMO III. IS 



2-26 

2," Lctras, quo por cierla colocacioii, por cierlas rayas 6 piin- 
tos afladidos, 6 como iniciales dc los numeraUvos(l), indican 
el valor nuraerico. No cabe diida dc que las razas heienicas, 
asi como las seniilicas 6 aramaicas (enlre eslas los misraos Ara- 
bes hasta el siglo V despues de la hegira, anles de recibir las 
cifras doles Pcrsas), eu los liempos dc su mayor cullura se 
Servian de unos mismos siguos como lelras y como cifras. En 
el uuevo continenle hallaraos dos uaciones lo menos, los Azle- 
luis y los Mujjscas, quo tenian cilVas sin poseer una escrilura 
literal. Los geroglilicos usados por los Egipcios para las unida- 
des, dccenas, centcnas y raillares no deponden tampoco al 
parecer de los fonelicos. La dh-dipehlwi de la Persia anligua 
en las nueve unidades primeras, es independisnle del alfabe- 
10, lo mismo que sucedia entre los Tuscios, los Griegos de los 
liempos mas anliguos y los Jlomanos. Anquctil advirlio ya que 
cl alfabeto send, cuyos 48 eleraentos hubieran podido facili- 
tar la espresion de los numeros, no se ve usado como cifra, 
y que en los libros zcnds eslan espresados los numeros con 
la cifra pelilwi y con las voces zends. Si Irabajos posleriores 
condrmasen esta falta de una cifra send, vendrian en apoyo 
de la opinion de que atendida la afinidad inlima de las len- 
guas zend y Sanscrit, dobio separarse el pueblo Zendde los In- 
dies cuando todavia ignoraban eslos el valor de posicion dc las 
cifras. En e\ pelhwi, de 9 en adelanle, conslan de lelras los 
signos de grupos 10, 100 y 1.000. Dal es 10, rp junlo con za 
100, rejunlo con rjltain 1.000. Considerando cuan poco sa- 
bemos del conjunlo de cifras que el genero humane use, infe- 



(l) La cifra diwani tie los Arabes, compuesta unicamente de mono- 
gramas 6 abreviaturas dc numerativos, prcscnta el ejemplo mas compli- 
cado de semejante escrilura de iniciales. De dudar es que las C y las M 
de los Tuscios y Romanos fueron iniciales tomadas de las lenguas tuscia 
y romana. (Leslie, Philos. of Jrith., p. 7-9,211; Debrosses , t. 1. p. 436; 
Hervds, p. 32-35; Otfried Muller, Etrusker, p. 304-318.) La cruz 
griega rectangular, en (odo parecida al signo chino de 10, en las inscri- 
ciones mas anliguas designa mil (Boerk, Corp. inscript. grtec, vol. 1, 
p. 23), y es solo la forma mas aiitigua del chi. (Nnev. trat. de diplom,, 
por dos monjes de San Mauro, vol. i, p. 67 8.) 



227 
rimos que la division de las mismas en cifras lUerales y cifras 
propiamente tales, es tan incierta y esteril como la de las 
lenguas en monosilabas y polisilabas, abandonada mucho ha 
por los verdaderos filoiogos. ^Quien es capaz de decidir con 
acierto si la cifra tamoul de las Indias meridionaks, que no ad- 
mite valor de posicion, escepto el signo de 2, difiere entera- 
mente del empleado en los manuscritos sanscrits, a no derivar 
tal cifra del alfabeto tamoul mismo, puesto que parece verse 
en este, sino el signo de grupo de 100, cuando menos el 
de 10 (la letra ya) y la cifra 2 (la letra w)? La cifra telou- 
gon (1), admitiendo el valor de posicion que tambien se usa en 
la parte meridional de la peninsula, difiere singularmente en 
los signos de 1, 8 y 9 de todas las cifras indias que hasta el 
dia conocemos, al paso que concuerda en los de 2, 3, 4 y 6. 
Sin duda se esperimento primero la necesidad de espresar 
graficamente niimeros, y asi es que los signos numericos for- 
man parte de todos los mas antlguos graficos. Los iustrumen- 
tos de aritmetica palpable que Leslie en su ingeniosa obra The 
Philosophy of Arilmethic, 1817, presenta enfrente de la figu- 
raliva 6 grdfica , son: las dos manos del bombre, montoncitos 
de cantos {calculi, psephoi), semillas, cuerdas separadas y con 
nudos (cuerdas para calcular, (piippos dc los tartaros y del 
Peru), los suanpan en marcos y tablas de abacus, m6quina de 
calcular de los pueblos eslavos con bolas 6 granos en fila. 
Todos estos inslrumentos manifestaban las maueras primitivas 
de designar graficamente grupos de ordenes distintos. Una ma- 
no, una cuerda con nudos 6 bolas corredizas designan las 
unidades hasta 5, 6 hasta 10 6 hasta 20. La otra mano indi- 
ca cuantas veces al contar se ha pasado por encima de los 
cinco dedos de la primera (pampehesthei); cada dedo de la se- 
gunda, 6 sea cada unidad, espresara por tanto un grupo de 5. 
Lo mismo sucede con dos cuerdas de nudos que con dos ma- 
nos; y pasando a los grupos de 2.°, 3.° y 4.° orden, igual 
relacion de grupos superiores e inferiores se verifica en las 



(l) Campbell, Grammar of the teloogoo language, Madras, 1816, p. 4, 
208. EI telovgon es el idioma que por error se llaniaba gentoo, y los 
indi'genas lo llaman tritinga 6 telenga. 



228 
cuerdas de calcular tiraules en marcos y con bolas, el suan- 
pan del Asia antigua, que bien pronto paso en forma de abax 6 
de tabida logistica a los pueblos occidenlales (acaso lo Ueva- 
ron egipcios en licmpos de la confederacion pitagorica). Los 
houa's, que son mas antiguos que la actual escritura china, y 
aun las lineas paralelas nudosas, parecidas a la pauta musi- 
ca interrumpida de los libros magicos (rami) del Asia interior 
y de Mejico, no parecen ser mas que proyecciones graficas de 
las raisraas cuerdas de calcular y mnemonicas (1). En el snan- 
pan asiatico 6 en el abacus (que usaban los Bomanos mas que 
los Griegos (2), quienes progresaron mas en la grafica numeri- 
ca), al lado de las series denarias que estaban en progresion 
geometrica, se conservaban tambien series quinarias. Junto a 
cada cuerda de los grupos li ordenes n, n', n\ liabia otra mas 
chica, que designaba cinco de las bolas de la grande con una 
sola (3). Los chinos parece que desde los tiempos mas remo- 
ios considerarou arbilrariamenle una cuerda cualquiera de la 
serie de las paralelas como la cuerda de las unidades, de suer- 
te que bajando y subiendo obtenian fracciones decimales, nu- 
meros enleros y potencias de 10. jCuanto tardaron en cono- 
cerse en el Occidente las fracciones decimales (a principios 



(1) En cl Oriente llaman rami, arte de la arena, al arte nigroman- 
tico. Lineas seguidas 6 cortadas y puntos sirven de elementos para guiar 
al adivino. (Richardson and TFilkins, dictionn. Persian and Arabic, 1806, 
t. i, p. 482.) El notable manuscrito, real y verdaderamente mejicano, 
Ileno de unas como notas do miisica, y que se conserva en Dresde, fue 
tenido a primera visla por un rami oriental por un persa ilustrado que 
me visito. Despues he descubierto koiias efectivamente mejicanos y dibu- 
jos lineales en forma de notas de musica, muy parecidos al citado, en va- 
ries manuscritos geroglificos de origen azteka, y en las esculturas do Pa- 
lenque, estado de Guatemala. En la cifra china de estilo antiguo, el signo 
de grupo 10, una perla en una cuerda, esta tomado evidenlemente del 
quippu (a modo de proyecciou). 

(2) Nicomaque en Jst., theolocjumena arithm., 1817, p. 96. En los 
negocios econoraicos de la edad media, la labia de calcular (el conlador) 
(abax) se troco en exchequer. 

(^) Lo mismo que en el abacas romauo. En cl cliino usabaii .5 y 2 
bolas, y separaban las que no se contaban. 



229 

del siglo XVI), cuando raucho tiempo hacia que conocian alii 
la aritmetica palpable del Oriente! (1) Los 6^ra'(/os no pasaban 
BD la escala ascendente mas alia de la unidad sino en el sis- 
lema sexagesimal de grados, minulos y segundos; y como no 
tenian n-1, 6 sean 59 signos, observabao solo el valor de po- 
sicion por filas de a dos niimeros. 

Examinando el origen de los niimeros, vemos que median- 
te pilas de cantos 6 de las cuerdas de las tablas de contar lle- 
uas de bolas, se escribian y leian transitoriamente numeros 
con bastante regularidad. Las impresiones que dejaban tales 
operaciones influirian sin duda en los primeros rudimenlos de 
la grafica numerativa. En los geroglificos hisloricos riluales 
y nigromanticos de los Mejicanos, las unidades hasta 19 (el 
primer signo simple de grupo es 20) estan unas junto a otras 
en forma de granos gruesos coloreados; y lo slngularisimo es 
que el calculo va de derecha a izquierda , como la escritu- 
ra semitica, Se nota perfectamente esle orden en 12, 15 y 17, 
donde la serie primera contiene 10, y la segunda no esta com- 
pleta del todo. En los monumentos helenicos mas antiguos, en 
las inscripciones sepulcrales Tuscias enlre los liomanos y los 
Egipcios (lo tienen probado Thomas Joiirg, Joniard y Cltampo- 
llion) estan designadas las unidades con lineas perpendiculares. 
Entre los chinos y en algunas monedas verdaderamentefenicias 
descritas por Eckel (t. 3, p. 410), estan horizontales las mis- 
mas lineas hasta 4. Los Romanes (despreciando el signo de 
grupo quinario) solian juntar en las inscripciones hasta 8 li- 
neas como unidades: de ello presenla muchos ejeraplos Mari- 
ni en su notable escrito Monumenti dei fralelli Armli. Las ca- 
bezas de clavos que Servian para arreglar el auo romano anti- 
guo {Annales antea in clavis fiierunt, quos ex lege vetusla figehat 
Prmtcyr maximus; Plin., YII, 40) pudieran haber dado los pun- 
tos de unidades que se hallan entre los Mejicanos; y con efec- 
to, seven (al lado de las lineas horizontales chinas y fenicias) 



(l) Accrca de los primeros eosayos de notacion decimal hechos por 
Miguel Stifelius do Eslingen, Slerin de Brujas y BombeUi de jRolonia, v. 
Leslie., Phil, of aritkm.., p. 13 4. 



230 

en las subdivisioiies de las onzas y de los pies. Los puntos y 
rayas, 9 6 19 en la escala dcnaria 6 vicesimal (escalade las 
manos 6 do las manos y pies) del antigiio y del nuevo conli- 
nenle, son la notacion masgrosera del sislema de yuxtaposicion. 
Se cucnlan las iinidades mas bien que se /m(.La exislcncia in- 
depcndienlc, la individualidad, digaraoslo asi, de cicrlos gru- 
pos de unidades como notaciones, no erapiezahaslalosnume- 
ralivos alfabelicos de las razas semilicas y helenicas, 6 hasta 
los Tibclanos y los pueblos indios que esprcsan 1, 2, 3 y 4 con 
signos parliculares 6 ideograficos. En el pehlwi de la Persia an- 
ligua se presenla una transicion singular de la yuxtaposicion 
grosera de signos de unidades, a la exislencia aislada de gero- 
glificos compuestos e ideograficos. Aparece claro el origen de 
las prinieras nueve cifras en el numero de incisioneso dientes; 
S hasla 10 son solo enlaces de los signos 2, 3, 4, sin que vuel- 
va a parecer el signo 1. En los sistemas realmenle indios de 
las cifras devanagari, persa y arabe-europeo, no se ven al pa- 
recer conlracciones de 2 y 3 unidades, sino en 2 y 3, y de 
seguro no en cifras mayores que en la peninsula India difie- 
ren enlre si con toda regularidad. 

Hablando de los niinieros indios, debo decir mi sentir so- 
bre esta denominacion, y sobre las anliguas preocupaciones 
de creer que la India posee cifras de forma linica, con esclu- 
sion de los numeralivos alfabelicos, que en loda la India se 
halla conociraiento del valor de posicion y no del uso de sig- 
nos de grupos parliculares para n, n% n^ Lo mismo que, 

cual dice uii hermano, se designa sin razon el Sanscrit con los 
nombres de lengua india, Icmjua india aniigua, pueslo que en 
la peninsula india bay lenguas antiquisimas y que en nada 
derivan del Sanscrit, cs en general muy vaga la espresion ci- 
fra india, cifra india antigiia, tanto respecto de la forma de 
las cifras como de la indole de los metodos, empleandose ya 
la yuxtaposicion, ya coeficientes, ya el simple valor de posi- 
cion de los grupos principales n, n', n\ y de los multiplos 
2rt, 3n Ni siquiera es condicion necosaria del valor de po- 
sicion la exislencia de un signo de cero en las cifras indias, 
couio lo pruc!)a el escolio de Neofilos. Las lenguas mas co- 
munes en la parte meridional de la peninsula son el lamoul y 



231 

el telougon. Los mdios que hablan tamoid lienen cifras distin- 
tas de su alfabelo, y entre ellas 2 y 8 se parecen algo a las 
indias {devanagari) 2 y 5. Las cifras cingalais dilieren lodavia 
mas de las indias. Ni unas ni olras lieneii valor dc posicion, 

ni signo de cero; los grupos n, if, n^ eslan represeiitados 

con geroglificos particulares. Los ciiigalais cuentan por yuxla- 
posicion, los tamouls con coeficientes. Eh el imperio Burman, 
mas alia del Ganges, se ballan valor de posicion y signo de 0, 
pero figuras de cifras enteramenle dislintas de las arabes, per- 
sas y devanagari-indias. Todas las nueve cifras persasusadas 
por los arabes dilieren completamenle de las de devanagari, 
7 es una especie de/romana, 8 de luscia. De las que boy 11a- 
mamos cifras arabes, solo 1, 2 y 3 se parecen a las devana- 
gari correspondienles; el devanagari 4 es nueslro 8, niiestro 9 
es un 7 devanagari, nuestro 7 es un 6 persa. En Bengali el !i 
tienefigura de media luna, y 3, 5, 6, 8 y 9 difieren de las ci- 
fras devanagari. Las cifras de Guzeralh no son mas que deva- 
nagari-indias mal formadas. 

Reflexiones sobre la influencia de las cifras primilivas en 
el alfabelo, sobre desfiguracioncs de letras de inlenlobecbas a 
fin de dislinguir las lelras de las cifras, sobre las diferentes 
colocaciones de las lelras numeral! vas, que no siempre cor- 
responden en un mismo pueblo al orden usual del alfabelo 
(como sucede en el aboudjed de los pueblos semiticos de Asia 
y Africa), son agenas de este escrilo, aunque dieron margen 
a baslanles hipolesis vagas en el campo de los alfabelos y de 
los geroglificos comparados. Yo mismo anuncie tiempo ha la 
conjelura de que las cifras indias no obslanle las formas de 2 
y 3, eran lelras de un alfabelo anliguo, del cual se veian restos 
en los caracleres fenicios, samarilanos, palmiros y egipcios 
(en las momias), y aun los monamenlos persas anliguos de 
Nakschi-Bustan. ;Cuantas lelras de eslos alfabelos no se pa- 
recen a las cifras llamadas esclusivamenle indias? Olros sa- 
bios ban diclio que eslas mismas cifras apellidadas indias ve- 
nian de los fenicios; y el ingenioso Echhel advirlio que las le- 
tras fenicias se parecen lanlo a cifras, como que se designa la 
voz abdera con 19.990 6 15.1)50. Pero Ian oscuro esla semejan- 
te origen de las cifras y lelras, que con los matcriales hoy dis- 



232 

ponibles, no caben investigaciones lilosoficas lormales, como 
no sean las que den resultados uegativos. 

Unos mismos pueblos suelen contar a un tiempoconlelras 
numerativas y con signos de niimeros ideogralicos o arbitraria- 
mente escojidos; tambien suelen hallarse en un mismo sistema 
numerico metodos muy dislinlos de espresar los multiplosdel 
grupo fundamental. Lo que en un sistema apenas se apunta, se 
ve desenvuelto compietaraente en otro; como cierlas formas 
gramaticales, que solo se columbran en un pueblo, se ven es- 
tendidas en otro con piedileccion, y con toda la eficacia de sus 
fuerzas intelectuales. Al describir uno por uno los sistemas 
numericos empleados por cada pueblo, se oscurecen las seme- 
janzas de los metodos, se pierde el rastro del camino pordon- 
de llego el entendimienlo humano a la obra maestra de la 
aritmetica India, en la cual cada signo liene su valor absolulo 
y su valor relativo, creciendo de derecha a izquierda en pro- 
gresion geometrica. En adelante me apartare del orden etno- 
grafico, ciuendome a examinar los diferentes medios emplea- 
dos para espresar grdficamente unos mismos grupos de unida- 
des (grupos mistos 6 simples). 

Primer melodo. — Yuxtaposicion. Simplemente aditiva de las 
letras numerativas y las cifras verdaderas. Asi se ve en los 
Tiiscios, Itomanos, Griegos hasta la myriada, las razas semiticas, 
los Mejicanos y la mayor parte de las cifras pehlwL Este me- 
todo es incomodisimo para calcular cuando los multiplos de 

^os grupos (2m, 3n, 2?f ) no tienen signos particulares. 

Los Tiiscios y Romanos repiten los signos 10 hasta 50. Los Meji- 
canos, cuyo primer signo de grupo es 20 (una bandera), repi- 
ten un mismo geroglifico hasta 400. Los Griegos por el conlra- 
rio tienen en las dos series de las decenas y centenas, princi- 
piando respectivamente con tola y rho, signos para 20, 30, 
400 y 600. Tres episemas (letras de un alfabeto antiguo), bau, 
koppa y sampi, espresan 6, 90 y 900, terminando las dos lil- 
timas las series de las decenas y centenas, cuya circunstancia 
da mayor semejanza al valor numerico de las letras griegas 
con el del ahoujed semitico. Bockh en sus ilustrados trabajos 
sobre el digamina derauestra que bau es el wau de los semitas 
(de los latinos); koppa era el koph semitico, y sampi q] schin se- 



233 
mitico. La serie de las unidades desde alpha basla heta son en 
los griegoslos niimeros fundamentales {puthmenes), con los cua- 
les, mediante artificios descubiertos por Apolonio, calculaban 
de tal modo, que en ultimo resuUado los reducian a los niime- 
ros correspondienles de las series segunda y tercera (de las 
analogas). 

Segundo metodo. — Multiplicacion 6 disminucion del valor con 
signos puestos encima 6 debajo. Los puthmenes de la cuarta serie 
de la notacion griega, volvian a presentarse por analogia, mul- 
tiplicandolos por 1.000 mediante una rayita debajo de la letra. 
Asi Uegaban al miliar, escribiendo basla 9999. Aplicando es- 
ta notacion de acentos a todos los grupos, suprimiendo todos 
los signos despues de la theta (9), hubieran tenido espresiones 
para 20, 200 y 2.000, poniendo a una ^ dos 6 Ires acentos; 
asi se hubieran acercado a la cifra arabe gomar, y luego al va- 
lor de posicion; pero por desgracia saitaban los grupos de las 
decenas y centenas, y no empezaban la notacion con acentos 
hasta 1.000, y ni siquiera les ocurrio ensayarla en los grupos 
superiores. 

Asi como una rayita puesta debajo multiplicaba el niime- 
ro por 1.000, una raya vertical encima designaba entre los Grie- 
gos una fraccion con la unidad por numerador y con el nume- 
ro de debajo del cuento por denominador. En Diofanto, y' es 

-^, ^'=4-' P^ro si 6l numerador es mayor que la unidad, se 

designa con el numero inferior, y entonces el denominador de 
la fraccion se le anade a manera de esponente, de suerle que 

V. g. >' = ^ (1). En las inscripciones romanas, una raya 

horizontal superior multiplica el numero por 1.000, lo cual se 
puede mirar como abreviatura para ahorrar espacio. 

El metodo de Eutocio para espresar myriadas es mas im- 



(l) Detambre, torn. 2, pag. H. EI acento auadido encima de las le- 
tras, linicamente para indicar que se usan coino niimeros, no se dele con- 
fundir con el signo de fraccion. En varios raanuscritos matcmaticos an- 
tiguos no esta propiamente perpendicular, sino horizontal, do forma quo 
nunca se pueda confundir con el signo dc fraccion. 



234 
porlante. Yemos aqu( el primer rastro griego del sistema es- 
ponencial, 6 mejor de indicacion, tan interesante en el orien- 
le. M», M^ M? designan 10.000, 20.000, 30.000. Esta aplica- 
cion esclusiva a las myriadas, se estiende enlre los Chinos y 
Japones, \ue reciblan su cultura de los Chinos 200 anos antes 
de nueslra era, a todoslos mulliplosde losgrupos. Tres rayas 
horizonlales debajo del signo 10 indican 13, tres encima 30. 
Siguiendo esle metodo escribian el numero 3.456 asi, usando 
las eifras romanas como signos de grupos, y las indias como 
esponentes. 

M' 

C* 

p 

Iguales indices se ven en los egipcios. Encima de una raya 
encorvada que significa 1.000, ponian 2 6 4 unidadcs para 
espresar 2.000 y 4.000. En los Aztekas 6 i)/e/Vcanos he hallado 
el signo de la ligazon con seis unidades por esponente, para 
espresar 312 afios (6x52=312). En los Chinos, Azlekas y 
Egipcios el signo de grupo es sierapre el inferior, como si se 
escribiese X^ por 50; en la cifra arabe gobar, el signo de gru- 
po esta encima del indicador. No olvidemos que en el gobar 
los signos de grupos son puntos, y de consiguiente ceros; 
porque en la India, el Tibet y la Persia, ceros y puntos son 
identicos. Los signos gobar los descubrio mi amigo y maestro 
Silvestre de Sacy en un manuscrito de la antigua abadia de 
Saint-Germain-des-PrSs. Este insigne orientalista dice: *'E1 
y)gobar liene mucha conexion con la cifra india, pero ca- 
))rece de cero; " creo sin embargo que tiene signo para 
cero, pero como en el escolio de Neofitos, puesto enci- 
ma y no al lado de las unidades: son cabalmente los mis- 
mos ceros 6 puntos que ban hecho dar a estos caracteres el 
singular nombre de gobar 6 escrilura de polvo. A primera vis- 
ta se duda si debe verse en esto un paso de las lelras a las 
eifras. Con trabajo se dislingucn los 3, 4, 5 y 9 indios. Dal y 
ha sean lal vez eifras indias 6 y 2 mal colocadas. La indica- 
cion con puntos es la siguiente: 



23S 



3 para 30, 

4 para 400, 

6 para 6.000. 

Estos punlos recuerdan una notacion griega antigiia, pero 
rara, que solo empieza eu las myrladas: *•• para 10.000, 
13 :: para 200 millones. En este sislema de progresiones geo- 
melricas hay primeramenle un punlo, que sin embargo no se 
usa, para indicar 100. En Diofanio y Pappus vemos un punto 
enlre las letras numerativas para reemplazar a la inicial 3Iu 
(myriada). En lal caso un punlo mulliplica por 10.000 lo que 
esta a la izquierda. Parece que ciertas ideas oscuras sobre 
notaciones por medio de punlos 6 ceros, venidas del Oriente, 
se esparcieron por Alejandrinos en Europa. El verdadero signo 
de cero para indicar alguna cosa que falta, lo emplea Tolomeo 
en la escala sexagesimal descendenle, para espresar grados, 
minutos 6 segundos que faltan. Delambre prelende haber ha- 
llado tambien el signo de cero en raanuscrilos del comenlario 
de T/ieon a la sinlaxis de Tolomeo (1). El uso de esle signo 
en Occidente es por tanto anterior con muclio a la invasion de 
los Arabes. Vease el escrito de Planude sobre los Arithmoi In- 
dikoi. 

Tercer metodo.—Midtiplicacion del valor por coeficientes. Lo 



(1) Hist, de la Jstron. ant., t. 1, p. 547; t. 2, p. 10. No esta el pa- 
sage de Theon en sus obras impresas. Delambre se inclina unas veces a 
esplicar el signo griego de cero haciendolo abreviatura de ouden.y otras 
a derharlo de cierta relacion particular del numerativo omicron con las 
fracciones sexagesimales. (Obra citada, t. 2, p. 14; Diario de los sabios, 
1817, p. 539.) Es singular que en la antigua aritinetica icdia de la Lila- 
nati, cero situado junto a un niiraero indica que so debc restar este. (De- 
lambre, t. 1, p. 540.) ^Que designa el livg (un verdadero cero) escrito en 
las cifras chinas debajo de 12, 13, 22 y 132? En las inscripciones roma- 
nas los ceros son obolos repetidos varias veces. (Rockh, Economi'a nacio- 
nal de los Jlenienses, B. 2, p. 37 9.) 



230 
que en los Chinos hemos vislo ser indicadores en la esciitura 

2 

perpendicular, la dit'erencia entre X=:12 y X=20, se halla 

2 

repetido en direccion horizontal en los Griegos, Armenios y ha 
bitanles que hablan tamoul en la parte meridional de la pe- 
ninsula India. Piofanto y Pappus escriben 0mu para dos ve- 
ces 10.000 6 20.000, al paso que «muj3 (cuando b esla a la 
derecha de la inicial de la myriada) signilica una vez 10.000 
mas 2 6 10.002. Lo mismo sucede en las cifras tamoul, co- 
mo si se dijera 4X=40 y X4=14. En el pehlwi de la Per- 
sia antigua, segun Anquetil, y en el armenio, seguu Cerbied, 
se reconocen muUiplicadores pueslos a la izquierda para es- 
presar los mulliplos de 100. Tambien debe referirse a esle 
metodo el punto de Diofanto, arriba mencionado, que reem - 
plaza a Mu, y multiplica por 1.000 a lo que precede. 

Cuarto milodo. — Multiplicacion y disminucion ascendentes y 
descendentes por division en ringleras de numeros cuyo valor dis- 
minuye en proyresion geomMrica. Arquimedes en las octades y 
Apolonio en las tetrades emplearon solo esta notacion para 
numeros que pasasen de (10.000)% para los 100 millones 6 
myriadas de myriadas. Vese aqui evidenlemente valor de po- 
sicion de unos mismos signos, siguiendose en ringleras di- 
ferentes; hay por tanto valor absolute y relativo , como en la 
escala sexagesimal descendenle de los astronomos alejandri- 
uos para indicar los grados, minutos y segundos. Mas puesto 
que en este caso, por falla de «— 1 6 89 signos, consta cada 
ringlera de 2 cifras, no puede ofrecer el valor de posicion la 
ventaja que los numeros indios. Cuando se consideran como 
enleros las trescienlas sesenla avas paries de la circunferen- 
cia, los minutos son sesenta avas partes de lal entero, los se- 
gundos lo mismo de los minutos, etc.: como fracciones les 
puso Tolomeo el signo de fraccion, el acento encima, y para 
indicar la progresion descendente, en la cual cada ringlera 
de 2 cifras es 60 veces menor que la precedente, se multiplica- 
ron los acentos de ringlera en ringlera. Asi es que los minu- 
tos llevaron el simple acento de las fracciones griegas co- 
munes (con la unidad por numerador), los segundos dos acen- 
tos, los terceros Ires, los grados mismos, como enleros, nin- 



237 
gun acento, quizas como nada {ouden) un cero (1). Digo qiii- 
zds, porque en Tolomeo y Theon, los ceros, como signos de 
grades, fallan todavia. 

La simple enumeracion de los diferentes metodos emplea- 
dos para espresar los miiltiplos de los grupos fundamentales 
por pueblos que ignoraban la aritmetica India , esplica a mi 
ver el sucesivo desenvolvimiento del sistema indio. Escri- 
biendo 3568 perpendicular y horizontalmente mediante indi- 

3 5 6 8 

cadores M C X I, se ve que se pueden escusar los signos de 

los grupos M, C Y cabalmeute nuestras cifras indias no 

son mas que los mulliplicadores de los diferentes grupos. Esa 
misma notacion valiendose de solo unidades (mulliplicadores), 
la recuerdan los cordones sucesivos del simnpan, representan- 
tes de millares, centenas, decenas y unidades. En el ejemplo 
citado manifestaban los cordones 3, 5, 6 y 8 bolas. No se ven 
signos de grupo. Los signos de grupos son las posiciones mis- 
mas, y eslas (cordones) estan satisfechas por las unidades 
(mulliplicadores). Por arabos caminos de la arilmelica figiira- 
tiva V palpable se llega, pues, a hposicion India. Siesta vado 
6 hueco el cordon, bien subsista libre el puesto escribiendo, 
bien falte un grupo (un lermino de la progresion), Uena aquel 
vacio graficamente el geroglifico del vacio, un circulo vacio, 
sung a, sifron, zuphra (2). 



(1) Respecto del empleo del signo cero, V. Leslie, p. 12-135; JRuit- 
hen, Germanen und Griechen Hist., II, p. 2-23; Ducange, Glossar. meclim 
grmcitatis, t. 2, p. 572; Maumart, de numerorum quos arahicicos vacant 
origine; Pythagor., p. 17. En la aritmetica griega, M" designa una unidad, 
monas, asi como una delta con un cero (propiamente omicron) encima, 
significa tetartos (£ast., Gregor,, Cor., p. 851.) En Diofanto, M^x* es 21. 
El signo gramatical indio auuswara tiene figura de un cero indio (sunga), 
aunque solo indica raodificacion de la pronunciacion de la vocal que este 
al lado, y nada tiene que ver con el sunga. 

(2) En ingles se ha conservado cypher para indicar cero, al paso que 
en las lenguas occidentales que dicen cero (sifron, seron), indica cifra un 
numerativo en general solo. En Sanscrit se llama sambhara el niiraero 6 
la cantidad. 



238 
Que la notacion numeraliva se fue perfeccionando en la 
India solo a pasos sucesivos, lo confirma la cifra tamoul, que 
medianlo 9 signos de unidades y de signos de grupos i)ara 10, 
100 y 1.000, espresa lodos los valores valiendosc de mullipli- 
cadores anadidos a izqiiierda; y asimismo lo confirman las 
singulares aritlunoi indikoi del escolio del monje Neofitos, 
que se conserva en la biblioteca de Paris. {Cod. reg., fol 15.) 
Las 9 cifras de Neofilos, fuera del 4, son lo mismo que las 
persas. Las cifras 1, 2, 3 y 9 se ven tambien en inscripciones 
numericas egipcias. Las 9 unidades estan multiplicadas por 
10, 100 y 1.000, poniendo encima uno, dos 6 ires ceros, 
asi V. gr.: 

00 00 

2_20, 24=240, 4=400, 6=6.000. Poniendo puntos en vez 
de ceros, resulla la cifra arabe //o6ar. 

Recapilulando lo dicho sobre los muchisimos melodos de 
nolacion de los pueblos de ambos conlinenles, harlo poco co- 
nocidos, vemos: 

1." Pocos signos de grupos y casi esclusivos de if , w% 
w*...., no de 2«, 3n...., ni de 2n-, 3»f ...., como tenian los Ro- 
manos y los Tuscios, X, C, M. (Todos los grades intermedios, 
2n 6 2n% v. g., eslan espresados por yuxlaposicion XX, CCC) 

2.° Muchos signos de grupos, no solo de n, li' {iota y rho 
de las letras numeralivas griegas), sino tambien de 3« 6 de 
4«' (X y y), lo cual ocasiona suma heterogcneidad de los elc- 
mentos de espresion de 2-l-2n-|-2/i' (v. g.: ottS, de 222). 

3." Espresion de los miiltiplos del grupo fundamental de 
sus potencias (2/t, 3n, in\ 3n'), bien poniendo (debajo 6 en- 

•2 3 4 5 

cima) indicadores a los signos de grupos (chinos, X, X, C, C; 
indio-tamoul, 2X, 3X, 4C, SC), bien puntuando 6 acentuando 
gradualraente los 9 signos primeros de unidades, como a=10, 

^ = 20, a=100, a=1.000, >=40.000; engobar, en el escolio 
de Neofilos y en la escala sexagesimal descendente de los 

aslronomos aleiandrinos , para — , — , — ,, escribiendo, v. g. 

•' "^ 60 60 eo"* 

1.-37/37." 37.'" 

Hemos visto, en fin, que los indicadores (muUiplicadores) 



239 

(le los pueblos del Asia oriental, de los habitantcs de la parte 
meridional de la peninsula India ; que la acentuacion de los 
pidhmenes del sistema gobar 6 del escolio de Neofilos , que 
los cordones del suanpan, podian dar el valor de posicion. 

Que el sencillo sistema de posicion indio fuese introducido 
en Occidente a consecuencia de la estancia del sabio astro- 
nomo Rihan Mahommcd cbn Abmel Albiruni en la India, como 
opina Sedillot, 6 por tralicantes raoriscos de la costa septen- 
trional de Africa, y de resultas del comercio que se abria en- 
tre estos y los Italianos, es lo que esla por decidir. No obs- 
tante la antigiiedad de la cultura India, tampoco se sabe si el 
sistema de posicion, que tanto inlluyo en las matematicas, era 
conocido ya en tiempo de la espedicion macedonia mas alia 
de la India. ;Cuanto mas perfectas bubieran legado las cien- 
cias matematicas a la ilustrada epoca de los JIaquemitas un 
Arquimedes , un Apolonio dc Perges y un Diofanto, si hubiese 
recibido el Occidente doce 6 trece siglos antes, con la espedi- 
cion de Alejandro, la aritmetica India de posicion! Pero la 
parte de la India anterior que atravesaron los Griegos, el 
Pendjab hasta Palibothra, estaba habitada por pueblos poco 
cultos; barbaros los llamaban los que vivian mas al Oriente. 
Solo Seleucus Nicator traspaso el limite que separaba la civi- 
lizacion de la barbarie, desde el rio Sarasvatis hasta el Gan- 
ges. De la autigua cifra India tamoul, que espresa 2n, 3n'...., 
con raultiplicadores adjuntos, y que de consiguiente tiene, 
ademas de signos de las nueve unidades primeras, otros par- 

ticulares de n, n% n' se infiere que en la India, al par del 

sistema de valor de posicion llamado casi esclusivamente in- 
dio (6 arabe), habia tambien otros sistemas de cifras sin va- 
lor de posicion. Acaso Alejandro ni sus sucesores bactrios, al 
penetrar temporalmenle en la India, no se ponian en contacto 
con naciones que esclusivamente usaran el metodo de posicion. 

Ojala se prosigan con celo los trabajos, ya por filologos que 
tengan ocasion de examinar manuscritos griegos, persas y ara- 
bes (1), ya por viajeros que se detengan en la peninsula India 



(l) Entre los manuscritos arabes merecen particular atencion los que 
tratan de hacienda 6 de la aritradlica en general, v. gr. Jbn Jose Al- 



240 
misma. Nada puede dar lantas observaciones notables como la 
foliacion de anliquisimos volumenes manuscritos de la lilera- 
tura sanscrila. ;,Quien sospechara v. gr. que los Indies luvie- 
ran, junto con una aritnietica decimal de posicion, un sislema 
sedecimal sin posicion; que ciertos pueblos indios contaran 
de preferencia por grupos de 16, como los pueblos america- 
nos, los Kymros y los Bascos por grupos de 20? Esta singular 
numeracion se descubrio hace anos en un raanuscrilo del an- 
tiguo poema iodio Mahabharata. (Cod. reg., Paris, p. 178.) 
Sescnla y cinco paginas de este manuscrito estan foliadas con 
letras numeralivas indias, pero usandose solo las consonantes 

del alfabeto Sanscrit {k por 1, kh por 2 ), lo cual esta en 

contradiccion con la idea (1) rauy en boga, de que en la India 
se encuentran empleadas esclusivamente cifras y no letras por 
cifras, como lo hacian los pueblos semiticos y los griegos. En 
la pagina 60 comienza la singular notacion sedecimal. En los 
primeros 15 pulhmenes apenas se reconocen dos signos que 
sean letras sanscritas; / aspirada y d, y parece corresponden 
respeclivamente a 3 y 12; tampoco se encuentran raucho los 
signos propiamenle llamados indios (arabes). Es de nolar que 
la cifra 1 con un cero adjunto signifique 4, y que la 1 dobla- 
da (dos rayas perpendiculares) con un cero adjunto signifique 
8; son, digamoslo asi, puntos suspensivos, grados inlermedios 

de sistema sedecimal, de -ju y —n; pero ^n (12) esla sin cero, 

y tiene un geroglifico propio parecido al 4 arabe. Para el gru- 

po normal 16 y sus mulliplos 2n, Zn se emplean las cifras 

Bengali conocidas, y asi 16 se espresa con el 1 bengali prece- 



chindus, de arithmetica indica; Abdel Eamid ben vasee Abalphadt, de nu- 
merorum proprietatibusf Jkmad ben Omar Alkarabisi, liber de indica nu- 
merandi rationed el Jlgebra india de Katka^ Mohammed ben Lara, de 
numerorum disciptina. (Casiri, Bibliot. arabico-hispana, 1. 1, p. 353, 405, 
410, 426 y 433.) 

(1) Si la aritmdtica de posiciou no es originaria de la India, debe ha- 
ber cxislido por lo menos alli de liempo inmemorial; porque ningun ves- 
tigio de notacion alfab^tica se halla entre los Indios como la de los He- 
breos, Griegos y Arabes. (Delambre, Hist, de la Astr. ant., t. I, p. 543.) 



241 

dido de rasgo curvo; 32 con el 2 bengali, 48 con el 3 ben- 
gali. Los muUiplos de n vienen a ser, pues, niimeros primero, 

segundo, tercer ordenes; los numeros 2n-{-4, 6 3n-l-6 (es- 

to es, en el sistema sedecimal 36 y 54) estan designados con 
un 2 bengali y una cifra mahabharata (1) 4 al lado, como 
tarabien con una cifra bengali 3 y olra mahabharata 6; me- 
todo denumeracion regularisimo, pero incomodo y complica- 
do, y cuyo origen es tanto mas enigmatico cuanto que pre- 
supoue el conociraienlo de las cifras bengali. 



ASiTROMOlllit. 

Descubrimiento de dos planetas nuevos, uno por Gasparis y d 
otro por Chacornag. 

(L'Institut, 20 al/ril 1833.) 

En la sesion de la Academia de Ciencias de Paris del 18 
de abril de 1853, se leyeron dos cartas escritas a Mr. Arago, 
anunciandole haber descubierto el 6 del mismo mes dos pla- 
netas nuevos, uno Gasparis desde Napoles y el otro Chacornac 
desde Marsella. Seran el 24." y 25.° en el orden de los que van 
descubierlos entre Marte y Jupiter. 

Planeta de Gasparis (24), 12.'' magnitud, visto en la cons- 
telacion del Leon. 

t. m. de Napolcs. A. R. D. 

1853. abril 6.... 8'' 55" 34'. . . 11" i' 17",75. . . 6° 48' 40" 
7... 9 16 48.... 11 3 50,15.... 6 50 48. 

Planeta de Chacornac (25), O.** magnitud, visto en la cons- 
telacion de la Balanza. 

t. ID. de Marsella. A. R. D. 



1853. abril 6... IS'' 40-. A. d. y+4" ll',15..D. y+U' 2" 
8... 11 58.. A. d. y-1 57.... D. y+4 22. 



(l) Se emplea esta espresion impropia para designar linicamente el 
sistema de cifras que presentan las copias de este poeina. 
TOMo ni. 16 



CIENCIAS FISICAS. 



lli^OMS^TIISilO. 

Medios adoptados en los obsenmtorios mngnelicos de las colonias 
brUdnicas pnra dclerminar los valores absolulos, los cambios 
seculares y la variacion anual de la fuerza magnUka terres- 
tre: por Mr. E. Sabine. 

(Bibliot. univ. Je Giupbra, ocltihre -1851.) 

El Coronel Sabine Irabaja hace muchos anos en magnetis- 
mo terresire con la habilidad, perseverancia y celo cienlifico 
que le distinguen. El Gobierno ingles le dio el encargo intere- 
sanle y trabajosisimo de dirigir la reduccion y publicacion de 
las observaciones meleorologicas y magneticas que se ban 
hecho en los observalorios de esta clase fundados de 1839 a 
1840 a costa del mismo Gobierno en diversos piintos de sus 
colonias muy distantes de Europa; punlos que designo la So- 
ciedad Real de Londres como los mas a proposito para el ob- 
jeto cienlifico propuesto. Lleva publicados cualro gruesos vo- 
liimenes en i.° de tales observaciones, a semejanza de los que 
conlienen las del observalorio de Greenwich, a saber: 

En 1845 el 1." tomo de las Observaciones magnelicas y 
meleorologicas hechas en Toronto de 1840 a 1842. 

En 1847 el 1." tomo de las hechas en Santa Helena de 
1840 a 1843. 

En 18S0 el 1." tomo de las hechas en Hobarton y en la 
espedicion naval antartica en 1841 y 1842. 

En 1851 el 1." tomo de las hechas de 1840 a 1844 en di- 
chos observatories al tiempo de perturbaciones magneticas 
eslraordinarias. 



243 

Se lian regalado los cualro voliimenes a las corporaciones 
y persoiias que podian sacar frulo de ellos. 

El mismo sabio Sabine ha piiblicado en las Transacciones 
filosopcas de la Sociedad Real de Londres baslantes memorias 
sobre el raaguetisrno terrestre, merecieudo especial mencion 
la de 1847 sobre la variacion diaria de la declinacion de la 
aguja imanlada en la isla de Santa Helena, en la cual hace 
ver el autor que en aquella estacion tropical sucede la mar- 
cha de dicha variacion en sentido contrario en estaciones 
opuestas. 

La Memoria cuyo titulo encabeza el presente arliculo, in- 
serta en la 1.* parte de las Transacciones fdosoficas de 1850, 
tiene por objeto estudiar las variaciones anuales y seculares 
de la intensidad magnelica, como resultan de las observacio- 
nes hechas en el observatorio de Toronto en el Canada, y en 
el de Hobarton en la isla de Van-Diemen al S. de la Nueva- 
Holanda; habiendose escojido estas dos estaciones por estar 
proximas a los puntos de mayor intensidad de la fuerza mag- 
netica terrestre en uno y otro hemisferio. 

Empieza Sabine dando algunos detalles sobre los instru- 
mentos con que se ban hecko las ciladas observaciones. 

En los observatorios britanicos coloniales se usarou pri- 
mero, para determinar la componente horizontal de la intensi- 
dad magnelica, maguetometros bifilares de 15 pulgadas de 
largo, parecidos al del aparato de Gauss del raismo nombre, 
y montados de suerle que al usarlos estuvieran en conexion 
con el magnetometro unililar 6 declinometro deslinado a ob- 
servar las variaciones diarias de la declinacion magneti- 
ca, y cuya barra imantada tiene tambien 15 pulgadas de 
largo. 

Pero no tardo en notarse que puestos eslos inslrumenlos 
a la distancia couveniente uno de otro segun su longilud, dis- 
taban demasiado las barras en las esperiencias de desvio (de- 
fleccion) para ocasionar angulos de desvio que guardaseu la 
proporcion suficiente con los errores inevitables de observa- 
cion, y que los resultados deducidos podian incurrir en un 
error probable sobrado grande. Tambien se vio que mienlras 
se usaban asi las dos barras, se interrumpian inevilabiemen- 



244 ^ 

te las series de observacioncs eon el magnelomelro bifilnr, 
series en cuya continuidad debe iniluir por precision el valor 
do esle instrumento, corao diferencial que os, y destinado a 
determinar variaciones seculares. 

Para veneer eslos inconvenientes, el segundo en particu- 
lar, eslendio y circulo la Sociedad Real otras instrucciones 
recomendando el nso de un aparalo auxiliar, medianle el cual 
se pudieran hacer en pieza aparte las esperioncias de vibra- 
cion y desvio requeridas para determinar la fuerza magnetica 
horizoQlal, sin raudar los magnelometros del observatorio, que 
quedarian para usarse como instrumentos diferenciales solo. 
Se acorlaron las barras imantadas del aparato auxiliar, de 15 
a 12 y a 9 pulgadas. Pero la esperiencia probo que a la dis- 
tancia entre las barras requerida por este largo, eran todavia 
deniasiado pequenos los angulos de desvio para disrainuir su- 
licientemenle el error probable de los resultados, y para apre- 
ciar variaciones mensuales 6 anuales en un inlervalo de (iem- 
po de limitada duracion. 

Se ban visto luego dos irregularidades instrumentales en el 
magnet6metro bifdar, mirado como aparato diferencial, que 
impiden comparar estrictamente entre si las observaciones 
con el hechas, escepto en corlos intervalos de tiempo. Consiste 
la primera, prevista ya, en la facultad que la barra imantada 
tiene de perder parte de su magnelismo. Esta perdida, cuyo 
efecto se creyo poder eliminar si sucedia de una manera regu- 
lar, no parece sujeta a ley ninguna general 6 sistematica, y 
cesa6vuelvea principiaren ciertas ocasionessin causa alguna 
visible 6 apreciable. Para eliminar el efecto de esta perdida 
de fuerza, babria de determinarse de cuando en cuando , y 
sin pasar mucho tiempo, el momento magnetico de la barra; 
pero mudada esta de sitio, se interrumpiria la continuidad de 
la serie de observaciones. 

La otra irregularidad de las indicaciones del magnetome- 
tro bifilar no estaba prevista, y todavia esta algo oscura su 
procedencia. Obra su efecto en sentido conlrario del de la per- 
dida de fuerza magnetica, y muchas veces ha allerado nota- 
blemente la posicion de equilibrio de la barra imantada. Se ha 
supuesto que lo causaba el alargamiento del hilo de suspen- 



241) 
sion, pero sin probarlo directamonte, poiquo al monlar los 
instruraentos no se midio la longilud exacla do los hiios. 

Afectado asi el magnelometro bifilar de ambas clases de 
opueslas irregularidades, y no pudiendose eliminarlas salis- 
factoriamente, no era dado conlar sino en cortos intervalos 
con los resultados comparalivos diferenciales del mencionado 
inslrumento, ui Labia medio de usarlo para determinar va- 
riaciones seculares. 

Luego de haberse cerciorado el Coronel Sabine de estos 
defectos, disculiendo los primeros aflos de observaciones de 
los observalorios magneticos coloniales, encargo al Capitan 
Riddell, ayudante suyo en la direccion de los misraos. que 
modificase el magnelometro portatil del profesor AV. Weber, 
cuyas barras tienen solo 3 a 4 pulgadas de largo, de suertc 
que se pudieran remediar los diversos defectos praclicos que la 
esperiencia manifestaba tener este instrumento; y que esten- 
diese instrucciones para aplicarlo con frulo a determinar la 
componente horizontal de la fuerza magnetica, y sus varia- 
ciones anuales y seculares. Se presento a la Asociacion Bri. 
tanica en Cambridge el ano de 1845 el magnelometro uni- 
filar portatil modificado, y a todos los observadores ha sido 
utilisimo el manual del Capitan Riddell, impreso y difundido 
por orden del Gobierno ingles. 

El observatorio de Toronto esla situado en el Alto Cana- 
da, cerca del lago Ontario, en un sitio elevado distante co- 
sa de media milla al N. de la ciudad de Toronto, que tam- 
bien se llama York, tiene 43° 39' 35" de latitud, sacada por 
el Director Le-Froy, Capitan de artilleria , de alturas cir- 
cunmeridianas del sol, observadas con uu circulo de reflexion 
repetidor; 79° 21' 30" de longilud al 0. de Greenwich y 
107,9 pies ingleses de allura su piso sobre la superficie del 
lago Ontario. 

La temperatura media anual de aquel paraje, segun re- 
sulta de observaciones liechas cada 2 horas dia y noche, de 
diciembre 1840 a noviembre 1842, es 44",35 Farenheit, 6 
seau G°,8G cenligrados. 

La de los Ires mcses de invierno es— 3°,06 cent, 
de verano +17,72. 



2IG 
La declinacioa de la aguja iraanlada no pasaba a princi- 
pios de 1841 de 1° 12' al 0. del meridlano aslrouomico; ha 

venido luego creciendo cosa de i^,- al afio. Las variaciones 

diarias regulares de la misma suben a unos 12' en verano y b' 
en invicrno, moviendose la punla N. de la agiija hacia el 0. de 
las 8 de la maflana a las 2 de la larde, y hacia el E. de las 2 
de la tarde a las 10 de la noche, como sucede en Europa. 

Las barras imantadas que se usan en Toronto para las 
series mensuales de observaciones de la fuerza magnelica 

horizontal absoluta, son cilindros solidos de -j^ de pulgada 

de diametro; la suspendida tiene 3 pulgadas de largo , y la 
de desvio 3,67. Se ban hecho las observaciones los dias 
16, 17 y 18 de cada mes por lo regular. Se pusieron las bar- 
ras a tres dislancias diferenles, la menor a 1 y la mayor a 
1,4 pies del cenlro de la suspendida. Se leian los desvios en 
un circulo de 6 pulgadas de diametro, que tenia dos nonius 
para dar los arcos de 20 en 20 segundos. Yariaron los arcos 
de desvio de 6° a 10°, segun la distancia. El anteqjo para 
las lecturas va pegado al circulo azirautal, y se mueve con 
el. La barra de desvio esla siempre perpendicular a la sus- 
pendida al leerse los desvios. Para las vibraciones esla en un 
estribo con un espejo y pendiente de una hebra de seda cu- 
ya linea de torsion se pone aproximadamente en el meridia- 
uo magnetico, y todo el aparato esla dentro de una caja de 
madera de quita y pon. Se determiua la duracion de las vi- 
braciones observando 300 de eslas en arcos reducidisimos, 
siendo de 30' la del punlo de parlida, y corrijiendo esle arco. 
Los cambios de la fuerza magnelica horizontal de la tierra 
que pudieran suceder enlre las esperiencias de desvio y de 
vibracion, se eliminan mediante una correccion que proviene 
de observar al mismo tiempo el magnelometro bifilar; y asi 
se reducen los resultados a lo que serian si coincidiese la 
fuerza horizontal, en el instanle de cada observacion , con la 
media indicada aquel mismo dia por el aparato bililar. Tam- 
bien se ha eliminado el efecto de las diferencias de tempera- 
tura que pudiera haber durante las esperiencias, mediante una 



'247 
correccion particular, llay, en lii», cantidades constaiUes dc- 
pendienles del momeiito de inercia de la barra de desvio y de 
la variacion del momento de induccion, que deben inlluir en 
el valor de la I'uerza magnetica absolula, y que se ha Iratado 
de fijar interinamente; aunque para delerminar variaciones 
anuales 6 seculares, imporla poco su valor exacto. 

Dice luego Sabine los resuUados mes por mes de las obser- 
vaciones de la componente horizontal de la fuerza magnetica 
terrestre hechas en Toronto de enero 1845 a abril 1849. Sale 
de -valor medio 3/63043, con -|-0,000oo de error probable, y 
corresponde al 1.° de marzo de 1847. Comparando los valores 
mensuales con estc medio, se hallan diferencias positivas en 
la primera parte del periodo y negativas en la lillima, indi- 
cantes de decremento secular de la fuerza horizontal. El valor 
mas probable del decremento anual de esla, que saca el au- 
tor de discutir los resultados de las observaciones por el me- 
todo de las ecuaciones de condicion y de los menores cua- 
drados, es 0,0042. 

Para poder deducir de estos resultados la fuerza magne- 
tica total y su variacion secular, es precise conocer lambien 
la inclinacion de la aguja imantada en la misma epoca, y la 
variacion de este elemento. Yarias veces al mes se ban hecho 
observaciones de esta clase en el Observalorio de Toronto, 
bien con una brujula de inclinacion de Garabey de circulos 
de 9 pulgadas de diametro, bien con otro instrumento de igua- 
les dimensiones conslruido por Robinson. El valor medio de 
las inclinaciones en 52 meses es 75° 16',09, con+0',2 de er- 
ror probable, y tambien corresponde al 1." de marzo de 1847. 
Discutidos los resultados mensuales por el metodo de las ecua- 
ciones de condicion, dan 0',89 de valor mas probable del de- 
cremento anual de la misma inclinacion. 

Resulta de aqui 13,8832 para valor de la fuerza magne- 
tica total en la misma epoca, pero que podra correjirse por 
causa de las constantes arriba mencionadas, y que estau por 
determinar exactamente. 

En cuanlo a la variacion secular de la fuerza magnetica, 
un increraento anual de inclinacion de 0',89 corresponde a 
un decremento anual de 0,0035 de la componente horizontal 



248 
dc la misraa fuerza. Resla solD por tanto un esceso de 0,0007 
en el decreraonlo secular de la fiierza horizontal, que no quepa 
achacar a la variacion de incllnacion, y capaz de dar a sos- 
pechar la existencia de un corto decremenlo anual do la fuerza 
magnetica total en el intcrvalo do las obsorvaciones. 

Aunque sea sobrado breve este intervalo para determinar 
las variacionos periodicas de la incllnacion y de la fuerza 
magnetica horizontal durante cada ano, rislas las grandes va- 
riaciones irregulares que esperimentan estos elementos ea 
Toronto, en ciertas estaciones del ano especialmente, aten- 
diendo el autor a las variaciones seculares arriba citadas, saca 
resultados que dicen que la incllnacion magnetica es algo 
mayor en los meses de invierno que en los de verano, al paso 
que la fuerza horizontal esperimenta una corta variacion cor- 
respondiente, pero de signo contrario. 

En el 1." torao de las Observaciones de Toronto advirtio 
ya Sabine que las hechas en 1842 con el niagnetometro bifi- 
lar, indicaban esceso de valor de la fuerza horizontal en ve- 
rano. Dispuso que Le-Froy usase en 1847 y 1848 otro meto- 
do esperimental independiente de los dos anteriores, para de- 
terminar las variaciones de dicha fuerza. Se suspendio en un 
estribo, segun el modo coraun, con un espejo pegado al apa- 
rato y un anteojo dislante, una de las barras imantadas de 3,67 
pulgadas de largo, que habia servido en los trabajos topografi- 
cos de la America del Norte, y que parecia tener ya magne- 
tismo permanente. Se midio luego dos voces al dia, a las 10 
de la mauana y las 5 de la tarde, la fuerza magnetica terres- 
tre horizontal, observando la duracion de 400 vibraciones, re- 
ducidas a temperatura determinada y a arcos infinitamente 
pequeflos. La medida del momento magnetico de la barra, 
verificada con largos intervalos, indico ligora perdida de fuer- 
za magnetica, que pudo mirarse como uniforme. 

Los resultados de las observaciones hechas los afios de 
1847 yl848 segun este metodo, ban confirraado plenamente 
que en Toronto es mayor la fuerza magnetica horizontal en los 
meses de verano que en los de invierno, habiendose nianifes- 
lado mas sensible la diferencia que por las observaciones bifi- 
larcs de 1842 6 por la serie de dcterminacioncsabsolulas de 



249 
enero 1845 a abril 1849. Segun las series absolutas, parece 
ser la inclinacion alii 0',88 mayor, y la fuerza horizontal 
0,0015 menor que sus respectivos valores medios, durante los 
cinco meses de estar el sol en el hemisferio austral; mienlras 
que durante los de estar en los signos septentrionales , aquel 
elemento es 0',9 menor y este 0,0011 mayor que dichos valo- 
res medios. La cuestion de saber si estas variaciones son pro- 
gresivas de uno a otro estremo, y si de consiguiente llegan a 
sus valores medios hacia el tiempo de los equinoccios, no se 
podra resolver hasta la conclusion de un periodo mas largo de 
observaciones. 

La suma (r,78) de las diferencias de inclinacion de la agu- 
ja imantada en estaciones opuestas, equivale a una variacion 
de 0,007 en la componenle horizontal de la fuerza magnetica. 
La variacion efectivamente observada en la raisma componen- 
te, corresponde en direccion, segun las estaciones, a la indica- 
da por el cambio de inclinacion; pero su valor es mucho me- 
nor que el correspondiente a la alteracion de este ultimo ele- 
mento. De aqui cabe inferir, que probablemente ocurre en To- 
ronto variacion anual de la fuerza magnetica total, Uegando 
esta al maximo en los meses de invierno 6 estando austral el 
sol, y al minimo en los de verano 6 estando boreal el mismo 
astro. 

Da luego Sabine un estracto de los resultados tocantes a 
los mismos elementos magneticos, sacados de las observacio- 
nes hechas en Hobarton. 

El observatorio magnetico y meteorologico de Hobarton 
se fundo por orden del Almirantazgo el verano de 1840, mien- 
tras descansaba en la isla de Van-Diemen la espedicion inglesa 
que iba hacia el polo antartico a las ordenes de sir James 
Clark Ross, estando sir John Franklin de gobernador de la co- 
lonia de la misraa isla. Es director del observatorio el coman- 
dante de la marina real Joseph-Henry Kay, teniendo a sus 
ordenes varies ayudantes y empleados suballernos. El edificio 
es todo de madera, y se construyo en sitio propio del Gobier- 
no en un terreno de arenisca situado a 105 pies ingleses do 
altura sobre el nivel del mar. Tiene 42° 52',5 de latitud aus- 
tral, y 147° 27',5 de longitud al E. de Greenwich. 



250 
Segun obsei'vaciones termomelricas hechas a totlas las ho_ 
ras del dia y la noche de 1841 a 1848, la temperalura media 
amial de aquella eslacion es 53°,48 Farenbeit, 6 scan 11°,93 
ccDligrados. 

La declinacion de la agiija iinanlada era en noviembre 
de 1844, 9° 58' al E. del punlo N. Las variaciones diarias 
mcdias de esle elcraento son casi las mismas que en Toronto 
a igualdad de eslaciones; esto es, 11' a 12' en octubre, no- 
viembre y diciembre, 6 durante el vcrano de Ilobarlon, y 
solo 3' a 4' en mayo, junio y julio; pero suceden en seulido 
conlrario que en Toronto a unas mismas boras del dia. Asi es 
que en Hobarton se desvia lo mas al 0. la punla N. de la aguja 
i\ cosa de las 9 de la manana y al E. a la de las 2 de la lar- 
de. Estos desvios son algo mayores que aquellos, y de cosa 
de 6^' en noviembre al E., mientras no pasan de 5^' al 0. 

Todos los meses se ba observado en Hobarton la inclina- 
cion magnetica con unos mismos inslrumenlos y por iguales 
procedimientos de junio 1843 a diciembre 1848, resultando 
por tanto G8 determinaciones seguidas y enteramente compa- 
rables entre si. A aquella latitud es el estremo S. de la aguja 
imanlada el que se deprime debajo del borizonte. La inclina- 
cion correspondiente a la epoca media (marzo 1846) es 70' 34'. 
El decremento anual de la inclinacion, 0',067, liene, como en 
Toronto, oscilacion anua. Disminuye la inclinacion de abrila 
agosto 0',89, 6 durante el invierno austral, y aumenta de oc- 
tubre a febrero 0',85, 6 durante el verano. Asi, pues, en los 
meses de abril a agosto disminuyen la inclinacion boreal en 
Toronto y la inclinacion austral en Hobarton, y crecen de oc- 
tubre a febrero: en Toronto es la minima la inclinacion N. y 
en Hobarton la maxima la S. en los respectivos veranos de 
aquellos dos puntos, y casi una misma la variacion en ambos. 

En enero de 1846 se principio en Hobarton una serie re- 
gular y seguida de determinaciones mensuales de la compo- 
nenle borizontal de la fuerza magnetica, como las de Toronto, 
y se recibieron en Inglaterra los resultados basta diciem- 
bre 1848. Disculida la serie como la de Toronto, indica va- 



2S1 

riacion anual de igual caracter en cuaDto a eslaciones, y de 
identico valor casi. De octubre a febrero, o durante el verano 
de Hobarton, as 0,0017 mayor la fuerza horizontal que su va- 
lor medio, y de abril a agosto 0,0013 menor. 

Siendo mayor la inclinacion en Hobarton de octubre a fe- 
brero que de abril a agosto, si no variase la fuerza total, de- 
beria ser su componente horizontal menor de octubre a fe- 
brero que el valor medio cuando es mayor. Indican , pues, 
las observaciones, que en Hobarton la fuerza magnetica total 
esta sujeta tambien a variacion anua, y que de 

octubre a febrero ) j mayor ) ^^ ^^^^^ ^^^.^^ 
abril a agosto ) ( menor P 

En suma, lo mismo en Hobarton que en Toronto se acerca 
mas a la vertical la aguja imanlada , y es mayor la fuerza 
magnetica en el intervalo de octubre a febrero que de abril 
a agosto. 

'^'^Muy de desear es, dice Sabine, que se vea confirmado 
wplenamente este singular resultado, continuando las obser- 
))vaciones en ambos puntos por el tiempo suficiente al objeto, 
»y que tambien lo comprueben otras esperiencias parecidas 
»hechas en diversas partes de la tierra.''' 

Los hechos, tal cual cabe apreciarlos en el dia, indican 
la existencia de un influjo general en todo el globo, que tiene 
periodo anno, y parecen designar a la posicion de la lierra en 
su orbita como capaz de encaminar a la esplicacion de tal 
cambio periodico. La parte del aflo en que la fuerza magne- 
tica es la mayor y la direccion de la aguja imantada la mas 
cercana a la vertical en ambos hemisferios, de octubre a fe- 
brero, corresponde a la epoca de estar la tierra lo menos 
distante del sol, y de moverse con mas rapidez en su orbita. 
Recientes trabajos de Mr. Dove manifiestan que en esta mis- 
ma epoca, por causas meleorologicas provenientcs de la des- 
igual distribucion de agua y tierra en ambos hemisferios, 
es mas bajo el conjunto de las temperaturas terrestres que en 
el periodo opuesto del aflo. 

La estacion de Toronto se escojio por estar inmcdiata a 
uuo de los dos puntos del bemisferio boreal que son centros 
de los rizos 6 arillos {loops) de las lemniscatas isodiuami- 



252 
cas. Son los piintos de mayor intensidad magnetica en dos 
sistemas que se dislingiien por la- dilerencia del grade de la 
variacion secular a que en cada uno de ellos parecen estar 
sujelos los fenomenos. 

El punto principal de los dos, Uamados impropiamente por 
algunos polos mafjnelicos, esta situado ahora en los terrilorios 
brilanicos de la America del N. El Capilan Le-Froy delermino 
aproximadamenle su posicion geogralica al tiempo del reco- 
nocimiento magnelico que de aquellos territories verilico en 
18i2 y 1843. Tiene unos 270° de longitud geogralica al E. 
de Greenwich aquel punto, de maxima intensidad magnetica 
entonces. La del segundo punto se determino algunos aiios an- 
tes (en 1828 y 1829) cuando la espedicion magnetica a Sibe- 
ria de MM. Hansleex, Erman y Due, y es de unos lir,27' al 
E. Resulta pues 159° la diferencia de longitud aproximada 
entre ambos puntos centrales de intensidad magnetica en el 
bemisferio boreal, hacia el estrecho de Behring y los conli- 
nentes contiguos. Va menguando esta diferencia por efeclo de 
la variacion secular, y la epoca en que los dos centres estaban 
a 180° de longitud uno de otro debio ser probablemente a fines 
del siglo pasado. Segun la discusion de las observaciones de 
inclinacion magnetica en el N. de los EstadosUnidos, que ve- 
rifico el profesor Loomis y salio a luz en el diario de Silliman, 
habia venido disminuyendo dicha inclinacion alii, pero em- 
pezo a crecer por aquella misma epoca. 

*'El cambio de posicion geografica de estos dos puntos de 
"maxima intensidad magnetica en el bemisferio boreal, dice 
»Sabine, sucede de 0. a E. desde los liempos mas remolos, en 
»que de los fenomenos observados se puedan sacar deduccio- 
»nes por el estilo, proviniendo por una parte la disminucion, 
))de la distancia meridional entre ellos, y por otra el au- 
wmento, del movimiento de traslacion mas rapido del menor 
wmaximo. Se ha desperlado la conjetura de que pudiera de- 
))jar de ser progresivo en direccion oriental el movimiento 
«del principal maximo, cuando ambos centres 6 maximos dis- 
"tasen 180° de longitud, y que pudiera ser luego retrograde. 
»E1 obscrvatorio de Toronto esta bien situado al parecer para 
wdecidir esta cuestion. Si pasada dicha epoca continua sien- 



253 

»(lo la misma que antes la progresion del cambio secular de 
»los dos sistemas, es de esperar que en definiliva esperimen- 
»taria decremento anual en Toronto la fuerza magnetica, por- 
»que la disminuiria mas el alejamienlo del gran maxlmo inme- 
»diato, qne lo que la creceria la aprbxiraacion del pequefio, 
»nuicho mas distante. Si fuese retrograde el movimiento del 
wprincipal maximo, deberia presumirse que esperimentase 
))Considcrable auraenlo anual la fuerza en Toronto. Segun las 
»observaciones que llevo disculidas, es grande la probabilidad 
))de corto decremento anual de fuerza en la epoca presente. Y 
»como solo falta tiempo para que la probabilidad se con- 
»vierta en certidumbre, es muy de apetecer que se prosi- 
»gan haciendo observaciones mensuales de la fuerza hori- 
wzontal y dela inclinacion magnetica en Toronto, hasta que- 
))dar enteramenle determinadas la direccion y el valor apro- 
Mximado de la variacion secular de la fuerza total." 



Hiii^S^aS^ 



254 

V4RIED,\DE$. 



La Real Academia de Clencias de Madrid , en la sesion celehrada el 
22 de marM de 1853, otjo con el mayor sentimienlo la siguienle nota, 
leida por su Sccrctario perpetuo. 

'*En la sesion de la Academia de Cicncias dc Paris dc li del cor- 
riente marzo de 1853, lejo el secretario perpetuo Mr. Arago una carta 
de Mr. Alejandro de Humboldt, participandole la triste noticia del falle- 
cimicnlo del cdlebre geologo Leopoldo dc Eucb, ocurrido en Berlin el 4 
del mismo mes. 

"Era Each uno de los primitives academicos correspondientcs de 
nuestra Academia*, y tanto por este motivo, como por haber side uno de 
los sabios mas famosos de Europa, creemos que nos disimulara la Aca 
demia molestemos su atencion, ley^ndola el parrafo de la carta de Hum- 
boldt a Arago. 

"Dice asi: 

»Mi querido y escelente amigo: tengo que participarte una noticia 
tristisima. Hoy 4 de marzo hemos perdido a Leopoldo de Buch; ba espi- 
rado bace poco de resultas de una calentura lifoidea. No se presenlo gra- 
ve la enfermedad hasta Ireinta y seis boras antes. Kada anunciaba una 
pdrdida tan pronta como lamentable. Pocos cjemplos babra como el suyo, 
de una decision tan firrae, tan activa, tan fccuuda bacia las ciencias, cu- 
yos li'mites ba ensancbado. La reforma de la gcologia, los acertados cam- 
bios csperimentados por esta ciencia, son en gran parte obra suya. Reu- 
nia ademas un alma noble y bermosa^ era fogoso, como lo son todos los 
hombres que dejan Iras si r astro luminoso en las ciencias ? era bueno, 
aunque con visos de anstero a veces. Gay-Lussac y tii le conocisteis con 
toda la individualidad de su fisonomi'a moral. Asi es que Bucb era, despues 
de mi, la persona que mas te estimaba de corazon y alma.'^ 

—Mr. Quetelet ba llamado la atencion de la Real Academia de B^lgi- 
ca bacia dos sencillisimas relaciones, que entrelazan los tiempos de las re- 
voluciones y las distancias de los satelites de Jupiter y Saturno; se las 
ha indicado el Baron Behr, y son las siguienlcs. 

1." La duracion de la revolucion del sdptimo sat(51ite de Salurno, 
Hyperion, es quintupla de la del quinto, Rhea; y la revolucion del octa- 
vo satelite, Japhet, es tambien quintupla de la del seslo, Titano. 

2." La duracion de la revolucion del cuarto satdlite de Jupiter es 
igual a dos veces el tiempo de la revolucion del tercero, mas los cuatro 



255 

tercios de la tlifcrencia do las duraciones de revolucion del segundo y del 
primero. 

En'el tercer volumen de la obra dc Humboldt intitulada Cosmos, pa- 
pina 501 de la traduccion franeesa, se consigna el heclio singular, anun- 
ciado per J. Ilerscliol, dc qiic la diiracion de la revolucion del tercer sa- 
tdlite de Saturno, Tetis, cs doble de la del priraero, Mimas; y la del 
cuarto, Diane, doble dc la del segundo, Encelades. Tiempo hace se sabe 
que la duracion dejla revolucion del primer satelite de Jupiter es casi la 
initad de la del segundo, y la ue este igual a la mitad de la del tercero. 

— El cometa descubierto en 24 de juIio de 1 8 52 por el Doctor Westpbal 
de Gotinga lia dejado de ser visible. La ultima observacion se hizo el 3 
de diciembre por el P. Secchi en Boma, y segun todas las probabilidades 
debe creerse que es periodico. El doctor Sontang que La calculado sus 
elementos eh'pticos le asigna una revolucion de 60 afios y 8 decimos. 
Segun Mr. Martb, del Observatorio de KoBnigsberg. el tiempo que emplea 
en verificar su revolucion es 58 auos y 35 centSsimos. Su cola la vio Mr. 
Relsbuber el 26 de agosto en forma muy pronunciada de abanico. En 1 1 
de octubre Mr. Fearnley vio salir de su niicleo un corto rayo luminoso 
de un minuto de estension y que se dirigia hacia la cola. Mr. Hind afirma 
haber visto aquella misma noclie esta particularidad, semejante a la ob- 
servada por Kleper en el gran cometa de 1618 y por sir Jobn Herscbel 
en el cometa de Halley. en aquel memento podia verse el cometa de 
Westphal con la simple vista. 

— Los trabajos sobre la composicion quimica de las escorias proceden- 
tes de las diversas operacioncs metaliirgicas verificadas en Inglaterra y 
el continente, prometen dar de si muclios resullados importantes y utilisi- 
mos, bien para mejorar los mdtodos de beneficio de los metales, liien para 
pafentizar los misteriosos modes de formarse los cristales en la naturale- 
za. Mr. Leonard, celebre profesor de mineralogia y de geologia en Hei- 
delberg, se ocupa nuevamente en la actualidad de esta clase de trabajos en 
gran escala. Los que conocen el celo y ardor infatigable de qui'mico tan 
eminente, lienen la certidumbre de que llevara a buen fin su vasta em- 
presa. Mr. Leonard ha dirigido a todos los propietarios de minas y de 
altos bornos en Europa una circular, invitandoles a que le euvien una 
muestra de todas las escorias que saquen; nos apresuramos a participar 
su deseo a nuestros lectores, teniendo suma satisfaccion en auxiliar por el 
linico medio que esta a nuestro alcance, unos estudios de tanto interes. 

—La Sociedad ducal Sablonowsky de Leipzig anuncia para el afio de 
1855 el siguiente asunto de premio. 

Sabido es que de la observacion de los eclipses del primer satdlite Ju- 
piter, dedujo Delambre que el tiempo empleadn por la luz en recorrer la 
mitad del eje mayor de la orbita dc la tierra era de 8°" 1 3',2, y que la 



256 

constante do la aberraciou que resullaba era do 20",25. Buscli ha dedu- 
cido casi los mismos valorcs para cslas dos cantidadcs, per medio de las 
distancias zcnitales de las cslrellas observadas per Bradley; y Mr. Fizeau 
empleando medidas terrestres, ha hallado para la rclocidad de la luz un 
niimero que concucrda con muy corta diferencia con el do Dclambre. Por 
olra parte, Mr. Slriivo, fundandose en observaciones hechas en Pulkowa 
con el instruraento de pasos, ha creido que debia adoptar para la velocidad 
de la luz 8°'17%8, y para la constante de la abcrracion 20",4'i51, valor 
que apcnas difiere del que Lindeneau habia detcrminado antes por la cul- 
minacion de las cslrellas polares, a saber-. 20 ',4486. Mr. Struve solo ha 

hallado como error probable de su constante — de segundo de arco, y 

per cousecuencia, el error probable en la velocidad de la luz es 0' 2 7 de 
tiempo, lo cual equivale a la 17.' parte de la diferencia entre su determi- 
nacion y la de Delambre. Finalmente, Mr. W. Richardson ha dado una 
cantidad mayor aun que la de Slruve, y es 8°'19",28. Vistas estas dife- 
rcncias en la determinacion de un elemento de tanta importancia para la as- 
tronomia, es de desear, segun lo ha advertido ya Mr. Encke (Humboldt, 
Cosmos., Ill, 91) que so empleen otra vez para una nucva determinacion 
las observaciones de los eclipses del primer satelite de Jupiter, valiendo- 
se de los telescopios mas perfectos que hoy se conocen. La Sociedad pro- 
pone, pues, este estudio como tema de un premio que adjudicara al autor 
del trabajo que, bien por observaciones nuevas, bien por la discusion de 
las hechas en el siglo ultimo con los eclipses del primer satelite de Jupiter, 
determine la velocidad de la luz del sol para llegar a la tierra, con tal pre- 
cision que el error probable no pase de un segundo de tiempo. Las memo- 
rias se podran escribir en alemau, latin 6 franc(5s, con un lema y pliego 
ccrrado que contenga el nombre del autor, dirigi^ndolas hasta el I." de 
noviemhre de 1855 al Secretario de la Sociedad (para 1853, Mr. W. Dro- 
bisch). El premio coasistira en una medalla del valor de 48 ducados 
(2.200 rs.) 

De varias comunicaciones leidas en la sesion que la Acadcmia de 

Ciencias de B^lgica celebro el 4 de diciembre ultimo, resulta que el aiio 
de 1852 ha presentado, como otros, la falta de aparicion estraordinaria de 
cslrellas fugaces el 1 de noviembre. En el Observatorio de Bruselas no 
sc nolo con efecto nada de particular. 



Qj^«0^ 



N.° 5. - REVISTA DE CIENCIAS. - Mayo 18IJ3. 



CIENCIAS FISICAS. 



QUllIlCi^. 



Informe sobre las andlisis de las agtias del Almendares y de 
Vento, presentado al Excmo. Sr. D. Valentin Canedo, Gober- 
nador y Capitan general de la Isla de Cuba,por 1). Jose Luis 
Casaseca, academico corresponsal de las Reales Academias de 
Ciencias de Madrid y de Munich, director del Instituto de in- 
vestigaciones quimicas de la Ilabana, etc., secretario de S. M. 
con ejercicio de decretos, comendador de la Real Orden Ame- 
ricana de Isabel la Catolica, y caballero de la Real y distin- 
guida Orden espaflola de Carlos III. 



E 



ixcMO. Senor: La analisis quimica de las aguas potables de 
mananliales y de rios, igualmente que de las minerales 6 me- 
dicinales, ha sido siempre objeto de cuidadosa atencion para 
todos los Gobiernos celosos por el bieu de sus administrados; 
y mal pudiera dejar de suceder lo propio en esla isla , donde 
la autoridad superior, fiel interprete de las beneficas miras 
de la Reina nuestra Senora por el bienestar y la prosperidad 
del pais, acoje bajo su ilustrada proleccion, y fomenta cuanto 
puede ser conducente a tan apetecido fin. 

Natural es que interese a la sociedad eniera el conoci- 
miento de los componentes de las aguas, pueslo que por una 
parte es el agua indispensable para la existencia del hombre, 
y se enlaza por lo tanto diiectamente con la salubridad pii- 
blica la analisis quimica de este liquido, haciendonos saber 
con certeza si son saludables 6 perjudiciales por su composi- 

TOMO III. 1 7 



258 
cion las aguas examinadas; y por olra, no son eslas menos 
indispensables en la induslria, y de su composicion depende 
en gran manera el bueno 6 mal exito do algunas arles quirai- 
cas, corao los lintes, v. gr.; siendo tambien muy necesaria la 
analisis de las aguas raineraies 6 raedicinales, para que vayan 
bien fundadas las prescripciones de los medicos en la curacion 
de los males que aflijen a la humanidad. 

Siendo el agua polable un objeto de consumo indispensa- 
ble para toda poblacion, el Excmo. Sr. Condc de Alcoy, du- 
rante su adminislracion como Gobernador y Capilan general 
de esta isla, no pudo ver con indiferencia el lurbio y color 
ocroso con que Uegan las aguas del acueduclo de Fernan- 
do YII a esta capital en liempo de lluvias; es decir, durante 
mas de seis meses del ano, haciendolas en estremo repug- 
nantes como bebida, e inutiles para los uses domesticos. Trato, 
pues, S. E. de corregir este defecto de los filtros actuales, 
que no corresponden a las miras que se luvieron al eslable- 
cerlos, y nombro una comision, a la cual me cupo la honra 
de pertenecer, para que le propusiera el remedio mas ade- 
cuado. 

Crey6 la comision que seria lo mas ventajoso abandonar 
los filtros existentes, por inutiles, y traer a la ciudad el agua 
de los manantiales de Yento, la cual a mas de su diafanidad 
cristalina y constante aun en tiempo de grandes aguaceros, 
daba indicios de ser mejor en su composicion. 

El Excmo. Sr. D. Jose de la Concha, antecesor de V. E., 
que sucedio en el mando al senor Conde de Alcoy, abraz6 la 
propuesta de la primera comision, y nombro otra I'acultaliva 
para que estudiase la posibilidad del proyecto de conduccion 
de las aguas do Vento a la Habana, prescribiendole por el ar- 
ticulo 6." de su reglamento que hubiera de valerse precisa- 
mente del director del Institulo de investigaciones quimicas 
para las analisis comparativas de ambas aguas. 

Llego, pues, el dia de informar a V. E. del cumplimiento 
de este honroso encargo; y como se trata de una cuestion que 
interesa a todo el vecindario de la Habana, me permilira 
Y. E. que para mayor esclarecimiento en la materia, y como 
por via de introduccion a mi trabajo, entre ante todo en al- 



259 
gunas esplicaciones relalivas a las aguas potables y a la cau- 
sa de las materias estraiias que contienen, proponiendome 
luego esponer minuciosamenle todas las operaciones que he 
practicado, para que el convencimiento dc la exaclilud de 
este examen analilico pueda alcanzar en cierto modo aun a 
los que no son enlendidos en la ciencia. 

INTRODUCCION. 

Pura salio de las manos del Supremo Hacedor del mundo 
el agua, que tan necesaria es para la vida del hombre y de los 
animales. La que mantiene la salud no es nunca medicinal; y 
la diversidad de calidades que ofrece el agua en la superficie 
del globo que habitamos, depende de causas estranas a su 
propia naturaleza. El agua que se evapora de los rios y de 
los mares, que asciende a las altas regiones de la atmosfera, 
aparece luego en ella en estado vesicular constituyendo las 
nubes, y vuelve por fin a la tierra, que fertiliza, bajo forma 
de Uuvia: es agua casi pura, que no contiene en disolucion 
mas que un poco de aire, una cantidad sumaraenle pequeiia 
de carbonate de amoniaco y de nitrato de amoniaco en algu- 
nos casos, e igualmente algunos cuerpecillos flotantes en la 
atmosfera y susceptibles de disolverse (1). Esta agua casi com- 
pletamente pura, recojida con sumo esmero y limpieza en el 
memento de su caida, es la mejor agua posible para la salud, 
siempre que las azoteas donde cae primero esten completa- 
mente limpias, y que el algibe donde se recoje y se conserva 
lo este larabien, y no contenga materiales susceptibles de 



(l) Dicese que Mr. Barral ha encoutrado cloro, cal y magnesia en 
el agua de lluvia, cuyo origen seria debido a la suspension de particu- 
las de sales en la atmosfera, y a su disolucion al condensarse los vapo- 
res acuosos. Por mi parte, durante la redaccion de esta Memoria he te- 
nido ocasion dc comprobar en el agua de iluvia tropical la existeucia 
de las sustancias anunciadas por Mr. Barral; y soy de dictdmen que, bien 
que contenidas en cortisima cantidad en el agua de lluvia, sera dicha 
cantidad mucho menor todavia en lo interior de las tierras, en puntos 
distantes del mar, que cerca del litoral de esta isla. 



260 
contaminarla, pues a veces sucede que arrastrando cl agua 
malerias orgiinicas, y conteniendo mucho yeso las paredes 
de los algibes, esta sal caliza se descompone por la accion del 
calor nalural de la atmosfera y dc los elemenlos de la sus- 
tancia organica, dando lugar a la formacion de gas acido siil- 
fhidrico, que conuinica al agua un olor y un sabor de liuevos 
podridos paroridos a los de las agues dc San Diego, los cua- 
les, si se adopla el diclamen de Mr. Mialhe, proceden de la 
misma causa, y no de que aquellas aguas sean naluralmenle 
sulfurosas, conforme a la opinion comunmenle adrailida en 
esla isla. Cuando esto suceda sera lo mcjor purilicar el agua 
con carbon vegetal, echando en el algibe un saquito de este 
carbon. El agua de lluvia debe eslar bien ventilada, y por 
eso convienc que las lapas 6 puertecillas que tapan la boca 
de los algibes eslen horadadas de agujeros que dejcn libre 
paso al aire. El que se encuenlra disuello en el agua de llu- 
via 6 de los algibes la hace digesliva, raienlras que la desli- 
lada por alarabique, mucho mas pura que la de la lluvia con- 
siderada quiraicamenle, es indigesta por falla de aire. 

Si el agua pura bien cargada de aire es la mejor posible, 
la que mas se aproxime a ella, 6 tenga menos sales y materias 
estranas en disolucion, sera por lo mismo la mas saludable, 
bien proceda de rio 6 de manantial. Generalmenle son peores 
las de manantiales que las de rio, bien que mas crislalinas y 
mas frescas, porque contienen babilualmente mas sales en di- 
solucion, y parlicularmente mas carbonalo de cal disuelto por 
un esceso de acido carbonico, que conservan en razon de su 
baja temperatura, a no ser que hayan recorrido un gran tra- 
yecto antes de brotar el manantial, y que en tan dilatado 
curso, viniendo a ser someras y a adquirir la misma tem- 
peratura que las de rio, hayan abandonado gran parte de 
su gas acido carbonico y de su carbonalo de cal por falta de 
aquel disolvente. Esto mismo es lo que se observa con las 
aguas de Venlo, como se deraostrara en el cuerpo de este es- 
crilo. 

Entre las malerias estranas minerales contenidas en el 
agua, las mas pcrjudiciales son las sales calizas, y parlicular- 
mente el sulfate de cal oselenita (vulgarmente yeso); tambien 



2GI 

es malo que una agua este cargad;i de materia oiganica es- 
tracliva, la cual por su fermentacion puede dar lugar a la pu- 
trefaccion del liquido. Los rios ofrecen la ventaja de que, por 
un movimiento intestino que se opera en sus aguas, y por el 
desprendimiento del gas acido carbonico al conlacto del aire, se 
depuran en gran parte con la corriente de muchas de estas ma- 
terias estraiias, que el agua de lluvia pura y casi virgen di- 
solvio al penetrar por el terreno en las montafias donde se for- 
maron los manantiales, que reuniendose luego constiluyeron 
rios, a veces caudalosos, los cuales acaban comunmente por 
desembocar y perderse en los mares. 

De todo eslo se deduce que el agua de lluvia recojida con 
limpieza y esmero, y bien ventilada de modo que este satu- 
rada de aire, es la mejor que se couoce. 

Que el agua de manantial 6 de rio, para ser considerada 
de superior calidad y eminentemente potable, ba de satisfacer a 
las siguientes condiciones: 
1.* Ser bien diafana y trasparente. 
2.^ Carecer de todo olor. 

3.* Presentar una densidad 6 peso especitico que difiera 
poquisimo del correspondiente en iguales circunstancias al 
agua destilada. 

4.* Que cueza bien las legumbres, y no corte el jabon al 
disolverloen ella. 

5.' Que no contenga materias salinas, terreas ni de nin- 
guna otra especie en disolucion. 

Pero siendo muy raro que se reunan todas estas condicio- 
nes en una agua potable, bastara que a las tres primeras se 
agregue la circunstancia de contener pocas sales, por lo me- 
nos de las que pudieran perjudicar a la salud y alterar las 
funciones digestivas. 

Sentados estos principios, paso abora a detallar los proce- 
dimientos que he seguido en las analisis calitativa y cuantita- 
tiva de las aguas de Yento y del AIniendares, congratulando- 
me de que el resultado final de los esperimeutos, que be prac- 
ticado con el mayor esmero, sea favorable al proyecto de 
traer a esla capital las aguas de los manantiales de Yen to. 



262 



Andlisis calitatim de las uguas del Almendares y de las 
de Vento. 

Son diafanas e inodoras; no tienen sabor alguno bien mar- 
cado, pero si parecen las de Yenio algo mas gratas al paladar. 
Azulean a la larga muy ligeramenle el papel rojo de tornasol, 
bien que este esperimento se haga en un pomo esmerilado lle- 
no del agua y perfeclamenle lapado para evitar lodo contacto 
del aire. Esto prueba que ejercen una reaccion ligeramenle 
alcalina. Si se hacen hervir, se entnrbian, y se precipita de 
alias un polvo blanquecino que conliene carbonalos de cal y 
de magnesia, con indicios de hierro y desilice (1). En efecto, 
este poso desecado se disuelve con efervescencia en el acido 
clorhidrico diluido, dejando un cortisimo residuo de silica uni- 
da a un poco de oxido de bierro. El liquido, filtrado y mez- 
clado con clorhidrato de amoniaco, da indicios de sesqui-oxi- 
do de bierro cuando so sobresatura el acido con amoniaco 
caustico, pues se enturbia, y abandonado a si mismo deja un 
pequeuo sedimento algo amarillo-rojizo de dicbo oxido hidra- 
tado. Fillrado nuevamenle el liquido, se precipita la cal en 
estado de oxalato con el oxalate de amoniaco, y por una nueva 
nitracion se obliene otro diafano, que precipita fosfato moniaco- 
raagnesiano granujienlo y cristalizado, con el fosfato de so- 
sa an disolucion concenlrada y bien diafana. 

Recojiendo en una disolucion saturada de cloruro de calcio. 



(l) Estos carbonates dc cal y tie magnesia, unidos al hierro carbo- 
natado, son los que ocasionan el poso que a la larga forman las aguas 
del acueducto en las jarras y vasijas donde so conservan para el uso, Ue- 
gando a veces a incrustarse en ellas bajo cl aspccto de una concrecion 
ocrosa, que no se arranca completamente sine mediante cl acido muria- 
tico del comercio algo diluido en agua, que la disuelve con grande efer- 
vescencia y deja la vasija como nueva. 

Auadire, que en la Gaceta oficial del 1 8 de enero de este ano se ha 
publicado de orden del Excmo. Sr. Gobernador Capitan general, y con 
la aprobarion de la Inspercion dc esludios, el proccdimiento que he pro- 
puesto para descaiizav cl agua. 



2G3 
a la que se auade un ligero esceso de anioniaco caustico, el 
gas que se exhala durante el hervor de estas aguas, se forma 
un abundanle precipUado de carbonato de cal; de donde se 
deduce, que los carbonates de cal y de magnesia estandisuel- 
los por el gas acido carbonico, y se hallan eu eslado de bi- 
carbonalos, que ocasionan la alcalinidad en las aguas (jue nos 
ocupan. Estas precipitan de un modo notable con el nitrato de 
plala, y el precipitado en forma de copos blancos, que se vuel- 
ven morados al contacto de la luz del dia, es complelamente 
insoluble en el acido nitrico puro, lo que prueba que cxiste 
en ella cierta canlidad de cloruros. Tambien precipitan cqn el 
nitrato de barila, y el precipitado recojido con esmero es inso- 
luble en el acido nitrico y ofrece lodos los caracleres del sul- 
fate de esta base. El amoniaco caustico vertido directamente 
en estas aguas las enturbia, y produce al cabo de algunas bo- 
ras de descanso un precipitado de carbonato de cal unido i\ un 
pocode carbonato demagnesia(l). Si se evaporan basta seque- 



(l) Har^ observar, que los Sres. Henry padre 6 hijo, aulores del Ma- 
nual de andlisis qm'mica de las aguas minerales, medicinales y destinadas 
d la economia domestica, publicado en Paris en 1825, dicen en la pai^i- 
na 109, tratando del ensayo con los reactivos: Basla para averiguar la 
presencia de la magnesia echar en el agua amoniaco, que la precipila en 
forma de copos blancos. Esto es exacti'simo sieiupre que en el agua no Iia- 
ya mas que sales solubles de cal y de magnesia, porque el amoniaco pre- 
cipita la magnesia y no la cal de sus disoluciones; pero el principle seu- 
tado come regla general por dichos autores, deja de ser cierto cuando las 
sales calizas y magnesianas conteuidas en el agua potable constan prin- 
cipalraente de carbonates de cal y de magnesia disuellos en un esceso de 
acido carbonico, y que las aguas contienen adcmas yeso 6 sclenila, por- 
que en tal case, el carbonato de amoniaco que se produce actiia sobre el 
sulfalo de cal del agua, dando lugar a carbonato de cal que se precipila, 
y sulfate de amoniaco que queda en disolucion. Se posa tambien una corta 
cantidad del carbonato de magnesia por falta de su disolvenlc, que era el 
acido carbonico en esceso, considerado impropiamcnfe corao libre en el 
agua potable; pero la mayor parte de esle mismo carbonato y casi todo 
el carbonato de cal priiuilivo quedau en disolucion por efccto de un ho- 
cho singular, que creo babcr descubierto el primero con motivo del tra- 
bajo que nos ocupa, y dard lugar a una nota que lendrd la honra de di- 



204 
dad en suficiente cantidad para que dejen algunos gramos de 
residue, a cuyo efecto basta evaporar unos 15 litres del agua 
sometida al analisis, resulta un residue come lerreo, de coler 
bianco pardusco (1). Esle, dividido en dos partes, y sujetaca- 
da una a un tralainiento diverse, da lugar a las ebservaciones 
siguientcs, Una parte calciuada se ennegrece primere y exha- 
la un elor fetide ameniacal de eriua podrida, debide a la des- 
composicien per el fuego de la materia organica eslracliva que 



rijir a las Acadcmias de Madrid y de Paris, cuando haya estudiado mas 
detenidameuto cl fenomeno y sus cousecuencias. Udlo aqni: si se echa 
amoniaco caustico en un bicarbonato de cal en disolucion saturada y se 
neiitraliza el esceso de acido carbonico, parece que a falta de esle disolvente 
debiera precipitarse todo el carbonato de cal primitivo; mas no es asf: 
gran parte queda en disolucion a favor del carbonato de amoniaco for- 
mado, y la que se ha prccipitado se disuelve afiadidndole agua destilada; 
es decir, que se consigue por este medio un carbonato de cal ne'uiro por 
su composkiort, y soluble. Cou el bicarbonato de magnesia succde un fe- 
nomeno analogo, pero con esta diferencia: que el carbonato de magnesia 
ndutro soluble parece serlo menos que el carbonato de cal soluble. Ave- 
riguado este hecho en estremo curioso, sc esplica bien por qud en las 
aguas del Almendares y de Vento solo se precipita cl carbonato de cal 
forraado por la reaccion del carbonato de amoniaco producido sobre el sul- 
fato de cal del agua, y no cl carbonato do cal priraitivo, que se vuelve en 
cici'to modo soluble, y no sc precipita siuo en muy corta cantidad, por ser 
suficiente la proporcion de agua para mantenerlo en disolucion. 

(l) Un analisis exacta de aguas ofrece mas dificultad en la Habana 
que en Europa, en razon del clima, que obliga a lener todo abierlo pa- 
ra no sofocarsc de calor, y mas todavi'a en un laboratorio de quimica; la 
brisa, que introduce tanto polvo en las casas, levanta polvillo de carbon 
de las liornillas, que se mezcla indispensablemente al residuo de la eva- 
poracion, por mas que se evapore en capsulas cubierlas con papel de fil- 
tros, i imposibilita la determinacion cuantitativa exacta de este residuo; 
sicndo lo mejor en tales circunslancias determinar cada componente con 
exactitud, y la suma representara cl verdadero residuo primitivo. Cierto es 
que pudiera cvilarsc este inconveniente, debido al clima, calenlando con 
lamparas de espirifu de vino; pero sera un trabajo muy pcnoso y casi 
impracticable llevar a cabo por este medio varias evaporaciones de 30 
libras de asiua cada una, pnrlicnlarmenle cuando duran de cuatro ii cinco 
dias. 



265 

contiene en disolucion el aguaque bebemos del acueducto, 
y un resultado analogo produce el residuo obtenido por eva- 
poracion dc la de Vento; pero con la dil'erencia de ser mucho 
menor el ennegrecimiento y el olor amoniacal, por ser mas 
corta la cantidad de materia organica que encierra; lo que se 
comprende facilmente, porque la del rio procede en gran par- 
te de las personas y de los animales que en el se banan, asi 
como de las inmundicias que recoje en su curso. La otra par- 
te del residuo, tralada sin calcinarla y a un calor suave en ba- 
fio-maria con alcohol de 36° de Cartier, 6 sean 90 grados cen- 
tesimales en el alcohometro de Gay-Lussac, que es el mas 
exacto de todos los pesa-alcoholes conocidos (1), suministra 
una disolucion alcoholica que evaporada en bano de vapor 
hasla sequedad, y calcinado muy ligeramente luego el resi- 
duo que deja sobre una lampara de espiritu de vino con me- 
cha corta para destruir la materia organica disuella con el 
alcohol, proporciona una sal pardusca con el sabor franco de 
la sal marina, que disuelta en agua destilada produce un li- 
quido completamente diafano por fillracion.Este, tratadocon 
el fosfato de amoniaco 6 en su lugar con el clorhidrato de amo- 
niaco primero y luego con el fosfato de sosa, no da send al- 
guna de fosfato amoniaco magnesiano. Si parte de la disolucion 
salina procedente del residuo de la evaporacion alcoholica, se 
hace hervir con suficiente cantidad de carbonato de potasa 
puro, y en disolucion concentrada y bien trasparente, no se 
forma tampoco precipitado alguno de carbonato de magnesia; 
de donde se deduce con cerleza que estas aguas no conlienen clo- 
ruro de magnesio, a pesar de la aseveracion de D. Jose Estevez, 
que llego hasta delerminar cuantitativamente un cuerpo que 
no existe en el agua del Almendares, ni tampoco en la de 
Vento (2). 



(1) Aconsejar(5, que siempre que se necesile un pesa-alcoholes se use 
con preferencia el alcohomelro centesimal, que es el mas exacto en sus 
indicaciones, pucs los de Carlier que circulan comunmente en el comercio 
hacen cometer a veces errores de 6 y 7 grados por su mala graduacion. 

(2) En otro lugar pondrd en cotejo la analisis hecha por el Sr. de Es- 
Icvez con^la que nos ocupa ; aliora solaraente me propongn Uamar la atcn- 



266 

Y coino reconocido y separado el hierro cual ya se dijo, 
afladiendo priniero clorliidralo de amoniaco y luego araoniaco 
caustico, el liquido fillrado no produjo precipilado ni lurbio 
de ninguna clase con el sulfhidralo de amoniaco, se deduce 
claramente que no hay en las aguas metal otro alguno que el 
hierro. 

Resulta, pues, que cslas aguas no contienen otras malc- 
rias eslraiias mas que aire, dcido carbonico, carbonaios de cal 
y de magnesia, carhonaio y silicato de hierro, sulfalo de cal, 
cloruro de sodio y materia orgdnica estractiva. 

Pasemos ahora a la determinacion cuanlilaliva de eslos 
diversos componenles de las aguas del Almeudares y de 
Vento. 



cion de los que se dedican al estudio de la quimica sobre un hecho curioso^ 
que les probara cudnto hay que estudiar, cudnto hay que trabajar y con que 
escruputosidad y esmero deben practicarse las operaciones en un labora- 
torio, para conslituirse uno juez y fijar su opinion en una materia cientt- 
fica,' en una palabra, qn^ les hara palpable la equivocacion que padecen 
los que se creen quimicos, sin otro titulo a semejante consideracion que 
el de haber frccuentado las aulas, y asistido a lecciones, gcneralmente 
mucho mas teoricas que practicas. H^ aqui el hecho. Si no hay cloruro 
de magnesio, cual yo lo sostengo, ^como es que el agua del Alniendares, 
reducida a la centdsima parte de su volumen primitivo por el hervor, da 
seSales positivas, despues de filtrada, de contener magnesia, cuando tan 
prolongado hervor durante la evaporacion supone la ausencia total del gas 
acido carbonico escedente, y la precipitacion tambien total del carbonato 

de magnesia primitivo? Este hecho positive, que se comprueba redu- 

ciendo a 0,03 litres por evaporacion una cantidad de 3 litres de agua de 
la caueria, 6 igualmente de los manantiales de Vento, en apariencia con- 
tradictorio con la existencia del cloruro de magnesio en ambas aguas, lie- 
ne sin embargo una solucion muy simple y natural; consiste en que el 
carbonato de magnesia no es completamente insoluble, como lo creen mu- 
chos quimicos, sino que por el contrario es suficientemente soluble para 
que pueda demostrarse la presencia de la magnesia con el clorhidrato de 
amoniaco y el fosfato de sosa en agua destilada y hervida media hora con 
carbonato de magnesia, no obstante que dicho carbonato est^ bien lavado, 
y se use para este cspcrimento completamente puro. 



267 

ANALISIS CUANTITATIVA. 

Determinacion de la densidad de estas aguas. 

Lo primero que habia de delerrainarse en estas aguas era 
su densidad. Se Ueno al intento de agua destilada, hervida y 
enfriada sin el conlacto del aire un pomito esmerilado, bien 
limpio y seco, cuya lara se habia hecho con toda exactitud 
en la balanza de Deleuil (1), y peso el agua pura contenida 
en el porno, a la temperalura de 31° c., 30,490 gramos; se 
vacio entonces el agua deslilada, se sec6 nuevamente el po- 
rno, y se Ueno de agua de Almendares a la misma tempera- 
lura, pesando entonces 30,515 gramos. De este esperimento 
se deduce que la densidad del agua del rio Almendares com- 

parada con la del agua destilada es de 4^^ = 1,0008199 (2). 

Practicado igual esperimento en el agua de Yento, va- 
liendome del mismo pomo esmerilado, obtuve el mismo 
peso 30,515 gramos, y por consiguiente la misma densidad 
1,0008199. Ambas aguas son, pues, igualmente gruesas, 
aunque cargadas de distinta cantidad de sales. Este resultado, 
en apariencia contradictorio, puede esplicarse sin embargo 
facilmente, atendiendo a que el aumento de peso que debiera 
producir en la del Almendares la mayor cantidad de mate- 



(1) La balauza de analisis de Deleuil, habil artista constructor fran- 
ces, que obtuvo por sus instrumentos de fisica y quimica una medalla 
de primera clase en la esposicion piiblica de Londres , y luego la cruz de 
la Legion de honor en Francia, es tan sensible, que denola la centesima 
parte de un grano, 6 sea medio miU'gramo, estando cargado cada platillo 
con media libra francesa, 6 sean 250 gramos. 

(2) Debo bacer mencion dc un hecho curioso que se me ha presen- 
tado durante este trabajo, y es que el agua del Almendares , recojida di- 
rectamente en un pomo al salir de una Have de la caueria, pesa mas que 
cuando ha quedado espuesta algun tiempo al contacto del aire, y se llena 
luego con ella el mismo pomo. Esto consiste simplemente en que sale con 
una temperatura mas baja de 1 grado a 2 que la del ambieute , y entra 
por lo tanto mayor peso de agua en el mismo pomo, 6 sea bajo el mismo 
voliimen. 



268 
rias solidas disuellas, esta proximamenlo compensado con la 
disminucion dc peso que forzosamenle ocasionan en la misraa 
agua la mayor cantidad de gas acido carbonico y de aire 
existentes en ella que en la de Yento; y la corlisima diferen- 
cia que pueda haber proporcionalmenle a la cantidad de agua, 
no es sensible en la balanza. 

Cantidad de gas dcido carbonico litre (1). 

Determinada la densidad, procedi a la averiguacion de la 
cantidad de gas acido carbonico contenido en eslas aguas, y 
que se acostumbra calificar impropianiente de acido carboni- 
co libre, cuando realmente no lo esta, puesto que unido a los 
carbonates de cal y de magnesia, como en el caso presente, 
es el verdadero disolvente de estas sales, insolubles por si 
propias, con las cuales forma una verdadera combinacion, 
convirtiendolas en bicarbonatos, que son solubles. El melodo 
a que doy la preferencia, y que he adoplado detinitivamenle 
despues de varias tentativas, consiste en poner en un matraz 
de cristal a proposito para el caso 3 litros del agua que se 
examiua, hacerla hervir por termino de dos horas, y obligar 
al gas que se desprende con el hervor a que pase por una 
disolucion concentrada de cloruro de calcio, a la que se aua- 
de amoniaco liquido, por cuyo medio, combinandose todo el 
acido carbonico con el amoniaco , se precipita la cal en es- 
tado de carbonato de cal; cuya determinacion cuantitativa 
suministra con la mayor exactitud posible la cantidad de gas 



(l) No he 'tenido empeuo en determinar la cantidad de aire disuelto 
en cl agua, porque siendo tanto mas digestiva una agua cuanto mas aire 
contiene, de todos modos habra de construirso una area cubierta y bien 
ventilada, donde se recoja directamenle el agua de los manantialcs de 
Vento antes que pase a distribuirse por la caueria; y bajo de este su- 
puesto he considerado esa determinacion como iniitil. Esta area sera tanto 
mas conveniente , cuanto que pasara virgen el agua a los puntos de dis- 
tribucion sin baber sido contaminada con el conlacto de bombres iii de 
aniuiales, que sin esta pvecaucion pudieran auracntar la dosis natural de 
lualerja orgauica eslracliva contcuida eu ella. 



2G9 
acido carb6nico repulado libre en el agua (1). Este es el me- 
todo que aconsejan Lassaigne y Frcsenius, y es realraenle el 
mas exacto, porque no hay perdida ni error alguno en la de- 
lerminacion del gas acido carbonico; y no sucede asi reco- 
jiendo el gas acido y el aire del agua en un bano de mercurio 
6 hidrargiro-neumalico, absorviendo luego el gas acido con 
potasa caustica por la cal, 6 con sosa igualmenle caustica, y 
determinando por ultimo el voliimen del gas absorvido, res- 
tando el residuo del voliimen primitivo de arabos gases. He 
aqui los resullados obtenidos con las aguas del Almendares y 
de Vento. 

La primera suministro 0,505 gramos de carbonato de cal 
completamente seco, y el cual se hallaba bien purificado y 
exento de cloruro de calcio y de clorhidrato de amoniaco, a 
favor de los nuraerosos lavados que se le hicieron, hasta que 
los liltimos no precipitaban ya con el nitrato de plata, indicio 
intachable de la ausencia de todo cloruro. 

Los 0,505 gramos de carbonato de cal , adoptando los 
equivalentes del acido carbonico y de la cal que cila el ce- 
lebre Regnault en su ultima y segunda edicion de 1850, con- 
lienen 0,22220 gramos de acido carbonico. Si los 3 litres die- 
ron este resultado, 15 litres contienen 1,111 gramos de gas 
acido carbonico; y como segun el mismo Regnault a O'c. de 
temperatura y 0,76 metros de presion 1 litro de gas acido car- 
bonico pesa 1,977 gramos, la cantidad 1,111 gramos de gas 
contenida en los 15 litros de agua representara 0,562 litres, 
6 sean 56,2 centilitres de gas acido carbonico, cantidad que es- 
cede rauchisirao a la del agua del Sena. Procediendo del mismo 
modo con el agua de los manantiales de Yento, dejo sobre 3 
litros 0,395 gramos de carbonato de cal, procedente del gas 
acido carbonico desprendido con el hervor, 6 sea 1,975 gra- 
mos de carbonato de cal sobre 15 litros de agua, que contie- 



(l) Conviene en esfc caso, en virlud de lo espuesto anteriormente, 
liacer hcrvir el h'quido amoniacal, concluida la precipitacion , para des- 
prender el esceso de amoniaco, que por la accion del acido carb6nico del 
aire pudiera contribuir a que se perdiera con los lavados parte del carbo- 
nato de cal que se hiciera entonces soluble. 



270 

nen 0,3G gramos de ^cido carb6nico, equivalentes a 0,439 li- 
Iros, 6 sean 43,9 centilitros de cste gas acido a 0°c. de tem- 
peratuia y 0,76 melros de presion; es decir, que ofrece esla 

agua algo mas de y de rebaja en la cantidad de acido carbo- 

nico libre sobre la contenida en la del Almendares. 

Determinacion de la materia orgdnica estractiva. 

Parece a primera vista, que reconocido el peso del rcsiduo 
que deja el agua en su evaporacion hasla sequedad, calcinan- 
do este residue a una temperatura suficienle para destruir 
primero la materia organica que se manifiesta por el ennegre- 
cimiento del residue, y quemar completamente luego su car- 
bono, el nuevo peso de las sales deducido del primitive de- 
biera dar por resto el de la materia organica estractiva que 
se quiere averiguar; pero no es asi, porque los carbonates de 
cal y de magnesia padecen una perdida de acido carb6nico 
por un principle de descoraposicion a aquella temperatura, y 
la dilerencia entre el primero y segundo peso acusaria mayor 
cantidad de materia organica que la efectiva de toda la per- 
dida de gas acido carbonico que la recargaria. Puede rectifi- 
carse en cierlo modo este error, anadiendo despues de la cal- 
cinacion un poco de carbonate de amoniaco con algunas gotas 
de agua, y calentando para desprender el esceso de esla sal 
volatil; pero aqui estriba la diQcultad: si no se calienta bas- 
tantc, queda carbonate de amoniaco en la masa del residue, 
que aumenta su peso y disminuye otro tanlo el do la ma- 
teria organica; y si se calienta demasiado se descomponen 
nuevamente los carbonates regenerados, y aumenta por lo 
contrario el peso de esta materia. Despues de varies ensayos 
he adoptado el metodo de Fresenius , que no ofrece ninguno 
de estos inconvenientes. 

Se evapora el agua hasta sequedad con la anadidura de 
suficiente cantidad de carbonato de sosa, terminando la eva- 
poracion a un calor suave para no alterar la materia orga- 
nica, se trata el residue con agua destilada hirviendo, y se 
repite el Iratamiento. Se filtra el primer liquido por un fil- 



271 
tro bien lavado con agiia deslilada, y se vierle tambien so- 
bre el mismo fillro la materia solida con el liquido del se- 
gundo tralamiento, y se lava por fin con agiia caliente la 
maleiia insoluble que queda en el liltro, hasla que el li- 
quido no saiga ya alcalino; se reunen entonces las aguas del 
lavado a los liquidos filtrados, y se evapora primero a un fue- 
go moderado, concluyendo la evaporacion en un crisol de 
plalino al bafio-maria, para esponerio luego en una esUifa a 
una temperatura de 140" c. Cuando despues de un intervalo 
de una hora de esposicion a este calor no indica la balanza 
variacion alguna entre dos pesos consecutivos, es prueba de • 
que el residuo esta completanienle seco; y al hacer esla prue- 
ba conviene pesar el residuo eslando todavia caliente, para 
evitar la absorcion del vapor acuoso atmosferico por la sal 
marina 6 cloruro de sodio. Hecha perfeclamente la tara de 
este residuo final, se calcina al rojo por unos instantes en 
una eolipila vertical, cuidando de que no de vapores blancos, 
pues en lal caso se volatilizaria una parte de la sal comun. 
Concluida convenientemente la calcinacion, se pesa de nuevo, 
y la diferencia de peso constiluye exactaraente el de la mate- 
ria organica estractiva contenida en el agua examinada, por- 
que el residuo antes de calcinado no contenia mas que sulfa- 
to de sosa procedente de la descomposicion del yeso 6 seleni- 
ta del agua, carbonate de sosa, cloruro de sodio y materia 
organica, linico factor descomponible por el fuego en este 
compuesto, y que se disolvio en su lotaiidad en el agua des- 
tilada a favor del carbonato alcalino auadido. Operando de 
este modo y con el mayor esmero obtuve de 15 litros de agua 
del Almendares 0,185 gramos de materia organica estractiva, 
y de otros 15 litros de agua de los manantiales de Vento 0,075 
gramos. 

Determhiacion del yeso 6 sulfato de cal. 

El residuo de la calcinacion para delerminar cuantitaliva- 
mente la materia organica estractiva, contiene, como se ha di- 
cho, sulfato de sosa, cloruro de sodio, y el carbonato de sosa 
escedente que se anadio al agua. El sulfato de sosa contiene 
todo el acido sulfurieo del yeso correspondiente al agua pota- 



272 
ble examinada, porque en virlud de una doble descomposi- 
cion entre el carbonato de sosa y el sulfate de cal del agua, 
se formo carbonato do cal y sulfate de sosa. Tratando, pues, 
con agua destilada este residue, se disolvera todo el; liltran- 
do con precaucion el liquido resullante, acidulandolo luego 
fuertemente con iicido nilrico, y verliendo en el nilrato de ba- 
rita, se precipitara sulfate de barita, que bien lavado, sece 
y calcinade delerminara per su peso el del sulfate de cal, 
aleniendese a la composicion de ambas sales, y partiendo 
de los equivalentes que adepta Regnault come los mas exac- 
tes. He aqui los resuUados obtenidos. 

Agua lie la caneria sobre 15 litros 0,294 gramo de sulfate 
de barita, que centienen 0,101 gramo de acidesulfurico, que 
corresponden a 0,172 gramo de sulfate de cal 6 yeso, con- 
tenido primitivamente en el agua del Almendares, 

La de los manantiales de Yento en iguales circunstancias 
suministro 0,713 gramo de sulfate de barita, que contenian 
0,245 gramo de acide sulfuric©, y representaban 0,416 gra- 
mo de yeso primitive 6 sulfate de cal en dichasaguas. 

Determinacion del cloruro de sodio. 

El agua fiitrada procedente de la precipitacion del sulfa- 
te de barita centieue nitrate de barita, el cloruro de sodio 
primitive del agua potable, y ademas cierta cantidad de ni- 
trate acide de sosa, con rastros tal vez de acide carb6nice; 
afiadiendele ahora nitrate de plata, se precipitara todo el clo- 
ruro en estado de cloruro de plata. El peso de este cloruro 
bien lavado y secado sobre un Qltro a una lemperatura de 
110°c., dara per comparacion con olro llllro de igual peso 
heche anticipadamente, lavado con agua acidulada per aci- 
de nitrico, luego con mucha agua destilada, y per fin sece 
en la estufa a la par que el del cloruro de plata y a la mis- 
ma temperatura, una diferencia en peso que sera exacta- 
mente el del cloruro. Genocide este, la composicion por equi- 
valentes dara el peso del cloruro de sedie. Quince litres de 
agua del acueducto ban suministrado: cloruro de plata 1,802 
gramo, que contienen 0,445 gramo de cloro , y correspen- 



273 
den a 0,733 de cloruro de sodio. En iguales circunstancias 
el agua de Vento dio sobre 15 litros 2,4S5 gramos de cloruro 
de plata, que contienen 0,6068 de cloro, y corresponden 
a 1,000 gramo de cloruro de sodio. 

Determinacion del silicato y del carbonalo de liierro. 

El residue insoluble que quedo en el fillro cuando, des- 
pues de evaporar a sequedad el agua potable con la afiadidu- 
ra del carbonate de sosa para la determinacion de la materia 
organica, se trato con agua hirviendo el producto obtenido de 
la evaporacion, bien lavado con agua caliente (1) hasta que 
las aguas del lavado perdieron su alcalinidad, se seco perfec- 
tamente en una estufa a un calor de llO^c, se despego del 
filtro con el mayor esmero, se puso en un crisol de plalino, 
tarado (2) anticipadamente, y se calento luego algunos inslan- 
tes sobre una lampara de espiritu de vino, acortando la me- 
cha con el fin de obtener suficiente calor para una desecacion 
completa sin alterar los carbonates insolubles de cal y de mag- 
nesia, y se peso por ultimo este residue completamente dese- 
cado. Peso el de los 15 litros de agua del acueducto 3,605 
gramos. Se tomo de este residue 1,5 gramos para determinar 
el silicato y el carbonate de hierro. Se trat6 la materia con 
acido clorhidrico pure y diluido; hubo grande efervescencia 
de acido carb6nico, se disolvieron todos los carbonates, y que- 
d6 por residue insoluble el silicato de hierro con algunas par- 
ticulas de polvillo de carbon de las hornillas; cuando hubo ce- 
sado toda senal de efervescencia, y que esta no se reprodujo 
con la aiiadidura de nueva cantidad del acido diluido, se dila- 
te en nueva cantidad de agua, se dejo posar y se decanto el 
liquido, repitiendo los lavados y decantaciones hasta que el 
precipitado estuvo bien lavado, lo que se reconocioen los ul- 
timos liquidos decantados, que ya no precipilaron con el nilra- 



(l) Cuando se trata en un laboratorio de qui'mica de lavados 6 diso- 
luciones con agua, se entiende siempre agua pura 6 desti/ada, a no ser 
que se esprese otra cosa. 

(l) Este verbo no existe en nuestro idioma, pero permi'laserae espa- 
fiolizarlo para espresar debidamente la idea de bacer la (ara. 

TOMO III. 18 



2-4 
to (le plala. El rcsidiio solido puesto en iin crisol dc plaliiio y 
calcinado al rojo peso 0,020 gramos, lo que da sobre los 3,605 
de residuo primilivo 0,048 graraos (1). El liquido fillrado y 
el de los primeros lavados fueron convenientemente concen- 
Irados por evaporacion; se les afiadio entonces un poco de clor- 
hidrato de amoniaco, y se precipilo luego con amoniaco caus- 
tico, quo en cstc caso solo precipito el sesquioxido de hierro 
hidratado, porque es sabido que no precipita la cal de sus di- 
soluciones, y si bien precipita parte de la magnesia, deja de 
hacerlo cuando hay sales amoniacales en el liquido, con las 
cuales forma sales dobles solubles, como sucede con el clorhi- 
drato de amoniaco. El oxido de hierro, desecado primero 
al aire y luego en una estufa a 110°c., produjo 0,048 gramos 
de 6xido de hierro carbonatado, lo que da, sobre los 3,605 
gramos de residuo, la cantidad de 0,115 gramos. En iguales 
circunstancias y procediendo de un modo analogo, el aguade 
Vento dio sobre 15 litres: silicato de hierro, 0,080 gramos; 
oxido de hierro carbonatado, 0,080 gramos 

Determinacion de los carbonatos de cal y de magnesia. 

Esla determinacion es en estremo dificil, y el que quiera 
cerciorarse de ello no tiene mas que recorrer el escelenle tra- 
tado de analisis de Henry Rose, de Berlin, en la parte cuanti- 
laliva, con respecto a la separacion y determinacion de ambas 
bases. Por mi parte he dado la preferencia al metodo de los 
Sres. Phillips y Cooper, porque lo considero el mas exacto y 
neto en sus resultados de cuantos he ensayado, siempre que la 
cantidad de carbonate de cal esceda mucho a la de carbonate 
de magnesia; si bien no es el menos molesto y penoso por los 



(1) Antes do calcinarlo al i;ojo se deseco sobre una lampara de espi- 
rilu de vino, y peso 0,041 gramos', la diferencia despues de calcinado 
fu6, pues, de 0,021 gramos sobre 1,5 gramos de residuo primilivo inso- 
luble, diferencia que representa el polvillo de carbon que contenia, y se 
quemo durante la calcination al rojo. De aqui deduciremos, que si 1,5 gra- 
mos de residuo contenian 0,021 gramos de polvillo de carbon, la tolalidad 
del residuo 3,60 5 gramos debia contcncr 0,0 50 gramos, que babran de 
rebajarse de la perdida aparente que resulle en la analisis cuanlitaliva. 



27f) 
vapores blancos y densos de acido sulfiirioo que se exhalan al 
fin de la operacion, Se toman los dos carbonates bien secos y 
se trasforman en sulfates, poniendolos en un capsula de por- 
celana, y anadiendo poco a poco acido sulfurico diluido hasla 
que cese toda efervescencia, para lo cual conviene dejar la 
masa en maceracion veinticuatro horas cuando aquella dismi- 
nuye y se liace insensible, cuidando de emplear en toda la 
operacion la menor eantidad posible de acido. Al cabo de este 
liempo se echa todo ello en un crisol de platino, lavando la 
capsula con el liquido que sobrenada al poso 6 materia in- 
soluble. Se evapora a un calor suave hasta sequedad, y luego 
se calcina al rojo algunos iustantes en una eolipila vertical 
para arrojar fuera los liltimos restos de acido sulfurico. 
En lal estado se apaga la eolipila, se deja enfriar y se pe- 
sa, habiendo tarado antes el crisol vacio; de modo que el 
peso afladido ahora para restablecer el equilibrio en la ba- 
lanza es precisamente el de ambos sulfates semetidos al ana- 
lisis. En tal estado se llena el crisol de una disolucion satu- 
rada de sulfate de cal o yeso, que disuelve el sulfate de mag- 
nesia y deja intaclo el de cal; se prolonga el contacto per es- 
pacio de veinticuatro boras, a cuyo tiempo se decanta el li- 
quido y se renueva la disolucion de sulfate de cal, revelvien- 
de bien la masa con un tubito de cristal; se repiten asi cuatro 
o cinco voces las maceracienes, segun que el ensayo calita- 
tivo ha demostrado la existencia de menor 6 mayor eantidad 
de carbonate de magnesia en las aguas examinadas, cuidando 
de que el niimero de lavados sea siempre mayor que el que 
racionalmente pueda supenerse necesarie en vista de la ana- 
lisis calitativa; y por fin, se averigua si el ultimo lavado no 
arrastra ya magnesia, anadiendo al liquido filtrado clorhi- 
drato de amoniaco en disolucion concentrada, y un esceso de 
oxalate de amoniaco, que precipila la cal y no la magnesia. Al 
cabo de algunas horas de contacto y agilacien se filtra, yse 
vierte en el liquido claro una disolucion bien diafana de fos- 
fato de sosa, que no producira en el turbio alguno, si mucho 
menos un polve granujiento y cristaline de fosfato amoniaco- 
magnesiano, si la disolucion de sulfate de cal del lavado no 
contenia ya sulfate de magnesia. Entonces, para evitar el er- 



276 
ror quo resullaria y sefiala Henry Rose dftl aumento de peso 
ocasionado por un poco de la disolucion de sulfate de cal 
onipleada para el lavado, que siempre queda en el residue 
por mas que se decante con esmero, 6 de la cual, si se re - 
coje el sulfate solido sobre un fdtro, so cnipapa este, he dls- 
curride el melodo siguienle. Se loma un pedaze de amianto 
sedose, suficienle para forraar come un tapencile en la gar- 
ganta de un embude convenienle de crislal, se le meja en la 
diselucion saturada de sulfate de cal, y sc le deja escurrlr; 
cuando esta cemplctamente enjute se seca el embude en una 
estufa a unos 110°c. do temperatura; y estando ya bien seco 
el contenido, y cuidando de quitar cen una pluma el polvillo 
pegade a las paredes del embude, se separa tode ello del 
cristal y se eclia en el fonde de un crisel de platino cuya tara 
es conocida, y se calcina luege sobre una lampara de espi- 
ritu de vine hasla desprender les liltimes raslros de agua, en- 
rojeciendo el fende del crisel. Se pesa, y se aneta el aumento 
de peso que indica la balanza. Este represenla el peso del 
amiante, mas el del sulfate contenido en la disolucion de que 
estaba empapado. Heche esto se lava cen agua el amianto cal- 
cinado, se le coleca nuevamente en un embude muy limpie, 
se lava con la disolucion saturada de sulfate de cal, y se 
echa sobre el, despegandele con la misma disolucion, el re- 
sidue que quedo intacte en les lavados con este liquido: se 
vuelven al fillro de amiante los liquidos fillrados hasta que 
pasen cemplelamente diafanos, y se abandoua entences la fil- 
tracion a si sola, tapando la boca del embude con papel de 
fdlros. Al cabo de veinticuatre heras, cuando tode se ha es- 
currido y esta enjute el amianto, se seca el embude en una 
estufa a unes 110° c. de temperatura. Cuando ya esta bien 
seco el contenido se despega tode elle del cristal, y se vierle 
en un crisolite de platino, quitando con una pluma el polvi- 
llo pegade a las paredes del embudo. Del peso de la materia, 
calcinada hasta enrojecer fuerlemenle el fonde del crisel, se 
resta el del amianto empapado de sulfate y luege calcinado 
que se determine anticipadamente, come ya se ha dicho, y la 
diferencia da con toda cxacliliid el sulfate de cal efectivo 
correspondiente al carbonate primitive. La sustraccien de 



277 
esle peso del que corresponde a ambos sulfatos dan'i el del 
sulfate de magnesia, que representa a su turno el carbonato 
de magnesia primitivo. Las leyes de coraposicion de estos sul- 
fatos y carbonates respeclivos, y el calculo, suministraran el 
peso de los carbonates primitivos, objete de la investigacion. 
Operando con las precaucienes indicadas sobre el residue de 
la evaperacion de los 15 litros de agua del Almendares, asi 
come sobre el procedente de las de Yente, agotades de toda 
la materia erganica mediante el carbonate de sosa, igual- 
mente que de tode el cloruro de sodie y del sulfate de sosa, 
no conteniendo otra materia estrafia a los carbonates que el 
silicate y el carbonate de hierro, que habian de descontarse en 
el calculo, igualmente que el esceso de carbonato de cal debi- 
do a la trasformacion del yeso 6 selenila del agua potable en 
carbonato de cal y sulfate de sosa, a favor del carbonate de 
sosa anadido al agua antes de evaporarla, se ban obtenido los 
resultados siguientes (1). 

Agua del acueducto. — Sulfatos de cal y de magnesia sobre 
1,5 grames de residue, agotado de la materia erganica y de las 
sales que acabames de mencienar, 1,985 grames en brute, es 
decir con el silicate de hierro y el hierro carbenatade; perdi- 
da en los lavados con la disolucien saturada de sulfate de cal, 
6 sea la cantidad de sulfate de magnesia, 0,195 grames; resto 
6 diferencia que representa el sulfate de cal en brute 1,790 
grames. Descontando ahora 0,068 grames de silicate de hierro 
y de hierro carbenatade, quedara 1,722 grames de sulfate de 
cal efective, 6 scan 3,444 grames sobre 3 grames del residue 
primitivo, 1,148 grames sobre 1 gramo del mismo residue, y 
4,139 grames sobre 3,605 grames, que era la lotalidaddedi- 
cho residue. Deduciende actualmenle 0,172 grames del sul- 
fate primitivo de cal contenido en la misma agua, que trasfor- 
made primero en carbonate con el carbonate de sosa, se re- 
genero luege en sulfate durante el tratamiente con el acido 



(l) No se hace mencion del polvillo de carbon contenido en el resi- 
duo agotado de toda materia organica, porque se quema y desaparece en 
la calcination al rojo de los sulfatos oblcnidos, y por lo mismo no hay qirc 
tomarlo en cucnla, ni iniluye en los resultados del calculo. 



278 
sulfiirico, quedardn 3,967 gramos do sulfate de cal efeclivo, 
procedenle del carbonalo primilivo del agua potable. Los 
0,195 gramos de sulfato de magnesia sobre 1,1) gramos de re- 
siduo, dan 0,469 gramos sobre la lolalidad 3,605 gramos de 
dicho residuo. Los 3,967 gramos do sulfato de cal correspon- 
den a 2,917 gramos de carbonato primilivo y los 0,469 gra- 
mos de sulfato de magnesia a 0,321 gramos de carbonato.de 
la misma base. En iguales circunstancias las aguas de Vento 
dieron, sobre 15 litros, 2,830 gramos de carbonato en bruto, 
que contenian 1,920 gramos de carbonato de cal, 0,385 gra- 
mos de carbonato de magnesia, 0,080 gramos de silicato de 
hierro con mas silice y menos hierro que el del Almendares, 
0,080 gramos de hierro carbonatado, y 0,318 gramos de car- 
bonato de cal procedente de la descomposicion de la selenita 
con el carbonato de sosa. 

De todo lo espuesto se deduce el eslado siguiente: 
Resultado final de las analisis cuantitativas de las aguas. 
del acueducto de Fernando VII y de las de los ojos 6 manan- 
tialesde Yento. 

Sobre 15 litros a la temperatura de 31° c. 

Estado comparativo de la composicion de ambas aguas. 

ALMENDARES. VENTO. 



Carbonato de cal 2,917. . 

Carbonato de magnesia 0,321 . . 

Oxido de hierro carbonatado 0,116. . 

Silicato de hierro 0,048 . . 

Sulfato de cal 0,172.. 

Cloruro de sodio 0,733 . . 

Materia organica estracUva 0,185 . . 



Total 4,492, 



Gramos. 

1,920 
0,385 
0,080 
0,080 
0,416 
1,000 
0,075 



3,956 



La exactitud con que se ha procedido en estas analisis 
puede hacerse palpable sumando las cuairo primeras parlidas, 
y ahadicndo el carbonato de cal correspondientc al sulfato dc 



279 
la misma base, conlenido igualmente en el lesiduo insoluble 
primitivo, agotado de la sal comun y de toda la materia or- 
ganica. 

DEMOSTRACION. 



AGUA DEL ALMENDARES. 

Residuo primitivo insoluble, agotado de la sal comun y de toda la 
materia orgdnica. 

Contenia el carbonato de cal existente primitivamente en 
el agua, el carbonato de magnesia de la misma, el bierro car- 
bonatado y el silicato del mismo metal, y ademas el carbona- 
to de cal procedente de la descomposicion de la selenita del 
agua con el carbonato de sosa auadido antes de evaporarla, y 
por ultimo algun polvillo de carbon. 

Gramos. 

Pes6 en la balanza de Deleuil 3,605 

Sus componentes fueron: 

Carbonato de cal 2,917 

Carbonato de magnesia 0,321 

Hierro carbooatado 0,116 

Silicato de bierro 0,048 

Carbonato de cal procedente de la selenita 0,126 

Suma 3,528 

De 3,605 
Restando 3,528 

Diferencia 0,077, 6 sean 2,14 por 100. Y como 

dijimos en una nota al tratar de la determinacion cuantitativa 
del silicato de hierro, que los 3,605 gramos de residuo inso- 
luble contenian 0,050 gramos de polvillo de carbon, la dife- 
rencia efectiva se reduce a 0,027 gramos, es decir, menos 
del 1 por 100 de dicho residuo insoluble; y dudo pueda ope- 
rarse con mas exactitud en la analisis de una agua potable. 



280 



AGLA DE VENTO. 

Gramo?. 

Residue insoluble primitivo 2,830 

Carbonato de cal primitivo. 1,920 

Idem de magnesia 0,385 

Hierro carbonatado 0,080 

Silicato de hierro , 0,080 

Carbonato procedenle de la selenita 0,318 

Suma 2,783 

De 2,830 
Restando 2,783 

Diferencia 0,047, 6 sea menos del 2 por 100 de 
perdida. ^— ^—i 

Como igual raciocinio se aplica a este residuo que al del 
agua del Almendares, resulta que en ambos cases la perdida 
en la analisis del residuo insoluble no llega al 1 por 100. 

Antes que pasemos a deducir las observaciones a que na- 
turalmenle dan margen estas dos analisis comparativas, per- 
mitaseme que refiera la linica que existia de la del Almenda- 
res, hecha por un sugeto que gozaba de gran prestigio y repu- 
tacion como quimico en el pais, con el fin de que toda perso- 
na imparcial pueda convencerse de que era urgente la nece- 
sidad de un nuevo trabajo analilico; porque el del Sr. D. Jose 
de Estevez esta tachado de nulidad, bien que me seadoloroso 
asegurarlo, pues apreciaba a dicho Senor por su ilustracion y 
recomendables circunstancias. 

Para que la analisis hecha ahora sea comparable con la 
del Sr. Estevez, es preciso darla otra forma, porque la mia 
esta por gramos y la suya por grams; en la presente se ha 
operado sobre 15 litres, y en aquella sobre 2 libras de 
agua. 

Se averiguo esperimentalmente, con una unidad exacta de 
medida, cuyo centenido pudo pesarse en la balanza de De- 
leuil, que 1 litre de agua del Almendares bien medido pesa 



f 



281 
989,67 gramos (1) a la temperatura de 31° c; de donde se de- 
duce que los IS lilros empleados pesaban 14 quilogramos 
con 845 gramos; y como ua quilogramo pesa 2,1^341 libras 
espanolas, los 15 lilros represenlan 32,264 libras. Si ahora 
tenemos presente que 1 gramo=20,031 granos espanoles, de- 
duciremos la siguiente serie: 



Sobre 15 lilros, 6 
scan 32,264 li- 
bras espanolas. . 



Gramos. 


Granos. 


Granos. 


/2,917 


58,428 


1.81 \ 


0,321 


6,429 


0,20 


i 0,116 


2,323 


0,072/ 


1 0,048 


0,991 


0,031 ( 


10,172 


3,445 


0.11 ( 


f 0,733 


14,681 


0.45 \ 


0,185 


4,005 


0,124 


1,111 


22,254 


0,69 / 



Sobre una sola libra 
de agua. 



Poniendo ahora las suslancias y su peso en granos por el 
orden y del modo que lo espresa el Sr. de Eslevez en su in- 
forme oflcial, obtendremos el siguienle 

Estado comparativo de las andlisis del agua del Almendares, 
ejecutadas en 1828 jjor D. Jose de Eslevez, y en 1852 por 
D. Jose Luis Casaseca. 

Composicion que resulta de ambas analisis sobre una libra de agua. 



Sustancias contenidas en el a"ua. 



EsTEVEz. Casaseca. 



Granos. 

De yeso 2 

De carbonato de cal 1 

De hidrocloralo de magnesia 2 

De sal marina » 

De acido carbonico 3 

De carbonato de magnesia i 



Granos. 

0,11 
1,81 
0,00 
0,45 
0,69 
0,20 



(1) En iguales circunstancias, 1 lilro de agua dcstilada, hcrvida y 
onfriada sin el contacto del aire, peso 988,35 gramos. 



282 

Suslaacias exislcnles cu el agaa, dc las cuales uo liace mcuciou alguna d 
ScDor himi. 



Hierro carbonalado 0,072 

Silicate de hierro 0,031 

Materia organica estracliva 0,124 

Basta comparar ambos resultados, para convencerse de la 
nulidad de la analisis ejecutada por el Sr. D. Jose Estevez, 
porque mientras dicho Seuor encuentra 2 granos 6 sean 200 
cenlesimos de grano de yeso 6 sulfate de cal en una libra 
de agua del Almendares, yo encuentro 11 centesimos; es 
decir, que la relacion cuantitativa enlre ambas analisis res- 
pecto al yeso es de 18 : 1; la del earbonato de cal es por locon- 
trario de 1 : 1,81; la del cloruro de magnesio es de ^ grano : 0, 
porque realmente no existe semejante sal en esta agua; la 
del acido carbonico de 1 : 2, sin contar con que pasaron desa- 
percibidas por el Sr. de Estevez tres sustancias, a saber: el 
Inerro carbonalado, el silicato de hierro y la materia organica es- 
tracliva, siendo la determinacion de esta ultima de suma im- 
portancia, porque de ella depende la putrefaccion que espe- 
rimenta el agua potable con el calor de la atmosfera cuando 
esta encerrada mucho tiempo. 

Diferencias tan enormes requieren de mi parte una esplica- 
cion de la causa de los errores cometidos, para que se con- 
venza toda persona sensata e imparcial de que no pretendo 
se me crea simplemente bajo mi palabra, y de que no es mi 
animo tampoco bacer una crilica amarga de los conocimien- 
los del Sr. de Estevez, a quien apreciaba, sino esponer lisa y 
llanamente la verdad. 

De numerosas analisis de las aguas que Uegan a Paris de 
sus cercanias, resulta que la cantidad total de materias soli- 
das que constituyen el residue de la evaporacion varia de 1 
sobre 6.000 partes de agua a 1 sobre 600; las del Almen- 
dares vienen a suministrar 1 parte sobre 3.300 de agua. 
Canlidades tan minimas do materias cstranas solidas re- 



283 
quieren una masa algo notable de agua para su exacta de- 
lerminacion cuantitativa , porque de lo contrario , los erro- 
res cometidos con pequeuas porciones de agua, en el peso de 
tan corlos residuos de las operaclones se multiplican luego de 
un modo portentoso sobre grandes masas. Cualquiera com- 
prendera ahora que el primer vicio del trabajo del Senor de 
Estevez consisle en estar hecho sobre 2 libras de agua, 
mienlras que el presente precede de la evaporacion de mas 
de 32 libras. Hecha con toda exaclitud la analisis sobre 32,264 
libras espauolas, 6 sean 15 lilros, la que se deduce luego por 
simple regla de proporcion sobre 1 libra lo sera tambien por- 
que el calculo es matemalico, pero no lo seria el esperimento 
directo sobre 2 libras de agua potable, ni el calculo consiguien- 
te luego sobre 1 sola. En segundo lugar , aunque sea duro 
decirlo, forzoso es confesar que el Sr. de Estevez no oper6 
bien. 

Oigamos lo que dice en el siguienle parrafo del informe 
oficial que en 14 de enero de 1828 dirijio al Excmo. Sr. Con- 
de de Yillanueva, Superintendente general delegado de Real 
Hacienda en esta isla. 

**Despues que se supo lo que pesaba el residuo que deja- 
wron las 2 libras de agua evaporada hasla sequedad, se echo 
wsobre el, con el fin de separar las sales hidrocloricas de las 
»demas, 1 onza de alcohol de 20 grados, el cual 'se saco al 
»cabo de veinte y cualro horas, teniendo cuidado de no dejar 
Msalir nada de lo que no estaba disuelto; y se repitio la misma 
Moperacion hasla tercera vez. 

"Juntas las tres porciones de aquel liquido, se evaporaron 
»hasta sequedad, se mezclo el residuo despues de saber su 
»peso con 1 dracma de alcohol de 36 grados, que se separo a 
))las veinticuatro horas; y se volvio a hacer lo mismo otras 
»dos veces. Encontrose en este alcohol solo el hidroclorato de 
^imagnesia, etc." 

He subrayado de intento el final del parrafo, porque en el 
estriba la causa del error cometido. El Sr. D. Jose de Estevez 
empleo alcohol de 20 grados para disolver los cloruros, eva- 
por6 hasta sequedad, y creyo buenamente que tratando el re- 
sidue de esta segunda evaporacion con alcohol de 36 grados lo 



284 
que se disolviera habia de ser forzosa y unicamentc clorur^ 
de raagnesio, y era smplemente sal comtm, 6 cloruro de sodio. 
;,Que quimico ignoraba en el ano de 1828 que el espiritu de 
vino de 36 grades disuehw positivamente los cloruros de sodio, 
de calcio, de estroncio, asi como el de magnesio? Luego el Se- 
fior de Eslevez, siendo quimico y discipulo de Prousl, debid, 
cuando menos, incurrir en un error de abslraccion. 

Lo que no se esplica tampoco facilmenle, es por que hizo 
tres tratamientos con el alcohol de 20 grades, y no cuatro 6 
cinco; por que dos solamente con el alcohol de 36 grades, y no 
tres 6 cuatro. En una palabra, la analisisquimica, sin termino 
tijo prescrito por la misma ciencia, esun amlisisadlihitum 6 
de puro capricho. En el caso que nos ocupa, los lavados 
debieron prolongarse hasta que , despues de ejecutados cuatro 
6 cinco, ensayando una gola del ultimo no se enturbiara con 
ella la disolucion de nitrate de plata, linico modo de com- 
probar hasta la evidencia en el liltimo lavado la desaparicion 
completa de todo cloruro. No entro en mas pormenores por- 
que los considero escusados , pues no proponiendome en esla 
crilica un ataque personal, sine un objeto de utilidad publica, 
conceptuo baste lo espuesto para convencer a toda persona 
imparcial. 

De este juicio crilico fundado en la razon, y no en persona- 
lidades que a nada conducen, se desprende una consecuencia 
litil y provechosa para el publico, y es que si la analisis del 
agua del Almendares ejeculada por un hombre de la ilustra- 
cion del Sr. de Estevez, que indudablemente era una persona 
muy apreciable y de mucha instruccion, esta tachada de com- 
pleta nulidad, mal pudieramos dar credilo y confianza a las 
analisis de las aguas de San Diego y olras de la isla, que circu- 
lan impresas 6 se anuncian en los periodicos, suscrilas por 
personas que no tienen realmcnte moHvo para saber qiiimica. 

Inleresa pues a la salubridad publica, que las analisis de 
las aguas potables, igualmente que de las minerales 6 medici- 
nales de la isla, esten ejecutadas en lo sucesivo por un quimi- 
co de aptitud bien probada, y no por ningunjoven simplemente 
entendido en quimica, porque de las analisis defectuosas pende 
luego el mal 6xilo delas prescrlpciones de los facultativos, que 



285 
descansaban en datos erroneos, fruto de la ioexactilud en las 
analisis de esas aguas. 

Eslarapemos aqui nuevamenle el 

Estado comparativo de la composicion de las aguas del Almen- 
dares y de Vento. 

Sobre 15 litres de agua a 31* c. 

Sustancias coDtenidas en el agiia.. Almendares. Vkhto. 

Gramos. Gramos. 

Carbonato de cal 2,917- 1,920 

Carbonato de magnesia 0,321 — 0,385 

Oxido de hierro carbonalado 0,116 — 0,080 

Silicalo de hierro 0,048— 0,080 

Sulfate de cal 0,172- 0,416 

Cloruro de sodio 0,733— 1,000 

Materia organica estractiva 0,185 — 0,075 

Total 4,492— 3,956 

La inspeccion de este eslado suministra las siguienles 

OBSERVACIONES. 

Las canlidades totales de sales contenidas en eslas aguas 
guardan entre si de Vento a Almendares la relacion de 39 : 45, 
cuya diferencia es 6; y 6 respecto a 39 son proximamente los 

15 cenlesimos de esta cantidad, 6 sea mas de y. El agua del 

Almendares contiene, pues, y mas de sales que la de Vento. 

Contiene dos veces y media tanta materia organica, lo que la 
bace forzosamente mas putrescible, porque ese sabornausea- 
bundo y repugnanle que toma el agua encerrada, con la tem- 
peratura elevada del aire en las epocas de calor, es decir, du- 
rante ocbo meses del auo en estos climas, depende de la fer- 
menlacion 6 descomposicion que esperimenta la materia es- 
tractiva que tiene en disolucion. Empero la mas notable dife- 



286 
rencia es la del carboaato de cal, pues sobrepuja la del Almen- 
dares a la do Venlo en una canlidad superior a la milad de la 
que esle mananlial contiene. Verdad es que hay en ella mas 
sulfate de cal 6 selenita, que es una de las sales consideradas 
conio mas nocivas en el agua potable; pero a pesar de que la 
cantidad de este sulfato escede en vez y media proximamente 
a la del Almendares, este esceso recae en tan corta cantidad, 
que no representa 1 parte do aumento de yeso sobre 60.000 
partes de agua. Empero, en cambio tambien resulta que estas 
aguas tienen mas sal comun que las del rio y mas carbonate 
de magnesia, lo que debera hacerlas mas digeslivas. 

Por ultimo, si atendemos a que la lemperatura de las 
aguas de los mananliales de Yento es un poco mas baja que 
la del rio Almendares, pero que difiere poquisimo de ella, se 
conocera que teniendo mucho menos acido carb6nico y car- 
bonato de cal, ha debido abandonar parte de esta sal y del gas 
su disolvente recorriendo un trayecto de mucha estension, 
hasta llegar casi somera al punto en que vierlen los ojos sus 
aguas. 

Las temperaturas observadas han sido las siguientes: 



Seis y cuarto de la 

maiiana 

Siete y cuarlo. . 
Siete y media. . 



VENTO. 

Agiia 
del ojo principal 



2r,4 cent. 
24,6 

24,8 



ALMEIID^RES. 

Agua 

del medio del rio. 



24,5 

24,8 
24,8 



Aire 
i la inmediacion 
del maDaotial. 



23,6 
26,8 
27,0 



La primera observacion se hizo estando todo en sombra, 
y las otras dos dando el sol en las aguas, y tomando la lem- 
peratura del ambiente a la sombra. La temperatura del aire 
cerca del manantial y al sol era a las siete y cuarto de 28°,2, 
y a las siete y media de 30 grados. 

Si comparamos ahora estas analisis con la que se ha he- 
cho en Francia de las aguas del Sena en punto mas bajo que 
Paris, resultara el siguiente 



287 



Estado comparattm de la composicion de las aguas del Almeii- 
dares, de Venlo y del Sena. 



Siistaocias 
contenidas en estas aguas. 


ALMEHDARES. 

Aguas 
del acucduclo 


VENTO. 

Agua 
dc los manantiales 


SENA. 

Agua 

en punto mas bajo 

que Paris. 


Gas acido carbonico. . . 

Cantidad de residue de 

la evaporacion 


Centilitres. 

56,2 

Graraos. 

4,492 


Centililros. 

43,9 

Gramos. 

3,956 


Centililros. 

12,5 

Gramos. 

2,608 


Sulfate de cal 

Carbonate de cal 

Carbonate de magnesia. 

Oxide de hierro carbo- 

natade 


0,172 
2,917 
0,321 

0,116 
0,048 
0,733 
0,000 

0,185 


0,416 
1,920 
0,385 

0,080 
0,080 
1,000 
0,000 

0,075 


0,295 
1,940 
0,000 

0,000 
0,000 
0,000 
0,373 

0,000 


Silicate de hierro 

Cloruro de sodio 

Sales delicuescentes.. . 

Materia organica estrac- 

tiva 



De esta comparacion resulta, que las aguas de Vento lie- 
nen algo menos carbonate de cal que las del Sena , y en es- 
la parte las aventajan. Verdad es que conllenen las aguas 

de Vento proxiraamente - mas de selenila 6 sulfate de cal 

que las del Sena, pere aqui se esplica el raciocinio que hici- 
mes al comparar las de Vento con las del Almendares; pres- 
cindiendo de que en cambio contienen las aguas de Vento clo- 
ruro de sodio y carbonate de magnesia, que deben hacerlas 
mas digestivas. De la analisis de las aguas del Sena no apa- 
rece tengan sal comun en disolucion, fenomeno que parece 
increible, y que segun el ceiebre Thenard no es admisible, 
porque las aguas de los arroyos y las inmundicias deben lle- 
varle y cederle diariamente esta sal. En todo case, si no la 
hay es hasta cierto punto un raal, porque la sal marina en 
muy pequeua cantidad debe correjir algun tanto la propiedad 
nociva de las sales calizas, haciendo que scan las aguas mas 
digestivas. 



288 
Tampoco se comprende que en una gran ciudad cual Pa- 
ris, tan populosa y de lanto Irafico, donde hay lanlas alcanta- 
rillas que vierten inmundicias en el Sena, las aguas de este rio, 
que casi siempre corren lurbias y fangosas, no contengan ma- 
teria organica eslractiva. Presumo que la analisis de las aguas 
del Sena no este bien hecha, y creo que si se repiliese hoy die 
por los buenos quimicos de aquella capital, se encontrarian 
todavia mas molivos de semejanza entre las aguas del Sena y 
las de Vento(l). 

En resumen, los manantiales de Vento deben tener distin- 
to origen que el rio Almendares, y esta es la razon por que los 
copiosos aguaceros no enturbian la Irasparencia de sus aguas. 
Son superiores en su composicion a las de dicho rio, casi tan 
buenas corao las del Sena, que son las mejores de las cercanias 
de Paris, y reputadas muy buenas aguas. Son constantes en su 
composicion, y no pueden causar en las funciones digestivas el 
traslorno que debe ocasionar una variacion sin termino en la 
coustitucion quiraica de una agua potable, pues las del Al- 
mendares contienen positivamente mas sales cuando han tras- 
currido muchos dias sin lluvia, porque los aguaceros tropica- 
les mezclan con las aguas del rio gran cantidad de agua casi 
exenta do ellas, y necesariamente se dilata la disolucion pri- 
mitiva, al punlo de ser muy sensible la diferencia en el resi- 
due de la evaporacion, que varia a veces hasta en 0,5 gramos 
de disminucion en los primeros momenlos de cesar la lluvia, 
cuando esta ha sido fuerle y continuada durante algunosdias; 
lo que supone mas de un 10 por 100 de rebaja sobre un mis- 
mo volumen do agua. 

Con estos antecedentes no me queda duda alguna respeclo 
a la inmensa ventaja que ofreceria para la salubridad piibli- 
ca, el proveer abundanlemente al consume de esta capital de 



(l) Posteriormente a la presentation de esta memoria, he tenido co- 
nocimiento de las analisis hechas recientemente por MM. Boutrou-Char- 
lard y 0. Henry , estampadas por Mr. Boussingault en su Economia ru- 
ral edicion de 1851. Resulta del trabajo de aquellos quimicos, que todas 
las aguas de las cercanias de Paris tienen sal comun, y eu todas han re- 
conocido tambien la presencia de materias organicas. (Enero de 1853.) 



289 
tan indispensable liquido con las aguas de los manantiales de 
Vento. Y como a igualdad de circunslancias en su composi- 
cion quimica, de dos aguas potables la mas saludable es la 
que tiene mas aire en disolucion, 6 esla mas venlilada, debiera 
tomarse en cuenla esta condicion esencialisima , conslruyen- 
do un area 6 deposito de agua de Vento a la salida misma de 
los manantiales, donde tuvieran gran ventilacion las aguas 
antes que entrasen en la cafleria 6 acueducto para distribuir- 
las en la poblacion. 

Es cuanto puedo manifestar a V. E. en cumplimiento de 
mi deber, y me fuera grato en eslremo que este trabajo mere- 
ciera la superior aprobaciou de V. E., y sirviera de estimu- 
lo para llevar a cabo la empresa de abastecer la Habana 
con las aguas de Vento; empresa que, cumpliendo con el im- 
portante fm de satisfacer una necesidad urgenle y de primer 
orden para el vecindario, seria considerada en todas epocas 
como una de las mas utiles que pudieran acometerse en el 
pais, y que eternizaria la memoria del Gobernador de esta 
isla que la realizase , graujeandole el renombre de bienhe- 
chor de la humanidad, timbre el mas glorioso de cuantos pue- 
da ambicionar un Gefe ilustrado, como lo es V. E. 

Dios guarde a V. E. muchos aiios. Habana 20 de junio de 
1852.'=Excmo. Sr. ^/ose Luis Cosaseco. =Excmo. Sr. Don 
Valentin Cafiedo, Gobernador y Capilan general de la isla 
de Cuba. 



FISICJL. 



Accion quimica de la /Ms,7wr Draper. {PJnl. Mag., mayo 1851.) 

(Bibliot. UDiv. de Geneve, setiemhre 4851.) 

En esta nueva memoria, relativa a la accion quimica de la 
luz, trata Mr. Draper de determinar cual sea el modo de 
obrar de los rayos luminosos, y cuales los cambios a que dan 
lugar en los cuerpos: en una palabra, ^cual sea, sobre un 
grupo de particulas, la naturaleza de la impulsion que da hi- 

TOMO III. J 9 



290 
gar a la desconiposicion quimica del cuerpo compueslo que 
constituye dicho griipo? 

Despues de algunas consideraciones generales acerca de 
la naturaleza del calor, y del uiodo de esplicar sii propagacion 
y su equilibrio en la teoria de las ondulaciones, se pregunla 
cl autor si no seria debida la causa general de las descom- 
posiciones efecluadas por radiacion, a que los atoraos que 
constiluyen las particulas compuestas no se ponen lodos en 
vibracion con igual facilidad bajo la influencia de la radia- 
cion luminosa; circunstancia que debe imposibilitar la per- 
manencia del cuerpo compueslo, y originara por tanlo la des- 
coniposicion. Entrando en el analisis esperimental de la ac- 
cion de un rayo de luz sobre un cuerpo susceptible de des- 
coniposicion, lo considera Mr. Draper bajo tres puntos de vis- 
ta distintos: trata de determinar la influencia que sobre el 
resultado ejerce: 1." La intensidad del rayo, 6 sea la amplilud 
de sus oscilaciones. 2." El numero de eslas ondulaciones; es 
decir, la diversa naturaleza de la luz. 3." La direccion en que 
se propaga el movimiento ondulatorio, y en particular la cir- 
cunstancia de la polarizacion del rayo. 

Si es debida la descomposicion a la mayor 6 menor faci- 
lidad con que reciben los atomos la impresion de las vibra- 
ciones del eter, debe resultar que concentrando los rayospor 
medio de una lente, se podran obtener efectos quimicos que 
no pueden realizarse bajo la simple influencia de los rayos 
directos del sol. Con todo, puede tambien suceder que la 
concentracion de la luz solar solo haga mas rapida la acciou 
sin cambiar su naturaleza. En otras palabras, hay que consi- 
derar en esta clase de fenomenos, como en muchos otros, el 
efecto de la cantidad y el debido a la intensidad misma de la 
radiacion luminosa. Un gran numero de esperimentos ban 
hecho conocer a Mr. Draper que ninguna influencia ejerce la 
intensidad por si misma; es decir, que no determina descom- 
posiciones que no podrian realizarse con una menor intensi- 
dad: se limila a darles mayor actividad, es decir, que obra 
como cantidad. Asi, por ejemplo, la rapidez con que so des- 
compone el agua de una solucion clorurada es mucho mayor 
cuando se halla la solucion espuesla a la accion de los rayos 



291 

solares que convergen al pasar por una lento de gran poten- 
cia, que cuando se halla espuesta a la simple accion direcla 
de los raismos rayos. Pero no pueden los rayos, por mucha 
que sea su convergencia, efectuar la descomposicion del agua 
que tiene en disolucion iodo 6 bronio, cosa imposible a los 
rayos direclos. 

El autor coloco otras muchas suslancias, tales en particu- 
lar como oxidos y cloruros metalicos, en el foco de la lente, 
y en general no esperimentaron mas alteracion que aquella 
que eo los mismos habria producido una temperatura elevada. 
El mismo cloruro de plata, cuando esta perfectamente seco, 
no puede descomponerse bajo la accion de la luz solar por 
muy concentrada que este. 

De resultas de algunos esperimentos, llega el autor a ob- 
servar que siempre que una sustancia esperimenta algun cam- 
bio quimico, efecto de su esposicion a la luz, ha absorvido ra- 
yos de cierta refrangibilidad ; y que cuando no hay absorcion, 
no hay en las sustancias alteracion quimica. El peroxalato de 
hierro presenta un ejemplo notable. Se descompone bajo la 
accion de la luz solar en acido carbonico y protoxalato de 
hierro, sustancias insensibles a la accion de la luz; pero 
principia la descomposicion por la parte que es herida en pri- 
mer lugar por el rayo luminoso , de lal modo que si dos tubes 
Uenos de dicha solucion se colocan concentricamente uno den- 
tro del otro, no puede descomponerse el peroxalato del tubo 
interior hasta tanto que no se haya descompuesto en totalidad 
el del tubo esterior, cuya solucion descoloreada, deja enton- 
ces pasar los rayos luminosos hasta la solucion interior , la 
cual, absorviendolos a su vez, se descompone bajo su influen- 
cia. A los movimientos de vibracion determinados en las 
moleculas, efecto de la luz absorvida, atribuye Mr. Draper la 
dislocacion de eslas moleculas, cuyos atomos elementales no 
pueden en ciertos casos ejecutar movimientos vibratorios que 
concuerden unos con otros, lo que da lugar a su separacion 
y consiguientc descomposicion. 

Numerosos ejemplos confirman la exactitud del aserto, que 
los efectos quimicos de la luz son debidos a los rayos lumino- 
sos absorvidos; el rayo, por ejemplo, que ha atravesado una 



292 
niezcla tie cloro y do hidr6geno ninguna accion ejcrce sobi(^ 
una segunda niezcla semejanle ; el (lue ha alravesado una so- 
lucion de bicromato de potasa, ninguna alleracion podria ya 
producir en un papel mojado en la misma solucion; la luz que 
aclua sobre una placa de daguerreolipo, es incapaz, despues 
de su reflexion en dicha placa, de acinar sobre otra. Aim es 
facil cerciorarse directamenlo, en el caso del peroxalalo de 
hierro, de que el rayo absorvido es el que produce el efecto 
([uimico; y esto buscando cual es de entre los rayos del pris- 
ma el que detcrmina la desconiposicion del peroxalalo; y la 
esperiencia da a conocer que este i*ayo y el absorvido son del 
todo idenlicos. 

Una observacion que no carece de imporlancia es la dife- 
rencia esencial que exisle entre la accion calorifica y la ac- 
cion quimica del rayo luminoso. El efeclo calorifico que se rea- 
liza en una masa ponderable pasa de un punloa olro, esperi- 
mentando esla inlluencia una serie enlera de parliculas, uuas 
Iras otras, en virlud de la conduclibilidad. En la accion qui- 
mica de la luz nada hay que se parezca a la conduclibilidad, 
y el efecto no se propaga; eslo es lo que lanla perfeccion da al 
arte fotografico, y Ian linipios liace los conlornos del daguerreo- 
lipo. Puede esplicarse facilraenle esta diferencia, si se admile 
que es debida la elevacion de leraperalura a un aumenlo en 
la inlensidad de las oscilaciones del grupo de las parliculas 
vibrantes, y que proviene la descomposicion quimica de la 
dislocacion de las paries que constiluyen el grupo. El'ecliva- 
menlo, un sislema de parliculas vibrantes por la mediae ion del 
eler arabienle, debe escilar las parliculas vecinas a ejecular vi- 
braciones parecidas; pero no resulla de aqui que cuando una 
molecula compuesla se halla completamenle descompuesla en 
sus elemenlos, las que la rodean hayan de esperiraentar el mis- 
mo efeclo. Si se realiza la descomposicion quimica, es esto de- 
bido a que el grupo que recibe el rayo que la provoca no puede 
vibrar acorde con esle rayo; y si esle grupo no puede loraar 
el movimiento en cuestion, ;c6rao le ha do ser dado el comu- 
nicarlo a olro? 

Do lo que precede resulla, que la accion de la luz ns es- 
triclamenle molecular, que su efeclo se halla limitadoal gru- 



293 

po de atomos que alcanza, y no se esliende a la masa total del 
cuerpo; y que cuando diferentes cuerposse hallanespuestosal 
sol siraultaneamente, cada uno de ellos esperimenta su alte- 
racion especifica de un inodo independiente de los demas, y 
sin que estos le afecten. 

La segunda cuestion que esludio Mr. Draper, es el saber 
de que raodo se halla afectada la descomposicion de un cuer- 
po compuesto por la Irecuencia de las vibraciones del rayo 
luminoso. 

Mucho tiempo hace que varies fisicos babian reconocido 
la potencia de los rayos mas refrangibles, y aun la de la parte 
oscura del espectro que sigue a los rayos violados; rayos que 
por esta razon babian recibido el nombre de rayos desoxi- 
dantes. Con lodo, aun cuando los rayos los mas refrangibles 
sean los que poseen la mayor aclividad quiraica, existen casos 
en los cuales los otros la manifiestan igualraente. Por lo de- 
mas, secomprendebaslante bien como puede sucedcr que, aun 
cuando ningun el'ecto produzca la amplitud de las ondulacio- 
nes de un rayo luminoso, pueda la frecuencia de estas ejei - 
cerla sensible para destruir el arreglo que conslituye un gru- 
po de atomos, y esta del mismo modo que es dado a cierfos 
cantores, variando su voz de un tono grave a olro mas agudo, 
liallar un tono que ocasione la ruptura de una vasija de cris- 
tal. 

Describe el autor en seguida varios esperimentos, en los 
cuales ha hecho obrar la luz sobre placas de plata cubiertas 
de una capa de iodo, de espesor desigual en los diferentes 
punlos de sus superlicies, y en los cuales ha hallado que, se- 
gun que el espesor de la capa delermiuaba 6 no la neutraliza- 
cion de las ondulaciones del rayo reflejado y del rayo directo, 
era nulo 6 notable el efecto quimico. Hizo asimismo actuar 
al propio tiempo sobre una placa de daguerreotipo la luz ordi- 
naria del dia y la de un espectro solar, y observe que en este 
caso ninguna accion hay en las partes esternas del espectro, 
ya sea en el eslremo rojo 6 en el violado; que la hay en la 
parte espuesta al rayo rojo; que esla accion desaparece en la 
parte amarilla, y que vuelve a aparccer en la porcion anil, en 
donde llega al maximo de su inlensidad. 



294 

Parece resuUar dc aqui, quo aquellos tie entre los rayos 
cuya duracion dc ondulaciones esta espresada porl y 2, coo- 
peraii con la accion de la liiz del dia, mientras aquellos cuya 
duracion de ondulaciones esta reprcsenlada por los niime- 
ros f. If y 2i, interfieren con dicha luz y deslruyen su efecto. 
Imporla observar, que para obtener eslos resullados no es ne- 
cesario que la accion de la luz del dia y la del especlro solar 
sean simullaneas; la primera puede preceder a la segunda sin 
que sufra elesperimenlo. 

Sigue Mr. Draper describiendo algunos esperimentos he- 
chos con la luz eleclrica que proviene de la descarga de una 
botella de Leyden; cuando se concenlra esla luz por una len- 
te sobre una placa del daguerreolipo, deja una impresion de 
un bianco igual en toda su estension, lo que prueba que es uni- 
forme su brillo, y lo que al propio tiempo demuestra la prodi- 
giosa sensibilidad de la placa, puesto que la luz que puede de 
este modo dejar un rastro tan vivo y permanenle de su pre- 
sencia, apenas dura la millonesima parte de un segundo. Cuan- 
do se coloca la placa del daguerreolipo en medio de las dos 
esferas entre las cuales pasa la descarga, de modo que vaya 
esta de una de las esferas a la placa y de esta a la otra esfera, 
se pintan enlonces sobre la cara sensible una serie de anillos 
oscuros y brillantes, analogos a los de Priestley, pero con todo 
de diversa naturaleza, y que parecen tener cierta relacion con 
el efecto de interferencia a que antes aludimos. 

Finalmente, ha tratado el autor de estudiar la influencia 
que podria ejercer sobre la facultad descomponente de un 
rayo el hallarse polarizado y alterado de un modo cualquie- 
ra. Todos los cnsayos hechos con este fin ban dado resulla- 
dos negalivos; la polarizacion, no solo no ha modificado en 
nada la accion quimica de la luz , sino que otro tanlo ha su- 
cedido cuando en lugar de polarizarla se ha somelido la luz 
a la accion de imanes energicos, como en los esperimentos 
de Baucalari sobre las llamas ordinarias, y en los de La-Rive 
sobre el arco voltaico. 

Piesumiendo, pues, ni la amplilud de las ondulaciones 
lurainosas, ni la direccion en que se propagan, ejerce influen- 
cia sobre sus propiedades quimicas, las cuales solo dependen 



205 
de la mayor 6 menor rapidez de los impulsos periodicos, es 
decir, de las oscilaciones raismas. A la circunslancia de que 
un rayo luminoso hace que las particulas materiales que al- 
canzan tomen un eslado de vibracion mas lapido, debese, 
pues, atribuir el hecho de su desagregacion , 6 sea de la des- 
composicion de un cuerpo compuesto, no pudiendo ya coexis- 
tir dichas moleculas en el mismo grupo por causa de la impo- 
sibilidad en que se hallan de ser animadas por movimientos que 
esten acordes y sean por tanto armonicos. 

Termina Mr. Draper su escrito, estableciendo una compa- 
racion bastante notable entre el estado pasivo que toman al- 
gunos cuerpos, parlicularmente el fosforo, bajo la influencia 
de los rayos que producen la desoxidacion, y la facultad des- 
oxidante misma de los mismos rayos. Cree que la descompo- 
sicion es solo una consecuencia del estado pasivo a que da 
lugar la luz, eslado que hace que la sustancia que lo adquie- 
re sea incapaz de combinarse con el oxigeno en las mismas 
circunslancias en que so habria combinado con el si no se 
hubiese vuelto pasiva. 



-i( 



^(£>Si9^ 



CIENCI4S N4Tl]R\LES. 



c;eol.ooia. 

Caldlogo de lerremotos; por Mr. Mallet. 

(I.'liislitut, -15 octiihre ISO'),) 

En la sesion 25. « de la Asociacion Britanica, celebrada en 
Ipswich en julio ultimo, llamo la atencion de la seccion geolo- 
gica y fisico-geografica Mr. Mallet con un catalogo de terre- 
motos, que hizo subir proximamente a 6.000, poniendo de mani- 
fiesto tambien varias figuras en que, por medio de curvas, se 
indica la estension de las perturbaciones causadas por aque- 
Uos en todos los tiempos historicos. Estas lineas ofrecen lige- 
ras indicaciones de los periodos de paroxismos con intervalos 
de un medio siglo 6 mas; olra figura presentaba los meses en 
que se ban -verificado los sacudimientos, uolandose por su 
medio que el maximum ha tenido lugar en los de diciembre y 
enero. En seguida Mr. Mallet estendio una carta de la distri- 
bucion de los terremotos, en la que habiendo dado tantas ma- 
nos de color a cada superQcie cuantas veces segun el catalogo 
primero se habian sentido en ella, resullaba una intensidad 
de color proporcionada a la repeticion de aquel fenome- 
no. En la misma se veian sin colorido la Guinea, la Abisinia 
y Madagascar, por la circunstancia de no haber indicio de sa- 
cudidas en estas regiones. Tampoco la Groenlandia lo tenia, 
pues que los ligeros sacudimientos que alll se ban advertido, 
pueden tal vez esplicarse por el encuentro de las masas de 
hielo contra las costas. Hizo aderaas notar con especialidad el 
autor un cierto punto del Allanlico proximo a la linea, y a 
igual distancia de Guinea y del Brasil, en que casi todos los 
buques que le ban alravesado han esperimentado sacudidas; la 



297 
sonda en el ha dado resultados estremadaniente varios, fijando 
a veces el fondo a 400 brazas, mienlras que a pequeflas distan- 
cias la profundidad era enorme, corao si aquel formase un gru- 
po de montaflas volcanicas. Tambien la relacion eutre las li- 
neas de terremotos y las volcanicas se patentizan en su carta; 
bien que algunas regiones sujetas a las primeras, tales como 
la Siberia central y una estension de terreno que se estiende 
desde la India hasta Bohemia, los presentan con bien poca 
energia. Por medio de otra carta que representa una seccion 
del globo, y uniendose por medio de rectas los puntos estre- 
raos en que se han sentido ciertos terremotos, hizo ver las 
enormes porciones de la masa terrestre que han debido ser 
afectadas, en el supuesto de que las impulsiones originales ha- 
yan sido comunicadas a grande profundidad. Concluyo Mr. Ma- 
llet este curioso relato lamentandose de que, por falta de ca- 
talogos bibliograficos en las bibliotecas piiblicas, scan las in- 
vestigaciones de esta naturaleza tan largas y penosas. 



Conchas fosiles; por Mr. Marcel. 

(L'lDslilut, 5 enero 1853.) 

Mr. Marcel de Serres dirije una nola sobre la petrificacion 
lie conchas en el Oceano actual. Refiere en ella cierto nume- 
ro de observaciones, de las cuales deduce: 1." que en el Oceano 
y en el Medilerraneo se forman en la actualidad areniscas 
conchiferas; 2.° que estas rocas adquieren mayor estension y 
dureza en el primer mar que en el segundo; 3." que la raisma 
procedente del Oceano ha presentado una parlicularidad has- 
ta ahora no advertida en la del Medilerraneo, a saber, la reu- 
nion de numerosos fragmeutos de conchas petrificadas sin in- 
dicios de materia animal, y en los mismos fragmentos otras 
conchas que conservan la frescura de matiz y la sustancia or- 
ganica que de vivas las caracterizaban; 4." que la petrifica- 
cion es un fenomeno comun a los tiempos actuales y a los geo- 
logicos, bien que ahora se verifique con menos intensidad y 
en escala mas reducida que en los segundos, lo queasimismo 



298 
se nota en la mayor parte de los feu6menos del mundo a que 
perlenecemos. 

Las observaciones de Mr. Marcel de Serres se relieren en 
especial a la bahia de la ciudad de Bahia, en el Brasil: los ter- 
renes quese encuenlran en la orilla oriental de la primera, en 
cuyo fondo esta asentada la poblacion, son en general de gneis 
negruzco. Doblada la punta del faro, y siguiendo la costa que 
corre al N., se encuentran playas de arenas en las que se 
hallan areniscas modernas en capas de gran potencia y esten- 
sion considerable. Estas areniscas cuarzosas son muy duras, 
y se esplotan para las construcciones; eminentemente concbi- 
fera, encierra esta roca muchos guijarros cuarzosos, fragmen- 
tos de rocas primitivas, y aun diversas sustancias metalicas. 
Envuelve ademas conchas petrificadas, que conservan solo car- 
bonates y fosfatos de cal, y otras frescas bien caracterizadas 
y coloridas. Las ultimas por lo comun en perfecto estado de 
integrldad, y muy faciles por lo mismo de determinarse, como 
entre otras la Cyprea exanthema, especie viva muy conocida 
en las inmediaciones. 

Mas no es esta localidad la unica en la America del Sur en 
que se encuentren semejantes depositos modernos; son asimis- 
mo muy notables a tres leguas de Montevideo de la banda del 
N. E., y estan formados de calizas friables que contienen con- 
chas de especies actualmente vivas, y en los dos estados que 
las de Bahia. 

Las calizas conchiferas de Montevideo descansan inmedia- 
tamenle sobre rocas de gneis negruzco bien estratificadas, que 
fueronatravesadasporpegmatilas y dioritas. Estas rocas erupti- 
vas han llegado por lo comun hasta las calizas que las recu- 
bren; y estas lo han sido por las margas arcillosas terciarias 
conocidas en la America del Sur con los nombres de limo de 
las pampas 6 to sea. 

Los aluviones modernos, superiores a todo este sistema 
lerciario, se apoyan sobre las margas lillimamente citadas, pre- 
sentando en ellas depositos de conchas petrificadas las unas, 
y las otras como recientes y coloridas. Todos estos dep6sitos 
pertenecen a la 6poca actual. 



299 

Sobre las mareas, el lecho y las castas del mar del Norte 6 de 
Alemania; por Mr. J. Murray. 

(L'lnslitut, io/ebrero <853.) 

Trasladamos el siguiente parrafo, estractado de las se- 
siones de mayo y junio ultimos de la Sociedad Real de Lon- 
dres, persuadidos de que el feiiomeno de levantamiento que se 
cree advertir en la parte septentrional de la Escandinavia, 
puede ser mirado bajo otro aspecto que hasta ahora lo ha sido, 
y ser tambien segun el diversas las consecuencias de las que 
su anterior esplicacion ha producido. El autor se ocupa lo 
primero en hacer notar la grande semejanza de aspecto que 
presentan las costas occidentales de Irlanda, Escocia y No- 
ruega, haciendo observar en seguida que despues de haber 
dejado atras la gran marea atlantica las riveras de los dos 
primeros paises, se eslrella con furia en las costas de la 
Noruega, entre las islas de Lafoden y Stadland, dirijiendose 
al N. una parte de la corriente, mientras que la otra, doblan- 
dose al S., ha escavado a lo largo de la costa hasta Sleeve en 
la entrada del Baltico, casi sobre la orilla misma, un largo ca- 
nal de 100 a 200 brazas de profundidad, y cuya anchura va- 
ria de 50 a 100 milias. Despues de haber descrito el metodo 
que ha seguido en el trazado y colorido de la carta del mar 
del Norte, ejecutada de orden del Almirantazgo, vuelve a ocu- 
parse de la direccion do la marea por entre las islas Orcadas 
y de Shetland, a lo largo de las costas orientales de Esco- 
cia y de Inglalerra hasta el canal de la Mancha, siguiendo las 
occidentales de Noruega, de Dinamarca y de los Paises-Bajos 
hasta el mismo punto. Hace notar que el detritus resullante de 
la perpetua erosion de casi todas las costas orientales de Es- 
cocia y de Inglaterra, debido a la marea atlantica, es tras- 
portado por esta misma al mar del Norte, en que por de pron- 
to se deposita, aumentado por las arenas y despojos arrastra- 
dos al canal de la Mancha por los demas brazos de la propia 
marea. De aqui deduce los efectos siguientes: elevacion gra- 
dual del fondo del mar, la aparicion do numerosos escollos y 
bancos de arena, la circunstancia dc obstruirse y cegarse las 



300 
embocaduras del Rbin, del Mosa y del Escalda, y la de lia- 
berse formado, en fin, numerosas islas sobre las coslas de la 
Holanda, que como una gran parte de la Belgica no reconocen 
otro origen, ni mas ni menos que los vaslos depositos de la 
cntrada del Ballico, las islas de Caltegat, y aiin el suelo todo 
de Sleswig, de Dinamarca y de la Jullandla. 

Tambien se ocupa el autor en considerar las mareas y 
sus efectos en el Baltico y sus orillas en el liempo que pre- 
cedio a la formacion de los escoUos y arreciles, deducien- 
do que entonces la marea entraba en el mar del Norte en- 
tre la Nornega y la Escocia, se dirijia en derechura bacia 
las costas de Alemania, y por necesidad bacia elevar las 
aguas del Baltico a mucba mas altura que el nivel actual; 
que una gran parte de la Finlandia, de la Rusia y de la Prusia 
que aquel mar baua, debia estar sumerjida una vez en doce 
boras, al paso que por el conlrario ahora suben las aguas con 
gran esceso en la babia de Fundy, en Chepstow y otros pa- 
rajes sobre el nivel ordinario de plea-mar; que la corriente 
de retroceso que en la primera epoca ocasionaban eslas aguas 
acumuladas en la baja marea, aumentada por las de los rios 
que desembocan en el Baltico, cuando era delenida por el si- 
guiente flujo, debia formar depositos a modo de una barra pro- 
longada bacia la Suecia; que el incremento de estos depositos 
debia constituir bajios, escollos, islas, y aun un largo ban- 
co de arena de la forma que se observa abora en la Dinamar- 
ca; y por tin, que no pudiendo penetrar ya la marea en el Bal- 
tico a consecuencia de estos cambios, los fenomenos adverti- 
dos en este pais podran esplicarse mas naturalmente por el 
descenso de las aguas del golfo de Bothnia, sin apelar al le- 
vantamiento de la parte septentrional de la Escandinavia. 



Estado en que se encuentran los trabajos de la revision geologica 
del Reino-Unido de la Gran-Dretam. 

(\lliiiii;,'-Jiitirtial, 29 t/itro l8o3 ) 

Teneraos la mayoi' satlsfaccion en ver (jue la Revision 
geologica del Ueino-Unido bace los mas rapidos progresos bacia 



301 

SH conclusion, bajo la direccion de Sir Henry T. do la Beche. 
Loscondados cuya revision esta ya publicada son: Brecknock, 
Cardigan, Caraarthen, Caruarbon, Cornwall, Devon, Glamor- 
gan, Merioneth, Monmouth, Montgomery, Pembroke, Radnor, 
Somerset; y en Irlanda: Carlow, Kildare, Wicklow, Dublin y 
Wexford. Los condados ya casi concluidos son: Dorset, Glou- 
cester, Hereford, Shropshire, Brecon, Denbigh, Flint, Angle- 
sea, Lancashire, Cheshire, Derbyshire, y el Riding occidental 
de Yorkshire. A esta lista se puede afiadir la isla de Wight, 
ya concluida pero no publicada todavia, y el Staffordshire 
septentrional y meridional, a los que solo falta el iluminado 6 
colorido, y que podran ser entregados por los SS. Longman 
dentrode muy pocos dias. Estosmapas estan arreglados a losde 
lalnspeccion de Artilleria, iluminados por los individuosde la 
actual comision que se hallan en contacto con el Museo geo- 
logico. El personal empleado consiste en seis individuos para 
el campo y las escursiones, inclusos los ayudanles, bajo la di- 
reccion de Mr. Ramsay; tres en contacto con el Museo geolo- 
gico, que tiene bajo su custodia la coleccion de la Revision, y 
con el departamento de Historia natural al cargo de Mr. 
Edward Forbes. Fundamentada como lo esta esta obra en una 
base lopografica tan estensa y tan exacta como la de la Ins- 
peccion de Artilleria, el geologo se halla en estado de indicar 
los hechos con una exactitud en los contornos generales y 
una minuciosidad en los detalles, que apenas se le hubiera po- 
dido ocurrir siquiera hace algunos afios a la persona mas exi- 
jente. Los limites de cada formacion y la subdivision de las 
diferentes estratificaciones de pizarra, pudinga, caliza, yeso, 
carbon y minerales, con sus quiebras 6 dislocaciones, estan 
trazadas en estos mapas con la mayor exactitud y minuciosi- 
dad. El merito de los mapas, bajo el punto de vista cientifico 
y economico, ha sido general y universalmente reconocido. 
En solo el estado de South Staffordshire, el valor anual de la 
produccion de carbon y minerales ha sido apreciado, al pie de 
las minas, en nada menos que 7.500.000 libras; pero las 
minas se hallan ahora en un curso rapido de estincion. 
Las investigaciones de Mr. Hill en South Staffordshire duran- 
te el ano pasado, mientras esluvo empleado en la Revision geo- 



302 

logica, ban demoslrado que la opinion admitida entre los mi- 
neros y otras personas con respeclo a la posicion de la are- 
nisca roja moderna en relacion con la existencia del carbon 
era erronea; y esla es cntre olras muchas una de las venlajas 
que deben resullar de una tan vasla revision. El mapa dees- 
te distrito, corrigiendo el error que antes habia confundido la 
arenisca roja moderna inferior, 6 sea el Permean, con la arc- 
nisca roja ordinaria, e indicando adenias las fallas que en al- 
gunos puntos ban elevado esta a la superficie, ocultando los 
indicios del carbon de piedra, dara a conocer los silios mas a 
proposito para profundizar con probabiiidad de encontrar el 
carbon, y ensenara al minero a evitar la perforacion de mu- 
chos cienlos de pies que en otros puntos tendria que hacer 
en roca esteril. En este mapa, que comprende un distrito de 
450 millas (inglesas) cuadradas, todas las capas de carbon de 
piedra estan marcadas con lineas negras; las dislocaciones 6 
fallas en los estratos, y que alcanzan a dichas capas, se sena- 
lan con lineas blancas; la arenisca roja moderna se marca con 
una tinta de color rojo claro; la marga roja moderna con un 
color rojo mas oscuro; la arenisca roja moderna inferior con 
pardo; el basalto y las rocas igneas se indican con color ver- 
de, y las calizas con azul. Acompanaran a este, asi como a 
los otros mapas, una serie de cortes horizontales y verticales, 
poniendo de maniliesto el yacimiento de las rocas y la posi- 
cion de las capas carboniferas, que en algunos casos llegan a 
1.000 pies per bajo del nivel del mar. La seccion vertical en 
las cuencas carboniferas pone de manifiesto todos los detalles 
de las formacinnes, en una escala de 40 pies por pulgada. 
Para otras muchas localidades del reino se daran los mismos 
detalles cientificos, aun en los casos en que los estratos y for- 
maciones no aparezcan tener un valor real; y esto con el ob- 
jeto de que, cuando se haya concluido la Revision geologica, 
resulle una obra con loda la perfeccion de que es susceptible. 



303 

Jlierro nativo en madera petrificada; por Bahr. 

(Bibliot. univ. de G'mchn, febrero <853.) 

Mr. Bahr ha encontrado hierro metalico diseminado en 
madera petrificada procedenle de troncos 6 trozos de arboles 
que se hao criado en una isla flolanle del lago Ralongen, en 
Smaland. Llaraanse en Suecia islas flolantes las que aparecen 
de tiempo en tiempo por espacio de algunos dias sobre el ni- 
vel del agua en olouo, por lo regular en el mes de agoslo 6 de 
setierabre, que luego desaparecen nuevamente, y continuan a 
veces suinergidas durante muchos anos. La isla en cuestion 
cs al parecer una lengua de tierra, anegada en otro tiempo 
por una inundacion, y que se hallaba plantada de arbolado, 
porque se encuentra cubierta de troncos de arboles, de los 
cuales algunos presentan aun madera fresca que se puede ser- 
rar, y se reconoce que es de pino. 

Las muestras que se ban sometido al analisis se habian 
arrancado del tronco mas grueso por el propietario del ter- 
reno, el Conde Sparre, cuando despues de cuatro anos de in- 
mersion en el lago aparecio la isla en 1798 sobre la super- 
ficie. En aquel grueso tronco existen inscripciones que indi- 
can las epocas anteriores en que habia sido visible la isla. 

A primera vista esta madera petrificada se parece al 
hierro de marismas; pero examinandola con mas atencion se 
reconoce perfectamente en ella la estructura de la madera, y 
la forma de las celulas demuestra que pertenece a un arbol 
de hojas anchas, probablemente a una encina. 

Es mas dura , pero menos friable que el hierro de maris- 
mas; el polvo es pardo-amarillento, y su peso especifico de 
3,854 a 3,910. Con lodo, estos niimeros no son completa- 
mente rigorosos, porque el hierro no esta estendido con uni- 
formidad por toda la masa, y ademas hay en ella algunas ca- 
vidades que conlienen aire, y no se ha logrado espelerlo 
completamente por medio de la ebullicion. 

Este f6sil se pulveriza facilmente en el mortero, pero se 
advierten debajo de la masa algunos granos duros de hierro, 
que resisten: la lima hace salir por todos lados puntos bri- 



304 

Uantes dc hierro raetalico, presentandose estc, ya en eslado 
piilverulonto, ya en granos redondos 6 con angulos redondea- 
dos, ya lambien en laminilas: algunos de esos granos pesau 
cerca de 1 decigramo. Si se separa con un tamiz el polvo 
grueso del lino, se puede con un iman sacar del segundo pol- 
vo de hierro metalico, que desprende hidrogeno si se pone en 
conlacto con el acido clorhidrico. Los granos de bierro mela- 
lico que eslan mezclados con el polvo grueso, se separan fa- 
cilmente del hidrato ferrico no magnetico: son muy poroses, 
y se aplaslan con el martillo, ofreciendo por la destilacion 
seca senales de materias organicas, por !o cual no es posible 
delerminar exactamente el peso especifico. La esperiencia ha 
' dado un resultado que varia entre 6,248, 6,497 y 6,625; esle 
ultimo se ba obtenido con granos que se habian machacado 
con el marlillo, y por consiguiente tenian mayor densidad. 

Si se examina con una lente de gran aumento una particu- 
la de la masa comprendida enlre los granos de hierro, des- 
pues de baberla humedecido con una gola de acido clorhidrico 
para disolver el hidrato ferrico, se ve aparecer muy distinta- 
mente el esqueleto de la materia leuosa con la estructura de 
las celulas organicas, y hasla los haces de vasos, que el pro- 
fesor Mr. Wahlberg ha declarado que perlenecen a los arboles 
de hojas anchas. 

Habiendo melido un trozo de mineral pulimentado en una 
disolucion de sulfate cobrizo, el cobre se ha depositado en 
forma de red con mallas exagonales mas o menos alargadas. 
Esta deposicion del cobre indicaba que se habia pulido una 
seccion trasversal de la raadera. En otro trozo tratado de la 
misma manera, la seccion longitudinal se ha manifestado aiin 
mas claramente. En un esperimento comparative hecho con 
un pedazo de hierro de Pallas, el cobre se ha depositado tam- 
bien desigualmente, pero sin ofrecer el menor caracter de es- 
tructura organica. 

Segun el analisis, los granos de hierro metalico conlienen, 
ademas del hierro, el vanadio, un poco de niquel y de cobal- 
to, senales de manganese, muy poca cal, magnesia y alumi- 
na, acido fosforico y silicico. 

Eslas esperiencias, hechas por el autor con objeto de pro- 



305 
bar que el hierro metalico que se halla en dicha madera pe- 
trilicada es hierro nalivo, y no precede de hierro labrado que 
pudiera haberse introducido fortuilamente en el arbol en for- 
ma de clavo 6 de restos de lierramienlas, confirman efecliva- 
mente al parecer su opinion. 

Mr. Bahr supone que ese hierro nativo se debe a la reduc- 
cion de sales de hierro en circunstancias favorables, tal vez 
bajo la influencia de alguna accion electrica entre la sustan- 
cia fcelular y las materias incrustanles. 

Si en realidad es asi, lal vez sea el primer ejemplo bien 
comprobado de hierro nativo telurico, y bajo este punlo de 
vista es muy notable. 



BOTAMICA. 

Influencia de la temperatma en la epoca de la floracion. 

(L'Institut, 26 enero •(833.) 

Mr. Quetelel ha dado a conocer a la Academia de Bruse- 
las muchas series de observaciones practicadas con el objeto 
de verificar la ley de las temperaturas. ^^Mis primeras investi- 
gaciones, dice, se hicieron en la floracion de la Lila; laspre- 
sentes se refieren a la mas tardia de la Clethra alnifolia. Se 
ejecutaron asimismo por Mr. Schram en una estufa de la So- 
ciedad Real de Horticullura de Bruselas, cuya temperatura 
era constantemente de 12 grades a 20 R.. de 16 grados por 
termino medio, 6 sea de 20 grados c. 

Arrancada la planta el 23 de febrero y trasportada a la 
estufa, presento una en pos de otra las fases de desarroUo des- 
critas en un cuadro adjunto a esta nota (omitido en el perio- 
dico l Instil, por no necesario). Notase en el que los primeros 
botones de flor se abrieron el 16 de mayo, y por consiguiente 
que el tiempo de permanencia en la estufa fue de 83 dias , y 
con una temperatura media de 20 grados c. El cuadrado de 
este ultimo niimero es 400, que multiplicado por el primero 
da de si 33.200. 

TOMO III. 20 



300 
xFijaMr. Schram el 8 do agoslo para la floracion de la 
Clethra alnifolia en la lisla de las floraciones al aire libra 
que en el presenle ano ha exarainado. Por mi parte he vislo 
tlorecer la mlsma planta en el jardin del Observalorio el 3, 
cs decir, un dia despues que el do la floracion media deducida 
de la observacion de muchos afios. Los regislros de las tem- 
peraturas hacen ver (jue del 23 al 27 de febrero ha helado con 
regularidad lodas las noches, no habiendo principiadoel term6- 
raetro hasia el 28 a marcar sobre 0. Suponiendo pues las 
plantas somelidas a esperimenlo en identicas circunstancias 
desde dicho dia 23, no he debido computar la lemperalura 
respecto a las que crecian sin resguardo sino desde el 1.° de 
marzo. Las lemperaturas medias han sido: 

Marzo. 3°,3 su cuadrado 11 multiplicadopor31 dias. 341 

Abril.. 6,6 44 30... 1.320 

Mayo.. 15,2 231 31... 7.161 

Junio.. 16,7 279 30... 8.370 

Julio.. 21,8 475 31... 14.725 



Total 31.917 

La temperalura media de los primeros dias de agoslo ha 
sido de 20°,1, cuyo cuadrado es 404. Asi pues la Clethra al- 
nifolia, que florecio el 3 de agosto en el jardin del Observalo- 
rio, recibio 31.9174-1.212=33.129 de temperalura, valor ca- 
si idenlico al de 33.200 oblenido en la eslufa; y la que en el 
jardin de Horticullura 31.917+3.232=35.149, valor sola- 
mente un poco superior al mismo. 



307 



Sobre las funciones de la membrana del timpano, de Ins hueseci- 
llos y musculos del mismo y de la Irompa de Eustaqmo en el 
oido humano, con la descripcion de los musculos de la Irompa 
de Eustaquio, y su accion en las diferentes closes de animales; 
por Mr. J. ToYMBEE. 

(L'Inslitut, num. (008, nbrUI'i, -1833.) 

Por no dar demasiada estension a este articulo nos redu- 
ciremos a presentar en forma de cooclusiones, los resultados 
principales que el autor deduce de sus trabajos. 

1.° La funcion principal de la membrana de los musculos 
y de los huesecillos del timpano, es desempenar un papel ana- 
logo al del iris en el ojo. 

2." El musculo estensor del timpano, estirando la mem- 
brana y comprimiendo al mismo tiempo el liquido del labe- 
rinto, defiende el oido de la influencia perjudicial de las vi- 
braciones muy energicas. 

3." El musculo eslapediano, aflojando ligeramente la mem- 
brana y liquido del laberinto, coloca el oido en una posicion 
tal que pueden afectarle las vibraciones del caracter mas de- 
licado. 

4." Otra funcion de la membrana del timpano es la de 
constituir una porcion de paredes resonantes de la cavidad 
timpanica cerrada. 

5/ Las aberturas gulurales de las trompas de Eustaquio 
se cierran, y las cavidades timpanicas no comunican con la 
de las fosas, escepto mientrasse ejecutan ciertos actos muscu- 
lares. 

6." Los musculos del paladar abren en el hombre y en al- 
gunos mamiferos las trompas de Eustaquio, y el constrictor 
superior de la faringe en otros animales. 

1." En las aves hay un lubo membranoso comun a las dos 
trompas oseas de Eustaquio, que se abre por la accion de los 
musculos plerigoidianos inlernos. 



308 
8.° Para que la funcion del oiilo sea perfecta, es necesario 
(|ue la cavidad lirapanica no esle en comunicacion con el aire 
eslerior. 



TOXieOLOQI^t. 

Efcclos del eslramonio; por D. Jose Luis Casaseca. 

(L'lnstilut, 20 ugosto ^8i>^.) 

Una carta del Sr. Casaseca, dlrijlda desde la Habana a Mr. 
Dumas, conliene la siguiente observacion, que comprueba la 
que anteriormente habia hecho Mr. Runge, de Berlin, sobre 
los efectos del Estramonio. 

Por error de un farmaceutico se habia propinado a una 
Seuora, en vez del cocimienlo de achicoria amarga, olro que 
llego a creerse pudiera ser del Estramonio. Consultado con este 
raotivo el autor de la carta, y sabiendo que aquel no reconoce 
especial reactivo, hizo tragar a un perrillo 43 gramas de la 
decoccion, y vio reproducidos todos los sintomas del envene- 
namiento por el Eslramonio; pero lejos de morir el animal, 
sehaliaba del todo repuesto a las 14 horas. Se propuso enton- 
ces el Sr. Casaseca verificar en un gato el efeclo anunciado 
por Mr. Runge, y a este tin, evaporando el cocimiento en baflo 
de vapor hasta la consistencia de eslracto, puso una pequena 
canlidad de este algo diluida en agua sobre el parpado inferior 
del ojo derecho de un gatillo joven. Como no advirtiese de pron- 
tocambio alguno particular, estuvo algun iiempo inclinado a 
creer con el Sr. Orfila, que semejante prueba carccia de im- 
portancia en toxicologia; mas pasadas unas 3 horas, cuando 
volvio a examinarlo advirli6 que la pupila derecha eslaba su- 
mamentedilatada, ycontraida la izquierda. Larelacion delos 
ejes horizontales de las pupilas era como 6:1; la derecha en 
efecto teuia 3 lineas de longitud, y la del ojo izquierdo media 
linea solamente. 



VABIEDARES. 



La Real Academia de Ciencias de Madrid, en sesiou celebrada el 29 
de abril.del corriente auo, nombro individuo numerario suyo al Sr. Don 
Jos6 Duro y Garcds, en la vacante ocurrida por fallecimicnto del Sr. Don 
Ventura Mugartegui. 

— Al abrirse la sesion de la Academia de Cieucias de Pan's del 1 8 de 
abril de este aiio, dijo su Presidente Mr. de Jussieii que aquellos dias eran 
aniversario de un hecho raro en la historia de los Cuerpos literarios , y 
que debia interesar mucbisirao al preseute. Mr. Biot fu6 elegido individuo 
del Instituto el II de abril de 1803, y aprobada su eleccion el 1.5 si- 
guiente. Lleva, pues, 50 alios de acadeniico^ y el Presidente, en nombre 
de la Academia, se congratulo con 61 de la dicba de poseerle, y de la es- 
peranza de seguirle poseyendo largo tiempo aiin. Auadio Mr. Thenard: 
*'Solo tengo que hacer una observacion: por fortuna para las ciencias, es 
wacaddmico nuestro insigne compaCero 50 auos bace." 

— Muchas comunicaciones dirijidas a la Academia de Belgica, contie- 
nen detalles relatives a la aparicion de estrellas fugaces bacia la epoca 
del 1 de agosto. En Belgica y en otras partes se nolo en la fecba mar- 
cada un niimero de estrellas fugaces mas consideraltle que en otra al- 
guna, de modo que el aiio 1852 debe agregarse a otros mucbos en los 
cuales se ha observado una aparicion estraordinaria bacia el 1 de agos- 
to. Ponemos a continuacion el estracto de alguuas cartas escritas a la 
Academia con este motive. 

Mr. Duprez, que observe en Gante el fenomeno, dice lo siguiente 

<*La noche del 9 ha estado desfavorable para la observacion; el cielo solo 
ha permanecido en parte screno desde desde las 10 a las 11, en cuyo 
intervale de tiempo he podido contar 11 meteoros, de los cuales 4 se 
distinguian por su brillo y la persistencia de su rastro luminoso. La 
noche del 1 fue, al contrario, muy favorable, y el cielo estuvo perfecta- 
mente sereno micntras duraron las observaciones: en trcs boras, y en una 
porcion de cielo comprendida entre el N. W. E. y el S. E., que equival- 
dria proximamente a la sesta parte, he visto aparecer 83 meteoros en es- 
te orden: 22 desde las 10'' a las II'", 28 desde las 11'' a las 12'', 33 de 
12'' a l'', cuyo resultado da por t(5rraino medio 27,7 estrellas fugaces 
por bora; niimero que prueba que la vuelta periodica de los meteoros del 
mes de agosto, se ha manifestado este auo de una manera tan notable como 
en los anteriores. De las 83 estrellas fugaces observadas, diez y seis eran 
muy hermosas, tanto por su gran brillo como por la larga duracion del 
raslro luminoso que las acorapaualta. 



310 

ijRefiriendo, scgun so acostumbra, la direccion de cada estrella a una 
linca paralela que pasa por el punto de observacion, he ballado 

De N. a S 15 estrellas fugaces. 

De N. N. E. a S. S. 2 

De W. E. a S. 13 

De E. W. E. a 0. S. 1 

De E. a 2 

De S. E. a N. 5 

De S. S. E. a W. K. 3 

De S. a N 9 

De S. S. 0. a N. N. E 1 

DeS. 0. aN. E 5 

De 0. a E 9 

De 0. N. 0. a E. S. E 2 

DeN. 0. a S. E 12 

De 3V. N. 0. a ^. S. E 4 

))Debo aBadir, que me ha parecido que existe un centro de radiacion^ 
V quo este, segun habia sucedido en las apariciones anteriores, estaba si- 
tuado entre Perseo y Casiopea; y en efccto, la mayor parte de los me- 
teoros que he observado, divergian sensiblemente al parecer desde urr 
punlo comprendido enlre las dos constelaciones. 

»En todo el tiempo que duraron mis observaciones, he visto presenlar- 
se en el horizonte W. E. frecucntes resplandores instantaneos semejautes 
a los del ralampago; y con este motivo recordard que he tenido ocasion 
de observar esa misma luz en algunas apariciones de estrellas fugaces 
del mes de agosto, e igual fenomeno se ha notado por oti'os observa- 
dores. 

»A las 9 de la noche, el barometro reducido a 0° seualaba 7 53'°°',55, 
y durante ella bajo 3 milimetros proximamente: un vienfo d^bil soplaba 
del S. 0., y el termometro seiialaba 1 5'',2 centi'grados, habiendo side el 
jflinimo de la temperatura ll",?." 

Mr. Quetelet hace saber, que las observaciones de Bruselas estan 
enteramente conformes con las de Gante. En la noche del 10 de agosto 
ultimo, entre 9'' 'A y 12'' 'A? hallandose en observacion con Mr. Bouvy, 
pudo presenciar tambien la aparicion de un niimero estraordinario de es- 
trellas fugaces; y examinando al mismo tiempo dos regiones opueslas del 
cielo, que estaba completamente sereno, conlo 40 en la primera hora y 
7 3 eu las dos siguientes observando alternativamente, lo cual da tdrmino 
medio, 28 estrellas por hora para un observador solo, cuando en las no- 
ches ordinarias solo sc vcn 8 poco mas 6 mcnos. 



311 

El niimero de estos meteoros fue menor la noche del 1 1 ; sin embar- 
go, no dejo de ser muy notable todavia: los mismos observadores conta- 
ron 46 en dos boras y media, 6 sea por tdrmino medio 18 en cada una. 

Segun parece, el niimero de meteoros decrece progresivamente a me- 
dida que se aleja el 1 de agosto; asi es que el 1 2 habia disminuido ya 
perceptiblemente, y se aproximaba al niimero observado en una noche or- 
dinaria; en 2 y Vi boras solo se contaron 32, 6 sea 12 por bora proxi- 
mamente? resullado casi identic© al obtenido en la noche del 6, que fue 
de 22 meteoros en 2 horas, 6 sea 11 en cada una. En los dias 7, 8 y 9 
el tiempo habia estado muy poco favorable para las observaciones, habitJn- 
dose podido observar solamente en la noche del 9 por espacio de 20 mi- 
nutes, en cuyo tiempo se vieron linicamente tres meteoros en un cielo 
medio nublado. 

El caracter de la aparicion de este aBo no ha sido solo el gran nii- 
mero de estrellas fugaces, sino tambien su tendencia a seguir una mar- 
cha uniforme: las observaciones de Bruselas hacen ver, como las de 
Gante referidas ya, que la mayor parte emanaban al parecer de un punto 
situado entre las constelaciones do Perseo y Casiopea, y radiaban hacia 
los puntos del horizonte comprendidos entre el S. E. y el 0., y principal- 
mente al S. 0. y S. S. 0. Para probarlo, agruparemos los meteoros ob- 
servados segun la direccion de su trayectoria referida al zenit. 

El 6. El 9. El 10. El II. El 12. Total. 

Deis. alN 1 » 4 1 1 7 

Del S. S. 0. al N. N. E. . I » 1 » » 2 

Deis. 0. alN. E » » 1 1 1 3 

DelO. S. 0. alE. W. E.. » » » » •> » 

DelO. alE » » 2 1 1 4 

Del 0. W. 0. al E. S. E. ...» 4 » » 4 

Del W. 0. al S. E 2 » 3 2 4 II 

Del K. W. 0. al S. S. E. . » » 5 3 » 8 

DelW. al S 1 1 7 4 6 19 

DelW. N. E. al S. S. 0.. 1 » 30 8 .. 39 

Del N. E. alS. 7 2 35 14 8 66 

Del E. W. E. al 0. S. 0.. 3 » 12 4 » 19 

Del E. al 5 » 4 4 7 20 

DelE. S. E. al 0. N. 0.. » » 2 .... 2 

Del S. E. al N. 0. . . . . . . 1 » 2 4 4 1 1 

Del S. S. E. al N. N. 0. ..... 1 .> » 1 



Total '. 22 3 113 40 32 210 



312 

Se ve plies, que do 216 meteoros, cerca de la milad se dirijio cspecial- 
mente ai S. 0. 6 al S. S. 0. ; los ^ proximamcntc radiaron a puntos del 
horizonte situados entre el S. E. y el 0.? y -g tan solo hacia otros puntos 
del ciclo. 

Si abora agrupamos las cstrellas fugaces por su brillo, oblendrcmos 
el resultado siguieate. 

EIC. El 0. El 10. EMI. EM2. Total. 

Pequeuas 10 1 33 15 19 7 8 

Medianas 2 1 30 5 5 43 

Brillantes 7 1 '26 1.7 4 55 

Muy brillantes. . . 2 » l& 2 2 22 

Magnificas 1 » 8 7 2 18 

Per ultimo, de las estrellas observadas, mas de la cuarta parte ban 
dejado tras si rastros luminosos, 7 en la nocbe del 6, 1 en la del 9, 28 en 
la del 10, 14 en la del 11 y 6 en la del 12 de agosto, quehacenen suma 
56 estrellas que ban presentado dicba particularidad. 

Tambien se ban visto en Bruselas, como en Gante, luces instantaneas 
semejantes a luces electricas, que se cruzaban por el aire de tiempo en 
tiempo; y asi como en los auos anteriores, mucbas veces a unas estrellas 
fugaces seguian al instante otras que Uevaban enteramente las mismas di- 
recciones. 

— En la 37." sesion de la Sociedad helvetica de ciencias naturales, ce- 
lebrada en Sion el mcs de agosto de 1852, leyo Alfonso de Candolle una 
Memoria sobrc la iufluencia del terreno en las especies vegetales, en la 
cual recuerda cuan infructuosos babian sido los trabajos mientras se 
supuso influjo de las formaciones geologicas y no de los terrenos mine- 
ralogicos, pudiendo sostener cada formacion terrenos de muy diversa na- 
turaleza fisica y quimica. Mr. do MobI publico en 1838 una Memoria 
iniportante sobre las especies de Suiza y de los AJpes austriacos, sentando 
que 129 especies se encuentran siempre y linicamente en terrenos calizos, 
y 76 en terrenos graniticos u otros analogos. Desde 1838 se ban estu- 
diado las mismas cuestiones en diferentes paises, tales como los Pirineos, 
el Delfinado, los Vosgos y el Noi'te de Alemania; y algunos observadores 
bolanicos y mineralogistas a un mismo tiempo ban descubierto ciertos be- 
cbos dignos de fe relatives a esas estaciones de la plantas de los monies. 
Mr. de Candolle ba dirijido sus invesligaciones a todo lo concerniente a 
las especies comprendidas en las listas de Mr. de MobI, que se encuentran 
tambien en otros paises, y ha observado quo con freciicncia tal especie, 
prnpia del terreno calizn on Suiza y el Tirol, se halla on oiro punlo so- 



313 

bre diferente sustancia; y que, por ejempio, una especie propia del gra- 
nito se encuentra en otra parte sobre la caliza, la dolomia 6 los basaltos. 
El niimero de estos casos es considerable, y aumentara indudableinenle a 
medida que se conozcan mejor los hechos relativos a muchos y Icjanos 
paises. No es pues la naturaleza mineralogica de un terrene la que es- 
cluye 6 determina por si sola la presencia de una especie, y si la com- 
binacion del clima del pais con la naturaleza del suelo; y como la in- 
fluencia del clima se limita a modificar las cualidades fisicas, pero de nin- 
gun mode las quimicas del terreno, resultara que estas ultimas no influi- 
rian nada. Deben esceptuarse los terrenes salines, y tambien un niimero 
sumamente pequeuo de plantas fanerogamas, niimere ya muy reducido, y 
que los progresos de la ciencia tienden a dismiuuir cada vez mas. De es- 
te mode Mr. de Candelle ha sacado las mismas consecuencias que Mr. 
Thurmann en su Ensayo filostdtico sobre las plantas del Jura, pere per 
un m^tedo enteramente distinto. 

— MM. Ernest Barruel y Jean ban estudiado con mas atencien de 
lo que se habia becho hasta ahora la accion perturbatriz que ciertas sa- 
les metalicas ejercen en los aceites secantes. Sabide es que espuestos al 
aire estos, tardan mucbo en absorver una porcion notable de oxigeno ; y 
que a esa inercia sucede de repente una accion viva y casi efervescente, 
que se esplica por el desprendimiento considerable de acido carbonico 
sin produccion apreciable de agua, al mismo tiempe que el aceite se seca 
esperimentando un aumento de peso que a veces es de 16 por 100. 

Para obtener este mevimiento intestine es necesarie una temperatura 
media de 1 a 15 grados centigrados. La influencia de la luz sobir 6 rcfle- 
jada lo favorece muche, y debe ser resultado de una verdadera fermenta- 
cien oleaginosa analoga a la lactea, y a la cual Mr. Liebig ha puesle el 
rare nembre de emeracausia. Con estas premisas MM. E. Barruel y Jean 
se han propueste hallar un fermento que ebrase en los aceites secantes 
sin desnaturalizarlos 6 colorarlos, resultande de sus investigaciones que el 
mejor agente de esta clase es el borate de oxide de manganese erapleado 
en dosis de una milesima 6 mildsima y media del peso del aceite que se 
use. Si se mezcla, pues, en el memento de prepararlo con cierta cantidad 
de materia colerante, se disminuye su demasiada actividad, se impide el 
que comunique a la pintura un color oscuro impropio, y por ultimo, cau- 
tiando muy buenos efectes, para nada perjudica. 



314 



Andlisis de los trabajos de Gay-Lussac , por Arago. 

Jos6 Luis Gay-Lussac, uno do los sabios mas insi^rncs do que so pue- 
de preciar la Francia, naci6 el 6 do setieuilire de 177 8 en S. Leonardo, 
aldca del antin^uo Lemosin. De niao era foj^oso y travicso. Dcspues de 
habcr estado jugando todo el dia con sus compaueros, dedicaba al esludio 
parte de la nocho. La ley do los sospechosos alcanzo a sn padre, y trata- 
ron de enganchar al hijo para el ej^rcilo de la Vendt^e; pero probada su 
edad de 1 5 anos solo, so liberto del servicio militar. Su padre recobro la 
libertad en 1795, y le mando a Paris al colegio de Savouret; poco des- 
pues paso al de Sensier, en Passy primcro y luego en Wanlerre. Era el 
modelo de sus condisci'pulos , y entre ellos siempre so le vio reprimir 
los raptos de su viveza 6 impaciencia trabajando sin cesar. Acompa- 
liaba todas las noches a Mme. Sensier, que conducia a Pan's la leche 
de sus vacas ; y tendido en la paja de la carreta estudiaba la geometria 
y el algebra, preparandose de este modo para los examenes do la Es- 
cuela politdcnica, en la que so le recibio en el mes nevoso del afio FI, des- 
pues de haber hecbo unos brillantes ejercicios. Teniendo siempre al cor- 
riente los trabajos que so le exijian, empleaba las horas de recreo en dar 
lecciones particulares a algunos jovenes que se dedicaban al servicio pu- 
blico, por cuyo medio pudo sostenerse en Paris sin imponer nuevos sa- 
crificios a su familia. 

Cuando Berthollet volvio do Egipto con el general Bonaparte en 1800, 
pidio un alumno de la Escuela politdcnica para que fuese su ayudante en 
los trabajos del laboratorio, y Gay-Lussac fu6 ese alumno privilegiado. 
**Joven, lo dijo un dia su celebre maestro, vuestro destino es el do hacer 

descubrimientos, y empezando desde hoy sereis mi comonsal Quiero 

ser en lo sucesivo vuestro padre en materia de ciencia." Algun tiempo 
despues se lo nombro repetidor de Fourcroy, a quieu sustituyo varias vo- 
ces en su catedra. 

Cuando so trato de averiguar si la fuerza inagn(5tica disminuye a pro- 
porcion de la altura en la atmosfera, se confi6 este esperimento importan- 
te a MM. Biot y Gay-Lussac. Salieron del Conservatorio do artes y ofi- 
cios el 20 de agosto de 180 i, y no pudieron pasar mas alia de 4000 
metres de altura. Gay-Lussac hizo una segunda ascension el 29 fructi- 
dor del afio XJI , y so elevo hasta 7 000 metres de altura , que era la 
mayor a que habian Uegado entonces los hombres. Su tor m6 metro se- 
ualaba 9°, 5 bajo cero, y el del Observatorio 30 ",7 5; 40 grades era pues 
la estension de la escala tormom^trica a que habia estado espueslo Gay- 
Lussac desde las diez do la mauana liusta las tres de la larde. Dc eslas 



315 

observaciones parece resultar que la temperatura varia menos, para ua 
cambio de altura dado, cerca de la tierra que en las regiones do la at- 
mosfera de una mediana elevacion; quo la cantidad de humedad conteni- 
da en el aire va disminuyendo con estremada rapidez; que el aire do las 
regiones mas altas esla no solamente compuesto de oxi'geno y azoe como 
el de la tierra, sino que ademas no contiene ni un solo atomo de bidrdge- 
no; y finalmente, que la fuerza magndtica es constante en todas las alturas 
accesibles. Esta ultima consecuencia era logica en una ^poca en que por 
lo general no se sabia que, en un lugar y en circunstancias dadas, la tem- 
peratura ejerce su influencia en la duracion de las oscilaciones de una 
aguja magndtica , y que 4 grades del termometro deben producir los 
cambios mas notables (1). 

Las ascenMones de MM. Biot y Gay-Lussac viviran en la memoria de 
los hombres como las primeras que se hayan Uevado a cabo con grande 
^xito para la solucion de cuestioues cientificas. 

Gay-Lussac, con una viveza algo acre, critic6 un trabajo eudiom^- 
trico de Mr. de Humboldt; y este, encontrandole en los salones de Arcueil, 
le ofrecio afectuosamente su amistad, Tal t\i6 el principio de unas rela- 
ciones cuya sinceridad jamas llego a desmentirse. De alii a muy poco 
los dos amigos presentaron a la Academia de Ciencias un nuevo trabajo 
eudiom^trico interesante: tratabase de apreciar la exactitud a que se puede 
llegar en el analisis del aire con el eudidmetro de Volta. Ellos probaron 
que el oxigeno y el hidrogcno considerados en voliimen se combinan pa- 
ra la formacion del agua en proporcion de 1 de oxigeno y 2 de hi- 
drogeno. Mr. de Humboldt quiso que el mundo cientifico supiese que el 
descubrimiento de un hecho de tanta importancia era debido esclusivamen- 
te a la sagacidad de Gay-Lussac. 

Los dos amigos salieron de Paris el 1 2 de marzo de 1803, provistos 
de instrumentos meteorologicos, y particularmente de aparatos a proposito 
para determinar la inclinacion de la aguja magnetica y la intensidad de 
la fuerza variable que dirije las agujas magndticas en las diversas latitu- 
des, 6 hicieron observaciones en Lyon, en Chambery, en S. Juan de Mau- 



(1) Nadie autes de Mr. Arago habia hecho notar, que la apreciacion de las altnras a 
que se cleva el globo areostatico por medio de la medida de la columna barometrica, y 
la aplicacion de la formula de Laplace, no ofrere nada de positlvo, y se enreda en ud circu- 
lo vicidso. Esta formula efectivaincDle presupone lo que se trataba de ohtenerpor las ascen- 
sioues aerostalicas, las Icyes del decrecimienlo de la presion y de la temperatura, conslde- 
radas como funciones de la altura. El aeronauta que pudiere determinar la elcvaclon a que 
hubiese Ilegado con el auKilio dc iastruiucntos geodesicos, independicntcmcnle del baronie- 
Iro, hacia un distinjiiido scrvicio a ];i cicncia . 



31(1 

rieniip, eu S. Miguel, eu Lans-le-Bourg, eu cl Mont-Gcnis, en Genova y 
en lloma. 

Desde este ultimo punto anuncio en 7 de julio que el acido fluorico 
existia junto al acido fosforico en las espinas de los pescados; y en 9 del 
uiismo mes termind el analisis de la piedra alumlpve y do la lolfa. 

En 15 de julio de 1805 salio para Napolcs, junlaniente con los Seno- 
res do Humboldt y Leopoldo de Buch, y luvo la dicha de presenciar uno 
de los mas espantosos temblores de tierra que INiipoles haya sufrido en 
ningun tiempo. Verified seis ascensiones al Vesubio, que de repente se 
entrego a sus magnificas y terribles evoluciones, erupciones de polvo, loi- 
reutes de lavas, fenomenos electricos, etc. 

En Napolcs observo que el aire contenido en el agua del mar, en vez 
de 21 paries tiene 30 por 100 de oxigeno. En Wocera comprobo que las 
aguas de los baiios contenian 29 por 100 dc oxi'gcno, y ademas que uo 
se alteraban por ningun reactivo. 

Durante la primavera de 180 5, Mr. Gay-Lussac salio precipitadamen- 
le de Berlin, para hacer valer sus derechos a una plaza que habia que- 
dado vacante en el Instituto por muerte del antiguo profesor de Fisica 
Brisson, la cual obtuvo por una gran majori'a de votes. 

El ilustre fisico ingles Dalton, cuyas ultimas observaciones ignoraba 
Gay-Lussac, habia determinado la cantidad en que el aire se dilata por ca- 
da grado de temperatura entre y 100 grados: por medio de nuevos es- 
perimentos el joven fisico francos hallo que el coeficiente de dilatacion del 
aire y de los gases es 0,37 5; esto es, que los gases se dilatan una 37 5.' 
parte de su voliimen. Esta proporcion fu(5 generalmente adoptada, y em- 
pleada por todos los fisicos de Europa hasta estos ultimos liempos. Seguu 
las observaciones de los Sres. Rudberg, Magnus y Itegnault, aqucl niimc- 
ro no tenia mas error que el dc una 36.^ parte, poco mas 6 menos; pero 
Gay-Lussac jamas reclamo contra el niimcro 0,36 sustituido al 0,37 que 
el habia puesto, ni dio esplicacion alguna sobre esta discrepancia. Mr. 
Arago, que esta pesaroso de no haberle preguntado nada dircctamente so- 
bre el particular, ha oido decir que la gota de mercurio que servia para 
inlerceptar la comunicacion del vaso en que el aire se dilataba, con la 
atraosfera esterior, dejando un poco vacio y habicndo dado paso a una por- 
tion del aire dilatado, no se movio tanto como lo hubiera hccho sin csa cir- 
cunstancia; pero esta causa hubiera producido un coeficiente algo bajo, y no 
un coeficiente demasiado alto. Es mucho mas probable que las paredes inte- 
riores del vaso en que Gay-Lussac operaba no estuviesen suficienlcmen- 
fe enjutas, y que la agua higromelrica pegada al vaso, en la baja tempera- 
tura del punto de partida, se evaporo cuando el aparato fne snniclido a 
Icmpcraluras clevadas, y que asi aumeulo, sin que hubiera medio algiino 



317 

<le poderlo conocer, la sunia del fliiiclo elastico permanente sobre que «c 
crcia operar. 

Los fisicos franceses pcnsaban que el coeficienle no es el mismo pa- 
ra los diversos gases, como lo atestigiia esta frase de Monge, tomada de 
su memoria sobre la composicion del agua: **Los fliiidos elasticos no son 
»>todos igualmente dilatables por el calor.*' Gay-Lussac, en los limites en 
que sus esperimentos qiiedaron encerrados, hallo que esto era un error. 
Posleriormente se ha vuello a la primera opinion. A decir verdad no es 
mas que una consecuencia forzosa del Iieclio comprobado por Davy, y par- 
licularmente por Mr. Faraday, a saber , que las sustancias gaseosas se li- 
quidan bajo presiones accesibles, y distintas para cada una de ellas. 

En 1807, Gay-Lussac fu^ uno de los primeros miembros de la socie- 
dad de Arcueil, fundada por Berthollet en su casa de campo. Las publica- 
ciones que inserto en los tres volumenes de las Memorias de aquella socie- 
dad, merecen bajo todos conceptos por su variedad, novedad y exactitud, 
ocupar el puesto mas distinguido en una historia imparcial de la ciencia. En 
una memoria que forma parte del tomo I." reunio los resultados de todas las 
observaciones magn^ticas hechas en compauia de Mr. Humboldt durante el 
viaje por Francia, Italia y Alemania. Este ramo de la ciencia ha hecho no- 
tables progresos posteriormente: se ha reconocido que la fuerza horizontal 
que dirije la aguja imantada esta sujeta a una variacion diurna-, que en un 
lugar y tiempo dados, la duracion de las oscilaciones de dicha aguja depen- 
de de su temperatura; mas esto no impide que en la e'poca en que se pu- 
blico el trabajo de los Sres. Humboldt y Gay-Lussac, fuese considerado co- 
mo un modelo. 

El tomo 2.°, entre otros trabajos muy interesant^s contiene unas 
indagacioues sobre la combination de las sustancias gaseosas, cuyos resul- 
tados son tan iuteresantes y dignos de atencion, que lian merecido que se 
les de el nombre de teyes de Gay-Lussac^ y pueden ser formuladas en los 
((Jrminos siguientes. 

Los gases, obrando unos sobre otros, se combinan en voliimen siguien- 
do las proporciones mas sencillas; las de 1 a 1, de 1 a 2, 6 de 2 a 3. No 
solamente no se unen fuera de estas proporciones, sino que ademas la 
condensacion aparente de voliimen que sufren algunas veces por la cora- 
binacion, tiene tambien una relacion sencilla con el voliimen de uno de los 
gases combinados. Gay-Lussac se atrevio a deducir de estas leyes la den- 
sidad de los vapores de varies cuerpos s6Hdos, como el carbono, el mer- 
curic, el iodo, etc.; y los esperimentos hechos posteriormente han probado 
que su atrevimiento fue coronado por el mas brillante resultado. En es- 
tos ultimos tiempos se ha creido poder deducir de la desigual dilatacion 
<le los diversos gases por el calor, la prueba de que la ley de los volume- 



318 
nes no es raatematicamcnte exacta. Casualidad rauy particular serfa la que 
hubiesc coiulucido a Gay-Lussac a opcrar prccisamentc en tcmperaturas 
en que la ley hubiera sido rigurosamenlc cierta. En el estudio dc la na- 
turaleza casi nunca ha succdido quo la espcriencia liaya conducido, a pc- 
sar de alguuas ligeras desviacioncs, al dcscubrimionto de leyes sen- 
cillas, sin quo eslas hayan sido las reguladoras definitivas de los fcn6- 
mcnos. 

Ciiando Laplace, considerando bajo un nuevo punto de vista los fe- 
nomenos capilarcs, desc6 comparar los resultados dc sus saliios calculos 
con los de la observacion, y llegar por ese medio al ultimo liraite del cs- 
perimento, se dirijio a Gay-Lussac, que correspondio completamente a la 
confianza del inmortal geometra. El instrumento que ^1 invento es, en sus 
pequeuas diraensiones, el mismo que con el nombre de catet6metro ha 
sido luego tan gcneralmentc usado por todos los fisicos. 

En 1807 Humphrey Davy llego, por medio dc la pila, a trasformar 
la potasa y la sosa en metalcs que se amasaban entre los dedos como la 

cera. Este brillante descubrimiento produjo una profunda impresion 

El emperador INapoleon participo de ella, y puso a disposicion de la Es- 
cuela politdcnica los fondos necesarios para la ejecucion de una pila co- 
losal. En tanto que acababa de construirse cse poderoso instrumento que 
debia confiarseles, los Sres. Gay-Lussac y Thenard, poniendo en juego las 
afinidades ordinarias bien dirigidas, Uegaron a producir en grande abun- 
dancia esos mismos metales, convertidos de tal modo en un instrumento 
usual de analisis quimico y de fecundas reacciones, que dieron por pri- 
mer resulfado la descomposicion del acido borico, el descubrimiento del 
boro, del amoniuro de potasio y de sodio, de los acidos Iluoricos y fluo- 
boricos, y hasta del cloro como cuerpo simple, pues en la memoria de 
1809 acerca de la composicion del acido muriatico oxigenado, los Sres. 
Gay-Lussac y Thenard se espresaron de este modo: *^Segun las observa- 
»ciones hechas, se pudiera suponer que el gas muriatico oxigenado es un 
» cuerpo simple.'' Lainlluencia de la sociedadde Arcueil hizo sin embar- 
oo decir que los hechos se esplicaban mejor aiin considerando el acido 

muriatico oxigenado como un cuerpo compuesto Davy, libre de toda 

considcracion personal, sostuvo que la primera interpretacion era la uni- 
ca admisible; coloco el acido muriatico oxigenado en el numero de los 
cuerpos simples, y vio en el acido clorhidrico una combinacion del cloro 

con el hidr6geno La pila colosal de Napoleon solo produjo efectos de 

mediana consideracion. 

El analisis de las sustancias animales y vegetales ha tomado de algu- 
nos auos a esta parte un inmenso desarroUo, y ha conducido a los mas im- 
portanles resultados. Estos progresos son principalmenle debidos al md- 



319 

todo ima&;iiiado por Gay-Lussac: 61 fu6 el primero que por medio del bi- 
oxido do cobre quemo la sustancia que so iba a analizar, y todos los qui- 
micos ban adoplado ese mismo mdtodo. 

A mediados de 1811, Mr. Courtois, salitrero do Pan's, descubrio el 
iodo en las cenizas del varech, Gay-Lussac tuvo noticia de que numero- 
sos ejemplares de esa misteriosa sustancia so habian dado a Davy, que 
en aquel instante atravesaha la Francia. Temiendo una fatal anticipacion 
corrio a la callc Regard a casa del pobre salitrero, obtuvo una peqiicua 
cantidad de la materia descubierta por ^1, piisose a trabajar, y a los pocos 
dias consigui6 unos resultados notables por su variedad, importancia y 

novedad El iodo es un cuerpo simple, y combinandose con el oxi- 

geno y el liidrogeno produce dos acidos muy distintos Luego el oxi- 

geno no es el linico principio acidificante. 

En sctiembro de 1815 Gay-Lussac leyo al Institute su memoria so- 
bre el azul de Prusia, que es una de las mas luminosas con que la ciencia 
puede honrarse, y que rovela nna multitud de hechos nuovos de inmonso 
interns para las teorias quimicas. El obtuvo el acido priisico en su esta- 
do de pureza, 6 hizo un analisis exacto de esta sustancia; lo aislo de su 
radical el cianogeno; demostro que este radical so componia de azoe y 
carbono, y que el acido priisico esta compuesto do cianogeno y do lii- 
dr6geno; combin6 el cian6geno con el cloro y obtuvo el acido clorocia- 
nico, demostrando lo que aun hasta entonces no so habia visto, es a saber, 
un cuerpo compuesto representando en sus combinaciones el papel de un 
cuerpo simple. La obligacion de atender a sus necesidades y a las de su 
familia dando diariamente lecciones piiblicas, le bizo sentir a Gay-Lus- 
sac el no haber podido dar a sus trabajos el grado do perfeccion a que 
el creia poderlos elevar. El acido cianhidrico es un veneno eminente- 
mente sutil, que arrebata instantaneamente la vida sin producir ninguna 
lesion en los organos esenciales. Esta accion es tanto mas misteriosa, cuan- 
to es producida por un cuerpo compuesto de azoe , quo es uno do los prin- 
cipios constituyentes del aire atmosf^rico ; de hidrogeno, que es uno de 
los principles constituyentes del agua, y del carbon, inofensivo basta un 
grado proverbial. Si, seducido por el olor de almendra amarga que exha- 
la, hubiese Gay-Lussac aplicado a la lengua una sola gota de aquel li- 
quido, hubiera muerto como herido do un rayo, sin que so hubiese podi- 
do descubrir la causa de aquella catastrofe nacional. 

En 1816 publico la descripcion de un barometro portatil de sifon, 
que posteriormente se ha hecho objeto de un uso general. En 1822 dio 
a conocer su modo de pensar acerca do la suspension do las nubes, atri- 
buy^ndola a la accion do la corrionte atmosKrica ascendcnte sobre los 
vapores vesiculates. Ya en 1818 habia hecho investigaciones acerca de 



320 

las caiisas de las nubes tempestuosas. Scgun su opinion, cuando las nubes 
son de una gran dcnsidad gozau de las piopiedadcs do cuerpos s61idos, la 
cleclricidad primordialmentc diseminada en su luasa se traslada a la sii- 
perficie, y posce una gian tension, en virtud de la cual pucde dc cuando 
en cuando veneer la presion del aire y lanzarse en prolongadas chispas, 
bien sea de una nubc a otra, 6 bien sobre la superficie de la lierra. Pos- 
teriornienle iluslro los puntos mas delicados de la meleorologia , estu- 
diando mas delcnidaraeule la formacion 6 la diseminacion de los vapo- 
res, sea en el vaci'o, sea en los espacios que contienen fliiidos aeriformes. 

En 1823 anuucio su opiuion acerca de los fenomenos volcanicos. Ko 
cree que el calor central de la ticrra, si es que semejantc calor cxiste, 
contribuya en nada a su produccion , que segun su parecer solo es de- 
liida a la accion del agua, probablemente del mar, sobre las sustancias 
combustibles. 

Nuevos procedimientos marcados con el sello de la exactitud, sencillez 
y elegancia, prueban cuan esclavo era Gay-Lussac de sus deberes, y lo 
mucho que merecia la confianza que el Gobierno habia depositado en 61. 
Habiendo la Academia sido consultada acerca del merito de sus alcolorac- 
tros, afirmo en 1822 que el habia tratado la cuestion de areometri'a bajo 
todos los puntos de vista y con su babilidad acostumbrada, que sus ta- 
blas sou para la industria y la ciencia una preciosa adquisicion, etc. Al- 
gun tiempo despues creo la clorometn'a , e invento procedimientos exac- 
tos para determinar la riqueza de los alcalis del comercio; perfecciono 
por medio de ingeniosos recursos la fabricacion del acido sulfiirico, cuyos 
laboratories no es ya preciso que est^n en sitios desierlos; finalmente, creo 
en su totalidad el analisis por la via hiimeda de las aleaciones de plata y 
cobre, cuyo m^todo ha sustituido en todas partes a la copelacion. 



N.* G. - REVISTA DE CIENCIAS. - Junio 1853. 



mmm exactas. 



itSTROmOMIlit. 



Sobre ciertas analogias del sistema solar; por el profesw Daniel 

KiRKWOOO. 



(Cosmos, -10 ahril I8bj.) 



M, 



.r. Daniel Kirkwood, de Poslville, siguiendo las huellas de 
Kepler, y esforzandose por encontrar alguna cosa nueva en 
las relaciones aritmeticas de los elemenlos planetarios, ha 
descubierto una ley, por medio de la cual se puede determi- 
nar la magnitud primiliva del planeta situado entre Marte y 
Jupiter, el que habiendo estallado, diera origen a los pequenos 
planetas cuyo numero crece de dia en dia. Entre dos plane- 
tas consecutivos exisle un punto en que sus atracciones son 
iguales: si la distancia de este punto al Sol se llama radio de 
la esfera de atraccion del planeta, la ley de Mr. Kirkwood es 
que, respecto a cada planeta, el cuadrado de la duracion de 
su ano, espresada en dias, es proporcional al cubo del radio 
de su esfera de atraccion; es decir, que la relacion entre es- 
tos dos numeros es constan^e, y la misma para lodos los pla- 
netas. 

Cuando se comparan las distancias de los planetas con los 
tiempos de sus revoluciones en sus orbitas, se nota al mo- 
mento, que mayor tiempo de revolucion corresponde siempre 
a distancia media mayor tambien: esta es la gran verdad es- 
presada en la tercera ley de Kepler, segun la cual la relacion 
entre el cuadrado del tiempo de la revolucion y el cubo del 
semi-eje mayor 6 de la distancia media es conslante. Pero si 

TOHO III. 21 



322 
en vez do coraparar los liempos do las rotaciones do los pla- 
iielas sobre su eje con los tiempos de las revoluciones, se ha- 
ce con la dislancia media, parece a primera vista que las dos 
cantidades nuevas no lienen enlre si relacion alguna. Jupiter, 
el primero de los planetas esteriores, es el mayor del sistema, 
y el que se mueve sobre su eje en el periodo mas corlo. Marte 
es, esceptuado Mercurio, el menor de los ocho planetas prin- 
cipales, y el liempo de su revolucion diurna es el mayor. Sa- 
turno, cuyo diaraetro es mucho mas pequefio que el de Jupi- 
ter, gira sobre su eje mas lentamente; Venus, cuyo voliimen 
es un poco menor que el de la lierra, se mueve por el con- 
trario al rededor de su eje en un tiempo mas breve. Del mis- 
mo modo Venus, planeta interior el mas proximo a la orbita 
terreslre, y Marte, primer planeta esterior, tienen casi igual 
densidad, y sin embargo el tiempo de la rotacion del uno de 
estos planetas es 40 minutes mas corto que el de la rotacion 
de la Tierra, mientras que el tiempo de la del otro es 40 mi- 
nutos mas largo. Si se comparan las masas, volumenes y dis- 
tancias de los planetas con los tiempos de sus rotaciones sobre 
sus ejes, se estaria tambien por creer que existe una inde- 
pendencia absoluta. 

«No conocemos, dice Mr. Humboldt (tom. 1, pag. 100 del 
Cosmos), conexion necesaria entre estos seis elementos: volu- 
menes, densidades, rotaciones, escentricidades, inclinaciones 
de las orbitas y distancias medias; ignoramos si existe entre 
esas diversas magnitudes una ley mecanica 6 natural, analo- 
ga a la que une, por ejemplo, los cuadrados de los tiempos 
de las revoluciones con los cubos de los ejes mayores." 

Mr. Kirkwood es el primero que ha intentado entrelazar 
esos elementos, independientes completamente en apariencia; 
empresa tanto mas atrevida, cuanto que las cantidades que 
se debian unir eran diferentes en estremo, v. gr.: la masa de 
Jupiter es 3.000 veces mayor que la de Mercurio; la distan- 
cia entre Saturno y Urano en conjuncion es 33 veces mayor 
que la de la Tierra y Venus, siluados en las mismas circuns- 
tancias; el niimero de dias del ano de Saturno es 280 veces 
mayor que el niimero de dias del ano de Mercurio. 

Si sucede, pues, que todos estos elementos conocidos del 



323 
sistema solar, espresados por cantidades Ian inconexas 6 com- 
prendidas enlre limites tan distantes, satisfagan a una mis- 
ma formula compleja, entonces sera muy probable que lal 
formula sea espresion de una ley de la naturaleza. Pues bien, 
asi sucede con la formula que represenla la analogia de 
Mr. Kirkwood, segun la cual, si se llama D el diametro de la 
esfera de atraccion de un planela cualquiera, y iVel numero 
de dias 6 de rotaciones sobre su eje que se ban sucedido du- 
rante el tiempo de una revolucion entera al rededor del sol, 
la razon iV : D^, y por consecuencia la razon IS : Dl debe 
ser conslante de tal modo, que designando por C un numero 
determinado, el mismo para todos los planetas, se tendra 

N: D\ = C, log. /?=l(log. iV.-log. C). 

Para aplicar Kirkwood su f6rmula, ha partido de las dis- 
tancias medias, de las revoluciones siderales y de las rota- 
ciones de los ejes adoptadas por Mr. Loomis; de los valores 
asignados por Encke a las masas de la Tierra, Jupiter y Sa- 
turno; de la masa de Urano, que resulta de las observaciones 
hecbas por Mr. Struve en 1848; habiendo hallado de este 
modo que el diametro de la esfera de atraccion de Saturno, 
tomando por unidad la distancia de la Tierra al Sol, era de 
8,618608; de donde resulta, que la constante C tenia por va- 
lor 972,929. Solo faltaba probar despues, subiendo desde Sa- 
turno a Urano y Neptuno, y descendiendo de Marte a la 
Tierra, Venus y Mercurio, que las dos cantidades i> y iVsa- 
tisfacian siempre a la ecuacion precedente. Tambien se po- 
dia, y asi lo ha intenlado el profesor americano, emplear esa 
misma ecuacion para determinar a priori las masas de los di- 
versos planetas, a fin de compararlascon las masas adoptadas. 
El resultado de la comparacion ha sido tan satisfactorio como 
erade esperar, ylasdiferencias entre las masas calculadas y 
las admitidas ban salidocomprendidas siempre entre los limites 
de las incertidumbres que nacen del estado actual de "la 
ciencia. Asi, pues, si se admiten como exactas las masas 
de Jupiter, Saturno y Urano, los valores que se deducen 
para las masas de Venus y Marte difieren solo en una diez 



324 
y siele ava parte de los valores admilidos, y para la masa 
de Mercurio se halla un valor superior en una cincuenta 
ava parte al asignado por Mr, Le Verrier. 

Una cincuenta ava, una diez y siele ava parte, es sin duda 
alguna cosa; pero Mr. de Humboldt dice espresamente en el 
tomo 3/, que las masas de los tres planetas en cuestion necesi- 
tan probablemente corregirse. El capitan Smith dice por su 
parte, que por sola la razon de no conocerse satelites a Venus 
y Mercurio, no se sabe lodavia con certeza cuales son las 
masas de los dos planetas. Mr. Hind, fundado en lo mismo, 
asegura que la masa de Marie es solo aproxiraada. Lo repe- 
timos; todo lo que se puede pedir a la anaiogia de Mr. Kirk- 
wood para proclamarla como ley dc la naturaleza, es que las 
diferencias entre los elementos calculados y los adoptados se 
comprendan entre los limites de errores posibles: la pequefia 
canlidad en que la masa de Mercurio deducida de la ley en 
cuestion, difiere de la masa asignada por Mr. Le Verrier, debe 
admirar estraordinariamenle cuando se la compara con la 
enorme diferencia que hay entre el valor anliguo y el admi- 
tido hoy por Encke: seria, pues, mas que temeridad el no 
adraitir una incertidumbre de una diez y siete ava parte. 

La aplicacion que hace Mr. Kirkwood de su ley al pla- 
neta hipotetico, de quien son hijos los pequenos planetas 
nuevos, servira para demoslrar como se veriiica la interpo- 
lacion 6 el paso de un planeta a otro. 

Llamese m la masa de Marte; M la de Jupiter; /* la 
del planeta hipotetico entre Marte y Jupiter; r el radio es- 
terior de la esfera de atraccion de Marte ; R el radio inte- 
rior de la esfera de atraccion de Jupiter; ^ el diametro de la 
esfera de atraccion del planeta hipotetico; p, el radio esterior; 
f,' el radio interior de esa misma esfera; d la distancia media 
de Marte al Sol; <f' la distancia media del planeta hipotetico al 
Sol; y se tendra, en virtud de la ley de atraccion y de la de- 
linicion de las esferas de atraccion, 

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de donde se deduce 



325 



f'= — 7= 7=r, /u=m( -) ,^=d4-rl ~r~ ^+1 1; 

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cuyas ultimas ecuaciones daran p, /^ y «r, es decir, el radio 
interior de la esfera de alraccion de la esfera hipotelica, su 
masa y su distancia media al Sol. La ley de Mr. Kirkwood da- 
ra al momento el valor correspondiente a N; es decir, el nii- 
mero de dias comprendidos en la revolucion. 

Si se quisieran considerar los pequenos planetas como as- 
tros completamenle independientes, la analogia de Mr. Kirk- 
wood seria siempre aplicable a Marie y Jupiter, puesto que 
Flora, el mas pr6ximo de estos cuerpos, esla inmediatamente 
esterior al limite tambien esterior de la esfera de atraccion 
de Marte; y la distancia media de Higea, el mas dislante, 
corresponde sensiblemente al limite interior de la esfera de 
atraccion de Jupiter. 

Los elementos de los diferentes planetas deducidos de la 
ley de Kirkwood, 6 que satisfacen a dicha ley, son los si- 
guientes: 



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326 



Jiipiter. . . 
Saturno . . 
Urano . . . 
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327 
Se habra uotado que el radio interior de la esfera de alrac- 
cioii de Mercurio avanza en la orbita hasla una dislancia con- 
siderable; cuya escepcion indica al parecer la exislencia de 
Giro planeta 6 de un anillo de asteroides 6 aerolilos muy pe- 
quenos en lo interior de la orbita de Mercurio. Ya hace mu- 
chos anos que Mr. Kirkwood se halla inclinado a creer que 
no es Mercurio el planeta mas proximo al centro de nuestro 
sislema. Sugiriole al principio esta conjetura la circunstancia 
de ser la relacion del diametro del Sol a la distancia de Mer- 
curio mucho mayor que la del diametro de un planeta cual- 
quiera a ia distancia de su satelite mas proximo. El descu- 
brimiento de la analogia entre los periodos de rolacion de los 
planetas vino S robustecer su opinion de la existencia de ese 
planeta; la distancia del Sol al limite en que se equilibran 
las fuerzas centripela y centrifuga es 0,168, y la distancia del 
limite interior de la esfera de atraccion de Mercurio es 0,275: 
es, pues, probable que en este intervalo hay un planeta que 
no se ba descubierto todavia, cuya exislencia se halla indica- 
da ademas por la presencia de cierto orden en la disposicion 
de las masas planetarias, del cual hablaremos en seguida. 

En resumen, la probabilidad del planeta situado en el in- 
terior de la orbita de Mercurio es bastanle grande, debiendo 
por tanto ser objeto de trabajos asiduos. Suponiendo que fue- 
se real, habria gran interes en estudiar las perturbaciones que 
puede producir en el moviraiento del cometa de Encke; y 
tal vez por este medio se esplicase mejor que se ha hecho has- 
ta el dia, 6 al menos en parte, la disminucion del tiempo de 
la revolucion de ese cometa periodico. Sabido es que para dar 
razon de este decremento, Mr. Encke ha reducido en la pro- 
porcion de 5 a 12 la masa de Mercurio, que tampoco seria co- 
mo 1 : 2025810, segun pretendian Lagrange y Laplace, sino 
1 : 4865751; confesando sin embargo que esta determinacion 
solo ha de considerarse como un primer ensayo para aproxi- 
marse a la verdad. 

Mr. Kirkwood pasa despues a discutir, bajo el punto de vis- 
la de su analogia, la cuestion del origen comun de los planetas 
pequeuos. Todo el mundo conoce la hipotesis de Olbers, que lo 
atribuia a la esplosion y fraccionamiento de un planeta primiti- 



328 

vo; y este debia precisamente ser el mismo cuyos elemenlos 
ha calculado Kirkwood, segun acabamos de ver. Se ha objelado 
a la hipolcsis de Olbers, que las 6rbilas de lodos esos aslros no 
sc corlan como debiera suceder en una misma linea recta, 6 
que no pasan lodas por un mismo punlo, que seria el de sepa- 
racion u origen. Pero, dice Mr. Kirkwood, si el planeta primi- 
tivo ha estallado, los fragmentos mas voluminosos han podido 
estallar luego, y enlonces en vano se buscaria un punlo comun 
de partida. La opinion mas probable es, definitivamenle, la 
que admite que los cuerpos planetoides proceden del fraccio- 
namiento de una masa primera, cuando aiin se hallaba en el 
eslado de materia nebulosa, 6 al menos antes de su solidifica- 
cion. La influencia perturbatriz de los otros planetas, especial- 
mente la de Jupiter, bien sea sobre un anillo primordial, se- 
gun insinua Mr. Peirce, bien sobre el planeta hipotetico en es- 
lado de formacion incompleta, ha podido determinar dicha se- 
paracion. Porque: 1." en razon de la corta distancia que separa 
las orbitas de los pequenos planetas, 6 del planeta hipotetico 
de la orbila de Jupiter, la accion perturbatriz de la enorme 
masa de este ha debido hacersesentir en la region delos plane- 
tas pequenos con mas energia que en las demas regiones del 
cielo; 2.° la anchura del anillo primordial, 6 el diametro del pla- 
neta hipotetico, seria probablemente bastante considerable 
para hacer que la influencia de Jupiter sobre sus dos lados 
opuestos fuese muy desigual; 3." el tiempo de revolucion, 
1969 dias, que la analogia de Mr. Kirkwood senala al planeta hi- 
potetico, es exactisimamente conmensurable con el tiempo de 
la revolucion de Jupiter, puesto que 11 revoluciones de las 
primeras componen 5 de las segundas; 4.° entre la multitud de 
planetas pequenos que circulan en esa zona, hay probablemen- 
te muchos cuyos periodos de revolucion son conmensurables 
con el correspondiente de Jupiter; los que hacen su revolu- 
cion en 1444 dias, tercera parte exacta del periodo de Jupi- 
ter, se han hallado en conjuncion con este planeta en el mis- 
mo punlo de la orbila una vez en 4332 dias; y por esto mis- 
mo la perturbacion causada en su marcha ha sido permanen- 
tc. En una palabra, es muy posible (fue por consecuencia de 
las atracciones mutuas, de las interseccioncs dc las orbitas, elc. 



329 
se hayan formado frecuentemente, eo esa parte del sistema 
planetario, nuevas combinaciones 6 agregaciones de materia. 
A no dudar se haran mas adelante descubrimientos impor- 
tantes en este campo, lodavia sin esplorar. 

Cuando Mr. Kirkwood anunci6 por la vez primera su ana- 
logia, no se habia hallado aun mas alia de la orbita de Pallas 
ningun planeta pequeno; posteriormente se han descubierlo a 
distancias mucho mayores Higea y Psiquis. Ahora bien: la 
orbita de Higea es esterior a la del planeta hipotetico, mien- 
tras que la de Psiquis tiene sensiblemente el mismo dia- 
metro. 

Digamos tambien una palabra respecto a Urano. El tiem- 
po de su rolacion sobre si mismo no se ha delerminado nunca 
por medio de la observacion; partiendo del valor seualado a 
la masa por la analogia, ese tiempo sera de 37 boras proxi- 
mamente. Pero una observacion de Maedler daba a Urano 
una forma eliptica bastante pronunciada, un acbatamiento 
muy considerable, para que debiera fijarsele un tiempo de 
rotacion mucho mas corto. Para respondcr a semejante ob- 
jecion basta adverlir, que la observacion de Maedler no se ha 
confirraado por los demas aslronomos, que se valian de an- 
teojos de mas aumento; asi que Mr. Otto Struve, con el gran 
refractor de Pulkova, no ha descubierto senal alguna de elip- 
ticidad. Puede, por tanto, admitirse, hasta nueva orden al 
menos, que Urano gira lentamente sobre si mismo. 

Acostumbrados k dividir los planetas en dos grupos dis- 
tintos, separados por la region de los planetas pequenos, y 
notando a primera vista alguna semejanza entre los astros de 
cada grupo, bajo la triple relacion de magnitud, densidad y 
acbatamiento, casi se estaba, para hacer mas completa toda- 
via la semejanza, por conceder a los astros de un mismo grupo 
igual velocidad de movimiento de rotacion; mas bajo este 
punto de vista, dificilmente se admitiria que Urano gaste 37 
boras en girar sobre su eje. Pero ^es cierto que este modo de 
agrupamiento, y las conclusiones que de el se sacan, estriban 
en fundamento solido? Esas combinaciones, ^no son complc- 
tamente arbitrarias e ilusorias? Los voliimenes de la Tierra y 
Venus son sietc vecos mayores que el de Marte, y veinle 



330 

veces, proximamente, mayores que el de Mercurio, mieulras 
que en el grupo eslerior los volumenes de Urano y de Neptu- 
no son inferiores a la decima parte del voliimen de los olros 
dos grandes planetas. Jiipiler y Saturno son muy aplanados 
en los polos, cuando los telescopios de mas poder no descu- 
bren elipticidad alguna en Urano y Neptuno, Las masas de la 
Tierra y Yenus son mayores, relalivamente a las de Urano y 
Neptuno, que lo son las de estos planetas comparadas con las 
de Jupiter y Saturno. Todavia se podrian citar sin trabajo 
anomalias mas sorprendentes: la pretendida semejanza entre 
los astros de cada uno de los grupos ficticios, no tiene, pues, 
nada de fundado. 

Ponemos a continuacion un modo de agrupamiento de los 
planetas, que parece mucho mas natural, que no tiene nada 
de arbitrario, y cuya razon intima existe muy probablemenle 
en el modo de formacion de los astros de nuestro sistema. 

PLANETAS. Diametro medio. Deosidad. 



l-eruno f^'P^""° ^'^^^ ^'^^^ 

^"P^" (Urano 4,428 0,153 

ao (Saturno 9,205 0,133 

grupo.. . ( j^pjfgj. ji 255 0,243 

^ er (Planeta hipotetico. . 0,584 1,472 

3. grupo.. (j^^^j^ ^^gjg ^^^32 

.„ (Tierra 1,000 1,000 

grupo-- (Yenus 0,991 0,973 

g„ (Mercurio 0,391 1,930 

6 P ••• (pianeta desconocido. » » 



Las densidades sentadas en la ultima columna se ban 
calculado por medio de los diametros 6 de los volumenes, y 
de las masas tomadas del cuadro que antecede. Abora bien, 
se ve que en cada grupo las densidades de dos planetas son 
entre si como sus volumenes, 6 lo que es lo mismo, como las 
raices cuadradas de las masas; de donde resulta que estas son 
entre si como las sestas potencias de los diametros. Luego, 
designando por D, d, los diametros de dos planetas de un 



331 

grupo cualquiera; por A, ^, sus densidades; por M, m, sus 
raasas, se tendra 

D' : d'=A : d; ^Im : Vw=A : $; M : m=iD'' : d\ 

Lo que mas confirma esta nueva analogia, es que valien- 
dose de formulas que la espresen para calcular los diametros 
de Venus, Saturno y Neptuno, cuyos valores son mas incier- 
tos, los que se obtienen para dichos diametros se hallan to- 
dos comprendidos enlre los valores que les senalan Mr. de 
Humboldt y Mr. Hind, dos grandes autoridades en esta ma- 
teria. 

La combinacion hecha per Mr. Kirkwood implica tambien 
la existencia de un planeta en lo interior de la orbita de Mer- 
curio, e indica entre los planetas de un mismo grupo cierta 
semejanza de constitucion original, y cierta relacion de con- 
dicion primitiva y de dependencia mutua: ademas, inclinaria 
a prever que si se Uegara a descubrir un nuevo planeta si- 
tuado mas alia de Neptuno, la existencia de ese nuevo pla- 
neta haria probable la de un segundo astro que formase con 
el primero un grupo binario. 



Observaciones del planeta Saturno y de su anillo , hechas en 
Wateringbury por Dawes, y en Valetta, isla de Malta , por 
Lassell. 

(L'lnslitut, 9febrero 4853.) 

Primer estracto de la descripcion de Dawes. — Carta prime- 
ra. — Wateringbury , noviembre de IS^'i. — ^^El otono ultimo ha 
ofrecido pocas ocasiones de hacer observaciones delicadas con 
aumentos telesc6picos de cousideracion. Sin embargo, pores- 
pacio de dos 6 tres noches se ha podido observar bien el pla- 
neta Saturno con mi refractor de 8i pies, y principalmente el 
25 de setiembre, en que a pesar de una niebla densa ha sido 
posible servirse de un aumento de 460 con admirable limpie- 
za. El siguiente estracto de las notas de mi diario apuntadas 
en dicho dia, dara a conocer lo que me ha sido permilido ob- 
servar. 



332 

»1852, 25 dc setiembre, 8J pies acromalico. Salurno: au- 
wnieDlo 460, lente biconvexa. Sumamente perceptible cuando 
»la niebla no es baslante densa para interceplar la luz sulicien- 
»te. Una linea negra muy estrecha en el anillo luminoso esle- 
nrior; la porcion (del anillo) esterior a esla linea es menos\U' 
»minosa que la porcion interior. La parte mas brillante del 
»anillo esterior, es la que esta pr6xima a la division de este y 
»el anillo brillante interior. 

»La sombra del anillo brillaute interior tiene unas fajas, y 
»se estiende hacia el borde esterno del anillo hasta la quinta 
wparte de su anchura total proximamente: cerca del borde in- 
»terno se distingue una sombra oscura y perceptible; pero 
»el mismo borde esta evidentemente mucho mas brillante, 
»aunque esta parte sea sumamente estrecba. 

»El anillo oscuro es visible, pero muy apagado en razon 
»de la niebla; a veces solo se distingue su porcion esterior. 

»La proyeccion del anillo oscuro sobre el cuerpo del plane- 
»ta no es de ningun modo negra, y el borde meridional de la 
wlinea oscura no es mucho mas negro ni tal vez tantocomo el 
»resto. Se manifiesta como si la sombra del anillo no fuese 
wrealmente negra , lo que hace muy probable que ese anillo 
wapagado pueda muy bien ser trasparente en parte. Existe un 
»contrasle sorprendente entre la proyeccion pardusca de este 
»anillo y la sombra del cuerpo del planeta en los anillos lu- 
wminosos, que es perfectamente negra." 

Para esplicar este ultimo parrafo, dire que el aspeclo del 
anillo apagado me habia sugerido, desde que se descubri6, la 
idea de fluidez, al menos en su superficie; y he tratado de de- 
terminar el valor de esta idea, examinando desde las primeras 
apariciones del planeta en 1852 la calidad de la sombra pro- 
yectada por el anillo apagado sobre el cuerpo del planeta. Yo 
esperaba, si este anillo palido era tan solido como los lumino- 
sos, que su sombra deberia verse como una linea negra en el 
borde meridional de la proyeccion gris del anillo, en el mo- 
mento que la elevacion de la tierra sobre el piano del anillo 
escediese en mucho a la del Sol sobre el mismo piano; pero no 
bubo noche alguna bastanle favorable para semejante obser- 
vacion hasta el 25 de setiembre, epoca en que la diferencia 



333 
enlre la elevacion de la Tierra y del Sol no llegaba a un 
grado. Sin embargo, aunque la anchura total de la linea os- 
cura, compuesla de la proyeccion del anillo apagado y de su 
sombra, sea evidentemente mayor que la que deberia tener la 
proyeccion sola, no se uotaba diferencia alguna en el grado 
de la linla negra de su borde meridional. 

»En ei cuerpo del planela, la faja 6 banda ancha al Sur del 
ecuador se ve esle ano dividida en dos mas claramente que 
se habia observado en el ano ultimo t) en el anterior. En 1S50 
la-oscuridad de la sombra disminuia gradualmente a partir 
del ecuador hasta que se perdia en la tinta crepuscular gene- 
ral del polo S.; y en febrero de 1831 una linea luminosa di- 
vidia en parte esta faja en otras dos bastante anchas, de las 
cuales la mas proxima al ecuador era la mas oscura y mas 
marcada. En octubre del mismo ano la division era mas vi- 
sible, pero variaba perceptiblemente en los diferentes lados 
del planeta; sin embargo, durante el otouo ultimo se la veia 
facilmente, y casi de un modo uniforme. Una faja estrecha y 
bien definida se form6 hacia el grado 40 6 45 de latitud Sur. 
Al rededor del polo meridional, el casquete en forma de faja 
es decididamente mas luminoso que el resto del hemisferio, 
segun lo he observade el aiio ultimo. 

wLasdescripciones de los diferentes observadores relativa- 
mente al aspecto del anillo esterior son muy embarazosas. 
Con mi telescopic se ha podido ver este ano, como en el ante- 
rior, una linea oscura, estrecha, situada un poco hacia el es- 
terior de la porcion media de su anchura ; linea que parece 
formar el limite interno de la parte oscura del anillo, produ- 
ciendo la impresion bien seualada de una division del anillo 
en aquel paraje. Por el contrario, las descripciones y figuras 
del planeta de MM. Bond, Otto, Struve y Lassell, aunque he- 
chas con auxilio de telescopies de mayor alcance, no indican 
variacion alguna en este anillo ; diferencia notable que no se 
como podra esplicarse, a no ser que se suponga que la cor- 
reccion perfecta de la aberracion y una cantidad moderada de 
luz, con un aumenlo comparativamente alto, constituyen la 
combinacion mas favorable para hacer visibles las lineas os- 
curas muy finas sobre un fondo luminoso. El modo de obrar 



334 

de los telescopio8 con respecto a semejante clase de objetos, 
da al parecer alguna verosimilitud a esta idea, 

»He olvidado decir que continue viendo de vez en cuando 
una linea oscura muy eslrecba entre el anillo apagado y el 
brillante, indicando una separacion. El 20 de setiembre he 
escrito en mi Diario lo siguiente : el anillo apagado resalta 
bien de tiempo en tiempo; me parece que hay una linea os- 
cura entre el y el anillo brillante. Aumento, 366. 

))Mi primera valuacion (en 1850) de la anchura de esa li- 
nea (la de 0",3) era ciertamente muy considerable, y estaba 
fundada en la idea de que si fuese menor no se distinguiria ab- 
solutamente en semejante situacion; pero valuaciones muy 
precisas, hechas en el ano ultimo y en el presente , me ban 
inducido a concluir que su ancho total, aun visto en las cir- 
cunstancias mas favorables, no puede ser la mitad de aquella 
cantidad: por lo demas, es un caso que se observa rara vez." 

Segunda carta. —i)tciem6re 1852. — **Desde que bice mis 
observaciones de Saturno en setiembre ultimo, se ha realizado 
la duda que se suscit6 en mi mente relativa a la trasparen- 
da parcial del anillo oscuro, y el cuerpo del planeta se ha hecho 
visible al travis de su sustancia. Tengo noticia que el capitan 
Jacobi, del Observatorio de Madras, ha observado esto mis- 
mo el 22 de setiembre con un objetivo de Lerebours de 6 
pulgadas, aumento 277; y que el 16 de octubre Mr. Lassell 
ha notado en Malta la misma particularidad con su reflector 
de 20 pies, sin saber que se habia visto antes que 61 la viese. 
Aqui hemes tenido pocas ocasiones de comprobar un fen6- 
meno tan delicado, pues el cielo ha estado escesivamente 
male por espacio de muchas semanas; pero durante tres no- 
ches del mes ultimo, y principalmente el 30 , los hordes del 
cuerpo del planeta ban podido descubrirse y ser seguidos con 
mi telescopic hasta el horde interne del anillo brillante inte- 
rior. Notase una irregularidad sorprendente en el contorno 
de la sombra del planeta sobre el horde esterior del mismo 
anillo, cuya circunstancia la ha advertido por primera vez 
Mr. Lassell cuando la sombra caia al lado occidental, y yo 
la he reconocido claramente en mas de una ocasion desde 
que la sombra principi6 a proyectarse en el lado oriental." 



335 

Segundo estracto de la nota de Mr. Lassell. — Yaleta, isla de 
Malta, 8 de rfiaewire 1852.— "Aprovechando la ocasion de 
las posiciones favorables de los planetas Salurno, Urano y 
Nepluno, he trasladado aqui el oloQo ultimo mi telescopio 
ecuatorial de 20 pies, y desde mediados de oclubre he obser- 
vado principalmente estos cuerpos. Las ventajas de una lati- 
lud menor, de un cielo mucho mas puro y sereno, como tam- 
bien algunos perfeccionamienlos nuevos introducidos en la 
figura del espejo, me han permitido observar de una manera 
mas peifecta que hasta ahora habia podido hacerlo, aquellos 
miembros lejanos de nueslro sislema. Salurno, como era de 
esperar, ha ocupado una gran parte de mi alencion. El feuo- 
meno mas notable quiza que he obtenido , y menciono hoy 
por la primera vez, es la trasparencia evidente del anillo os- 
curo, puesto que los dos hordes del planela se divisan clara- 
mente al traves en los puntos en que corta al cuerpo, y hasta 
cerca del borde del anillo brillante interne. No me ocurre 
describir de otro modo el aspecto de ese anillo oscuro, sine 
comparandolo a un anillo de crespon negro que estuviese es- 
tendido en lo interior del anillo lurainoso, el cual, proyectado 
en un cielo negro, como sucede en los anillos, se presentaria, 
reflejandole un poco de luz, con una tinta parda muy oscura, 
mientras que, proyectado en el cuerpo del planeta, aparece- 
ria, dejando pasar una porcion de la luz reflejada de ese 
cuerpo , con un matiz pardo mucho mas claro. ;,Cual es la 
verdadera naturaleza de ese maravilloso accesorio que pre- 
senta al parecer la linea de union entre la materia nebulosa y 
la solida? La limpieza marcada de sus bordes le hace diferir 
de lodas las demas especies de nebulosas, en tanto que, por 
otra parte, su trasparencia evidente le quita toda especie de 
semejanza con los otros cuerpos solidos de nuestro sistema. 

))La superficie del cuerpo del planeta ofrece multitud de 
fenomenos delicados, que no presentan precisamente siempre 
el mismo aspecto; pero he observado constantemenle cinco 
zonas 6 fajas, dos de un color rojizo cerca del Ecuador, y 
tres mucho mas estrechas hacia el polo Sur, de color verde- 
azulado. La faja mas meridional circunda el polo, que se ha- 
11a marcado con un circulo de color mas claro. 



336 

))No lie podido descubrir division alguna en lo eslerior del 
anillo luminoso, aunque su gradacion no es uniforrae, y esla 
adornada generalmente, segun parece, en el borde interno 
con una faja mas clara, que tiene pr6ximamente la quinta 
parte de su anchura. El matiz oscuro de su superficie no pa- 
rece siempre el mismo; unas veces he visto que era unifor- 
me, a contar desde el horde de la faja luminosa; y otras he 
distinguido en el borde eslerno otra parte mas luminosa. 

))Tampoco he logrado observar division 6 diferencia de 
gradacion en el anillo oscuro, que me parece es de color uni- 
forme, con un horde interno hien definido, aunque puede su- 
ponerse tenga densidad menor que el borde esterno, donde 
presenta un contraste marcado con el interno del anillo bri- 

llanle. 

»La sombra del anillo en la parte septentrional del cuerpo 
del planeta se ha vuelto visible desde mediados de noviem- 
bre: su color no es negro en manera alguna, sino pardo, te- 
niendo proximamente el mismo matiz que el del anillo, os- 
curo hacia las asas, 6 tal vez una tinta intermedia entre esla 
y la porcion proyectada en el planeta. La sombra no aparece 
claramente definida en el borde esterior/' 



I^EODE&ilA. 



Aparato para medir bases, ideado por Porro. 

Al Sr. J. Porro, Oficial superior de Ingenieros de Cerdena, 
somos deudores de la invencion de varies instrumentos topo- 
graficos, y entre ellos de un aparato para la medicion de ba- 
ses. En el primer tomo de la Revista, pag. 195, se hizo una bre- 
ve esplicacion de el conforme en un todo con la que da el Se- 
nor Salneuve en la ultima edicion de su tratado de Geodesia; 
mas como posteriormente haya tenido mejoras considerables, 
que no se encuentran indicadas en ningun tratado de lopogra- 
fia, procuraremos dar aqui una idea ellas. Hubieramos desea- 
do a este fin poder insertar integra la Memoria remitida por el 



331 
autor a la Academia de Ciencias del Inslitulo de Francia; raas 
no habiendo logrado obtenerla, tendremos que conlenlarnos 
con la ligera resefia que hacen los Sres. Academicos infor- 
manles, Binet, Faye y Largeleau, que se omitio al copiar el 
infornie en la pag. 317 del primer tomo de esta Revista, y es 
como sigue. 

*^A las tres reglas de platino y de cobre, de liierro y de 
zinc 6 de pino, empleadas hasla aqui, suslituye Porro una re- 
gla unica, dispuesta de la manerasiguiente. Un tubo de lalon, 
bueco, y de largo algo mayor de 3 raelros, descansa por tres 
puntos sobre tripodes de madera, a saber: en una de sus es- 
Iremidades por una punfa de acero que entra ligeramente en 
la madera del primer Iripode, y en la otra estremidad los dos 
puntos de apoyo sobre el segundo tripode estan dispuestos en 
forma de dos sectores de circulo de laton, reunidos por un tra- 
vesano fijo al tubo, y que jira en doscollaressirviendodeeje. 
Esta disposicion permite efectuarse las dilataciones acciden- 
lales del tubo sin violencia, y sin rozamienlo sensible sobre 
la mesilla del tripode. 

En la parte media del tubo hay un nivel de aire que sir- 
ve para medir su inclinacion cuando funciona. La forma del 
tubo es casi cilindrica; en efecto, esta construido de tal suerte 
que si, suponiendole completamente rigido, se le cortase cuan- 
do esta en posicion por un piano vertical tirado por su eje, la 
seccion de la superflcie no seria dos lineas rectas paralelas 
como en el caso de ser un cilindro, sino dos curvas muy pro- 
ximas a dichas rectas, y que tendrian su convexidad hacia el 
zenit. A causa del peso de este tubo y de su falta de rigidez, 
eslas dos curvas se convierten en lineas rectas. En el interior 
del tubo ha colocado Porro diafragmas de corcho, cuyos cen- 
tres estan en linea recta, lo que es facil de reconocer miran- 
do en el tubo, que a este fin esta abierto en sus eslremidades. 
Por estos diafragmas hace pasar Porro una vara de pino dada 
de aceite y barnizada, de 1 centimo de diamelro y de S^jOl 
de largo. En cada una de las estremidades, y en el eje mismo 
de esta vara de pino, ha incrustado Porro una pequeua chapa 
de aleacion de cobre y niquel, de 30 milimetros de largo, 
dividida en 500 partes, teniendo ambas el cero de la division 

TOMO III. 22 



338 
hacia la parte interior. Por un empadronamienlo hecho con 
el mayor cuidado, se delermina la distanciaenlreloscerosde 
las dos chapas raetalicas. En fin, el lubo de laton que encier- 
ra la \'ara de pino lleva en snsestremidades una abertura con 
cubierta movil, que permite leer las divisiones de las plan- 
chas. 

Para que el trasporte sea mas facil, el tubo de lalon pue- 
de dividirse en tres partes, que se enchufan y fijan por topes; 
y la vara de pino se descompone tambien en tres partes que 
se unen de un modo aualogo. 

Tal es la regla que ha invenlado Porro; luego indicare- 
mos el uso que hace de ella. 

Ademas de esta regla hay tres microscopios acromaticos, 
que aumentan 40 veces la imagen, construidos de la manera 
siguienle. Sobre el centre de una pieza de tres ramas, en cu- 
yos estremos hay tornillos pasadores, se eleva una columna 
metalica hueca, de la cual parten dos ramas horizontales y 
paralelas, que sostienen en sus estremos verticalmente tam- 
bien el tubo del microscopio. Para establecer completaraente 
la verticalidad del eje de este, se ha unido a su tubo un nivel 
esferico que gira con el. Una barra dentada y un pinon sir- 
ven para hacer subir y bajar el microscopio, a fin de poner su 
foco en coincidencia con el objeto que se ha de observar. Por 
ultimo, dicho microscopio lleva consigo un micrometre, com- 
puesto de cinco hilos paralelos, y de otro que les es perpen- 
dicular. 

Eu la parte superior de la columna central del microsco- 
pio se coloca un objetivo simple de 3 metros de foco, puesto 
de tal manera que el piano llevado por su centre perpendicu- 
larmente a su eje 6ptico pasa tambien por el del microscopio. 
Este objetivo es llamado por Porro objetivo director, y la dis- 
tancia desde su centre al eje del microscopio es de 8 centi- 
metros. Una escala de marfil graduada por sus dos caras en 
milimetros, cubre cuando se quiere servir de ella el diametro 
horizontal del objetivo director; esta escala puede colocarse a 
la derecha 6 a la izquierda del objetivo, subir y descender pa- 
ralelamente a si misma, lo que es necesario cuando el terre- 
ne esta inclinado; en fin, puede, girando sobre una de sus os- 



.339 

tremidades, separarse cuando no senecesita. El cero de la gra- 
duacion de esta escala corresponde al eje oplico del micros- 
copio. 

Los tres microscopios son enteramente iguales, y estan co- 
iocados sobre el terreno en Inpodes de madera, que tienen 
cada uno una mesilla solidamente sujeta por un solo tornillo. 
Eslos tripodes pueden recojerse de manera que ocupen muy 
poco espacio, y su construccion nos ha parecido muy satis- 
factoria. 

Podemos ahora esplicar como se efectua la niedicion de 
la base, cuya direccion ha debido de antemano alinearse por 
medio de jalones segun el metodo ordinario. En cada eslremo 
de la base se fija en el suelo un sillar 6 piquete, sobre cuya 
cabeza esta incrustada una placa metalica que lleva un pe- 
queno agujero conico. Se coloca eutonces uno de los micros- 
copios encima del estremo a partir del cual se quiere comen- 
zar la medicion de la base, y se le situa de manera que la di- 
reccion de los brazos metalicos que sostienen el tubo del mi- 
croscopio este proximamente perpendicular a la de la base: 
el eje optico del objelivo director esta entonces proximamente 
paralelo a ella. Se coloca ademas este primer microscopio de 
suerte que su eje optico, puesto previamenle vertical, se se- 
pare poco del agujero conico de la placa metalica. Como hay 
una abertura en cada una de las mesillas de los tripodes, se 
obtiene facilmente esta coincidencia aproximada por medio 
de una ploraada que se hace pasar por esta abertura. Semid«n 
en seguida con mucha exaclitud las cantidades en que el eje 
del microscopio se separa hacia adelante 6 hacia atras del 
agujero conico. Para calcular esta desviacion, recurre Porro a 
un medio que vamos a dar a conocer. Adapta a la parte in- 
ferior del tubo del microscopio un anillo de laton, que lleva 
consigo una espiga cilindrica de acero, al rededor de la cual 
puede girar, y en cuyo sentido puedesubirse obajarse la ar- 
madura de un objetivo acromatico biconcavo. La construccion 
de este pequeno aparato suplementario permite que coincida 
el eje del objetivo concavo con el eje del microscopio. Un de- 
cimetro de marfll dividido en semimilimetros, lleva en su mi- 
tad un eje de acero que se introduce en el agujero conico que 



3i0 
tiene la placa melalica del piquele. Colocado esle decimelro 
en direccion de la base, se hace subir 6 bajar el objelivo con- 
cavo liasla que, mirando por el microscopio, scpercibancla- 
ramente las divisiones del decimelro. En esla posicion se leen 
las indicaciones de los cinco hilos del micromelro, se hace 
luego dar una semi-revolucion al lubo del microscopio y se 
leen de nuevo los cinco hilos del micromelro; se invierle en- 
lonces la escala de marfil y se hacen dos nuevas lecluras en 
olras dos posiciones inversas del lubo del microscopio. La 
media enlre lodas eslas lecluras da a conocer la distancia ho- 
rizonlal enlre el origen de la base y el eje del primer micros- 
copio. 

El objelivo biconcavo se separa, pueslo que no debe ser- 
vir para las operaciones ulleriores, haciendolo girar coupre- 
caucion al rededor del arbol de acero que lo sosliene. 

Instalado como acabamos de decir el primer microscopio, 
y conocida su dislancia al origen de la base, se coloca a 3 
melros proximamenle de dislancia, y lambien proximo a su 
direccion, otro microscopio verlical sobre su Iripode, y dispues- 
lo de suerle que los brazos melalicos que lo soslienen eslen 
proximamenle perpendiculares a la direccion de la base; esla 
precaucion se loma siempre que haya de colocarse un mi- 
croscopio. A 3 melros mas alia se coloca del raismo modo un 
tercer microscopio. 

Cuando eslan establecidos los dos primeros microscopios, 
y mienlras se ocupa una persona en poner el lercero, dos ob- 
servadores presenlan la regla por sus eplremidades bajo los 
dos primeros microscopios, y leen en las pequenas planchas 
las graduaciones correspondienles a los cinco hilos del micro- 
melro; cada observador hace dar una serai-revolucion al lubo 
de su microscopio, y lee de nuevo los cinco hilos del micr6- 
metro. La media enlre las dos lecluras hcchas por cada ob- 
servador, da con mucha exaclilud la dislancia enlre los ejes 
de los dos microscopios. Una operacion en lodo semejanle da 
la dislancia enlre losejesdeisegundoy del tercer microscopio, 
como enlre el de esle y el del cuarlo, y asi sucesivamenle 
hasla el fin. (Como no hay mas que Ires microscopies, el pri- 
mero viene a ser cuarlo, el seguudo quinlo, elc.) 



341 

En la medicion de las bases hay que tomar una precau- 
cion iraportante; consiste en alinear bien las reglas quese co- 
locan a continuacion unas de olras. En el sistema de Porro, 
se ve que son los ejes de los microscopios los que deben en- 
contrarse en el piano vertical que pasa por la linea que une 
los dos terminos de la base. Para economizar liempo en el 
terreno, no se cine Porro rigorosamenle a Uenar esta condi- 
cion, sino que mide cada vez la desviacion de la linea que 
une los ejes de dos microscopios conseculivos. Para esto, en 
la direccion de la base y a 200 6 300 melros del observador, 
se suspende una plomada distantc de la base 8 cenlimelros 
(se recuerda que es la distancia del centro del objetivo di- 
rector al eje del microscopio); puesla enlonces horizontal la 
escala del segundo microscopio, se coloca el observador un poco 
detras del primer microscopio, y mira al hilo-a-plomo con un pe- 
queno anteojo puesto de manera que la milad proxiraamente de 
su objetivo esle cubierta por el objetivo director del primer 
microscopio. La parte del objetivo del anteojo que ha que- 
dado descubierta, recibe los rayos que vienen directaraenle 
del hilo-a-plomo, mientras que la parte cubierta recibe los 
rayos que parten de la escala de marfil despues que han 
atravesado el objetivo director y que de el han salido parale- 
los por hallarse situada en el foco de este. Asi el obser- 
vador ve la imagen de la plomada sobre las divisiones de 
la escala de mariil en el lugar mismo en que esta escala 
es enconlrada por la linea que va desde la plomada al centro 
del objetivo director, y puede por consiguiente apreciar la 
cantidad en que se separa de la direccion de la base la linea 
que une los ejes de los microscopios. Esta desviacion da 
lugar a una correccion escesivamente pequena siempre, y 
muy facil de calcular. 

La medicion de una base exije varies dias; es posible por 
otra parte, durante el curso de uno de ellos, verse obligado por 
diversas causas a suspender la operacion: era, pues, impor- 
tante tener para estos cases senates ciertas invariables, de 
donde poder partir para continuarla. He aqui corao Porro las 
discurre. Hace clavar solidamente en tierra y con mucha pro- 
ximidad, en la prolongacion del eje del ultimo microscopio, un 



342 

piquele sobre cuyo verlice introduce un tornillo de cabeza 
plana; sobre esla cabeza de lornillo practica un pequefio tala- 
dro conico, y siguiendo el procediraienlo empleado al princi- 
pio de la operacion, defermina la canlidad, mas acfi 6 mas 
alia, de la proyeccion del eje del microscopio a que se halla 
colocado el agujero c6nico. 

Porro supone que la varilla de pino con que mide los in- 
tervalos sucesivos de los microscopios, no esperimenla nin- 
guna variacion consiguiente a los cambios de temperalura y 
al estado higrometrico del aire: la Coraision no ha podido ha- 
cer esperimentos para apreciar este aserto. Si el general Roy 
ha encontrado que el pino esta somelido a las influencias al- 
mosfericas, y recibe por su efeclo modificaciones irregulares, 
es preciso recordar que sus reglas no eslan como las de Porro 
irapregnadas de aceite, y cubiertas de un barniz que las pre- 
serve de la accion de la humedad. Estas precauciones no tie- 
nen nada de iniitiles; Zach y Plana ban podido servirse de re- 
glas de pino , y obtener por medio de cUas resultados sa- 
tisfactorios. Para probar que las varillas de pino preparadas 
convenientemente no cambian de longitud por influencia de 
las variaciones atraosfericas, refiere Zach que en 1807 hizo 
adaptar a dos pcndulos aslronomicos una vara de pino impreg- 
nada de aceite y barnizada. Uno de los pendulos estuvo duran- 
te un invierno al lado de otro escelenle de Ferdinand Berthoud, 
que tenia tijera de compensacion, y era dificil decir cual de 
los dos marchaba mejor. El segundo pendulo, puesto durante 
cuatro anos en un observatorio construido de madera, ha se- 
guido constantemente una marcha regular. Haremos por lo 
demas observar, que en el aparato de Porro, la regia no es ne- 
cesariamente de una materia delerminada; Porro emplea el 
pino, porque tomandolo de una pequena dimension se puede 
facilmenle obtenerlo homogeneo y sus fibras al hilo, y porque 
cubriendolo de varias capas de aceite secante y de barniz, pien- 
sa sustraerlo a las influencias atmosfericas; pero nada impide 
reeraplazar la regla de pino por una varilla metalica, 6 mejor 
todavia por dos varillas hechas de metales distintos, y.sobre- 
puestas segun el ingenioso procedimiento de Borda. 

Pudiera tcmcrse que el viento verilicara alguna variacion 



343 

en la posicion de los Iripodes de los microscopios ; si eslo 
ocurriera, lo acusaria el nivel de aire esferico que lleva con- 
sigo la columna de cada microscopio. Seria por otra parte 
muy facil preservarse de la accion del viento interponiendo 
un biombo 6 pantalla de suficientes dimensiones. Tambien 
creemos que el tubo de laton en el cual esta encerrada la va- 
rilla de piuo, debe preservarse de la accion del sol por la in- 
terposicion de una pantalla, para evitar los movimientos de 
torsion 6 de flexion. En fin, si alguna tronada, un porrazo li 
otra causa cualquiera descompusiese uno de los microscopios 
durante la operacion, solo habria que volver a empezar la 
medicion de algunas tiradas atras, puesto que se debe haber 
tenido la precaucion de dejar en tierra, y a trechos bastante 
proximos, senales cuya distancia al origen de la base se haya 
determinado con exaclilud." 

Desde luego se ve ban sido suprimidos por innecesarios el 
nivelito trasversal de la regla, los esfericos de las columnas 
de los microscopios, y la vara de pino y el anteojo microrae- 
trico destinados a situar los taladros de los tripodes a 3 me- 
tres de distancia unos de otros ; que a las dos patas de uno 
de los estremos de la regla, se ha sustiluido una sola punta 
de acero, haciendo las del otro estremo en forma de ruedas 
. para que se presten sin mucho roce a las dilataciones acci- 
dentales de la regla; que los objetivos directores se ban colo- 
cado sobre las columnas distantes 0°,08 de los respectivos 
microscopios, situando al lado de estos los niveles esfericos 
que deben servir para establecer la verlicalidad de sus tubos; 
y por ultimo, que la varilla de metal con nivel y la reglita 
destinada a averiguar la distancia entre el eje del microsco- 
pio y el punto marcado en el terrene cuando se comienza 6 
suspende el trabajo, ban sido reemplazadas por un ocular bi- 
concavo, que aleja el foco del microscopio hasta dicho punto 
del terrene, donde se pone al mismo fin una reglita de marfil 
dividida en semimilimetros. 

Por ingenioso que noshaya parecido este aparato; por bien 
entendidas que esten las modificaciones que ha esperimenta- 
do, y a pesar de que hombres muy entendidos hayan querido 
sacarle de la modesla condicion de los instrumentos topogra- 



344 

ficos, creeraos que, tal como ^e acaba de describir y hemos 
tenido ocasion de ensayarlo, esla muy lejos de poder ser em- 
pleado con entera confianza en la medicion de bases de gran- 
des triangulaciones de primer orden. Ignoramossi en las espe- 
riencias hechas en Paris por el aulor, y de las que deduce ser 7°"" 
por quilometro el error probable , se habra tenido cuidado de 
comparar las medidasobtenidas por el con lasdadas por reglas 
de plalino como las empleadas por Delambre y Mechain, 6 por 
olros medios. Si se ha omilido esla precaucion, y se ha fiado 
linicamente en la igualdad de los resultados obtenidos en di- 
ferentes mediciones de una misma base, tememos mucho que 
resultados tan satisfactorios scan debidos a casual uniformi- 
dad en la temperatura durante los dias de las esperiencias , 6 
a compensacion de errores debidos a las varias causas que 
deben producirlps. 

Los Sres. Academicos informantes no lienen complela se- 
guridad en que la preparacion de la regla la preserve lo bas- 
tante de las dilataciones en el senlido de las fibras, que obli- 
garon a desechar las de abeto al general Roy, y por eso indi- 
can sustituir al pino una sustancia metalica; y por otra parte 
la flexion de la regla varia con la temperatura y con el uso, y 
la que tenemos a la vista, que a no dudarlo quedaria recta en 
posicion al salir de la fabrica, ofrece en este momento una 
concavidad notable hacia la parte superior. Podria decirse- 
nos que nada importa esto cuando se tiene facilidad de com- 
parar a toda hora la regla con el patron de un metro que 
acompana al aparato; mas ;que confianza puede ofrecer esta 
comprobacion, siendo el patron otra regla semejante en un to- 
do a la de medicion, con sus mismos defectos, y sin otra dife- 
rencia que ser mas corta? 

Sin embargo de cuanto Uevamos dicho, no podemos dejar 
de aplaudir el feliz pensamiento de dividir la base en partes 
poco mayores de 3 metros por medio de los ejes verticales de 
los microscopios, y medir separadamente y con una misma re- 
gla cada una de estas partes; como asimismo el sistema in- 
geuioso de correcciones que emplea el Sr. Porro, y que con 
grande ahorro dc tiempo dispensa los lenlos movimienlos de 
ajuste. Susliluyanse a los ligeros Iripodes del Sr. Porro otros 



345 

solidos y eslables, y en los cuales se aseguren con rauelles y 
sobre gotas de sebo microscopios, y reemplacese tarabien la re- 
gla de pino con otra de plalino como la empleada por Delam- 
bre, aunque sin lenguetas movibles, que se sitiie aislada de- 
bajo de los microscopios e independiente de los tripodes que 
sostienen a aquellos, y se habran conciliado las venlajas del 
sistema de Porro con las del de Delarabre, y formado asi un 
aparalo misto, que careciendo de los defectos de ambos, ofre- 
cera gran precision para las mediciones geodesicas. 



CIENGI4S FimS. 



FISICA. 



Calores especificos de los fliiidos eldsticos; por Regnault. 

(L'Inslitiil, 20 ahril 18o3.) 

Empieza Regnault declarando que se ocupa hace mas de 
12 aflos en reunir los elementos necesarios para resolver el 
problema general, cuya espresion es la siguiente. Dada cierla 
cantidad de calor, ^cual es teoricamente el trabajo motor que 
puede obtenerse aplicandolo al desarroUo y dilatacion de di- 
ferentes fliiidos elasticos en las diversas circunstancias reali- 
zables practicamente? La corapleta solucion de este problema 
ofreceria no solo la verdadera teoria de las maquinas de vapor 
usadas en el dia, sino tambien la de aquellas en que se susti- 
tuyese el vapor de agua con otro vapor, y aun con un fliiido 
elaslico permanente cuyo calor aumente la elasticidad. 

Hasta estos uUimos tiempos se ha admilido que las canti- 
dades de calor desprendidas 6 absorvidas por un mismo fluido 
elaslico, eran iguales cuando pasa de un mismo eslado inicial 
a otro final identico, sea cualquiera el sentido en que se veri- 
fique la transicion; en una palabra, se admitia que las canti- 
dades de calor solo dependian de las condiciones iniciales y 
finales de teraperatura y presion, y que eran independientes 
de las circunstancias inlermediarias por que pasa el fluido. 
Carnot admite como principio en su Tratado del fuego, que la 
fuerza motora que se produce en una maquina de fuego se de- 
be al paso del calor del foco calorifico mas intenso que lo emite 
al condensador mas frio que lo recoje definitivamente. Mr. 
Clapeyron ha desarrollado por medio del calculo la hipotesis 
de Carnot, demoslraudo que las canlidades de calor ganadas 



347 
6 perdidas por un mismo gas no dependen unicamente de su es- 
tado inicial y del final, sino tambien de los intermedios por 
que SB le ha hecho pasar. Estos liltimos anos se ha introduci- 
do una modificacion importante en el principio de Carnol; se 
ha concedido que el calor puede trasformarse en fuerza meca- 
nica, y reciprocamenle esla en calor. Segun la teoria de Car- 
nol, la cantidad de calor que posee el fliiido elastico a su entra- 
da en la maquina, se halla entera en el fliiido que sale, 6 sea en 
el condensador; siendo la fuerza mecanica producto unicamen- 
te del paso del calor de la caldera al condensador al atravesar 
la maquina. En la nueva teoria, esa cantidad de calor no se con- 
serva por completo en dicho estado; una parte se pierde du- 
rante el paso por la maquina, y la fuerza motora producida 
es siempre proporcional a la cantidad de calor perdido. Dees- 
te modo, en una maquina de vapor de agua que tenga 6 no con- 
densacion, y con espansion 6 sin ella, la fuerza mecanica de 
la maquina es proporcional a la diferencia entre la cantidad 
de calor que posee el vapor a su entrada en la maquina, y la 
que conserva a la salida, 6 en el momento en que se verifica 
su condensacion. En esta teoria, para obtener de una misma 
cantidad de calor el maximo de efecto mecanico, es preciso 
obrar de manera que la perdida de calor sea la mayor posi- 
ble; es decir, que la forma elastica que conserva el vapor dis- 
lendido en el momento de entrar en el condensador, sea la me- 
nor posible. En cualquiercaso, la cantidad de calor utilizado 
en la maquina de vapor de agua para la fuerza mecanica, solo 
sera una fraccion muy pequeua de la que ha sido necesario co- 
municar a la caldera. En una maquina de vapor de espansion 
sin condensacion, donde penetra el vapor a una presion de 5 
atmosferas y sale a la de la atmosfera, la cantidad de calor que 
tiene el vapor al entrar, segun los esperimentos de Mr. Reg- 
nault, es de 653 unidades pr6ximamente; y la que conserva a 
su salida es de 637. Segun la teoria que se acaba de esponer, 
la cantidad de calor utilizado para la fuerza mecanica seria 

653 — 637; es decir, 16 unidades, 6 sea unicamente la — de 

40 

la cantidad de calor dado a la caldera. En una maquina de 
condensacion que reciba el vapor saturado de 5 atmosferas, y 



348 
cuyo coQdensador presenlase siempre una fuerza elaslica de 
55 milimelros de mercurio, la cantidad de calor del vapor en- 
Irante seria la de 653 unidades, y la que conscrva el ultimo 
en el instante de la condensacion, es decir, en el que se pier- 
de para la accion mecanlca, es de 619 unidades; el calor uli- 

lizado seria, pues, de 34 unidades, 6 poco mas de — del que 

se di6 a la caldera. 

Si se calienta con esceso el vapor antes de su entrada en 
la maquina, 6 se baja lodo lo posible la temperatura de la con- 
densacion, se obtendra una fraccion mayor de calor ulilizado 
por la fuerza mecanica; pero el ultimo medio es dificil de rea- 
lizar en la practica. Con mas facilidad se conseguira el mis- 
mo objeto haciendo que el vapor de agua sufra menor espan- 
sion en la maquina, y condensandolo por la inyeccion de al- 
gun liquido muy volatil, como el eter 6 el cloroforrao. El ca- 
lor que tiene el vapor de agua en el momeuto de dicha con- 
densacion, del cual solo una pequena parte se habria podido 
Irasformar en fuerza mecanica, pasa al liquido mas volatil, que 
aquel trasforma en vapor a una presion elevada. Si se hace 
pasar cste vapor a una segunda maquina, donde se distienda 
hasta el grado de fuerza elastica necesario para que el agua de 
inyeccion pueda Uevarlo practicamente al condensador, enton- 
ces una parte del calor se trasforma en fuerza molora; y el 
calculo fundado en los dates numericos de los esperimentos 
de Mr. R. demuestra que esa cantidad es mucbo mas consi- 
derable que la que se hubiera conseguido con la espansion 
mayor del vapor de agua en la primera maquina. De esle mo- 
do se esplica perfectamente el resultado econoraico que se 
puede obtener con dos maquinas apareadas, una de vapor de 
agua y otra de vapor de eter 6 de cloroformo, respecto de las 
cuales se practican esperiencias hace algun tiempo. 

En las maquinas de aire, donde la fuerza molriz se produ- 
ce por la dilatacion que el calor hace esperimentar al gas den- 
tro do ellas, 6 por el aumento que determina en su fuerza 
elastica, el trabajo motor engendrado por cada pistonazo seria 
siempre proporcional a la diferencia de las cantidades de ca- 
lor poseidas por el airecntranle y el saliente; es decir, en de- 



349 
(initiva, a la perdida de calor que ocasiona el aire al alrave- 
sar la raaquina. Pero corao en la maquina de Ericsson el calor 
del aire saliente va a depositarse en unos cuerpos de los cuales 
lo roba el nuevo aire enlranle para llevarlo otra vez a la maqui- 
na, se ve que, teoricamente, en eslas ultimas todo el calor con- 
sumido lo ha utilizado el Irabajo motor, mientras que en la mejor 

maquina de vapor de agua no aprovecha ni •-- del calor em- 

pleado. Esclaro que aqui no se aprecian las perdidasesteriores, 
ni los obstaculos mecanicos 6 induslriales que pueden presen- 
tarse en la practica. 

MM. Joule, Thomson, Rankine en Inglaterra, y MM. Ma- 
yer y Clausius en Alemania, parliendo frecuenlemente de 
puntos dislintos de vista , han desarrollado por medio del 
calculo esta teoria mecanica del calor, y tratado de deducir 
de ella las leyes de todos los fen6menos relatives a los fliiidos 
elasticos. Mr. R. recuerda que, por su parte, hace mucho tiem- 
po que ha emitido en sus lecciones ideas analogas, a las cua- 
les habia llegado en virtud de sus trabajos esperimentales re- 
latives a los fliiidos elasticos. Efectivamente, a cada paso en- 
contraba en sus investigaciones anomalias que a su parecer 
■eran inesplicables por las leorias admitidas anteriormente; y 
como prueba cita algunos ejemplos, de los que solo traslada- 
reraos el siguiente. 

1.° Si se encierra una masa de gas a la presion de 10 at- 
mosferas en un espacio cuya capacidad se duplique repenti- 
namente, la presion desciende a 5 atmosferas. 

2.° Coloquense dos receptaculos de igual capacidad en un 
misrao calorimetro, el uno lleno de gas a 10 atmosferas, y el 
segundo completamente vacio. Si se establece de repente la 
comunicacion entre los dos depositos, el gas se dilala hasta 
doble volumen, y la presion se reduce tambien a 5 atmosferas. 
Se ve, pues, que en los dos esperimentos las condiciones 
iniciales y finales del gas son las mismas; pero a esa identi- 
dad de condiciones acompanan resultados calorificos bien di- 
ferentes, pues mientras que en el primero se observa un en- 
friamiento considerable, el calorimetro no raanifiesta en el se- 
gundo el menor cambio de temperalura. 



350 

Eslos ejemplos, y algunos otros que omitimos, bastan para 
demostrar, dice Mr. R., cuanla circunspeccion se debe tener 
en las conclusiones que se sacan de esperimentos en los cua- 
les hay fluidos elasticos en movimiento que sufren cambios 
de elaslicidad, y ejecutan un Irabajo por lo regular dificil de 
apreciar, porque los efectos calorificos producidos dependen 
en gran parte del orden y manera con que se ban verificado 
los cambios. Por desgracia, si es facil enunclar vagamente 
una leoria fisica, es por el coulrario muy dificil formularla 
de una manera precisa, de modo que, ademas de ligar todos 
los dates que la ciencia ha adquirido, se deduzcan los que se 
ban ocultado hasla ahora a la observacion. La teoria de las 
ondulaciones luminosas, segun la ba establecido Fresnel, es 
el solo ejemplo que se presenla hasla el dia. El poner en ecua- 
cion problemas del calor, considerados bajo el punto de vista 
mecanico, conduce, como todos los problemas analogos, a 
una ecuacion de diferenciales parciales del segundo orden, 
entre mucbas variables que son funciones incognitas unas de 
otras; represenlando estas las verdaderas leyes fisicas ele- 
mentales que seria precise conocer para lograr la solucion 
complela del problema. La integracion de la ecuacion intro- 
duce funciones arbilrarias, cuya naluraleza se ha de Iratar de 
descubrir, comparando los resultados que da la ecuacion con 
los que ofrecen los esperimentos directos, y con las leyes que 
se deducen de ellos. Desgraciadamenle, en las observaciones 
acerca del calor, las esperiencias directas se aplican rara vez 
a fenomenos simples; por lo regular se refieren a cuesliones 
complejas, que dependen a la vez de muchas de esas leyes, 
siendo lo mas frecuente el que haya dificultad para senalar 
la parte que correspoude a cada una. El que bace el esperi- 
mento debe entonces ver de modificar las circunstancias en 
que opera, de modo que varie todo lo mas posible en sus es- 
periencias aisladas la parte que corresponde a cada uno de los 
fen6menos elementales y a la ley que espresa. Asi obtendra 
ecuaciones de condicion, que pueden ser un gran auxilio para 
el descubrimiento de la teoria general, porque esta, cual- 
quiera que sea, debera satisfacer siempre. 

A este punto de vista, continiia Mr. R., he dirijido cons- 



351 

tanteniente mis Irabajos, habiendome dedicado siempre h de- 
finir de la manera mas precisa las condiciones en que ope- 
raba, con el fin de que pueda sacarse parlido de mis esperi- 
raentos, cualquiera que sea la teoria que concluya por pre- 
valecer. 

Despues de recordar que la primera parte de sus trabajos, 
publicada en 1847, compone el lomo XXI de las Memorias 
de la Academia, afiade Mr. R. que en los que ha continuado 
haciendo desde aquella epoca ha tenido la cooperacion de 
Mr. Izarn, que tambien le ayudo en los primeros, y la de 
Mr. Descos, ingeniero de minas. 

Los puntos sobre que ban versado los nuevos esperimen- 
tos, son los siguientes. 

1." Las relaciones que existen entre las teraperaturas y 
las fuerzas elasticas de un gran niimero de vapores en satu- 
racion, desde las fuerzas elasticas mas debiles hasta la de 12 
atmosferas. 

2." Las fuerzas elasticas de esos mismos vapores en sa- 
luracion y sin ella en los gases. 

3." Las fuerzas elasticas en saturacion de los vapores 
producidos por los liquidos mezclados. 

i.' Los calores latentes de los vapores a diversas presio- 
nes, desde las mas debiles hasta las de 8 6 10 atm6sferas. 

5." Los calores latentes de vaporizacion de las mismas 
sustancias en los gases. 

6." Los calores especificos de los gases permanentes y de 
los vapores bajo diferentes presiones. 

7.° Las cantidades de calor absorvidas 6 que se despren- 
den por compresion y dilatacion de los gases, ya sea cuando 
la dilatacion se verifique en un espacio cuya capacidad au- 
mente, 6 bien cuando sucede al paso por una abertura capi- 
lar de una pared delgada, 6 por un tubo capilar largo. 

8.° Las cantidades de calor que absorve el gas cuando 
produce durante su espansion un trabajo motor que se con- 
sume enteramente en el interior del calorimetro, 6 cuya ma- 
yor parte se utiliza en lo esterior. 

9." Por ultimo, las densidades de los vapores en satura- 
cion bajo diferentes presiones. 



352 

Los ospcriineDlos que se reficren a estas diversas cuestio- 
nes, escepluando la ultima, se hallan hoy casi terminados, y 
Mr. R. anuncia que presentara sucesivamenle a la Academia 
los resuUados generales, basta tanlo que pueda publicarlos 
reunidos. Por hoy solo dara a conocer los resuUados de sus 
Irabajos, relatives a las capacidades calorificas de los fluidos 
elasticos. 

Capacidades calorificas de los fluidos elasticos. 

El calor especlfico de los fluidos elasticos se puede definir 
de dos maneras diferentes. Segun la primera, se llama calor 
especifico del fliiido elaslico la cantidad de calor que es nece- 
sario comunicar a un gas para elevar su lemperatura de 0° a 
1°, dejandolo dilalarse libremenle de modo que conserve una 
elasticidad conslante. En la segunda, es la cantidad de calor 
que se le debe dar para elevar su temperalura de 0° a 1°, obli- 
gandolo a conservar el mismo volumen, puesto que su fuerza 
elastica aumenla. La primera de estas capacidades se ha Ua- 
mado calor especifico del gas baio presion constante; y la se- 
gunda, calor especifico bajo volumen conslante. La primera 
definicion es la unica que coincide con la admitida para la ca- 
pacidad calorifica de los cuerpos solidos y liquidos, siendo 
tambien la sola que se ha prestado hasta ahora a la determi- 
nacion esperimental directa. 

Hace un siglo que gran niimero de fisicos se vienen ocu- 
pando en doterminar los calores especificos de los fluidos elas- 
ticos; pero casi todos se ban dedicado mas a buscar las rela- 
ciones simples que suponian debian existirentre ellos, que no 
a determinar los valores numericos de las capacidades calo- 
rificas de los diferentes gases con relacion a la del agua liqui- 
da, que se admite generalmente como unidad; y las conclusio- 
nes que han deducido son en general nmy erroneas. 

El trabajo de Delaroche y Berard, premiado por la Aca- 
demia en 1813, es todavia hoy el mas completo en la mate- 
ria, y cuyos resuUados distan menos de la verdad. 

Las conclusiones generales que los dos esperimentadores 
han sacado, son las siguientes: 



353 

1 .* El calor especifico de los giises no es el mismo en to- 
dos, bien se considereu los voliimenes, bien los pesos. 

2.^ El calor especifico del aire almosferico, considerado 
con respecto a los voliimenes, aumenta con la densidad, pero 
en progresion menos rapida, pues la relacion de las presiones 

es ^-gggj , y la de los calores especificos -p;^. 

3.^ De acuerdo con las consideraciones leoricas, y fun- 
dandose ademas en las esperiencias de Gay-Lussac, admilen 
que el calor especifico de los gases aumenta rapidamente con 
la temperatura. 

A continuacion va el resultado de los esperimentos de 
Mr. Regnault, teniendo los primeros una fecha de 13 auos, y 
en los cuales ha empleado los metodos mas variados, y apu- 
rado los elementos de correccion en sentidos opuestos, con 
objeto de que los resultados mereciesen una completa con- 
fianza. 

Segun dichos esperimentos, el calor especifico del aire 
con relacion al agua es 

Entre — 30° y + 10" 0,2379 

Entre + 10° y 100° 0,2370 

Entre + 0° y 225" 0,2376 

Asi, pues, contra los esperimentos de Gay-Lussac, el ca- 
lor especifico del aire no variaria sensiblemenle con la tem- 
peratura. Las esperiencias hecbas con algunos otros gases per- 
manentes, ban ofrecido una conclusion parecida. 

En los esperimentos del aire atmosferico, becbos bajo pre- 
siones que ban variado desde 1 a 10 atmosferas, no ba halla- 
do Mr. R. diferencia sensible entre las cantidades de calor que 
abandona una misma masa de gas al enfriarse en igual nii- 
mero de grados. De modo que contra los esperimentos de De- 
laroche y Berard, que ban coraprobado una diferencia muy 
notable en las presiones, que solo varian de 1 a 1,3 atmosfe- 
ra, el calor especifico de una misma masa de gas seria inde- 
pendiente de la densidad. Conclusiones analogas se ban de- 
ducido de las esperiencias hecbas con otros mucbos gases; sin 

TOMO III. 23 



3b4 

embargo, Mr. R. presenta osla ley con cierla reserva, no atre- 
viendose a decidir si la capacidad calorifica bajo diferentes 
presiones es absolutamente conslanle, 6 si siifre una varia- 
cion muy ligera, porquo los esperiinentos exijan tal vez una 
leve corroccion procedente del eslado dc movimiento del 
gas. 

El calor espccifico 0,231 del aire con relacion al agua, 
es notablemenle menor que el numero 0,2669 admitido por 
Delaroche y Berard; resultando asi de mas de 100 delermi- 
naciones hechas bajo condiciones variadas. 

Los olros (liiidos elaslicos cuyos calores especiScos ha 
determinado Mr. R. son, entre los gases simples, el aire at- 
mosferico, el oxigeno, azoe, hidrogeno, cloro, y el brorao; 
entre los gases compueslos, el protoxido y deuloxido de azoe, 
oxido de carbono, acido carbonico, sulfuro de carbono, 
acido sulfuroso, acido clorhidrico, acido sulfliidrico, gas amo- 
niaco, hidrogeno protocarbonado y el bicarbonado, vapores 
de agua, de alcohol, de eter, de eter clorhidrico, de eter sulf- 
hidrico, de eter cianhidrico, de cloroformo, de cloruro de 
carbono [C CI"), de espiritu de madera, de acelona, de ben- 
zoina, de los cloruros fosforoso , arsenioso, de silicio, de es- 
lauo, de tilano; en una palabra, de todas las sustancias vo- 
laliles que le ha sido posible preparar en cantidad consi- 
derable y en eslado de pureza. De los niimeros hallados 
por Mr. R. resuUa, que los calores cspecificos del oxige- 
no, azoe e hidrogeno difieren muy poco unos de otros en 
volumenes iguales; de suerte, anade, que al parecer debe 
adraitirse que el calor especifico de los gases simples es el 
mismo cuando se toman de ellos voliimenes iguales y bajo la 
misma presion. En cuanto al cloro y el brorao, los numeros 
que han dado son casi iguales entre si, pero muy superiores 
a los obtenidos para los otros gases simples. 

El calor especifico del vapor de agua obtenido en un gran 
numero de esperimenlos es 0,457; es decir, proximamente la 
milad solo del que hallaron Delaroche y Berard. Es notable 
que el calor especifico del vapor de agua sea casi igual al del 
agua en eslado solido, al del hielo, y solo a la milad de el del 
agua liquida. 



355 
Todavia me fallaria, anade Mr. R., discutir los valores que 
he obtenido para los calores especificos de los fliiidos elasli- 
cos compuestos, con relacion a los de los gases simples que 
los conslituyeo, y al modo de condensacion que sufren los lil- 
timos; y tambien comparar los calores especificos del estado 
s61ido, con los del liquido y el gaseoso, de muchos cuerpos 
que se ban podido estudiar en esos diferentes estados. Pero 
esla discusion sera objeto de otra comunicacion posterior, en 
la cual dare los calores latentes de vaporizacion de las espre- 
sadas sustancias. 



356 

TABLA de ioa catores especidcos de los gases simples j compaeslos sometidos i las esperiencias. 



Gases simp 



■' Oxigeno 

I Azoe 

\ Hidr6geno 

/ Cloro 

V Bromo 

/ Protoxido de azoe .... 
I Deutoxido de azoe. • . . 

Oxido de carbono 

Acido carbonico 

Sulfuro de carbono . . . 

Acido sulfuroso 

Acido clorhidrico 

Acido sulfhidrico 

Gas amoniaco 

Hidrogeno protocarbo- 
nado 

Hidrogeno bicarbonado. 

Vapor de agua 

Vapor de alcohol 

Vapor de eter 

Vapor de ^ter clorhi- 
drico 

Vapor de eter bromhi- 
drico 



/ 



Gases corapueslos.\ Vapor de eter sulfhi 

\ drico 

Vapor de ^ter cianhi 

drico 

Vapor del cloroformo. 
Licor de los holandeses. 

Eter acdtico 

Vapor de acetona 

Vapor de benzoina. • . 
Esencia de trementina 
Vapor de cloruro fos- 

foroso 

Vapor de cloruro arse- 

nioso 

Vapor de cloruro de si- 

licio 

Vapor de cloruro de es- 

tano , 

Vapor de cloruro de ti 

tano 



CAIORES ESPECrplCOS. 

En pcsn. Ka voluiiien. 



0,2182 

0,2440 

3,4046 

0,1214 

0,05518 

0,2238 

0,2315 

0,2479 

0,2164 

0,1575 

0,1553 

0,1845 

0,2423 

0,5080 

0,5929 
0,3694 
0,4750 
0,4513 
0,4810 

0,2737 

0,1816 

0,4005 

0,4255 
0,1568 
0,2293 
0,4008 
0,412 5 
0,3754 
0,5061 

0,1346 

0,1122 

0,1329 

0,0939 

0,1263 



0,2412 
0,2370 
0,2356 
0,2962 
0,2992 
0,3413 
0,2406 
0,2399 
0,3308 
0,4146 
0,3489 
0,2302 
0,2886 
0,2994 

0,3277 
0,3572 
0,2950 
0,7171 
1,2296 

0,6117 

0,6777 

1,2568 

0,8293 
0,8310 
0,7911 
1,2184 
0,8341 
1,0114 
2,3776 

0,6386 

0,7013 

0,7788 

0,8639 

0,8634 



1,1056 

0,9713 

0,0692 

2,400 

5,39 

1,5250 

1,0390 

0,9674 

1,5290 

2,6325 

2,2470 

1,2474 

1,1912 

0,5894 

0,5527 
0,9672 
0,6210 
1,5890 
2,5563 

2,2350 

3,7316 

3,1380 

1,9021 

5,30 

3,45 

3,0400 

2,0220 

2,6943 

4,6978 

4,7445 

6,2510 

5,86 

9,2 

6,8360 



337 



Esperimentos sohre la radiacion solar; por Mr. Volpicelu. 

(Bibliot. uiiiv. dc Giuebra, eneio 1833.) 

En las aclas de la Academia ponlificia de Nuom-Lincei (lo- 
mo IV, pag. 573) publico Mr. Yolpicelli en 1851 unas ob- 
servaciones acerca de la radiacion calorifica del sol, probando 
que la intensidad de esta iba en aunienlo desde los bordes al 
cenlro del disco aparente del astro. El R. P. Secchi confirmo 
el hecho, y ademas, valiendose de sus propias observaciones, 
dedujo que el maximo efeclo calorifico coincidia con cl ecua- 
dor de aquel aslro. Ahora Mr. Yolpicelli coraunica a Mr. Ara- 
go, en una carta del 26 de diciembre inserta en las Comptes 
rendus de la Academia de las Ciencias, haber vuelto a prose - 
guir sus observaciones por invitacion de Mr. Melloni. Repro- 
duciraos a continuacion el testo integro de la carta de Mr. 
Yolpicelli, movidos del interes que ofrece el objeto sobre que 
versa. 

"Aprovechandome del eclipse ocurrido en 28 de julio 
de 1851, y leniendo la fortuna de poder servirme del lermo- 
actinometro de Mr. Melloni, y del heliostato de Mr. Silber- 
mann, perfectaraente construido por Mr. Duboscq-Soleil, ob- 
serve que la radiacion calorifica solar va creciendo desde los 
bordes al centro de su disco aparente. Este hecho fue tam- 
bien observado por mi doclo colega el R. P. Secchi, quien 
ademas averiguo que el maximo efecto calorifico solar coin- 
cidia con el ecuador de aquel astro. Al poner este esperi- 
mento en noticia de la Academia de los Lined, recordc que 
Lucas Yalerio y Federico Cesi, a principios del siglo XYII, 
habian dicho que los rayos del sol son mas energicos {ga~ 
gliardi) en el cenlro que en los bordes de su disco: lampoco 
me Divide de hacer presente que en vuestras propias investi- 
gaciones acerca de la constilucion fisica del sol, habiais pro- 
puesto escelentes esperimentos lermo-dinamicos para deter- 
minar la distribucion del calor en el disco solar. Despues de 
mi informe, con motivo de los interesantes esperimentos del 
R. P. Secchi, Mr. Melloni anunci6 que 'Ma proporcion de los 



358 
»rayos solares trasmitidos por una capa de agua conlenida en- 
»tre dos vidrios de Alemania, y la de los mismos rayos Iras- 
«mitidos por una placa de cristal de roca ahuraada, varia se- 
»gun las diferentes densidadesatmosfericas que aquellos atra- 
wvlesan, y que esla variacion esla sujela a leyes tan diferen- 
»les al pasar del uno al olro cuerpo, que en iguales circuns- 
"lancias presenta signos contradictorios." Al mismo tiempo 
que Mr. Melloni daba cuenta de este resullado termocroico 
a la Academia de Ciencias (1) y a la de los Lincei, luvo a 
bien invilarme a que praclicara algun esperimenlo sobre el 
parlicular. Para corresponder, pues, por mi parte a una invi- 
taciou tan honrosa, si bien desconfiando siempre de mis pro- 
pias fuerzas, emprendi la tarea de hacer algunos esperiraen- 
tos acerca de la termocrosis del sol; y hoy en dia considero 
como un deber el comunicaros los primeros resultados de los 
esperimentos que hice en el Observatorio astronomico ponli- 
ficio. Si me es dado superar las dificultades que en el mo- 
mento presente se oponen a que se puedan practicar esperi- 
mentos, lo mismo en el indicado Observatorio que en el Ga- 
binete de fisica de la Universidad romana, proseguire mis ob- 
servacioues segun el plan que me he propueslo, y en seguida 
tendre el honor de daros cuenta de sus resultados. 

Pareceme que de las publicaciones del profesor Melloni, 
de las palabras con que terminals vuestras sabias observacio- 
nes sobre los esperimentos del R. P. Secchi, y de los princi- 
pios modernos de la fisica racional, se debe tener por cosa 
cierta que, para conocer la distribucion calorifica en el disco 
solar, es precise hacer primeramente la analisis de la termo- 
crosis de aquel astro, principiando por el estudio del efecto 
termico de lodo su disco, y luego por el parcial de sus diver- 
sos punlos. Con arreglo a esla opinion, he principiado con- 
firmando, por medio de varias sustancias diatermicas, el des- 
cubrimienlo hccho por Mr. Melloni a beneficio del cuarzo y 
el agua: luego, sin dejar de servirme del helioslalo, y repre- 
sentando por el numero 100 la energia calorifica del rayo so- 
lar incidente, he averiguado que el hecho descubierlo por 



(l) Pieladon de trahajos de la Jcadevria^ loin. XXW, prig. 105. 



359 
Mr. Melloni se coraprobaba por medio de varias suslancias 
dialermicas, y que ademas pucde servir para clasificar a es- 
tas en dos grupos, de raanera que haliandose el sol en el pe- 
riodo del mediodia al ocaso, el primer grupo se compone de 
aquellas sustancias que, como el agua enlre dos vidrios, dis- 
minuyen considerablemenle la energia calorifica del rayo so- 
lar incidente , y en el segundo grupo se incluyen aquellas 
cuyo efecto total se presenta con un caracler diferenle. Esto 
es lo que me he propuesto demostrar en el siguiente cuadro, 
al que pienso dar en lo sucesivo mas estension. 



SUSTANCIAS 



do la |ii'iiiiera ctase. 



Agua 

Aceite de tremen 

tina 

Disolucion de alum 

bre 

Acido nilrico 

Alcohol 

Eter sulfiirico 

Vidrio comun 



RADIACION 


CALORIFtCA. 


-— «^ 


-—'^~-- 


E 


2 


5^ .— 


u " 


60 


40 


84 


45 


SI 


43 


65 


52 


62 


51 


58 


35 


73 


58 



SUSTANCIAS 



(Jc la se^unda clase. 



f 

Cuarzo no ahu- 
mado 

Vidrio limpio. . . 

Alumbre 

Sulfalo de cal... 

Vidrio verde 

Vidrio amarillo. 

Vidrio azul. . . . 

Sal geraa 

Acido sulfiirico. 

Cuarzo ahumado. 

Sal gema ahu- 
mada 



lUDUCION 

CAI.ORIFCCA. 



70 
84 

5 

6 

5 

12 

75 

46,1 

55 

6 



80 

93 

10 

8 

9 

18 

100 

48 

60 

11 

9 



Si bien estos resultados numericos pueden sufrir algunas 
modificaciones en virtud de ulteriores esperimentos hechos 
en un momenlo aiin mas inraediato al ocaso del sol, y en me- 
jores condiciones almosfericas, sin embargo, desde aliora nos 
creeraos autorizados para asegurar que los rayos calorificos 
del sol se componen, corao todos, de elementos helerogeneos; 
que la atmosfera terreslre absorve estos elementos de dislin- 



360 

los modos, segun esla mas 6 menos condensada; y que esla 
diversidad de absorcion se raanifiesla por medio de las sus- 
tancias dialerraicas, que ofrecen resullados opuestos en lo re- 
lativo a la absorcion del rayo incidenle; de lo cual se deduce, 
que la inlensidad del rayo solar incidenle depende de la den- 
sidad de la atmosfera lerrestre que ha recorrido, y ademas 
de la calidad de los mismos elementos calorificos. 

Prosiguiendo eslos esperiraenlos, y dando a las sustancias 
diatermicas cerca de un centimelro de grueso, he podido ob- 
tener los siguientes hechos. 

1.° El cuarzo y el vidrio, ambos bien limpios, son las sus- 
tancias mas dialerraicas con relacion a los rayos solares que 
Uegan a la superlicie de la tierra; y eslo conslituye una nota- 
ble diferencia enlre la radiacion solar y la de los focos calori- 
ficos lerrestres. De esla propiedad especial rcsulta, que los re- 
fractores son a proposito paraesperimentar la dislribucion del 
calorico en el disco solar, y que las lentes escalonadas son los 
mejores instrura^los para concenlrar el calorico reflejado por 
la luna, como lo esperimenlo Mr. Melloni, que fue el primero 
que obtuvo por esle medio felices resullados (1). La diferen- 
cia enlre las desviaciones de la aguja del galvanometro, produ- 
cidaspor el rayo solar libre y por el que habia alravesado las 
dos sustancias indicadas, fue conslanleraente de 1 grade des- 
de el mediodia hasta Ires cuarlos de bora anles de ponerse 
el sol. Si pues se llama n el niimcro de grades de la primera 

desviacion, -^^ sera la espresion de la facullad absorvente, 

sea del vidrio, sea del cuarzo, hallandose ambos bien limpios. 
Esto supuesto, haciendo abstraccionde las reflexiones quesu- 
fren los rayos en las dos superficies paralelas de la sustancia 
diatermica, puede decirse que el cuarzo y el vidrio limpios y 
claros dejan paso libre a toda especie de rayos calorificos so- 
lares despues que eslos ban alravesado la atmosfera ter- 
reslre. 

2.° La sal gema disminuye mucho la desviacion de la aguja, 
producida por el rayo solar libre; y esla es la razon por que 

(i) I.a Therm-.(ro?is, prig. '251, por Mr. Melloni; Nripole?, 1850. 



361 

la tal sustancia se muestra con relacion a los rayos solares 
menos diatermica que olras varias, y en especial que las dos 
anleriores, lo cual establece una notable diferencia entre la 
radiacion que llega a la lierra y la de las corrientes calorifi- 
cas terrestres, para las cuales la sal geraa goza de la propie- 
dad diatermica en el mas alto grado. Ademas, despreciando 
las pequenas diferencias en los resuUados nuraericos, que po- 
drian atribuirse a varias causas perturbatrices, se ve que la 
sal gema disminuye casila miladla radiacion libre solar des- 
de el mediodia hasta una media bora antes del ocaso. Esta 
circunstancia prueba que la sal gema (hay que advertir que 
la que yo he empleado era procedente de Cardona, y suficien- 
temente diafana) afecta de un mismo modo a todos los diver- 
sos elementos caiorificos del sol, y que con relacion al calor 
solar que llega hasta nosotros, conserva la propiedad que 
Mr. Melloni observo que tenia respecto de los focos terrestres 
de calor, esto es, que era athermocroica. Al hacer pasar un 
rayo de sol por la sal gema, del grueso de cerca de O^IS, 
no se producia ninguna desviacion en la aguja, en tanto que 
con la lampara de Locatelli se veriGcaba la desviacion de 1 
grado. Admitiendo, pues, que el sol sea, como me parece 
muy probable, el origen de toda especie de radiaciones calo- 
rificas, podemos, en vista de los anteriores esperimentos, 
afirmar que las atmosferas, la una solar la otra terrestre, 
apagan en gran parte los rayos que son abundantes en los lo- 
cos luminosos terrestres, los misraos que el celebre Melloni dis- 
tingue con el nombre de radiaciones oscuras, y que segun los 
descubrimientos de este fisico tienen propiedades especificas 
de Irasmision y difusion muy distintas de las de los rayos del 
calor liicido. 

3.° Hay sustancias, como la sal gema ahumada, el alum- 
bre y el sulfato de cal crislalizados, los vidrios de color, sea 
azul 6 verde, que hallandose el sol en diversas alturas sobre 
el horizonte, hacen que las diferentes desviaciones produci- 
das por el rayo solar libre sean constantemente las mismas 
desde el mediodia hasta tres cuartos de hora antes del oca- 
so. De esto podria inferirse que hay sustancias que con re- 
lacion a los rayos solares tienen el podcr absorvenle (=A) 



362 

proporcional en sentido inverse (imersamente) a la energia 
del rayo libre (=R) incidente sobre si mismas, de manera 
que indicando por C una energia constante se obtiene 

A. 1{=C. 

Eslo iudica igualniente una difcrencia entre los rayos ca- 
lorilicosdel sol que Uegan Uasta nosolros y los de los centres 
calorificos lerreslres, 

4.° Yarias suslancias dialermicas, especialmenle las acroi- 
cas, como el cuarzo y el vidrio, hallandose bien diafanas, de- 
jan, hacia el ocaso, el paso libre a los rayos solares, de ma- 
nera que las desviaciones de la aguja, antes y aun despues 
del paso, son casi identicas; lacual demuestra que a proporcion 
que la densidad almosferica aumenla los rayos calorificos sola- 
res se filtran por ella de modo que pueden, sin sufrir otra modi- 
licacion, alravesar las indicadas sustancias, entre las que colo- 
caremos tambien el vidrio rojo. 

5." Tres laminas, una de sal genia, otra de alumbre dia- 
fano, y otra de sulfato de cal cristalizado, reunidas, dan al ra- 
yo del sol que atraviesa por ellas una luz blanca, sensibk- 
viente privada de calorico con respeclo al termo-aclinometro 
de que yo hago uso; lo cual prueba que las termocrosis distin- 
tas de las dos laminas de alumbre y de sulfato de cal se comba- 
ten entre si reciprocamente. Valiendonos de este medio pode- 
mos debilitar hasta tal pun to el efecto calorico de la radiacion 
solar, que en cuanto al calorifico quede reducido al de la radia- 
cion lunar, conservando sin embargo una luz mas intensa. 

6." Observase ademas en la luz solar el hecho de que 
la cantidad de calorico que ha atravesado varias laminas de 
naturaleza distinla, es independienle del orden en que se ha~ 
Han dispuestas. 

1° El rayo solar libre, es decir, el que no atraviesa nin- 
guna sustancia diatermica mas que la almosfera , conserva 
constantemente su energia calorifica desde el mediodia hasta 
las 3'' y 30°" poco mas 6 menos; en seguida se va debilitando, 
y no se hace invariable hasta los tres liltimos cuartos de ho- 
ra del ocaso. 



363 

Terminare esta carta con dos observaciones, la primera 
concernienle a los esperimentos hechos para determinar el 
orden de dislribucion del calorico en la superticie solar, y la 
segunda relativa a los esperimentos que deben hacerse para 
conseguirlo. 

En primer lugar observe, que el R. P. Secchi averiguo que 
las temperaturas de los vertices superior e inferior, en el dis- 
co solar aparenle, eran muy poco diferentes entre si (1). Este 
hecho se esplica facilmente al considerar que los mismos ver- 
tices corresponden ii dos puntos homologos en la superficie 
solar, pues cada uno de ellos se encuentra a igual distancia 
del respectivo polo solar y de la respectiva zona ecuatorial de 
aquel astro. Razon por la cual, aun teniendo por cierla la bi- 
polesis de que el calorico en el sol va en disminucion desde 
el ecuador a los polos del astro, los dos vertices deben tener 
una misma temperatura, como lo demuestra terminantemente 
la esperiencia. No se debe, pues, recurrir a ninguna otra cau- 
sa (2) para la esplicacion del caso esperimental, y en mi 
concepto basla tener presente que los vertices son dos puntos 
homologos en la superficie 6 fotosfera solar. 

En segundo lugar, si quiereadmilirsela hipotesisdela dis- 
lribucion calorifica menguante desde el ecuador al polo en la 
superficie solar, se hallara, esperimentando cuidadosamente en 
declinacion sobre el diamelro que pasa por el cenlro del dis- 
co aparente de abajo arriba, en la epoca que el ecuador solar 
esta sobre el centro misrao, que la naturaleza de la curva de 
las intensidades calorificas es tal, que principia por disminuir 
y llegar al minimo en el polo austral visible, pueslo quevuel- 
ve a subir, crecicndo hasta el maximo en el ecuador. En otra 
epoca del ano, por el contrario, cuando el ecuador solar apa- 
rece bajo el centro indicado, la misma curva deberia princi- 
piar en sentido inverso, esto es, tocar creciendo el maximo 
en el ecuador, y luego disminuyendo llegar al minimo en 
el polo boreal visible. Hasta el presente esos minimos de 
temperatura no ban sido , que yo sepa , confirmados por la 



_(l) Relaciov de los trabajos de la yicad., loni. XXXV, pag-. 166. 
(2) Comptes rendus, loin. XXXV, pag. 16, linea 14 y siguientes. 



364 

esperiencia. Ademas, en las dos otras epocasdel afio, es 
decir, cuando los dos polos del sol son visibles, y eslan en 
el borde del disco solar aparenle, la curva en cuestion debera 
ser siuietrica, lanlo encima como debajo del cenlro del disco; 
mas observando las temperaluras del borde solar se debera 
oblener otra curva con cuatro puntos singulares, eslo os, dos 
maximos en el ecuador y dos minimos en los polos. Pero 
esla simelria no esta aun demostrada evidenteraente por la 
esperiencia (1); tampoco se ha tralado de hallar esos cua- 
Iro puntos singulares: prosiguiendo sin embargo en los es- 
perimentos con tan buen resultado como hasla el presents, 
es de creer que se desvanezcan las dudas y brille la verdad. 



Sobre la permeabilidad de los metales por el mercurio; por 

NiCKLES. 

(Bibliol. univ. de Giucbra.yeirero 4853.) 

Mr. Horsford publica en el tomo XIII, 1852, pagina 305 
del Silliman's American Journal of Science, los esperimenlos 
relativos a la accion que ejerce el mercurio en ciertos meta- 
les, y que sirven de continuacion a los Irabajos de MM. Daniel 
y Henry. Estos quimicos habian comprobado el caso notable 
de que encorvando una varilla de plomo 6 eslaflo en forma de 
sifon, e introduciendola en el mercurio por la parte mas corla, 
el metal penetra en la varilla, la atraviesa al cabo de poco 
tiempo, y se vierte por el lado mas largo como si fuera por 
un sifon. 

Mr. Horsford examina el tiempo que el mercurio tarda en 
correr cierta estension de metal, abrazando sus esperiencias 
el eslano, zinc, cadmio, plorao, plata, oro, platino, paladio, 
hierro, cobre y laton. 

Los cinco primeros ban resultado permeables; pero el 
hierro, platino, paladio, cobre y laton, dice Mr. Horsford que 
son impermeables a la temperatura y bajo la presion ordi- 
narias. 



(l) Comptes rencltis, torn. XXXV, pap. COS. 



365 

Los resuUados negatives que el cobre y laton ban ofreci- 
do a Mr. Horsford provienen indudablemente del procedi- 
mienlo que ha empleado; porque be observado posilivamente 
lo contrario bace ya algun tiempo, y con motive de ocupar- 
me en investigaciones de olra naturaleza. 

En dicba epoca me valia de una bateria de Bunsen con 
zinc esterior: los conlaclos formados por laminas de cobre 
estaban clavados al zinc, y cuando seamalgamabaeste ultimo 
sucedia frecuentemente que el mercurio se estendia sobre 
ellos, y al cabo de cierto tiempo los contactos se bacian fra- 
giles, siendo evidente que la parte atacada no era ya cobre, 
sino una amalgama de dicbo metal. 

Esta observacion me indujo a hacer esperimentos con otros 
metales, y obtuve asi el siguienle resultado general: que los 
metales banados por el mercurio se hacen permeables para el, 
y comunican esta propiedad a las aleacioues que contienen 
cierta proporcion de metal permeable. 

Los cuerpos simples metalicos que he esperimentado ban 
sido: zinc, hierro, nickel, cadmio, estano, cobre, plomo, an- 
timonio, plata, oro y platino. El mododeproceder quehese- 
guido me lo ha diclado el caso mismo que motivaba mis tra- 
bajos: con un punzon bacia una ranura en la lamina somelida 
al esperimento, e introducia un poco de mercurio en aquella. 
Para acelerar la amalgamacion, antes del mercurio metalico 
echaba una gola de bicloruro de mercurio avivado con acido 
clorbidMco, y de este modo la superGcie del metal se amal- 
gamaba momentaneamente, poniendose apta para retener al 
inslante la cantidad de mercurio necesaria para el efeclo que 
queria producir. 

Una lamina de zinc, de un milimetro de grueso, cede de 
este modo al menor esfuerzo pasado un minuto, y se divide 
en dos partes en direccion de la ranura. 

Una lamina mas gruesa exije algo mas tiempo y ranura 
mayor para dividirse. Con 6 milimelros de grueso, la lamina 
de ranura amalgamada necesitaba proximamente diez minu- 
tos y algun esfuerzo para romperse; pero en todos los casos, 
la fractura era limpia, y siempre en senlido de la ranura. 

Despues del zinc siguen el cadmio y el estauo, luego el 



366 

plomo, la plala, el oro, y por ultimo el cobre; lodos estos me- 
tales se amalgaraan, el mercurio se infillra en ellos pasado 
mas 6 menos tiempo, y los pone friigiles. 

Los resultados han sido negativos respeclo al hierro, ni- 
quel, anlimonio y plalino; pero las aleaciones, como las de 
bronce y laton, han manifeslado en alto grade el fonomenode 
que hablo. Facil os convencerse de ello: si se amalgama una 
lira de laton, al cabo de algunos minutos se puede hacer pe- 
dazos apretando con los dedos pulgar e indice; una lamina 
de i milimetros no se ha podido dividir hasla diez minutos 
despues de aplicado el mercurio. 

El mercurio no hace al parecer impresion en una aleacion 
compuesla de partes iguales de antimonio y estafio; la alea- 
cion Chaudet (3—4 por 120 Sb, 96—97 por 100 Sn), que 
es muy elastica, se amalgama instantaneamente y se rompe 
sin trabajo. 

Resulta, pues, que si la permeabilidad del cobre y del la- 
ton no puede evidenciarse por medio del procedimiento Hors- 
ford, basado en la capilaridad, puede demostrarse esa propie- 
dad siguiendo un metodo inverse, es decir, promoviendo la in- 
fillracion. 



Rotacion de la tierra patentizada por la fijeza del piano de osci- 
lacion del pendulo. Nuevo aparato y nuevo modo de observa- 
tion; por Mr. Porro. 

(Cosmos, 24 nhril M^o.) 

El grande interes que justamente ha despertado entre los 
sabios la esperiencia, mediante la cual no solo ha demostrado 
Mr. Foucault sin valerse de los astros, sino hecha visible la 
rotacion de la tierra por la fijeza del piano de oscilacion del 
pendulo, ha producido universalmente el deseo de poder re- 
petir en todo lugar la esperiencia del joven y celebre fisico 
citado. Mas para observarla facilmente, es necesario un pen- 
dulo muy largo colocado en un edificio de estraordinaria ele- 
vacion, exigiendo ademas que la oscilacion sea plana y de 
amplilud bastante grande. 



367 

Mr. Porro se ha propueslo realizar la misma esperiencia, 
valiendosc de un aparato portalil y de un pendulo de longi- 
lud ordinaria; hacer esperimentos hasta con amplitudes muy 
peq'uenas de oscilacion, y aun en el vacio, y poder observar 
y raedir lodas las fases de las oscilaciones elipticas, lo cual 
proporclonara el medio de comprobar praclicamente la nueva 
teoria del fenomeno, presentada por los geomelras. 

Colocado un prisma triangular rectangulo con la cara hi- 
potenusa horizontal enlre los objetivos de un sistema de coli- 
macion, las imagenes de los objetos, al atravesar el prisma, 
se invertiran en sentido vertical por la reflexion total, y la 
cruz de los hilos del coliraador se presenlara en el foco del an- 
teojo inverlida en un sentido y no en el otro, como en el gra- 
bado respeclo al tipo. 

El mas pequeflo movimiento comunicado al prisma se po- 
dra apreciar en el foco del ocular, pero con caracteres diferen- 
les en el sentido horizontal y en el vertical, caracteres que 
diferiran tambien segun el azimut del piano de movimiento 
y de los colimadores. 

Imaginemos que el prisma esle unido invariablemente al 
hilo 6 la varilla de un pendulo, por muy cerca del punto de 
suspension, y que, cuando se halle parado, la cara hipotenusa 
este horizontal: una oscilacion cualquiera (generalmente elip- 
tica) del pendulo producira una nutacion 6 balance de la espre- 
sada cara, resultando asi en el foco del anteojo dos movimien- 
los diversos de la imagen: uno en sentido vertical, debido a la 
componente normal a las aristas del prisma, y el otro de balan- 
ce al rededor de un punto relativamente fijo, originado por la 
componente paralela a las misraas aristas. 

Para utilizar esta trasformacion del movimiento del pen- 
dulo en un fenomeno optico descompuesto naturalmente, segun 
dos pianos normales, se ha suspendido el pendulo en el eje 
hueco de una especie de pequeno teodolito, al cual iba unido el 
sistema de colimacion. Haciendo girar el instrumento en azi- 
mut hasta que uno de los dos movimientos opticos llegue a ser 
un mdximo y el otro un minmo, resultara evidentemente 
orientado el sistema de colimacion en sentido de uno de los dos 
ejes de la elipse descrita por el pendulo. 



30)8 

Cuando la oscilacion es plana, hay sieinpie dos posicioncs 
en angulo recto, en las que uno de los dos movimlentos opticos 
llega a ser nulo, y el olro maxirao; y reciprocaraenle, con un 
micrometro puesto en el foco del anleojo, se pueden medir 
sus amplitudes respeclivas. 

Para observar la dislocacion aparente del piano de oscila- 
cion relativaraente a una linea fija (el diamelro cero del ins- 
trumento), se orienla el sistema de raanera que en un ins- 
lante dado sea minimo uno de los dos movimientos, y se 
anota el azimut senalado por el nonio. Si pasado algun liempo 
se observa nuevamenle, se tendra un azimut distinlo, y la 
diferencia enlre ambos es la dislocacion que se busca. 

En vez de observar este fenomeno con el ocular del an- 
leojo, se puede proyectar por medio de la luz solar 6 de la 
electrica sobre un cuadro, para que logren verlo a un misrao 
tiempo gran numero de personas en las catedras publicas. 
Para esto se sustituye el ocular con un objetivo de microsco- 
pio solar, y se introduce la luz en el colimador con el auxilio 
de un reflector. 

Es evidente que con este instrumenlo se puede averiguar 
en cualquier momento el azimut del eje mayor y menor de 
la elipse, su amplitud, y hasta medir el azimut y la ampli- 
tud de otro cualquiera de sus diametros; y por consiguienle 
lambien es posible trazar por puntos esa curva, sea como 
quiera, refiriendola a un sistema de coordenadas polares cuyo 
origen este en el centro. 

Del misrao modo es evidente que se puede observar muy 
bien con oscilaciones muy pequenas, lo cual permite que se 
haga durar la esperiencia mucho mas tiempo que con un 
pendulo largo comun; ademas, el aparato permite operar con 
un pendulo corto, 6 alargarlo indefinidamente cuando se hace 
el esperimenlo en un pozo 6 desde lo alto de un edificio a 
proposito. 



369 
QUIillCit. 

Trabajos sobre la composicion del aire atmosferico; por Reg- 

NAULT. 

(Bibl. univ. dc T.inebra , yiirero I8j5.) 

A pesar de los muchos trabajos que se ban becbo, aiin no 
se sabia si el aire de nuestra atmosfera conserva una compo- 
sicion constante en lodo el afio, y si es iguai en todos los pun- 
tos del globo. Mr. Regnault ba aplicado su nuevo procedi- 
mienlo eudiomelrico a bacer mucbas analisis del aire: el pro- 
grama primitivo de su trabajo era el siguiente. 

El aire atmosferico se babia de tomar en gran niimero de 
localidades elegidas convenienteraente en la superficie del 
globo, el 1." y 15 de cada mes al mediodia verdadero de cada 
lugar, y por espacio de un ano entero. Eslas muestras se ha- 
bian de dirijir a Mr. Regnault, del colegio de Francia, para 
que se analizasen en el con circunstancias perfectamente 
identicas, con el mismo aparalo, y comparandolas con el aire 
recojido en Paris. Cada serie de analisis del aire estrangero 
se ballaba de este modo comprendida entre analisis becbas 
con aire tornado en Paris, y para las cuales se empleaba un 
mismo gas combinante. Asi se evitaban las incertidumbres 
que presentan necesariamenle las analisis ejecutadas por es- 
perimentadores diferenles, y siguiendo procedimientos dis- 
tintos. 

Presentabase primeramente una diOcultad: era precise 
hallar un procedimiento sencillo para tomar el aire atmosfe- 
rico y conservarlo sin alteracion, que pudiera aplicarse por 
personas poco acoslumbradas a las esperiencias cientificas, y 
que los aparatos fuesen poco costosos y poco fragiles. Los es- 
perimentos preliminares probaron que era imposible conser- 
var por algun tiempo el aire en presencia de una materia or- 
ganica cualquiera, por pequeua que fuese en cantidad, sin que 
se alterase percepliblemente la composicion de aquel. Habia 



370 
que cvitar, piies, lomar aire destinado a las analisis en glo- 
bes con Haves. 

El procedimiento adoptado per Mr. Regnault consisle en 
tomar unos tubos de vidrio lerminados en dos puntas agudas; 
y para evilar que eslas se rompan, se cubren con dos cam- 
panitas pegadas con alraaciga. Cada lubo, preservado de esle 
raodo, se pone en un esluche de carlon. Cuando se va a to- 
mar aire, se ablanda la almaciga, se quitan las dos campani- 
tas y se pone en comunicacion con un fuelle una de las pun- 
tas delgadas. Para esto, se adapla a la tobera del fuelle una 
boquilla de goma elastica, se introduce en ella una de las 
puntas del tubo de vidrio, y en seguida se sopla lentamente 
con el fuelle por espacio de tres 6 cuatro minutes. De esta 
manera se renueva el aire del tubo, llenandose este de aire 
igual al que cxiste en aquel memento en la localidad. Para 
cerrar seguidanieotc el tubo, se calienlan y estiran las dos 
puntas delgadas con una l^mpara de alcohol, evitando acer- 
car la llama al principle del tubo: se unen de nuevo con be- 
lun las campanilas a las puntas tapadas, con objeto de res- 
guardarlas, y se coloca otra vez el tubo en su esluche. 

Se mandaren muches tubos de estos, de capacidad de 
30 a 100 centimetres cubicos, a diferentes sabios que vivian 
en varies puntos; se enviaron olros a les principales consu- 
lados de Francia, con recemendacion especial del Ministro de 
Negocios estrangeros; y cierto niimero, per fin, se entrego a 
les oficiales de la Marina Real, que habian de mandar estacio- 
nes en algunos paises lejanes. 

Per desgracia, les suceses politicos de 1848 vinieron a 
destruir estas prevencienes, y la mayor parte de les tubos se 
perdio. 

Sin embargo, Mr. Regnault ha centinuade analizando el 
aire atniosferico de Paris durante lode el ano de 1848, ha- 
biendose hecho un gran numero de analisis del aire tornado 
en diferentes puntos de Francia, Suiza, Rerlin, Madrid, y en 
el Mediterraneo. Tambien se han analizade muchas muestras 
de aire recejide en paises lejanes por viajeros y oficiales de 
la Marina. 

La delerminacion exacta del acido carbonico contenido en 



371 

el aire presentaria gran interes; pero no es posible verificar- 
la con el aire que ha permanecido mucho tiempo en los tu- 
bes, porque el vidrio absorve parte de dicho acido. 

No ponemos los resultados de todas las analisis que Mr. 
Regnault cita en su memoria, y solo copiaremos las tablas de 
las proporciones de oxigeno que se ban obtenido en el aire 
recojido en Paris a fines del auo 1847, y en Ginebra y sus in- 
mediaciones (1) en los anos 1848 y 1849. 



(l) Las ultimas muestras se rccojieron en Ginebra por Mr. E. Plan- 
tamour, por Mr. G. Rochette en el monte Saleve, y por el autor de este 
articulo en el monte Buet y en el Montauvert. 



372 



Aire tornado en Ginebra y sus inmediaciones. 









1." 


2.» 


1 5 enero. 






Analisis. 


Analisis. 


Observatorio de Ginebra. 


Mediodia. 


20,917 


20,909 


)> 


Monte Saleve. 




. 


20,940 


20,953 


1." febr. 


Observatorio de Ginebra. 




> 


20,94fi 


20,935 


» 


Monte Saleve. 




> 


20,903 


20,957 


i." abril. 


Observatorio de Ginebra. 




J 


20,920 


)) 


u 


Monte Saleve. 




> 


20,928 


)> 


1 5 Junio. 


Observatorio de Ginebra. 




> 


20,956 


» 


1 ." Julio. 


)i 




> 


20,903 


>j 


15 id. 


» 




> 


20,935 


>• 


l.°agost. 


» 




' 


20,937 


» 


1 5 id. 


» 




> 


20,961 


» 


1." set. 


» 


J 


> 


20,924 


u 


6 id. 


Monlauvert ^Chamounix). 
Monte Buet (Saboya). 


g"" 25" de la man. 


20,963 


>, 


8 id. 


Mediodia. 


20,930 


» 


1 ." oct. 


Observatorio de Ginebra. 


)> 


20,981 


» 


1." nov. 


» 


» 


20,969 


» 


15 id. 


)> 


» 


20,990 


>} 


1.° die. 


» 


)> 


» 


)> 


15 die. 


Observatorio de Ginebra. 


Mediodia. 


20,913 


» 


«840. 










1. "enero. 


M 


» 


20,959 


» 


1." febr. 


U 


a 


20,993 


» 


1 5 id. 


» 


» 


20,982 


» 




Aire tornado 


en Paris. 




4849r. 










29 die. 


Plaza de la Concordia. 


Il*" de la noche. 


20,953 


» 


» 


Observatorio del Colegio 










de Francia. 


» 


20,948 


)> 


30 id. 


» 


Mediodia. 


20,939 


20,930 


» 


" 


4'> SO^delatarde. 


20,984 


20,967 


31 id. 


» 


e"" 15"° de la man. 


20,949 


» 


» 


CUspide del Pantcon. 


Mediodia. 


20,959 


» 


)> 


Cboisy-lo-Roy. El aire se 
lom6 a n "", 1 sobre cl ni- 










vel del Sena. 


l*" 40"de latarde. 


20,966 


n 


» 


Esplanada de Vincennes. 




20,945 


» 


» 


Esplanada de Vincennes, 










bajo arbolado. 


1^ 1 5" de latarde. 


20,947 


» 


n 


Sobre un campo de trigo 










en yerba. 


Mediodia. 


20,980 


20,992 



373 

El total de las analisis del aire de Paris hechas en 1847 
y 1848, sube a mas de 100. 

La menor cantidad de oxigeno hallada asciende a 20,943, 
y la mayor a 20,999; la media general es 20,96 proxima- 
mente. 

La diferencia maxima es de 0,86, siendo mayor que la 
que puede resultar de los errores en los esperimenlos, la cual 
rara vez pasa de 0,02. Su valor es tan pequefio, que puede 
facilmeute atribuirse a alteraciones locales 6 momenlaneas. 

Los resultados de las analisis de aire tornado en olras lo- 
calidades del continente, estau comprendidos entre 20,903 y 
21,000; es decir, entre los mismos limites de variacion que 
los del aire de Paris. En cuanto al tornado en el mar, ha pre- 
sentado conslantemente, en general, la misma composicion 
dicha, aunque con algunas escepciones. 

Del conjunlo de resultados consignados en la memoria 
que estractamos, de las analisis que Mr. Lewy ha presentado 
a la Academia liltimamente. y en fin, de las hechas por Mr. 
Bunsen durante un afio entero, de aire recojido en Irlanda, 
cree poder sacar Mr. Regnault por conclusion: 

1." Que el aire de nuestra atmosfera presenta general- 
mente variaciones de composicion apreciable, aunque muy 
tenues, puesto que la cantidad de oxigeno varia solo por lo 
regular de 20,9 a 21,0; pero que la proporcion del oxigeno 
baja hasta 20,3 en ciertos casos, que son mas frecuentes al 
parecer en paises calidos. 

2.° Que la cantidad media de oxigeno contenida en 100,00 
partes de aire almosferico, fue en Paris durante el ano de 
1848, de 20,96. 



CIENCUS NATIRALES. 



FHilOIiOOIA. 

J)e la estension de la superjicie del cerebro, y de sus relaciones 
con el desarrollo de la inteligencia; por Mr. Baillarger, me- 
dico del hospital de la Salitreria. 

(Anil, ined.-psicol., enero •I8b3.) 

Me propongo en este trabajo: 

1." Determinar la estension de la superficie de los hemis- 
ferios cerebrales. 

2.° Investigar si exisle, como se lia dicho, una relacion 
entre la estension de esta superficie y el grado de desarrollo 
de la inteligencia. 

PRIMER PUNTO. 

De la estension de la superficie del cerebro. 

Sabemos que el cerebro esta cubierto por dos membranas; 
la aracnoides y la pia-madre. La aracnoides no penetra en el 
inlervalo de las circunvoluciones, y solo tapiza la superficie, 
por decirlo asi, aparente de los bemisferios cerebrates. La 
pia-madre, por el contrario, se mete en todas las anfractuo- 
sidades, y su superficie es igual en esten-sion a la superficie 
real del cerebro. Si pudiera desplegarse esta membrana, len- 
driamos un medio muy sencillo y muy exacto de medir las 
superficies cerebrales; pero no pudiendose hacer esto, tene- 
mos que buscar otro medio. 

La primera idea que se presenta es desdoblar el cerebro 
mismo. 

Se refierc en efcclo, que Gall bizo esto con los beraisfc- 



375 
rios cerebrales, y que era, entra sus descubrimienlos ana- 
t6micos, al que daba acaso mas importancia. 

Nada mas facil que medir las superficies cerebrales si se 
pudiera oblener por esle medio una membrana unida a la cara 
de las anfractuosidades desiguales, cuya estension es casi im- 
posible de delerminar exaclamente. 

Desgraciadamenle el desdoblamiento del cerebro, como lo 
hacia Gall, lleva consigo una objecion muy grave. La suslan- 
cia cerebral es eslensible, y las tracciones que se ejercen con 
los dedos pueden ser causa de un error. Esta consideracion 
ha debido detener a los anatomicos que hubieran pensado en 
medir el cerebro por este medio, y del cual no he tralado de 
servirme. 

El proceder que empleo consiste en desdoblar el cerebro, 
sustituyendo a la accion de los dedos una diseccion minuciosa 
y larga, que tiene por objelo evilar toda especie de estira- 
miento. Levanlo poco a poco la mayor canlidad posible de 
suslancia blanca, y reduzco asi gradualmenle a muy poco el 
espesor del hemisferio. Cuando he separado casi completa- 
menle la sustancia modular, la membrana hemisferica se des- 
plega, por decirlo asi, por si sola, si no en totalidad, al me- 
nos suUcientemente para que se pueda estender y moldearla 
con yeso. 

Despues de sacar del molde esla membrana, se puede ob- 
tener la estension de su saperficie del modo siguiente: se lle- 
na el molde poco a poco con arcilla, inlerponiendo un tejido 
delgado, cuya superlicie plana es entonces muy facil de me- 
dir matematicamente. 

En resiimen: para oblener la estension de las superficies 
cerebrales es necesario: 

1." Desdoblar lo mas completamente que sea posible los 
hemisferios, separando poco a poco casi toda la sustancia 
blanca interior. 

2." Moldear con arcilla la membrana cerebral obtenida 
de esle modo. 

3." Medir este molde con un tejido muy delgado, tomando 
las precauciones convenienles. 

Veanse los resuUados que he obtenido por este proceder. 



376 

En cinco cerebros he enconlrado una superficie media de 
1700 cenlinietros cuadrados. 

Unicamente en dos he medido comparalivamente los dos 
hemisferios, y he hallado: 

En el primer cerebro: 

La superficie del hemisferio derecho igual a 764 centime- 
tros cuadrados. 

La del hemisferio izquierdo igual a 789 centimelros cua- 
drados. 

En el segundo cerebro: 

La estension del hemisferio derecho era de 853 cenlime- 
tros cuadrados. 

La del hemisferio izquierdo era de 837 centimelros cua- 
drados. 

De modo que la diferencia de un hemisferio a otro es solo 
tie A ^ A> lo cual prueba la exactitud de la medida. 

Veamos ahora la estension del cerebro de algunos ani- 
males. 

El cerebro del conejo tiene una 

superficie igual a 24 centimetres cuadrados. 

El del gato 52 id. id. 

Eldelperro 104 id. id. 

El del carnero 160 id. id. 

El del puerco 220 id. id. 

Tal es el resultado de las medidas que he practicado. No 
le doy como exactamente matematico, pero creo poder garan- 
lizar la exactitud casi de r'^. 

PUNTO SEGUNDO. 

De las relaciones entre la estension de la superficie del cerebro, y 
el grade de desarrollo de la inteligencia. 

En una memoria leida en el Instituto en 1822, Desmoulins 
trato de demostrar que el numero y la perfeccion de las fa~ 
cultades intelectuales en la serie de las especies y en los in- 



371 
dividuos de una misma, estaban en proporcion de la estension 
de las superficies cerebrales. 

Creo inutil reproducir los argumentos presentados en apo- 
yo de esla proposicion , y me limitare a hacerlo de los dos 
mas notables. Se dice que tal animal, muy inteligente, tiene 
una estension de la superficie del cerebro mayor que tal olro 
de inteligencia menos desarrollada: es evidente que aqui se 
trata de la estension relativa al volumen. 

De una manera absoluta, en efecto, el cerebro de un per- 
ro, por ejemplo, tiene menos superficie que el de un buey, y 
sin embargo, el perro tiene mucha mas inteligencia. 

Si, pues, se compara la estension de las superficies, es te- 
niendo en cuenta el volumen relative de los cerebros. Asi es, 
sin duda ninguna, como se ban comprendido las cosas; pero 
es necesario esplicarlas con mas claridad. 

Anadire una segunda observacion. 

Desmoulins, lo mismo que los fisiologos que ban admitido 
su opinion, no ban dado nunca mas que medidas aproxima- 
das de las superficies cerebrales; y sin embargo, en cuestio- 
nes de esta naturaleza, sobre todo cuando se trata de apre- 
ciar el grade de desarroUo de la inteligencia, es necesario te- 
ner dates algo mas exactos que poner en la balanza. 

Es, pues, indispensable para la solucion del problema, por 
una parte determinar el volumen exacto de cada cerebro, y 
por otra medir la estension de su superficie. 

Siendo la densidad de los diferentes cerebros casi la mis- 
ma, el volumen es proporcional al peso, que puede entonces 
estar sustituido sin inconveniente por el volumen. 

Yo he pesado con cuidado el cerebro de un hombre, y des- 
pues, enlre los de los animales, el del carnero, del puerco, 
del perro, del gato y del conejo. Me he dedicado despues a 
medir la estension de sus superficies. 

Para hacer mas facil de comprender los resultados que he 
obtenido, tomare primero los dos estremos; el cerebro del 
hombre y el del conejo. 

He hallado que los hemisferios cerebrales del hombre, 
despues de separar las membranas, los cuerpos estriados, los 
talamos opticos y el cuerpo calloso, pesaban 900 gramas. 



378 

Su superficie, medida por el proceder que he indicado an- 
tes, era 1700 cenlimetros cuadrados. 

Los liemislerios cerebrales del conejo pesabau 5 gramas. 

Su superficie era de 24 centimelros cuadrados. 

Si se compara el peso de estos dos cerebros, se encueutra 
(|ue el del hombre pesa 180 veces mas que el del conejo. La 
relacion de peso es : : 1 : 180. 

En cuanto a las superficies, se ve que el cerebro del hom- 
bre tiene 70 veces mas estension que el del conejo. La rela- 
cion de superficies es : : 1 : 70. 

De modo que el cerebro del hombre es 180 veces mas pe- 
sado que el del conejo, y solo es 70 veces mas estenso. De 
esto se deduce que los hemisferios cerebrales del conejo lie- 
nen proporcionalmente a su peso, 6 si se quiere a su volij- 
men, dos veces y media mas superficie que los del hombre. 
Creo, por otra parte, deber recordar que el cerebro del cone- 
jo, como el de los olros mamiferos inferiores, no tiene cir- 
cunvoluciones, y que su superficie es exactamenle igual a la 
superficie interna del craneo. 

He coraparado del mismo modo el cerebro del hombre 
con el del gato, el del perro, el del carnero y el del puerco, 
y he encontrado siempre que la superficie era, respecto a su 
peso, J, I, i mayor en los animales que en el hombre.. 

Los cerebros mas pequeuos, tomadas en cuenta todas sus 
proporciones, son constanteraente los mas estensos, y la su- 
perficie relativa de los hemisferios parece que esla en razon 
inversa de su peso. 

Estos resultados son completamente opuestos a la propo- 
sicionformuladapor Desmoulins; porque lejos de estar el des- 
arrollo de la inteligencia en razon directa del de la estension 
relativa de las superficies, esta, por el contrario, en razon in- 
versa. 

He debido desconfiar primero de estos hechos, que he com- 
probado sin comprenderlos; pero muy pronto, habiendo pro- 
curado esclarecerlos por medio de los dates matematicos , he 
encontrado la esplicacion siguieute. 

Suponganse dos cuerpos esfericos de igual densidad, que 
lengan el uno 20 y el otro 10 centimelros de diametro; los 



879 
volumenes que son proporcionales al peso son entre si : : 8 : 1, 
es decir, que el cuerpo mas voluminoso es 8 veces mas pesa- 
do que el otro. 

Si, por el contrario, se comparan las superficies, se en- 
cuentra la relacion : : 4 : 1. 

Resulta de esto, que el cuerpo mayor es 8 veces mas pe- 
sado que el pequeuo, y solo es 4 veces mas estenso. Esto es 
precisamente lo que he encontrado comparando las superfi- 
cies de los cerebros pequefios con el cerebro del hombre. 

Estas diferencias entre la relacion de los volumenes y de 
las superficies es el resullado de esta ley matematica: que los 
vohimenes de los cuerpos semejantes son entre si como los 
cubes de sus diametros, al paso que las superficies son entre 
si como los cuadrados de estos diametros, lo cual da propor- 
ciones muy diferenles. 

El cerebro esta sujeto a esta lev, de la que se sustrae en 
parte por ia existencia de lascircunvoluciones. 

He aqui la razon por que los hemisferios cerebrales del 
conejo, a pesar de no tener anfractuosidades, son sin embar- 
go proporcionalmente casi tres veces mas estensos que los del 
hombre. 

Nada hay mas sencillo que los .resultados que me ha su- 
ministrado la medida directa de la estension de las superficies 
cerebrales del hombre y do muchos animales; sin embargo, 
ellas trastornan complelamente esta proposiciun: que el uii- 
mero y la perfeccion de las facultades intelectuales, estan en 
proporcion de la estension de las superficies cerebrales. 

He dicho anteriormenle, que el cerebro solo estaba some- 
tido en parte a la ley matematica que rije los cuerpos en 
cuanto a sus relaciones de superficies y volumenes, pero no 
que estaba enteramente suslraido a esta ley. Para demostrarlo 
completamente, recordare la estension de la superficie del ce- 
rebelo relativamente a su peso. 

Esta estension, multiplicada por millares de laminas, es 
en efecto considerable respecto a su voliimen, y no hay otro 
organo que pueda compararse, bajo este aspecto, con el cere- 
bro de los mamiferos inferiores. 

Hubiera podido ser asi para los hemisferios cerebrales, y 



380 
acaso enlonces el grado de desarrollo de la inleligencia ha- 
bria eslado en relacion coo la estension relativa de las super- 
ficies cerebrales; lo cual no liene lugar. 

Creo deber seualar, antes de terminal", el origen del error 
cometido por Desmoulins y los fisiologos que ban admilido su 
opinion. 

Ellos ban juzgado de la estension relativa de las superfi- 
cies cerebrales por el grado de plegamienlo de eslas superfi- 
cies, 6 si se quiere, por el numero y prorainencia de las cir- 
cunvoluciones; esto no es exaclo. 

El cerebro del bombre, cuyas circunvoluciones son muy 
numerosas y prominentes, no liene, por el contrario, mas que 
una estension de superficie relativa muy pequena, por lo 
mismo que tiene un voluraen muy considerable. Para estu- 
diar este problema, es necesario dislinguir con cuidado: 

1." La estension relativa de superficie en los diferenles 
cerebros. 
2." El numero y salida relativa de las circunvoluciones. 

Creo baber probado que el desarrollo de la inleligencia 
no esla en razon de la estension de las superficies cerebrales; 
pero queda que examinar si se puede eslablecer una relacion 
de esla especie, suslituyendo a la estension de las superficies 
el numero y grado de prominencia de las circunvoluciones. 

^No se podria , por ejemplo, cambiar los lerminos de la 
proposicion, y decir que el numero y la perfeccion de las fa- 
cultades intelectuales estan en proporcion, no de la estension 
de las superficies, sino del numero y prominencia de las cir- 
cunvoluciones? 

Tal es ahora la cueslion que tenemos que examinar. La 
resolucion de esla cueslion presenta, a mi modo de ver, mu- 
chas mas dificultades que las que aparecen a primera vista. 

No basta, en efeclo, comparar esleriormenle dos cerebros 
de animales, y comprobar que el de mas inleligencia ofrece 
mas circunvoluciones; el probkma es mucho mas complejo, 
y no se puede resolver sino teniendo en cuenla muchos ele- 
mentos que ban sido descuidados. 



381 



CONCLUSIONES. 



1 .« El cerebro del hombre se puede desplegar casi com- 
pletamente sin estirarle, separando poco a poco la sustancia 
blanca interior. 

2." La estension de la membrana cerebral desdoblada de 
este modo, es de 1700 centimetros cuadrados. 

3.* La superficie del cerebro del hombre, proporcional- 
mente a su voliimen, es mucho raenos estensa que la del ce- 
rebro de los mamiferos inferiores. 

4.^ No se puede juzgar, sin grave error, de la estension 
relativa de las superficies de muchos cerebros de voliimenes 
diferentes, no teniendo en cuenta mas que el niimero y la 
prominencia de las circunvoluciones. 

5.^ El grado de desarroUo de la inteligencia, lejos de es- 
tar en razon directa de la estension de las superficies cere- 
brales, esta en razon inversa (1). 



(l) Debo recordar que esto no prueba que el desarrollo de la inteli- 
gencia no est6 en razon directa del niimero y estension de las circun- 
voluciones. Si se reflexiona bien, se vera que estas dos proposiciones no 
tienen nada de contradictorias. 



382 

VARIGDADES. 



— El dia 6 del mes dc mayo ultimo se llev6 a cabo con un resultado 
satisfactorio, la dificil opcracion de cstablecer el cable submarine que en 
adelantc ha de unir la Inglaterra con la Bdlgica, superando por este me- 
dio las dislancias que separan este pais del resto del continente Europeo. 
Esta aplicacion moderna de la elcctricidad a los teldgrafos, habla mas por 
si sola que todos los preambulos que pudieran hacerse acerca de sus in- 
numerables resultados. Hoy dia ya no existen distancias, no hay ya obs- 
faculos que la mano del hombre no supere y venza con prodigiosos re- 
sultados. Nos limitaremos pues a dar una breve descripcion de los prin- 
cipales incidentes de aquellos trabajos, cuyas dificultades ban sido venci- 
das con un gran 6\ito por los Sres. R. S. Neirall y compauia, con la 
ayuda del Capitan de la Marina Real inglesa Mr. J. Washington. El cable 
submarine ha sido construido bajo la dircccion, y por contrato dc la Com- 
pafiia europea y amcricana de tclegrafos eldctricos. El principio 6 ma- 
nufactura del cable ha sido el mismo que el que en 1850 se establecio 
entre Dover y Calais, con la sola diferencia, que en lugar de cuatro alam- 
bres conductores aislados que tenia aquel, el actual tiene seis conducto- 
res aislados por una doble cubierta de gutta-percha, cuya construccion 
ha estado bajo la direccion de Mr. Llatham, jefe de la fabrica de gutta- 
percha en City-Road. El m^todo que se ha empleado para cubrir los 
alambres con la gutta-percha es el siguiente: una masa de gutta-percha en 
un estado de reblandecimiento, se coloca en el interior de un cilindro que 
teniendo en uno de sus estremos un ^mbolo, precisa a la gutta-percha a 
pasar a trav^s de unos conductos de hierro de pequeSo diametro, en cuyo 
centre se encuentra el alambre conductor: este, a medida que se va cu- 
briendo con la gutta-percha, se le precisa a salir del interior del cenduc- 
lo atravesande ademas un deposito dc agua fria. a fin de que la sustancia 
aisladora tome la consistencia que se requiere. El diametro de los conduc- 
tos de hierro por donde pasa la gutta-percha, varia con el espesor de la 
cubierta del alambre. Ya cubiertos los alambres, se revistieron despues 
con cabos de cauame empapado en una disolucien de brea y sebo; en es- 
te estado se introdujo el cable en un tubo 6 cilindro de hierro de una 
eran maquina giraloria, a fin de retorcer los doce alambres de hierro 

galvanizado (de un diametro proximamente de — de pulgada) que for- 
man su cubierta esterior. Esta operacion del retorcido requiere mu- 



383 

chas precauciones para lograr una gran cxactitud y regularidad. Si su- 
cediere que algunos de los alambres so rompieren durante aquclla opera- 
cion, se vuelven a unir a golpes de martillo, liechas ascuas sus eslremi- 
dades y sumergiendo la union en un bauo de zinc. El cilindro giratorio 
ya raencionado daba 1 8 revoluciones por minuto, retorciendo en cada una 
i 1 pulgadas de cable. El coste del todo del cable ha sido de 33.000 libras 
esterlinas proximamente, pesa 450 toneladas, se ban empleado 100 dias en 
su construccion, y 7 boras en la operacion de llevar el cable a liordo del 
buque de h(;lice "William ZliuU, que debia tenderlo en el canal. La lon- 
gitud del cable cs de 7 millas. El Almirantazgo puso a disposicion de 
la Compauia del telegrafo dos buques de guerra, el Lijard, vapor de rue- 
das, y el Vivid, vapor de hdlice. Con igual consideracion de la importan- 
cia de la empresa, el Gobierno belga dispuso un vapor para la asistencia 
que fuera necesaria sobre la costa belga. El 1 de mayo el capitan Was- 
hington en el vapor Vivid emprendio el establecimiento de las boyas que 
debian raarcar la direccion del cable submarino. Pero a causa de eslar el 
tiempo muy cerrado y tempestuoso, solo i\i6 posible colocar dos boyas, 
una a 10 millas y la otra a 20 del South Joseland. El establecimiento de 
las demas se Ilevo a efecto en el curso del dia siguiente. El mi(5rcoles por 
la mauana cslando ya todo pronto y dada la orden de levantar anclas, el 
Wilham Zbult y el Lijard vinieron a situarsc a unas 500 yardas de la costa 
inglesa; en seguida por medio de una gran barca se trajo un eslremo del 
cable a tierra sostenido por otros 6 botes 6 barcas en los puntos inter- 
medios. Asegurado aquel estremo, el Zbutt emprendio su marcha hacia la 
costa belga, sirviendole de guia uno de los vapores de guerra, pues que 
ademas de ser el Zbult buque de hicrro, teniendo a su bordo una masa de 
hierro que iba variando por momentos, eran del todo iniitiles sus briiju- 
las y demas instrumentos nauticos. La marcha del buque vario desde 2 
millas por hora a 3, 4, 5 y 6 millas, aumentando aquella velocidad en el 
curso de la primera hora. Poco tiempo despues de haberse empezado la 
operacion de tender el cable, sobrevino una niebla que hizo imposible el 
auxilio de las boyas, y tuvo que recurrirse al empleo de botes Pescadores, 
asegurando la verdadera direccion del Zbutt por medio de sondas. El 6 
de mayo el estremo del cable se hallaba asegurado en la costa belga, y 
pudo trasmilirse el primer despacho telegrafico a Londres anunciando la 
conclusion de la empresa, sin haber ocurrido incidente ninguno, sino que 
el todo habia sido llevado a cabo con un ^xito sorprendente. El despacho 
mencionado decia asi: "Union enlre la Belgica e Inglaterra. La 1 me- 
nos 20 minutes de la tarde.=]VIayo 6 de 1853.=A pesar de que el cable 
submarino tenia una longitud de 70 millas, como ya se ha dicho, la 
operacion de tenderlo A lo largo del canal se efectud con tal perfeccion 



384 
y en una h'nea casi tan recta, que linicamente 2 raillas mas de conductor 
eldctrico se emplearon sobre la dislancia que separa los dos puntos fijos 
en ambas costas, Dover y Ostende. 

—En la raauana del dia 29 de mayo ultimo sc ha observado en Madrid 
un hermoso halo 6 corona solar, perfectamonte marcada y de mucha du- 
racion. No puede fijarse la bora en que tuvo principio; pero a las 10 ya 
se advirtio formado y sc conserv6 hasta las 12|. Ocupaba esta corona 
unos 40°, y su bordo interior ostentaba los colores del arco iris, ballan- 
dose el rojo bacia el lado del astro. Estos colores estaban perfectamente 
claros en el tercio del ci'rculo mas alto y en el opuesto. Los arcos de 
derecha e izquierda los tenian mucho mas apagados. El espacio circular 
presentaba un fondo aplomado, y por la parte de afuera de los anillos de 
color se destacaban estos sobre un cerco de nube mas blanca i ilumina- 
da. El aspecto del cielo era nebuloso por igual a grande altura, pues en 
la parte inferior la atmosfera estaba perfectamente limpia. En region in- 
termedia flotaban muchos grupos pequeuos de nubes, que a veces, aunque 
por corto espacio, interrumpieron la vista de una parte de la circunfe- 
rencia. Casi generalmente en las inmediaciones del horizonte se veia car- 
gazon de varias especies. La luz del sol estaba algo velada por la in- 
terposicion de la capa superior, aunque en ocasiones rompia con algu- 
na mas intensidad, y aumento consiguiente en la brillantez de los colo- 
res. El temporal, que en los dias anteriores habia producido abundantes 
y frecuentes lluvias, en este no dio agua alguna antes ni despues del 
fenomeno, que termin6 desvaneci^ndose la bruma de la parte mas proxi- 
ma al sol, y se redujo a filamentos y cirros. El barometro, sin reduccion, 
marcaba a la sazon 30 pulgadas 2,5 lineas espauolas, continuando la su- 
bida despues del notable descenso a que antes llego y que fu^ tan apro- 
ximado al estraordinario de febrero. 

A la imperfeccion de estas observaciones, nada mas puede anadirsc, 
pues no lo permitieron las circunstancias del observador. 



N/ 7. — REVISTA DE CIENCIAS. — Odubre 1853. 



CIENCIAS EXACTAS. 

Ai^TROMOllIil. 



Sobre la conslituciou fisica del planeta Marie; por Arago. 

(Cosmos, (ifebrr.ro 1855.) 

Antes de Galileo, era Marte una estrella sin disco bien 
definido, roja, a veces cenlelleante, y nada mas: Galileo fue 
el priraero que vio con su anteojo en 1609 destacarse clara- 
mente en el cielo el disco de Marie, aparecer ya pequeuo ya 
grande, y que presenlaba fases bastante perceplibles, aunque 
afeclaban muy poco a la parte luminosa del disco. Sin em- 
bargo, los anteojos de Galileo aumentaban poco, dispersaban 
mucho, y daban poco limpias las imagenes; y por esta razon 
el ilustre creador del melodo cienlilico moderno escribia en 
1610 a Castelli, que no sabia bien si Marte era redondo 6 no. 
En 1616 Fontana hallo queerajiboso al parecer, descubrien- 
dole en 1639 una manclia negra. El P. Zucchi descubrio 
poco despues en el olra; y habiendo notado pronto muchosob- 
servadores que las manchas carabiaban de posicion rapida- 
mente en la superticie del planeta, concibierou la idea de 
medir por el moviraiento de ellas el periodo de la rotacion 
del astro sobre su eje. En 1666'Juan Domingo Cassini fijo 
que su duracion era de 24'' 40', lo cual confirmo posterior- 
mente por las observaciones que hizo en Paris. S. W. Hers- 
chell empezo nuevamente el trabajo de Cassini, y despues de 
reunir gran numero de observaciones delcM-mino que la rota- 
cion de Marte se verificaba en 24'' 39' 21"; cuya determina- 
cion le parecia de tal exactitud, que creyo que en lo sucesi- 

TOMO III. 25 



386 
vo podrian los aslronomos conocor por la rotacion de Marie 
los carabios de celeridad que esperimenlase el movimiento do 
la Tierra alrededor de su orbila; pero Ilerscholl babia exaje- 
rado la precision de su Irabajo; el valor de la rolacion de 
Marie ha variado, y en la aclualidad so calcula que es de 24^ 
37' 22". Esta rolacion, y la inclinacion del eje del planela 
sobre el piano de su orbila, y la inclinacion de esla sobre el 
piano de la ecliplica, necesitan al parecer nuevas coraproba- 
ciones por parle de los aslronomos. En cuanio a la forma de 
Marie, se le habian reconocido fases cuya accion se nolaba 
en el disco del planela cinco dias antes y cinco despues de la 
oposicion. Ni Cassini ni Maraldi pudieron reconocer en el 
achalamienlo perceptible, y eso que el primero fue quien lo 
descubrio en Jupiter. Herschell vio que Marte era achalado, 

y, cosa estrana, evaluo su achalamienlo en -^, valor que cier- 

tamente no se hubiera ocullado a Cassini, pueslo que era 
igualaldel achalamienlo de Jupiter. Schroelter no acepto el nu- 
mero de Herschell, midio de nuevo a Marie, y lo encontrb 

achatado en -'- Maskeline, que estaba entonces a la cabeza 

So • 

del Observalorio de Greenwich, discordaba mucho mas de 
Herschell, pues no daba a Marie ningun achalamienlo: el ce- 
lebre Bessel confirmo mas tarde la observacion de Maskeline. 
Habia en este punto una diticultad que resolver, y Mr. Arago 
lo consiguio: su anteojo de Rochon espero a Marie en sus opo- 
siciones sucesivas, y con el observe lo siguienle. En 1811 

presenlo el planela-^ de achalamienlo; en 1813 el de-^, en 
1815, 1817 y 1837, ninguno; en 1845 el de ~, e igual achala- 
mienlo en 1847. Esla diver^idad de resullados essolo aparen- 
le, pues en tales observaciones, uno 6 muchos resullados ne- 
gatives no destruyen uno positive. Basta, en efecto, supener 
que el planela se nos presenle, ya per sus polos, ya per su 
ecuador, para que en un case nos parezca redendo y en olro 
aplanado; en fm, en las pesiciones intermedias los valeres del 
achalamienlo seran mayores 6 menoros, segun qne se acerquo 



387 

a una u olra de esas dos posiciones principales. Hay aderaas 
otras dos causas que pueden inlluir para coiisiderar al plane- 
la menos achatado que lo que es en realidad: una de ellas 
precede de la manclia blanca y mas luminosa que el reslo, y 
se manillesla liiicia sus polos, de donde parece brotar; la olra, 
de la accion dispersiva de nuestra almosfera, que descompo- 
niendo la luz de los hordes del astro lo alarga en un senlido 
6 en otro, segun la disposicion de las capas almosfericas. El 

achatamiento de :^ hallado por Mr. Arago puede ser exaclo, 

6 menor que el verdadero, pero de ningun raodo mayor. Lo 
que hay de notable aqui, y lal vez lo espliquen algun dia los 
geometras, es la perfecla conformidad eutre el achatamiento 
teorico y real de Jupiter y de Saturno, y la gran discordancia 

que parece existir enlre el achatamiento teorico de -^ y el 
de^, observado en el plaueta Marie. 

Laplace, a quien habia hablado de esto Arago, apcnas se 
admiro, y alribuia la deformacion de Marte a una de esas ca- 
taslrofes que Iraslornan la superficie de un planeta aun des- 
pues de su solidificacion, corao el levantaraiento del Himalaya, 
y de la cadena de las cordiileras, que han destruido el reves- 
timiento compaclo de la Tierra, y prolongado su radio en can- 
tidades aprcciables. Semejanles sucesos han de ser tanto mas 
formidables, cuanto raenores sean los planetas en que obren; 
bajo cuyo supuesto Marte podia presenlar campo a su accion 
det'ormadora. Pero habiendo niedido Arago con el mayor es- 
criipulo losdiametros perpendiculareso los dos ejes de Marie, 
y otros dos diametros a do" de los primeros, hallo que estas 
medidas convenian exactamente con las que daria una forma 
eliptica regular; de modo que las deformaciones locales de 
Laplace no eran admisibles para esplicar el achatamiento del 
planeta. Mr. Airy ha encontrado hace muy poco para la de- 
presion de Marte un valor menor que el deducido de las ob- 
servaciones de Mr. Arago, cuyo valor, coraprendido entre el 

de este y el de Schroettter, es igual a^. Mr. Arago, con objeto 



;i88 

de asegiirarse que la dopresioi) del disco no procedia de defec- 
los delanleojo, tuvo cuidado de observar repelidas veces du- 
rante el curso de sus invesligaciones, discos perfectoscoloca- 
dos en lo alio del Luxeraburgo, y lodos sus diamelros le pare- 
cieron invariables. En cuanlo a las manchas blancas quelos 
aslronoraos habian adverlido en los polos de Marie, y que 
Maraidi vio canibiar de lamafio, las observacioncs de Hers- 
chell delerminaban al parecer claramenle su naturaleza. En 
efeclo, eslo gran aslronomo liabia nolado que en la primavera 
y vcrano del hemisferio Sur de Marie, la mancha blanca dismi- 
nuia en el hasla desaparecer, y que se volvia a formar poco 
a poco duranle el olofio y el invicrno, lo cual sucedia lara- 
bien en el olro heniislerio en las epocas correspondienles. Se- 
gun, pues, lodas las probabilidades, las manchas blancas de- 
bian ser capas de hielo y de nieve que el Sol derretia en la 
primavera, y que el invierno renovabaen el planela. Mr. Ara. 
go midio con cuidado su eslension, enconlrando que la man- 
cha blanca del hemisferio Sur se eslendia hasla el grado 50 
de lalilud duranle la eslacion del frio, y por medidas folome- 
Iricas de naluraleza particular reconocio que las paries blan- 
cas de Marie enviaban dos veces mas luz que las rojas del 
mismo planeta; concluyendo de este conjunlo de observacio- 
nes, de acuerdo en ellas con los demas aslronomos, que las 
manchas luminosas de Marie proceden de acumulaciones pe- 
riodicas de nieve y de hielo en sus casquetes polares inver- 
nales. Tambien opina Arago, con otros muchos observadores, 
que las fajas verdosas ecualoriales del planeta son solo un 
efeclo de conlrasle; pero a tin de asegurarse bien, seria ne- 
ccsario aislar por medio de un diafragma una parte de las fa- 
jas, sustrayendolas asi de la accion del color rojo inmediato, 
en cuyo caso solamenle se podria determinar su color ver- 
dadero. 

Oueda por ultimo la cuestion de saber por que Marie es 
rojo, color que le ha valido enlre los hebreos el nombre de 
abrasado, y el honor de servir de tipo al rubor entre los Egip- 
cios. Herschell adraitia que algunos terrenes ocraceos y la 
presencia de la arenisca roja podian esplicar esa coloracion 
particular, y Lambert opinaba que la vegetacion debia ser 



389 
roja en la superficie del planela; pero otros astronomos han alri- 
buido el color de esta tinla a la accion de una alraosl'era. Los 
rayos del Sol nos parecen efectivamenle coloreados de rojo 
cuando ban atravesado alj^unas capas almosfericas considera- 
bles; pero si lal hubiese de ser la causa del color rojo de 
Marie, los bordes de su disco debieran parecernos mas colo- 
rados, raienlras que el centre es mas rojo, y los bordes imilan 
rodearle. con dos meniscos incoloros. Se habia observado que 
las manchas negras, muy visibles en el centre, desaparecian 
antes de llegar a las orillas, en cnya atmosfera luminosa no 
se manifeslaban; y se Irataba de esplicar dicho fenomeno. 
Mr. Arago lo logro, suponiendo cierto poder reflexive en la at- 
mosfera de Marte. Efectivamente, si se supone lafuerza ilumi- 
naute espresada por 31 y la de una mancha por 30, habra 

entre las dos — de diferencia, que hara la mancha perfecta- 

mente dislinta; pero si cerca del borde en que la atmosfera 
es mas densa comunica esla al planeta 20 de luz, el fondo 
lurainoso se hara igual a 51, y la claridad de la mancha sera 
de 50. La diferencia, pues, que existe entre estos dos niime- 

ros, es decir, ~, es demasiado pequena para que el ojo pueda 

apreciarla distinlamenfe, y la mancha se ocullara al parecer 
bajo un velo luminoso. Esla esplicacion, haciendola eslensiva 
a todo el cuerpo del astro, nos manifiesla por que su centre 
nes parece reiativamente escuro, mienlras que una luz blan- 
ca y muy viva brilla en sus bordes. 



OEODES^iy^. 



Estado aclual de adelantos de la mieva carta topogrdfica de 
Francia. 

(Bibl. univ. de Gioebra, mnrzo ^85.■>.) 

En el sigle XVIII se ejeculo la primera carta lopografica 
grande de Francia, compuesta de 180 hojas, que lleva el 
nembre de Carta de Cassini, porque tres generaciones de as- 



390 

tronoraos do esta familia ban trabajado sucesivaraente en clla. 
Cualquiera que fiiese cl merilo de la carta con respeclo a la 
epoca en que se ejecuto, es lo cierto que en 1808 el caballero 
Bonno, coronel del cucrpo de ingenicros geografos, esponia al 
emperador Napoleon I, en cumplimienio de su orden, el pro- 
grama de los Irabajos que se debian emprender para conslruir 
con lodala perfeccion de metodosycalculosqueelliempohabia 
inlroducido, olra nueva carta que sustituyesc a la primera; 
pero hasta 1816, bajo el reinado de Luis XVIII, no se conti- 
nuo esle proyecto. Una comision presidida por el celebre La- 
place, de la cual eran vice-presidente y secrelario Delambre 
y Puissant, fijo las bases, y por Real orden del 6 de agosto 
de ISn se determino su ejecucion. 

Encargado el deposito general de la guerra de Paris de 
esta inmensa empresa, se organizo en el con dicho objeto una 
comision especial, compuesta de oficiales superioresdelcuer- 
po de ingenieros geografos, de la cual fueron el coronel Bros- 
sier, presidentc, y secretario Mr. Coraboeuf. Primeramente 
era preciso ejecular una triangulacion general de primer or- 
den, ligandola, bien con la meridiana de Dunkerque a Barce- 
lona, medida ya por Delambre y Mechain, y prolongada hasta 
la isla de Formentera per MM. Biot yArago, 6 bien con los 
trabajos principiados en olras dirocciones, y en particular so- 
bre la perpendicular comprendida entre Brest y Estrasburgo, 
y en la parle del paraielo medio que atraviesa la Francia. 

La red Irigonometrica eslaba dividida en grandes cuadri- 
lateros, limitados por cadenas principales de triangulos, dis- 
tantes entre si proximamente 200.000 metres, y dirigidas 
paralela y perpendicularmente al raeridiano de Paris. Ade- 
mas de las bases medidas ya cerca de Melun y Perpiiian por 
Delambre y Mechain, y la de casi 19.000 metres, que lo fue 
en 1804 cerca de Ensisheim, en Alsacia, por el coronel Hen- 
ry para servir de punto de partida a una triangulacion en 
Suiza, se midieron tambien olras bases nuevas, una en Brest 
por el coronel Bonne en 18'23; olra en Aix por el comandan- 
te Delcros en 1825; olra en Burdeos por el coronel Brousseaud 
en 1826; y olra en Gourbera, cerca de Dax, por el coronel 
Coraba'uf, en 1827. Eslas bases se ban servido decomproba- 



301 

cion mulua: asi la longitud de la Dase de Melun que resullaba 
de la medida efectiva, era de 10526'°,91. 

Esa misraa lonjj;itiid valuada por el calculo ha resullado: 

1." Parliendo de la base de Brest y por me- 
dio de la cadena intermedia de triangulos, de... lO'oSG^.Ol. 

2." Partiendo de la base de Ensisheira....... 10o27",08. 

Diferenles ingenieros ban bccho sucesivamente, desde 1824 
al 1845, en gran numero de punlos de esa vasta red, varias 
observaciones astronomicas con objeto de determinar longitu- 
des, latitudes y azimutes. 

Estft primer trabajo, ademas de su importancia fundamen- 
tal para la construccion de la nueva carta de Francia, ha pro- 
porcionado y proporcionara todavia elementos muy interesan- 
tes para la determioacion de la figura real del globo terreslre 
relativamente a la superficie general de los mares. La cues- 
lion de la diCercncia de nivel que se suponia pudiera exislir 
entre el mar Medilerraneo y el Oceano Allantico, es una de 
las resueltas por medio de las observaciones de distanciasze- 
nitales reciprocas, que han servido para determinar la altitud 
6 altura sobre el nivel del mar de cada una de las eslaciones 
de la red trigonometrica, habiendose visto por estasoperacio- 
nes que los dos mares, en su estado de calma, solo forman 
una misraa superficie de nivel. 

Preciso ha sido aiin ejecutar olros dos ordenes de triangu- 
laciones antes de llegar a los levantamientos topograficos 
propiamente llamados, que han servido para el dibujo y gra- 
bado de cada hoja de la nueva carta. En un principio se tuvo 
la esperanza de poder sacar parlido para eslas ultimas opera- 
ciones de los pianos catastrales y de los ingenieros encarga- 
dos de ellos; mas, por una serie de varias circunstancias, los 
ingenieros geografos han tenido que ejecutar durante largo 
tiempo por si mismos la planimetria. 

Mienlras que se verificaban sucesivamente las operaciones 
de triangulacion, el deposito de la Guerra preparaba las hojas 
en que se habian de dibujar los levantamientos, siluando en 
ellas los puntos de primero, segundo y tercer orden, segun 
sus coordenadas en lalilud y longitud, deducidas de calculos 
geodesicos. El lopografo, partiendo de esos puntos, levanlaba 



392 

tiespues con la plaiichela 6 la brujula lodos los delalles de 
planimelria, de inodo que en las hojas se represenlase la for- 
ma del lerreno, las corrienles de agua, los diferenles cullivos 
y las conslnicciones de todo genero. Al principio, en 1808, 
los levantamienlos se hacian en escala de 1 por 10.000; 
en 1822seadopl6, para abreviarel Irabajo, la del por 20.000; 
y desde 1826 se ha ompleado la escala de 1 por 40.000, para 
los punlos que so habian de reconocer en visla de los levan- 
laraienlos del calaslro. Se ban tornado mucbisinias colas de 
nivel, y se ban Irazado en los borradores topogriilicos curvas 
norizonlales de nivel equidistanles, de modo que permiliesen 
arreglar, por el melodo de lineas de mayor pcndiente, los Ira- 
zos que espresan en el grabado el relieve del terreno. 

La Iriangulacion de primer orden se verifico del 1818 al 
1845, yla ejecularou, con solo dos 6 Ires escepciones, oficia- 
les de ingenieros gcografos, aun despues de la fusion de esle 
cuerpo en el de Eslado mayor, que fue en 1831. La descrip- 
cion detallada de sus operaciones se ha publicado en el Me- 
morial del (leposilo (jcneral de la (jiierra, y en otra obra publi- 
cada por separado con el tilulo de Descripcion geomelrica de la 
Francia. El 1." lomo en 4.° de esla obra, redaclado por el 
coronel Puissant, salio en 1832; el 2.°, redactado por el co- 
ronel Corabffiuf, en 1840; y el 3.° y ultimo, que esta en 
prensa, se debe al coronel Peilier, gefe actual de la |)rimera 
seccion del deposito de la guerra. 

La Iriangulacion de segundo orden se halla tambien casi 
ejecutada: en la actualidad cubre las 988 milesimas de la su- 
perficie de la Francia, y la parte levantada ya coraprende 

los — de dicha superficie. Desde hace 35 anos ba babido en 

cada uno de 50 a 80 oficiales empleados sobre el lerreno en 
la ejecucion de los diversos trabajos, tan penosos por lo re- 
gular, y que exijen mucha fuerza de cuerpo y de espirilu para 
soportarlos largo tiempo. 

En 1.° de enero de 1831 se ballaban los trabajos muy 
adelantados, y se estaban grabando seis hojas, pero nada se 
habia publicado todavia. Desde 1831 a 1851, es decir, en la 
epoca en que el general Pelet fue director del deposito de la 



393 
guerra, han salitlo 130 hojas de la carta; y despiies, bajo la 
direcciondel general Moriii, se han dado al publico olras 28, 
ascendiendo por lanlo a 158 el nuraero de las hojas pueslas 
ya en circulacion. La parte de la carta grabada aclualmente 

se puede evaluar en -- por lo raenos de su lotalldad. Proba- 

bleraente se necesitaran todavia diez anos para la conclusion 
de los Irabajos y del grabado. La carta se ha grabado en es- 

cala de ^7;^, segun la proycccion modificada de Flamsteed, 

y cada hoja de grabado tiene casi ^ metro, 6 sea If pies de 
altura en senlido de la meridiana, y 8 decimetros 6 2 J pies en 
sentido perpendicular al primcro. 

La parte de la carta grabada ya, y los elementos manus- 

critos en que esta fundada, han prestado y prestan todavia 

grandes servicios para fijar la direccion de los caminos de 

hierro, de los canalcs, caminos, etc.; ahorrando de este modo 

largos y costosos esludios, y produciendo asi para el pais una 

economia considerable. El rendimiento anual de la venta de 

hojas sueltas de esta carta, al precio de 6 a 7 francos por hoja, 

es de 25 a 30.000 francos. Pero una carta de tan gran escala 

no seria en su totalidad de uso muy estenso; por cuya razon 

el deposito de la guerra ha principiado, bajo la direccion del 

general Pelet, una carta general de Francia en escala cuatro 

veces menor, es decir, de 1 por 320.000. Estara dividida 

en 32 hojas, y ocupara en junto una superficie de 3i metros 

sobre 3'°,6; y se indicaran en ella, asi como en la carta grande, 

las vias de comunicacion, las corrientes de agua, las princi- 

pales divisiones de cultivo y el relieve del lerreno, que se 

marcara con cotas do nivel. Solo contendra los nombres de 

las cabezas de partido, al paso que la grande da los de todos 

los lugares habitados; presentando tambien el conjunto de ma- 

sas comprendidasentre las corrientes de agua, y conservando 

a cada una de aquellas el caracler que le es propio. 

La primera eutrega de la carta reducida se ha concluido 
en fin de 1852, y comprende el Sur de Inglalerra, el Norte 
de Francia desde Dunkerque al Havre, y las cercanias de Pa- 
ris. Su publicacion quedara tcrminada probablemente al mis- 



394 

mo tierapo que la de la gran carta. Fallaba todavia una nueva 
reduccion, que olVeciese una carta porlatil de Francia; pero ya 
se esta estudiando este proyecto , y es de esperar que princi- 
ple rauy pronto su ejecucion. 

La nueva carta topografica de Francia ha valido al depo- 
sito de la guerra de Paris una niedalla grande de oro en la 
esposicion universal de Londres en 1850. Este admirable 
trabajo, en el que se habran erapleado 45 afios, subsistira 
como monuraento notable de la habilidad y abnegacion de 
los sabios, ingenieros y artistas que hayan tenido parte en su 
ejecucion. 



IIECAIIICA APL.ICADA. 



Reglas prdclicas para la conslruccion tie las mdquinas lo- 
comoioras, por Mr. Le-Ciiatelieu. (Memorias de la So- 
ciedad de ingenieros civiles de Paris.) 

El autor ha creido que pueden eslablecerse empiricamen- 
te con bastante aproximacion las relaciones entre las condi- 
ciones de servicio de las maquinas locomotoras y las princi- 
pales dimensiones de estas, cuyas relaciones, por noserabso- 
lutas, sino la espresion de resultados medios, podran en lo su- 
cesivo modificarse con mas acierto que hasta aqui, segun las 
circunstancias especiales que deban tomarse en consideracion, 
sin proceder a la ventura, como casi generalmenle se hacia. 

He aqui las reglas que establece Mr. Le-Chatelier. 
1.* A fin de evitar que una escesiva vclocidad de los em- 
bolos destruya las piezas movibles de la maquina, el mmero 
de viiellas de las ruedas motrices correspondicnte a 1 metro de 
carrera de los embolos debe estar comprendido entre 2^ y 3. Es- 
ta regla, ya de antes conocida y generalmenle admitida, sirve 
para determinar el diametro I) de las ruedas motrices. 

2.' El esfuerzo medio que el vapor debe ejercer en los Em- 
bolos es 

^ dH 



395 

sieiido p la presion media util del vapor en kilogramos por 
cenliraetro cuadiado, d el diamelro de los embolos, / el tiro 
6 carrera de los raismos, D el diametro de las ruedas molri- 
ces y ria suma de las resistencias de lodas clases que pro- 
duce el movimienlo, cuyo valor debe deducirse de la formula 
de Wyndham Harding, que es la siguiente, 

NY' 
r'=2,72+0,094F+0,00484 _—, 

en la cual T'l-epresenta en kilogramos la resislencia por ca- 
da tonelada de peso del tren con su carga, V la veloci- 
dad de este en kilomclros por hora, iVla superficie del frenle 
del vehiculo en metros cuadrados, y P el peso total del tren 
con su carga en toneladas. 
Suponiendo N=^, resulta 

7''=2,72+0,094y+0,0242 -^. 

Por esta formula se calculara primero la resislencia, en ra- 
sanle de nivel, de los vehiculos que coraponen el tren, con 
inclusion de la raaquina y el tender; se aumentara al resul- 
lado 20 por 100 si se Irata de un tren de viajeros 6 25 por 
100 si es de mercancias, para lener en cuenta las resistencias 
adicionales debidas al Irabajo del vapor y a los rozamientos 
del mecanismo; se anadira finalmenle la resistencia corres- 
pondienle a la gravedad en el perfil que se considere; cl re- 
sultado se multiplicara por el peso total P del tren, y el pro- 
ducto sera el valor de T. 

3." Se supondra que la adherencia sea -^ del peso correla- 

tivo, cuya relacion es la que esta generalmente admitida; y co- 
nocido el valor de Tse calculara con dicho coeficiente la car- 
ga que debe pesar sobre las ruedas motrices, y tomando por 
limile el peso de 10 a 12 toneladas por cada eje, se deducira 
el numcro de eslos, 6 sea el de pares de ruedas motrices aco- 
pladas que la maquina debe tener. 

dH 
4.' Suponiendo para la aplicacion de la formula Tz=p—^ 



396 

quo la caUlera pucde aguantar la presion ofectiva lie 7 almosfe- 
ras, si se liene en cuenla la pertlida de presion que liene lugar 
en los condaclos y la que precede de la espansion, de la salida 
del vapor antes de llogar los einbolos a su lermino, de la con- 
trapresion que se produce durante el escape del vapor, y de 
la compresion, viene a resultar que el valor de;) queda redu- 
cido a 4,5 atmosferas, 6 sea a 4,64 kilogramos por cenlime- 
Iro cuadrado. Suponese lanibien que cuando la miiquina rea- 
liza su maximo trahajo lo hace a toda presion, y con arreglo 
a eslo so ban de calcular los diametros de los embolosy las di- 
mensiones de la caldera, al paso que el diametro de las ruedas 
debe delerminarse con arreglo a la velocidad ordinaria de la 
maquina en las rasantes de nivel y dcscendenles. Esto sentado, 

de la formula T—p-j- se deducira el valor ded'/, y se obteu- 

dra finalmenle el de (/ 6 / fijando a priori el de una de estas dos 
dimensiones. 

5.* La relacion de la superficie de calefaccion S del hogar 

S 1 

a la superficie de calefaccion S' de los tubos, debe ser 3- = — • 

Esla regla se ha deducido de la comparacion de quince raaqui- 
nas inglesas y de otras lantas francesas, y esta ajustada a la opi- 
nion ya erailida por varios ingenieros. Las quince maquinas 
inglesas dieron la relacion 0,96: 10, que nodifieremucho de la 
de 1 a 10; las quince maquinas francesas dieron la de 0,83 
a 10, que noloriamente es escasa, lo cual procede de que las 
cajas de fuego, por razon de su colocacion fuera do las ruedas, 
no tienen las suficientes dimensiones. 

6.* La relacion de la superficie de calefaccion total al volu- 
men engendrado por los embolos, del cual depcnde el consu- 

mode vapor, debe ser ~-i—-=l , espresando^y S' en metres 
d I 

cuadrados, y rf y / en decimetros. Diez y ocho maquinas 

CI c^ 

inglesas ban dado _X^=:^1,15, e igual numero de maqui- 

r a I 

nas francesas -i— =0,93. Esla ultima relacion es aun mas 
d I 



397 
escasa que lo que intlica esle niimeio, porque la relacion de 
la superficie de calefaccion de los lubos a la del hogar es en 
las maquinas francesas mayor de lo que conviene; y si se alien- 
de a que eslas maquinas pecan por falta de superficie de ca- 
lefaccion, al paso que las inglesas, que carccen de escape va- 
riable, pecan en general por esceso, parece conveniente to- 

mar como lermino medio "^ , segun se ha hecho. 

Aplicando estas reglas al calculo de las dimensiones de 
los tres siguientes lipos de maquinas sujetas a dislinlas con- 
diciones de servicio, se obtienen los resultados que se espre- 
san a conlinuacion. 

1." lipo. Maquina para Irenes de gran velocidud (expres) 
de 8 carruajes que pesen cada uno 7^ toneladas; velocidad habi- 
tual de 80 quilomctros por hora enpendiente de 5 milimetros por 
metro; peso de la maquina, 26 toneladas; idem del tender, 11 to- 
neladas. 

2." tipo. 3Idquina para trenes omnibus de IQ carruajes 
que pesen 7 toneladas cada uno; velocidad que no esceda de 45 
quilometros por hora en pendientes de 5 milimetros por metro, y 
de 55 quilometros en rasantes de nivel 6 descendentes; peso de la 
maquina, 24 toneladas; idem del tender, 11 toneladas. 

3." lipo. Maquina para trenes de mercancias de 40 car- 
ruajes que pesen 9 toneladas cada uno; velocidad de 30 quilome- 
tros por hora en pendientes de 5 milimetros por metro, y de 40 
en las rasantes de nivel y descendentes; peso de la maquina, 28 
toneladas; idem del tender, 12 toneladas. 



398 



Peso total de los trenes. . . 

Resistencia total 

Carga de las ruedas mo- 
trices 

Niimero de ruedas acopla- 
das 

Diametro de las ruedas mo- 



Inces 

Diametro de los cilindros . 
Tiro 6 carrera de los ^m- 

bolos 

Superficie de calefaccion 

del hogar 

Superficie de id. de los 

tubos 

Superficie de id. total. . . 



1. 


•■ Tipo. 


97 


tonel.' 


1920,64 kilogr. 


11,50 tonel.' 







2" 


,50 


0" 


,42 


0" 


,59 


9" 


%41 


94° 


',07 


103" 


',48 



2.'» Tipo. 



155 tonel.' 


2.377 kilogr. 


14,86 tonel.' 


4 




l™ 


,78 


O" 


,40 


0" 


,57 


8" 


%19 


82" 


%91 


91" 


%20 



3." Tipo. 

400 tone!.' 
4 6 88 kilogr. 

28,13 tonel.* 

6 

1%30 
0"',46 

0",62 

11"%94 

119"",40 
131°",34 



Si eslos resuUados se comparan con las diraensiones de 
las maquinas quo rans sc aproximan a los lipos fiiados, a saber, 
la de Cramplon del ferrocarril del Norle, la raista de Gouin del 
de Lyon, y la nueva para mercancias de aquel ferro-carril, se 
advierte que las pequefias diferencias que resullan proceden 
de mejoras hechas en la construccion de estas maquinas. 

Las reglas que preceden podran allerarse, si de un examen 
mas delenido resuUare la conveniencia do modificar las rela- 
ciones establecidas, 6 de fijar olras algo dislinlas enlre si para 
las tresclasesde maquinas deslinadas a Irenes de viajeros, a 
los mistos y a los de mercancias, 6 si circunstancias especiales 
lo exigieren, pero siempre convendra lenerlas presenles aun 
cuando no fuere mas que para apreciar las diferencias que apa- 
rezcan enlre sus resultados y los que se adoplen, y las conse- 
cuencias que de ellas puedan dimanar. 



Nota sobre la resistencia que ofrecen los wogones con freno de 
los ferro-carriles. 

De los esperimenlos hechos por Mr. Poiree, ingeniero de 
puentes y calzadas, en Francia, se deducen los siguientes re- 
sultados. 



399 

La resistencia de los wagones con freno es proporcional 
alpesode eslos wagones, y puede variar segun el estado de 
los carriles, eiiaudo la velocidad no es grande, desde 0,11 
hasta 0,25 de aquel peso. 

Esta resistencia disminuye a medida que la velocidad 
auraenta; peroentre los limites de peso y velocidad del ser- 
vicio ordinario, la disminucionde resistencia debidaal aumen- 
to de velocidad, es casi independiente del peso de los wago- 
nes y del estado de los carriles, pudiendose representar en 
funciou de la velocidad por 

2Sy— 0,35u' 
y por consiguiente la resistencia de un wagon con freno sera 

en cuya formula P designa el peso del wagon, y k un coefi- 
ciente que varia segun el eslado de los carriles, pudiendose 
suponer 

A;::=0,13 cuando los carriles estan raojados, 
y ft=:0,30 cuando estan completamente secos. 
Esta formula no debe aplicarse sino cuando la velocidad es- 
ta comprendida entre5 y 22 metros por segundo. 

Los resultados obtenidos por Mr. Poiree estan en armonia 
con otros analogos que ya eran conocidos, y habian deraostra- 
do que son pocas las leyes de fisica mecanica que no sufran 
alteracion cuando las circunstancias de los casos a que quie- 
ran aplicarse no son las mismas de los esperimenlos que sir- 
vieron para establecerlas. Asi, por ejemplo, se ha deducido 
de repetidas observaciones que la resistencia del aire es pro- 
porcional al cuadrado de la velocidad, y esto esefectivamen- 
le verdad cuando se trata de un movimiento uniforme, pero 
deja de serlo en un movimiento variable, pues en tal caso, en 
la espresion de la resistencia hay que introducir un nuevo 
termino proporcional a la relacion del incremento de la velo- 
cidad a el elemenlo acelerador, y sabido es que en la ley del 
movimiento de los proyectiles, hay un termino proporcional 
alcubo de la velocidad. 

Asi tambien, la resistencia del agua es proporcional al 
cuadrado de la velocidad, como se ha comprobado por medio 
de proyectiles lanzados dentro de este fliiido con velocidades 



400 
varias, y hasla de 500 melros, y esla ley lioneasiraismo lugar 
en el movimienlo de los barcos en los canaies con velocidades 
de 3'%I) a 5 melros, cuando aqueilos permanecen en la posicion 
horizontal, y la ola viene a estar con corla difercncia hacia el 
medio de la eslora; pero deja de ser cierla asi que sobreviene 
una perlurbacion cual(|uiera en la posicion de la ola. Olro 
lanlo sucede en el movimienlo de las ruedas de palelas pla- 
nas, porque en cuanlo pasan de cierla velocidad, la resislen- 
cia no es ya proporcional al cuadrado de esla, y aun aconle- 
ce en lal caso que la resislencia disminuyc si la velocidad 
aumenta, locnal se esplica porque enlonces, inlerviniendo ya 
el lierapo poderosamenle en la cueslion, viene a resullar que la 
rueda gira como si se raoviese en el aire, porque el agua no 
liene tiempo para Uenar el vacio que la palela produce en su 
rapido movimienlo. 

Finalmenle, contrayendo la cueslion a los esperimen- 
tos de Mr. Poiree, los del general Morin habian ya demos- 
Irado que en cierlas circunstancias el rozamienlo disminu- 
ye cuando la velocidad aumenta; por ejemplo, en el caso 
de dos superficies en conlaclo, que se comprimen, como el 
roble y el olmo, la resislencia hallada por los esperimen- 
tos fue: 

Al romper el movimienlo 324 kilog., 82 

Durante el movimienlo 185 » » 

Diferencia. 139 kilog., 82 

Asi acontece tambien, quedoscuerpos unladossobrepues- 
tos, y que ban estado en conlaclo durante algun tiempo, ofre- 
cen mayor resistencia al comenzar a moverse el uno sobre el 
olro que durante el movimienlo, disminuyendo el rozamienlo 
a medida que la velocidad aumenta. 

Otros casos hay en la practica,en los cuales la resistencia 
disminuye cuando crece la velocidad. Esto se observa, por 
ejemplo, al granear la polvora en loneles por medio de bo- 
las de bronce, pues sucede que a cierla velocidad las bolas 
no se separan de la circunferencia, en vez de subir y caer al- 
ternalivamcnte. 



401 

En los ferro-carriles, la resistencia de los wagones con 
freno debe decrecer por lo raenos hasta cierlo limite aumen- 
tando la velocidad, porque los raovimientos vibralorios dis- 
miniiyen, y tambien por consigiiienle el gasto 6 consumo de 
trabajo molor; e induce a creerlo asi, el que aniilando la 
flexibilidad de los miielles, segun lo ha hecho Mr. Poiree en 
algunos esperimentos, para lo cual basia interponer un vi- 
rotillo 6 zoquete entra la caja del wagon y el cenlro de cada 
muelle, el wagon ensayado producia el mismo efecto que 
un triueo, resultando una coincidencia muy notable por cier- 
to, a saber: que la relacion 0,132 entre el peso y la fuerza de 
traccion que da Mr. Poiree, apenas difiere de la de 0,138, que 
hace liempo hallo el general Morin haciendo esperimentos 
Con un trineo de hierro que se movia sin estar sentado sobre 
un piano del mismo metal , siendo la superficie de conlacto 
de 3 decimetres cuadrados, y la velocidad de3'° a ^'',^. Una 
gran velocidad produce indudablemente aminoracion notable 
en las vibraciones; es decir, un efecto analogo al oblenido 
directamente anulando la elasticidad de los muelies; pero es 
de presumir que si los esperimentos se hiciesen a velocida- 
des de 30y40 metres, no continuaria decreciendo la resis- 
tencia a medida que aumentase la velocidad, y faltaria la ley 
de Mr. Poiree, que debeaplicarse tan solo a las velocidades 
ordinarias de los ferro-carriles. 



26 



mmm fisicas. 



Densidad de la Tierra, por Reich. 

(l.'lnstilut, 29 junto iSao.) 

Debiera tal vez disculparme, ha dicho Mr. Reicli al pre- 
seiitar su nuevo trabajo, de que vuelva a Iralar de una mate- 
ria sometida ya a un examen tan profundo, que puede pare- 
cer superfluo entrar en nuevas consideraciones accrca de la 
raisraa. Segun las observaciones que he hecho, y se publica- 
ron en una nola en 1838, la densidad media de la Tierra re- 
sulla ser casi la misma determinada por Cavendish, es de- 
cir, de 5,45. Las observaciones mas estensas hechas por 
Baily, ban dado 5,66; y como se han ejecutado con sumoes- 
raero y en gran niimero, el valor oblenido por mi debe des- 
aparecer ante el que resulla de ellas. Por olro lado, mis espe- 
rimentos concuerdan tanlo entre si, que es muy probable que 
la diferencia de los resultados provenga solo del corto nurae- 
ro de mis observaciones: el mismo Baily tuvo la bondad de 
examinar con estraordinaria atencion esta diferencia, pero no 
logro descubrir su causa. La conjetura de que yo haya omili- 
do tal vez alguna observacion coincidenle , me parece in- 
exacla. Facil es conocer que a mi vez me habre esforzado en 
esplicarme esa diferencia, y creo haber descubierlo su ori- 
gen, que debe atribuirse a dos circunstancias. 

La priraera consiste en el modo de tratar los resultados 
obtenidos inmediataraenle por la observacion, el cual ha sido 
mas exaclo en los calculos de Baily que en los mios, segun 
voy k demoslrar con un ejemplo. Cuando se han hecbja cua- 



403 
Iro observaciones, la priraera y la tercera con la masa en 
una posicion , la segunda y la cuarla en otra, he comparado 
la media de las dos primeras con la media de las dos ultimas, 
y Daily ha oblenido sus resultados coraparando por una parte 
la primera y tercera con la segunda, y por otra la segunda y 
la cuarta con la tercera. Luego si el brazo dc la balanza de 
torsion se parase siempre en un mismo punto, cuando la 
masa esluviera en cierta posicion, estos dos modos de calculo 
darian los mismos resultados; pero la posicion de equilibrio 
varia perpetuamente, y por regla general hacia un mismo lado 
durante una serie de esperiencias. El metodo de Daily es por 
lanto mas correcto; y si el cambio en la posicion de equilibrio 
fuera proporcional al tiempo, lo cual no es exactamenle el 
case, suminislraria resultados exentos de error por completo. 
Mis precedentes observaciones de la nota mencionada han 
sido calculadas de nuevo, habiendo obtenido por resultado 
final S,49. 

Hay por otra parte una circunstancia que a mi parecer 
hace probable que el resultado final de Daily sea un poco alto. 
En la tabla 5." de su obra estan dispuestas las series distintas 
de observaciones por el peso de las esferas que ha empleado. 
Tomando la media aritmetica para cada esfera, no siendo ne- 
cesario para nuestro objeto un calculo mas exacto relativa- 
menle a los valores de las series diferentes, se ve que la den- 
sidad media -de la tierra es: 

con una esfera de plomo de 2i pulgadas.... 5,595 

de 2 pulgadas 5,634 

— de cobre hueca de 2^ pulgadas.... 5,658 

— de platina de H pulgadas.... 5,627 

— de zinc de 2 pulgadas 5,666 

— de vidrio de 2 pulgadas 5,768 

— de marfil de 2 pulgadas 5,775 

con el brazo de cobre solamente 6,024 

Enesla tabla se observa, que el resultado auraenta a me- 
dida que el peso de la esfera disminuye, presentando solo la 
de platina una escepcion insignificante de esla regla general. 



404 
Es por laiUo nuiy probable que Daily haya hecho alguna cor- 
reccion de un modo iiiexaclo, que influya de una manera mas 
apreciable en el caso de las esferas ligeras, produciendo lani- 
bien sin embargo un error leve de la niisma naluraleza en las 
pesadas. 

El aparalo de que me he sorvido estaba colocado en un 
solano cerrado, poro con objelo de evilar la allcracion de las 
maderas se mudo a un piso segundo, mas bien con animo de 
conservarlo que no con el de hacer esperimenios, porque yo 
no me creia capaz de lomar lodas las prccauciones minucio- 
sas que habia observado Baily contra los cambios de lempe- 
ralura y olras perlurbaciones. Sin embargo, con el auxilio 
de un arlificio descrito por este esperimenlador, y propuesto 
primeramenle por Mr. Forbes, me he vislo en disposicion de 
hacer en la nueva localidad algunas observaciones Ian regu- 
lares como las anteriores. El arlificio consisle en cubrir la 
urna de la balanza de torsion, lanlo por la parte interior 
como por la eslerior, con una capa metalica compuesta de 
hojas de estaflo. Ya se ha demoslrado tambien en olros casos 
(por MM. Rcgnault y Kohlrausch) la ventaja de una cubierta 
de metal para las observaciones que se hacen con un aparato 
suraamente movible. Tal vez proceda esto de una disminu- 
cion en la sensibilidad del aparato en lo relativo a las dife- 
rencias de temperaluras, 6 lo que es mas presuraible, de la 
supresion de toda senal de desarrollo electrico por parte de 
dicho aparato. 

Olra modificacion resulta igualmente en este, de la idea 
que luve en un principle de hacer el menor numero posible 
de correcciones, 6 mas bien de suprimirlas por completo, de 
modo que solo luviera que atenderse, en cuanlo fuera dable, 
a la simple alraccion entre la masa y la esfera. Al efeclo se 
ha suprimido el hilo grueso metalico que tenia al principio 
la masa, y al mismo tiempo la atraccion enlre el, la esfera y 
el brazo, que es bastante considerable; y en lugar de eslo se 
ha colocado la masa sobre una especie de disco giratorio, que 
rodea la esfera y su urna de suerte que cuando se cambiaba 
la posicion de la masa, no se alteraba la atraccion de la es- 
fera sobre cualquier otro cuerpo: sin embargo, en este caso era 



405 

imposible el hacer esperiraentos observando la posicion de 
equillbrio del brazo a diversas distancias enire la masa y la 
esfera,,pero habia necesidad de adoplar el procedimienlo se- 
guido por Cavendish y Baily, haciendo que la esfera alra- 
jese la masa, ya por iin lado ya por olro. 

Tres series de esperimenlos se ban hecho con las mismas 
esferas que yo habia usado antes, corapuestas de estano cou 
un 10 por 100 de bismulo y iin poco de plomo, que pesaban 
484,19 gramos, y con las mismas masas de plomo del peso de 
450,31 gramos. A continuacion pongo los resultados de ca- 
da una, remiliendome a la cilada memoria para las indica- 
ciones especiales de las esperiencias. 

La primera serie se ha hecho con un hilo de cobre de 0,5 de 
milimetro de grueso, y 2270 railimelros de largo, y ha dado: 

5,5948 5,5933 5,4715* 

5,4390 5,6216 5,2067* 

5,7114 5,5470 5,7452 

5,4406 5,5177 5,5737 

5,5270 5,6880 5,6211 

5,5587 5,6046 5,5334 

5,3773 5,6149 5,6423 

5,5237 5,5681 5,5237 

Media..., 5,5519 

Error probable 0,01 52 

Los mismos numeros originales sujieren la ideade que los 
resultados senalados con el asterisco han de ser erroneos; y 
suprimiendolos en el calculo, se obliene por 

Media 5,5712 

Error probable 0,0113 

En la segunda serie de observaciones se ha empleado un 
hilo de cobre de 0,4 de milimetro de grueso y 620 milime- 
tros de largo. El primer hilo era demasiado fuerle para que 
pudiera estirarlo perfectamenle el peso de la balanza de tor- 



406 

sion a que esluviese unldo, por lo cual se ha calculado nalu- 
ralmente que las alleraciones considerables que se ban adver- 
tido en la fuerza de torsion, lanto por las diferenciaa en la 
raagniUid de las desviaciones conio en los liempos do las os- 
cilaciones, pudieran muy bien proceder de esa tension imper- 
fecta del hilo; de raodo que einpleando otro mas delgado para 
eliminar esta causa de error, debia esperarse mayor aproxi- 
raacion entre los resullados dislinlos entre si. El hilo mas del- 
gado no ha de elegirse tan largo como el masgrueso, con ob- 
jeto de que la duracion de la oscilacion no se prolongue de 
modo que sea incomoda. Sin embargo, esta esperanza ha sa- 
lido fallida, porque en la priraera serie, el tiempo de una os- 
cilacion doble ha variado desde 688,6 hasla 722,0 segundos, y 
en la segunda serie, desde 497,0 a 512,6 segundos. El primero 
corresponde a una variacion de la fuerza de torsion en propor- 
cion de 1 ; 1,099, y el segundo a otra de la misma fuerza en 
proporcion de 1 : 1,064; los resultados obtenidos en la segunda 
serie difieren pues muy poco de los de la primera, porque 
se ha hallado: 



5,5953 


5,7574 


5,5770 


5,7860 


5,7442 


5,5793 


5,3127 


5,6176 


5,9935 


5,5767 


5,4817 


5,6369 



5.5471 5,5847 5,4581 

5,5245 5,5157 5,6910 

5,5734 5,7812 5,6806 

5,5772 5,6016 5,6214 

Media 5,6173 

Error probable 0,0181 

La tercera serie de esperiencias se ha hecho con un alam- 
bre doble, y los hilos de abajo estaban a 4,2 milimelros de 
distancia, y los de arriba a 5 milimetros, siendo de 2.270 de 
largo. Me prometia, por consiguienle, oblener unos resulta- 
dos que ofrecieran una correspondencia mas exacta, lo cual 
estaba fundado en que el hilo, pasado uno 6 dos dias, toma 



407 
una posicioii casi constante, mienlras que el hilo uiiico nece- 
sita muchos meses para que se anule su lendencia a volver 
a uno y otro lado. Bajo esle aspecto era decididamente pre- 
ferible al parecer el hilo doble; pero las diferencias en la 
fuerza de torsion eran por desgracia mas considerables aun 
que antes; los tiempos de las oscilaciones tornados aislada- 
menle ban variado de 770,3 a 813,2 segundos, y por consi- 
guiente la fuerza de torsion en la proporcion de 1 : 1,114. 

Esla variacion en dicha fuerza para un hilo doble 6 uno 
sencillo, que se maniliesia por si misma cuando el peso que 
produce la tension del hilo permanece igual, que disminuye 
con el tiempo, es independiente de la temperatura ; y cosa 
notable, que se presento en las esperiencias de Baily en mas 
alto grado todavia, merece ciertamente toda la atencion: en 
las observaciones que se hagan en lo fuluro, debe haber sumo 
interes en averiguar su causa , y si seria posible auularla 
completamente. 

El hilo doble ha dado para densidad media de la Tierra: 

5,3468 5,4957 5,5080 

5,4487 5,7034 5,6469 

5,7235 5,7936 5,6304 

5,5102 5,7326 6,4411 

5,5539 5,5248 5,3913 

5,7192 5,7639 5,5886 

5,7233 5,4751 5,7647 

5,6360 5,5333 5,5282 

Media 5,5910 

Error probable 0,0169 

No se ha conseguido, pues, obtener con el hilo doble ma- 
yor conforraidad en los resultados. 

Con las tres series se obtiene como media general 5,5832, 
con un error probable de 0,0149. 

Una dudase prcsentaaqui naturalmenteal enlendimiento, 
y se pregunta si no hay interveucion de acciones debiles 
magneticas 6 diamagnelicas entre la masa y la esfera , que 



408 
lal vez allere la exactilud de los rcsullados, sin adoplar 
por eso las ideas esplanadas por Mr. G. Whitehead Hearn. 
[Philosoph. Transact. 1847, part. II, pag. 122.) 

Con objeto de aclarar este punlo, he hecho numerosas es- 
periencias con una esfera diamagnelica de bismuto y otra 
inagnetica de hierro. La de bismuto ha dado: 

5,6728 0,3939 5,71D3 

5,68S3 0,7876 5,5063 

5,1436 5,5032 5,3551 
5,5033 

Media 5,5266 

Error probable 0,0402 

La esfera de hierro ha dado a su vez : 

5,6269 5,8482 5,9636 

5,7234 5,8071 5,3563 

5,5645 5,6455 5,8719 

5,6098 5,7025 5,5453 

Media 5,6887 

Error probable 0,0312 

El resullado debil obtenido con la esfera de bismuto nada 
puede decidir en el estado de incertidumbre actual; el de la 
esfera de hierro raagnetico, mucho mas energico, es por el 
contrario demasiado divergente para hacer probable que se 
ha ejercido una influencia perturbatriz en esle caso. Puede 
suponerse que el magnetismo de la esfera de hierro, obrando 
de un raodo repulsivo sobre la masa diamagnetica de plomo, 
hadisminuido la desviacion del brazo debida a la gravita- 
cion, y por consiguiente dio un \alor algo subido. 

Resulta evidenlemente que no ha existido accion sensible 
de la especie en cuestlon, en ninguno de los casos en que se 
ban hecho los esperimenlos principales con una esfera dia- 
magnetica en mucho raenor grado que la de bismuto. 

Cavendish habia descubierlo, y las esperiencias de Baily 



409 

y las raias corroburaii coraplelamenle su observaclon, que 
era imposible practicamente tleterminar el tiempo de la os- 
cilacion de la balanza de torsion de una vez para siempre, 
de modo que luego ya no liubiera mas que averiguar la des- 
viacion causada por la masa que se le acerca; con tanta ma- 
yor razon, cuanlo que a causa de la variacion en la fuerza de 
torsion del hilo de suspension, de que se ha Iratado antes, 
solo pueden ob'tenerse resullados correctos, delerminando 
simullaneamenle el tiempo que dura la oscilacion y la des- 
viacion. Por esta misma razon no he obtenido resullado lilil 
de los esperimenlos que he hecho a inslanciasde Mr. Forbes 
para deducir la densidad media de la Tierra de la duracion 
observada de las oscilaciones, permitiendo primero a la alrac- 
cion de la masa, como anteriormenle, obrar en angulo recto 
con la direccion del brazo, y luego paralelamente a esta mis- 
ma. Segun se halla dispuesto en la aclualidad mi aparalo, 
pudiera facilmenle lograrse este elcclo, colocando dos masas 
de plomo diametralmenle opuestas enlre si, pero situadas de 
lal modo, que en nn case la linea que uniese sus centros fue- 
la normal a la direccion del brazo, y luego paralela a la 
misma. Do esta manera no sufriria inflexion alguna la ba- 
lanza de torsion, pero se aumentaria la duracion de las osci- 
laciones en el primer caso disminuyendo en el segundo, y 
seria facil deducir de la relacion de los dos resultados el va- 
lor del que se busca. En la memoria referida se hallaran al- 
gunos delalles acerca de las esperiencias que se han inten- 
lado en este senlido, pero sin exilo; limilandome aqui a ad- 
vertir, que si se consiguiese hacer una balanza de torsion de- 
licada hasta tal punlo que apreciase perfectamente la dura- 
cion de las oscilaciones, no careceria de interes la solucion 
del problema tal como acaba de presentarse. 

Finalmenle debo manifeslar, que he empleado la balanza 
de torsion en las esperiencias diamagneticas; pero creo in- 
ulil hablar nuevamente de esto, pueslo que se han publicado 
en parte, y porque opino que se han hecho con condiciones 
mas I'avorables las de Mr. Tyndall en lo relativo a la repul- 
sion diferente del crislal de roca y del espalo calizo en di- 
reccion del eje, y perpeiidicularmenle a esle. 



410 
QlJIillCi^. 



Rcsultados de algunas esperiencias relulicas a la accion quimica 
de la luz, por J. W. Slater. 

(L'lnstitut, 20 „biil <S53.) 

Encaminanse principalmenle estas esperiencias a exami- 
nar la ley propuesta por Grolhus, de que las suslancias se 
descoloran con gran facilidad por los rayos luminosos cuando 
estos son decolor complementario a! que ellas lienen. Lasso- 
lucionesempleadas para aislar los diferenles rayos ban sido: 
el bicroraalo de potasa para el amarillo; los cloruros de co- 
bre y hierro, mezclados, para el verde; el suH'alo amoniacal 
de cobre para el azul; la tinlura sulliiricade rosas para el en- 
carnado; y el agua con un poco de acido nilricopara e! bian- 
co. Los vasos que conlenian eslas disoluciones eslaban colo- 
cados en unos anaquelesde cuatro melrosde allura proxima- 
menle, y espueslos a los rayos solares durante el dia. 

Primeram'ente se colocaron cinco lubos de ensayo, con 
una solucion concentrada de permanganato de polasa, en los 
cinco rayos respeclivainente; el orden de descoraposicion ha 
sido azul, encarnado, bianco, verde y amarillo. Los dos pri- 
raeros eslaban casi incoloros al lercer dia; y al septimo, cuan- 
do se abrieron y se sometieron a los ensayos, ya no conle- 
nian nada do manganeso en solucion: el bianco y el verde no 
se ban descompuesto enleramenle hasla el dia veinle y dos, y 
el amarillo pasadas ocho semanas contenia aiin mucbo acido 
permanganico.Conobjelodedelerminar el efecto del conlacto 
libre con la almosfera en las descomposiciones aclinicas, se ban 
fijado dos lubos que conlenian una solucion de permanganato, 
sellado el uno y el olro sin lapar, en frascos de sulfalo amo- 
niacal de cobre, embelunando los cuellos para impedir la sa- 
lidade los vapores amoniacales. Al cabo de unas ocho boras 
la solucion del lubo cerrado se volvio incolora, mienlras que 
la olra conservaba su color encarnado muy subido. Habiendo 
espueslo ii la luz azul peroxido de mercurio en un lubo ccr- 



411 

rado, al fin tie cuairo dias se habia vuelto rauy negro, mien- 
Iras que no habia afecUidoa olra porcion igual conlenida en 
un lubo abierlo. En el perioduro de mercurio preparado por 
Iriluracion y encerrado en tubos secos, soldados al calor dc 
una luz, el orden deaccion hasido el siguienle: azul.encarna- 
do, bianco, verde, amarillo; la accion de los dos ultimos rayos 
apenas se percibia, y tal vez se debiera a pequefias porciones 
de luz azul y encarnada, que no habian absorvido las solu- 
ciones: en los tubos abiertos la accion ha sido'algo menos ra- 
pida. Al ioduro cubierlo de agua no le ha afectado ninguno de 
los rayos; estasal es mucho maspermanentedelo quese cree. 
La mueslra que ha servido para estos esperimentos, se habia 
conservado espuesla a la luz difusa por espacio de diez aiios 
sin sufrir alteracion alguna, y en el rayo azul ha sido necesa- 
ria la esposicion de muchas seraanas para producir un efecto 
bien raarcado. El perioduro obtenido por precipitacion, ha pa- 
recido algo menos permanenle.— El ioduro de alraidon per- 
fectamenle seco, ha ofrecidoel orden siguienle: azul, encarna- 
do, bianco, amarillo, verde: la descomposicion por los dos ul- 
timos rayos ha sido niuy lenta e imperfecta. Cuando el iodu- 
ro estaba hiimedo, se ha vuelto bianco con mas rapidez que 
enando estaba seco, y lambien mas rapidamente en los tubos 
abiertos que en los cerrados. — El percloruro de mercurio ha 
esperimentado la accion en el orden siguientc: azul, encarua- 
do, bianco, verde. El rayo amarillo no ha dado lugar a la 
formacion sensible del protocloruro, cuya sustancia, bajo la 
influencia del rayo azul, ofrece resultadosfalsos si no se halla 
resguardada peri'ectamente de los vapores amoniacales. El 
peroxido de mercurio ha dado: azul, encarnado (considera- 
ble), bianco, verde, amarillo (muy lijeramente). — La tinlura 
alcoholicade la materia colorante verde de las hojas, se ha 
descompuesto con gran rapidez y casi simullaneamente en to- 
dos los rayos, pero en este orden aparente: bianco, encarna- 
do, amarillo, verde, azul.— El sulfocianuroalcoholicode hier- 
ro ha dado: bianco, azul, amarillo, verde, encarnado. 

A fin de determinar si en la descomposicion aclinica de 
las soluciones influia de algun modo su grado de concentra- 
cion, se pusieron siete frascos en la luz blanca, cada uno 



412 

con 40 paries en volumen de una solucion concentrada de 
percloruro de mercurio. A la solucion num. 2 se habian ana- 
dido pri'viainenle 20 partes de agua deslilada; a la num. 3, 
40 paries; a la num. 4, 80; a la num. 5, 120; a la num. 6, 
160, y a la num. "7, 330 paries. La descomposicion ha side 
mas rapida en la num. 6, y luego en las nums. 5 y 4. 

El aserto de que el rayo azul roba a las sales su agua de 
crislalizacion, no se ha comprobado con el oxalalo de amo- 
niaco y el ferrocianuro de polasio, pues habiendo pesado 
cierlas canlidades de estas sales y colocadolas respectivamenle 
bajo fanalesazules, blancos y verdes, no esperimenlaron per- 
dida alguna de peso al cabode un mes. Mr. Hunt ha observado 
que una solucion de bicromalo de polasa da un precipilado 
araarillo verdoso con el sulfato de cobre, espuesla a los rayos 
del sol. Esle efecto se ha presenlado casi igualmenle en todos 
los rayos, en vasos abiertos y cerrados, aunque algo mas 
pronto en los ullimos. La accion ha sido mas rapida en las 
soluciones dilaladas que en las concentradas; estas, cuando 
ban dejado de deponer, ban ofrecido una nueva cantidad de 
precipilado asi que se las ha dilalado. El desprendimienlodel 
gas oxigeno produce en el liquido una efervescencia conside- 
rable; el precipilado es al principle amarillo-verdoso, perose 
convierle en pardo-amarillenlo al secarse, y disminuye mu- 
cho de volumen. Las soluciones de sulfate de cobre y de bicro- 
malo, espuestasseparadamenle alsol, y despuesmezcladasen 
la oscuridad, dan el mismo precipilado ; pero si se preparan 
en la oscuridad, nose obliene esle ni aun despuesde un largo 
reposo; sin embargo, si se hace hervir la mezcia, enlonces 
aparece el precipilado. Si se quila el I'ormado por la accion 
del sol, y luego se hierve el liquido, enlonces se presenla un 
precipilado de color rojizo, probablemenle idenlico al cro- 
malo de cobre de Bensh ; pero Mr. SI. no ha oblenido loda- 
via cantidad suficienle de esle precipilado ni del primero pa- 
ra poder analizarlos. 



413 



lIETEOnOL.OCIA. 



Resumen de las observaciones meteorologicas hechas en el Ob- 
servalorio de Marina de la ciudad de San Fernando durante 
el ano de 1852. 

1." PRESION ATMOSFERICA. 

El barometro de Jones, cuyas indicaciones vamos a prc- 
senlar, esla colocado de firme en un huoco abierto exprofeso 
en la pared que separa el depaitamento de los inslrumenlos 
meteorologicos de la pieza mas orienlal del anliguo Obser- 
■valorio, de manera que es accesible por uno y olio lado. EI 
cero de su escala se halla a 152,3 pies de Burgos (42,436 me- 
tres) de elevacion sobre el nivel del mar, sirvieudo de prin- 
cipio a una division en pulgadas inglesas que el nonio subdi- 
vide hasta en milesiraos. Se ha comparado escrupulosamente 
durante todo el raes de enero de 1852 con un barometro nor- 
mal de Troughton et Simms, cuyo tube mide en su parte in- 
terior 0,6 pulgadas inglesas de diametro, conslruido por este 
artista con el mayor esmero, y que fue comparado en Green- 
wich con el barometro normal de aquel Observatorio, sin 
que apareciese diferencia apreciable entre sus indicaciones: 
el resultado de 202 comparaciones hechas en aquel intervalo 
ha dado una correccion total de 0'',0052, aditiva alaslectu- 
ras del de Jones para convertirlas en alturas absolutas, cor- 
reccion que se ha aplicado constantemente como error de in- 
dice, ademas de la de reduccion a la temperatura normal de 
32° Farh. 6 cero centigrado para obtener asi la presion at- 
mosferica. 

El siguiente cuadro presenta en los niimeros de las cinco 
primeras columnas el promedio de las alturas del barometro 
a las horas respectivas de observacion indicadas a la cabeza 
de cada una de ellas; la sesta da el promedio de las cinco an- 
teriores, 6 sea el promedio raensual a las horas de observa- 



414 

cion; y por ultimo, las dos poslreras sefialan la mayor y me- 
nor allura que se ha leido durante cada mes. 





A hor. 


A 5 hnr. 


A hor. 


A 9 hor. 


A 21 hor. 


I'loiDcdio 
incnsiial. 


Maximo. 


Minlmo. 


Enero. .. 


P 

30,102 


30,066 


30,084 


P 
30,109 


/' 
30,136 


30,099 


30,388 


29,507 


Febrcro. 


30,007 


29,969 


29,987 


30,008 


30,020 


29,998 


30,368 


29,515 


Marzo... 


29,7 92 


29,770 


29,778 


29,800 


29,795 


29,787 


30,057 


29,273 


Abril. ... 


29,817 


29,822 


29,825 


29,853 


29,854 


29,834 


30,071 


29,609 


Mayo.... 


29,874 


29,854 


29,853 


29,881 


29,882 


29,869 


30,210 


29,605 


Junio.... 


29,931 


29,905 


29,897 


29,913 


29,932 


29,916 


30,162 


29,732 


Julio 


29,812 


29,819 


29,804 


29,841 


29,855 


29,838 


29,996 


29,641 


Agosto.. 


29,902 


29,869 


29,856 


29,887 


29,914 


29,886 


30,033 


29,755 


Setiemb. 


29,899 


29,865 


29,867 


29,892 


29,913 


29,887 


30,053 


29,718 


Octubre. 


29,887 


29,857 


29,864 


29,890 


29,904 


29,880 


30,144 


29,514 


Noviem. 


29,874 


29,849 


29,864 


29,879 


29,890 


29,871 


30,159 


29,446 


Diciemb. 


30,028 


30,000 


30,018 


30,035 


30,049 


30,026 


30,296 


29,506 



De estos promedios, Uevando en cuenta el numero de ob- 
servaciones de que cada uno consta, se deduce: 



29,9153 

3 29,8875 

Altura del bar6metro k...\ 6 29,8912 

9 29,9162 

^21 29,9285 

por resullados medios de la presion atmosferica a las horas 
de observacion. 

El movlmiento diurno de la columna baromelrica, enten- 
diendo por tal la diferencia entre la minima altura a S"- y la 
maxima a 21, aparece aqui perfectamente definido, y de 
0,041 de pulgadas inglesas, 6 1,05 milimetros. 

En cuanlo a la presion media, se supone generalmenle 
que para obtenerla basta tomar el promedio de las observa- 
clones bechas a mediodia. Tratandose de un numero tan con- 
siderable de observaciones (son 1830 alturas del baromelro), 
parece lo mas acerlado que entreii todas a formar el prome- 



il5 
dio. Haciendolo asi, resiiUa por allura media de la columna 
baromelrica a la temperalura de 32" Farh. 6 cero cenligrado 
29^9077 pnlgadas inglesas, 6 en raedida decimal 0°',73965. 

La amplilud de la oscilacion lolal ha llegado a li',113, 6 
28,321 miliraelros, que es !a diferencia enlre la mayor allu- 
re que se ha leido en enero y la menor en marzo. Las oscila- 
ciones mensuales ban sido de 0'',881 la maxima, en enero, 
y 0p,278 la minima, en agosto: eslo es, enlre 22,38 y 7,06 
milimetros. 

Olros varies resullados pueden deducirse del cuadro an- 
terior, enlre los cuales solo haremos notar la regularidad de 
las diferencias entre las alluras del baromelro a y 3'', y 
que con el carabio de signo que esperimenlan en los meses 
de mayo, junio, julio y agoslo, parecen indicar que la mini- 
ma allura no se veritica en estos meses enlre el mediodia y 
las G*" de la tarde, pero si en los ocho reslanles. 

2." TEMPERATURA DEL AIRE. 

El termomctro cuyas indicaciones vamos a presenlar 
como temperalura del aire, es el de bola seca del psychro- 
metro, inslrumento conslruido por Troughton el Simms, y 
que nada deja que desear en punlo a la igualdad de los dos 
termomelros que lo constiluyen, segun las comparaciones a 
que se han somelido antes de manlener la bola de uno de 
ellos espuesla a la evaporacion del agua que la humedece 
constanlemenle. Tampoco han dado indicio, por compara- 
cion con el lerraomelro normal del mismo autor graduado 
sobre el crislal del lubo, y por lodas las pruebas que con ellos 
se han hecho, de que necesilen sus indicaciones correccion 
alguna de importancia. Colocado pues con las precauciones 
mencionadas en la inlroduccion a las observaciones meteoro- 
16gicas de 1830, es de suponer que indique la verdadera tem- 
peralura de la atmosfera, y como tal se da el siguiente- cua- 
dro, analogo al formado para el baromelro. 



416 





A linr. 


\ r> lior. 


A (i liiir. 


A il Imii-, 


A 2 1 li»r. 


l'n,m..(li,i 
iiicMSual . 


MMsiinn. 


MMiiiiiri. 


Enero. .. 


57,0 


57,9 


56,5 


55,3 


53,0 


55,94 


61,1 


44,8 


Febrero. 


.5 5,1 


56,4 


54,8 


52,8 


50,2 


53,86 


62,3 


43,5 


Marzo... 


59,9 


60,0 


58,2 


56,8 


57,4 


58,46 


63,9 


49,3 


Abril.... 


63,7 


64,2 


62,7 


61,0 


61,5 


62,62 


71,3 


57,1 


Mayo.... 


67,6 


67,7 


66,1 


64,3 


65,1 


66,16 


77,0 


56,5 


Junio.... 


70,8 


71,1 


70,1 


68,3 


69,2 


69,90 


80,9 


65,8 


Julio 


77,8 


78,2 


76,8 


74,3 


7 5,4 


76,50 


91,5 


70,0 


Agosto.. 


7 7,4 


77,9 


7 5,6 


73,8 


74,8' 


75,90 


91,6 


71,0 


Setiemb. 


74,5 


74,7 


72,5 


71,1 


71,9 


72,94 


83,8 


67,5 


Octubre. 


70,5 


7 0,4 


68,7 


68,0 


67,6 


69,04 


7 9,0 


59,8 


Noviem. 


65,9 


66,3 


64,4 


63,6 


62,4 


64,52 


72,9 


45,4 


Diciera.. 


60,8 


61,4 


59,0 


57,9 


56,6 


59,14 


66,2 


45,8 



De eslos promedios aparece, que el liempo mas frio del auo 
ha veuido a caer enlre enero y febrero, y que la temperalura 
de este ulliino raes ha sido la mas baja, asi come la de julio la 
mas elevada. Aparece tamblen de las columnas Maximo y 
Minimo, que la mayor oscilacion termomelrica mensual ha 
lenido lugar en noviembre, que ascendio a 27,5 de Farh. 
6 scan 15,3 centigrado; y la menor en marzo y abril, que 
no paso del4,6 Farh. 6 de 8,1 centigrado. 

Si se toma el promedio de los rosullados horarios, lle- 
vando en cuenla el numero de observaciones de que cada 
uno consta, se halla 



/ 66°,79 

I 3 67,22 

Temperalura a ] 6 65,49 

9 63,97 

21 63,81 

resultados que dan una idea de la marcha del lerraometro 
durante las horas de observacion. El promedio general es 
65°,46, que debe distar algun lanto de la temperalura media 
del ano, en atencion a que las observaciones compren- 
den constantemente la hora del raaximo, pero no la del mi- 
nimo. 



in 

Para obtener con la aproximacion posible la tempera- 
tura media del ano, indican los meteorologislas que se de- 
be apelar a los promedios de la maxima y minima que se 
observan diariamenle. A couliuuacion va el cuadro, por me- 
ses, de los promedios de las teraperaluras maxima y mini- 
ma observadas diariamenle, con las diferencias que guar- 
dan entre si, y su semisuraa, 6 sea la indicacion del lermo- 
melro de Six de que ha de deducirse la lemperatura media. 



Enero. . . . 
Febrero.. . 
Marzo. . . . 

Abril 

Mayo 

Junio 

Julio 

Agosto — 
Setiembre. 
Oclubre. . . 
Noviembre. 
Diciembre. 



59,43 
37,67 
61,68 
63,49 
69,27 
72,13 
79,96 
79,67 
73,87 
72,18 
67,81 
62,63 



Minima. 



49,80 
45.43 
53,07 
56,94 
59,56 
64,09 
69,83 
68,33 
65,66 
63,72 
59,41 
53,36 



Difercucia. 



9,63 

12,22 

8'61 

8,55 

9,71 

8,06 

10,11 

11,12 

10,21 

8,46 

8,40 

9,09 



Promcdio. 



34,61 
51,36 
37,38 
61,21 
64,41 
68,12 
74,90 
74,11 
70,76 
67,93 
63,61 
58,11 



nbscrvaciones. 



62 
58 
62 
60 
62 
30 
62 
62 
(iO 
62 
58 
62 



Si se toma el promedio general, llevan^o en cuenla el nu- 
mero de observaciones que en cada uno dc estos resullados 
parciales entra (en 24 de noviembre faltan en el registro de 
observaciones el maximo y el minimo), se halla 63,94. 

Para referir ahora las indicaciones de esle terraomelro a 
las del anterior, ballo por 300 comparaciones verificadas en 
los meses de julio, agoslo y diciembre de 1851, que una 
lemperatura dada por la semisuma del maximo y minimo del 
termometro de Six necesita una correccion aditiva de 0,46 
para ser equivalenle a la que se leeria en el termometro de 
bola seca del psicrometro. Aplicando, pues, esta correccion 
al promedio anterior, resulta por lemperatura media 64,4 
Farh., 6 sean 18,0 centigrado. 

Es probable que el resultado asi obtenido no se aleje mu- 
cho de la verdad. Mientras que las observaciones posteriores 

TOMO III. 27 



418 

sc eiicargan de confirmarlo 6 de allerarlo, conviene nolar 
que segun el la hora mas conveniente para observar el ter- 
raomelro con el fin de determinar la femperaliira media es la 
de las 8 de la tarde, mienlras que mas al Norte, en Inglater- 
ra, se ha deducido de gran niimero de obscrvaciones que la 
hora de la lemperalura media es a las 7|-. Asimismo, em- 
pleando la formula de Daubuisson, ^=7008.'?, enlaque^re- 
presenla la temperatura media del lugar cuya latitud geogra- 
fica es <p, y por consiguiente T la temperatura media en el 
ecuador, y que da resultados salisfactorios en latitudes que no 
pasan de 60°, se encuentra con jr=:27,5 cenligrado segun 
Humboldt, y ^=36°— 27'— 40", latitud geografica de San Fer- 
nando, ^=17,8. 

Reuniendo aqui lodo lo relalivo a la temperatura, ten- 
dremos: 





Temperatura 

media 

dclano. 


Temperatura 

media del 
mes de mas 
calor (Julio). 

74,9 
23,8 


Temperatura 
media del 

mes de mas 

trio 

(febrero). 


Maxima 

temperatura 

(Julio). 

92,7 
33,7 


Minima 

temperatur 

(enero). 


Farh... 
Centig. . 


04,4 
18,0 


51,6 
10,9 


41,6 
5,3 



resultados que hacen formar buena idea del clima de San 
Fernando, como que estan tomados de un ano templado, esto 
es, en que no ha habido escesivo frio ni calor, y que las ob- 
scrvaciones subsiguientes iran Irayendo a su juste valor. 

3." ESTADO HIGROMETRICO DE LA ATMOSFERA, Y LLUVIA. 

El termometro de bola hiimeda, enteramente igual, segun 
hemos dicho, al que da la temperatura del aire, indicala tem- 
peratura de la evaporacion; y de la diferencia enlre una y otra 
se deduce por medio del calculo 6 de tablas la temperatura 
de la saluracion, esto es, la temperatura a que la alm6sfera 
empezaria a depositar el vapor bajo la forma de rocio, y que 
para brevedad iiulicaremos por Pimto rocio, asi como la 
canlidad absoluta 6 tension del vapor espresada en parte de 
la columna barometrica, y por ultimo el grade de humedad. 



419 
que no es otra cosa que la relacion entre la cantidad de va- 
por contenidaen la atraosfera y la que podria contener en las 
circunstancias dadas antes de queempezara su precipitacion. 
Losdos lermometros se leen casi simuUaneameute, inlerpo- 
niendo entre alios y el observador un cristal piano en el rao- 
mento de verificar la lectura. Practicando, pue's, con las in- 
dicaciones de este termomelro las mismas opcracioues que 
con el de bola seca, resulta el cuadro siguiente: 

TEMPERATURA DE LA EVAPORACION. 



Enero 

Febrero 

Marzo 

Abril 

Mayo 

Junio 

Julio 

Agosto 

Seliembre. . 
Octubre — 
Noviembre.. 
Dicieinbre.. 



52,8 
48,7 
5o,0 
57,6 
59,8 
63,3 
67,4 
66,7 
66,0 
64.6 
60,6 
53,6 



A 3 lior. 



53,3 
49,3 
55,4 
57,5 
59,8 
63,5 
67,4 
66,8 
66,3 
64,6 
60,6 
57,0 



52,8 
48,9 
54,5 
56,8 
59,4 
63,7 
67,5 
66,6 
66,0 
63,7 
60,4 
56,3 



52 ^ 
48.2 
53,8 
56,1 
58,8 
63,4 
66,8 
66,6 
65,7 
63,2 
59,8 
55,0 



50,1 
46,2 
53,6 
56,1 
58,3 
61,7 
66,4 
05,1 
65,0 
62,9 
58,9 
54,2 



Proiuedio 
mi'tisual. 



52,2 
48,3 
54,5 
56,8 
59,2 
63,1 
67,1 
66,4 
65,8 
63,8 
60,1 
55,2 



Coraparando estos proraedios mcnsuales con los que da el 
termometro de bola seca, y empleando las tablas higrometri- 
cas de Mr. Glaisher, resulta el siguienle cuadro, al que va 
unida la cantidad de agua recojida en el pluvionietro. 



420 





|5 


— c 


c 

o 
a. 


Tension del va- 
por en pulga- 
1 das iDglcsas. 


i'l 


3 

a 


3 

a 
■a 

■a '« 
tij to 


Dias eo que 1 
ha llovido. 1 














P. 


I.. 




Enero. . . . 


55,9 


52,2 


49,6 


0,368 


0,808 


1 


9,8 


16 


Febrero . . 


53,9 


48,3 


42,7 


0,290 


0,683 


1 


2,4 


10 


Marzo. . . . 


58,5 


54,5 


51,7 


0,396 


0,797 


3 


7,3 


19 


Abril 


G2,6 


56,8 


52,7 


0,410 


0,720 


1 


6,0 


11 


Mayo 


66,2 


59,2 


55,0 


0,443 


0,689 





2,3 


4 


Jimio. . . . 


69,9 


63,1 


59,6 


0,517 


0,714 


» 


» 


» 


Julio. . . . 


76,5 


67,1 


62,4 


0,566 


0,631 


» 


)) 


» 


Agosto. . . 


75,9 


66,4 


61,6 


0,553 


0,628 





1,1 


2 


Setierabre. 


72,9 


65,8 


62,3 


0,564 


0,707 


» 


» 


» 


Octubre . . 


69,0 


63,8 


60,8 


0,535 


0,761 


3 


0,7 


17 


Noviemb. . 


64,5 


60,1 


57,3 


0,477 


0,7 86 


6 


7,0 


22 


Diciemb . . 


59,1 


55,2 


52,5 


0,406 


0,801 


1 


11,7 


13 




20 


0,3 


114 



Aparece de aqiii que la mayor tension, y por consiguien- 
te la mayor canlidad de vapor coulenida en la almosfera, ha 
venido a caer en julio, ascendiendo a 0p,b66 de pulgadas in- 
glesas 6 bien 14,38 milimetros, y la mayor humedad 0,808 
(la saluracion completa se represenla por la unidad) en ene- 
ro; raienlras que la menor tension, 0'',290 6 sean 7,37 mili- 
metros, se ha observado en febrero, y la minima humedad, 
0,631, en julio. Ha coincidido segun esto en julio con la ma- 
xima temperalura la mayor cantidad absoluta de vapor y 
el mayor grado de sequedad, al paso que en febrero con la 
minima temperalura la minima tension, pero no el mayor 
grado de humedad, que correspondio a enero. 

La lluvia recojida durante el ano ha ascendido a 20,025 
pulgadas de Burgos, 6 sean 465 milimetros, de la cual cast 
una tercera parte corresponde al mes de noviembre, sin que 
por eso caiga en dicho mes el maximo de humedad, ni rela- 
tiva ni absoluta. 

Coraparando asimismo los promedios horarios de la tem- 
peratura de la evaporacion con la del aire, se obtiene 



421 



Tcmpcralur.n del aire. 


Id. dela 
cvaporacioD. 


Puiilo roci'o. 


Tension. 


lliimedad rola- 
tiva. 


A 0...66,8 


59,7 


55,4 


0/i50 


0,687 


3... 67,2 


60,2 


56,0 


0,458 


0,691 


6... 65,5 


59,8 


56,4 


0,463 


0,738 


9... 64,0 


59,2 


55,8 


0,455 


0,702 


21... 63,8 


58.3 


54,4 


0,43'i 


0,732 



niimeros que hacen formar idea de las variaciones del cstado 
higroraetrico de la atmosfera durante las horas de obser- 
vacion. 

Si se loma el promedio de todos eslos resultados, lendre- 
mos por 1830 observaciones del psicrometro la tension del 
vapor de 0^,452, 6 bien 11,5 milimelros, y la humedad rela- 
livade 0,722. 

En rigor, para cada diferencia de temperatura indicada 
por los dos termometros del psicrometro, 6 mas bien para 
cada observacion, debiera hallarse un resullado en las tablas, 
en vez de hacerlo con los promedios, ya mensuales ya hora- 
rios. Sin embargo, no creo que resulle error de importancia 
on haberlo hecho asi, facilitando en gran manera el trabajo; 
y tanto para formar idea de esto, como de hasta que punto el 
promedio general podria representar el termino medio de las 
circunstancias higrometricas, reeurri a las observaciones lio- 
rarias que se hacen una vez al mes (el 21, si no cae en do- 
mingo, que en tal caso se pospone hasta el 22), y deduje de 
las tablas de Mr. Glaisher los resultados parcialcs corres- 
pondientes a cada observacion en las 24 horas: el promedio 
de eslos es el primer resullado que va en frente de cada mes 
en el siguiente cuadro. Tome asimismo el promedio de las 24 
temperaturas de cada uno de los termometros del psicrome- 
tro, y con este dato calcule el segundo resullado, que difiere 
poco en general del primero. 



422 



Junio. 

Julio.. 

Agoslo. 

Seliem. 

Oclubre 

Noviem 

Dicicm. 




Encro. 
Febrcro 

Abril.. 


n 
> 


bS l« l-i) l« l« l^^ l« 


i« 


bS l« l« t® 

— * l-S ^^ *^ 



o: Oi Ci C5 — -i OO »J Cs C5 O"! iP^ CrS 



c^ o^ t>s oe CO CO oj «d c^ co b^ cs 



Ci •-» «0 l^ M =r t« CI ito«'OC CO OS 



l« l-i OC IS C^ ifi^ -J 1^ bS so ,iSi> CO =r 



OSCSOidOSCrtCS OS OS|fe»COtB5^ 
04i-^-;Cl-i)-JlDl>S a f-^ ZO OS ZJi 



COt©GOtSC5rt»'wOC»OCi(OeO ^ 




h;s^Cn(:;:i;r:>S>OSC;< hS>>ia>Co"t«CO 
*!> iii> 14; C; 00 -^ 1-^1 CTi CO C:i ►-* i>& 
CSOCCCOiii'CObS tts,H*O>C>i:0 



0>OC:<O^OiO> OOOO'"^ 



);^ tJ OT c: tf^ OS OS i^ ■i^' co i<s co 

OOOS(SCOCOtSi«^ i-JOCr-koJOt 



«0 00 --1 >J OS%>^T ^ ^^ oslj 
'^'iO^■&ocl^t;Ciao h^oio^c;oc 
^^ -J --'I I* w5 bi) IMS CO so i:s cs oo 



CO ic -J -J o-s ife> ^1 "La .J .J ct: -4 

o- '-s i^ GO r-s c; oc ^^ o^^ ci os ^J 
ecciOci-doiH—iMii oscocoos-j 



2;0 ij M 



'l^'i-k^f^'is'I^ c; H^ ^^ K^ C5 i-s ^^ 
■O O 0> O S O CD o o o JS o 

cjs "i-a "La ",(£> "oc ^ "ii~ os oo i;o cs tf*' 



423 

En cuanlo a la bora a que corrosponde el promedio, nada 
he podido deducir de estas observaciones borarias, sin duda 
porque las variaciones accidentales sobrepujan a lasdiurnas, 
y encubren 6 desfiguran complelamente la ley de eslas. Solo 
una cosa indican con baslanle claridad, y es que un maxirao 
de bumedad relaliva cae enlre las 16i. y 20''. En la duda, 
pues, de cual pueda ser el verdadero promedio de las cir- 
cunstancias higromelricas de la almosfera, pondre aqui los 
tres resuUados oblenidos, a saber: 





Punto rocio. 


Tension 
del vapor. 


Humcdad. 


Promedio de losresul-] 








tados a las boras de 
observacion , 


S5,6 


0,432 


0,722 








Idem mensuales 


55,7 


0,460 


0,727 


Idem horanas 


54,8 


0,433 


0,724 



y tomando el segundo como mas probable, lendremos por 
ahora: temperaUira media de la saturacion, 6 punlo rocio, 13°,2 
centigrade; tension de los vapores, 11, (J8 milimetros; y bu- 
medad, 0,727, 6 menos de los | de la necesaria para la com- 
pleta saturacion. 

Conviene adverlir, que las indicaciones del bigrometro de 
Daniel no concuerdan con los resuUados oblenidos por medio 
del psicrometro, siendo en general la lemperatura del punto 
rocio dada por el primero superior a la del segundo, y ma- 
yor en consecuencia la tension del vapor y la bumedad rela- 
liva. Dando por supuesto que merezcan mas confianza los re- 
suUados del psicromelro, como de la diferencia citada parece 
inferirse, no por eso dejan de conlinuarse los observaciones 
con el bigrometro, poniendo en los registros la temperatura 
que indica el termometro interior en los mementos de la apa- 
ricion y desaparicion del rocio, por si puede darse con el 
mode de bacer concordar las indicaciones de ambos instru- 
mentos. 



iU 



4." VIENTOS REINANTES. 



La siguiente labia presenta por meses y cuadranles el nii- 
mero de veces que ban soplado los vienlos a las boras de ob- 
servacion, v el maximo v ininirao de su fuerza. 



Enero 

Febrero. . . 

Marzo 

Abril 

Mayo 

Junio 

Julio 

Agosto 

Setiembre.. 
Oclubre. . . 
Noviembre. 
Dicierabre. 



33 

47 
4 



5 
2 
4 
16 

3 

21 
21 



24 
30 

70 
33 
28 
6 
40 
26 
33 
47 
53 



31) 
28 
53 
42 
55 
37 
44 
35 
81 
54 
48 
33 



N. al O. 



63 
40 
22 
70 
67 
105 
61 
78 
36 
51 
28 



FUERZA. 
Maxima, Mr'nima. 



0,6 
0,7 
0,9 
0,8 
0,8 
0,7 
0,8 
0,8 
0,6 
0,8 
0,7 
0,8 



0,0 
0,1 
0,1 
0,1 
0,0 
0,1 
0,1 
0,1 
0,1 
0,1 
0,1 
0,1 



Segun ella. la frecuc-ncia relativa de los vieiitos que ban 
soplado de los cualro cuadranles por su orden iiumerico pue- 
de representarse por los numeros 1; 2,9; 3,4; y 4,0. En punlo 
a fuerza, la maxima ha lenido lugar en marzo, concurrien- 
do asi con la menor presion baromelrica, en cuanlo a mes 
aunque no en cunnlo a dia: la primera se observo en los dias 
6 y 22, con vionto del 2.°cuadrante; la segunda en el dia 26, 
con viento flojo y variable del S. S. 0. al S. S. E. Asimismo la 
fuerza minima ha concnrrido en enero con la presion maxi- 
ma, habiendoso observado la primera en el dia 17, y la se- 
gunda el 14. 

Observatorio de San Fernando 31 de agosto de 1853. 



Saturnino Montojo. 



425 



Resumen de las observaciones meteorologicas hechas en la Universidad 
literaria de Santiago en 1852. 



Enero. 



Abril. 



Mayo. 



Junio. 



Julio. 



Agosto. 



liAROHETRO. 

TRESION. 



Febrero . 



Marzo , . . . 



Setiembre. 



9 de la mauana. 

12 de id 

3 de la tarde . . 

6 de id 

9 de la mauana. 

12 de id 

3 de la tarde . . 

6 de id 

'^9 de la maHana. 

|I2 de id 

I 3 de la tarde . . 

^ 6 de id 

/ 9 de la maSana. 
\n de id, .. 
I 3 de la tarde 
[6 de id. ... 
/9 de la mauana. 

^,12 de id 

j 3 de la tarde. . 

(e de id 

/9 de la mauana. 

i|12 de id 

i 3 de la tarde . . 
' 6 de id 

i9 de la mauana. 
12 de id 
3 de la tarde. . 
6 de id 

/9 de la mauana. 

i|12 de id 

J3 de la tarde. . 

(e de id 

/ 9 de la mauana. 

\l1 de id 

3 de la tarde . . . 
6 de id 



739,3 
739,1 
739 
738 

743 

742,7 

742,7 

743 

734,4 

734,5 

734,2 

734,5 

735,8 

735,6 

735,5 

735,9 

737,2 

731,1 

736,8 

737,2 

737 

7 37,4 

737 

737,1 

738,8 

738,8 

738,6 

738,6 

739,1 

739,2 

739,3 

738,8 

737,7 

737,7 

737,4 

737,4 



747,2 

746,7 

746,7 

746,8 

752,3 

751,8 

7 51 

751,4 

744,8 

744,3 

744 

744 

743,6 

743,2 

742 

742 

745,7 

745,2 

744,8 

744 

742,1 

741,8 

741,9 

7 42,4 

743,2 

743 

743 

742,5 

745,4 

745,4 

745 

743,3 

744 

743,7 

743,2 

743 



TERMOMETRO. 

TEMPERaTURA. 



729,1 

729 

728 

728 

726,5 

726 

724,3 

725,7 

721 

721,5 

721,2 

722,3 

729,3 

728,3 

727,4 

7 27,4 

730,5 

730,5 

730 

730,4 

728,4 

729 

729,3 

7 30,3 

734,2 

7 34 

733,2 

733,3 

731,7 

731,7 

732,5 

7 33 

728,5 

729,2 

729,6 

729,6 



10,6 

12,5 

11,9 

9,8 

8,8 

11,4 

10,7 

7,8 

13,9 



15 
15,5 
15 
14,5 
11 
13,5 
13 
11 

20,5 
16,8!22,5 



15,8 

12,2 

16',8 

19,3 

18,1 

14,4 

16,9 

19,4 

18,2 

15 

19,7 

20,8 

19,8 

16,8 

22,9 

25 

24,1 

20 

212 

23,5 

21,9 

20 

19,7 

22,1 

21,5 

18,9 



20 

16 

20 

24 

23 

18,5 

22 

22 

22 

19,5 

25 

27 

25 

23 

30,5 

36 

32 

30 

26 

35 

28 

24 

23 

27 

25 

23 



PLUVIO- 



5,5) 



4 

9 

8,5 

6 

6 

9 

9 

6 

7 

9 
10 

6 
13 
15 
14 
10 
12 
11 
10 

9 
16 X 
17,5/ 



0,390 



u 



03 



0,225 



!.,. 



lo,. 



58 



48 



15,5 
1 

19 
20 



'. 0,236 



010 1 

4,5J 



18 

16 ] 

18 ^ 
19,5 ( 

19 ( 

17 ) 

15 ) 
18,5f 

16 ( 
13 ) 



0,079 



0,199 



0,237 



38 



28 



40 



44 



34 



56 



44 



30 



90 



Octubre. 



Novicmbre. 



Diciembre. 



[9 de la mauana. 

M2 de id 

I 3 de la larde. . 

[6 de id 

' 9 de la mariana. 

I 12 dc id 

I 3 de la (aide. . 

, 6 de id 

9 de la inaiiaua. 

' 12 de id 

I 3 de la tarde. . 
.6 de id 



736,3 


741,8 


7 25,6 


16 6 


23 


736,2 


7 41,6 


725,9 


19 


25 


736 


741 


7 25,.^ 


18,4 


29 


736 


741 


726,6 


15,5 


25,5 


7 33.8 


7 4 5,4 


716,8 


13,5 


18,5 


733,2 


7 4r. 


714,6 


15,8 


22 


732,7 


7 4 4,6 


713,6 


15,3 


20,5 


732,9 


7 45. 


710,7 


12,9 


17 


737,7 


744,8 


721,1 


12 


15 


737,3 


7 4 4,9 


7 2i,r) 


14,3 


17,5 


7 37 


7 44,7 


722,4 


13,7 


17 


737 


744,6 


722,7 


11,8 


15 



>0,24l 



..) 



0,389 



5 

8,5 
10 
11 

8,5 



>0,394 



35 



35 



56 



Presion media 

Temperatura media. . . 

mm 

Presion mayor del auo 7 52,3 

Idem menor 710,7 

Idem media 737,2 

Temperatura media del ano .. . 16,5 



A las q 

de la' 

manana . 


A las 12. 


A las 3 
<le lu 
lar-dc. 


A las 6. 


ram 

737,5 
16 


736,9 
18,3 


ram 

737,1 

17,4 


mm 

737,2 
14,5 



Agua caida en el alio, 2 metres y 
799 milimetros, o sean 120 pulgadas 
espauolas y 4 lineas, 6 sean 10 pies y 
4 lineas. 

DIAS. 



Hubo de lliivia en enero 25 

febrero 11 

marzo 14 

abril 16 

mayo 12 

junio 19 

jiilio 7 

agosto 14 

setiembre. . . 9 

octubre 16 

noviembre ... 21 

diciembre ... 23 



Suma. . 



187 



En 235 dias reinaron vientos del S. al 0. 



Casares. 



CIENCUS INATIRALES. 



FIISICA DEL. OI.OBO. 

Amoniaco que contienen las aguas, por Mr. Boussingault. 

(f.'lnslilul, U mnjo -ISoS.) 

Luego que Saussure demostro en 1802 que el aire contie- 
ne cortas canlidades de amoniaco, era de prever que el agua 
de lluvia daria indicios del niismo alcali. Sin embargo, hasta 
1825 no descubriii Mr. Brande la exislencia, entre olras sus- 
lancias, de las sales araoniacales en las aguas llovedizas; cu- 
yo resultado se ha confirmado por Mr. Liebig, poniendo fue- 
ra de duda la presencia del amoniaco, no solo en el agua de 
tempestades, sino lambien en la de lluvia y en la de nieve. 
Mas para apreciar el papel que el amoniaco almosferico Irai- 
do al suelo por la lluvia iuega en la vejetacion, no basta saber 
que la lluvia lo conliene, sino que es necesario averiguar en 
que canlidad. Hasla ahora la atencion de los quimicosseha 
dirigido linicamente al descubrimiento del amoniaco en las 
aguas pluviales; y sin embargo, bajo el punto de visla agricola 
tal vez haya igual interes en determinar la dosis de este al- 
cali en el agua de los rios graudes y pequeiios, y de los manan- 
liales, que con lanla frecuencia se aprovecha paraelriego. 

El agua del Sena es la primera de las potables en que se ha 
encontrado el amoniaco, y esla observacion la hizo Mr. Che- 
vreul en 1811, con molivo de eslar esludiando el principio co- 
lorante del palo de campeche. Si es facil columbrar las mas 
pequenas senales de amoniaco, los procedimienlos para deter- 
minar la dosis cuando se aplican a la apreciacion de canlida- 
des muy pequenas, ofrecen graves dificuUades, exigiendo ade- 



428 
miis iin lierapo tan considerablo. que es tie lemer, a pesar del 
interes que habria en mulliplicar estas prucbas, que nunca 
lleguen a ser numerosas. Y sin enabargo, solo por medio de re- 
petidasobservaciones verilicadas en muchos punlos, es como 
se llegara a saber un dia si el cliina, las eslaciones, eslado de 
la atmosfera, direccion de los vientos, conslilucion geologica 
del suelo, influyen en la proporcion de amoniaco conlenido en 
las aguas. 

Con la idea de facililar las observaciones, M. B. ha discur- 
rido un metodo para delerminar las dosis, que al mismo liem- 
po que ofrece suficienle garanlia de exaclitud, se puede eje- 
cular con rapidez. Direraos priniero en que cousiste, y despues 
indicaremos algunas de las aplicaciones que M. B. ha hecho 
al examen de las aguas. 

Sabido es que el amoniaco, a la lemperalura ordinaria, tiene 
muclia afinidad con el agua, y que esla alinidad disminuye con 
el aumento de lemperalura, hasla tal punlo que una disohicion 
amoniacal pierde tolalmenle su gas alcalino por la ebullicion. 
Parliendo pues de eslos hechos, hay razon para creer que des- 
lilando agua que conlenga amoniaco, se desprendera esle en 
gran parle cuando el liquido se aproxime a 100°, y que el 
produclo condensado de la deslilacion solo conlendra una cor- 
la canlidad de alcali. Sin embargo, considerando que rara 

vez conliene el agua mas de — ^ — de amoniaco, M. B. ha crei- 

^ lOOOOO 

do que, a pesar de su poca afinidad con el agua caliente, la in- 
fluencia de la masa pudiera muy bien retener el gas amoniaco; 
y que cuando se verifica la volalilizacion del agua hallandose 
mezclado con un voliimen de vapor 100000 veces mayor que 
el suyo, seria arraslrado duranle la condensacion del vapor 
acuoso al refrigcrante del aparalo deslilalorio. Efeclivamenle 
asi sucede, y el procediniienlo adoplado por M. B. se funda 
en csta proposicion: cuando se deslila agua que conliene una 
canlidad muy pequeua de amoniaco, esle se halla en su lola- 
lidad en los primeros produclos de la deslilacion. El amoniaco 
que se aisla asi se aprecia por el melodo de los liquidos gra- 
duados, aplicado por Mr. Pcligol a la delerminacion del azoe 
de lasmalerias organicas. 



El voli'iinen de acido sulfiirico normal que emplea M. B. 
(5 cenlimelros ciibicos) esta saturado con 0s,0106 deamonia- 
co; y corao el licor alcalino que sirve para graduar se halla 
diluido lo baslante para que los S cenlimelros cubicosde aci- 
do normal exijan para saturarse, porejemplo, 33 cenlimetroscii- 
bicos, resulla que un cenlimetro ciibico de ese licor represen- 
ta 0s,00032 de amoniaco; y puesto que las divisiones marca- 
das en el vaso de cnsayo dan decimas de cenlimelros ciibi- 
cos, se deduce en cuanlo a la leclura que se aprecian hasla 
0s,00003 de alcali; sin embargo, como en la graduacion, que 
consiste, segun se sabo, en echar en el agua que se supone 
contener amoniaco, primero el acido normal y luego baslanle 
licor alcalino para salurar el acido, puede ocurrir duda de dos di- 
visiones de las marcadas en el vaso, no se responde realmente 

en la apreciacion del amoniaco sino de — de miligramo; y co- 
mo para cada delerminaciou se hacen dos operaciones, es 
claro que en el caso mas desventajoso, es decir, cuando no ha- 
ya compensacion, el error comelido en la graduacion del li- 

quido amoniacal no puede pasar definitivamente de ~ de mi- 
ligramo. 

El aparalo que se usa para la destilacion de las aguas en 
que se busca el amoniaco, consiste en un recipienle de 2 a 3 
litres de capacidad, que comunica con un serpentin de vidrio 
por medio de un lubo de suliciente longilud, y dispuesto de 
modo que no se escape parte alguna de liquido. Cuando el 
agua condensada en el serpentin es igual a la quinla parte del 
voliimen de la que se echo en el recipienle, se ve el grade que 
tiene: despues se toma olra quinta parte y se gradua, hallan- 
dose contenido lodo el amoniaco en estas dos primeras quin- 
tas partes. Es muy importanle disponer el aparalo de modo 
que durante la ebullicion en el recipienle no haya liquido es- 
travasado, por la necesidad que bay de anadir cierta canlidad 
de polasa al agua que se destila, y eslo por dos razones: la 
primera, para descomponer las sales fijas de amoniaco que 
puedan hallarse en ella; y la segunda, para fijar el acido car- 
bonico que conliene siempre, a veces en tal proporcion que 



430 
coraunica al producto deslilado una roaccion acida baslanle 
pronunciada para causar grave perlurbacion en el grado del 
liquido amoniacal. El aparalo osla dispuesto de manera que 
no sea necesario desmonlarlc para dar salida al agua ciiando 
se ha concluido una operacion; debiendo ser continuo el Ira- 
bajo, Un aparalo de esta clase funciona hace Ires meses casi 
sin inlerrupcion en el laboralorio de M. B., en el Conservato- 
rio de arles y oficios. 

Con objelo de juzgar sobre el grado de precision que te- 
nia el procediiniento, se ha operado con agua en la cual se po- 
nian canlidades conocidas de amoniaco, cosa facil empleando 
licores araoniacales graduados de anlemano, 6 sales amonia- 
cales cuya composicion se conocia. Los resultados de los pri- 
meros esperimentos fueron muy singulares, pues se sacaba 
constanlemcnle mas alcali del que se habia echado, sin duda 
porque el agua encerraba a veces tanto amoniaco como se 
anadia . Los resuUados, pues, no fueron salisfactorios hasta que 
se uso agua deslilada sucesivaraente con sulfato de alumina 
y de polasa, para quitarle loda seflal de amoniaco y de acido 
carbonico. 

Las. investigaciones poco numerosas todavia hechas hasta 
ahora por M. B. con agua de rios y de fuentes, ban ofrecido 
el siguienle resultado: que dichas aguas, a lo menos las que ha 
examinado, solo contienen algunas sefiales de amoniaco, y a 
veces tan tenues que ha sido necesaria para aprcciarlas toda 
la sensibilidad que presentan los liquidos graduados para esta 
eslimacion. Estaba tanto mas distante de prever este resulta- 
do, dice M. B., cuanto que desde que hizo Mr. Barral sustra- 
bajos, se sabe que el agua Uovida contiene por termino medio 
4 miligramos de amoniaco en lilro; y siendo la Uuvia el ori- 
gen de los rios y fuentes, se podia suponer que las aguas que 
correnporla superficiede la tierraserianamoniacales, a lo me- 
nos en igual grado que aquella; pero al parecer no es asi, al 
menos en los esperimentos practicados, segun puede juzgarse 
por los niimeros siguientes. 



431 



Fecha. 



Abril 



Mayo.. 
Marzo, 

Abril., 



Mavo. 
Abril. 



Procedencia de las agiias. 



Agua del Sena toraada en el 

pueute de Austerlitz 

de la Concordia 



Agua del Ourcq, fuenle del 
Conservatorio 



del canal de Loing, en 

Monlargis 

del rio tomada en el 

puente de las Tripas 

— de Arcueil 

deiinafuentede Andi- 



Uy cercade Montmorency. 

del lago de Enghien. 

de una fuenle deGiier 



mantes cerca de Lagny. 



AMONIACO EN 
I liiro de a^ua. I metro rubico. 



0s,00012 
0,00016 

0,00073 
0,00003 

0,00032 

0,00261 
0,00017 

0,00003 
0,00007 

0,0000 



OS, 12 
0,16 

0,73 
0,03 

0,32 

2,61 
0,17 

0,03 
0,07 

0,00 



Si se esceptua el Bievre, que por los muchos arlefactos 
eslablecidos en sus orillas es mas bien una cloaca que un 
rio, se ve que las aguas espresadas en la precedente labia 
conlienen raucho menos amoniaco que el que se ha dicho de 
la lluvia. Aunque no se ha descubierlo en el agua de la fuen- 
le de cerca de Lagny, no quiere decir eslo que se halle pri- 
vada de el lolalmente, y si que no liene de cierlo f decima 
de miligrama por litro. Para probar que la falta de amoniaco 
en ciertas aguas no es una ilusion debida a la imperfeccion 
del metodo, M. B. dice que, afiadiendo al agua de Lagny la 
mas minima cantidad de amoniaco, y deslilandoia luego, ha 
encontrado constanlemenle esa cantidad minima en los pro- 
duclosde la destilacion. 

M. B. ha querido comprobar, respeclo a la proporcion de 
amoniaco contenido en las aguas llovedizas, si los niimeros 
oblenidos por Mr. Barral convenian con los de las nuevas es- 
periencias hechas por el, y ha visto que exisle perfecto acuer- 
do. Mr. Barral fija por termino medio 3in°^,33 el amoniaco de 
un litro de agua de lluvia de la que cayo en la azotea del Ob- 
servalorio; la proporcion mayor hallada en diciembre subio a 



432 

S""",!^; la menor, delerminada en octubre, a l^^jOS. Mr. 
Boussingaull ha oblenido 4"°',34 en un litio de agua de Uu- 
via cojida en Paris en la primera quincena de abril; es decir, 
27 veces la cantidad contenida en el agiia del Sena, exami- 
nada en la misma epoca, con igiiales medios y por el mismo 
observador. De 1 lilro de agua de lluvia de la que cayo en 
8 deraayo, ha sacado 0^',0030 de amoniaoo. 

M. B. he examinado lambien el agua mineral de Enghieu, 
que sale cerca del lago, dando cada lilro 5°"",06 de amo- 
niaoo, que equivale a una canlidad de bicarbonalo que tal 
vez influya en las propiedades medicinales de aquellas aguas 
sulfurosas. 

En 1 litre de agua del mar cojida en la playa de Dieppe 
por Mr. Reisel, M. B. ha oblenido, a las 12 horas de haberla 
sacado, 0i'',00020 de araoniaco ; proporcion pequefia en ver- 
dad, pero M. B. advierte que como el Oceano cubre las | par- 
tes del globo, lomandoen consideraciou la masa de sus aguas, 
se puede creer que el mar sea rauy bien un receplaculo inmen- 
so de gas amoniacal, en el que repare la atmosfera las perdi- 
das que sufre conlinuamente. 

M. B. ha somctido lambien a examen el agua delospozos 
de Paris, y en muchos haencontrado proporciones de amonia- 
oo muy subidas comparalivamenle con las del agua del Sena: 
veanse a conlinuacion algunos dales mas. 



Peze de un jardin de Clignanceurl, 
fuera de Paris 

— de una casa calle du Parc- 
Royal 

plaza del Holel-de- 

Ville 

dique de la Megisse- 

rie, num. 30 

num. 28 

calledelaTabletlerie. 



AMONIACO EN 


i litro de agua. 


4 metro cubicu. 


0s,00032 


0s,32 


0,00132 


1,32 


0,03435 


34,35 


0,03033 
0,03386 
0,00026 


30,33 

33,86 

0.26 



433 
Finalmente, M. B. ha hecho su ultima observacion con 
agua de nieve. En marzo proximo pasado determino la can- 
tidad de amoniaco que contenia el agua de dos porciones de 
nieve recojidas el mismo dia, en una azotea la una y la olra 
en un jardin conliguo, obleniendo los niimeros siguienles. 



Por melro ciibico. 



Nieve de la azolea 0s,00178 ls,78 

Nieve del jardin conliguo. 0,01034 10,34 

Se ve que hay enlre las canlidades de amoniaco conleni- 
das en ambas nieves una diferencia considerable de propor- 
cion. M. B. cree que el esceso de amoniaco hallado en la nieve 
del jardin procede de los vapores que exhalaba la tierra. 

M. B., al terminar su meraoria, hace nolar que el metodo 
que ha seguido para determinar el amoniaco de las aguas, es 
aplicabletambienaldescubrimientodelos vapores amoniacales 
que la almosfera encierra; y considera que el empleo de los 
liquidos graduados es con mucho preferible al del bicloruro de 
platino. Un aparato establecido sobre este principio ha funcio- 
nado ya, y va a hacerlo nuevamente en el Conservatorio de 
artes y oficios. 



ECOHOlIli^ RIIR^^L.. 



Valor comparativo de los diferentes trigos bajo el aspecto alimen- 
ticio, segun su naluraleza, peso y riqueza de gluten; por 
Mr. Reiset. 

(L'lnstilut, 23 mtiyo HSbo). 

El autor se ha propuesto averiguar si el grano que pesa 
mas posee una cualidad 6 un valor alimenticio mayor, prin- 
cipiando sus investigaciones por el examen del Irigo. Las con- 
clusiones que ofrece el resultado de este trabajo son las si- 
guienles: 

El peso de un voliimen dado de Irigo depende del metodo 
seguido para apreciarlo, de la densidad real de los granos,de 

TOMO III. Og 



434 

su forma, y por ultimo, de sii estado do hidratacion. La den- 
sidad real de los granos, calculada con auxilio del voluraeno- 
metro do Mr. RegnauU, no se halla gcneralmente en armonia 
con su peso aparenle, pudiendo suceder que la densidad mayor 
corresponda a los niimeros mas bajos del peso aparente del li- 
Iro, Las mayores variacionesque puede esperimeutar el peso 
aparenle de los Irigos se ban de atribuir casi esclusivamente a 
la forma misma del grano; asi pues, el trigo mas pesado lendra 
una forma mas homogenea , lo cual hara que los granos se co- 
loquen en la medida con mas igualdad y en mayor numero. 

La proporcion de agua varia en los trigos examinados en- 
tre 12 y 19 por 100 como limiles eslremos: cada especie 
asimila al parecer una cantidad normal de agua, que reliene 
con clerla afinidad en las circunslancias alraosfericas ordi- 
narias. El grano sufre una contraccion sensible si se le so- 
mele a una desecacion fraccionada; su densidad aumenta, 
pero el peso aparenle del lilro disminuye. Al absorver el agua, 
el grano se binclia, y la densidad y peso aparente del litro van 
disminuyendo: el grano binchado por una absorcion acciden- 
tal de agua no recobra su voliimen primilivo por la deseca- 
cion; su peso aparente y densidad, vienen a ser y permanecen 
muy tenues. 

La proporcion de gluten ha variado de 10,68 a 17,93; 
pero entrc el peso aparente de las diversas especies de trigos 
examinados y su riqueza en materia azoada, no existe relacion 
alguna. La proporcion del gluten aumenta generalmente se- 
gun parece con la densidad de los trigos. Si estos son durosy 
lustrosos, presentan las densidades mayores, y contienen tam- 
bien mas gluten que los tiernos. 

Los Irigos examinados ban dado de 1,77 a 2,25 de ce- 
niza; resultando reunidas generalmente en el mismo Irigo la 
mayor proporcion de cenizas, la riqueza de gluten y la mayor 
densidad. 

Tomando por base del precio de los trigos su riqueza en 
gluten, se debian pagar 23 francos, 6 1 5 francos 37 cents., 
por 100 ijuilogramos de trigo, segun contuviesen 15,51 de 
gluten, como el trigo rizado, 6 9,54, como el ingles. Eligien- 
do para hacer el pan un trigo mas 6 menos rico de gluten, el 



435 
trabajador que consume pr6ximamente 1250 gramas diarias 
de pan, puede aumentar su racion colidiana en una canlidad 
de materia azoada equivalente a 250 gramas de carne de vaca. 
Atendidas las condiciones que hoy sirven de base a las tran- 
sacciones coraerciales, el productor no tiene interes en propor- 
cionaral consumidor Irigos ricos en materia azoada: las va- 
riedades de estos, por lo regular duros y lustrosos, esquilman 
notablemente el terreno, yenlos mercados sedesprecian casi 
siempre, porque dan una harina mas morena que los trigos 
blancos de cascara lierna. 

La analisis de los trigos cojidos en diversos estados de 
madurez, demuestra quela canlidad de agua disminuyeen el 
grano a medida que aquella es mayor. Tambien existe cierta 
variacionen las proporciones del gluten contenido en losmis- 
mos; pero estas variaciones son de poca imporlancia, y a lo que 
parece no siguen una marcha determinada. Ea una misma 
variedad de trigo, los granos gruesos desarrollados perfecta- 
mente, encierran mas agua y menos gluten que los granos 
delgados. 



FISIOL.OOIA. 



Del fosfato de cal en siis relaciones con la nufricion de los ani- 
malcsy la morlalidad delos ninos, por Mr. Mouries. 

(Comptes rendus, iC> juUo 'IS52.) 

Entre algunos esperimentos hechos con el objeto de afir- 
mar por resultados quimicos la hermosa ley de la mutacion 
de los elementos en los tejidos vivos, el papel que desempefia 
el fosfato de cal se me ha ofrecido bajo un aspecto del lodo 
nuevo, y tan imporlante bajo el punto de vista de la higiene 
piiblica, que he creido deber estudiarle separadamente. De 
mis investigaciones resulta, que el papel principal del fosfato 
de cal noes, como se cree comunmente, formar y sustentar los 
huesos, sino que su principal accion es provocar y sostener 
la irritabilidad vital en los animales y en ciertas plantas; por 
cuya razon se le encuentra en la sangre en cantidad deter- 



436 

minada, pero variable segun cl calor del animal, su edad y 
su aclividad vital. Por fallade esla sal niueren los pajaros con 
mas rapidez que los cuadrupedos; y conlienen dos veces mas, 
aunque lenp;an ciiatro veces menos luiesos que alimenlar. 

En lasejiunda parte de esla momoria, pruebo que en las 
ciudades principalmeiile rara vez encucnlran el feto y el ni- 
fio la cantidad neoesaria de esla sal para el desarroUo y para 
la vida; y de cste conjunto de hechos se deduce, que esta es 
evidenleraente una de las causas de las cnfermedades y de la 
morlalidad cnornie de los niuos, sobre lodo de aquellos que 
se crian en las ciudades. En efecto, segun la opinion de lodos 
los sabios, no puede desarroUarse ni vivir un niflo sin una 
canlidad suficienle de fosfato decal; y segun lasanalisis mas 
sencillas y evidentes, esta sal no se halla en canlidad sufi- 
cienle en su alimentacion. Si falta esle principio de la vida, 
necesariamenle se convertira en principio de enfermedad y 
de muerte. 



Nolo sobre la miiUitud de fenomenos ocasionados por la destruc- 
cion de la parte cervical del nervio gran simpdlico, por 
Mr. Claudio Bernard. 

(Complcs renilus, 7 marzo 1853.) 

Mr. Budge y Mr. Yaller ban comunicado cada uno por su 
parte en la ultima sesion, esperimenlos relatives a lainfluen- 
cia de la porcion cervical del nervio gran simpatico en la 
calorificacion y circitlacion de la sangre en la cabeza, que me 
congratulo comprueben plenaraente resultados parecidos que 
yo babia observado ya, y de los que tuve el bonor de leer 
parte a la Acadcmia hace cerca de un auo {Comptes rendiis de 
marzo de 1852). 

Pero como por sus coraunicaciones parezca que los lisio- 
logos que acabo de mencionar no lienen un conocimiento 
complete de mis Irabajos sobre esle punlo, deseo en esta nota 
recordar mis esperimenlos, e indicar almismo tiempo por 6r- 
den cronologico los diferentes bechos que se retieren a esta 
cueslion. Esta indicacion bistorica demoslrara mejor que cual- 
quiera discusion, la parte y la sucesion de los esfuerzos de 



437 
cada uno en el esUidio esperimenlal, Ian dilicil, de csia parte 
del sisteraa nervioso. 

El primer esperimenlo sobre la porcion cervical del nervio 
gran simpalico perlenece, como lo recordo Mr. Flourensen la 
ultima sesion, a un sabio frances miembro de esta Academia. 
Enefeclo, Pourfour du Petit (1) hizo ver en 1727, qnc la sec- 
cion de la porcion cervical del gran simpaticoocasiona cons- 
tantemente, ademas de algunos fenomenos de inyeccion en el 
angulo del ojo, unade la pupila del lado correspondienle, pro- 
duciendose igual fcnomeno si en vez de cortar el fdetc simpa- 
tico, se estirpa el ganglio cervical superior 6 inferior. 

Mr. Biffi (de Milan) en 1840 (2), observe que cuandoia pu- 
pila esta estrechada por lasecciondel nervio simpatico, so la 
puedehacer lomar su diametro, galvanizando la estreraidad 
cefalica del nervio simpatico cortado. 

En la misma epoca con corla diferencia (3), habiendo ob- 
servado el Dr. Ruete que en la paralisis de los nervios del 
tercer par, la pupila dilatada e inmovil puede aun dilatarse 
mas bajo el influjo de la belladona, concluyo de esto que el iris 
recibia dos especies de nervios motores correspondientes a sus 
dos ordenes de fibras musculares; y que el gran simpatico, ani- 
mando las fibras musculares radiadas, produciael movimiento 
de dilatacion, mientras que el nervio motor ocular comun, ani- 
mando las circulares, producia por el contrario el movimien- 
to de contraccion del iris. 

MM. Budge y Waller en 1851 (4) reconocieron que el tilele 
cefalico del gran simpatico en su accion sobre la pupila, solo 
obra como un conductor que trasmite una influencia cuyo 
punlo de partida esta en la medula espinal. Esta opinion 
de que el gran simpatico tiene su origen en los mismos cen- 



(l) Pourfour du Petit, memoria en la que estu demostrado que los 
nervios intercostales suministran ramos que llevan los espiritus a los ojos. 
{Memoires de I'Jcademie des Sciences, 1727). 

(l) Intorno airinfluenza che lianno siiU'occhio i due nervi grande 
simpatico e vago (Disert. inaug., Dr. Serafln Biffi, milan(5s), Pavia 1846. 

(3) Ruete A'linische Heilrage, etc. 

(4) Comptes rendus de I'Jcademie, 



438 

tros nerviosos que el sislema cerebro-raquidiaiio, del que 
no seria en esle caso sino una dependencia , esla eslable- 
cida hace mucho liempo anat6inicamente,y se halla espuesla 
en los tralados modernos de analomia. Pero MM. Budge y 
Waller tienenel raerilo dehaber precisado esperimentalmen- 
te, en un punlo de la raedula espinal que ban llamado region 
cilio-espinal, el origen especial de esla porcion cefalica del 
nervio gran simpalico. La Academia ba apreciado lodo el va- 
lor de esla observacion, concediendo a sus aulores el premio 
de fisiologia esperimenlaldel auo 1852. 

Yo be dado a conocer per mi parte , en un resiimcn im- 
preso en las Comptes rcndus de la Sociele de Biologie, por los 
mesesde octubre y noviembre liUimos, algunos de los resul- 
lados generales de misesperimentos emprendidos bace liem- 
po sobre el nervio gran simpalico ; y he raanifeslado que el 
eslrechamiento de la pupila descubierlo por Pourfour du Pelit, 
y que MM. Budge y Waller ban seualado como consecuencia 
de la destruccion do la region cilio-espinal de la medula, lo 
mismo que de la porcion cervical del gran simpalico, esla 
muy lejos de ser el linico fenomeno que se produce. En efeclo, 
he demoslrado que esla operacion ocasiona a su vez desor- 
denes muy numerosos en el lado correspondiente de la cabeza, 
a saber: 

1." La conlraccion de la pupila. 

2.° La reduccion de la aberlura palpebral, y al mismo 
tiempo su deformidad, pueslo que se hace eliplica, y mas 
oblonga Irasversalmenle. 

3." La relraccion del globo del ojo bacia el fondo de la 
orbila, que hace salir al lercer parpado en lerminos de llegar 
a colocarse delanle del ojo. 

4." El eslrecbamienlo mas 6 menos nolable de la ven- 
tana de la nariz, y de la boca, del lado correspondienle. 

5.° Por lillimo, una modificacion de la circulacion del 
todo especial, que coincide con gran aumenlodecalorificacion 
yaun desensibilidaden las paries. 

Todos eslos fenomenos, asi como el de la calorificacion, 
provienenevidenlemente de la medula espinal, pueslo que se 
ha eslablecido que ella es el cenlro de origen del filete ner- 



439 
vioso cervical simpatico, y que esle ultimo solo es un simple 
conductor. Al decir eslo Mr. Budge en su ultima comunica- 
cion,no haafladidoen mi conceplo absolutamenle nada al 
fenoraeno de la calorilicacion, que yo senale haceuu aiio y lei 
a la Academia. 

Mr. Waller recuerda muy bien mis esperimenlos sobre 
la calorificacion dela cabeza, asi como aquellos con que pro- 
be los desordenes de la circulacion que acompanan a dicha 
caloriflcacion. Unicamenle se propone Mr. Waller senlar, 
valiendose de esperimentos muy bien ejeculados que refie- 
re, que se puede, por medio delgalvanismo, disminuir omodi- 
ficar la actividad de la circulacion de la sangre y la lera- 
peralura de las partes. Ciertamente, Mr. Waller no ha tenido 
conocimiento de los esperimentos que yo he publicado acerca 
de esto, puesde otro modo los hubiera cilado como los pri- 
meros. Cuantas observaciones menciona este fisiologo en su 
comunicacion del lunes ultimo, las tengo hechas antes que 
el, y las he demostrado a muchos sabios, cuyotestimonio po- 
dria iuvocar aun en el seno de esta Academia; pero felizmente 
los resultados principales de estas observaciones, estan ira- 
presos desde el mes de noviembre ultimo en la Comple ren- 
du de la Societe de Biologic, que uno a esta nota, y del que tomo 
algunos parrafos que hacen relacion a esta accion del galva- 
nismo. «Si se galvanizala estremidad superior del gran sim- 
))patico dividido. todos los fenomenos que se habian visto 
Mverificar por la destruccion de la influencia del gran sim- 
))patico, cambiaude aspecto y son opuestos. La pupila se di- 
»lata; la aberlura palpebral aumenta; el ojo sale hacia fuera 
»de la orbita. La circulacion, que era activa, se vuelvedebil. 
))La conjuntiva, las narices y orejas, que estabanrubicundas, 
wpalidecen. Si cesa el galvauismo, todos los fenomenos pro- 
wducidos primitivamente por la destruccion del gran simpa- 
))tico, reaparecen poco a poco para volver a desaparecer de 
wnuevo si se aplica segunda vez el galvanismo. Este esperi- 
))mento se puede continuar a voluntad y repetirle cuantas ve- 
))ces se quiera, y sierapre producira los mismos resultados. 
))Si se aplica una gola de amoniaco a la conjuntiva de un perro 
wen el lado donde se ha destruido el gran simpatico, el dolor 



440 

))obliga al animal a tener sii ojo cerrado conslanlemente; si en 
weste momenlo se galvaniza cl eslremo superior del nervio 
»gran sirapalico corlado, a pesar de"^ dolor que esperimenta, 
»no puedc el perromantener su ojo cerrado, y al mismo tiem- 
3)po que disminuye y desaparece casi tolalmenle la rubicun- 
))dez i)roducida per el causlico, los parpados se abren am- 
))pliamenle.» 

Respeclo a la eslrechez de las arlerias, la he observado 
no solo, como dice Mr. ^Yaller, en las capilares sino larabien en 
las arlerias de mayor calibre, y algunas veces en la misma ca- 
rotida. 

Por iillimo, lerminare repiliendo, que se ha senalado 
siempre sin razon la contraccion pupilar como la consecuen- 
cia especial de la destruccion de la porcion cefalica del gran 
simpatico. Creo haber sido el priraero que ha probado que 
esta deslruccion de la inQuencia trasmilida por el filete sim- 
palico produce consiguienlemente muititud de fenomenos muy 
diferentes, pero relacionados y dependientes unos de otros, 
como espero demostrarlo muy pronto en una comunicacion 
a la Academia. 



CIRUJIA. 



Sobre un nuevo medio de efectuar la coagulacfon de la sangre 
en las arlerias, aplicable a la curacion de los aneurismas, 
por el Dr. Pravaz de Lyon. 

(Coinples rendus, ^0 enero 1SS3.) 

El medio que propone el Dr. Pravaz de Lyon, consiste 
en coagular la sangre en los \asos arteriales por una inyec- 
cion de algunas gotas de percloruro de hierro en el maximum 
de conceoiracion; inyecciou que debe hacerse con un trocar 
muy fino de oro 6 de plalino, que se introduce muy oblicua- 
mentc al traves de las paredes de la arteria por una especie 
de movimiento de barrena, A este trocar se halla ajustada 
una jeringa, cuyo piston debe entrar a rosea, con el objeto 
de que se efectue la inyeccion sin sacudidas, y que se pueda 
medir con precision la canlidad de liquido inyectado. Es pre- 



441 

clso ademas tlelener momentaneamenle el curso de la san- 
gre en el vaso, y toniar otras precauciones, de que habla- 
lemos cuando lo hayamos hecho de los esperimenlos pracli- 
cados por el Di". Pravaz en la Escuela de Veleriuaria de Lyon, 
ea presencia de Mr. Lallemand y de Mr. Lecoq, director de 
la misma. 

1.° En un carnero aduUo se puso a descubierlo la arte- 
ria carotida, se interrumpio la circulacion por la compresion 
con el pulgar e indice becha en dos punlos dislanles uno de 
Giro 4 6 5 cenlimetros, en cuyo espacio habria interceplada 
como una cucbarada de sangro. Se praclico una puncion muy 
oblicuamenle al traves de las pnredes de la arteria, y so in- 
yeclaron tres 6 cualro gotas de percloruro de hierro, para lo 
que se bizo dar dos vueltas cora[)lelas al tornillo de la jerin- 
ga, correspondientes cada una a ccrca de dos gotas de liqui- 
do, espelidas por la eslreraidad del trocar. Inmediataniente 
despues de la inyeccion do la sal de bierro, la presion del 
dedo bizo percibir un aumenlo en la densidad de la sangre, 
se sinllo formarse el coagulo muy rapidanienle, y cualro rai- 
nutos despues, creyendo poderle abandonar a si misrao, ce- 
s6 toda compresion. En efeclo, el coagulo no cambio de posi- 
cion, y se le sintio en el mismo punto aun durante ocbo dias. 

2.° Practicado el esperiraento del mismo modo en la ar- 
teria carotida de un caballo, dio un resultado parecido. La 
porcion de arteria en que se babia suspendido la circulacion 
tenia la longilud de 8 centimetres, y podia contener como 
cinco cucbaradas de cafe de sangre, y se ia inyectaron ocbo 
6 diez golas de percloruro de bierro, en atencion a baber ob- 
servado el Dr. Pravaz que se necesitan casi dos gotas de sal 
de bierro para coagular una cucbarada de cafe de sangre. 
Cuatro minutos despues, en el caballo como en el carnero, se 
babia formado el coagulo en la arteria; era duro y resislente, 
y no vario de sitio por la impulsion de la sangre en el espa- 
cio de un cuarto de bora. Entonces se separo la porcion de 
arteria sometida al es[)erimenlo, y cuando se abrio, su su- 
perlicieestaba sin brillo, y presentaba granulaciones y estrias 
longitudinales en toda la cstension que ocupaba cl coagulo. 

3." Se praclico el mismo esperimenlo y de igual modo 



442 

en olro caballo, que dio resiiltados inmediatos identicos; pero 
se conserve el animal por espacio de ocbo dias, dejandole la 
arteria al descubierlo con el objeto de poder seguir los {en6- 
menos en diferentes ocasiones, y se probo que la dureza de 
la carotida se eslendia cada dia mas por encima y por dobajo 
del coagulo primilivo. Cuando se sacrilico el animal (despues 
de ocho dias), se observaron en el interior de la arleria ca- 
rotida tres coagulos distinlos que la obliteraban en la esten- 
sion de 2o,5 centimetros. El de enmedio correspondia a la in- 
yeccion, era mas oscuro, negruzco, granuloso, y de la longi- 
lud de 3,5 centimetros. 

En resuraen, becba la inyeccion del percloruro de hier- 
ro, ban bastado cualro minulos y medio en el caballo y en el 
carnero para producir en la arteria carotida la formacion de 
un coagulo baslante consistenle y adheronte, para que no haya 
sido arrojado por el impulso de la columna de sangrequeen- 
viaba el corazon. 

Tal es el hecbo imporlante del Dr. Pravaz, que ban pre- 
senciado Mr. Lallemand y Mr. Lecoq, director de la escuela 
de Lyon. El Dr. Pravaz prosigue sus investigaciones, dando 
a conocer estos primeros resultados con el objeto de llamar 
la atencion de los esperimenladores y de los practices acerca 
de este metodo de obliteracion de los vasos arteriales. 

Hasta ahora las observaciones del Dr. Pravaz ban sido 
puramente esperimentales y hecbas de manera que prueben 
directamente el modo de obrar del agente coagulador que 
emplea. Para aplicarlo a la curacion de los aneurismas en el 
bombre, debe modificarse el procedimienlo: convendra inyec- 
tar el percloruro de bierro en la bolsa aneurismalica, despues 
de baber detenido antes la circulacion, comprimiendo la ar- 
teria mas alia del aneurisma, es decir, entre el tumor y los 
capilares. La caiitidad de liquido estiptico que se emplee sera 
en razon del voliimen del tumor aneurismatico, y la compre- 
sion durara cualro 6 cinco minutos poco mas 6 menos. Se- 
gun Mr. Pravaz, bastan estas condiciones para que se forme 
un coagulo compacto, voluminoso, capaz de obstruir la ar- 
teria como lo baria un tapon, y de producir el mismo efecto 
que una ligadura. 



443 

V4RIED4DES. 



El dia 2 del coniente octubre a las seis y cuarto de la tarde falleci6 
en Paris el c^lebre sabio Arago, secretario perp^tuo de la Academia 
de Ciencias de aquella capital, director del Observatorio de la misma, aca- 
demico corresponsal de la de Ciencias de Madrid, etc., etc. Habia nacido 
el 26 de febrero de 17 80 en Estagel, cerca de Perpiilan, y tenia por 
tanto poco mas de 67 aiios de edad. No se fardara en insertar en esta 
misma seccion de la Revista una noticia de la vida cientifica del citado 
astronomo y fisico insigne, cuya pdrdida no pueden menos de lamentar 
cuantos hayan saludado siquiera las ciencias. 

— En la sesion celebrada por la Real Academia de ciencias de Madrid el 
1 4 de junio ultimo, adjudico el premio propuesto para el presente auo 
al Sr. Don Pascual Pastor y Lopez, catedratico de mineralogia, zoologia 
y botanica de la universidad de Oviedo, doctor en ciencias naturales, li- 
cenciado en medicina y ciruji'a, etc. , por su memoria con el lema Monies 
Herbdseos, contraida al territorio de Asturias. 

— La Academia de ciencias de Amsterdan propone para asunto de un 
premio de 600 florines (5.100 rs.), adjudicable en 1855, la cuestion de 
las variaciones de formas en muchos animales invertebrados que las obser- 
vaciones modernas seiialan como que se suceden en las generaciones sub- 
siguientes {generations JFechsel de los autores alemanes), indicando per 
consiguiente un modo de desarrollo que difiere completamente del de los 
animales vertebrados. La Academia exije: 1 .° una relacion sucinta, com- 
pleta y cri'tica de los descubrimientos hechos sobre esta materia; 2.° al- 
gunas observaciones propias que se estiendanpor lo menos a una clase de 
animales invertebrados, con figuras copiadas del natural; 3." la aprecia- 
cion de las consecuencias que puedan deducirse de estos dates para la 
clasificacion de los animales invertebrados y para la teoria de la genera- 
cion. Las memorias que se mandeu al concurso se podran escribir en fran- 
cos, latin, ingles, aleman u holandes, dirigidndolas antes del 3 1 de marzo 
de 1855 a Mr. Wrolik, en la secretaria de la Academia. 

— El ingeniero gefe del ferro-carril de Orleans, Mr. Herman, aplican- 
do acertadamente los principles de la lelegrafia eldctrica, acaba de con- 
seguir que todos los conduclores de un convoy esten en comunicacion in- 
cesante con el gefe del tren y con el maquinista. Al efecto ha discurrido 
y pnesto en practica el sencillo mecanismo siguiente. 

Dos hilos metalicos barnizados con guta-perca se hallan colocados de 
un modo fijo y paralelamenle encima de cada wagon, y de sus estremi- 



444 

(lades cuelgan unas cadenitas que sc confundencon las cadenas de seguri- 
dad, por medio de las cuales se uiie cada uliagon al que le precede y le 
sigiie. A lacabeza, es dccir, sobre la misma maqiiina locomotora, hay 
una pila eidctrica muy ddbil, a la que vienen a parar los dos hilos; y de- 
tras del ultimo uhagon, que ba de conservarse sierapre aun cuando se 
disminuya 6 aumenfe cl uiimerode loscochcs intermedins, los mismos hi- 
los se reunen tarnbieu, de suerte quo cierrau el circnito dcterminado por 
su comunicacion con la pila. 

Cuando la marcha cs regular, la corriente circula y la campanilla no 
toca? pero a la menor desviacion, al mas pequefio accidente, si el ultimo 
tren se atrasa, si se rompe cualquier cadena, suena la campana, advirtien- 
do al momenlo de este modo al conductor, gefe y maqiiinista. 

Ademas, si un conductor cree deber mandar que pare algun tren, por 
medio de un pequefio conmutador colocado en la garita, puede cojer uno 
de los hilos de su uhagon y hacer que suene la campanilla. 

— Segun las observaciones de Mr. Coulvier-Gravier, se han visto este 
ano, como los anteriores, mas estrcllas fugaces el 10 de agostoque las no- 
ches antes y despues, pero en menor niimero que el aSo pasado, disminu- 
cion que se viene uotando desde 1849: de 1837 a 1848 hubo aumento. 
El citado observador da los niimeros siguientes este alio: 

Agosto 5 — 6 20 cstrellas fugaces. 

6 — 7 19 

7 — 8 23 

8 — 9 33 

9—10 49 

10 — 11 56 

11 — 12 38 

12 — 13 34 

La tabla siguienle manificsta lo dicho acerca del cambio de sentido 
de la curva de 1849 aca, el 1 de agosto: 

Niimero 
Alios. Iiorario minimo. Auos. Iiorario mi'iiimo. 



1837 59 1845 85 

38 62 46 92 

39 65 47 102 

40 68 48 113 

41 72 49 98 

42 74 50 83 

43 78 51 71 

44 80 52 60 

53 52 



445 

Se ve que cl mimcro horario de estrellas fugaces registrado este auo, 
no llega a la mitad del de 1848; y segun vicne mcnguando, se reducira al 
comnn dc las dpocas ordinarias el ai'iode 1860. 

Mas no por eso disminuye el fenomeno aniial; al contrario, viene au- 
mentando desde 1845, segun resulla de la siguiente tabla, en la cual se 
han descartado las observaciones del 9 y 1 de agosto de cada auo, para 
conservar solo las de la serie anual: 



DuracioD dc las Metcoros Niimero 

observaciones. observados. Iiorario. 



1845 237l'15"' 2004 8,4 

4C 257 30 2269 8,8 

47 195 30 2097 10,7 

48 97 15 842 8,7 

49 158 30 1605 10,1 

50 193 30 2271 11,2 

51 162 15 1750 10,8 

52 164 30 2101 11,8 

Vese, pues, que el niimero horario medio y anual viene aumentando 
cada auo, proporcionalmente casi al ticrapo, habiendo crecido dicho tdrmi- 
no medio una tercera parte en nueve auos. 

— Denfro de poco tiempo tendra la Holanda su carta geologica, asf 
como la B(51gica, que acaba de terminar la suya. Las Camaras votaron 
en 1851 los- fondos necesarios para emprender las observaciones geol6- 
gicas que habian de servir de base para dicba carta, yen 1 8 5 2 se ha eje- 
cutado ya una parte de eilas. Tenemos a la vista el informe dado por la 
comision encargada de hacerlas, y vamos a decir en breves palabras cua- 
les son los resultados obtenidos ya, y en qu(5 estado se halla este trabajo. 

Desde el auo 182 6, cuando la Belgica estaba incorporada a la Holan- 
da, el Gobierno de los Paises-Bajos decreto el reconocimiento de las pro- 
vincias raeridionales del reiuo, y ya se habia practicado una parte del tra- 
bajo cuando ocurrio la revolucion de 1830. Separada la Bdlgica desde 
este acontecimiento, su nuevo Gobierno continue la esploracion princi- 
piada de tal modo, que hoy tiene la Bdlgica su carta geologica. Los apu- 
ros rentisticos de Holanda impidieron la ejecucion de semejante trabajo 
hasta los lihimos auos, en que segun hemos dicho, se decidio el empren- 
derlos. En el presupuesto de 1852 se incluyo una partida de 10.000 
florines para este objeto, calculando que si se concedia la misma cantidad 
por espacio de seis auos, bastaria para Uevarse a cabo la empresa confia- 
da d una comision general compuesta de tres miembros, que son: los Sres. 
J. G. S. Van-Breda, presidente, F. A. W. Miquel, y W. G. H. Staring, 



446 

socretario, a la cual se agregaron ademas como miembros corresponsales 
20 personas residentes en diversos piintos del pais. V^ase en qui tdrmi- 
nos sc da cuenta on el informe de las invesligacinnes geologicas pracli- 
cadas sobre el tcrreno durante el verano de 1852. 

Esfas investigaciones ban tenido por objcto muchos tcrrenos de nues- 
tro suelo: los miembros corresponsales que habilan en el ducado de Lim- 
burgo, ban esludiado los terrenos de dpocas paleozoicas y secundarias de 
sus paises meridionales, y el ferreno hornaguero de Ilerkenradc se ba re- 
conocido por dos sabios de los mismos corresponsales que preparaban su 
descripcion, mientras que otros dos se ban ocupado del reconocimiento 
de las capas secundarias, y do compararlas con los terrenos de Bdkica 
que forman su continuacion. La creta de Maestricbt, que ofrece siempre 
tanto interns cientifico, sera indudablemente el principal objeto de sus es- 
tudios. TJno de nuestros paleontologos mas dislinguidos prepara una mo- 
nografia de los Crustaceos y Cirri'pedos de dicba formation, y confiare- 
mos a otro sabio, cuyos merilos respecto a la clase de Reptiles son conoci- 
dos de todos, el examen de los grandes Reptiles de Maestricbt, cuyos 
numerosos restos se hallan en las diferentes colecciones de nuestro pais. 
Wosotros hemos continuado las investigaciones geologicas de las fron- 
teras orientales del Over-Issel, principiadas hace mucbos alios por la So- 
ciedad de Industria de la provincia, y que produjeron descubrimientos im- 
portantes, babidndose abandonado solo por falfa de recursos pecuniarios. 
El resultado obtenido era de algun interns para la ciencia, porque se ha- 
bia encontrado en aquellas localidades un terreno secundario que podria 
ser continuacion del que constituye el Teiitoburger IFald, y rocas calcd- 
reas y arenaceas que aparecen ligeramente en la superficie del pais de 
Munster; y se esperaba ballar en beneficio de la industria piedra de edi- 
ficar, y materiales que pudiesen servir para la construccion de calzadas, 6 
para emplearse como cal bidraulica, con tanta mas razon cuanto que cer- 
ca de nuestras fronteras se esplotan con ventaja terrenos de igual natu- 
raleza. En Ootmarssum, donde se creia encontrar piedra arenisca de tes- 
tura mas dura y menos granulada que la de Bentbeim, el ^xito no ba cor- 
respondido a las investigaciones practicadas al efecto, babiendo ballade 
solamente capas tenues y cortadas en porciones angulosas, diseminadas en 
una masa de arcilla cuya profundidad es desconocida basta ahora, la cual 
tal vez pertenezca a la 6poca terciaria. Tambien se ha comprobado la pre- 
sencia de uiicleos margosos, que al parecer son analogos a los septarios de 
la arcilla de Londres, y en este caso serian a proposito para formar esa 
argamasa bidraulica conocida tan ventajosamente en Inglaterra con el 
nombre de cemento romano. Mas felices hemos sido en Losser, cerca de 
Oldenzaal; un reconocimiento seguido basta una profundidad bastante gran- 
de, ha dado por resultado encontrar capas de arenisca, de cuya invencion, 



447 

secfun hemos dicho, habian desistido los primeros esploradore?^ y hemos 
prohado que eslas capas, a la profundidad de 1 0°',son de tesfnra y dureza tal 
que las liace niny adecuadas para poder emplearlas como piedra de cons- 
trurcion. Durante la esploracion se ban descubierto mucbos moluscos fo- 
siles, circuaslancia que facilitara la delerminacion geologica de aquella 
roca; la mayor parte de ellos anuncian al parecer el lerreno neocomiano, 
el Hill del norfe de Alemania. La existencia de capas de marga, cuyo 
descubrimiento cerca de Lessor en la base de las capas areniscas es de- 
bido al celo de Mr. Eckhout, en Oldenzaal, sc ba comprobado lamljien en 
otras localidades de las cercanias del mismo sitio. De esperar es que la 
agricultura saque alguna ufilidad de este hallazgo. 

Igualmenle bemos fijado nuestra atencion en las capas de roca que 
se sabia constituian la parte inferior del suelo de la hacienda Uamada 
Willink, cerca de Winlerswyk. La proximidad de la greda blanca en las 
cercanias de Odiuk, la presencia de la cal carbonatada, y tal vez tambien 
la direccion e inclinacion de esas mismas capas, inclinan a presumir que 
corresponda a la formacion de la greda; pero desgraciadamente no se ba 
descubierto ningun fosil con cuyo auxilio pudiera fijarse definitivamente 
el caracter en las rocas. El Instiluto Real de Ingenieros se ocupa al pre- 
sente de bacer investigaciones con objeto de averiguar si esfa piedra pue- 
de servir para la preparacion de la cal bidraulica, mas entrelanto es in- 
dudable que se puede emplear en los caminos macadamizados: la cantidad 
que hay de ella es inagotable, y por tanto su esplotacion sera facil. 

Con el fin de preparar el estudio profundo de dichas capas secunda- 
rias, y facilitar la comparacion con el terreno analogo de Alemania, hemos 
emprendido una escursion a lo largo de nuestras fronteras orientales ha- 
cia los reinos de Prusia y Hannover. 

Los terrenes terciarios de Limburgo se examinan por los miembros 
corresponsales que se ocupan en la misma provincia del terreno secun- 
dario: se ha averiguado tambien su relacion con las capas terciarias de la 
B^lgica. 

La Comision ha dispuesio que se recojan moluscos fosiles de los alre- 
dedores de Delden, Eibergen y de Winterswyk, donde las capas arcillo- 
sas ofrecen un gran desarrollo, ocupandonos nosotros de su determinacion. 
Trabajo es este de un gran interns para la ciencia, a causa del lugar im- 
portante que llenan en la paleontologia terciaria los terrenes de Bdlgica 
correspondientes a esta ^poca, sobre todo desde que Mr. Lycll se ocupa 
de su estudio, y trata de aproximarlos a los terrenos de Inglaterra y 
Francia. Aqui bay ligada una cuestion de imporlancia, la de saber a cual 
de las diferenles capas de los terrenes belgas debe pertenecer la arcilla 
de Gueldre. 

Una de las primeras escursiones que hemos hecho fue hacia el canal 



448 
de Twickel, cerca de Delden, en Over-Issel, donde bace proximamcnte uu 
siglo descubri6 Luc la presencia de f6siles marines enteramente alejados 
de los mares actnales; senlando indudablemcnle asi cl fundainenlo do las 
obscrvaciones que mas tarde baliian de probar que la mayor parle del 
suelo do los Paises-Eajos no corresponde do ningun modo a los aluvio- 
nes marines 6 fluvialilcs modernos. 

Mienlras se levantan cartas de tal exactitud que sirvan para estudiar 
el terreno diluviano, bemos dispuesto que se reunan ejemplares de rocas 
del Gootland, del Veluwo en los alrededores de Elburgo, y cerca de 
las colinas proximas a Steenwyk, en tanto que uno do nosotros enrique- 
cia la colcccion con gran numero de ejemplares procedentes de las coli- 
nas de Locbem. Otro corresponsal ba examinado la colina diluviana y los 
aluviones modernos de la isla de Urk, en el Zuiderzee; isla cuyo terreno 
se parece mucho al de VoUenhoTe, Steenwyk y de Roode-Clif en Frisa, 
y que no es solo una roca, como queria la tradicion popular. 

A fin de facilitar el reconocimicnto do los terrenes modernos, y prin- 
cipalmente de los aluviones que censtituyen el suelo de la Ilolanda y de 
otras provincias llamadas man'limas, bemos creido necesario sondear el 
terreno en diversas localidades. La sonda ha bajado en Gouda basla la 
profundidad de 50 metres, y en Purmerande se bace en la actualidad 
un segundo sendee. Estes pozes artesianos, con los que podran abrirse en 
otras partes, juntamente con los pozes de Gorcum, Zeyst, Leida y Ams- 
terdam, aclararan sin duda suficientemente el mode de sucederse y formar- 
se las capas de dichas provincias: nosotros trataremos de reunir con este 
objete tedos los ejemplares que procedan de nuestros pozes artesianos. 



N.* 8. - REVISTA DE CIENCIAS. - Noviembre 1853. 



CIENCiAS EX4CTAS. 

ilLll^TROMOlIIJL. 



Aerolilos y estrellas fugaces. 
I. 

AEROLITOS. 

(Revue britaoniquc. Junto y agoslo 1853-) 

En todos los siglos y paises, entre los fen6menos conslan- 
ies y periodicos que presenla el cielo, se han notado los ras- 
tros repenlinos de una luz erranle e irregular, que de impro- 
viso aparecen brillantes sobre nueslras cabezas, y se pierden 
muy luegoen las llnieblas. Suelen ser globes resplandecienles 
que llevan movimiento rapido. Por lo comun afectan estos 
meteoros forma de eslreUas fugaces, que en ciertos liempos se 
agolpan en algunas paries del cielo. 

Anliguamente seniejantes apariciones escilaban eslupida 
admiracion, y el temor supersticioso solia toniarlas por pre- 
sagio de sucesos graves y proximos a realizarse. En todos tiem- 
pos se ha hablado de piedrascaidas del cielo en masas mas 6 
menos voluminosas, diciendose ademas quesu caida iba acom- 
paiiada de viva luz y de esplosion baslante fuerte. El sagrado 
escudo de Numa (Ancile), la santa Kaaba de la Meca, la espada 
del emperador del Mogol, y la gran piedra de la piramide do 
Cholulacn Mejico perlenecen alahisloriade eslos fenomenos; 
y cada uno de dicbos objelos dio margen a alguna tradicion 
popular, antes de que la analisis cientifica discutiera su na- 
luraleza y origen. 

29 



/i50 

Las picdras llaniadas aerolitos, aunquc mas maravillosas 
por muchos conceptos que los surcos luminosos llamados es- 
trellas fugaces, no merecian gcneralmenle que so hiciesc raen- 
cion de cllas sino do uii modo vago, sin diida por la razon de 
sor niucho mas raras que cslas. Apenas hacc medio siglo que 
la ciencia, sin qucrcrlo digamoslo asi , las ha admilido en el 
dominio dc su observacion, ocupiuulose mas bien en los ca- 
raclel'es fisicos de esas piedras caidas 6 no del cielo, que en 
los leslimonios historicos de su caida. 

Sin embargo, al esludio de.las piedras aoreas, aerolitos 6 
meteorilos, es a quien se debe el ardor con que los sabios han 
estudiado tanibien los demas meleoros. ' I'or admirables que 
semejanles fenomenos sean en si mismos, era lal la irregula- 
ridad de su aspecto y apariciones, que no parecia posible po- 
derlos sujetar a aquel orden de clasillcacion que consliluye la 
base de la verdadera ciencia. Durante siglos enleros, y aun en 
liempos modernos, los fisicos se conlenlaban con la idea vaga 
de un gas inflamable somelido a una accion eleclrica ejercida 
en las altas regiones de la almosfera. El vapor desprendido 
de los panlanos, inflamandosc en lo alio de la almosl'ora, y los 
relampagos con lodas sus formas variadas, olVecian esplica- 
ciones Ian plausibles, que no se creia necesario tener que re- 
currir a ninguna otra indagacion. Cuando Franklin, hara un 
siglo, saco las primeras chispas de unanube lempesluosa, se 
creyo haber hallado en ese hecho la causa de lodos los feno- 
menos meleoricos; posteriormcnle se ha comprendido queaiin 
babia algo mas que indagar. 

Desde que se supo que la aparicion de los meleoros va 
algunas veces acompafiada de la caida de piedras 6 raalerias 
terreas 6 raelalicas,.se miro con mayor interes csa clase de 
iudagaciones.Inlervino laquimica, y por medio de ella se de- 
moslro la composicion particular y liomogcnea de esos cuer- 
pos que por Ian raros caminos Uegan basla nosolros. Enlonces 
la ciencia creyo deber fijar mas especial menle su atencion 
en unos hechos que ofrecian tanta novedad. Casi en la mis- 
ma epoca se erapezo a indagar mas escrupulosamente la al- 
tura , direccion y celeridad de eslos meleoros, y particular- 
mcnle de las eslrellas fugaces en tanlo que se mostraban lu- 



4S1 

ralnosas. Las indagaciones de la ciencia, aunque rodeadas de 
muchas dificullades, propendian cada vez mas a siiponcr la cau- 
sa deesosfenomenos rauy dislante de nuestro globo. Sedemos- 
troque dicha causa acaecia sobre la atmosfera lerrestre; que 
los meteoros atravesaban cl espacio con grande celeridad; y 
que la naluraleza de las lineas 6 trayectos qua recorrian, supo- 
nia otras fuerzas que las de la simple gravilacion hacia el 
cenlro de la lierra. Cuando al resultado de tales indagaciones 
sehan acumulado modernamenle hechos notables, como por 
ejemplo el regreso periodico de las estrellas fugaces, ha te- 
nido que fijarse la cuestion en la de los grandes cuerpos pla- 
netarios, y por lo tanto se ha hecho cosmica. 

Hemos querido principiar por estos detalles preliminares, 
porque siempre es interesante el trazar las nuevas fases que 
una ciencia recorre desde que, partiendo de ideas groseras, 
indigestas y supersliciosas, que refieren hechos aislados, se va 
gradualmente elevando hasla laspruebas exactas, y hasta de- 
terminar las leyes que las rijen. Lo mas instruclivo que ofre- 
ce el esludio filosolico del mundo material es lo que direc- 
tamente se refiere alhombre, abriendose pasoalpoder y a la 
ciencia, en medio de los eleraentos que le rodean (1). 

Despues de haber hecho entrara los meteoros en el do- 
minio de la ciencia, fallaba coordinar los fenomenos meteo- 
ricos, a fin de proceder en seguida a la indagacion de sus causas 
y relaciones fisicas. ^Oue origen podia atribuirse a esas apa- 
riciones tan vagas y variadas con relacion al tiempo, lugar, 
lamano y brillo? Lo mas seguro parecia que debia ser ate- 
nerse por de pronto a la simple division que nos presentan 
los mismos aspeclos de que hemos hablado, sin referirlos a las 
causas fisicas que indudablemente intervienen en sus varia- 
ciones. En primcra linea se nos presentan los globos lumi- 
nosos, las bolidas, que aparecen de improviso con cierlosca- 
racteres de que luego hablaremos. A continuacion figuran las 



(l) Muy bien dijo Laplace, que: El conocimienlo del metodo que ha 
servido de guia al hombrc de talcnto, no es menos litil a los progresos 
de la ciencia y ^ la propia gloria, que sus descubrimientos. 



452 
estrellas fugaces, propias de lodos los lienipos y paises, pero 
mucho mas nuraerosas en cierlas epocas, y que suelen ser 
vistas con mucha mas frccuencia en el diafano cielo de las 
regiones Iropicales. Uilimamcnte sigucn los aerolilos, 6 sea 
piedras melcoiicas, (lifeicnciandose onlrc si por su forma y 
tamafio, y prescnlando divcrsos caracteres, que raanifieslan 
un origen comun, pero enteiamente eslrafio al planeta sobre 
que vienen a caer. 

Una vez empefiada la ciencia en hacer indagaciones acer- 
ca de los meleoros, era natural que pidiera ii la historia y a 
la tradicion, datos y lestimonios sobre los fenomenos del ge- 
nero en cuestion observados 6 mencionados en los tierapos 
antiguos. Asi fue como la ciencia pudo adquirir una mullilud 
de hechos curiosos, lanto en los escritores clasicos de Grecia 
y Roma, como en los documenlos de la edad media y liempos 
posteriores. Los bistoriadores antiguos los indican con mas 6 
raenos detalles, variando asimismo en los mas 6 menos grados 
de fe que tales hecbos les inspiraron. Los naluralistas de la an- 
tigua Grecia y Roma, desde Aristoteles basla Seneca y Plinio, 
dejaron dcscripciones baslanlelatas para que no tengamosdu- 
da de que los fenomenos observados en sus tiempos, en nada 
se diferenciaron de los que nosolros hemes podido presenciar. 
Algunos de aquellos bicieron aim mas, pues inlenlaron es- 
plicar las causas de semejantes fenomenos; y cierlaraente que 
sus esplicaciones no estarian enteramente fuera de lugar fi- 
gurando entre las bipotcsis de fecbas mas recicntes (1). 

Tito Livio nos ba becbo familiares la frases, lapidibus 
pluit, crebri cecideriint a coclo lapides, etc. Esquiles bace alusion, 
en un fragmento que posccmosde su Prometco libertado, a una 



(t) S(Fpe etiam Stellas, venlo impendente, videbis 

Prcecipiles calo iabi, noctisque per umbram, 
J/ammarum longos a tergo albescere traclus. 
(ViRG. G. 1,365.) 
Esto mismo dijeron Plinio y Teofrasto. Si hubiera alguna cone- 
xion entre la aparicion de las estrellas fugaces y el viento, consistiria sin 
duda en que ^ste arrojaria vapores capaces de ocullar el resplandor de 
aquelks. 



453 
lluvia de picdras redondas lanzadas de una nube enviada por 
Jupiter. El hecho mas notable de esle genero de que se ha- 
ce mencion en la anligiiedad, es la caida de una gran piedra 
sobre TEgos-Potamos, en el Helesponto, durante la septuage- 
siraa octava olimpiada (poco mas 6 menos en la cpoca inme- 
diata al nacimiento de Sot-rates). El silio en que cayo se liizo 
posteriormente ceiebre por la victoria que Lisandro alcanzo 
de los Atenienses, y que por cierlo tierapo lossomelio junla- 
mente con toda la Grecia a los Lacedemonios. Dijose que 
Anaxagoras babia pronoslicado que aquella piedra caeriadel 
sol. Sin duda, como en otros muchos casos, el pronostico se 
ajusto al aconleciraienlo. Aristoteles y el autor de la cronica 
de Pares, hablaron espresamente de este particular. Diogenes 
de Apolonia dijo tambien que la piedra de ^gos-Polamos'cayo 
rodeada de llamas. Pero Plinio, y Phitarco particularmente, 
afirman que en su tiempo, mas de 500 anos despues del su- 
ceso, se hallaba visible dicha piedra. Las palabras de Plinio son 
caracteristicas: Qui lapis eliam nunc oslendilnr ma fjniludine ve- 
ins, colore adusfo', en seguida a esta particularidad afiade que 
un comcta abrasador acompano su caida: es decir, que era 
una bolida (1). 

No ballamos razon para dudar de la autenticidad de este 
relato, que acaba de verificarse de un raodo admirable por 
medio de las palabras ro/ore aduslo. Si dicha piedra conserve 
hasta la epoca de Plinio el voliimen que se le atribuye, no es 



(1) Plutarco (Lys.) refiere espresamente que habia sido consagrada 
por los habitantes del Quersoncso, y habIa de sus grandes dimensfones, 
asi como de una nube 6 globo de fuego que acompauo a su caida. Ea su 
libro de Placif. Philos. vuelve a hablar de ella como «dc un aslro pdtreo 
que descendio hecho un ascua». Plinio hace mencion de una piedra me- 
teorica de menor voliimen, religiosamente conservada en el gimnasio de 
Abidos, y que segun decian habia sido nnunciada por Anaxagoras. Esia 
coincidencia de tiempo y lugar podria dar margen a creer que las dcs 
piedras provenian del mismo meteoro. Mas adelante habla el mismo 
autor de iina piedra cuya caida era mas reciente, y que el habia visto en 
Vocontii (Galia Narbonense). Este lugar es el que hoy sc llama Vaison. en 
Provenza. 



454 

del lodo imposible que se la vuelva nuevamenle a descubrir. 
No seria estrafio que algun rcstode tradicion ayudara a hacer 
este descubrimienlo, pues sabido esquc la liadicioii subsiste 
pasando por siglos, gobiornos, y hasla revoluciones ocurridas 
en la raza de los babilanles. Seguii nucstras noticiasson muy 
pocas las diligcncias hechas para encontrar este anllguo ae- 
rolilo. Causanos admiracion que alguiio do los nunierosos 
viajeros por el Orienle no haya robado algunos dias al exa- 
men de los serrallos, mezquilas y bazares de Conslanlinopla 
(y mejor sera decir, a la vida licenciosa del palaclo de Pera) 
para consagrarlos eselusivaraenle a enconlrar Ian inleresante 
curiosidad. No es Ian vulgar la gloria que resulla de un des- 
cubrimienlo, para que un viajero se desdene de aspirar a ella. 
En el caso a que nosreferimos, seria suficienle paraeternizar 
el nombre del que lo realizara, y adenias le procurnria la gra- 
ta salisfaccion de baber enriquccido a la clencia al mismo 
tiempo que a la bistoria (1). 



(l) Aunque sobre el sitio en que cayo dicha piedra no hay mas 
indicacion que el nombre de jEgos-Potamos, es suficiente para circuns- 
cribir la localidad que seria oportuno cxaminar. Diceu los antiguos ge6- 
grafos, que en aquellas inmediaciones babia una ciudad llamada iEgopo- 
tami, que pertenecia a la ribera tracia del Helesponto; de esta misma de- 
nominacion podemos inferir que babia tambien uno 6 dos rios. La des- 
cripciou del lugar en que Lysandro alcanzo su famosa victoria, su situacion 
respeclo a Larapsaco (que abora se llama Lampsaki), contribuirian a fijar 
los limites de la esploracion. 

Apenas nos atreveriamos a esperar que se descubriese ningun resto 
de la piedra tan grande cuya caida se observo en Kami en 921, y que 
dominaba, segun dicen, en cuatro pies de altura a la corriente del rio en 
que habia caido. 

No se llevara a mal que se afiadan dos pasajes tomados de los antiguos 
historiadores. 

I.° En el momento en que Lucullus iba a atacar al ejercito de Mi- 
tridates, «babiendose rasgado siibitamente el cielo, se vio caer enlre am- 
bos ejercitos un cuerpo que por lo tocante a su tamauo parecia un tonel, 
y por su color a un pedazo de plata enrojecida por el fuego.» (Plut. Lu- 
cul. HI, 146, 147, edic. de Reiske. V^ase asimismo Rollin, H. R. II, 800.) 
CPanteon literario.) 



/i5o 

Si los historiadores anliguos de Grecia y Roma, si nues- 
tra edad media en Europa no nos facililan mas que vagas no- 
cioncs per lo locante a los aerolites, no sucede io mismo con 
los chinos, con aquel pueblo singular cnyo idioma, inslilu- 
ciones y modo de discurrir nos podrian dar lugar a crecr que 
lambien ellos ban vcnido a parar a nuesiro globo proce- 
diendo de algiin planela desconocido. La Cliina posee catalo- 
gos autenlicos de meteoros nolables de loda ospecie , inclu- 
sos los aerolitos, que se pudieron obscrvar desde 2.400 anos 
antes. A fin de dar una idea de los delalles que ofreccn aque- 
llos catalogos, cuya Iraduccion sc debe a Mr. Ed. Biot, do 
feliz memoria, bastara decir que en los ties siglos Irascuiri- 
dos desde el 950 al 1270 de nueslra era, no se ban obscrvado 
menos en aquel pais que 1479 meteoros. Hay que advertir 
que los que praclicaron esas observaciones estaban al parecer 
reveslidos de un caracter oficial (1). 

La ciencia europca no ha principiado a rlvalizar con tan 
singulares documenlos hasta hace muy pocos anos. En vano 
las caidas de piedras se ban multiplicado en Francia, Ingla- 
lerra, Alemania, Italia y otros paises; las unicas memorias 
conocidas sobre este asunto antes de la de Chladni son las 
del jesuita Domenico Troili, y de otro autor de quien habla- 
remos mas adelante. La obra de Chladni. publicada en 1794, 
forma epoca en el esludio de los meteoros. Este celebre fi- 
sico, mas conocido por sus trabajos sobre las superficies vi- 
branles, fue el primero que recojio ejemplos autenticos de 
los aerolilos. Su catalogo, que en lo sucesivo adquirio gran- 



(tEl tempio de Minerva fu6 abrasado por un Prester. (Xenof. 11. 1, 3, 
init.) Sabido es que Prester significa lo mismo que scrpicnlc de fuego. 
La introduccion en el idioma griego de una palabra que puede aplicarse a 
todas las apariciones igneas metcoricas, ^no pcdiia probar que esta clasc 
de apariciones no fue rara en los tiempos anliguos? 

(l) Mr. Biot saco las obeer-vaciones de la obra de Ma-touan-lin, au- 
tor distinguido que vivia a fines del siglo XIII , tomandolas desde el si- 
glo VII antes de Jesucristo basta 9G0. Los tres siglos siguienles per- 
tenecen a los anales de la dinastia de Soung, que domino en la China 
durante cse periodo. 



456 

de eslension, no ha dejado de ser muy util. Apenas habia 
hasla la epoca aquella un solo sabio que se hubiese ocupado 
en semejante asuiilo, 6 lo bubiera crcido apoyado en prue- 
bas. Ropier, Ilalley, Maskelinc y otros no hicieron mas que 
tocar superficialmenle la bisloria 6 la leoria de las piedras 
raeteoricas. Sin embargo, en esle particular parece que se 
debia otorgar conlianza a la bisloria, pues los hechos de que 
se Iralaba cran de lal condicion, que ni la fantasia ni el te- 
mor dificilmentc podian allerarlos 6 desfigurarlos. Se ban 
visto meteoros; se ba oido una esplosion; al mismo liempe 
ban caido piedras, que con frecuencia ban sido descubiertas 
y examinadas en el mismo momcnlo de su caida; olras veces 
no ha caido mas que una masa caliente, 6 bien ban sido tan 
numerosos los cuerpos caidos , que ban dado idea de una 

lluvia de piedras hechos son estos tan scncillos y termi- 

nantes, que no podriamos menos de crcerlos, aun cuando 
para atestiguar su certeza no hubiese mas autoridad que la 
de los hecbos analogos ocurridos en nueslros dias. Aqui en- 
contramos uno de aquellos numerosos ejcmplos de verdades 
que, habiendo sido reputadas por tales en la antigucdad, se 
eclipsaron y permanecieron durante algun tiempo en descre- 
dito, para volver luego a brillar, y ser apoyadas con fuer- 
tes teslimonios de inesperado origeu. El crisol del quiraico 
y el ojo practice del mineralogista ban demostrado en los 
aerolites, hecbos que ninguna conjelura se bubiera atrevido a 
anticipar, y en vista de los cuales no ban podido menos de 
prestar su asenso los incredulos. 

La piedra que en 1795 cayo en AVold-Coltage (Yorkshire) 
fue una do las que mas contribuyeron a esta conversion. Su 
caida fue presenciada por dos personas que habian primera- 
menle oido una esplosion en la almosfera. Sacaronia de la 
lierra, en que habia penclrado 18 pulgadas, y se vio que pe- 
saba M libras. Aforlunadamenle fue a parar a manos de un 
habil quimico de aquel tiempo, Mr. Howard, que en 1802 
public6 la analisis de ella en las Transaccioncs filosoficas. A 
pesar de eso, cuando Pictet, que acababa de llegar do Ingla- 
terra, leyo al Institute de Francia una comunicacion sobre 
el particular, encontro tal incredulidad, que luvo que ha- 



457 
cer una especie de esfuerzo para poder leerla hasla el fin. 
De alii a un mes Vauquelin presento al Institulo una ana- 
lisis que acababa de hacer, y que confirmaba plenamente 
la de Howard. Algunos meses despues, un gran numero de 
piedras, dos 6 tres mil, una verdadera Uuvia de piedras me- 
leoricas cayo en Aigle (Normandia); y al mismo liempo se 
supo que olra abundante Uuvia del mismo genero habia cai- 
do en Benares, sobre el Ganjes. Finalmenle, por todas par- 
tes se fiieron multiplicando las pruebas. Vamos a insislir en 
el aconlecimiento de Normandia, porque esle fiie el que dio 
lugar a una curiosa indagaciou, dirijida sobre el mismo ter- 
reno por Mr. Blot. No solo pusieron el celo y habilidad de 
esle sabio en evidencia la aulenticidad del hecho, sino que 
facilitaron la prueba de otra mullitud de incidentes acceso- 
rios que acompafiaron al fenomeno, y que son de grande im- 
portancia para la leoria de esla especie de caidas. La mas 
imporlante de eslas consideraciones de segundo orden fue la 
demostracion de que el raeteoro de dondc las piedras se ha- 
bian desprendido, habria tenido necesariamente que seguir 
una direccion oblicua al horizonte (1). El convencimienlo de 
un hombre de las prendas de Mr. Blot, fundado en su inves- 
tigacion personal, puede muy bien ser considerado como se- 
gundo periodo de la hisloria de los aerolites. 

La repeticion de lantos ejemplos recienles, unida a lo que 
las tradiciones antiguas referian sobre el particular, hizo des- 
aparecer todas las dudas. Asi es que al publicar Chladni su 
segunda y mejor memoria en 1819, acompaiiada de un nu- 
meroso calalogo de caidas de aerolitos con espresion de la 



(l) Esto se dedujo ingeniosamente, al observar que el contorno de la 
superficie sobre que las piedras se babian dispersado era eli'ptico y no 
circular, como deberia haber sido si hubieran caido vcrticalmente. El 
meteoro era redondo, grande y brillante; oyeronso esplosiones en un di- 
latado cspacio; y las piedras estaban calientes y exbalaban un pronun- 
ciado olor de azufre. Mr. Biot no dice que la marcba del meteoro era 
oblicua al horizonte, sino que las esplosiones duraron 5 6 C minutes. H^ 
aqui cual fu(S la verdadera causa de la eliplicidad del lerreno sobre que 
se verifico la caida de las piedras. 



458 
fecha y pais en que habian ocurrido, lodo el mundo cienli- 
fico aceplo el lieclio sin restriccion algiina. Chladni avanz6 
un paso mas, alribuyendo iin origen meleorico a cierlas ma- 
sas feiTuginosas de aspeclo singular balladas en varias regio- 
nes, de que no se tenian sino confusas Iradiciones, aun cuan- 
do no faltaban absolutamenle algunos indicios. Estas niasas, 
algunas de las cuales son de gran peso y volunien, aparecen 
enleraraente eslranas a las localidades en que se encuentrau, 
y por lo general presenlan baslanle semejanza con los aeroli- 
los, para jiislificar el nombie de bieiro meleorico que se les 
ha dado. El peso de la mayor do todas las conocidas se va- 
liia en 14.000 libras (4.717 quilogs.), y esta siluada en 
Olumpa (Brasil), en un teneno en que ni hay hierro ni nin- 
guna especie de masa petrea.Oira de lamano algo inferior ha 
sido descubierta cerca de Bahia; y finalmente olra mas pe- 
quena , pero menos dislanle de nosolros, ocupa un puesto 
cerca de Andernach, y creese que su peso sera de unas 
3.300 libras: mas como la region en que se halla siluada es 
volcanica, puede tenerse alguna duda acerca de su origen. 
La analisis que de ella hizo el profesor Bischoff de Bonn de- 
moslro la existencia de hierro melalico, con una pequena 
proporcion de nikel, cuya circunslancia garanliza la natura- 
leza raeleorica de semejante masa. Pallas describio olro ejem- 
plar del mismo genero, que cxisle en el Museo imperial de 
Petersburgo. El fragmento analizado se componia de hierro 
dulce, esponjoso y olivine. Los larlaros que viven en las 
inmediaciones del silio en que dicha masa fue hallada, con- 
servan la Iradicion de que cayo del cielo. Eslo dicen tam- 
bien los mongoles respeclo de una roca negra de 40 pies de 
alio, siluada cerca de las fuenles del rio Amarillo. No tene- 
mos nolicia de ninguna Iradicion respeclo de la gran piedra 
del Brasil. 

Anles de pasar a la teoria de los cuerpos que se consideran 
haber sido lanzados sobre la lierra, conviene decir algo mas 
acerca de su composicion quimica. Esla composicion, no so- 
lamenle es notable por si misma, sino que ademas liene es- 
trecha relacion con su leoria, y con olras consideraciones de 
alto interes. Si se reunen los resullados de las mejores anali- 



459 
sis hechas hasta el presente, se ve que el numero de elemen- 
tos reconocidos en los aerolites asciende a 19 6 20, lo cual 
forma cerca de la tercera parte de las suslancias elcmenlales, 
6 consideradas como tal, que se hallan en la lierra. Adcraas, 
lodes los elementos que entran en la composicion de los ae- 
rolilos pertenecen a nuestro globo, con la diferencia de que 
nunca se presenlan combinados del mismo mode. ISinguna 
sustancia nueva se ha dcscubierto aiin por ese caraino. El 
mas abundante de los melales lerrestres, el hierro, es el que 
domina tambien en los aerolitos, de los cuales forma a ve- 
ces mas de las nueve decimas paries. Eslas pledras admi- 
ten ademas otros siele metales, a saber, el cobre, el esla- 
fio, el nikel, el cobalto, el crorao, el manganese y el mo- 
libdeno , que con mucha variedad enlran en su composi- 
cion. El nikel y el cromo son los que mas generalmenle se 
hallan en esta, mas uinguno compile con el hierro en lo re- 
lativo a la cantidad. Ademas, en diferentes aerolilos se ban 
encontrado seis alcalis, que son la sosa, la polasa, la magne- 
sia, lacal, la alumina y la silice. Por ullimo, el oxigeno pue- 
de tambien figurar en el numero de los componenles de los 
aerolilos, y tambien podemos conlar entre ellos al carbon, 
azufre. fosforo e hidrogeno. 

Por lo tocante al mode de corabinacion de eslos elemen- 
tos, cada aerolito presenta estremada diferencia. Algunos po- 
cos, por ejemplo los examinados por Berzelius y Rose, con- 
tienen olivine, augila, hornblenda y olros ininerales lerres- 
tres muy parecidos a cierlos compuestos crislalinos que en- 
contramos en nueslro globo. Alendida la gran cantidad de 
hierro que se encuenlra en dichas piedras, eslamos auloriza- 
dos para decir que este metal, que tan inleresanle papel des- 
empeua en la formacion de nuestro globo, es mas predomi- 
nante aiin en las regiones del espacio, 6 en las agregaciones 
de materia desde donde aquellas piedras ban side lanzadas 
a nueslro globo. 

Estos resullados curiosos e inesperados, escitaran aiin mas 
vivo interes cuando prosigamos nueslras indagaciones acerca 
de la naluraleza de los aerolitos, supueslo que son como 
unos ejemplares del eslado en que se halla la materia fuera 



m 

del planela que habilamos. En tanto que volvemos a halilar 
de ellos bajo esle punto de visla, diremos que nos alienla la 
esperanza de que esas analisis se repeliran esmeradamente 
sierapre que haya ocasion de poderio liacer, a fin de que se 
pueda Ucgar a una generalidad dc hechos mas estensa y 
exacta, y acaso al descubriraiento de algun cuerpo elemental 
desconocido en la lierra. El siglo que hace circular la pala- 
bra humana a lo largo de los alambres, por debajo de les 
mares, y atravesando rocas; el siglo que bace producir a la 
luz del sol las mas delicadas iraagenes del bombre y de los 
objetos nalurales, bien puede pedir a la quiraica nociones so- 
bre alguna olra materia mas que la que uos rodea en esta 
tierra. No carecemos de fundamento al aplicar a la ciencia 
de nueslros dias una maxima de antigua fecha, emitida bajo 
otro conceplo: Si computes annos, exigiium tempus; si vices re- 
rum, cPMim pules. 

Faltanos indicar brcvemente los caracteres fisicos que 
distinguen a estos cuerpos singulares. Por de pronto diremos 
que su estado es fragmenlario, pues en cfecto se presenlan al 
parccer desprendidos de masas mucbo mayores. Su peso es- 
pecifico varia mucho segun la proporcion de los cuerpos me- 
talicos que contienen, y por lo regular fluctua entre dos y 
y siele veces el peso del agua. El termino medio escede en 
mucho al peso de las sustancias minerales que existen en la 
superficie de la lierra, quedando sin embargo muy inferior al 
termino medio de aquellas que se hallan en la proporcion 
de 0,5. Los aerolitos presentan olro caracter general y digna 
de notarse, y es el de estar recubierlos de una costra bri- 
Uante y negra, las mas de las veces muy delgada. El aspecto 
y organizacion de esla cubierta denota la accion viva y pa- 
sajera del calorico, que no ha lenido liempo de penetrar mas 
profundamente en la masa. No puede decirse, sino por una 
aproximacion acaso incierta, cual sea la velocidad de los ae- 
rolitos al acercarse a nuestro globo. Las observaciones sobre 
el particular se limitan por lo general al tiempo de la apari- 
cion del meteoro que precede a su caida. Algunos fisicos, en- 
Ire ellos Mr. Olbers, les ban supuesto una velocidad media 
do 20 millas (32 quiloraelros) por segundo. Esla gran veloci- 



461 
■dad esla confirmada por la profundidad con que algnnos de 
ellos ban penetrado en la lierra. Esla velocidad, como lo va- 
mos a ver, abre un importante camino para la solucion de 
diversas cuesliones relativas a la teoria de estos cuerpos. 

Puestos asi fiiera de duda los hechos principales concer- 
nientes a los aerolilos, es necesario Iralar de indagar su ori- 
gen. Pocas cuesliones podra haber mas interesanles, tanto 
para los que cullivan la ciencia como para los que no eslan 
iniciados en ella. ^,De donde vienen esas piedras, de las que 
algunas son tan dignas de nolarse por su lamano y por su 
composlcion? ;Oue fuerza es la que las impele hasla la lierra? 

No podra acaso imaginarse que ban llegado a proponerse 
cinco soluciones para responder a estos problemas; mas bien 
diremos seis, si admilimos por un inslante la idea de que los 
aerolilos son produclo de nueslros volcanes; esto es, piedras 
que habiendo sido lanzadas por las erupciones volcanicas, 
parlicipan durante algun tiempo del movimiento de la lierra' 
y al ultimo caen sobre su superficie. Mas esla es una bipote- 
sis que nadie sostiene ya. 

Olra suposicion que tambien atribuye a los aerolilos un 
origen terrestre, no liene lampoco mas solido fundamento ni 
mayor probabilidad. Con arreglo a ella las piedras no caen, 
sine que los relampagos, esto es, la eleclricidad, toraando 
una forma meteorica, une por medio de la fusion las lierras 
y los metales que se ballan en el punto sobre que la eleclri- 
cidad ha caido; y por ultimo, habiendo aquella nueva masa 
adquirido solidez, habria tornado tambien la ligura que se 
uota en los aerolilos. Para refular esla suposicion, basta no 
perder de vista la composicion, el lamano que presenlan al- 
gunos aerolilos, y fmalmenle el gran numero en que suelen 
alguna vez aparecer. Por lo demas, esla idea, que jamas ha 
sido defendida sino de un modo vago, fue abandonada hace 
ya mucho tiempo. 

Olra tercera esplicacion ban ideado los que siguen soste- 
niendo el origen terrestre de los aerolites, y se reduce a supo- 
uer que su formacion ba sido becha en la almosfera. La dificul- 
tad que presenlaba la idea de toner que salir de los limites de 
nuesfro globo, reclulo raucbos parlidarios a esla opinion. 



462 
Para soslenerla se valian de la idenlidad de las malerias 
de los aerolites con las que suclen enconlrarse en la lierra. 
Admilian que todas esas sustancias se ballaban en la almos- 
fera en sumo grado do alcnuacion, y suponian que siendo 
esos elementos repenlinamcnlc pueslos en conlaclo y amal- 
gamados poralguna accion casual, sea clcclrica, sea de cual- 
quier otro genero, se corabinaban formando el aerolilo, que 
luego por su peso natural tenia que caer precipiladamente 
hacia nueslro suelo. La auloridad de csta teoria se fundaba 
en la obra titulada Lilologia atmosferica, debida al Dr. Izarn, 
quien tuvo ciertamenle el merilo de suministrar dales hist6- 
ricos, pero cuya imaginacion bacia deserapenar un papel de- 
masiado considerable a oqucllas masas esfericas de vaperes 
metalicos y lerreos aislaclas unas de olras, y pueslas, segun 
la opinion de dicho doctor, en las alias regiones de la atmos- 
fera. Vauquelin, a quien Izarn habia dedicado su libro, lo re- 
fulo decididaraente. 'Trefiero, dijo aquel sabio, creer que las 
tales piedras provienen de la luna, a lener que suponer que 
las sustancias que reconocemos per mas fijas se encuentran 
suspendidas en la atm6sfera en lal canlidad, que pucdan pre- 
ducir cencrcciones Ian considerables come algunas de las 
que, segun se dice, ban caido sobre la lierra (1).'' ^,C6mo pue- 
de concebirse que el bierro, nikel, silice, magnesia, etc., se 
liallen suspendidas en la atraosfera, ocupando per afiadidura 
las capas mas elevadas de ella, en tanto que la analisis mas 
ingeniosa no ha pedido indicar ni vesligies de dichas sustan- 
cias melalicas en las capas mas inferiores? ^Come se podria 
tampoco probar que seraejanles malerias, diseminadas en es- 
lado de la mas cempleta alenuacion, puedan siibilamente re- 
unirse para formar cuerpos s61idos tan cempactos? Para que 
la fuerza cenlripela produzca la agrogacien de la materia, es 
menester que se ejerza en una grande masa; y el becbo es 



(l) Hay que advcrtir que Vauquelin habI6 con el mayor comedi- 
miento de la obra de Izarn, y que aunquc no disfraz6 la vcrdad, milig6 su 
dureza con las mas blandas espresioncs. (Fe'anse los Jnales de la Quimica, 
XLVIII, 225.) 



463 

que aim no se conoce ningiiiia potencia fisica capaz de pro- 
ducir semejante efccto. Puede oponerse a la leoria alraosfe- 
rica otra objecion mas posiliva, fundada en la direccion del 
movimienlo y caida de las bolidas. En efeclo, si eslas por 
una causa, sea la que quiera, Uegasen a forraarse en la at- 
mosfera, caerian siguiendo la vertical, y no en lineas inclina- 
das, como generalmenle sucede, segun se ha demoslrado. 

No pudiendo, pues, suponerse el origen do los raeleoros 
en los limiles de la accion lerrestre, se conjeluio que debia 
colocarse en la luna. Esla procedencia fue dispulada y soste- 
nlda por sabios de primer orden. Se ha dicbo que lo maravi- 
lloso engendraba la sabiduria, y que algunas veces se anli- 
cipaban las simples conjeluras a las indagaciones y resullados 
de la ciencia positiva. Hacia el auo 1660 tuvo lugar en Milan 
una caida de piedras que mataron a un fraile (notese que esle 
es uno de los tres 6 cuatro ejemplos que se cilan de muerles 
ocurridas por esle fenomeno). Pablo Terzago, naluralista de 
aquella ciudad, se valio de semejante ocasion para publicar 
sus conjeturas acerca de que aquellas piedras podian prove- 
nir de la luna. De alii a 134 auos se observo en Siena otra 
caida de piedras muy numerosas, que escilaron el genio mas 
elevado de Olbers. Este sabio aslronorao aleman reprodujo la 
idea emilida por el naturalista lombardo, y que sin duda ha- 
bia estado olvidada por mucho ticmpo. En 1793 Olbers irat6 
de indagar cual debia ser la velocidad inicial necesaria para 
lanzar desde la superGcie de la luna un cucrpo que pudiera 
llegar a nuestro globo. De sus calculos dedujo que esla ve- 
locidad deberia ser de cerca de 8.000 pies por segundo. La 
teoria del origen lunar, y la cueslion dinamica que presenla, 
Uamaron pronlamenle la atencion de los sabios. En diciem- 
bre de 1802 leyo Laplace en el Instilulo un discurso de un 
atrevimienlo y elegancia dignas de notarse, que impulso y 
sanciono a un mismo liempo los calculos de Olbers. 

En la fecha que se leyo esle discurso, no hallaban las ana- 
lisis de las piedras meleoricas hechas por Howard, y las con- 
secuencias que de ellas dimanaban, mas que incredulos en- 
Ire los miembros de la clase cicntifica. 

Al nombre de Laplace podemos anadir olros no menos 



464 
iluslres: Poisson, Biot y Berzelius se hicieron sucesivamente 
parlidarios de la hipolesis del origen lunar. Los calculos que 
volvieron a hacerse acerca de la fuerza dc proyeccion nece- 
saria, acabaron de juslificar los resullados oblenidos por Gi- 
bers. La cueslion permanecio y permanece aiiu en ese esla- 
do. Sabldo es que el hcmisferio que la luna nos presenla 
conslantemente conliene monies rauy elevados y numerosos 
craleres, cuya semejanza con nueslros volcanes seria comple- 
ta si no fuesen mayores y mas profundos que eslos (1). Por 
lo tocante a que en ellos existe 6 ha exislido una fuerza ca- 
paz de romper, elevar y lanzar, no puede lampoco lenerse 
duda alguna. Luego si las obscrvaciones astronomicas nos 
dan a conocer que nuestro satelite no tiene almosfera, ni ma- 
res, ipor que no hemos de conceder que pudiendo las pie- 
dras ser lanzadas sin que se oponga una presion atmosferica, 
tengan impulse suficiente para pasar los limites de la atrac- 
cion lunar y Uegar al dominio de la atraccion terrestre? Los 
calculos que acabamos de mencionar convienen en que una 
velocidad inicial cinco 6 seis veces mayor que la de una bala 
al salir de la boca del canon , podria trasporlar a una piedra 
a tal distancia que no volviese a caer sobre la luna; en cuyo 
caso, entrando la piedra en el circulo de nuevas alracciones, 
principiaria una serie de revoluciones indefinidas, 6 caeria 
sobre el cuerpo que tuviese baslante poder para alraerla. 
Berzelius avanzo aiin algo mas, adoplando esa misma hipo- 
lesis. Teniendo presenle la composicion quimica de los ac- 



(l) Nuestros lectores que estdn versados en los conocimieutos as- 
tronomicos, no ignoraran el valor de las obras de Schroeter, Beer y Moed- 
ler sobre la luna. Ko son tan conocidas las singulares obscrvaciones de 
Mr. Kamsyth, de Manchester. Este observador liraito su examen a una 
pequeua porcion de la superficie lunar, poco mas 6 menos de las dimen- 
siones de Irlanda, y conocida en la topografia de nuestro satelite cou el 
nombre de Morolychus. La observacion limitada es generalmentc fe'rtil. 
Despues dc varios alios do asi'dua aplicacion, cl curioso observador llego 
a conslruir en grandc escala un mapa en relieve, que hace rcsaltar mara- 
villosamentc el caractcr volcanico de la superficie lunar, asi como los 
grandes cambios sufridos por las dislocaciones y levantamientos do ter- 



46f) 
rolilos, emitio la ingeniosa conjetura de que una de las fase» 
de la luna contiene un esceso de hierro, con cuya circuns- 
taucia podria esplicarse muy bien cl por que aquella superfi- 
cie esta constantcmcnte vuella bacia la lierra, que posee una 
fuerza magnetica. 

Esta hipotesis ha sido desechada, no lanlo por pruebas 
negalivas, como por carecer de una demostracion mas evi- 
dente, y sobre todo porque ha cedido ii olro modo de ver que 
enlaza mas direclamente el fenomeno de los aerolitos con los 
que presentan los demas meteoros para reunirlos al sistema 
planetario. La teoria lunar, por decirlo de una vez, ha que- 
dado estacionaria en su punlo de partida, y no conocemos 
ningun otro manantial de donde podamos sacar nuevos dalos 
sobre esle particular. Ni aun con el auxilio de los poderosos 
telescopios que poseemos en la aclualidad, es posible recono- 
cer la existencia de volcanes encendidos en la luna. Respeclo 
a lo que en olros tiempos ha podido suceder, nos veraos en 
la necesidad de admitir una fuerza de proyeccion mucho ma- 
yor que la que por de pronto se habia creido para dar razon 
de la celcridad media con que se aproximan las bolidas a la 
lierra. Olbers calculo, y creemos que nadie le conlradijo, que 
para producir ese efecto les bastaria tener a las bolidas una 
fuerza inicial doce 6 calorce veces mayor que la que Laplace 
y los demas geometras pudieron averiguar que tenian. Esta 
fuerza escedcria en mucho a la de nuestros volcanes, y si 
existiese no lanzaria semejantes raasas sobre la tierra, sine 
que les haria recorrer orbitas cerradas al rededor del sol. 

Hay otra esplicacion que se aproxima tarabien baslanle a 
la anterior. Suponese en esta que las bolidas son pequeiios 
fragmentos del gran planeta que se cree haber existido entre 
Marte y Jupiter, y que al deshacerse habria dado origen a to- 
dos aqucllos pequenos planetas, a todos aquellos asteroides 
cuyas orbitas esccntricas se cruzan tan numcrosas por aquella 
parte del espacio. Pocos auos hace que no conociamos aiin 
mas que cuatro de esos planetas ultra-zodiacales. Su situa- 
cion y las particularidades de sus orbitas ban juslificado la 
atrevida conjetura de Olbers respecto de su estado fragmenta- 
rio. Esta opinion acaba de «c:- robustecida por el reciente des- 

TAMA IIT ** " 



46G 
cubrimieuto de miichos asteroides siluados en la misma re- 
gion del cielo. La dimension de estos pcqueuos astros ofrecc 
niucha variedad, y en algunos es tan diniinula que so escapa 
a toda nicdida. La idea de que todos proviencn de un mismo 
origen esla pienamonlc sancionada por consideraciones as- 
tronomicas. Si en realidad son IVagmenlos de un gran pla- 
neta, podriaraos razonablemente admitir que la fuerza es- 
plosiva que los disperso, lanzo tambien al espacio una mul- 
lilud de fragnienlos mucho mas pequenos aim en orbilas muy 
inclinadas a la del planela primilivo, lo cual debio suceder en 
razon de su pequeuez. Sin embargo, aun falta saber si puede 
haber tales orbilas que conduzcan a esos diminulivos planelas 
a la iumediacion, es decir, a laesfera de atraccion de la tier- 
ra. Enliendase que no se Irata mas que de una simple posi- 
bilidad, y que serla muy dificil aducir 6 esperar pruebas que 
pudieran apoyarla. Lo mismo que la hipotesisdel origen lu- 
nar, queda tambien esta otra en el cslado de simple especula- 
cion, destronada sobrc todopor las pruebas que ban dado mas 
autoridada otra teoria. 

Esla otra teoria, de la que nos resta hablar, es la que reune 
las bolidas con los raeteoros de cualquiera otra forma, adju- 
dicando a unos y a otros un origen estrauo a la tierra, y si- 
tuado mas alia de suslimites. Esle origen so encueulra segun 
esta opinion en losespaciosinterplanetarios, considerados bas- 
ta el presenlecomo vacios, 6 cuando mas ocupadosporuneter 
que no nos es conocido mas que por el nombre. Muchas cir- 
cunstancias ban coutribuido a modiiicar poco a poco las opi- 
niones que se tenian sobre el particular ; pero lo que mas ba 
influido es el gran niimero de cuerpos cometarios que ban sido 
descubiertos, y a quienes se ba vislo alravesar el espacio en 
todas direcciones, diferenciandose en volumen , en orbitas y 
en periodos de revolucion, y sufriendo grandes alleraciones 
aun durante el espacio de tiempo que permanecen a nuestra 
visla. Se ba creido que algunos de elios se babian perdido; 
sus orbitas pueden sufrir alteracion al aproximarse a los gran- 
des planelas; cierlos cometas, de corlo periodo, dan pruebas 
de atravesar un medio resislenle por la disminucion sucesiva 
que sufre la duracion de sus revoluciones. Al considerar que 



467 
el espacio se halla ocupado por tantos cuerpos tan diversos 
por su forma y estado de condensacion , pero todos en con- 
tinuo movimiento, nos venios obligados a convenir en que 
algunas porcioncs do materia, mas pequenas aun, pueden 
circular al rededor de nosotros, y permanecer ocultas hasla 
que se aproximen a la tierra lo bastante para ser separadas de 
su camino, 6 para adquirir esplendor por lainfluencia de ella. 

Se ha demostrado, segun acabaraos de verlo, que las pie- 
dras meleoricas provienen de mas lejos que los limites de 
nuestra atmosfera, y que penetran en ella con grande velo- 
cidad. Observaciones exactasy numerosas nos ban dado aco- 
nocer lo mismo respecto de las estrellas fugaces y de los glo- 
bes meteoricos luminosos. He aqui pues un lazo comun que 
somele eslos fenomenos a las misraas fuerzas fisicas, sin ne- 
gar por eso la influencia de las causas que diversifican el as- 
peclo de las diferentes clases de meteoros, asi como sus 
caracteres individuales. Debcnpuesnucslrasindagaciones re- 
ferirse a la materia, cualquiera que sea su forma, ejecutando 
diversas revoluciones en el espacio por donde se mueve nues- 
tro globo. 

Vamos a hablar del movimiento de la tierra al mismo 
tiempo que del de esas masas nebulosas 6 fragmentarias, por- 
que esos movimientos interesan a los resultados. Nuestros lec- 
lores nos permitiran recordarles, que el globo que habitamos 
se halla constantemente sometido a Ires clases de movimien- 
tos simultaneos. En cfecto, la tierra gira sobre su eje, circula 
al rededor del sol , y esta ademas sometida a aquel grande y 
misterioso movimiento que arrastra al sol mismo con toda su 
comitiva de planetas, entrelosque figura nuestro globo. Este 
ultimo movimiento nos trasporta a regiones desconocidas: ^se 
verilicara acaso en lorno de un centro de accion distaute? Esto 
es lo que las edades venideras tendran que resolver. La enor- 
midad de esas combinaciones de fuerzas, de espacio y de tiem- 
po no puede ser representada por simples palabras, pues aun 
es costoso conseguirlo por medio de los niimeros. Es nece- 
sario tener una singular capacidad de abstraccion para seguir 
esos iumensos fenomenos deluniverso, en especial los de la 
astronomia sideral, a que perteneceel movimiento de nueslro 



468 
sistema solar, de que acabamos de hablar. En eso estriba la 
gloria de la aslronomia moderna; la gloria de Herschell, de 
Bessel, deSlruvey Argelander consistcenhaber delerminado 
los movimientos propiosdcesas grandes lumiiiarias que so Ha- 
inan eslrellas fijas; en haber asignado los periodos de revolu- 
cion de las nunierosas cstrellas dobles; en haber delerminado 
la paralaje y medido la dislancia de muchasde ellas; y en ha- 
ber denioslrado el moviniiento de Iraslacion en el espacio de 
nuestro sol, asi como su direccion y celeridad. A muy pocos 
liombres es dado rennir complelamente lodo lo precise para 
dedicarse a tales indagaciones; liempo, una vigilancia inlensa 
y asidua, habilidad csquisita en las observaciones masdeli- 
cadas, y sobre todo, aquel lalenlo malcraaticoque sabehacer 
brolar la verdad de los mnltiplicados obstaculos que solo, se- 
gun parece, propenden a perpcluar las dudas. 

Pero volvamos despues de esla breve digresion al objeto 
en que debemos ocuparnos. Bajo este punto de visla no te- 
neraos que considerar mas que el raovimienlo de la lierra al 
rededor del sol. Este moviniiento se ejecula en una orbila 
tan grande, que el dia 1." de julio nos lienios alejado del 
punto en que nos ballabamos el 1.° de enero 190 millo- 
nes de millas (7G.000.044 leguas de 4 kilometres). Refi- 
riendonos al primero de esos punlos, donde nos volveremos a 
hallar de alii a seis meses, podemos formar una idea, debil 
por supuesto, del espacio que habremos atravesado al cum- 
plir una revolucion anual. Si existen pues porciones de ma- 
teria, sea el que quiera su origen, por diminutas que scan, 
que giran alrededor del sol (pues no podemos concebir ma- 
teria que permanezca en repose en el espacio), podra muy bien 
sucederqueel moviniiento deprogresion de la tierra la conduz- 
caa la inmediacion de alguna de las orbilas tan inclinadas y 
numerosas que sigue esaespecie depequefiosastros, yqueuna 
vez somelidos a su accion atractiva los separe de su camino, 
como sabemos que sucede por lo tocante a los cometas a la 
aproximacion de los planetas. Eslo supuesto, se comprende 
que cierto niimero de estos cuerpos debera venir a ponerseen 
contacto de la tierra, del modo que seha observado, al paso 
que no haran mas que aparecer luminosos en parte de sus or- 



469 
bitas. Podria objelarsenos el gran numero de esos encuentros, 
de esas colisionesindicadas en nueslra teoria respeclo de los 
globos lurainosos, eslrellas fugaces y aerolilos. Pero la as- 
tronomia encnenlra por todas paries niimeros que sorprendcn 
a la misma imaginacion, y que sin embargo se liallan apo- 
yados en pruebas irrecusables ; luego esto no es un molivo 
para que se rechacen aqnellos para cuya complela demos- 
Iracion puede fallar aiin algo. Siguiendo una de las atrevidas 
conjeturas de Kepler, ha calculado Mr. Arago que el numero 
de comelas que circulan en el sistema solar puede subir a 
ocho millones. Bajo el punto de vista que acabamos de pre- 
sentar, los raeteoros son los cuerpos que mas se aproximan al 
caracter y condicion de los cometas. Aunque la materia puesta 
del raodo que acabamos de decir en circulacion, este conden- 
sada, 6 en un grado infinito de atenuacion, no por eso las 6r- 
bitas que seguira seran probableraente menosescenlricas que 
las de los comelas, y lo mismo que a cstosle sera dado recor- 
rer el vasto campo de los espacios celestes. Su numerosa mul- 
titud no puede tampoco embarazarnos, parlicularmenle siad- 
mitimos el periodismo de las eslrellas fugaces, de que habla- 
remos mas adelante. 

Esla leoria cosmica de los meteoros tomados en su conjunto, 
no ha dejado de ganar terreno en estos ullimos tiempos, en tan- 
to que las demas, 6 se ban quedado estacionarias, 6 han re- 
Irogradado. La totalidad de las indagaciones fisicas hechas al 
mismo tiempo, le han dado nuevo apoyo y nuevas aclara- 
ciones, y los fenomenos han tomado olro aspecto en atencion 
a que se les ha considerado como parte de un sistema mas 
estenso, y como sometidos a leyes mas generales. ]Ningun sabio 
se ha mostrado mas activo que Mr. Humboldt, ya para esponer 
ya para corroborar la opinion deque los aster6ides 6 aerolites 
son partes independienles de raaterias dispersadas por el es- 
pacio, y que se convierten en meteoros luminosos cuando sus 
orbitas se aproximan suficientemenle a la de la tierra. Con- 
fiesa Mr. Humboldt haber tratado este asunlo con predilec- 
cion {mit vorliebe) , y asi se echa de ver tambien en el con- 
junto de sus argumentos. Sir John Hcrschell participa con no 
men or autoridad de las mismas opiniones, como linicas que 



no 

coraprciulen y csplican opoiliinamcntc todos los fenomenos. 
De esla manera ha confirmado la cspresion empleada por 
Laplace en sii discurso do 1802; a saber, quo segun lodas las 
probabilidades, los aerolitos procedian do las profundidades 
de los espacios celestes. 

Esla teoria suscila diversas cuestiones, de las que algunas 
no nos parecen deber ser omilidas. Por de pronto, ;,dc que di- 
mana el estado do ignicioii en que se hallan los meteoros al 
aproximarse a la lierra? (1). ;,lNopuededudarse que en virlud 
de esla aproximacion se verilica en olios algun olro cambio 
mas que el de inudar de direccion?Sinduda que al condensar- 
sepor su eslremada celeridad el aire pure, podria producir la 
combustion y esplosion que acompanan a la caida de dichas 
piedras. Sin embargo, muchas dc ellas aparecen radiantes de 
luz sobre los limites de nuestra atraosfera, y por lo tanto es 
precise suponer la inlervencion de olras causas. La ciencia 
moderna npsha ensenado que la luz y el calorse manifieslan 
en distinlos cases fuera de la presencia del aire: estos feno- 
menos podrian pues ser magneticos. Los uilimos descubri- 
mientos aulorizariau esta bipotesis, supuesto que por medio 
de ellos se ba probado que este poderoso agcnle desempena 
tan imporlante papel en la aslronomia. Lamemoria reciente- 
mente publicada por Mr. Faraday sobre las lineas magneticas, 
si bien presenta el selio de loda la reserva que conviene a su 
talento, sugiere sin embargo una multitud de ideas de este 
genero, que aiin no ban sido puestas a prueba; y lambien da 
a sospecbar la existencia de fuerzas que rccorren el espacio 
siguiendo lineas delerminadas, y difercnciandose de lodas las 
demas fuerzas conocidas basta el presente. Empero no nos 
creemos autorizados para avanzar mas en una senda seguida 



(1) La hipolcsis de Laplace suponia la existencia de los volcanes lu- 
nares. Debemos rccordar, que para que im cuerpo, segnn los calculos de 
losSres. Bioty Poissou, piieda, habiendo salido de laliina, llcgar al punto 
en que fuese alraido por la tierra, scn'a preciso suponer que babia sido 
lanzado por una fuerza cinco voces mayor que la que impele a la bala de 
canon, con cuya velocidad podria recorrcr en dos dias y medio las 85.000 
leguas que nos separan de aquel astro. 



471 

porPoisson, y de la cual todala habilidad de eslc no ha podi- 
dosacar una consecuencia terminante. 

La existencia de los meteoros implica la de la materia, ba- 
jo una forma cualquiera; los aerolitos nos la dan a conocer en 
el eslado solido al precipilarla sobre la lierra: no careceria 
de interes el indagar que es lo que se bace de ella cuando 
no se presenla ese resuUado. Mas en este particular no po- 
dria pasarse de simples conjeturas. Mucbos meteoros, aun de 
los mismos que contienen materia solida, en el aclo de aproxi- 
marse a la tierra pueden sufrir on su raarcba una inflexion 
capaz de bacerlos luminosos sin impedirles que vuelvan a 
proseguir su curso en una orbita independienle. La misma 
aproximacion de que hablamos puede producir en otros me- 
teoros un estado de esplosion, de donde resulte que la mate- 
ria que constiluye las piedras meteoricas sea proyectada 
en forma de polvo mas 6 menos tenue. Este cfecto es sinduda 
alguna el mas dificil de demoslrar; sin embargo, los escritos 
de todaslas edades nos ban conservado pruebas numerosas de 
baberse verificado. Conviene ademas tener presente cuan pe- 
queua es la proporcion de los meteoros que, babiendo caido 
sobre la tierra, ban llegado a noticia de! hombre. Apenas son 
calculables las caidas de meteoros en que no se habra verifi- 
cado esta circunstancia; pues lejos de ser regla el que se- 
mejante aconlecimiento sea observado, puede per lo con- 
trario decirse que es la escepcion de la regla. Bien atendidas 
estas observaciones, considerando ademas que el mar ocupa 
las tres cuarlas partes del globo, nadie se admirara de que 
Schreibers afirme que llega a 700 el niimero de piedras me- 
teoricas que caen anualmente sobre nuestro globo. Solo en el 
estado de la ciencia de nuestro ticmpo, en que todo se observa- 
y calcula, esacasopermilido, sin incurrir en ridicuicz, nolar el 
aumento que la tierra ba recibido y recibe por este camino. 
Segun esta teoria, no puede el indicado aumento exislir sin 
tener un efecto. Pero en realidad ol aumento es tan pcqueno, 
que se ie puede considcrar como incapaz de poder producir 
ningun cambio en el movimiento, 6 en el estado de nuestro 
planeta. 

No podemos pasar en silencio una curiosa observacion de 



472 

Olbers, y cs que no se haenconlrado piedra algiina meteorica! 
en las capas de lerrenos secundarios 6 lerciarios. De manera 
que no hay priieba dirccla de baber caido ninguna antes de 
la ultima gran revolucion ocurrida en la superficie de la tier- 
ra. Sin embargo, nada puededecirse de esle hecho negalivo, 
|Es tan moderna la fecha en que las rocas ban sido alenta- 
mente examinadas! Ademas no se ha Iratado de enconlrar en 
ellas mas que fosiles de otro genero; y por ultimo, algunas- 
piedras meteoricas se desbacen facilmenle en razon del tran- 
sito al estado de oxido hidralado de bierro que conlienen, y 
csta circunstancia pudo contribuir a que se mezclaran total- 
menle con las tierras que las rodeaban. Hay pues pocas pro- 
babilidades de que puedan encontrarse meteorites en las ro- 
cas. A pesar de eso, el liempo podra descubrir lo que desde 
la epoca actual parece probable ; que el fenomeno de que 
hemes Iratado exislio mucbo antes de la epoca en que le fue 
dado alhombre ocupar un lugar en este globo. 

Hemes llamado ya la atencien sobre las consecuencias que 
se pueden sacar de la compesicion de las piedras meteoricas. 
A estescuerpos debemos algunesindicios sobre lahistoria de 
la materia estrafia al mundo que habitamos.Ellos represenlan 
otro dominio de lanaturaleza, pcro puesloen rclacion con este 
en que vivimes, supuesto que nos suministran el hecho notable 
de no diferenciarse los maleriales quele cempenen deles que 
nos rodcan. Las sustancias elementales cenecidas entran por 
una tercera parte en su compesicion: ya hemes visto que el 
hierro predomina en dichas piedras meteoricas ampliamenle, 
y que alguna vez se presenta aseciade con la hornblenda, la 
augita y la olivina, que tambien suelen hallarse en nuestras ro- 
cas. Mas si los elementos de los meteorites nos son familiares, 
cncuentranse sin embargo combinados y relacionados deun 
modo que en ningun otro cuerpo hemes observado. Grande 
es por lo tanto el interes que dichos cuerpes presentan per 
su manera de agregacion estrana a la lierra, aunque es- 
tan conipuestos de elementos lerrestres, diseminados mucbo 
mas alia de los limilcs de la lierra. No carecia acase de 
lundamento el decir que son a manera de ejemplares de la 
materia planetaria, supuesto que la que existe entre la tierra 



473 
y los demas planelas puede participar de la naturaleza do lo- 
dos. Prosiguiendo eslas observaciones, podnamos avanzar 
mas, y deducir du estos hechos argumenlospara apoyar la 
gran leoria de la aslronomia moderna, que considora a todos 
los planetas como formados por la condensacion gradual de 
una materia nebulosa dispuesta concenlricamente al rcdedor 
del sol. Esta materia, uniforme en todas partes, se habria 
agregado diversamente en razon de la variacion sufrida por 
las causas fisicas durante la condensacion de cada planeta. 

No danara citar un elocuente pasage de Humboldt relativo 
a este asunto. Despues de haber recordado los diversos agon- 
ies que nos ponen en relacion con las paries idtra-terrestres 
del universe, como la luz, el calorico radiante y la gravilaclon, 
afiade: 

^"^Si consideramos las estrellas fugaces y las piedras meteo- 
ricas como asteroides planetarios, su caida establece relacio- 
nes diferentes del todo, y verdaderamentematerialesentre los 
cuerpos cosmicos y nosotros. Cesamos de considerarlos como 
unicamente capaces de ejercer accion a tal dislancia: a la vis- 
la lenemos suslancias meteoricas, procedenles, sin generode 
duda alguna,del espacio, descendidas alravesando nuestraat- 
mosferay permanentes sobre la tierra. Las piedras meteoricas 
nosofrecen el unico contacto que podamos tenerconuna sus- 
lancia estrana a nuestro planeta. Acostumbrados a no conocer 
los cuerpos no terrestres mas que por la dimension, el calcu- 
lo y el raciocinio , no podemos sin una especie de admiracion 
locar, pesar 6 analizar una sustancia perteneciente al mundo 
esterior. La imaginacion se escila, la inleligencia se anima al 
contemplar un especlaculo que, para los hombres sin cultura 
no es mas que un surco de luz que brevemente va a desapa- 
recer de los azulados espacios. El negro pedrusco vomilado 
por la tempestuosa nube, no es para tales hombres mas que 
el producto brutoo dosarregladode alguna fuerza irregular de 
la naturaleza." 

Aunque no so hayan aiin descubierto nuevos elemcntos 
en las piedras meteoricas, no debemos exajerar el valor de 
esteindicio negativo. Otros ejemplares podrau suministrar re- 
sultados diferentes, y nada puede aulorizarnos a descuidar la 



474 

ocasion de ulteriores indagaciones. Ademasdela probabilidad 
de enconlrar una nueva suslancia elemental, este genero de 
examen nos dara medios para clasilicar con mas ccrleza los 
productos de las demas regiones del espacio, e interprelar 
mejor el mislerio de su origen y movimienlos. 

Hay otro esludio que se enlaza con el de los aerolites. Las 
indagaciones beclias en los ultimos 50 afios nos ban becboco- 
nocer ccrca de 20 nuevas sustancias, indescompuestas basta 
el presente, y que por la mayor parte son metalicas. De al- 
gunas de ellas puedc decirse que no existen mas que mues- 
tras, y otras se encuentran mny rara vez y en pequenas can- 
lidades. Los naturalistas se ban visto embarazados para com- 
prender el papel que unas sustancias tan raras y diseminadas 
pueden tenerque represenlar en la cconomia general del glo- 
be. Es posible, pero poco probable, que esas minimas par- 
liculas de materia sean muestras superficiales de mayorescan- 
lidades de dicbas sustancias encerradas en lo interior de la 
lierra. No podria concebirse como puede ser que unos cle- 
menlos tan raros sobre el globo que babitamos. puedan, vista 
la composicion de los acrolitos, cnconlrarse tan abundante- 
mente en los demas cuerpos planetarios. Los diferentes esta- 
dos bajo que la materia nos es conocida con relacion al ta- 
mano, forma, peso especifico, asi como lo que sabemos de los 
anillos, fajas 6 cinturas de los satelites y planetas, etc., todo 
eso nos indica que existen olros tantos modes de agregacion. 
^Seria irrazonable suponer que semejante variedad se ha es- 
tendido a la especie y proporcion de los elementos conden- 
sados de ese mode, y arrancados a ese vaslo deposito de ma- 
teria para el cual quisieramos encontrar nombre oportuno? 
No entrarian especulaciones como estas convenientemente en 
el doniinio de la ciencia, pero de cuando en cuando sirven 
de camino para descubrir nuevas 6 inesperadas verdades. No 
bay duda que el objeto de la especulacion parece demasiado 
distanle para que se pueda Uegar basta el; sin embargo, ya 
acabamos de ver de la estrana manera que algunas de estas 
paries ban llcgado a nuestro alcance. Cuando un sencillo ins- 
truraento, tan pequeuo como el polariscopo, basta para dar- 
nos a conocer el estado de la luz, y para decirnos si eraana 



47o 
de un ciierpo siluado tilOO milloiiesde millas, 6 siesrefleja- 
da por el; cuando las perturbaciones sufridas por un plaiiela 
conocido manifieslan a! astronomo el lugar y movimientos 
do un plancta desconocido, bien podremos no perder la es- 
peranza de lo que el liempo y el talenlo pueden realizar para 
el descubrimiento de la verdad. 

Hasla el presenle, nos hemes eslendido parlicularmenle 
acerca de los aerolites, porque consideramos a esla clase de 
meteoros corao la mejor interpretacion de aquellos de que 
tratan las obras. Por lo dicho ha debido comprenderse cuan 
estrechamente unidos estan todos esos fenomenos, tanto por 
las apariencias que nos presenlan, como por el examen de 
su naluraleza y origen. Esta conexion habra acaso arrojado 
alguna oscuridad sobre el asunto respeclo de aquellos lecto- 
res que no eslan familiarizados ni aun con lo que ha sido es- 
crllo por los autores mas habiles. Por ejemplo (1), en la obra 
de los senores Gravier y Saigey, aunque dividida en peque- 
fios periodos, esta la hisloria de los meteoros complicada por 
el conlinuo Iransito de una observacion a olra, y de la ob- 
servacion a la teoria. Por nueslra parte hemes tratado de 
evilar cuanto nos ha sido posible esta confusion, mayor- 
mente atendiendo a la ignorancia que tenemos respecto de 
muchas de las cosas que inleresan a los fenomenos. Al tratar 
ahora la cuestion de los globos igneos 6 bolidas seguimos un 
orden provisional, que podra enteramente cambiarse en lo 
sucesivo. Usamos los nombres generalmente recibidos, por- 
que aim no se ha establecido otra nomenclatura mejor. Lo 
mismo ha sucedido con las demasciencias. Es una progresion 
que naturalmente se presenta en el desarrollo del espiritu 
humane. 



(l) Indagaciones sobre las estrellas furjaccs, pnr los Sres. Coulvier- 
Gravier y Saigey, inlroduccioa historical Pan's, 1847. 



476 



Sobre los eclipses de Agalocles, de Tales y de Jergcs; par 
Mr. Airy. 

(L'lnstiUil, 21 junto -tSSo.) 



Despues de habcr hecbo nolar cl poco valor que lieiien los 
calculos de los eclipses anliguos formados en el siglo liUimo, 
Mr. Airy indica los adelantos sucesivos que se ban verificado 
en la perfeccion de la Icoria de la luna, que pueden ser- 
vir para el calculo do los eclipses, y principalmente para el 
movimiento de los nodes de esle astro. Lapriraera de lasme- 
joras ha sido la inlroduccion debida a Laplace de lerminos 
que espresan una variacion progresiva en los movimientos 
seculares medios. Con las tablas de Burg, en las que se ban 
inlroducido esas variaciones, 6 con los mismos elemenlos, 
ban calculado Mr. F. Kaily y Mr. Otlmans un gran numero 
de eclipses para ballar el llamado generalmente eclipse de 
Tales, babiendose fijado ambos astronomos en el de 30 de 
seliembre del auo 610 antes de J. C, por ser el unico que se 
puede concordar con la narracion de Herodoto. Mr. Baily, sin 
embargo, anadio tambien el calculo del eclipse de Agatocles 
por medio de los mismos elementos, y descubrio que era im- 
posible ponerse de acuerdo con las relaciones bistoricas; con- 
cluyendo de aqui que era precise inlroducir alguna variacion 
importanle en la teoria, y que cuando bubiera sucedido eslo, 
ya no eslaria acorde con la bisloria el eclipse del ano 610 an- 
tes de J. C; pero creia que cualquier olro era inadmisible. 

El aulor presenta luego los diversos valores del movimien- 
to del nodo, adoplados por diferentes escritores, segun varias 
observaciones (principalmente de eclipses tolales y anularcs), 
sefialando el valor particular del eclipse de Stoklastad, sobre 
el que ba llamado la atencion Mr. Hansteen; valor que au- 
mentara aun cuando se empleen para los calculos elementos 
irrecusables. 

Mr; Airy, pasando en seguida al gran Irabajo de reduc- 
cion de las observaciones de Greenwich desde 1750 a 1830, 
e igualmcnle a las nuevas desigualdades de Hansen , y a la 



477 
estension numerica de las cori-ecciones de los principales ele- 
mentos, da los coeficienles de la variacion en el valor secular 
del movimienlo medio del perigeo medio de la luna y de su 
iiodo, segun los hallados por Laplace, Damoiseau, Plana y 
Hansen, cuyos georaetras hacen recaer sobre el movimienlo 
del perigeo la principal variacion que ban inlroducido en los 
valores de Laplace. 

Mr. Airy esplica lambien el modo de calcular que ba 
adoplado. Ha preferido los movimienlos medios de Green- 
wich y los coeficienles de Damoiseau para la variacion pro- 
gresiva del movimienlo secular medio, repiliendo los calcu- 
los con un cambio arbilrario de la longitud del nodo, en 
atencion a que ba de ser probablemente erroneo este ele- 
mento a causa de la naluraleza vaga de las primeras obser- 
vaciones de Greenwicb , y que sus errores produciran el 
mayor efeclo. 

Mr. Airy discule luego las relaciones del eclipse de Aga- 
tocles del 15 de agoslo del ano 310 anles de J. C. To- 
mando Albowareab (en el cabo Bon) como el silio de su 
desembarco en Africa, manifiesla las razones que bay para 
creer que Agatocles se dio a la vela en el norte de Sira- 
cusa (conjelura debida a Mr. J. \V. Bosanquet) a poca dislan- 
cia del eslrecbo de Mesina. En la suposicion vulgar de que su 
parlida fuese del Sur, debio ser el punto de ella los alrede- 
dores del cabo Passaro. 

Haciendo el calculo con los elementos inlaclos de Green- 
wicb, se ve que el eclipse debia ser lotal en el higar lodo lo 
mas posible al Sur de Agatocles. Repelido el calculo con una 
variacion arbilraria en la posicion del nodo, se descubre por 
medio de una construccion grafica la eslcnsion numerica de 
las variaciones que se ban de inlroducir para llenar lascualro 
condiciones siguienles: 1." Que el borde Norte de la sombra 
toque a la estacion Sur. 2.* Que el borde Norte llegue a la 
eslacion Norte. 3.« Que el borde Sur toque a la estacion Sur. 
4." Que el borde Sur llegue a la estacion Norte. Si se adopta 
la estacion Sur, la variacion ba de hallarse entre las condi- 
ciones 1 y 2; si la variacion es Norte, debe estar enlre las 
2 y 4. Los valores nuraericos ban de aumenlar ligeramenle 



478 
tralandose de apUcaciones a un eclipse mas antiguo, como el 
do Tales. 

Mr. Airy pasa a examinar dicho eclipse de Tales. Segun 
parece, no hay raolivo para suponer que fuese, como opina 
Mr. Baily, en un paraje proximo al rio Halys. Los delalles 
hist6ricos indican con gran probabiiidad que se enconlraron 
dos grandes ejercilos, y la cueslion consisle en saber en que 
punlo del Asia Menor pudieron reunirse. El aulor, fundan- 
dose en la forma y pasos de las montanas, admile que el ejer- 
cito de los Medos debio enlrar probablemente per el paso del 
Isus, 6 tal vez por el de Melitene, y que el carapo de batalla 
ha de estar en un punlo limilado por Melitene, el Isus, Ico- 
nium, Sardes y Ancira. 

Calculando los eclipses que ha habido muchos afios antes 
y despues del 600 antes de J. C, parece que solo el eclipse 
del 28 de mayo de S8o anterior a la era cristiana, llena las 
condiciones indicadas y del modo mas satisfaclorio. (Por lo 
deraas, esta es la fecha adoptada por los anliguos cronologis- 
tas, que Mr. J. R. Hind ha comprobado al parecer por pri- 
mera vez durante la rodaccion de la Memoria de Mr. Airy 
con auxilio de calculos fiindados en buenos elemenlos.) La 
marcha de la sombra que concuerda mejor con las circuns- 
tancias mililares y geograficas, es la que supone una correc- 
cion en los elementos de Greenwich correspondiente a la que 
haria casi central el eclipse de Agatocles para la estacion 
Norte, escluyendo toda posibilidad de su paso por la esta- 
cion Sur. 

Mr. Airy examina las causas principales que pueden toda- 
via introducir alguna incertidumbre en eslas conclusiones, 
y senala las variaciones progresivas en los movimientos se- 
culares medios como las que merecen principalmenic la 
alencion. 

Tambien recuerda que en la historia poelica de Persia se 
describe un eclipse total observado en circunstancias analo- 
gas en la provincia de Mazanderan; pero el calculo demues- 
tra que no ha habido alii eclipse alguno total, al menos mu- 
chos aiios antes 6 despues del liempo en cueslion. 



479 
Finalmenle, Mr. Airy llama la alencion sobre el aserle de 
Herodolo, do que al partir Jerjes de Sardes para invadir la 
Grecia, habia presenciado alguna cosa semejanle a uii eclipse 
total de sol. Recurriendo al calculo, se ve que es imposible 
esplicar este caso per medio de un eclipse de sol; y ademas, 
el giro particular de la respuesta de los magos a las pregun- 
las de Jerjes no es conciliable con lal eclipse. El autor o'Jiina 
que es mas presumible que dicho fenomeno fuese en realidad 
el eclipse total de luna que bubo el 14 de marzo del afio 479 
antes de J. C. Si se admite esta esplicacion. la fecha de la 
invasion de la Grecia ba de relrogradarse un auo respecto a 
la que admite la cronologia. 



E!STAOISTI€A. 

Calculo de las tablas de morlalidad, por Mr. Quetelet. 

(L'lnstilul, h'jtinio -ISo3.) 

En la sesion celebrada por la Real Academia de Belgica 
el 9 de noviembre de 1Sd2, leyo su secretario perpetuo Mr. 
Quetelet una nota sobre el asunto que dice el epigrafe de este 
articulo; y como en eila se trata la cuestion mas bien bajo el 
punlo de vista matematico que bajo el antropologico, se pone 
a continuacion en los mismos terminos quo la comunico el 
autor. 

'Tara que una tabla de morlalidad corresponda plena- 
mente a su objeto, debe dar a conocer la morlalidad aclual 
en las dilerentes edades; y para que sea ulil, es necesario que 
los resultados del tiempo pasado sirvan para prever el por- 
venir. 

La morlalidad aclual solo puede delerrainarse direcla- 
mente por el conocimiento de la poblacion de cada edad, y 
el de las muerles que ocasiona cada una de las edades. Muy 
pocos son los paises de Europa en que se conocen suficienle- 
mente eslos dos eleraentos estadislicos: la misraa Belgica no 



480 

sabia sino imperfcclamento ciial era la division de su pobla- 
cion por edades antes del censo de 1846, cuyos resultados no 
se publicaron hasta fin de 1848. Ha sido, pues, precise, antes 
de dicha epoca, pasar sin el elcmento iraportante de la po- 
blacion para lormar las lablas de mortalidad, refiriendose 
solo al niiraero de muertcs. Parliendo de esta base es coino 
se ban calculado, en la bipotesis de una poblacion estacio- 
naria, las lablas de mortalidad que be dado sucesivamente 
desde el afio 1827. 

A pesar de eslo, se cree sin razon, como lo bice no- 
tar en la sesion del 9 de noviembre de 1851, que una labia 
de mortalidad, calculada en bipotesis de una poblacion esta- 
cionaria, ha de variar sensiblemente cuando esta aumente 6 
disminuya, y que debe permanecer sin alterarse si la pobla- 
cion es eslacionaria. Esta clase de cuestiones son muy difici- 
les, y sin embargo su aparente scncillez induce a error a las 
personas poco acostumbradas a tal genero de calculos, segun 
lo be demostrado en olro trabajo, en el cual ha sido mi ani- 
mo tratar al mismo tiempo del problema de las tablas de 
mortalidad con la mayor estension posible. 

El interes que liene este asnnto importanle, como sucede 
generalmente en todas las cuestiones relalivas a los Seguros 
sobre la vida, me ha inclinado a presentar ahora en resumen 
algunos de los resultados principales que be obtenido, calcu- 
lando una tabla de mortalidad basada en los dates del censo 
de 1810, y en los de las defunciones recojidos en cl periodo 
decenal de 1841 a 1850. 

Principiare por dar las formulas generales que ban ser- 
vido de fundamento para los calculos. 

Sea No el niimero de nacimientos en un auo. 

iV. de los nihos de 1 auo. 

N, de 2 aflos. 

N, de 3 afios. 



Nn de individuos de n anos; 

sean aderaas, 



481 

4, el niimero de muertes de a 1 ano. 

d. de 1 a 2 afios. 

d de 2 a 3 anos. 



dn de n a n -j- 1 aiios. 

Los nuineros iV„, (/«, d„ d^, etc., se conoceran por los re- 
gistros del eslado civil; y el censo dara los iiiimeros N,, N„ 
N^, etc. Sentado eslo, la moilalidad de cada grupo sera res- 
pectivamenle: 

4 de a 1 ano. 

_ de 1 a 2 afios. 

iV. 

A de 2 a 3 afios. 



j^ de n a n -f 1 afios. 

Ahora, conocida la morlalidad de cada edad, sera facil 
calcular las alleraciones que esperimenlara, de ano en ano, 
el niimero de individuos A^o nacidos al misrno tiempo, supo- 
niendo que la mortalidad continue invariable: llamaremos 
iV„ iV„ iVj, etc., los valores de No despues de 1 ano, 2, 3, etc., 
y tendremos: 

No—N,=d„ despues del 1." ano; de donde N,=No—do, 
iV.-A^-iV.^ 2.° N,=^^{N.-d.), 

N-N,=N^^ 3.« N,=~' (N.-d,), 



N„-Nn+.=Nn^ }J+1 ^'"+^=-^ [Nn—dn). 

31 



482 
El numero iVo de nacimienlos ha de corresponder a las 
perdidas sucesivas que habra amialmenle liasla la eslincion, 
y las ecuaciones precedentes daran esas perdidas anuales 

N„—N., K—IS,, N—N„ etc.; se tendra, pues, 

N N N 

En el caso particular de 

N,_ iV,_ N,_ ^ 

Nr^' N~^"' Nr^'' ^^^" 

la poblacion es creciente 6 decreciente en progresion geometrical 
y entonces es 

N„^d^-{-rd,-\-nl,-\-r^d,-\- etc. 



Cuando 






la poblacion es estacionaria, y se obtiene 
N,=do-\-d.-\-d.-\-d,-\-etc. 

Esta ultima hipotesis es a lo que se ha convenido en 11a- 
mar el metodo de Ealley; la precedente, examinada con ma- 
yor especialidad por Euler, casi no se ha puesto en practica. 
En efecto, rara vez sucede, como lo ha advertido Moser (1), 
que una poblacion permanezca de un modo uniforme crecien- 
te 6 decreciente en el trascurso de todo un siglo. 

En el cuadro que sigue se hallaran tres tablas de morla- 
lidad; la primera, calculada directamente por la formula ge- 
neral, de acuerdo con los documentos combinados del censo 
de 1846 y los de los registros del estado civil de 1841 a 1850; 
la segunda, calculada por mi en 1850, en la hipotesis de una 



(l) Die Gesetze cler Lebensdauer,' Berlin 1839, un tomo en 8." 



483 

poblacion estaciomria; y la tercera, que debo a la condescen- 
dencia de Mr. Liagre, calculada en la hipbtesis de una pobla- 
cion creciente en progresion geometrlca, en la proporcion 
de 1,0062, Y segun las defunciones de 1841 a 1850. 



Tabia de morlalidad calculada en la hipu'lesis de una poblacion 
EDADES. 



„ . . „ . Creciente ea pro' 

Lua[(iuiera. Estacinnaria • ' • 

1 "-■"• i-oidciuudria. rrresmn "pnmptnp 



resion srcomctrica. 



Nacimientos. 10000 10000 1000 

1 ««o 8497 7945 850 

2 7882 7123 790 

S 7253 6284 725 

10 6886 5822 685 

IS 6626 5555 660 

20 6350 5225 631 

2S 6036 4846 595 

30 5730 4539 564 

3S 5427 4240 534 

40 5110 3932 501 

45 4759 3592 464 

SO 4401 3288 425 

S5 3968 2972 383 

60 3454 2616 340 

65.. 3837 2162 283 

70 2161 1653 218 

75 1394 1098 147 

80 750 599 82 

85 312 242 34 

90 92 68 11 

95 18 13 3 

100 2 1 2 

La labia calculada en la bipolesis de una poblacion esta- 
cionada, se ve que da para la infancia una morlalidad mucho 
mas rapida que las otras dos tablas. La conformidad de estas 
para las diversas edades demuestra al parecer, que la pobla- 



484 
cion de Belgica ha aumenlado sensiblemente en progresion 
geometrica desde principio de esle siglo. 

Por lo demas, las tres lablas concuerdan enlre si de un modo 
bastanle salisfaclorio, a conlar desde la edad de 20 afios, lo 
cual se nota mejor lomando por unidad el numero de las per- 
sonas de 50 afios que sobreviven, como lo hace Demonferrand 
en Francia y Galloway en Inglalerra. 



EDADES. 

Nacimienlos. 

10 ailos 

20 

30 

40 

50 

60 , 

70 

80 

90 



labia dc morlalidad en la hiputcsis de una poblacioD 

Cualquiera. F.slacionaria. Creciente. 



2267 

1559 

1441 

1300 

1159 

1000 

787 

498 

175 



3042 

1765 

1589 

1380 

1196 

1000 

796 

503 

182 

21 



2353 

1612 

1485 

1327 

1179 

1000 

800 

513 

193 

47 



Las dos primeras tablas concuerdan mas entre si que con 
la lercera respecto a las edades que pasan de 50, siendo los 
niiineros de la ultima bastanle altos, de donde resullaria al 
parecer que antes de este siglo la poblacion era mas bien es- 
tacionaria que creciente. 



CIENCIAS FISIC4S. 



De la trasmision del color por las sustancias orgdnicas: por 
Tyndall. 

(Bibl. univ. de Giaebra, marzo ^8b3.) 

Las esperiencias de MM. De la Rive y De Candolle babian 
demoslrado ya que el calor se propaga con mas facilidad en 
la direccion de las fibras de la madera, que en senlido per- 
pendicular. El Dr. Tyndall acaba de ocuparse nuevamente 
del mismo asunto de una manera mas general , babiendose 
proporcionado para ello cubos de 54 clases de maderas in- 
glesas y estrangeras, labrados de modo que cuatro caras fue- 
sen paralelas a las fibras y las otras dos perpendiculares: dos 
de las primeras eran paralelas a las capas lenosas. El foco de 
calor empleado ba sido una corrienle electrica, cuya inlen- 
sidad se bizo invariable por medio de un reostalo. Esa cor- 
rienle calenlaba un bilo cuya temperalura se comunicaba 
inmediatamente, atravesando por una lamina de mica, a una 
de las caras del cubo, por medio de una capa de mercuric 
puesta encima de ella. Habiendo circulado la corriente cada 
vez por espacio de 60 segundos , el calor producido Uegaba a 
la cara opuesta, donde se media por unas pinzas termo-elec- 
tricas. 

Estas esperiencias ban dado la ley siguiente. En todas las 
partes de un drbol ( esceptuando el centro), la madera liene ires 
ejes desiguales y rectangulares entre si de conductibilidad para el 
calor. Elprimero y mayor es paralelo a las fibras. El segimdo 
es perpendicular a las fibras y a las capas anuales de madera. 



486 
El (ercero y menor es paralelo a las capaa y perpendicular n las 
fibras. Esosejes coinciden, pues, en magnilud y direcciou con 
los de elasticidad descubiertos por Savart, y tambien con los 
ejes de cohesion y permeabilidad para los fluidos. 

Mr. Tyndall ha hecho igualmente algunas esperiencias 
con dientes de buey marine y de elefanle, con barbas de ba- 
llena, cuernos de rinoceronte y de vaca, y ha vislo que su fa- 
cultad conduclriz es sumamente reducida. Asimismo ha es- 
perimentado el lacre, la cera de abejas, el cuero de suela, 
liga, guta perca, caulchu, corazon de avellana y de almendra, 
musculo cocido decerdo, carne ordinaria, etc., corapro- 
bando su poca facultad conduclriz, que es inapreciable por el 
metodo que ha usado. 



Mejora de la mdquina neumdlica, por Breton. 

Cosmos, 20 Marzo ^ 853 . 

La bomba de aire 6 maquina neumatica es uno de los 
aparatos mas esenciales de la fisica y quimica moderna. In- 
ventada hace ya largo tiempo (en 1650), no ha dejado de ser 
para los que se dedican al estudio de la mecanica un objeto 
de estudios y de incesanles ensayos, pues a medida que la 
ciencia ha ido haciendo nuevos adelantos, se ha hecho senlir 
cada vez mas la necesidad de un aparalo por medio del que 
se pueda conseguir un vacio perfeclo. Para conseguirlo, unie- 
ron ilustres fisicos sus esfuerzos a los de los artislas. Mr. Ba- 
binet, por ejemplo, ha tenido la forluna de dar su nombre a un 
celebre perfeccionamiento, a una modiGcacion ingeniosa de 
la Have de estraccion, por medio de la cual el piston que se 
levanta puede producir a un mismo tiempo el vacio en la cam- 
pana de donde se Irata de eslraer el aire y en el otro piston, 
coudensando por consiguiente el aire restante en un cuerpo de 
bomba, de manera que pueda levantar la valvulay escaparse. 
El vacio obtenido por semejante procedimiento es mucho mas 
perfecto, y la diferencia entre las columuas de mercuric 
en el barometro de sifon 6 probeta podria ser en ultimo es- 



487 
tremo reducida a menos de ua milimelro. Peio hay un obs- 
laculo casi insuperable para verificar por complelo el vacio, 
que no ha podido vencerse aiin, y que limita los efectos de esta 
duplicada eslraccion. 

Dejabase a la masa de aire aspirada 6 repelida por los 
pislones que levanlase por si misma las valyulas de enlrada 
y de salida. Esto se conseguia facilmente al principio de la 
operacion ; pero luego que el aire, ya muy enrarecido, habia 
perdido casienteramentesuelasticidad, no podia veneer la re- 
sistencia que le oponian las valvulas, ni la tirantez de los mue- 
lies: y llegado este caso era preciso suspender la operacion, 
pues dejando de bajar el mercurio de la probela, indicaba que 
todo cuanto se hiciera seria en vano. No habia mas que un solo 
recurso posible para remediar este inconvenienle: era preciso 
dispensar al aire enrarecido la funcion que ya no le era posi- 
ble ejercer respecto de levantar la valvula; y por lo tanto era 
necesario hacer de modo que al punlo que este aire aspirado 
6 repelido por el piston llegaba al fondo del cuerpo de la bom- 
ba, hallase las valvulas de entrada y salida enteramente abier- 
tas, y dispuestas a darle paso por un medio mecanico indepen- 
diente de su accion. Esta idea era muy sencilla, y parece im- 
posible que no haya sido concebida por un gran numero de 
personas; pero segun nuestras noticias, solamente los Sres. Bre- 
ton hermanos son los primeros y linicos que la han realizado 
de un modo completamenle satisfaclorio. El raecanismo que 
emplean es tambien muy sencillo, aunque su perfeccion 
no se ha conseguido sino a fuerza de repetidos ensayos. Para 
este efecto han armado las valvulas de varillas que descien- 
den hasta mas abajo de la superficie inferior del fondo del 
cuerpo de bomba: las estremidades de estas varillas descansan 
sobre una pieza de metal colocada de canto, y cuyo borde su- 
perior tiene dos ranuras en forma de piano inclinado. Esta pie- 
za de metal puesta en comunicacion por medio de un escen- 
trico 6 palanca articulada con una de las ruedas motrices de 
lospistones, recibe un movimiento alteruativo horizontal de 
vaiven, de donde resulta que las varillas de las valvulas des- 
cansan Unas veces sobre las partes llenas, y entonces las val- 
vulas permanecen cerradas, y olras en las porciones escoladas 



488 
y en ese caso las viilvulas quedan abiertas; de manera''que, 
bien sea cerradas 6 bien abiertas, obedecen siempre a la mis- 
ma fucrza que pone los pistones en moviraienlo, sin ningiina 
intervencion del aire aspiiado 6 rcpelido, cuya elaslicidad no 
tiene ya que veneer ninguna resisleucia, y puede esparcirse li- 
bremente en el e,spacio que se le presenta dclanle. La dificul- 
lad de la ejecucion consislia en hacer que las valvulas co- 
menzasen a cerrarse y abrirse precisamente cuando fuese ne- 
cesario; en determinar, por consiguiente, con una eslremada 
exactilud la eslension y forma de las ranuras, asi como el punto 
de union y las dimensiones de la palanca arliculada; y en ha- 
cer de modo que al moverse de su pueslo la pieza de metal, no 
diese acceso al aire esterior, etc., etc. 

Se ha hecho la aplicacion del nuevo sislema en una ma- 
quinademovimiento derotacion conlinua, cuya manipulacion 
es incomparablemente mas facil que la de las comunes dedo- 
ble manubrio, y que permite producir el vacio en muy poco 
liempo y sin trabajo. Nosotrosla hemes vistofuncionar, y he- 
mos quedado verdaderamenle sorprendidos de sus resultados; 
la diferencia de nivel entre las dos columnas de mercurio era 
inapreciable a la vista, y apenas constituia un decimo de mi- 
limetro: no era el vacio absoluto, imposible de conseguirse, 
pero era el vacio llevado a sus ullimos limites, hasta lai pun- 
to que casi no habia necesidad de poner en juego la Have de 
Mr. Babinet, de que la maquina se hallaba lambien provista. 
El precio de esle hermoso aparato es sin duda alguna muy 
alto, pues cuesta mas de mil francos ; pero sabido es que no 
se debe fijar la atencion en el gasto cuando se trata de eco- 
nomizar mucho trabajo y tiempo, y hacer faciles y buenos es- 
perimenlos, que un mal aparato suele con tanta frecuencia 
echar a perder. Pensar en baralura cuando se trata de instru- 
mentos de fisica 6 quimica, en particular deaquellos que, co- 
mo la maquina neuraalica, sirven diariamenle, es hacer un 
calculo bastante estupido. Por lo demas, los Sres. Breton her- 
manos ban conseguido ultimamenle aplicar su sistcma a las 
maquinas de dos manubrios, sin subir mucho su precio. Mas 
para conseguirlo ha sido meuester: l.°no confiar a la lamina 
de metal rebajada mas accion sobre las valvulas que la de es- 



489 
pulsion 6 salida; 2.° hacer abrir 6 cerrarlas valvulasde aspi- 
racion por medio de dos variilas iinidas a dos palancas de ba- 
lanza iijasen la parte superior de los dos cuerpos de bomba, y 
que ios pislones al levantarse hacen mover en el momenlo 
oporluno.Eslanuevadisposicion, lejosdeserun inconvcniente, 
presenta venlajas positivas, y reemplazara a la anligua aun en 
las maquinas de rotacion. Anadasea esto que los Sres. Breton 
hermanos hacia ya mucho tiempo que habian supriraido la 
Have de las maquinas neuraaticas, e inventado un nuevo mo- 
do de cerrar con una presion tan energica que nada deja ab- 
solulamente que desear: asi es que por una parte sus ma- 
quinas producen un vacio lo mas perfecto posible, y por otra 
loconservan no solo porun periodo de dias 6 meses^ sino por 
un tiempo indefinido. 



Di fusion del color ico: por MM. La Prevostaye y Desains. 

(Complcs rcndiis, 27 oclulrc -IS3J.) 

En la sesion del 27 de octubre de la Academia de Cien- 
cias de Paris, ley6 Mr. F. de La Provostaye una nota en que 
da cuenta de las investigaciones que ayudado por Mr. P. De- 
sains, ha hecho acerca de la difusion del calor, 

Principia recordando que hace afios publico los delalles 
de algunos esperimentos relatives a la difusion del calor de 
las lamparas. Este asunto le ha ocupado posteriormente con 
repeticion, y operando con el calor solar ha oblenido resul- 
tados mas complelos, y que molivan esla comunicacion. 

El problema general de la difusion es el siguiente. Si 
caen 100 rayos de calor homogenco. naturales 6 polarizados, 
en una direccion dada sobre una placa difundenle, ^cuantos 
devolvera esta placa? ^Como se hallaran distribuidos al rede- 
dor del punto de incidencia despues de la reflexion, y cual 
sera en cada direccion su grado de polarizacion? Sin preten- 
der dar una resolucion completa, hemos, dicen los autores, 
atacado en todas sus partes la cuestion. He aqui la marcha 
seguida. 



490 

Jncidencia normal. — Poder difundenfe: poderes absorventes. — 
En el caso en que iin rayo de calor cae normal sobre una 
superficie cubierla de albayalde, do cinabrio, de cromato de 
plomo 6 do polvos de plata, bemos hallado lo que sigue. 

1.° La cantidad total de calor difundido y las leyes de su 
dislribucion, son independientes del estado de polarizacion 
del rayo. 

2.° Para los tres primeros cuerpos, las inlensidades del 
calor dcvuelto a dlstanclas angulares 0° y 6° de la normal ha- 
ciauna superficie de taraaiio invariable colocada a una misma 
distancia J, estan enlre si como 1 y cos. 6. 

3.° En cuanlo a la plata en polvo varia la ley de dislri- 
bucion. Devuelve en la direccion de la normal casi dos vo- 
ces mas calorico que el albayalde, y mucbo menos que este 
en direcciones oblicuas. 

4.° Sumando por los medios indicados en nuestra nola lo- 
do el que se difunde, se balla que de cada 100 rayos inci- 
dentes 

El albayalde difunde 82 ypor tanto absorve.. 18 

El cinabrio 48 52 

El cromato de plomo. 66 34 

La plata en polvo. . . 76 24 

El metodo directo que en 1850 indicaron estos aulores 
para medir los poderes absorventes, da 19, 51, 33 y 21. 

Incidencias oblicuas. Cuando son oblicuos los rayos inci- 
dentes, he aqui lo que resulta. 

1.° La cantidad de calor devuelto esla en su maximo en 
la direccion de la reflexion regular, si se opera con la plata en 
polvo, y por el contrario, sierapre en la direccion normal a la 
placa, si se opera con el albayalde, el cinabrio y el cromato. 

2." Con la primera sustancia, la cantidad total difundida 
varia con la inclinacion del rayo incidente; con las ultimas 
no sufre cambio apreciable. 

3.° Si es natural el calor incidente, los rayos devueltos se- 
gun el angulo de la reflexion regular, se hallan polarizados 
parcialmenle en el piano de difusion. 



491 

4/ Si se hal